Nuevamente por aquí. Esta vez no creo haber tardado demasiado…o por lo menos eso espero. En realidad he dejado un poco abandonado mis otros fics, por sacar este capítulo adelante, pero es que tenía a la musa dándome la tabarra para que escribiera y ¿quién soy yo, a fin de cuentas, para contradecirla?...
Con respecto al próximo no sé cuánto tardaré esta vez, pero supongo que si esto sigue así, no será mucho…
Bueno ahora al tajo…
LOS PERSONAJES DE RANMA NO ME PERTENECEN
Capítulo 4
Con lentitud y calma mojaba el trozo de tela en el recipiente para después ir pasándolo y limpiando las terribles heridas que cubrían casi al completo el maltrecho cuerpo del muchacho. Sin dejarse impresionar por los profundos tajos y las brutales contusiones, se dedica a intentar desinfectar y cubrían con vendajes las sangrientas marcas de la salvaje paliza que habia recibido. Con incredulidad movió la cabeza. "Otro en tus circunstancias estaría ya muerto, Saotome. No hay duda de que eres increíblemente fuerte."
En la semipenumbra de la celda, el joven chino rebuscó en su bolsa y sacó un pequeño recipiente con un oscuro y espeso brebaje en su interior. Con cuidado alzó la cabeza de un inconsciente Ranma y le vertió la mitad del contenido en la boca obligándolo a tragarlo. Un débil quejido fue la única respuesta que obtuvo, pero que al menos le indicó que lo habia tomado.
- "Has tenido suerte, Ranma – empezó a decir el joven de negros cabellos mientras vendaba con cuidado uno de sus fracturados brazos. - La venerable Mei no permitió a Cologne que acabase con tu vida ayer. Ella te quiere vivo y por eso intercedió por ti y detuvo la paliza. Pero me temo que eso ha sido para nada. La vieja momia está iracunda y no puede perdonarte. Te culpa de la muerte de Shampoo. Va a alegar al consejo de ancianas de la aldea para pedir que te condenen a muerte. ..Y probablemente al final lo consiga. Tiene mucho poder aquí…aunque creo que eso ya lo sabes.
El joven de la trenza seguía inconsciente y sin muestras de poder oír lo que le decían pero eso no detuvo a su sanador que continuo hablándole como si realmente le escuchase.
- Aun no puedo creer que ella esté muerta...- la voz sonó quejumbrosa y apagada.- Pero he visto… su cuerpo. Lo rescataron anoche del fondo del barranco y lo velamos hasta el amanecer….
Una solitaria lágrima bajó por el endurecido rostro del joven chino que con un gesto furioso la secó rápidamente con el borde de su propia manga. Sorbiendo ruidosamente por la nariz, continuó con su labor de curación y con su pequeño y doloroso monólogo.
- Incluso… destrozada por la caída, estaba hermosa…Siempre fue la mas bella. Mi adorada Shampoo…
Su mirada se desvió hasta el rostro del paciente y durante unos minutos lo contempló en silencio dejando que dolorosos recuerdos invadieran su mente.
- Debería odiarte, Saotome…- empezó finalmente a decir con la voz enronquecida y rota por la pena. - Pero no puedo. Me es imposible porque en el fondo no puedo culparte. Ella no te merecía…ni tampoco me merecía a mí. Mi amada era el ser mas bello que habia sobre la faz de la tierra. La criatura más perfecta y divina. Pero era una belleza letal y maldita. Con un corazón cruel, egoísta y retorcido… Y aunque yo la quería más que a mi propia vida, no puedo dejar de reconocer la verdad…
- ¿Sabes?..- preguntó al joven Saotome a pesar de saber que no iba a contestarle. - Me enamoré de ella la primera vez que la vi, cuando no éramos más que unos niños; y desde entonces quedé preso de su embrujo…
Con hábiles manos terminó el vendaje que estaba colocando y comenzó a rebuscar en el interior de su bolsa por un nuevo trozo de lienzo y un ungüento con el que seguir con sus curas.
- Siempre la adoré en silencio…- continuó al cabo de un momento, cuando encontró lo que buscaba y habia empezado a limpiar una de las heridas que el joven de la trenza tenía en el otro brazo. - … a pesar de su indiferencia y sus desprecios. Ella era la luz de mi vida y no habia nada mas para mí en el mundo. Hubiera dado mi vida por ella y me hubiera convertido en su esclavo por una simple sonrisa…pero nunca me la dio. Para Shampoo yo no era nada…Incluso menos que nada. Entonces un día apareciste tú y ella se prendó de ti. Hizo cosas inimaginables y horribles solo para que estuvieses con ella. Cosas que le perdoné por lo mucho que la quería, pero llegó un momento que no puede soportarlo más y la venda de mis ojos cayó…
Con tristeza miraba el antebrazo del joven al que acababa de terminar desinfectar para luego tapar con una gasa que ató sobre la muñeca. Después con lentitud se puso de pie y caminó hasta el estrecho ventanuco por el que entraba algo de aire desde el exterior refrescando apenas el enrarecido ambiente de la pequeña celda. Levantando una de sus manos, rodeó uno de los barrotes y lo apretó con fuerza.
- Tu eras honorable, Ranma. – dijo con voz queda y pesarosa. – nos enseñaste a todos cómo vivir con honor y como comportarse con nobleza. Algo hasta entonces desconocido por mí que solo habia conocido el egoísta comportamiento de las amazonas. Por eso te envidié y en el fondo, te admiré. Me mostraste un camino que nunca antes habia vislumbrado, abriéndome los ojos y haciéndome ver otras posibilidades.
Retomando su sitio al lado del joven, tomó asiento en la pequeña banqueta y colocó nuevamente un refrescante paño sobre la febril y sudorosa frente.
- Lo he pensado mucho y he llegado a la conclusión de que no eres culpable de su muerte. Por mucho que Cologne diga lo contrario, ella se lo buscó y no creo que sea justo que pagues por algo de lo que no tienes ninguna culpa…
Lanzando una última mirada hasta el joven dormido, sonrió con tristeza.
- Ahora es el momento de que yo también actúe con honor. No puedo dejarte morir sin haber hecho nada por intentar impedirlo….Sé que Shampoo también lo hubiera querido así…
Volviendo su mirada hacia la pequeña porción de cielo que se veía a través del pequeño ventanuco, retomó la palabra de manera soñadora.
- Seguro que hay otra vida para nosotros lejos de esta maldita aldea…
Tras estas palabras, se levantó y se dirigió decidido hasta la puerta de la celda y a voz en grito llamó a la mujer que vigilaba en el exterior. Esta se acercó rápidamente y alegando necesitar ayuda para incorporar al herido, consiguió que la mujer entrase en el interior, donde con un golpe silencioso y certero la dejó inconsciente en el suelo. Después sacando una manta de su mochila, cubrió el cuerpo de Ranma y lo colocó con cuidado sobre su hombro. Tomando la mochila sobre su espalda y en completo silencio, se escabulló del recinto y se adentró en la profunda oscuridad que le brindaba el cielo nocturno.
Durante gran parte de la noche corrió como alma que lleva el diablo con el peso muerto de Ranma sobre él. Exhausto llegó hasta cerca de una pequeña casa de labranza, un par de horas antes de que amaneciera. Sabia que tenia de margen hasta la salida del sol antes de que se dieran cuenta de la fuga, por lo que tenia que intentar poner la mayor cantidad de tierra por medio. Justo al lado de la casita habia un pequeño cobertizo medio caído, en cual se hacinaban tres mulas y varios cerdos. Allí también vio una carreta algo vieja pero en bastante buen estado, por lo que sin pensarlo dos veces, colocó el cuerpo del joven sobre el carro y cogiendo una de las mulas, la amarró en el tiro. Ágilmente se subió en el pescante y arrancó velozmente alejándose del lugar, no sin antes haber dejado una bolsa llena de monedas como pago por los bienes que habia sustraído.
Sin mirar atrás, avanzó durante lo que quedaba de la noche y gran parte del día, descansando apenas lo suficiente como para que el animal no cayese muerto por agotamiento. Se mantuvo por los caminos sabiendo que precisamente las amazonas lo evitaban para no cruzarse con los aldeanos, a los que evitaban como a la peste. Durante varios días recorrieron decenas de millas hasta que en la tarde del cuarto día llegaron hasta su destino.
Sobre la cima de la montaña se erigía la monumental estructura del monasterio. El sol de la tarde arrancaba reflejos dorados de las pulimentadas piedras evocando un aire de paz inconfundible. Llevó el pequeño carromato hasta la ladera y con cuidado dejó el tembloroso cuerpo del joven al que la fiebre ya le consumía, en el suelo frente al portón de entrada. Luego tomando una tablilla, escribió unas palabras y la colocó sobre el pecho del herido. Dejando finalmente las últimas monedas que le quedaban, se despidió de su viejo rival con pocas pero emotivas palabras. "Adiós Ranma Saotome…noble amigo"…y sin volver la vista, se perdió por las montañas en busca de esa nueva vida en la que tantas esperanzas habia puesto.
…//….
-¡Nabiki!... ¡Nabiki Tendo!...
El airado grito resonó en la puerta del dojo mientras una irritada joven se precipitaba como una tromba por la entrada de la casa. La chica castaña que se encontraba tirada frente al televisor, apenas levantó la vista, limitándose a esbozar una pequeña sonrisa mientras su hermana menor aparecía delante de ella hecha una verdadera furia.
- ¿Me llamabas Akane?..- preguntó de forma inocente mientras mordía con delicadeza una galleta.
- ¡No vuelvas a hacerlo!..¡Nunca mas!..¿Me oíste?..
- Uhmmm… ¿Tan mal te fue?...
La más pequeña se sentó junto a ella y alargó una mano para tomar una de las galletas que aun quedaban en el plato. La mordió con rapidez cerrando los ojos al degustar el delicioso sabor del dulce. Eso pareció que la calmó un poco y tras paladear el segundo mordisco, se volvió hacia su hermana.
- ¿Tú que crees?...tuve que arriarle un puñetazo cuando ya me cansé de que sus manos estuvieran en cualquier parte de mi cuerpo en lugar de en sus cubiertos.
- ¡Oh vaya!... ¡que desastre! Así que este tampoco te gustó….- respondió la castaña con un mohín apenado en la cara que no engañó ni por un momento a la joven de azulados cabellos. – Y eso que era especialmente mono…. ¡Si hasta tenia los ojitos azules y todo!...
La chica gruñó con rabia y apretó el dulce que tenia en la mano hasta dejarlo hechos migas.
- ¿Mono?..¡Era un imbécil redomado!...Un pervertido que lo único que quería era averiguar de que color son… mis bragas...
La castaña se rió disimuladamente ante la furia de su hermana menor y se adelantó para coger una nueva galleta. Antes de morderla le lanzó una pícara mirada.
- Y dime… ¿le dejaste que lo averiguara?...
- ¡Qué!..¿Cómo se te ocurre?...En absoluto. Antes del llegar al postre, yo…le deje las cosas bien claritas…
- ¿A sí?...Y... ¿que hiciste?..
- Lo dejé estampado contra la pared del restaurante y me fui de allí.
La castaña abrió los ojos completamente y negó con un gesto.
- ¡Que bruta que eres, Akane!...Así no vas a conseguir novio en la vida…
- ¿Que querías que hiciera?..¡Dime!..¿Dejar que siguiera intentando meterme mano?...- preguntó con las mejillas sonrosadas mas por indignación que por vergüenza. – Cuando sentí como una de sus manos subía por debajo de mi falda ya no pude soportarlo más y le di con la bandeja de la ensalada en la cara. Después de eso, se enfadó e intentó arrinconarme contra la pared y volver a subirme la falda aprovechando que estábamos en un reservado y nadie podía vernos, así que simplemente me defendí.
- ¡Oh Dios mío...hermanita! ¡Eres todo un caso!.. – Nabiki se pasó una mano por la cara con frustración. No le resultaba difícil imaginar la que habría armado Akane el lujoso restaurante que habia reservado para la ocasión. - No sé de quien sacas lo puritana y estrecha que eres…A veces me pregunto si no serás frígida…
- ¡Nabiki! - le gritó escandalizada por el comentario. Su hermana se limitó a encogerse de hombros como respuesta.
- ¿Qué quieres que piense, Akane?...Ninguno de los chicos con los que has salido parece gustarte y al mínimo intento que hacen por acercarse a ti, los golpeas hasta dejarlos hechos un cristo…
La chica desvió la cara avergonzada escuchando a su hermana hablar y reconociendo que tenia gran parte de razón, pero es que ella no entendía lo difícil que le resultaba intentar entablar una nueva relación. Si tan solo pudiese comprender…
La línea de sus pensamientos se fue al traste cuando oyó el último comentario de Nabiki.
- …eso o bien que eres lesbiana…Por que… ¿no serás lesbiana?..¿Verdad Akane?..
La cara de la morena subió al más alto tono de rojo que se podía alcanzar antes de que la sangre le llegase a hervir.
- ¡Qué!..¿Cómo se te ocurre algo así?...- empezó a decir tartamudeando por la vergüenza.- ¡Yo!..Yo…Yo…no soy… ¡Vaya!...
Las palabras se le atascaban en la garganta y miró con expresión desvalida a su hermana que intentaba ocultar la risa que le provocaba verla tan alterada.
- Lo que quiero decir es que… ¡A mí me gustan los hombres!…- dijo finalmente casi gritando.
- Pues nadie lo diría….
-¿Por qué?... ¿Porque no me dejo sobar por cualquiera?…- escupió las palabras totalmente enojada.
- Eres rematadamente tonta, Akane...- le contestó Nabiki incorporándose y sentándose junto a ella. – Te estas dejando guiar por unos estúpidos prejuicios y estas dejando pasar lo mejor de tu juventud sin disfrutarla. Ya va siendo hora de que sepas lo que hay en el mundo y dejes de estar guardando tu…"virtud"…- añadió con una risita. - como una simple mojigata…Si sigues así llegaras a la jubilación siendo aun una virgen recalcitrante y amargada…
- Pues ni que fuera tan malo. Para tu información, tendré esa clase de…intimidad...cuando yo lo decida y con quien yo elija. Y no creo que lo encuentre entre ese montón de babosos que me buscas para esas citas a ciegas que tanta afición tienes en organizarme.
- Puf…no te quejes, que si no fuese por mí, ni siquiera sabrías lo que es una cita…ni tendrías posibilidades de disfrutar de un buen polvo…
- ¡Nabiki…!
- ¡Venga ya Akane!..¡Que tienes casi diecinueve años! ¿Qué narices estás esperando?.. Te vas a volver una vieja solterona si sigues empeñada en apartarte del resto del mundo… ¡Estás cerrando todas tus puertas! Al menos yo le doy algo de emoción a tu vida.
- Para que te enteres de una vez...- le respondió la morena mientras se levantaba rápidamente. – Con mis estudios y mis obligaciones tengo la emoción que necesito. Te recuerdo que este es mi primer año de universidad y tengo que esforzarme al máximo y no tengo tiempo que perder en chorradas.
- Claro…y el hecho de que aun no hayas podido olvidar a cierto imbécil que se largó hace mas de dos años y que ni siquiera se ha dignado a enviarte una mísera carta, no tiene nada que ver…por supuesto – le contestó Nabiki con sarcasmo.
El gesto de la cara de la chica cambió a una indescriptible tristeza que procuró esconder ante Nabiki, pero que fue inútil ya que la mediana de los Tendo sabía leer en cada gesto el estado de ánimo de su hermana menor como si se tratase de un libro abierto.
- Preferiría que no habláramos de eso. ÉL dejó de ser alguien importante en mi vida hace tiempo. Ahora tengo otras prioridades… - dijo girándose para salir rápidamente de la habitación y dar por finalizada la conversación. Nabiki después de observar cómo la figura de Akane desaparecía por la puerta, murmuró para sí con tristeza: ¡Ya me gustaría a mí que eso fuese cierto!...hermanita.
…//….
El suave trino de los pájaros. El casi imperceptible suspiro del viento. El leve crujir de las hojas y el profundo y sonoro latir de su propio corazón. Todos esos sonidos se acompasaban en un mismo ritmo que le envolvía y le sumergía en un pacífico estado de trance. Con la piernas cruzadas y las manos sobre su propio regazo, dejaba que su mente su uniera a su cuerpo en una relajante fusión que le liberaba del cansancio que su cuerpo acumulaba tras su diario y esforzado entrenamiento.
A su lado, su habitual compañero lo contemplaba en completo silencio para no romper su estado de meditación, pero con una amplia sonrisa de satisfacción plasmada en su rostro. Estaba contento de verlo así, y es que nadie diría que el fuerte y esforzado joven que se sentaba a su lado pudiera ser la misma piltrafa que encontró ensangrentada e inconsciente en la vereda que conducía al monasterio, dos años atrás.
Observándole con atención, recordó todo lo que tuvieron que pasar sus compañeros y él mismo para recuperar al joven. Fue una ardua tarea, ya que no solo era su cuerpo lo que tenía destrozado, si no que su espíritu también estaba roto y maltrecho. Algo muy grave debería de haberle pasado para llegar hasta ellos en aquel terrible estado.
Durante mucho tiempo estuvieron sanándole las heridas físicas. No había un hueso de su cuerpo que no estuviese roto o fracturado. Además de los horribles hematomas y heridas que laceraban su carne. Era tal su gravedad, que hasta transcurridos dos meses desde que le encontraron, no fue capaz de levantarse del camastro y dar un paso por su propio pie, pero el chico era increíblemente fuerte, y ante el asombro de todos, en unos meses recuperó la mayor parte de su fortaleza.
Pero no se podía decir lo mismo de su corazón. Algo negro y oscuro se había adueñado de su alma y una inmensa melancolía le corroía, aunque nadie podía saber exactamente la causa. Ni siquiera él mismo, ya que desde que recuperó la conciencia no recordaba apenas nada de su vida anterior. Su nombre lo habían deducido de una tablilla que el joven tenía sobre su pecho cuando lo hallaron, en la que estaba escrito junto con la petición de ayuda. Pero aparte de eso y unas monedas, no habia nada más que pudiese aclarar algo de su origen o circunstancias.
Durante días se consumió en la fiebre causada por la infección, delirando y gritando palabras sin sentido. Se convulsionaba violentamente llamando con desesperación a alguien pero sin nombrarle, por lo que no pudieron averiguar de quien se trataba. Solo supieron que era una chica con hermosos ojos de color chocolate a la que buscó frenéticamente cuando despertó de su delirio, pero de la que no pudo aclarar su identidad ni la relación que lo unía a él. Cuando salió de su convalecencia, se incorporó a la rutina que llevaban los mojes como uno mas, adaptándose perfectamente a las actividades del monasterio. Acatando sus normas y su estoica forma de vida. Entrenó incansablemente y siguió las directrices que marcaba la orden y al parecer, poco a poco, en aquella sencilla existencia, fue encontrando la paz.
Durante estos dos años fue recuperando algo de la esperanza perdida a medida que volvía el vigor y la fuerza a su cuerpo, y aparentemente, la tranquilidad a su espíritu. Aunque en el fondo, la imagen grabada a fuego de la hermosa joven seguía perturbando sus más profundos e íntimos pensamientos, llenando de una extraña ansiedad su corazón y de ardientes e incomprensibles deseos su cuerpo.
Solo en sueños podía verla y sentirla con diáfana claridad. Se deleitaba recreando su imagen y fantaseando con la tersura de su piel. Sin saber bien cómo, sentía su dulce e inigualable aroma adentrarse en sus fosas nasales, confundiéndole, embriagándole y llevándole a un mundo de ensueño donde ella era completamente suya. Con extrema facilidad podría pintar su imagen. Su bellísima sonrisa y sus enormes ojos marrones. Su pelo de un negro intenso, que despedía azulados reflejos y su cuerpo menudo y delicado. Todo en ella era perfecto. Pero ahí se quedaba. En esa hermosa y perturbadora imagen que se le aparecía en sus sueños pero a la que no podía dar un nombre ni ubicarla en ningún lado.
Poco a poco se fue auto convenciendo de que seguramente ella era solamente fruto de su imaginación, y decidió guardar su imagen en lo más profundo de su memoria como un ideal con el que poder soñar pero que quizás nunca llegaría a realizarse. Como ocurría en ese momento en que el aprovechando su estado de meditación, soñaba con poder degustar el sabor de esos dulces labios.
Una pequeña risita a su lado lo sacó de su meditación y abriendo los ojos se fijó en su compañero que lo miraba con una amplia sonrisa en su cara.
- Creo que tu estómago ya ha tenido bastante meditación por hoy.
- Eso parece...- respondió con las mejillas ligeramente enrojecidas consciente de la razón por la que su amigo habia dicho esas palabras. Un nuevo rugido de sus tripas le hizo ruborizarse aun mas, provocando una ligera carcajada en el monje.
- Anda vamos a tranquilizar a ese dragón que vive en tu estómago… - dijo poniéndose en pie y golpeando suavemente al chico de la trenza en un hombro. - de todas formas ya casi es la hora de la comida.
Empezaron a caminar de vuelta al interior del edificio del refectorio charlando animadamente. Una profunda amistad se habia forjado entre ambos, fruto del tiempo que habían compartido tanto en los entrenamientos a los que se sometían, como en el día a día dentro de las labores habituales que la vida en el monasterio les imponía. A pesar de que el monje era apenas un par de años mayor que Ranma, la educación recibida durante la mayor parte de su vida en el monasterio le otorgaba una madurez que el chico de los ojos azules estaba lejos de tener de momento, por lo que este habia tomado el rol de hermano mayor y se sentía en la posición de poder aconsejar al joven arista marcial, fomentando esa relación de camaradería y afecto que ambos compartían.
Entraron en el salón donde la veintena de monjes se estaban ya acomodando para la comida y tomaron sus lugares correspondientes. Tras unas breves oraciones de agradecimiento, empezaron a comer en silencio, cada uno perdido en sus propias cavilaciones, ajenos a la profunda y enigmática mirada que el anciano líder espiritual del monasterio, le dirigía al joven de la trenza.
…///….
Fin del capitulo.
¿Qué tal esta vez?... ¿se van aclarando las cosas?...
Bueno, sé que a la mayoría les ha sorprendido el final "trágico" de la amazona, pero era algo totalmente necesario para el desarrollo de la trama. Nunca me ha gustado demasiado Shampoo, pero en este caso no la he liquidado por eso, sino que no habia otra forma de crear el ambiento oscuro que quería darle al fic y que afectara al carácter y las circunstancias que rodean a nuestro protagonista.
Ahora solo me queda daros las gracias a todos los que habéis leído mi historia y especialmente a los que os habéis animado a dejarme algún comentario. Ya sabéis lo mucho que valoramos el interés que ponéis en hacernos saber lo que opináis sobre lo que escribimos. Por eso quiero agradecer especialmente a Akanekagome, Seraphy, Akane Maxwell, viry chan, Kasumui52, Naoko Tendo, nia06, KohanaSaotome, artic monk y a todos lo que han incluido mi historia entre sus favoritas o sus alertas. Un beso muy grande para todos,
Fern25
