Aprendiendo a Sonreír

By: Goddess Aeris

Declaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, todos sus personajes le corresponden a Clamp; lo único de esto que me pertenece es la historia.

En el capítulo anterior…

—"Ese bastardo…" –contestó otra voz, era un hombre que estaba en frente a ellos. —"No quiso… es un maldito desgraciado. Un imbécil, ¡les dije que esto significaría el fin! ¡Hemos fallado!"

El hombre rubio se levantó de su asiento y miró al otro con ojos fieros. —"Cálmate". –le dijo con una voz tajante. —"Volverá, no es independiente, no conoce a nadie… no tiene a nadie más que a nosotros. Él volverá y en ese momento podremos utilizarlo… como siempre".

—"Dime lo que viste, cada detalle… tenemos que hacerlo volver para llevar a cabo el plan. ¡Las cosas no pueden quedarse así! Lo necesitamos… si llegase a enterarse… si eso sucediera, sería nuestro fin…" –dijo el rubio dejando su estado de tranquilidad.

El otro asintió, dispuesto a contarles todo lo que vio.

—"Él estaba…"

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Oh, no, eso sí que no lo dejaría. Porque tenía que rescatar el corazón de ese hombre a como diera lugar…

Algo dentro suyo le decía que tenía que hacerlo…

—"La operación 'Aprendiendo a Sonreír' está a punto de comenzar…" –susurró para sí misma para luego seguir con su camino.

Capítulo cuatro:

"Viendo más allá de mí"

Otra vez lo mismo de siempre.

¿¡Dónde se metía esa mujer cuando más la necesitaba!?

Su estómago estaba pasándole la factura de no haber desayunado y ahora que era medio día, rugía por algo de alimento.

Se negaba a ingerir la comida, o mejor dicho, el veneno del hospital; es que era tan, tan… sin sabor, que lo asqueaba. Él no era un glotón como le había insinuado la Doc, sino que deseaba comer algo con lo que podría darle un uso a sus dientes y tener noción del sentido del gusto.

Shaoran estaba seguro de que si le pedía a alguna de las enfermeras que le trajeran algo, no sólo le conseguirían lo que él quería, sino que le llevarían hasta a un chef profesional. Eso era seguro.

La última vez que le había pedido a una enfermera –de una manera no tan amable –que le indicara la ubicación de la doctora Kinomoto, la muchacha por poco le hace de guía turística por todo el hospital… y suerte que no se ofreció para llevarlo cargando.

Como odiaba llamar la atención. Como odiaba a esas mujeres que se quedaban viéndolo embobadas. Como odiaba que sólo visualizaran en él la riqueza y gallardía. Como odiaba que sus representantes lo vieran como a una mina de oro y las putas, como si fuera un trozo de carne y ellas las hienas hambrientas.

Como odiaba que lo fastidiaran. Todas las mujeres lograban importunarlo.

Todas, sin ninguna excepción.

Todas. Menos una que sí, lo fastidiaba, pero de una forma distinta a las demás.

La insoportable doctora Kinomoto.

La insufrible bruja de ojos verdes

La única mujer que no se le había insinuado para algo más que sólo irritarlo. La única que no se le había lanzado encima para violarlo, literalmente. La única que siempre enfrentaba su mirada. La única que no se le había apartado a pesar de sus negativas. La única que… que… lo hizo ver la realidad… la que lo ayudó a tomar conciencia de su grado de cobardía…

La única que lo divertía

¿Divertirlo?

¡Por favor! La mujer insultaba a su 'amigo'. ¡Era una ofensa para su virilidad! ¡Era una humillación a su espíritu machista! ¡Podía considerarlo como una patada en las… pompis!

¡Qué va! ¡Era una buena patada en el culo lo que le había propinado desde que había dicho esas cosas!

No, definitivamente no lo divertía, sino que… era algo distinto… era como si… como si se sintiera realmente vivo estando con ella, o más correctamente, discutiendo con ella. No había momento alguno en el que estuvieran juntos y no hubiera una batalla de argumentos.

Si las palabras se materializaran, se podría ver a los objetos volar de un lado a otro cuando ellos estaban juntos. Claro que el contrincante que terminaría bajo una montaña de escombros no sería otro más que el castaño.

Esa mujer era increíblemente astuta… cuando quería.

El joven automovilista de ojos ámbar no sabía cómo iba a aguantar en ese lugar todo el mes y los diez días que restaban del plazo que le había dado ella a su representante. Llevaba cinco días sin hacer más nada que estar acostado, mirando el techo y rascándose, hasta en el sitio más insólito. Es que cuando no tienes nada que hacer, rascarte se transforma en la actividad más interesante que puede realizarse, sólo hay que cuidar de no hacerse un agujero.

Últimamente se estaba volviendo algo perezoso y hasta creía que había subido de peso, ya se sentía muy pesado. Pero la Doc no quería que hiciera ejercicios en el hospital.

Demonios, a veces en serio que deseaba matarla, y mutilarla y… y…

¡Deseaba tantas cosas que ya ni se acordaba!

Pero algo era bueno…

Estaba deseando

Quería hacer cosas por sí mismo sin que fueran indicadas por los demás. Bueno, quizás no fueran las mejores cosas, pero deseaba hacer algo. Eso era lo bueno y punto.

Era un avance ¿verdad?

Sacudió la cabeza para alejar esos estúpidos pensamientos de su mente, definitivamente, el encierro estaba afectándole; tenía que salir para que, por lo menos, el sol le diera en el rostro.

Caminó por unos pasillos llenos de enfermeras y enfermeros, hasta doblar a la izquierda, donde entró a un área llena de viejos.

Según lo que le habían dicho, la Doc estaba en pediatría. Continuó en el mismo pasillo viendo los números que lo guiaban; ya había salido del área de ancianos y ahora entraba a una con paredes color celeste pastel; los colores eran más vivos que los de las demás.

Esa debería ser el área de pediatría. Pero ¿dónde estaría la Doc?

Miró por todos lados; esa mujer era tan impredecible que podría estar hasta debajo de una baldosa del piso.

Suspiró. Buscarla era toda una odisea, era peor que buscar una aguja en toda una granja de paja.

Iba a irse cuando vio una puerta entreabierta, de la que podía sentir una melodía lenta y movida a la vez… de ritmos movidos y pegadizos que le daban a uno ánimos para seguir con el día.

¡Tonterías!

¡Bah! De tanto estar con esa mujer ya se estaba volviendo un idiota. Quiso irse, pero no lo hizo, ¿por qué irse? No iba a molestar a quien estuviera cantando, sólo buscaba a su Doc.

Aunque ahora no sabía muy bien el motivo por el que la buscaba

Se acercó a la puerta, siendo la curiosidad la ganadora de la contienda armada librada contra su habitual desinterés. Allí se escuchaba a alguien cantando, era una voz melodiosa y dulce… una voz de mujer.

El mundo he de cambiar…

Un lugar donde contemplar…

Una vida y un amor…

Se le hacía bastante conocida esa voz… pero no podía ser, es decir, ese sonido era tan relajante… de la Doc jamás podría salir algo así; ella sólo servía para humillar y bromear. De esos seductores labios rojos no salían más que sandeces estúpidas de, precisamente, una loca bruja de ojos verdes.

¿Labios seductores? Oh, sí, definitivamente el accidente le había desconectado algún cable allá arriba; no quería admitirlo, pero ahora que lo pensaba era la explicación más razonable a cómo se estaba comportando en las últimas semanas.

Primero como un niño caprichoso…

Luego como un niño caprichoso y refunfuñón…

Y entonces como un niño caprichoso, refunfuñón y que pensaba en porquerías porque se le había perdido algo de materia gris en medio de la pista de carreras…

Quiso golpearse a sí mismo por dejar volar sus pensamientos más de la cuenta…

Otra cosa para apuntar que antes no hacía… dejar volar sus pensamientos

Los estragos que producía el encierro

Siguió acercándose para cerciorarse de que sus ideas no eran erróneas y que era la Doc la que estaba ahí y no su locura avanzada la que le jugaba malas pasadas; quiso asomarse, pero no pretendía ser descubierto, así que no abrió la puerta.

Pudo distinguir allí una ronda con niños sentados en el suelo, pero la persona que cantaba la canción se encontraba en un punto en el que su visión no llegaba.

En mi interior lo se, lo voy a conseguir contigo…

Ve la luz, sin parar, sin mirar atrás…

Que el mañana será aún mejor

Pero no bastará si tú no quieres ser mis alas y volar…

Ciertamente la letra era alentadora, típica letrita de canciones 'La vida es maravillosa, todo estará bien'

Sólo era una estúpida canción que no reflejaba nada de la realidad… como si muchas cosas de las que decía fueran posibles…

¿Alas? ¿Volar?

¿Cómo podían ser tan metafóricos y mostrar todo de color de rosa si el mundo no era así? Cuando el mundo estaba completamente podrido en corrupción y avaricia.

Ese tipo de cosas, tanto canciones, como novelas –que leía muchas veces por falta de que hacer, y por nada más que eso –tenían incorporadas muchos conceptos que eran absurdos… ¿Amor? ¿Amistad? ¡Por favor! ¿Quién reparaba en eso cuando el dinero y una portentosa cuenta bancaria estaban incluidos?

Puras tonterías… sólo tonterías de mentes jóvenes que no sabían nada. Que no sabían nada de la vida, ni mucho menos de la falsedad de todo el mundo, de todo lo que nos rodeaba.

Shaoran no podía evitarlo, el ser pesimista fue algo que siempre lo acompañó y que nunca podría abandonar, a pesar de las metas que se imponía…

La sombra de la frustración estaba ahí…

El miedo

¿Miedo?

¡Ja! Él no tenía miedo… jamás lo tendría…

Y ya se estaba cansando de escuchar esa estúpida cancioncita…

Estaba cansando de estar en ese estúpido hospital…

Estaba cansado de hacer lo que los demás querían…

Camino sola y no me quiero rendir,

Para mí no es un juego de azar

Junto a ti, sé que es posible estar bajo este cielo azul.

Estaba cansado de recorrer ese camino solo…

Estaba cansado de tener miedo

Pero era algo que no podía evitar… siempre se había mantenido alejado de todos, haciendo oídos sordos a todopara no salir lastimado.

Su vida así era… por eso quería cambiarla…

Ven conmigo y no te quedes ahí,

El futuro será mejor.

Sígueme pues, sin tu sonrisa, todo sería gris.

Aún le quedaba todo un mes por delante para decidir lo que haría…

Decidir sobre su futuro…

Pero los últimos días no había sido demasiado productivos.

Sólo se había encargado de discutir

Dame una simple señal, y así sabré que estás a mi lado.

Reconstruir mi corazón que, sin ninguna razón,

Hoy late con más fuerza.

Entonces lo recordó…

"'Porque mi deber es salvar a la gente, y para mí, eso debe hacerse en todo sentido'"

Eso era lo que ella le había dicho esa vez… entendió que se refería a salvar a las personas… pero ¿cómo era eso de 'en todo sentido'?

El mundo he de cambiar,

Un lugar donde contemplar…

Una vida y un amor…

No lo entendía, ni tampoco sabía por qué lo había recordado, pero simplemente estaba ahí, en su mente muy presente… como un chicle que no puedes despegar de una zapatilla.

Ella era un chicle

Tan molesta como eso.

En mi interior lo se, lo voy a conseguir contigo…

Ve la luz, sin parar, sin mirar atrás…

Que el mañana será aún mejor,

Pero no bastará si tú no quieres ser mis alas y volar…

Quizás si se pudiera ver la luz siempre todo sería mejor… sin embargo, generalmente dicen '¡No vallas hacia la luz!'

¿Cómo saber quién estaba en lo correcto?

Hasta él, en cierto momento, quiso ir hacia esa luz… pero una muy diferente a la que se refería la canción…

Una luz llena de oscuridad

Una luz oscura de la que lo había salvado un ángel de ojos verdes…

Como veleros navegando en el mar

Me sentí en toda libertad

¿Quién sería? Jamás lo había preguntado…

¿Sería de ese hospital? ¿O fue sólo parte de su imaginación?

Quizás sólo su tonta imaginación

Lucharé con mil sentidos por un mundo ideal.

Dame una simple señal, y así sabré que estás a mi lado

Reconstruir mi corazón que, sin ninguna razón,

Hoy late con más fuerza.

¿Luchar? ¿Por qué no?

Valía la pena, y si perdía no importaba, ya no importaría nada más.

Tal vez el ver esas alucinaciones había sido una señal.

¿Quién lo habría salvado? ¿Sería de verdad?

En realidad no lo sabía… pero, ciertamente, su corazón seguía latiendo.

Su Doc. no se lo había dicho y él no había preguntado…

Esa bruja de ojos verdes

¿Ojos verdes?

Su ángel

El mundo he de cambiar,

Un lugar donde contemplar…

Una vida y un amor…

En mi interior lo se, lo voy a conseguir contigo…

¿Acaso esa mujer que lo fastidiaba y lo hacía rabiar era ese ángel que lo había rescatado de la oscuridad? ¿Esa mujer tan insoportable? ¿Cómo pudo haberla confundido con un ángel?

Ella era una bruja

Nada parecido a un ángel…

Quiso reír ante la ocurrencia…

Esa mujer no podía haberlo salvado…

Simplemente no podía

Porque se lo debería toda la vida… y no quería eso.

Ver la luz, sin parar, sin mirar atrás…

Que el mañana será aún mejor.

¿Por qué no se lo preguntaba a ella para sacarse las dudas?

No.

No iba a hacerlo, no quería tener esa decepción…

¿Qué hacer?

¿Optar por el anonimato o por cuentas claras?

Apostemos al anonimato

Pero no bastará si tú no quieres ser mis alas y volar…

Pero sería interesante tratar de volar…

Con un ave…

Como un ángel…

Ser libre

Ver la luz, sin parar, sin mirar atrás…

Que el mañana será aún mejor.

Pero no bastará si tú no quieres ser mis alas y volar…

Shaoran estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no había notado que un gran número de pares de ojitos lo miraban curiosos desde dentro de la habitación.

Apenas escuchaba unos leves murmullos, que llegaban a sus oídos como susurros de una mosca… pero al levantar su mirada otoñal, fue cuando se dio cuenta de que la canción había terminado y unas risitas hacía acto de aparición; y eso le bastó para volver a sus cinco sentidos.

Parecía un idiota

Entonces, unas grandes y musicales carcajadas estallaron en toda la habitación…

Oh, sí, había estado haciendo el ridículo.

¿Qué cara de idiota tendría ahora?

Se sentía un completo estúpido frente a todos esos chiquillos que no paraban de reírse. Había estado espiando como un psicópata y para colmo no tenía la decencia de decir una sola palabra para explicarse…

Es que no salían de su garganta

Se sentía un gran idiota, con todas las seis letras que conformaban la palabra, y si tuviera más, seguro que las merecería también. Pero es que ver a un hombre grande detrás de las paredes no debe ser un espectáculo que se diera todos los días.

¿¡Qué!? ¿Nunca habían visto uno así?

Demonios.

Patético.

Realmente patético

Fue entonces que vio un destello verde…

El mismo de siempre…

Y eso no le gustó

Enfocó su mirada hacia donde sentía esa brisa fulminante y luminosa a la vez…

Esos ojos verdes

Los ojos verdes de la bruja.

La observó y pudo ver en ella una sonrisa de burla y autosuficiencia; era extraño que aún no se hubiese largado a reírse como loca.

—"¿Quién es él?" –preguntó uno de los pequeños.

—"Él es uno de los pacientes". –contestó con voz dulce la castaña.

Shaoran no podía creer lo bipolar que podía llegar a ser esa mujer.

—"¿El señor vino a jugar con nosotros?" –pudo escuchar a otra pequeña vocecita.

-'Oh, no nena… ahora no…' –pensó.

Vio que la Doc clavó su mirada en él y luego se dirigió a la niña que había hablado.

Eso hizo que le recorriera algo muy frío por la columna vertebral…

Ella podía ser muy escalofriante

—"Ajá, él vino exclusivamente a jugar con nosotros. Aunque no lo crean, le encanta jugar, pero a veces cree que está muy grandote para hacerlo". –terminó con una sonrisa.

El joven de ojos ámbar levantó una ceja. ¿Qué se proponía?

Que ni pensara que haría lo que ella estaba imaginando.

—"¿Qué demonios…?" –quiso hacer uso de su escasa voz pero un pequeño lo interrumpió.

—"Pues sí está muy grandote, señorita Sakura". –dijo, mirándolo de arriba abajo.

La doctora rió. —"Vamos niños, dijimos que no discriminábamos en este lugar".

Quería matarla…

De a poco

Sin mucho apuro…

—"¿Y cómo te llamas? ¿O te quedarás ahí paradote sin decir nada como todo el rato anterior? Déjame decirte que pareces idiota". –escuchó Shaoran por lo que dirigió su vista hacia la personita que había pronunciado esas desafiantes palabras.

Una palabras muy ciertas, se podría decir.

Todo lo contrario a lo que parecía por esa mordacidad con la que había hablado, su agresor era algo menudito… demasiado menudito. No pasaría de los ocho años de edad, tenía cabellos castaños oscuros, tan oscuros como los de él, y ojos azules.

Era un imprudente mocoso.

Iba a refutarle lo dicho de una manera no muy apropiada para dirigirse a un niño, pero la bruja, es decir, la Doc lo interrumpió.

Como siempre

—"¡Xi Sen!" –regañó la joven de ojos verdes. —"Te dije que no fueras tan grosero".

—"Pero Sakura, él ha estado todo este tiempo detrás de la puerta como un idiota, no puedes decirme que no lo es". –contestó el pequeño, encogiéndose de hombros.

¡Demonios, el mocoso lo había visto!

Sakura miró curiosa al castaño… ¿había estado ahí todo el tiempo? ¿Por qué no había tocado la puerta?

¿¡Acaso la había escuchado cantar toda la canción!?

Que vergüenza

Se aclaró la garganta. –"De todos modos no puedes tratar así a otro paciente sin motivos razonables, él no te ha hecho nada Xi… ¿cómo se dice?"

Shaoran quiso reír… así que no sólo a él lo torturaba con eso.

El niño suspiró pesadamente, mientras todos los demás ojitos miraban entremetidos la escena. —"Sí, Sakura, las palabras mágicas". –se giró hacia el castaño. —"Lo siento, señor".

—"Li, él se llama Shaoran Li, pero llámenlo Shaoran porque sino se siente un poco viejo". –agregó Sakura.

Shaoran gruñó. ¿Qué se creía?

Y ahora que estaba ahí ni recordaba para qué había ido a buscarla.

—"Mejor me voy, no sé para qué demonios estoy aquí". –dijo tratando de retirarse.

—"Sí, mejor vete grandulón". –oyó mascullar al pequeño mocoso, en una voz muy baja para que él sólo la escuchara.

Eso era un desafío.

Otro más

Lo miró con el rostro más potente de pocos amigos que podía poner.

Aunque con él podía llamarse el 'rostro de cero amigos'.

Sakura observó curiosa la escena, era común que Xi Sen se comportara así cuando la buscaban otros pacientes. Era un niño bastante posesivo y la celaba demasiado; eso le encantaba porque adoraba a ese pequeño, era muy maduro para su edad, pero al mismo tiempo tenía sus actitudes infantiles. Le hacía acordar a cierto niño crecidito que estaba enfrentando, con una mirada asesina, a unos decididos ojitos azules.

Era un panorama extraño, porque ámbar y azul eran colores extremadamente diferentes, y quizás no hacían un buen conjunto… pero, al mismo tiempo, congeniaban bien; podían mezclarse para formar otro color aún más extraño.

Tan extraño como ellos dos

Sonrió y se interpuso entre esas miradas asesinas que, pronto, comenzarían a soltar chispas. –"Bueno, bueno, la lucha de titanes es en el edificio de al lado, no aquí, así que sigamos con lo que estábamos haciendo".

—"Yo me voy; cuando termines de hacer lo tan importante que hacías, búscame". –dijo Shaoran a punto de retirarse.

¿Creía que podría escaparse así como así?

Que equivocado estaba

Sakura se puso delante de él, haciendo que levantara una ceja interrogante. —"¡Quieto ahí!, ahora que estás aquí jugaremos con los niños, y luego haremos lo que quieras, pero no te irás… ¡vamos que no te dé pena! Los niños son muy buenos aquí ¿no?" –terminó mirando a los pequeños que asentían con enormes sonrisas.

El castaño se cruzó de brazos. ¿Qué pretendía?

—"¡Vamos señor, juegue con nosotros!"

—"¡Sí! ¡Sí! Será divertido, la señorita Sakura es muy buena".

—"Nos divertiremos mucho".

Shaoran miró a todos los niños que le hablaban al mismo tiempo. Lo estaban mareando, jamás le habían hablado tanto, y mucho menos al mismo tiempo. No le gustaría que siempre fuera así; no le gustaba tanto alboroto. Pero tampoco le gustaba el silencio de antes.

Un silencio sepulcral

Tal vez el punto medio entre ambos estaba bien para él. ¿Cuál sería ese punto medio?

Giró su cabeza para encontrarse con la divertida mirada de la chica de ojos verdes. Sí que lo había metido en un aprieto, ¡y lo peor era que no podía decirle que no a unos niños! Que encima lo miraban con ojitos grandes y llenos de emoción y súplica… está bien, él era un ogro silencioso, un tigre solitario, el peor de los cobardes… ¡pero no era un monstruo despiadado y desconsiderado!

No podía decir que no a los niños… no cuando lo único que veía en sus miradas era pura inocencia.

Definitivamente no podía

¿Sería que el estar ahí estaba afectando a su carácter?

No. Eso iba más allá. Él nunca pudo negarse a unas peticiones así, a las que las hacían sin intereses.

Que para su vida eran casi nulas… pero las había… claro que las había.

Sakura lo miraba algo dubitativa, sin embargo, no se lo demostró. Estaba segura de que él no se negaría a la petición de los niños, pero tampoco quería incomodarlo… sólo demostrarle que habían pequeñas cosas que podían disfrutarse como ninguna otras sin necesidad de nada más que la diversión.

Sólo quería demostrárselo…

Demostrarle tantas cosas

—"Dejen que se valla, el tipo sólo sería un estorbo a nuestra diversión". –llegó la madura y retadora vocecita de Xi Sen, su celoso niño pequeño.

—"¡Xi Sen!" –regañó Sakura.

Shaoran miró al niño con un brillo en los ojos que ella no pudo descifrar, pero que juraba que era la tentativa de desafío.

Su niño grande

Se estaba igualando a la altura de un pequeño de ocho años…

De su niño pequeño

—"Me quedo". –determinó el joven de rebelde cabellera chocolate, con fuego encendido en sus ojos ámbar.

Eso la hizo sonreír, ¿quién diría que un hombre de esa calaña podría pensar de esa manera? Ya sabía lo que haría de ahora en más… le diría: 'No hagas esto, no hagas aquello', únicamente para que lo hiciera…

Ya había descubierto el punto débil… ¿o sería el fuerte? de ese hombre.

Aunque dudaba que lo necesitara… porque ese hombre tenía muchos otros puntos fuertes.

Muchos otros…

Y mejores

Sacudió la cabeza. Otra vez con esos pensamientos morbosos; nunca antes los había tenido ¿por qué ahora?

Quizás la respuesta estaba en que tenía veinticinco años… y aún no

—"¿Qué tengo que hacer para que terminemos esto de una vez por todas?" –esa pregunta interrumpió sus pensamientos; levantó la cabeza encontrándose con unos ojos de fuego.

¿Cuándo se había acercado tanto que no se había dado cuenta?

Dio un paso hacia atrás y se dio vuelta para mirar a los niños, todos sonrientes menos uno. Sonrió sin poder evitarlo. —"Sólo tienes que divertirte con nosotros… nada más que eso".

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Sonrió al escuchar un nuevo gruñido de su gran niño rebelde, quien iba caminando a su lado por los pasillos del hospital.

No pudo evitar reír cuando recordó lo bien que le quedaban las pequeñas trenzas que le habían hecho las niñas con los mechones más largos de cabellos chocolates. Ahora que lo veía, los tenía más desordenados que de costumbre por haber deshecho los nudos de las trenzas; además de un pronunciado seño fruncido en ese bello rostro bronceado.

Sakura creía que él se resistiría, pero para su sorpresa se dejó hacer todo lo que las niñas querían, haciendo gestos y quejidos todo el tiempo, por supuesto.

Fue algo bastante raro que no las hubiera mandado a volar; en cierto punto temía por ello, pero por suerte pudo controlarse. Aún la sorprendía lo mucho que se le habían pegado los niños a él, a pesar de toda su actitud fría y distante, a pesar de su desinterés, a pesar de su aspecto de gorila malhumorado.

Los niños habían centrado su atención en él

Como si ellos supieran que no había tenido una buena infancia…

Como si quisieran brindársela a través de sus pequeños y significativos actos

Definitivamente, eran maravillosos.

Recordó como se sonrojaban las niñas pequeñas al tenerlo cerca. ¡Wow! Hasta en infantes causaba ese efecto de macho infernal e irresistible.

Y en los pequeños, el efecto que causó fue de admiración; al parecer los niños sabían más que ella del ámbito automovilístico y de carreras, porque lo conocían muy bien y hablaban de cosas que Sakura no pudo entender del todo. La primera vez que había visto a Shaoran Li fue cuando tuvo que atenderlo, y se dio cuenta de que era famoso por como comenzó a atosigarlos la prensa –cosa que aún sucedía –pero nunca había sabido antes nada de él. Pudo notar que cuando los niños le decían lo grandioso que era, Shaoran hacía muecas amargas, y ella no podía hacer más que cambiar el tema de conversación.

Pero esos niños sí que eran insistentes.

Sobre todo… uno de ellos.

El más astuto de todos.

Largó otra risita, cuando recordó los pisotones que 'intencionalmente', le daba Xi Sen cuando Shaoran estaba desprevenido; por lo que lo único que podía hacer era gruñir.

No podía armar una pelea con un niño…

Y más si éste tenía una gran fuerza de voluntad… una voluntad admirable por ser tan pequeño.

Levantó su mano derecha viendo la pulsera azul que él le había regalado en frente de todos… en frente de Shaoran, junto con un gran abrazo, para demostrar quién era el que dominaba ahí. Para demostrar quién era su dueño y para que nadie se acercara a un terreno que ya estaba marcado.

—'Para que cuando la veas, recuerdes mis ojos' –le había dicho el pequeñín.

Sonrió. Ese Xi sería todo un rompecorazones en un futuro.

En su futuro

De todos modos, nadie notó eso. Sólo ella se había dado cuenta de sus propósitos. Conocía al pequeño de ojos como la noche más que nadie allí, hacía más de dos años que estaba en rehabilitación y ya era como parte de su vida.

Era un niño increíble, tan inteligente, tan audaz, tan capaz de tantas cosas.

Sí, ese niño llegaría a ser muy grande.

Sakura misma se encargaría de que así fuera, porque confiaba en que saldría sano de ese hospital.

Así sería

—"¿Qué es lo que te causa tanta gracia?" –escuchó la pregunta a su lado. Volteó el rostro, encontrándose con una mirada asesina.

Se encogió de hombros ¿Ya lo había hecho rabiar hoy? No, no del todo, quizás un poquito, pero no tanto. Muy bien, aquí íbamos de nuevo.

—"Tú". –contestó simplemente con una sonrisa.

—"¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?"

—"No, no monos, pero sí tendrás muchas arrugas si sigues frunciendo tu seño de esa manera".

—"Como sea, sólo déjame tranquilo". –dijo largando un cansado suspiro.

—"Lo dices como si hubiese sido yo quien te fue a buscar; para comenzar, tú fuiste el que me buscaba desesperadamente. Sé que me extrañas, pero tengo más pacientes ¿sabías?"

La vio incrédulo, pero intentó no contestarle. Esta vez no le daría el crédito de enfadarlo como siempre; sabía que todos esos comentarios eran para molestarlo, pero le demostraría que no le importaba lo que decía; por fin se comportaría como el hombre que era.

—"Lo sé, pero misma me dijiste que te buscara a ti cuando necesitara algo, y eso fue lo que hice".

Ella suspiró soñadoramente. —"Mi niño grande ya comenzó a obedecer… ¡esto hay que celebrarlo!"

Shaoran negó con la cabeza, ciertamente, ya se había acostumbrado a esos comentarios.

—"Por cierto…" –comenzó Sakura poniéndose delante de él. –"¿Para qué me buscabas?"

—"Tenía hambre". –contestó sencillamente.

—"¿Tenías? ¿Quieres decir que ya no tienes?"

Shaoran la miró y vio que sonreía, como siempre sonreía… lloviera, tronara, con sol… ella sólo sonreía… y tenía razón, eran distintos tipos de sonrisas.

La de ahora era burlona.

—"Tengo hambre". –corrigió.

—"¿Por qué no buscaste algo en la cafetería del hospital?"

Lo sabía, sabía las razones por las que él no hacía algo tan simple como eso, pero quería molestarlo. Era una costumbre diaria que… cada vez se estaba volviendo más difícil por la gran resistencia que su niño estaba adoptando.

¿Estaría perdiendo su toque?

¿O era él quien estaba siendo mucho más tolerante?

Bufó indignado. ¿Por qué ella no entendía? –"¿Cuántas veces tengo que repetirte que no me gusta esa comida? ¿No puedes comprender la simple frase 'No-me-gusta-esa-comida'?"

No, él no estaba siendo más tolerante, o por lo menos, no tanto. Además, ella sabía a la perfección que no sólo era por eso, sino, también por el acoso de la cocinera… y eso que era una señora grande. —"Sí, sí lo entiendo, sólo se me había olvidado". –dijo sacando la lengua y guiñándole un ojo.

Shaoran suspiró. —"Y ni siquiera puedo salir solo gracias a tu brillante idea de 'tendrá que mantenerse en observación'". –imitó. —"A veces desearía estar con esos malditos buitres". –masculló bajito.

Mentira

Era una enorme mentira, pero no podía evitar que salieran ese tipo de comentarios absurdos, y no quería verse tan vulnerable.

—"Pues yo creo que a pesar de que siempre te quejas, disfrutas mucho más estando aquí que en donde siempre has estado, acostumbrado siempre a un ambiente hostil". –la miró directamente cuando se dio cuenta de que estaba siendo seria; no eran muchas las ocasiones en las que ella se mostraba así. –"Puede que te aburras y no haya demasiado que hacer para los internados, especialmente, porque esto es un hospital; pero lo que sí puedo asegurarte es que aquí tratas con personas, a diferencia de antes, cuando sólo tratabas con rocas con presunción de personas que decían ser de carne y hueso, y tener algo llamado corazón en sus pechos".

Se quedó atónito ante lo que le dijo, y desvió la mirada, incapaz de soportar por más tiempo el escrutinio de esos orbes esmeralda.

Sí, lo que ella decía era toda la verdad; en esas semanas que había estado reclutado desde su accidente, había hablado más de lo que pudo hacerlo toda su vida. Pero no sabía si eso le gustaba o no; no sabía si le agradaba conocer más gente o no; no sabía si eso le causaba alguna satisfacción o no.

Sólo sabía que estaba vivo.

—"Todo eso…" –levantó la mirada cuando la oyó continuar. —"Todo lo sé por tus actitudes, no fue necesario que me lo dijeras, cosa que estoy segura que no harías, pero pude saberlo ¿sabes? No todas las personas son así, tan desconfiadas, tan desganadas de la vida, con tan poca voluntad". –era cierto, todo lo que ella decía, era cierto, y él no podía decir nada para defenderse porque esa mujer, simplemente, lo estaba leyendo como a un libro abierto; como nadie, ni su padre, jamás pudo hacerlo. —"Me di cuenta de muchas cosas hoy". –concluyó ella con los ojos más brillantes que antes. Había una gran determinación.

Algo que Shaoran pudo entender.

Había voluntad…

Firmeza

—"¿Qué?" –preguntó, queriendo saber todo lo que ella tenía para decirle. Ya no se ocultaría más; no valía la pena ocultar su interés por esas cosas, cuando ella sabía muy bien todo lo que pasaba por su mente.

Tal vez no sabía todo lo que pasaba por su mente.

Pero sí gran parte de sus pensamientos.

Sakura sonrió con calidez. Una sonrisa que él nunca había visto en ella, y que nunca nadie le había brindado. —"Hoy… hoy me di cuenta de que eres más especial de lo que aparentas". –dijo, causando una confusión en el castaño ¿A qué se le refería? ¿Acaso… acaso… se le estaba declarando? ¿Otra loca que se le declararía sin siquiera conocerlo? ¿Ella no era la mujer diferente que él había pensado? —"Eres una muy buena persona…" –salió de sus cavilaciones cuando la escuchó continuar. —"sólo estás confundido porque siempre has vivido en un mundo lleno de frialdad… y por eso desconoces tanto este ambiente; pero quiero mostrártelo, si tú me lo permites, yo puedo mostrarte el verdadero mundo, con todas sus cosas buenas, y sus cosas malas… no lo veas sólo por lo malo, tienes tantas cosas por ver… tanto".

Sakura exhaló todo el aire que había contenido en sus pulmones; ya está, ya lo había dicho; le había pedido que se abriera a ella. A partir de ahora operaban dos posibles opciones.

La primera era que él la mandara a volar con una patada por creerla una loca desquiciada que necesitaba atención psicológica urgente.

La otra opción era que la recibiera con los brazos abiertos y le diera un gran apapacho en agradecimiento.

Viéndolo de ese modo… era más que seguro que él optaría por la tercera opción.

¿Había una tercera?

Sí…

La de ignorarla

Shaoran supo que eso no era una declaración como había pensado en un principio…

Era una petición peor

Ella pedía algo que él jamás podría brindarle…

O por lo menos, no ahora.

—"Yo…" –quiso articular palabra, pero nada salía, simplemente, tenía la mente en blanco, nada para decir.

Sakura levantó la mirada cuando se dio cuenta de que él no se le había reído en la cara y la miraba, no a los ojos, pero la miraba.

Su corazón comenzó a martillar fuerte contra su pecho; estaba nerviosa por su respuesta, en verdad quería ayudarlo, pero si él se negaba le sería imposible. No podría ir en contra de su voluntad, no podría.

Sakura esperó por su respuesta, pero no llegaba. Y fue cuando lo miró a los ojos que se dio cuenta.

Había gran duda en esos orbes de fuego

Y lo entendía. Él nunca había confiado en nadie completamente y no podía pretender que, de un día para otro, fuera a confiar en ella.

Tendría que ganarse esa confianza a fuerza de voluntad. Tendría que ganarse todo de él para poder ayudarlo. Tendría que ganárselo completo.

Hasta su corazón

¿Su corazón? ¿Por qué su corazón?

Bueno, si llegaban a hacerse amigos, ella estaría en su corazón ¿no?

Sacudió la cabeza y lo miró, no quería incomodarlo ni ponerlo en un compromiso. No quería que él sintiera que estaba haciendo algo mal. No quería apresurarlo.

Se lo ganaría…

Como siempre se había ganado todo en la vida…

Luchando por ello.

Sonrió. —"Bien, ¿No que tenías hambre?" –preguntó.

Shaoran la miró algo aturdido, pero comprendido lo que ella pretendía, y muy en el fondo se lo agradeció. —"Sí".

—"Yo también tengo, así que vamos; tengo el resto de la tarde libre, comeremos afuera, creo de que ya es hora de que salgas un rato". –dijo dirigiéndose a su consultorio.

Allí se quitó el guardapolvo color blanco para quedar con unos jeans y un suéter color verde que resaltaba sus ojos.

Nada fuera de lo común. Sencillo, tanto como ella lo era.

—"Sígueme". –musitó cuando llegó al lado de Shaoran.

—"Espera". –la paró él; ella lo miró interrogante, levantando una ceja. —"Tengo que ir por mis tarjetas de crédito". –hizo el ademán de seguir, pero la mano de la castaña lo retuvo.

—"No es necesario".

El joven de ojos ámbar la miró como si estuviera loca. —"Claro que es necesario".

Sakura negó con la cabeza. —"No, yo invito".

No.

No, no, no, no, no y no.

Eso no lo podía permitir.

¿Qué hombre puede dejarse invitar por una mujer?

¿Dónde se vio que la mujer pagara?

No era discriminación.

Era tradición.

Escuchó la risa de ella. —"Vamos, no me digas que te da pena que te invite".

—"Un hombre no puede dejar que sea una mujer la que pague".

—"¿Por qué no?" –preguntó la joven de ojos verdes con una mirada inquisitiva.

—"¡Porque no!" –exclamó Shaoran.

—"Pero ¿por qué no?" –insistió.

—"Porque no queda bien ¡se vería ridículo!"

—"No sabía que te importara lo que la gente pensara por ahí, tú sabes, con lo chusma que es la humanidad".

—"¡No me importa la mierda que piense la gente! Sólo que no puedo dejar que tú pagues, eso es todo. Punto". –terminó. Iba a seguir con su camino, pero como siempre, siempre, siempre, esa mujer tenía algo que agregar.

—"¡Ajá! ¡Te caché!" –rió ella. —"Te sientes menos hombre por eso. No sabía que tan poca cosa te incomodara". –se mofó.

Shaoran apretó la mandíbula. —"Cállate sólo por un momento ¿quieres?"

La joven sonrió. —"Está bien, si te hace sentir mejor, ve". –fingió secar unas lágrimas. —"Aunque me sentiré algo ofendida por tu rechazo a mi invitación". –dijo mientras lo veía alejarse hacia su habitación. —"¡Algún día tendrás que aceptarla!"

El castaño atravesó todos los inmensos pasillos y se encerró en su habitación mientras buscaba esas malditas tarjetas. Siempre las aborreció, pero era la manera más sencilla y práctica de cargar con dinero, ahora sí que lo entendía.

Sí quizás entendía lo de las tarjetas, pero lo que no entendía era todo lo que la chica de ojos verdes le había dicho… ¿por qué?

'"… quiero mostrártelo, si tú me lo permites, yo puedo mostrarte el verdadero mundo, con todas sus cosas buenas, y sus cosas malas… no lo veas sólo por lo malo, tienes tantas cosas por ver… tanto'"

¿Por qué siempre rompía sus certezas? ¿Por qué cada vez que él tenía una idea formada ella llegaba y la soplaba para imponerle otra totalmente diferente?

Era como el cuento de los tres chanchitos, donde él –si seguía comiendo sin hacer ejercicio –representaría a los tres chanchitos y ella al malvado y despiadado lobo.

Ya había logrado que pensara en su futuro, en las tontas 'palabras mágicas', en toda su vida.

En su profesión…

En sus elecciones

¿Qué era lo que pretendía? Hace un tiempo, habría dicho que era dinero… pero no, no era eso.

¿Por qué lo hacía?

"'Porque mi deber es salvar a la gente, y para mí, eso debe hacerse en todo sentido'"

Esa frase había rondado su cabeza todo el tiempo.

¿Es que en serio ella podía ser tan entregada a su trabajo? ¿Por qué? ¿¿Por qué??

No tenía las respuestas, y ciertamente, no las tendría por más que se quemara la cabeza tratando de descifrarlo.

No podía confiar en ella así como así… sólo para seguir acumulando decepciones.

Pero sí podía fiarse un poco… sólo un poco.

Aunque eso se veía imposible cuando esa bruja sólo contribuía a enfadarlo y degradarlo de esa forma tan… tan… divertida.

Sí, no podía negarlo… de cierta forma era divertida.

Sacudió la cabeza para dejar de pensar, quería dejar de pensar tan sólo unos segundos, por lo menos, en las veinticuatro horas del día.

Si seguía así… su cerebro colapsaría y se evaporaría.

Uh… eso sería malo, muy malo.

Tomó las tarjetas de crédito y volvió a la recepción donde había dejado a la Doc.

Ella estaba hablando con la recepcionista del hospital.

¿Cuándo no? Esa mujer se la pasaba hablando. ¿Acaso no se quedaba sin saliva? ¿No le dolía la garganta? ¿¡No se le enredaba la lengua!?

Se acercó a ella llamando su atención, y también la de la recepcionista, quien –como todo el género femenino –lo miró clavándole los ojos –de una forma muy obvia –en una parte estratégica de anatomía.

No pudiendo soportar más esa mirada, se apresuró a la joven castaña. –"¿Nos vamos?"

—"Emm… sí, espera… un momento". –la vio buscar algo en un cajón y luego se acercó a él poniéndole una gorra sobre su desordenado cabello. —"Listo".

—"¿Para qué?"

—"No te la quites, es porque afuera, desde que tuviste tu accidente, hay personas que, no me preguntes cómo, han estado ahí para ver si aunque sea se distingue un solo cabello del 'Gran Shaoran Li', así que si no quieres ser acosado o, en el peor de los casos, violado, te recomiendo que la uses… mira que si te agarran, esta vez no volveré a esconderme en los arbustos".

Él frunció el seño. —"¿Aún siguen buscando noticias?"

Sakura se encogió de hombros. —"No lo sé, eso parece. Lo que me pregunto es si tan sólo dormirán".

—"Créeme, la prensa no lo necesita, sólo se alimentan de chismes". –dijo él con burla.

—"¡Hey! Estás aprendiendo". –apuntó la joven, ganándose una mirada cansada por parte del castaño. —"Está bien, por hoy te doy tregua, pequeño, pero mañana todo será igual".

—"Como sea… ¿vamos o no? A veces siento como si dieras más vueltas que un automóvil deportivo".

—"No sé si tomarlo como un halago, pero por las dudas, igualmente… ¡sí que debes estar hambriento! No quiero que mi paciente se desnutra". –contestó con una sonrisa que hizo que Shaoran rolara los ojos. —"Bien, vamos al estacionamiento por mi coche".

Ambos fueron allí, y había sólo unos autos estacionados.

Lo que más sorprendió a Shaoran fue que ella se dirigió a uno de los automóviles, el más distinguido de todos.

Un Mercedes-Benz CLS de color verde

Su color favorito

Podían no gustarle las carreras, pero lo que sí le gustaban eran los autos, y ese era digno de admirar. Era uno de los pocos que no tenía en su colección.

—"¿Te gusta?" –preguntó la ojiverde al verlo analizar el vehículo.

—"Es un automóvil de turismo con carrocería Sedán y motor delantero". –dándole todo el diagnóstico del auto, de lo cual Sakura no entendió ni 'pío'.

Le hablaba como si ella supiera lo que era carrocería… o algo sobre autos.

¡Gracias con que sabía apenas manejar!

—"Sí, sí te entendí absolutamente todo". –dijo sarcástica. —"Pensé que no te gustaba lo que hacías".

—"No me gusta, lo que sí, es que sé sobre automóviles, aunque éste no es de carrera… sin embargo es algo oneroso para el salario de un médico ¿no?" –preguntó curioso.

—"Lo sé, no hubiese podido pagarlo". –respondió poniendo las llaves en la puerta para abrirla. —"Fue un regalo para mi cumpleaños". –dijo recordando cuando él, le había regalado ese costoso automóvil para su último cumpleaños.

Siempre la mimaba de esa forma…

Dándole todos los gustos…

Si supiera que con mucho menos, ella estaría tan feliz.

—"Gran regalo". –agregó Shaoran mientras entraba al asiento del copiloto. Se sentía extraño, él siempre era el que conducía; y sentarse allí… era extraño.

Una experiencia diferente

Sakura observó curiosa sus expresiones, a veces él podía perderse mucho en sus pensamientos. –"Ponte el cinturón de seguridad". –dijo sacándolo del trance.

Él la miró con el seño fruncido. –"No soy un niño, y no lo necesito".

—"Así suceden los accidentes". –refutó ella cruzándose de brazos. —"Póntelo".

Shaoran suspiró. —"Hasta que no lo haga no me dejarás ¿cierto? Eres una manipuladora". –dijo mientras se ponía el cinturón de seguridad.

Sakura rió. —"¿Yo? Disculpa, pero adentro, por poco no armas un escándalo porque yo iba a pagar una tonta cuenta… ahí, tú fuiste el que me manipuló".

—"¡Lo estás haciendo ahora! Intentas manipularme con tus contraataques de argumentos".

—"¿Contraataques de argumentos?" –esta vez rió con ganas; ese hombre no dejaba de sorprenderla, porque ahora era su niño, ya no era un hombre. —"Tienes mucha imaginación ¿lo sabías?"

El castaño bufó sin saber que decir, como siempre, ella se utilizaba todas las palabras por decir. —"¿A dónde vamos?"

—"¿Tengo que tomar ese cambio de tema como una batalla ganada a mi favor?" –cuestionó divertida, mientras maniobraba para sacar el auto del estacionamiento.

—"¡Bah! Ya cállate de una vez". –emitió Shaoran.

La castaña sonrió. —"Bien, apunta otra victoria para mí".

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

El almuerzo había sido bastante tranquilo en el restaurante chino; gracias a eso, Sakura se había enterado por el poco diálogo que pudo mantener con el castaño, que él provenía de una familia China, el gran Clan Li. Claro, era entonces cuando ella recordaba a esas importantes empresas, las Corporaciones Li; decían que eran unas de las más importantes del mundo, quizás era por eso que su padre nunca se aparecía, porque estaba atendiendo las empresas.

¿Pero qué clase de padre era? Cualquier padre dejaría lo que está haciendo cuando ve que su hijo está en peligro.

No todos los padres

Era cierto, ella sabía perfectamente que no todos los padres eran así. Y no los entendía.

¿Por qué tanto desamor? ¡Los hijos eran extensiones de sí mismos, extensiones de su propia sangre, sus generaciones! ¿Por qué?

—"¿Vamos a volver o te quedarás ahí parada?" –esa voz logró sacarla de sus pensamientos. Estaban en el estacionamiento del restaurante a punto de partir, pero no regresarían al hospital, no aún.

—"Tranquilo, Shaoran". –dijo notando que él fruncía el entrecejo. —"Puedo llamarte así ¿no?" –preguntó con una sonrisa, pero antes de que él pudiera contestar con una, evidente negativa, ella continuó. —"Bien, gracias, tú puedes llamarme Sakura".

—"No, gracias. Creo que Kinomoto está bien para mí". –contestó él, tratando de enmarcar las distancias, no quería formar ninguna relación con ella. Y mucho menos sabiendo que atraía tanto la atención siendo que no estaba para nada arreglada. Era increíble como unos estúpidos babosos no habían quitado, un solo momento, la atención de ellos. Eso ya lo estaba exasperando de sobremanera; sumado a las miradas desvergonzadas de algunas mujeres.

—"Oh, Shaoran sí que eres aguafiestas; pero eso es mejor que nada". –dijo apoyándose en el capó de su auto, al tiempo que lo veía quitarse la gorra por la que se estuvo quejando todo el tiempo.

—"Kinomoto ¿vamos?" –preguntó, mientras subía al coche.

—"Sí, bien, vamos".

Sakura también se subió y comenzó a andar por las calles de la cuidad. Shaoran miró por el espejo retrovisor del Mercedes-Benz y pudo notar a un BMW negro que iba detrás de ellos.

Frunció el seño sin poder evitarlo… ¿a ese auto no lo había visto antes? Podía ser cualquier otro auto parecido.

No, él nunca confundía los vehículos, era un experto en el arte visual.

Nunca olvidaba algo luego de verlo

Se pasó una mano por los cabellos; quizás sólo era su imaginación. Estaba siendo muy paranoico, a lo mejor, era sólo coincidencia.

¿Tanta coincidencia podría haber?

En una maniobra, Sakura tomó la autopista pero en una de las curvas, ella tomó una dirección distinta, cosa que extrañó a Shaoran; pero gracias a eso pudo ver que perdieron al otro automóvil.

Sí, era su imaginación.

—"Te pasaste, no era por ahí". –señaló.

—"No, es por aquí".

—"Te digo que no. Luego de la autopista era a la derecha, no a la izquierda, el hospital queda en la zona céntrica, que es al oeste". –explicó el castaño, pasándose una mano por los cabellos. Lo desesperaba que ella fuera tan cabezota y no le hiciera caso cuando para encontrar el bendito restaurante habían dado como cinco vueltas.

—"¿Quién dijo que íbamos al hospital?"

Shaoran volteó a verla bruscamente. —"¿¡A dónde diablos vamos!?"

Sakura no pudo evitar reñir. —"Tranquilo, no te estoy secuestrando".

Bufó exasperado. —"¿No que iba a haber tregua?"

—"La hay". –contestó segura.

—"No se nota, no has dejado de fastidiarme la existencia, estás completa e irremediablemente loca".

—"¡Hey! Hieres mis sentimientos hablándome así". –exclamó, aparentando estar dolida.

Él no contestó ¿para qué?

La historia se repetía una y otra vez.

Era como un… deja vù…

—"Vamos a lo de una amiga". –la escuchó decir de pronto.

Esta mujer tenía efecto retardado.

Siempre contestaba lo realmente importante, mucho tiempo después.

Demonios que era un espécimen único

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Y ahí estaban de nuevo, fomentando las locuras de la desquiciada doctora Kinomoto.

La mujer no paraba un sólo segundo. Y él que pensaba que llevaba una vida tan agitada.

Ella le ganaba…

En todo

No.

Eso no podía admitirlo, ella podría hacer ciertas cosas, pero no muchas otras. No podría ganarle en todo.

Jamás.

Miró hacia arriba, el sol en lo alto lo cegaba, pero alcanzó a distinguir el letrero del lugar al que habían ido.

—"'Rayito de sol'" –leyó en voz baja.

¿Qué clase de nombre estúpido era ese?

—"Sí, así se llama ¿no es un lindo nombre?" –preguntó la ojiverde a su lado.

—"¿Qué es este lugar? ¿Para qué estamos aquí?"

—"Éste lugar, como tú dices, se llama 'Rayito de sol'" –dijo señalando el cartel que antes él había visto, como si fuera un niño pequeño y no supiera leer. —"Y es un orfanato".

Eso sí que Shaoran no lo sabía… pero ¿para qué estaban ahí? —"¿Y? ¿Qué con eso?"

Sakura roló los ojos. —"Vengo casi todas las semanas, y ésta aún no había venido, así que ya que estábamos, aproveché la oportunidad ¿qué te parece?" –cuestionó con entusiasmo. —"¡Por fin conocerás más personas!"

El castaño la miró con el rostro desencajado y sólo se frotó las sienes… ¿por qué siempre lo llevaba a hacer cosas insólitas?

—"No sé para qué estamos aquí, así que explícate".

La joven doctora entrecerró los ojos. —"Nunca has hecho nada como esto ¿verdad?"

Shaoran sólo negó con la cabeza. Él no hacía más que correr en las pistas, ir a conferencias aburridas sobre sus victorias, ser acosado por prostitutas, ir a casinos para alguna que otra promoción; y las típicas reuniones de práctica y estudio de los demás competidores.

Ah, y también respirar.

—"Aquí venimos a ayudar en lo que sea necesario, no creas que sólo con dinero puede ayudarse como se publicita en todos lados". –comenzó a explicar. —"Podemos venir a pasar el día con los niños, ayudarlos en sus problemas o simplemente jugar con ellos… no todo gira en torno al dinero, y por supuesto que no obtienes nada más que una gran satisfacción al salir; algo que es mucho mejor que cualquier clase de suma millonaria". –dijo caminando hacia el lugar, dejando atrás al ambarino, pero entonces volteó para darle la cara. —"Espero que tú también puedas sentirlo… te prometo que trataré de que así sea".

Él le siguió el paso; como era siempre, y para no perder la costumbre, no había entendido mucho de lo que le quiso decir. Sí había entendido sus palabras, pero como todo lo que salía de ella, sabía que todo eso tenía un significado oculto. Había aprendido que toda ella tenía un misterio enorme en cada uno de sus aspectos.

Todo un misterio.

Como ella lo era.

Un misterio extraño y diferente.

¿Valdría la pena tratar de descifrarlo?

¿Lo valía?

Llegó adentro unos minutos después de que ella lo hiciera; y estaba ahí, abrazando a otra chica, de cabellos largos y grisáceos que, prácticamente, la estaba asfixiando.

—"¡Sakura! ¡Sakura! ¡Qué alegría verte por aquí! Todos te extrañábamos, los niños preguntaban por ti, pensábamos que no vendrías esta semana". –escuchó decir a la morena.

—"Lo siento, Tomoyo, es que estuve más ocupada que de costumbre, no había previsto unas cosas, pero hoy decidí tomarme la tarde libre para estar aquí". –la vio sonreír.

Esa sonrisa… era la sonrisa cálida que le había dado antes.

Sin duda era la mejor que le quedaba.

La mejor

No.

Shaoran sacudió la cabeza. Era sólo una sonrisa.

Una estúpida sonrisa.

Que la hacía ver endemoniadamente angelical

—"¡Ay Sakura! Cada día estás más hermosa. ¡Siempre tan kawaii! ¡Pronto haré unos diseños para que te pruebes!" –el castaño miró que la muchacha escandalosa seguía parloteando, pero de lo que se sorprendió fue del furioso sonrojo que adornaba las mejillas de Kinomoto.

Nunca antes la había visto sonrojada…

Y se veía bien…

Muy bien.

Una hermosa bruja de ojos verdes apenada

—"Ya, Tommy, deja de decir eso, además ¿para qué más diseños?".

—"Sí, Sakura, habrá una muestra como examen para recibirnos en la carrera, y quiero hacer un buen trabajo".

—"Ah, entiendo". –musitó Sakura.

Shaoran sólo miraba de un lado para otro en esa conversación; si fueran pareja, él podría ser el violinista, pero en ese caso estaba sólo como el espectador descarriado que no sabía qué hacer.

Notó que unos ojos amatistas se posaron en él, y luego una sonrisa maligna se asomó en el rostro pálido de la muchacha.

—"¡Sakura! ¡Me trajiste mi regalo de cumpleaños por adelantado!" –exclamó mientras miraba al castaño. —"Y mira nada más, en vez de una caja de bombones me has traído uno enorme en forma de hombre ¡gracias amiga, por eso te quiero tanto! Aunque espero que Eriol no se ponga celoso". –dijo abrazándola, mientras la ojiverde reía.

Así era su amiga, mucho peor que ella. La loca Tomoyo Daidouji, encargada del orfanato por voluntad propia, y estudiante de diseño.

Shaoran por su parte, negó con la cabeza, ahora no lidiaría con una, sino con dos locas que lo tomarían como su burro de burla. ¿¡Es que acaso era el año de 'Molesten a Shaoran'!?

¡Mierda!

—"Siento no presentarlos". –comenzó la castaña. —"Tomoyo, él es Shaoran Li, uno de mis pacientes, y mi niño grande predilecto". –sonrió, cuando él resopló. La morena miraba con unos ojos curiosos toda la escena. —"Shaoran, ella es Tomoyo Daidouji, mi amiga y la autoridad de 'Rayito de sol'"

—"Es un gusto Li". –se inclinó Tomoyo.

Él no iba a contestarle, pero la mirada recriminatoria de su Doc lo obligó. ¡Demonios! Era en serio cuando dijo que esa mujer estaba controlándolo. —"Igualmente… mm, Daidouji".

La joven de largos cabellos negros le sonrió. –"Bien, ya que estamos aquí, vamos los niños estaban ansiosos por verte".

Los tres caminaron por unos pasillos. Mientras las dos mujeres hablaban de '¿Cómo te ha ido? ¡Oh! ¿Te invitó a salir? ¿Y qué tal Eriol?', Shaoran caminaba con las manos en sus jeans negros preguntándose cómo era que fue a parar a ese lugar, se suponía que estaría en observación; pero no, ahí entraba en escena la loca de Kinomoto y lo sacaba a las rastras por, prácticamente, toda la cuidad. Primero por no encontrar la dirección del famoso restaurante, y luego, hacia ese lugar.

No es que fuera un descorazonado… del todo, pero no era necesario ir. Podría simplemente entregar una de sus tarjetas y establecer una cuantiosa suma para que pudieran abastecerse con ella.

"'No creas que sólo con dinero puede ayudarse como se publicita en todos lados'"

Sí, bueno eso le había dicho, pero con el dinero era más que suficiente. Todas las personas estarían mucho más felices si hay dinero de por medio.

"'No todo gira en torno al dinero, y por supuesto que no obtienes nada más que una gran satisfacción al salir; algo que es mucho mejor que cualquier clase de suma millonaria'"

¿Sería cierto?

Esa mujer, muchas veces, decía tantas idioteces que ya no sabía si creerle o no.

Aunque la gran mayoría de las cosas que le había dicho eran ciertas

No sabía qué era lo que pasaba, cada día estaba más confundido… y al mismo tiempo más seguro de algunas cosas.

Ciertamente, todo tomaría su tiempo…

Tiempo al tiempo, como solían decir.

Sakura lo miraba de reojo mientras caminaban y charlaba con su amiga; no había abierto la boca desde que habían llegado. Cuando estaban solos por lo menos hablaba un poco más, pero se dio cuenta de que habiendo más personas, no se soltaba tanto como estando sin nadie más.

¿Eso significaba que se estaba ganando su confianza?

Sonrió, eso esperaba. Lo esperaba con todo su corazón.

La morena la miró curiosa; su amiga estaba sonriendo sin motivo alguno, sabía que ella sonreía todo el tiempo, pero esa sonrisa era de satisfacción. No fue hasta que siguió la visión de sus ojos verdes que se dio cuenta de que su mirada estaba enfocada en un único sector.

Más bien, en un único modelo.

Uf, y qué modelo.

Se acercó a su oído. —"Te gusta ¿verdad?" –preguntó en un susurro que sólo la castaña pudo oír, y que la hizo ponerse más roja que una cereza.

—"¡Tomoyo! ¿Qué dices? ¡Por supuesto que no!" –exclamó llamando la atención del joven de ojos ámbar, quien la miró interrogante, pero al saber que seguro serían tonterías de chicas, volvió a su postura indiferente.

La amatista rió. —"Tranquilízate, Sakura, era sólo una pregunta inocente, pero gracias, tu reacción me lo ha confirmado".

Sakura se pasó una mano por su flequillo, desordenándolo. ¡Que preguntas que le hacía su loca amiga! ¿Cómo podía creer esas cosas? ¡Por favor, era su paciente!

¿Gustarle?

Jamás.

Quizás un poquito… pero eso no iba más allá de lo físico.

¿A quién no le gustaría un hombre como él?

—"Aquí estamos". –escuchó a su amiga y se dio cuenta de que estaban frente a la puerta del salón de juego de los niños.

—"Que bien, yo también tenía muchas ganas de verlos". –dijo Sakura con una sonrisa, abriendo la puerta.

Shaoran observó como todos los niños del lugar habían volteado al ver abrir la puerta y saltar sobre la persona que había entrado.

Eran alrededor de cincuenta niños rodeando a la doctora Kinomoto, como si ella fuera una diosa o una divinidad única.

¿Qué tenía esa mujer que podía atraer de esa manera a las personas?

Verdaderamente era todo un misterio.

Un enigma que pedía a gritos ser resuelto.

La veía sonreír, reír y abrazar a los niños que la miraban con ojitos brillantes, con emoción y con enormes sonrisas.

Era ese brillo que aparecía en los ojos de todas las personas cuando ella estaba cerca, pero que aún él no había experimentado.

¿Qué clase de poder tendría esa mujer para causar eso?

Ella era una bruja

No lo entendía, pero verla divertirse con ellos le causaba una sensación que no podía comprender.

Era una sensación que iba desde su estómago a su pecho, y que desembocaba en la garganta como cosquillas.

Era algo como… como… ¿regocijo? ¿Satisfacción?

¿Podría ser?

¿Así se sentía?

Si así era, realmente era algo… ¿hermoso?

Sí, quizás era hermoso.

Aún no podía entender qué significaban esos sentimientos, ni si los sentía como algo hermoso. Sólo sabía que eran diferentes a los de antes, cuando no sentía absolutamente nada.

Sólo asco… asco hacia su propia persona y hacia el mundo en general.

Pero ahora podía asegurar que eso ya no estaba ahí; no sabía si se sentía completamente satisfecho, pero lo que sí sabía era que ahora ya no era la basura que creía.

Ahora era una persona…

Como todas las demás

—"Se siente bien verla así ¿no lo crees?" –escuchó una voz a su lado y giró por inercia; no pudo evitar un quejido por el dolor que le causó en el cuello haberlo hecho tan rápido. La muchacha morena sonrió ante aquello. —"Creo que deberías dejar de ser tan precipitado, casi te rompes el cuello".

Shaoran no respondió, y sólo se dignó a volver su vista a Kinomoto. La muchacha continuó.

—"La conozco desde la escuela secundaria; es un poco mayor que yo. ¿Sabes? Yo era bastante callada antes, aunque no lo creas, por eso nadie se me acercaba…" –el castaño aparentaba no prestarle atención, pero al verla por el rabillo del ojo, pudo ver en esos ojos amatistas la admiración y cariño que estaban dirigidos a su Doc. —"Ella fue la única que me prestó atención a pesar de que me comportaba distante para que nadie pudiera lastimarme; Sakura siempre se mantuvo ahí para mí, a pesar de que intentaba ignorarla, a pesar de todos y de todo, ella siempre estuvo ahí, apoyándome, ayudándome… protegiéndome. Siempre siendo fuerte ante cualquier adversidad y sobreponiéndose a todo lo que tuvo que vivir". –la vio sonreír. —"Sé que si me escuchara decir esto, se enfadaría mucho porque no le gusta que todo el tiempo le estén agradeciendo las cosas y porque siempre adjudica el crédito a cada persona, pero gracias a ella soy la persona que está aquí ahora, gracias a ella pude superar tantas cosas… tantas; le debo tanto que no sé si alguna vez podré pagárselo, pero siempre lo intento, porque Sakura es la hermana mayor que nunca tuve, y la que me guió para sacarme del camino oscuro en el que me encontraba… ya lo ves… ahora soy parte de un rayito de sol, para poder brindar un poco de lo que tanto me dieron, y no puedo ser más feliz de lo que soy… ella me dio mi felicidad".

Shaoran la miró directo a los ojos, ciertamente, era una profunda admiración hacia Kinomoto lo que emanaba de esa mujer. Por todo lo que le contaba, la Doc desde un principio fue metiche y optimista… siempre pesada, como solamente ella podía serlo. En cada una de las palabras que había pronunciado la joven de ojos amatistas, podía distinguirse a la legua todo lo que sentía hacia Kinomoto, era una gran amistad; y la entendía, aunque jamás la había experimentado.

Sólo atinó a asentir con la cabeza para transmitirle que la comprendía, que agradecía que le hubiera contado esas cosas, aunque no conocía muy bien la razón por la que le confió tanto… la razón por la que le había contado algo tan personal.

—"Así como lo hizo conmigo…" –volvió a mirarla cuando la escuchó continuar. —"Ella puede hacerlo contigo, Sakurita puede lograrlo todo, créeme, ella es un ángel que puede lograr llenar los corazones vacíos que no tienen un lugar… siempre lo ha hecho, y confío en que lo hará".

Tomoyo le sonrió y se alejó, dirigiéndose hacia su amiga.

Shaoran la siguió con la mirada, y luego se enfocó en Kinomoto.

Otra vez sonreía

Sonreía como siempre lo hacía… con sus diferentes tipos de sonrisas.

Podía ver esas enormes lagunas verdes brillar con intensidad bajo sus gruesas pestañas, como los de ninguna otra persona.

Brillaban con luz propia… unos hermosos y vivos ojos verdes.

Con ese rostro angelical, siempre enmarcado por los mechones de cabellos castaños.

¿Qué era esa mujer? ¿Un ángel o un demonio?

No, corrección… ¿era un ángel o una bruja?

Ahora, ese punto estaba en duda… aunque se inclinaba por lo de bruja…

Siempre podía hipnotizar con sus miradas

¿Debería confiar en ella?

"'Ella puede hacerlo contigo, Sakurita puede lograrlo todo, créeme, ella es un ángel que puede lograr llenar los corazones vacíos que no tienen un lugar… siempre lo ha hecho, y confío en que lo hará'"

¿Por qué todo le indicaba que sí podía confiar?

¿Y qué si se decepcionaba?

No significaría nada…

Sólo una decepción más para apuntar a la kilométrica lista

Decían que el que no arriesga no gana ¿no?

Entonces ¿el que arriesga gana?

¿Qué sucedía si se arriesgaba y no ganaba?

Nada… absolutamente nada.

Sólo podría arrepentirse de lo que hizo, y no de lo que dejó de hacer.

Eso era mejor que nada ¿verdad?

La vio voltear, y se encontró con su mirada verde, llena de esperanza; ella le sonrió.

De nuevo esa sonrisa…

Quizás no era tan malo… después de todo.

Porque tal vez, ella era un ángel como había dicho su amiga.

Porque lo de bruja no se le quitaría.

Pero su postura angelical lo sobrepasaría.

Porque ella era una hermosa bruja angelical de ojos verdes

Un ángel que le enseñaría a como volar…

Y una bruja que lo encandilaría con la profundidad de sus ojos…

Iba a permitir que ella lo guiara…

Pero no se lo diría… no le daría la satisfacción de saber que lo tenía en sus manos…

No era necesario decírselo cuando ella ya había notado que unos ojos color miel, tenían un brillo diferente al de antes.

Definitivamente, no era necesario.

Porque con tan sólo una mirada…

Las palabras sobraban… entre esos dos.

Camino sola y no me quiero rendir

Para mi no es un juego de azar

Junto a ti sé que es posible estar bajo este cielo azul.

Ven conmigo y no te quedes ahí

El futuro será mejor

Sígueme, pues sin tu sonrisa todo sería gris

Dame una simple señal, y así sabré que estás a mi lado

Reconstruir mi corazón que sin ninguna razón

Hoy late con más fuerza.

El mundo he de cambiar

Un lugar donde contemplar…

Una vida y un amor…

En mi interior lo se, lo voy a conseguir contigo…

Ve la luz, sin parar, sin mirar atrás…

Que el mañana será aún mejor

Pero no bastará si tú no quieres ser mis alas y volar

Continuará…

O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O

Notas de autora:

¡Hola! n.n ¿Qué tal? Espero que estén muy bien, yo estoy bien XD.

¿Qué les pareció el capítulo? como pueden apreciar, éste fue más largo que los demás, espero que lo disfruten n.n

Ahora, comentándolo un poco… ¿les gustó la canción? A mí particularmente me encanta, me da muchos ánimos, así como toda canción de Charm:

Nombre de la canción: "Cambiar el mundo"

Artista:Charm

Puede encontrarse en el Ares si es que la quieren escuchar, cosa que recomiendo, pero si no la encuentran, no duden en pedírmela, a veces resulta difícil de conseguir, así que si la quieren, recuerden mandarme un mensaje a mi e-mail pidiéndola, o simplemente me dicen sus e-mails en un review (recuerden separar el para que aparezca porque sino no aparece) y yo no dudaré en mandárselas, se la recomiendo, es muy bella n.n

Creí que esa canción era la más adecuada al tema que estamos tratando y la ajusté. Me encanta leer o escribir mientras escucho canciones lindas que tienden a ser optimistas XD j aja, así que espero que les guste. No se queden con esa sola que soy una obsesiona de las canciones de Charm, así que aparecerán más, en todas mis historias, XD ya las tengo elegidas y todo.

En cuanto al capítulo, ¡¡Sí apareció Tomoyo!! XD al final, mientras escribía se me ocurrió, y chan chan, aquí está Tomoyo… ya veremos que pasa con Eriol.

¿Qué piensas de Xi Sen? No crean que él se queda sólo en este capi… por ahora no lo conocemos mucho, pero ya veremos qué tan especial es ese niño.

¿Vieron? Tomoyo ya anda metiendo púas por ahí… ¿por qué le contó esas cosas a Shaoran? ¿Cómo fue que conoció a Sakura?

Y al fin se nos dio ¡¡Shaoran confiará en Sakura!! Aunque se sigue comportando así… y no sabe quién es su ángel, sin embargo tampoco lo pregunta… Hombres, típico de ellos XD.

Ya veremos como va evolucionando esta relación entre los protagonistas y el tema del complot… ¿Qué buscarán? Uhh… la cosa se va a poner caliente… ¡¡en todo sentido!! X3

Bueno, no tengo nada más que decir que: ¡¡Muchísimas gracias a todos por darme tantos ánimos!! Muchas gracias a todo el que comenta, y también a todo el que lee, espero que siempre disfruten la historia.

Ahora sí, sin más que decir, me despido hasta la próxima actualización que será el próximo fin de semana (por algunos exámenes) de "Personal Lover"

Bueno, nuevamente, muchas gracias a todos, las contestaciones a sus reviews estarán en mi perfil en una hora aproximadamente, n.n.

Esperaré sus opiniones del capítulo.

¡Cuídense!

¡Nos vemos! :D

18/05/08