Kumogakure
Estaba segura de que habían pasado unos días, podía asegurarlo, pero si alguien le preguntaba cuántos no sabría qué responder. Justo después de que los Akatsuki se fueran todo el claro se llenó de ese humo negro que creo Laide, las cosas había empezado a desintegrarse y para cuando el humo se fue nada quedaba, ni siquiera Laide.
Paso mucho tiempo observando el lugar donde había muerto Laide, dios había muerto, y aun no lo podía creer. Su muerte era una herida en el corazón, por un momento pensó que el pelinegro la había herido, pero después de revisar se dio cuenta de que estaba perfectamente. Cada paso que daba era una agonía, tenía lágrimas en los ojos que no caían, le costaba respirar y apenas era capaz de ver a través de las lágrimas.
Justo cuando llego a su límite del cansancio sintió una presencia extremadamente poderosa, y avanzaba con rapidez hacia ella. Al cabo de pocos minutos tuvo frente así a un hombre alto, era moreno y vestía una camisa blanca con un lazo rojo alrededor de la cintura, y pantalones ninjas negros; Su cabello era rubio y estaba peinado hacia atrás, tenía dos tatuajes, uno en su hombro derecho del símbolo 鉄 y en su mejilla izquierda un cuerno, traía unos lentes oscuros ovalados y traía consigo varias espadas con él, acaso era posible luchar con tantas.
- Hey niñita, que te paso, parece que caíste por la montaña.
El más que hablar, canto. Cuando menciono la montaña y la señalo me di cuenta que efectivamente, frente a mí estaban unas grandes montañas, tan altas que las nubes rozaban los picos, atrás habían quedado los árboles. Lo mire sin decir nada y este se puso en cuclillas para estar a mi altura, me observó por un largo tiempo y cuando llego a mi hombro derecho y miro mi tatuaje, me miro sorprendido; yo trate de tapar el tatuaje, pero ya era tarde había sido visto por este hombre extraño.
- ¿Cual es tu nombre enana?
Otra vez cantó en vez de hablar.
-Y… yo so… soy Saku...kura.
Acaso había tartamudeado, tenía la boca seca y sabía que si tenía que luchar contra este hombre moriría.
-Mucho gusto Sakura, yo soy Killer Bee, pero para ti será "Señor jinchūriki"
Sin saber que era un jinchūriki, lo observé, era extraño y parecía estar de buen humor, yo no lo estaba y lo demostré frunciendo el ceño, a lo que él solo se río, con gran velocidad tomó mi mano y un segundo después estábamos en otro lugar.
-Brother, me encontré a esta mariposita curioseando por ahí, así que la traje
Estaba en una especie de despacho, con grandes ventanales que mostraban una hermosa vista de montañas, pero las nubes se interponían. Interesante, el hombre nos había teletransportado, oí un carraspeo y cuando volteé, sentado tras el escritorio estaba Darui y parado atrás de el C.
Darui Se recargó sus codos en el escritorio, unió sus manos y puso su barbilla sobre sus manos. Parecía estar evaluando me, cuando llego a mi hombro derecho, el cual aun estaba tapando con mi mano, sonrió.
-Así que ¿Sobreviviste? He, interesante. B ya puedes irte.
El jinchūriki asintió y se fue por la puerta.
-Ok, brother.
-Y..yo, mmm es...esto.
Ya basta Sakura que eres una estúpida debilucha, pobre firme y habla bien. Cuadrando los hombros miré a Darui.
-Hola Darui.
-Hola Sakura, ¿Que te trae por aquí?
-Tu dijiste que si tenía algún problema podía venir a verte.
-Sí eso dije, ¿Y cual es tu problema?
-Me quede sin casa.
Socarronamente le conteste, Darui me sonrió por un momento y se levantó de su asiento, C se alarmó considerablemente.
-Entiendo, ven te mostrare tu nueva casa.
-Raikage-Sama, tiene muchos asuntos pendientes aquí.
-¿Raikage?- le pregunté burlonamente.
-Si, andale vamos.
Empujandome de los hombros, dejamos atrás a C. Salimos de ese gran edificio y me encontré de frente la ciudad de Kumo. Una ciudad un poco austera dado que no tenía muchos adornos. Pero parecía próspera, la gente al verlo se paraba a saludarlo o solo le sonreían. Darui me llevó a través de varias calles, e incluso a través de túneles en la montaña, avanzamos por largo rato en silencio hasta que llegamos a una casa que estaba dentro de la montaña, nos paramos en la puerta de entrada y Darui se volteo a verme y se puso en cuclillas.
-Te voy a presentar a una persona muy especial, su nombre es Yugito Nii, y es con ella que vivirás.
Lo mire por un momento para después aceptar, después de todo yo no podía ponerse los moños, así que tenía que aceptar vivir con otra persona.
Toco la puerta y después de un momento salió una mujer, que tenía un gran parecido a C; su cabello es largo, rubio y lacio, lo tiene atado con unas vendas, sus ojos son oscuros; Vestía una blusa de manga corta negro y violeta, pantalón negro y guantes sin dedos, tiene una cadena con perlas blancas alrededor de su mano izquierda, además de que usa el protector de kumo atado en su frente, era realmente hermosa.
Ella miró a Darui por un momento y sonrió, pero cuando se dio cuenta de mi presencia, se le borró la sonrisa.
-Buenas tardes, Raikage-sama, ¿Quien es ella?.
-Bueno ahora que te has quedado sin compañero de casa, pensé en traer a Sakura.
-Pero es solo una niña, ¿Dónde están sus padres?.
-No tengo.
Conteste agresivamente, Yugito solo volteo a verme un segundo y miró a Darui esperando una respuesta.
-Ella se quedara aquí contigo, después pasas por mi despacho.
La orden había sido dada, Yugito solo suspiro y nos dejó pasar, nos guió por un momento a una habitación vacía, que indico sería la mía; Yugito y Darui salieron del cuarto y me dejaron sola. Observe el cuarto por un momento y me gusto lo que vi, tenia una cama pegada a la ventana, un escritorio y un armario, además de una puerta que daba a un baño individual. Genial mis posibilidades de socializar con Yugito se disminuían.
Mire el baño con anhelo y después de un momento me decidí a bañarme, después de estar dentro del agua como una hora, salí de la ducha. Realmente estaba sucia, mire la ropa en el suelo, no podía ponerme la de nuevo, encogiendo los hombros puse una toalla sobre mi y salí al cuarto. Encima de mi cama estaba un traje ninja, por un momento las lágrimas me asaltaron, este era el tipo de cosas que hacía Laide por mí.
Cuando ya estaba seca y vestida Yugito toco mi puertas.
-Adelante.
Yo estaba sentada en la ventana, con una pierna de fuera y la otra doblada, sobre esta pierna recargaba mi mejilla. Yugito se sentó en la cama y toco mi cabello.
-Es hermoso, a primera vista parece negro, pero tienes destellos rojizos. Jamás había visto un cabello así.
-Gracias, a Laide le gustaba mi cabello.
-Así que Laide, ¿Era tu mama?
-Si.
Esa única palabra hizo que las lágrimas brotarán de mis ojos. El dolor se desbordó de mi y abrace fuertemente mi rodilla.
-La mataron por mi culpa, Akatsuki lo hizo, y yo fui tan débil que deje que la mataran.
Yugito solo acariciaba mi cabello y hacía ruiditos calmantes, largo rato después me quedé dormida. Tenía una sensación de libertad ahora que había dicho lo que me estaba carcomiendo.
También estaba el hecho de que siempre que salía con Yugito, la actitud de la gente hacia ella era de odio y miedo. Harta de eso le pregunte porque hacían eso, ella me dijo que era una Jinchūriki, recordaba que el tipo que me trajo se refirió así mismo como Jinchūriki, es por eso que le pedí que me explicara que era.
Al parecer un Jinchūriki son humanos que sirven como contenedores espirituales de los Bijū, estos son unas bestias con cola, son fuerte y salvajes, al parecer les gusta atacar aldeas y matar personas. Para evitar eso los ninjas sellaban a estos bijus dentro de ninjas y estos se convertían en Jinchūriki, como las bestias eran aterradoras, la gente le tenía miedo a las personas que lo tenían dentro. Al parecer había 9 de esas bestias, Yugito me enseñó a detectarlos para que en caso de encontrar uno huyera.
Todos estaba muy hasta que me di cuenta que me estaba vigilando. Nunca estaba sola, aún cuando Yugito tenía que salir alguien siempre llegaba después de ella para estar conmigo, sentía la presencia de alguien que me seguía, además Darui venia todos los días y me preguntaba acerca de mis habilidades, parecía muy interesado en saber si sabía romper sellos supresores; yo no se lo dije pero el caso es que si, Laide era una experta en eso y me había enseñado muy bien.
Cuando al fin parecía que todo estaba bien, todo se iba al carajo.
Tenía que averiguar qué estaba pasando.
