Capitulo 3. Interrupciones.
Hermione estaba por cruzar el muro, cuando recordó que Enrique estaba con ella.
-Enrique, de aquí ya me voy yo sola, será mejor, la prensa me está agobiando. -dijo Hermione, haciéndole señas al chico que llevaba sus maletas, un mago que trabajaba en la Mansión Granger. -Louis, espérame un momento, ahora nos vamos. -él chico asintió.
-¿Estás segura? ¿No prefieres que te acompañe? -le dijo Enrique.
-Estoy segura. La prensa ya me está desesperando, no te preocupes, el tren está por partir y Louis me acompañara. -dijo intentando convencerle.
-Está bien. -dijo rendido. Conocía a la chica y sabía que era testaruda, pero así la quería. -Entonces te veo en Navidades. -sonrió el acercándose, y abrazándola.
-Claro, nos vemos. -respondió al abrazo y luego depositó dos besos en sus mejillas.
-No olvides escribirme, Hermione. -dijo alejándose. -Siempre te estaré esperando. -le dijo con una sonrisa traviesa.
Hermione se ruborizó un poco ante aquello, pero sonrió.
-Lo sé. -y con esa sonrisa espero a que Enrique estuviera lo suficientemente lejos para cruzar el muro.
Cuando lo hizo, suspiró, y a paso elegante entró al andén 9 y 3/4, bajo la mirada sorprendida de muchos.
Louis ya iba adelante, para subir sus maletas en el tren.
Los murmullos aumentaron al ver a la heroína de guerra tan cambiada, tan hermosa y tan elegante. Pareciese que fuese otra, porque a pesar de toda aquella belleza, no desprendía felicidad, su dulce sonrisa no adornaba su rostro y aquello sorprendió a muchos.
Al llegar a la entrada del tren, no quiso esperar a nadie, pues estaba demasiado agobiada de tantos reporteros y preguntas, que no quería aún más parloteos de Ginny, Harry y Ronald.
Además de que no estaba con ánimos de platicar, sus padres habían muerto y no tenía muchas razones para estar feliz.
Mucha gente creía que después de la guerra todo mejoraría, pero no para todos. A algunos, la guerra les quitó hermanos, amigos, familiares... O sus propios padres.
Amaba a sus amigos, pero no tenía muchas ganas de pasársela escuchando conversaciones de Quidditch, y sobretodo, que la bombardearan de preguntas.
Así que a pasa firme, subió al tren, yéndose hasta el último compartimiento.
Al entrar, cerró la puerta detrás de ella, y se sentó junto a la ventana.
Suspirando, observó a las personas que despedían a sus hijos, recordaba cuando sus padres la iban a dejar cada septiembre... Hasta que gracias a la maldita guerra le fueron arrebatados.
Su abuela deseaba ir a dejarla, pero Hermione se había negado, diciendo que con la compañía de Enrique bastaba.
Dirigió su mirada al bolso negro que traía, lo abrió y sacó su novela favorita.
En realidad, una tragedia.
Abrió lentamente el libro, acariciando el título de este... Romeo y Julieta. Su libro favorito muggle.
Cuando iba a comenzar a leer, la puerta del compartimiento se abrió de repente, sobresaltándola.
El chico que entraba dirigió su mirada a la castaña que allí se encontraba, y se sorprendió bastante.
-Granger. -dijo a modo de saludo.
-Malfoy. -respondió ella.
-¿Te molesta si me quedo? -preguntó, tranquilamente.
-No hay problema. -dijo simplemente, pero estaba sorprendida de que Malfoy deseara estar en el mismo lugar que ella.
-Pensarás que no me incumbe, pero... -le habló, haciendo que la chica levantara su vista del libro. -¿Por qué no estás con Potter y tus amigos? -dijo tratando de sonar indiferente.
Ella dió un suspiro, y mentalmente se cuestionó por tener que darle explicaciones al Slytherin, pero de todos modos, respondió.
-Quería un poco de tranquilidad, no estoy con ánimos de escuchar sus estúpidos parloteos de Quidditch. -dijo haciendo una mueca de disgusto.
Aquella respuesta sorprendió al rubio.
-Vaya... -dijo sorprendido. -Nunca creí que hablaras así, Granger.
-Yo jamás creí que tu desearas compartir sitio con una sangre sucia. -dijo confundida, sin ánimos de molestar.
Draco se incomodó un poco al recordar los viejos insultos, pero quería cambiar, demostrar que todo aquello lo había hecho por ser un niño estúpido.
-Las cosas cambian, Granger. -contestó con indiferencia.
-Así es, Malfoy.
Algunos minutos pasaron cuando ninguno dijo nada, Draco estaba sentado frente a Hermione, mirando por la ventana; mientras la chica intentaba leer su libro, pero en realidad no lo hacía, la presencia de Malfoy la ponía nerviosa.
Pues encontraba malditamente sexy a aquel rubio de ojos grises que tanto había cambiado. Se había vuelto más atlético, su torso y brazos bien formados y fuertes aunque no exagerados, su cabello lo llevaba ligeramente despeinado haciéndolo lucir rebelde y atractivo. Y aquel traje completamente negro, y su camisa del mismo color, con el primer botón desabrochado; hacía que Hermione no pudiera concentrarse.
-Malfoy. -le llamó, haciendo que el rubio posara sus intimidantes ojos grises en ella. -Siento mucho lo de tus padres. -dijo con tristeza, mirando al rubio.
El chico se sorprendió de que la Gryffindor le diera sus condolencias, pero le parecía un acto amable, así que curvó ligeramente las comisuras de sus labios, en una casi imperceptible sonrisa.
-Supongo que... Gracias, Granger. -suspiró. -Eres la primer persona desde que subí al tren que me ha dado sus condolencias, todos me han dicho que es estupendo que mis padres hayan muerto. -dijo apretando los puños con enojo, pero no por estar molesto con Granger, porque no lo estaba, en realidad estaba agradecido de que alguien le diera el pésame por el fallecimiento de sus padres, pero jamás imaginó que fuera ella.
-Aquellos que lo han hecho, son unos imbéciles, Malfoy. -dijo molesta. -Tus padres, hayan cometido los errores que hayan cometido, eran tus padres, y todo lo que hicieron fue para mantenerte a salvo. -dijo con nostalgia.
-Así es, Granger. Ellos a pesar de todo, me querían. -de pronto notó como a la chica se le escapaba una lágrima de sus ojos. No soportó, y tuvo que preguntar. -¿Qué pasa Granger? -intentó sonar indiferente.
-Nada, es sólo que recordaba... -sollozó. -A mis padres. -sacó un pañuelo de su bolso, y con delicadeza se limpio el rostro. -Ellos también murieron. -dijo bajando la mirada.
Draco entonces comprendió porque el semblante triste de la chica, se le hacía extraño que ella se notara tan deprimida, así que, al igual que como ella lo había hecho, habló
-No lo sabía Granger, de verdad lo siento. -dijo posando su mano en el hombro de la chica que seguía sollozando. No la iba a abrazar, el no sabia dar palabras de aliento, mucho menos porque el pasaba por el mismo problema,
-Gracias. -dijo al sentir la pálida mano del chico en su hombro, agradeciendo el gesto. -Disculpa, es sólo que aún me duele, todo ha sido muy reciente. -decía intentando disculparse por llorar.
-No te disculpes Granger, te entiendo y pase el tiempo que pase, el dolor siempre estará ahí, presente. Aunque a veces disminuya, estará siempre ahí. -dijo con nostalgia dirigiendo su mirada de nuevo al paisaje que le ofrecía la ventana.
De pronto, Hermione conjuró una mesita, dos copas, y una botella de whisky de fuego.
Sirvió en ambas, extendiéndole una a Draco, que la tomó entre sus manos, confuso.
Hermione bebió con elegancia un pequeño trago de la copa de cristal, y después, observó al rubio que la veía de nuevo sorprendido.
Draco miraba a Hermione verdaderamente sorprendido, le parecía completamente extraño y sobrenatural que aquella chica que tan inocente se veía en años anteriores, bebiera alcohol con tanta tranquilidad, y sobre todo, con aquella elegancia.
Observaba admirado a la chica, pensaba que se veía increíblemente hermosa y sensual de aquella manera, con aquella elegancia y porte seguro, pero lo que contrastaba era su semblante triste.
Una sonrisa de lado se apoderó de su rostro, haciendo que Hermione lo observara extrañada.
-¿Por qué sonríes así, Malfoy? -preguntó, colocando su copa en la mesita.
-Es sólo que... -soltó una risita. -Es extraño verte bebiendo whisky de esta manera... -la señaló, mientras ella sonreía. -Estás muy diferente, Granger.
-Bueno, la verdad es que sí. Las situaciones cambian a las personas, y el modo de vida. -dijo ella. -Además, me encanta el whisky de fuego. -sonrió.
-Vaya, Granger. Y si no es muy personal está pregunta... -dijo dejando su copa vacía en la mesita, y colocando sus codos en sus rodillas. -¿Cuál es la situación que te hizo cambiar? -preguntó sin ánimos de molestar.
Ella sonrió con nostalgia, mientras observaba a la ventana, y luego lo volvía a mirar.
-Primeramente la muerte de mis padres. -dijo con una sonrisa triste.
-Lo siento Granger, si no quieres decirme... -él quería que Granger evitara recuerdos tristes.
Ella le sonrió.
-No, tranquilo. De hecho eso fué lo que desencadenó todo este cambio. -él asintió y la chica continuó. -Malfoy, no sé porque te contaré esto precisamente a ti, pero lo haré. -suspiró, haciendo reír a Draco. -Cuando mis padres murieron, se le otorgó mi custodia a mi abuela Rose. -vió el rostro confuso del rubio. -En el mundo muggle aún soy menor de edad. -aclaró. -Ella era madre de mi papá. Mi abuela es considerada la mujer más poderosa de Inglaterra, después de la Reina Isabel, por supuesto. -dijo riendo. -Aunque no lo creas, la familia Granger, en el mundo muggle tiene un gran prestigio, mi abuela es viuda, y sólo tuvo como hijo a mi padre, así que ella maneja todas las empresas de la familia. -dijo, observando a su compañero.
-Entonces, si eres rica, ¿por qué nunca lo demostraste, Granger? -preguntó el chico, sorprendido del relato.
-Porque mi padre no quería cargar con el peso de tener el apellido de una familia tan poderosa en Inglaterra. Así que, renunció a su herencia. -dijo, haciendo que Draco la mirara con sorpresa. -Entiendo que te sorprendas, pero según lo que mi abuela me dijo, mi padre tenía un espíritu liberal y rebelde, quería salir adelante por sí mismo y no por los recursos de su familia. Imagino que era como Sirius. -dijo de nuevo, con tristeza.
-Vaya, me has dejado sorprendido. -dijo recargándose de nuevo en el asiento. -Entonces, Granger, pertenecemos a la misma clase social ahora... -dijo con una sonrisa.
-No Malfoy. -respondió secamente. -El hecho de que el apellido de mi familia sea tan poderoso en el mundo muggle, como el tuyo en el mundo mágico... -suspiró. -Jamás seremos iguales.
Draco frunció el ceño mientras la miraba entre molesto y confundido.
-¿A qué te refieres con eso, Granger? -preguntó.
-A que tú siempre serás un sangre pura, y yo siempre seré una sangre sucia, Malfoy. -dijo con tristeza.
Draco se acercó a ella, sentándose a su lado.
-Granger... ¿No has entendido aún que todos los malditos prejuicios a la sangre me valen un sickle? -dijo él, mirándola con desafío.
-Tal vez para ti todos los prejuicios han quedado atrás. -dijo la chica. -Pero para todo el mundo mágico, a pesar de ser una heroína de guerra, estoy marcada de por vida. Soy una sangre sucia, y así me catalogarán siempre. -continuó con gran tristeza. -Tu tía se encargó de marcarlo en mí. -dijo acariciando su antebrazo.
-Maldita sea, Granger. -dijo exasperado. -Eres testaruda. -se pasó una mano por su cabello rubio, despeinándolo. -Ignora los comentarios, todo lo que te digan, mándalos a la... -se detuvo, pues no quería usar ese lenguaje con la chica. -Tampoco es fácil vivir con un pasado oscuro, con la marca tenebrosa en el brazo. -dijo levantando la manga de su elegante traje negro, mostrándole la marca, haciéndola sobresaltar. -Ignora todo y a todos, que no te importe lo que digan los demás, Granger. Ellos se alegran de verte débil. -le dijo finalmente, yendo de nuevo a sentarse al asiento frente a ella.
La chica soltó una lágrima, que rápidamente limpió con su pañuelo.
-Lo tomaré en cuenta. Gracias Malfoy. -dijo sinceramente.
El chico le sonrió levemente, y se acercó a la mesita, sirviendo de nuevo whisky en ambas copas, extendiéndole una a Hermione.
Ella la aceptó, mirándole confundido.
El chico acercó su copa a la de ella, con una media sonrisa.
-Por los cambios, Granger. -la chica sonrió, chocando levemente su copa con la de él.
-Salud. -dijeron ambos al unísono, bebiendo sus copas con elegancia, mientras no dejaban de mirarse.
