Esta noche no voy a extenderme en la entrada. MUCHAS GRACIAS a todas por TODO: preocuparos por mi salud, plantearme dudas, dejarme vuestra opinión, y por hacerme sonreír. Ya estoy casi, casi bien.

Os recuerdo que este fic tiene la clasificación M por algo... La primera parte del capítulo la escribí escuchando la banda sonora de Amanecer, y temas como "A thousand years" o "Turning page" tienen la culpa del resultado... si los queréis escuchar los dejo en mi perfil.

No os liéis con el capi, recordad que lo que está entrecomillado en cursiva es lo "escrito", y sin entrecomillar son los pensamientos de los protagonistas.

El siguiente capítulo la semana que viene, lunes o martes.

¡Bienvenidas Luna Cullen Beernett, Lore562 y Mrs. Hemsworth!


Capítulo 4

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Edward estaba sentado en su cama con el portátil sobre sus largas piernas entrecruzadas, como solía hacer desde hacía varios días. Había tenido un duro día de prácticas; "House" se había comportado de la misma forma que siempre. Su único consuelo era que esta vez no había disparado sus dardos envenenados sólo contra él sino que había repartido leña para todos.

Pero ahora estaba en su hogar, recién duchado, ya cenado, y en la paz de su habitación. Alice estaba en casa de Jasper, así que no tendría interrupciones. Recordó que tenía algo de trabajo que preparar para el hospital. Roxana le acababa de mandar el nuevo capítulo y, como un niño goloso pero con mucho autocontrol, lo dejaba para el final. Quería leerlo con tranquilidad. Estaba seguro de que ella habría hecho un buen trabajo y sintió cierto orgullo, que reconocía un poco absurdo. Sabía que todo el trabajo lo hacía ella pero no podía evitar pensar que una pequeña parte del resultado era gracias a su ayuda.

En cuanto terminó el trabajo del hospital abrió el capítulo que Roxana le había mandado a través del foro. Siempre le mandaba los capítulos completos, tal como iban a publicarse, con notas del autor incluidas. Sonrió al leer la entrada del capítulo:

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"Este capítulo, que creo que muchas de vosotras estabais esperando, va completamente dedicado a mi beta, Cyrano, porque creo que sin él ya habría abandonado la historia.

Capítulo 26

Anthony se levantó de la bañera amarrando a Marie por las nalgas. Esta cruzó sus brazos tras la nuca del vampiro, mirándolo profundamente al interior de su alma, transmitiéndole seguridad y certeza. Con él jamás le pasaría nada malo. Ponía su vida en sus manos a cada instante en que, de forma irracional, ansiaba su presencia y la conseguía.

No deberías salirte con la tuya. Lo sabes, ¿no?—susurró la voz rota de él. La miraba intensamente, sondeando en las profundidades de su ser, buscando cualquier resquicio de duda, cualquier mínimo mensaje de oposición a lo que él quería hacer. Pero no encontró más que confianza ciega. Y amor. Más del que él jamás había creído ni soñado merecer.

¿Es que tú no lo deseas?—musitó ella con dulzura. Sus párpados caídos, la respiración anhelante y el aroma de su deseo, que comenzaba a saturar tanto su mente como el aire húmedo del cuarto de baño, lo estaban enloqueciendo.

¿Desea el náufrago hambriento saciar el doloroso vacío de su estómago? ¿Calmar su ardiente sed?—la besó en la curva del cuello, la voz ahogada por la pasión que se apoderaba de él—¿Desea quien siente el cuerpo helado... el calor de un fuego cercano?—Sus besos húmedos subían por la trémula piel del cuello de Marie mientras la depositaba con delicadeza sobre la cama.

Se recostó al lado de ella y acarició su frágil cuerpo desnudo con las yemas de sus dedos, con reverencia, mirándola como si fuera lo más valioso que ningún hombre pudiera poseer jamás. Los brazos de su amada se alzaron para rodear la nuca de él y sus deliciosos labios respondían a sus delicadas caricias exhalando suaves gemidos que rompían hasta la última fibra de su pétreo corazón, derritiendo el hielo de su interior, y creando en él la ilusión de que volvía a haber calor y vida en su sangre. Casi le parecía escuchar el latido de su propio corazón mezclado con el de ella.

Cuando Marie le miró suplicante, el deseo, ardiente, denso y casi palpable, llenó todo el espacio entre ellos, haciéndolo colapsar y reduciéndolo a la nada. De pronto sus cuerpos estaban en íntimo contacto, sus labios buscándose, sus bocas bebiéndose, sus lenguas probándose. Manos recorriendo, memorizando, el cuerpo del otro, cada valle, cada montículo, trazando el mapa del placer ajeno. Buscando, encontrando. Gemidos como cantos de sirena llenando el silencio de la habitación, dulces, desgarrados, quebrados, canciones de amor que no necesitaban palabras...

Tengo miedo—las palabras de Anthony sonaron como el aliento en su oído, y Marie se detuvo un momento, jadeante, para enfocar sus ojos en los de él. Eran negros como una noche de luna nueva, y la miraban perdidos, ansiosos y abrasadores.

No... no tengas miedo, amor mío—la mano se posó, cálida, suave y tranquilizadora, en la mejilla de él.—Déjame amarte—susurró, la mirada febril, decidida.—Quiero sentirte dentro de mí.

Entonces Marie se movió sobre el cuerpo de su amante sin dejar de acariciarlo, su mirada enlazada, hasta que se colocó sobre su pelvis. Él la observó hipnotizado por su seguridad, cautivado por la belleza de su menudo cuerpo. Sus manos se perdieron, lentas e inexorables, por la perfecta y suave piel de ella, por el interior de los muslos, llegando al ardiente sexo, acariciando, rozando, estimulando, encendiendo más aún el doloroso deseo que latía suplicante bajo sus dedos. El torso de Marie se arqueó bajo el íntimo contacto pero él fue inexorable y no cedió en su caricia hasta que de forma súbita su cabeza cayó hacia atrás, sometida por los espasmos de placer que el orgasmo descargó por todo su cuerpo. Él sintió la vibración del cuerpo de su amada a través del contacto de sus pieles, y el calor que la fluyente humedad de ella derramaba como lava sobre su piel. Jamás había tenido tanto miedo de perder el control con ella... El deseo casi delirante de poseerla y beber de ella mientras se hundía en su cuerpo fue enloquecedor. Su cuello expuesto, con las pulsantes arterias, le llamaba con una fuerza casi irrefrenable. Entonces, ella lo miró, y él supo que había leído su mente.

Marie... he esperado más de cien años... –pronunció entrecortado, tragando el ardiente veneno que había empezado a llenar su boca.— Puedo esperar cien más.

Pero yo no—sonrió ella con dulzura.

Sin darle tiempo siquiera a que la culpabilidad borrara cualquier rastro de excitación, como había pasado otras veces, las mejillas aún coloreadas por el reciente orgasmo, ella se movió sobre el cuerpo de él hasta que acomodó la punta de su miembro entre sus pliegues. Anthony permaneció quieto como una estatua, hechizado por los gestos de ella, por su sonrisa, por el ansia y la entrega en sus ojos. Sus pechos subían y bajaban por la respiración, agitada y superficial, mientras poco a poco su cuerpo se adaptaba a la tensión levemente dolorosa de la penetración. Anthony sintió su fuerza de voluntad tan al borde del abismo que separó sus manos de las ardientes caderas y las llevó atrás, hacia el cabecero de madera del amplio lecho. Su cerebro mandó órdenes exasperadas a sus caderas, que amenazaban con moverse casi con vida propia, buscando hundirse entre la sedosa, palpitante y cálida humedad que lo acogía, como si aquello y nada más que aquello fuera la razón de su existencia. Se centró en los dulces rasgos de ella, transformados por el deseo, buscando algún rastro de dolor, alguna señal que le hiciera detenerse, y al mismo tiempo ansiando no encontrar ninguno... siempre dividido en dos, como desde el primer día que olió su enloquecedor aroma y vio su cara de ángel.

Un leve gemido apenas audible escapó de los labios de Marie, su ceño levemente fruncido

¿Te duele?—era la señal. Tenía que parar. No, no podía. Imposible. Pero tenía que hacerlo. No. Sí, ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Ella lo miró intensamente, hundiendo sus dientes en el labio inferior, y continuó su lento movimiento, con determinación. La tensión que sentía en su vientre era más agradable que dolorosa, y no cedió hasta que se sintió completamente llena. Tragó saliva por fin cuando se dio cuenta de que sus pelvis estaban en completo contacto. Jamás había sentido esa sensación de placentera plenitud. Era algo nuevo... más que delicioso, era perfecto. Como si estuviera por fin completa.

Anthony jamás había sentido esa sensación, la percepción de estar dentro del cuerpo de una mujer, y ahora sí creía que podría llegar a morir de placer. Agarró un poco más fuerte el cabecero y escuchó un leve crujido en la madera, pero ya no pensó más porque en aquel momento el dulce aroma de la sangre de Marie penetró en él, llegando a cada una de las fibras de su cuerpo, que clamaban por ella. Inspiró con fuerza para llenarse de él. Su olor, la abrasadora estrechez de sus paredes, lo estaban llevando al límite. Entonces contempló la cara de su amada transida de placer y retomó el control de su cuerpo. Dirigió toda la fuerza que se apoderaba de él hacia sus manos y rompió el cabecero en varios fragmentos.

Marie parpadeó varias veces pero no apartó los ojos de los iris dorados, acariciando los fibrosos brazos llegando hasta las manos de él, que libres por fin, se entrelazaron con las de ella.

No tengo miedo. Te amo—susurró ella, jadeante. Su pelvis comenzó un suave balanceo, y el placer, creciente, invadiendo cada espacio de su cuerpo, fluyendo como un torrente por sus venas, sustituyó por completo a la leve incomodidad que había sentido momentos antes.

Marie... te amo. Dios... cuánto te amo—la voz salió deformada por la intensidad de la emoción que le embargaba. Se dejó guiar por los movimientos de ella, por ese leve balanceo que aumentaba aún más la deliciosa tensión interna, centrándose en sus manos enlazadas, en sus ojos febriles, en el punto donde sus cuerpos se unían, como si fuera el eje de toda su existencia. Los movimientos de las caderas femeninas se acentuaron, potenciando aún más la tensión que se construía, imparable, invadiéndole.

Marie estaba centrada en el hermoso rostro de él, transformado por el placer recibido, sus músculos contorsionados. La boca entreabierta, los párpados entornados, los iris negros... y los gemidos cada vez más fuertes que escapaban de su garganta. Se impulsó aún más ayudada por las manos de él, disfrutando de la plenitud que sentía en su vientre, su voz un lamento dulce, hasta que su interior estalló en un clímax violento que la hizo gritar. Las contracciones de sus estrechas paredes arrastraron a Anthony con ella y se unió a su grito, su cuerpo asolado por un orgasmo que borró todos sus miedos, sus inseguridades. Marie se desplomó sobre su pecho, aún gimiendo, laxa y desmadejada, y sus brazos la enlazaron por la espalda, con fuerza controlada. Porque, en el centro del tornado, la calma le habló con voz serena: Jamás le harías daño."


Bella estaba nerviosa como en una primera cita cuando le había dado a "enviar". Como solía pasar cuando le hacía caso a su beta, el capítulo había salido de sus dedos de forma fluida y casi automática. Como si una parte de su subconsciente le dictara lo que tenía que hacer. Se removió un poco inquieta en la silla, sintiendo aún la excitación latiendo entre sus piernas. Cada vez que escribía un capítulo así no podía evitar sentirse bastante lujuriosa. Juntó sus muslos, y fue aún más consciente de su acaloramiento. La imagen de Edward surgió en su mente, su hermoso y revuelto cabello de aquel color tan singular, los ojos verdes que cambiaban de tonalidad según la luz o su humor... Y de pronto se encontró pensando de nuevo en su beta. Se sonrojó pensando que él leería esas palabras y se preguntó si Cyrano se daría cuenta de que escribir eso la había alterado más de lo normal. ¿Sería porque lo estaba escribiendo para él? No, no lo estaba escribiendo para él. ¿Sería por eso que había salido tan fluido? Se mordió el pulgar, nerviosa. No, no... era para sus lectoras. Pero él me lo ha pedido... Y yo le he dedicado el capítulo. Oh, joder, Bella, lo tuyo no tiene nombre.

Pero no podía negarlo. Los numerosos mensajes que había intercambiado con su corrector habían ido haciéndose más personales, incluso en algunos de ellos apenas se mencionaba la historia, y aunque no sabía ni su nombre, ni su edad, o a qué se dedicaba... le gustaba. ¿Y si estaba casado? De pronto se angustió intensamente ante esa idea, y luego se reprochó a sí misma ese nivel de angustia. Estaba embobada por unas palabras, y punto. No sabía qué persona estaba detrás de ellas.

¿Tendría razón Rose y tenía un problema con los hombres reales? Había salido con algunos chicos y había estado enamorada de uno, o eso creía, y ya no era virgen... pero desde la decepción que había supuesto su relación con Mike no había vuelto a enredarse emocionalmente con nadie... que conociera en persona. Ella era una romántica incorregible y Mike había ido matando sus sentimientos a fuerza de demostrarle que se había enamorado del chico equivocado. Quizá todos los hombres fueran así y ella no fuera más que una jodida idealista sin dos dedos de frente. Edward la atraía demasiado, y eso sí que era un amor imposible. Intentó apartarlo de su mente y se centró en Jake. Jake no parecía muy romántico pero sí dulce, amable, encantador. No había sentido "la chispa" con él, le caía muy bien, y le apetecía conocerle para ver si, realmente, podía sentir algo más. Y también la halagaba que él estuviera tan interesado en ella.

Quizá debería dedicarse a ser práctica y olvidarse de romanticismos.

Un sonido en su ordenador la avisó de que alguien le pedía conversación por el messenger. Su corazón se saltó un latido para inmediatamente acelerarse cuando vio quién era.

C—"Hola, Roxana. ¿Te molesto"

R—"No, no. Hola, Cyrano."¿Por qué estaba nerviosa? Qué tonta. Él ni tan solo podía verle la cara.

C—"Acabo de leer lo que me has mandado."

R—"¿Ya? Qué rápido." ¿Eso sería bueno o malo?

C—"Bueno, tengo alguna crítica que hacerte ;)."

¿Crítica? Oh, vaya. Su ilusión cayó por los suelos. Su ego de autora era bastante débil, y con su beta se sentía aún más insegura.

R—"Dime."

C—"No seas tan buena escribiendo estas escenas. Podrías provocar algún que otro incendio no intencionado. Y difícil de apagar, por lo menos en mi caso." Edward estaba intentando ser delicado para transmitir sus sensaciones físicas tras la lectura del capítulo... seguramente a ella no le gustaría leer nada más crudo y descriptivo sobre sexualidad masculina.

A Bella el sofoco le subió desde las uñas de los pies hasta la raíz de los cabellos. Cyrano estaba bromeando. Y al mismo tiempo, le estaba diciendo que estaba caliente por lo que acababa de leer. No podía creerlo... se sentía húmeda sólo de leer eso. ¿Qué le estaba pasando? Bella, es tu beta. Sé profesional. Como si fuera una mujer... Igualito. Sí, lo mismo que le había dicho Cyrano se lo podía haber dicho Alice, si fuera su beta. Pero no lo era. Aunque podía serlo. Joder, esto no es normal. Se quedó con los dedos paralizados, sin saber qué contestar.

C—"¿Rox? ¿Estás ahí? Lo siento, soy un bruto. Pero pensaba que diciéndote la verdad te hacía un halago. No quería que te sintieras incómoda. Discúlpame."

R—"No hay nada que disculpar" Contestó rápidamente. "Me alegro de que seas sincero. No me siento incómoda. La verdad es que en estos momentos estoy aliviada y encantada, pensé que no te había gustado".

C—"¿Cómo no me iba a gustar? Es increíble... no imaginaba que podían llegar a gustarme este tipo de historias, pero tú las explicas de una forma... Gracias por dedicarme el capítulo".

R—"De nada... Sí, la verdad es que no se pierden muchos hombres por este mundillo, pero alguno hay".

C—"Más de los que imaginas, créeme".

R—"¿Y cómo llegaste a esto? ¿Tu novia también lee fics?" Mierda. Se arrepintió de haberlo preguntado en cuanto le dio al botón de intro. ¿Quién era ella para querer saber esas cosas? Había un pacto tácito entre ellos, ni siquiera se habían preguntado su nombre, ni ninguna circunstancia de su vida real. Y ahora ella acababa de romper el pacto. "Perdona, no debí preguntar".

C—"No te disculpes. No tengo novia. Llegué aquí por un amigo". Edward se quedó mirando la pantalla ¿Qué más decirle? ¿Llegué aquí porque desde que mi ego sexual sufrió un trauma no se me levanta la polla cuando estoy con una chica? No era necesario decir tanto ¿no? Pero... ya que estaban en plan confidencias... "¿Puedo preguntarte yo algo?"

Claro. Quería seguir con él en ese plan. Las mariposas de su estómago se lo pedían.

R—"Sí"

C—"Verás, he leído algunas de las historias que hay por ahí. Ya sabes que la tuya es mi preferida, pero tenía curiosidad por las fantasías femeninas".

Oh, oh. Esto se está poniendo muy íntimo... El pensamiento no era desagradable.

R—"Vaya. Pues esta web es un compendio ^^. ¿Y por qué ese interés?"

C—"Digamos que tengo muchas dudas y me sirve para aprender".

R—"Me dejas flipada... un hombre que reconoce tener dudas sobre sexualidad femenina. ¿Estás confinado en alguna reserva natural de especies únicas o qué? ".

C—"Bueno, es porque no me conoces en persona. En la vida real, esto no lo reconocería ni ante un tribunal aunque me acusaran de perjuro ;). Lo cierto es que leer algunas de estas historias acompleja un poco si te las tomas en serio".

No te conozco en persona, pero me gustaría. No, no puedo escribir esto. ¿Y si se cree que soy una psicópata acosadora?

R—"¿Te refieres a que los Anthonys siempre tienen enormes penes y más aguante que el conejito de Duracell?"

Edward rió. Le gustaba el humor de esa chica.

C—"Más o menos."

R—"Son fantasías. No te las puedes tomar en serio. Como una película porno, y no es que yo haya visto muchas, ¿eh? Si una espera que el sexo sea así tendrá muchas desilusiones".

C—"Vale, eso me tranquiliza. ¿Entonces una mujer no espera que un hombre pueda aguantar una erección durante una hora, o empalmar tres polvos consecutivos sin apenas pausa?"

R—"No, no creo que la mayoría de mujeres con algo de experiencia sexual espere eso ;). Además piensa que los vampiros tienen ventaja respecto a los humanos en ese sentido".

C—"Pero algo habrá en esas historias que atrae a tantas mujeres".

R—"No creo que sea lo de tomar ideas para la propia vida sexual. Para eso están las conversaciones con amigas íntimas, o los libros. O la serie Sexo en Nueva York ;). A mí lo que me atrae es la intensidad de los sentimientos de los Anthony y Marie, sobre todo los de él. Algo que se sale completamente de lo común, que los hace protagonistas de algo muy especial. Que podía ser también real... supongo."

C—"¿Supones?"

R—"Supongo... quizá el imaginar un sentimiento así de fuerte no sea más que otra fantasía".

Pero Bella, ¿qué haces? Estás contándole a un completo extraño cosas que no has explicado ni a tu mejor amiga. Va a pensar que eres chalada o tonta o cursi romántica... o las tres cosas juntas.

C—"Es una fantasía atractiva para ambos sexos. La pasión desbocada."

Vaya... me gusta tu respuesta, beta.

R—"Ese grado de entrega es muy erótico. Por lo menos para las mujeres. "

C—"Creo que para los hombres también. Recapitulando... ¿Entonces es eso lo que espera una mujer en la cama? ¿Un amante enamorado y absolutamente entregado?"

R—"No me gusta generalizar, Cyrano. Pero yo creo que para saber lo que espera una mujer en la cama lo mejor es preguntarle ;). Con las manos, con los ojos, con las palabras..."

C—"¿Y no lo interpretará como que eres un perdedor, un mal amante?¿No se supone que un amante experimentado debe saber ya todo eso?"

R—"¿La experiencia hace que un hombre pueda leer la mente de la mujer que está en sus brazos?"—Jo-der, cómo se está poniendo esto.

C—"¿Y si esta le engaña? ¿Y si le hace creer que algo le gusta, y en realidad no es así?"

R—"¿Por qué una mujer haría eso? No me cabe en la cabeza. ¿Para complacer el ego del hombre? ¿Y luego qué pasaría cuando este se enterara de todo?"

Que su polla se desinflaría tanto como su ego... vale, no puedo decirle eso.

C—"Sí... las cosas no deberían ser tan complicadas. Tal como lo dices suena sencillo."

R—"No sé. Nunca es sencillo decir "no me gusta como haces esto", pero si no quieres que algo que no te agrada se repita una y otra vez no puedes fingir que te ha gustado...Y al revés, si algo te gusta ¿por qué no decirlo, y pedirlo?"

Edward se mordió el labio. De pronto deseó conocer a Roxana. Por otro lado tenía con ella una extraña sensación de familiaridad, pero claro, era normal... había leído no sólo "Hechizo de sangre" sino todos sus fics. Ya conocía su modo de expresarse. Pero quería saber más de ella, ni siquiera sabía de dónde era. Quizá no vivía lejos de él. Le gustaría preguntarle dónde vivía, su nombre real, a qué se dedicaba... pero temía dar el paso. ¿Y si ella no estaba en... ese punto? ¿Y Bella? ¿Sería con ella tan sencillo como explicaba la escritora?

De pronto bufó, viéndose a sí mismo por fin. Su mente se iluminó y vio en lo que se había convertido. Según palabras de Emmet... una sombra de sí mismo. Se habría auto-compadecido si eso no le hubiera parecido más patético todavía. Agitó la cabeza, de pronto incrédulo. No podía seguir de esta forma. Ya bastaba de inseguridades, él nunca había sido así. Y tomó una determinación: ir a por Bella.

C—"Tienes razón, Rox. Oye, tengo que acostarme. Mañana tengo que madrugar."

R—"Y yo. Pero antes voy a colgar el capítulo."

C—"Perfecto. Oye, me ha gustado mucho hablar contigo."

R—"Y a mí contigo. Hasta la próxima, beta."

C—"Un beso, autora."


Besos y hasta la semana que viene...decidme algo o pensaré que no os ha gustado el capítulo y me bloquearé ^^. Es broma, es broma...