Memento Mori
«Recuerda que morirás»
Hakuryuu lo abrazo, desesperado, aferrandose a lo que quedaba del magi que lo escogio como candidato a rey.
La primera expresión de Judal fue de la sorpresa combinada con el desconcierto de las acciones de Hakuryuu. El magi fruncio el entrecejo, tratando inutilmente el recordar que es aquello que hubiese realizado para que su Emperador lo tuviese entre sus brazos con tanta fuerza. El viento del cálido día se transformó en la sensación de miles de agujas envenenadas atravezandole, haciendole un dolor que le provoco un quejido agonico. Escuchaba el revoloteo alterado del ruck oscuro a su alrededor, amenazando con cubrir su mundo con un manto oscuro sin estrellas.
Siguió intentando.
Siguió intentando y fue inútil. Un escalofrio. Insistentemente, Judal trató de recordar lo que minutos antes realizaba, y su memoria, cientos de veces, le devolvia una imagen en blanco y murmullos que a cada segundo iban desapareciendo.
Su alma se convirtió en el golpeteo furioso contra las paredes de su propia incomprensión. Y, por increible que sonase, el magi oscuro descubrió que su cuerpo mostraba una tranquilidad tal, que le era imposible de creer, como si aceptace un acontecimiento que hasta ese momento seguía desconociento.
Debería estar convertido en un cúmulo de sentimientos negativos, de esos mismos que se deslizaban cerca, negandose a tocar sus pies, esperando un momento justo para arrastrarle a su maldito destino.
Hakuryuu se apoyó en su hombro y el magi le miro, buscando el significado del gesto de dolor que este poseía. Consiguió observarle mover los labios, pronunciando palabras que en esos segundos deseo escuchar.
Silencio absoluto. Inclusive el ruck parecia haberse detenido.
El contexto que lo rodeaba se volvio desconocido y más rápido de lo imaginado los espacios en blanco
en su memoria fueron amontonandose, destruyendo todo lo que en su pasado fue.
Desvió su atención de Hakuryuu que seguía abrazandole sin ganas de soltarle hacía al niño que más lejano de donde ellos se encontraban; le dedicaba un mirar azul lleno de arrepentimiento y Judal no lo comprendía el porque.
Para empezar, Judal no lo recordaba.
El sonido empezó a escucharse una vez más, el ruck le habló con susurros tetricos, invocandole, dando algunos a gritos sordos el lugar al cual pertenecía.
Realmente ¿Dónde pertenecía?
El magi abrazo a su candidato, entrecerrando los parpados, buscando en un simple abrazo el calor que se visualizaba lejano, perteneciente a sus primeros días de vida; mientras finalmente, con un entusiasmo atroz, las almas caidas en la aberración se arremolinaron, sujetandole de los pies para impedirle la escapatoria, escalando, trepando por su cuerpo y vestiduras.
Judal murmuró dos palabras demasiado cerca de Hakuryuu. Al menos, antes de caer en un sueño profundo, consiguiendo algo de la tan añorada tranquilidad fusionada con ese sentimiento que no lograba dar nombre pero que se convertía en un fuerte palpitar.
Y Aladdin lloró, sabiendo que inclusive cuando el otro magi se desmoronó, convirtiendose en luz oscura que se fragmento hasta desaparecer de este mundo; Judal nunca fue conciente de que ya había muerto, en el sendero equivocando, negandose la posibilidad de volver y perdiendose hasta el fin de todos los siglos.
Y que lo único que llegó a cumplir, fue volver a lado de Hakuryuu aunque fuera el más breve de los instantes.
