Los pies me dolían mientras los arrastraba contra la cera. Me había removido los tacones, aparte de que estaban demasiado altos, eran malditamente incómodos. Sentía un fuerte dolor en todo el cuerpo. No sabia cuanto llevaba caminando, tenia que llegar a mi apartamento, pero no tenia dinero ni siquiera para el autobús, además estaba casi desnuda, el saco apenas y me cubría. A juzgar por la pocas personas que habían en la calle me imaginaba que ya era media noche. Me faltaba aun unas cuadras para llegar.
Me sostuve de una pared al llegar a una esquina, no me faltaba mucho. Sabia que lo que me había pasado era real y por esa razón es que me sentía tan asustada, agotada, tan fuera de mi. Quería con desesperación llegar a mi apartamento y comprobar que todavía estaba en este mundo, el que había visto hace unos segundos era todo parte de una mala broma. Temblorosa puse una mano en mi frente, tratando de darme ánimos, no me faltaba mucho para llegar.
Llegue hasta la puerta de mi apartamento, sentía los pies hinchados, además ya había perdido la noción del tiempo. Mi respiración estaba descontrolada y tenia tanta sed, mi boca estaba seca. Me agache con el dolor punzando-me en las piernas, tenia que tomar la llave de respaldo que dejaba a un lado de la maceta que adornaba la entrada de mi tan añorado hogar. Encontré la llave y la tome, con gran desesperación trate de meterla en la rendija de la chapa, pero mis manos estaban temblorosas "Tranquila Elena, ya estas en casa" mientras trataba de darme ánimos con esos pensamientos, ahogue un suspiro largo antes de volver a intentar abrir mi puerta. La puerta se abrió y mi corazón reboto. Si, estaba en casa. Di un paso hacia adentro y un frió bajo por mi espalda, me quede congelada.
Estaba todo oscuro, pero el eco del vació se podía sentir. Alarmada encendí la luz y mi quijada y ojos cayeron abiertos, comprobando ante lo que todavía no creía. Mi departamento estaba vació, literalmente, no había ni siquiera una rastro de polvo. Las entrañas se me licuaron, sentía una sensación tan desastrosa dentro de mi, que me tuve que sostener el pecho, para no caer allí mismo.
Camine con las piernas temblorosas mas hacia dentro. Tenia que comprobar si estaba en el lugar correcto. Pero no había duda, este era mi apartamento. Volteé el rostro para poder observar el numero que tenia la puerta "185" el numero era el correcto. Con pasos cautelosos, me acerque a la que se suponía era mi habitación. No había nada, todo mi apartamento estaba vació. No estaba la mesita que había comprado en una venta de garaje, no estaban los sofás que me había regalado mi padre. Los que adquirí cuando al fin, me había decidí decirle, que deseaba trabajar y no vivir de lugar en lugar, que empezaría una vida diferente a la que nos habíamos adaptado después de la muerte de mi madre. Pero sobre todo, no estaban las fotografías de mi madre, esas fotografías que tenia regadas por todo el departamento, las que veía y me ayudaban a seguir adelante. Luchar por ese sueño tan añorado. Ser libre.
Un llanto ahogado, se escapo de mi pecho. Caí de rodillas en la alfombra manchada de café, una mancha que nunca pude sacar. llore como ya hacia mucho tiempo no lo hacia, mis ojos quemaban de tanta lágrima. Me acurruque como niña pequeña, sosteniendo mis rodillas, me dolía el pecho, me dolía el cuerpo entero. ¿Que era lo que estaba pasando? no podía comprenderlo, no entendía nada ¿en donde estaban todas mis cosas.?
Un sonido me hizo saltar y contener el llanto. ¿Acaso era un celular? sí, se escuchaba un celular. Me levante alarmada y seguí el sonido. Venia del baño. Abrí la puerta abruptamente y ahí estaba el maldito aparato, sonando a todo volumen. Se encontraba arriba de la taza. Me acerque con cautela, lo tome limpiando mis lágrimas para poder tener una mejor visión, "desconocido", aparecía en la pantalla, con grandes letras blancas. Pensé por unos momentos en si contestarlo o no, pero el bendito aparato no dejaba de sonar y vibrar entre las palmas de mi mano. Exhale aire y deslice el circulo verde que reflejaba la pantalla.
—B-ueno... —mi voz apenas y se escucho.
—Elena —escuche su voz grave y gruesa del otro lado de la linea, un malestar se apodero de mi estomago. Era su voz, no podía confundirla, era Damon—. Dime, mi objeto ¿como te encuentras? —la respiración se me acorto. Él, había sido él. Además, que el celular había sido lo único en este lugar.
—¿¡Donde están mis cosas!? —exclame con el coraje en la punta de la lengua. Una risa burlona se escucho de su lado.
—¿No entiendo de lo que hablas hermosa? —el coraje se volvió apoderar de mi, pero esta vez encendiéndose aun mas.
—¿¡Demando que me diga donde están mis cosas!? usted... —deje salir el aire—. Se que usted las tiene —lo escuche dejar salir el aire algo aburrido.
—Elena estoy herido. Te deje un momento sola y aprovechas para salir huyendo —rió—, además, tienes algo mio —baje la mirada a su saco, lo traía puesto.
—Pues no tenia muchas opciones —maldito hombre, lo detestaba. ¿No comprendía, que era lo que quería conmigo? tampoco entendía porque no tenia miedo que lo delatara con la policía.
—Me disculpo por eso, creo que fue un arrebato demasiado exagerado de mi parte —maldito arrogante, quería volar y estampar mi puño en su cara.
—Dígame, ¿que hizo con las cosas de mi apartamento? Iré a la policía —trate de amenazarlo de nuevo con la idea de que lo delataría. La realidad, era que ya lo tenia planeado.
—Elena, creo que aun no comprendes que me perteneces ¿cierto? —suspiro—: sin embargo, te estoy dando tiempo para que lo asimiles —escucharlo decir mi nombre me envenenaba la sangre.
—¡Yo no lo pertenezco a nadie! —solté las palabras sin remordimiento.
—Muy bien, como desees. Solo no te quejes cuando las cosas se hagan a mi manera —el sonido de que la llamada había sido cortada, inundo mis sentidos. Baje el teléfono a mi barbilla, ¿que había sido todo eso?
Camine por mi vació departamento, abriendo todos los cajones, pero no había nada. Camine explorando mi habitación, pero tampoco había nada, ¿que haría? Tenia que vestirme adecuadamente para ir a la policía. Pero no tenia, ni siquiera una prenda.
Toque en la puerta de mis vecinos con gran pesar, ya que era de madrugada. Al final había podido darme cuenta de la hora, con el maldito celular inservible. Sí, inservible. Había tratado de llamar a la policía con el, pero no podía hacer llamadas con el maldito aparato. Espere ansiosa, a que mis vecinos abrieran la puerta. Nunca había interactuado con ellos, ni ellos conmigo, es mas, no sabia ni como lucían, por que jamas los había visto. Solo sabia que alguien habitaba ese departamento, bueno, así me lo había dicho el Mánager del edificio.
Apenas llevaba un año y medio en este lugar, no conocía a nadie. Mi tiempo lo dedicaba trabajando y mis tiempos libres aquí encerrada. Escuche pasos al otro lado, la puerta se abrió pero no del todo, la cadena impidió que la abriera ampliamente. Una joven asomo sus ojos por el espacio que dejaba la cadena de seguro.
—¿Sí? —pregunto algo temerosa y soñolienta.
—Hola, soy Elena, su vecina. Perdón por la hora, pero es que necesito ayuda —la joven me escudriño con la mirada, cerro la puerta y escuché el sonido de la cadena aflojarse. La abrió ampliamente y sus ojos se abrieron.
—¿Elena? —cuestiono, sus ojos en duda—. ¿Estas bien? —volvió a cuestionar, algo alarmada al ver mi aspecto.
—La verdad, es que no —deje salir con palabras cortadas. Las lágrimas amenazaban por salir nuevamente, trate de suprimirlas—. Fui asaltada, se llevaron todo de mi apartamento —ella se movió invitándome a pasar.
—Ven, pasa —agarre las puntas del saco y las impulse hacia abajo para tratar de cubrirme, aunque era imposible. Entre con pasos torpes.
—¿Quien era amor? —un joven salio de la habitación con bate en mano—. Ok... —dijo, algo confundido al observarme en tan deplorables condiciones.
—¡Ramiro! ¡baja eso! ¡por Dios! —ella rodó los ojos—. Dice que es nuestra vecina —dijo ella en un tono juguetón—. Ven, acompáñame —me tomo de los hombros y me llevo hacia su sala—. Siéntate. No luces muy bien. ¡Ramiro! ¡un vaso de agua! —dijo fuerte, al ver que él se había quedado congelado. Ella camino hacia el pasillo, adentrándose en el baño, en un segundo salio con una bata, la coloco por encima de mis hombros. Ramiro llego con el vaso de agua, me lo entrego, se lo recibí con una sonrisa. Los dos me veían algo asustados. Me tome el agua casi de un solo trago, cerré los ojos mientras la saboreaba. Hasta el día de hoy, no tenia idea que se podía saborear el agua.
—Muchas Gracias —dije agachando el rostro. No me gustaba ser una molestia para nadie. Me acomode la bata, tratando de cubrirme un poco.
—¿Que te paso? ¡¿no me digas que te violaron?! —alce la mirada, le negué con el rostro.
—¡Carmen! —la codeo el joven, reprendiéndola con la mirada.
—¡Perdón! pero es que eso pensé —alzo los hombros disculpándose.
—No se preocupen y lo entiendo. Tuve un altercado algo loco, y-y —mis ojos se llenaron de lágrimas nuevamente, ya no sabia ni cuantas veces había llorado.
—No debes contarnos. No te preocupes en darnos explicaciones. Ven, si deseas usar la ducha allí esta el baño. Buscare algo de ropa para que puedas usarla —Ella era bastante amable. Me ayudo a levantarme y me guió hasta el baño
—En verdad no quiero ser una molestia —le dije, mientras ella trataba de mostrarme donde estaba todo.
—No te preocupes, te sentirás mejor con una ducha —suspiro algo nerviosa—. Buscare algo de mi ropa para que puedas usarla —cerro la puerta detrás de ella.
Deje salir el aire. Ni siquiera me habían dejado explicarles que lo único que necesitaba era usar el teléfono, para llamar a la policía e informarles que habían robado mi departamento. Bueno en algo tenia razón, debía aprovechar y darme una ducha.
Me removí el saco, lo eleve a la altura de mis ojos. Sentí coraje nuevamente amontonarse en mi estomago. Ese maldito cabrón, como se había atrevido, pero juraba que me las pagaría. Aventé el saco hacia un lado y observe mi reflejo en el espejo. Maldición, toda yo era un desastre, mi maquillaje estaba todo corrido, mi pelo parecía un nido de pájaros. Ahora veía, por que la idea de que si había sido violada había rondado en sus cabezas, es mas, creía que aun lo pensaban. Me acerque aun mas a el espejo, al notar marcas rojas cerca de mis senos, me habia marcado. Había dejado chupetones alrededor de mis senos. Un calor me bajo hasta los pies, pero esta vez no estaba segura si era de coraje o de solo recordar. Removí la cabeza con fuerza, para deshacer esa leve duda. La falta de hombre me estaba haciendo daño, además él maldito me había tocado como a ninguno de mis antiguos novios se lo había permitido. Encendí la regadera, y deje que el agua limpiara todo rastro de ese desagradable encuentro.
Salí de la ducha y me envolví en la bata que la joven me había dado. Carmen, ese era su nombre. Había escuchado al joven llamarla Carmen.
Salí con pasos lentos y el rostro bajo, escuche cuchicheos y me quede parada. Sabia que estaba mal escuchar que hablaban en secreto, pero no pude evitarlo.
—Así que, ¿dice que es nuestra vecina? —cuestiono el joven, algo dudoso.
—Es lo que dijo —respondió ella.
—¿Tú le crees?
—¿No lo se? tú mismo escuchaste al mánager hoy —hizo una pausa antes de seguir—, él dijo, que nadie vivía allí —mi corazón salto a mi boca. Salí despavorida detrás de la pared donde me había recostado para escucharlos.
—Yo-yo, ¡Sí vivo allí! —los dos saltaron de su lugar al escucharme—. Yo llevo un año y medio viviendo en ese departamento, ¿como es que no lo notaron? —estaba confundida.
—No te alarmes. La verdad es que nosotros llegamos de viaje hoy, hace mas de un año y medio que nos fuimos para España, que es donde estábamos residiendo, teníamos ha alguien quien se encargaba del mantenimiento de nuestro depa aquí en Miami —trate de calmarme un poco.
—Pero eso no significa que yo este mintiendo —dije molesta.
—No, yo no dije eso. Lo que pasa, es que hoy le preguntamos al mánager si el departamento de nuestro lado estaba vació, yo lo necesitaba para un familiar y él me contesto que sí —un hoyo se me formo en el estomago.
—Pe-ero ¿como? yo llevo mas de un año aquí —la joven se me acerco, me tomo de los hombros, me removí.
—Lo siento, si tú lo dices, ha de ser así —con una sonrisa suave me dio la razón. Pero algo me decía que no estaba del todo convencida—. Ven, aquí esta la ropa. Puedes quedarte en el sofá —le acepte la ropa.
—Quisiera usar el teléfono para llamar a la policía —los dos cruzaron una mirada nerviosa.
—¿Estas segura? —me cuestionó el joven.
—Sí —les conteste seca.
—Bueno, por que no descansas antes de dar aviso, ya no falta mucho para que amanezca, unas horas mas no harán la diferencia —ella tenia algo de razón, pero también sabia que estas cosas debían hacerse cuando aun estaban calientes.
—Se los agradezco, por todo lo que han hecho, pero de verdad necesito llamar a la policía —ella camino hasta una mesita al lado del sofá, tomo el teléfono y me lo entrego.
—Esta bien, toma, llámalos —volvió a sonreír. Tomé el teléfono y llame.
A los quince minutos cinco oficiales estaban en mi vació departamento. Apenas y me había dado tiempo de cambiarme. Los oficiales caminaban inspeccionando el lugar, sus rostros mostraban tremenda confusión, no comprendían como era que no había ni un rastro de nada, además podía percibir que no creían mi versión de como habían pasado las cosas. Les había dicho todo. Lo de mi jefe, lo del paquete, e incluso lo de Damon, el supuesto dueño de los hoteles. Aun así, podía observar tanta duda en sus ojos, ellos me veían como si yo hubiera ingerido alguna droga para decir esa sarta de idioteces. Pero era cierto, todo lo que les había dicho, incluso si el departamento parecía como si de verdad hubiera estado vació todo este tiempo.
Uno de ellos se me acerco, sus ojos eran verdes, su cabello tan amarillo que brillaba aun en la poca luz que había en la habitación.
—¿Srta...? —clavo sus ojos en mi rostro esperando que le contestara.
—Elena, Elena Gilbert —le conteste.
—Aproximadamente ¿a que horas dice que paso el robo? —saco una libreta para apuntar.
—No lo se, ya le dije a su compañero que yo me encontraba siendo vendida en una subasta en el Hotel Ritz Carlton —apretó los ojos y alzo una ceja.
—Claro, ¡Aja! Y dice, que la vendieron por un millón de dolares —podía notar sarcasmo en su tono.
—No, fue por cien millones —dije enfadada.
—¡Wow! cien millones claro, y el dueño de los hoteles fue quien la compro ¿cierto? —él me observo directo a los ojos, me veía de una forma extraña. Mi versión no era nada creíble para él.
—Así es, Damon Salvatore —cerro la libreta y su mandíbula se tenso.
—Digame Señorita Gilbert ¿ha ingerido alguna bebida o alguna droga hoy o en el transcurso de la noche? —abrí los ojos no creyendo lo que preguntaba.
—¡No! ¡Jamas! —otros tres oficiales murmuraban algo entre ellos, mientras me observaban con burla. Ya el sol estaba saliendo. Observe entrar al Mánager del edificio y mi pecho se sintió aliviado. El oficial giro el rostro en dirección ha la entrada.
—Justo lo estábamos esperando —se encamino a él y le dio la mano en un saludo, el mánager le recibió el gesto de igual forma.
—¿En que puedo servirles oficiales? —él no volteo su rostro hacia mi dirección.
—Bueno, recibimos una llamada de esta alarmada joven, quien dice que ella reside en este departamento, el cual como puede notar, ha sido saqueado —el mánager dio un giro con su cabeza inspeccionando el lugar, dirigió su mirada al oficial.
—Lo siento, pero este departamento lleva ya mucho tiempo vació —el rostro se me desencajo. No podía ser, esto tenia que ser una mala broma.
—¡Por Dios! ¡Pocho! ¿como puede decir eso? y-o-yo vivo aquí —él ni siquiera se digno a verme a los ojos. Pocho era el sobrenombre que todos le decían.
—Lo siento Señorita, yo no la conozco, jamas la había visto. —no podía creerlo. El frió me invadió.
—¿Que me dice de eso Señorita. Gilbert? y no solo esta el testimonio del encargado, si no que el de sus vecinos, ellos jamas la habían visto —no culpaba a mis vecinos, ellos en realidad jamas me habían visto, pero al encargado si, él si me conocía y muy bien. Habían veces, que incluso siempre le traía donas con café. Le negué al oficial.
—¡Esto es una conspiración! —grite—. Todo esto, es obra de él —me recordé de su saco—. T-t-tengo una prueba —dije, mientras le entregaba el saco que tenia en las manos. El oficial lo tomo y lo inspecciono.
—Esto no me esclarece nada Señorita Gilbert —me entrego de nuevo el saco. Me recordé de mi llave.
—¡La llave! t-tengo la llave de este lugar —la saque del saco y se la entregue. Le di una mirada de victoria al Mánager, él solo cuadro los hombros. El oficial camino hasta la puerta, cerro el cerrojo, introdujo la llave en la chapa y nada, no pudo abrirla. El estomago se me volvió a revolver—. ¿No entiendo? servía c-cuando entre aquí y vi todo vació, ¡aun servía! —me recordé del celular—. ¡Tengo otra prueba! —corrí hacia dentro y me introduje en el baño. El maldito aparato ya no estaba, alguien lo había tomado. Nunca imagine que si lo dejaba aquí desaparecería. Un carraspeo me hizo salir de trance.
—Señorita Gilbert —el oficial esperaba desesperado en la puerta. Camine de nuevo hacia donde se encontraba. No tenia pruebas, no tenia nada, parecía que el universo estaba conspirando en contra mía—, ¿y bien? —baje el rostro avergonzada. Los otros oficiales no borraban la maldita sonrisa de burla y curiosidad de sus rostros.
—¿No se que paso? tenia un celular, p-ero ya no esta —el mánager inflo el pecho.
—Oficial, si me permite. Lo único que yo veo aquí, es una chica que claramente se intoxico —el oficial bajo el rostro, y yo quise estampar mi puño en el pendejo del mánager.
—Señorita Gilbert, no quiero ser grosero ni tampoco deseo ofenderla, pero por el testimonio de sus "supuestos vecinos" —ironía inundaron sus palabras—, su linea de trabajo es algo dudosa, por no decir ilegal. Además, esta haciendo acusaciones sin fundamento, a una persona que creó, que jamas en su vida ha conocido —no podía creer lo que estaba escuchando. Sentía tanta impotencia.
—Pero, to-do lo que he dicho ha sido cierto —él frunció las cejas molesto, le hizo señas a los demás oficiales para que se marcharan. Ellos salieron, seguidos por el maldito cabrón del mánager.
—Déjeme explicarle algo Señorita Gilbert, sin pruebas esto no funciona y todas las pruebas apuntan ha que usted no tiene un trabajo decente, así que si no quiere que me vea obligado a arrestarla, dejaría esto como un episodio de alguna mala droga que ingirió afectando su memoria —quise vomitar, literalmente deseaba vomitar. Asentí con el rostro, por que tenia razón, no tenia pruebas, además, si le decía que trabajaba para la firma del Señor Robertson, de seguro le dirían lo mismo que a el desgraciado millonario quien me había comprado. El oficial sonrió antes darse la vuelta y desearme un buen día. Me quede congelada en mi sitio, no me habían creído y lo peor de todo es que hasta casi me llevaban presa. ¿Que demonios haría ahora?
Trate de no recibir el dinero que mis vecinos me habían dado. Veinte dolares no eran mucho, pero servían para poder moverme. Primero iría hacia la oficina. De seguro si le decía a Maria, todo lo ocurrido ella me ayudaría. Mis ojos iban tan perdidos en la ventana del autobús, no sabia que haría, por ahora lo único que deseaba era regresar el tiempo, ver las señales, hacerle caso a mis instintos. Sabia que mi jefe actuaba raro, pero eso no era lo peor, no entendía por que me había enviado a ese lugar, no entendía nada, mi vida de pronto se había convertido en una mala novela.
Llegue a la firma de abogados, trate de abrir las puertas de vidrio pero nada, estaba cerrado. Me asome por la ventana, pero no había nadie adentro. Esto se ponía mas dudoso. Como una firma que estaba en funcionamiento casi las veinticuatro horas del día, se cerraba de un día para otro. Suspire dejando salir todo el aire, ya no me quedaban lágrimas para derramar, ya las había utilizado todas, mis ojos estaban secos.
Me recosté en la pared del edificio, mi estomago rugió con fuerza. Tenia hambre, sed, sueño, tenia todo. No había dormido en toda la noche, no había comido mas que el almuerzo de ayer. Mis fuerzas estaban llegando al limite. Conté el dinero que traía conmigo, aun me alcanzaba para comprar una hamburguesa. Metí el cambio en mis pantalones prestados y me encamine hacia el restaurante mas cercano. No pude dar ni cinco pasos mas, cuando una limusina negra se detuvo, me quede parada por unos segundos, pero después me eche a correr, de seguro era él. Cruce en una esquina y volteé levemente el rostro, dos hombres grandes venían detrás de mi, ellos eran rápidos, acelere el paso con el corazón ya en la boca, no quería que me alcanzaran. Los estaba dejando lejos, cruce en otra esquina, y unas fuertes manos me sostuvieron de la cintura, me elevaron en el aire cargándome.
Grite, pataleé, peleé en todo el camino hacia la limusina. Pero no hubo ningún efecto. Me introdujeron en esta con brusquedad cerrando la puerta. Lo primero que captaron mis alarmados ojos, fue esa mirada profunda, esos ojos azules con una mezcla grises-ca en ellos, parecían dos espejos. Volteé el rostro molesta, tratando de abrir las puertas, pero fue en vano, simplemente no se abrían.
—Buenos días Elena, ¿como amaneciste? —su expresión de curiosidad era enorme.
—¡Déjeme salir! —grite tan molesta, que me ardía la cara.
—Elena, te has portado tan mal. Sabes que las cosas no deben huir de sus amos —maldito idiota, su forma de llamarme objeto o cosa me irritaba de una manera sobrenatural.
—Yo no soy ninguna cosa, ¡maldito cabrón! Ahora le ordeno que me deje salir de este auto —él frunció las cejas, se puso una mano en los labios.
—Eres tan interesante. Pero no puedo dejarte ir, si no lo recuerdas ahora me perteneces, te di parte de la noche y la madrugada para que te dieras cuenta que de mi nadie se escapa y mucho menos algo en lo que gaste cien millones. Además, aun no compruebo que no seas una espía, y por tu forma de huir de ayer, me haces pensar que si lo eres —saco una botella de la bolsa de su camisa. Era pequeña.
—Ya le dije que no soy ninguna espía. No puedo creer que robara mis cosas. Además, ¿cuanto pago para que el mánager le dijera a la policía que no me conocía? —una sonrisa traviesa se curvo en la comisura de sus labios.
—Eso es algo personal —destapo la botellita y la puso a la altura de su nariz aspirando el olor—. Eso solo te demuestra que todos tenemos un precio.
—¡Eso es lo que usted piensa, pero yo no lo creo así, no todo es dinero en esta vida! —le volví a gritar. Se impulso hacia delante, me sostuvo del brazo acercándome a su rostro.
—¡Oh hermosa! todavía te falta vivir —sin mas palabras se empino la botella, después se abalanzo hacia mi, me tomo con fuerza de la barbilla y junto sus labios con los míos, introdujo su lengua en mi boca impulsando el liquido por mi garganta. Abrí los ojos asustada mientras sentía el caliente liquido correr por esta. Me había tomado por sorpresa. Mis párpados empezaron a ponerse pesados, mientras mi mente se apagaba lentamente. Lo ultimo que pude ver, fue el rostro contraído del tal Damon.
