Narrador: Rumania – Vladimir Popescu


Capítulo 3: La historia tras las flores carmesíes

Abrieron la puerta del pasillo demasiado temprano, desde ahí supe que no había algo bien allí. La cena por lo usual es después de las 6 y apostaría toda mi fortuna – o la que solía tener- a que traían un interno nuevo.

Miré con curiosidad infinita sus expresiones faciales, pasaron del miedo y la incomodidad al terror puro ¿O era más bien horror? Bienvenido al HPH amigo, esto es lo más suave que verás Pensé.

Cuando los paramédicos, si así se les puede llamar, pasaron a mi lado, me dieron una mirada de repugnancia mezclada con terror. Sonreí ¿De qué rayos tenían miedo? No importaba realmente, todos creían que estaba loco, pero no es verdad ¿Cierto?

El chico –o chica, realmente no sabría definir- me miró, sus ojos se abrieron a más no poder y comenzó a gritar cosas en un idioma que no entendí, pero tenía un cierto parecido a lo que grita el ruso psicópata, así que debe de ser eslavo, de Rusia o Polonia o por allí, no me importa realmente.

-Vlad, ¿Estás bien?- Me di la vuelta para encontrarme con Toris, el enfermero más joven de todos, Es muy atento pero es muy nervioso. Aquí los enfermeros son todos amables de hecho, el problema es la "Secta Carmesí".

-Sí, gracias- Respondí, y le dediqué una sonrisa, que me devolvió.

-¿Qué mirabas tan atento? Acabo de salir de la cocina, así que no pude ver nada- Se colocó ambas manos tras el cabello, y se hizo una coleta pequeña. Se veía muy bien.

-Creo que trajeron un nuevo interno, chillaba como cerdo en un matadero- Desvié la mirada, aburrido. Capaz y sea de esos que lloran y gritan por las noches, como fastidian.

-¿Nuevo interno? – Su cara se colocó seria- ¿Cómo lucía?-

-Pues…No sé si era un chico o una chica-

-¿Eh?-

-Pues eso- Fruncí el entrecejo, odio repetir las cosas- Su peinado era hasta arriba de los hombros, rubio y de ojos verde claro, pero no sabría distinguirlo de una chica, si fuera hombre, claro-

Toris palideció de pronto, realmente parecía un fantasma, temblaba como hoja y sus ojos estaban abnegados en lágrimas. Era como si hubiera escuchado que su madre se hubiese muerto ¿Conocerá de algo al rubio? O rubia…

-¿Q-Q-Qué i-idiom-ma ha-habla-ba?- Me tomó de los hombros y me sacudió un poco, comenzaba a fastidiarme- ¡Dime!-

-Era una lengua eslava, Nikolai también habla parecido, quizás era polaco o algo así- No estaba seguro, pero no alcancé a terminar de decir polaco cuando el lituano se fue hecho una bala directo a donde se llevaron al nuevo…o nueva ¡Realmente no podía saberlo!

-Pff, de nada- Miré hacia donde se había ido y suspiré, que flojera, tengo ganas de dormir. Pero antes iré a ver a Nikolai, quizás y me haya guardado postre extra.

Tarareando feliz me dirigí al comedor, no había un alma. Nadie venía mucho por aquí, excepto quizás yo, el francés y los enfermeros. Crucé la barra de ensalada y entré a la cocina, allí estaba Nikolai, preparando una tarta que se veía para morirse.

-¡Nikolai~!- Salté a abrazarlo por detrás.

-¡Ah, Vlad!- Llegó a saltar un poco y todo, reí con ganas y lo solté. Dejó el bol que tenía en mano y se colocó la otra en el pecho- ¡Me diste un susto de muerte!-

-¡Jaja~ No te veo muerto!- Reí y él frunció el ceño. Tenía un ligero sonrojo…Oh no…

-¿A qué venías?- Se dio la vuelta y continuó cubriendo la tarta con una crema blanca que había en el bol, mientras hablaba.

-¡Quería ver si me habías guardado postre del almuerzo~! ¡La tarta es para mí verdad~!- Giró un tanto la cabeza y negó suavemente.

-Lo siento, Vlad. Lily está de cumpleaños mañana y le estaba haciendo una tarta- Dejó de lado el bol y se sacó el delantal, lo colgó en un perchero. Se apoyó con las manos en el mueble y me miró.- No tengo nada, lo siento, Benjamín se llevó todo lo que sobró.-

-¡No se vale~! ¡Apuesto que lo compartió con Allen y no nos dejó nada!- Hice un mohín y Nikolai rió suavemente, no pude evitar fijarme en su rostro. Estaba un tanto sonrojado y sus ojos brillaban Oh no, no Vladimir ¡Recuerda lo que pasó la última vez!

-¿Vlad, estás bien?- Se acercó a mi y me tocó la frente, pero la retiró enseguida, obviamente no tenía fiebre. Tenía sed, mucha sed- No tienes fiebre.-

-No- Mi voz se suavizó y lo miré directo a los ojos, poniendo mis manos en su pecho, obligándolo a retroceder y apoyarse en el mueble nuevamente. ¡Mierda! ¡Vamos Nikolai, aléjate!- Tengo sed-

-Vlad…-Parece que comprendió, desvió la mirada, nervioso y más sonrojado que antes. Mi vista se nubló y mi garganta ardía aún más- ¿Es necesario? Sabes que no eres un vampiro…-

-¿Y por qué tengo sed entonces?- Susurré y me dirigí a su cuello, donde clavé mis dos colmillos. Él ahogó un grito y lo sentí temblar. La sangre brotaba de su cuello y yo la bebía sediento, como si no hubiese bebido agua en días. Y decían que no era un vampiro ¡Necesito esto para vivir! ¡No es como si yo quisiera…!

-¡Nikolai!- oí un gritó y me separé bruscamente de Nikolai quien, se colocó una mano en el cuello en seguida. No debí haberme quitado tan rápido, pero cuando a vi a quien había gritado, supe que estaba más que cagado.

-¿Qué haces tú aquí, perra?- Siseé, lo que menos quería ver era a la húngara machorra y a su guardaespaldas, que esta está más loca que todos los de aquí juntos y no puede salir sin un "paramédico".

-¡A quién llamas perra, hijo de…!-

-¡Suficiente! ¡Popescu, te vas a la sala roja!- El mutante orangután, me cogió de un brazo y me intentó llevar, pero algo lo detuvo. Nikolai tenía su mano apoyada en el brazo del mutante, lo sostenía apenas, pero no se dejaba vencer.

-N-No s-se l-lo lleve- Nikolai hablaba muy débil y tartamudeaba seguido. Maldita malnacida, si no hubiera sido por ella no me hubiera separado tan brusco y no hubiese abierto más la herida.

-¡Suélteme señor Asenov! ¡Hágalo ahora y no se lo mencionaré a su superior!- Me trataba de safar de su agarre mientras hablaba pero más me trituraba el brazo -¡Quédate quieto!- Espetó.

-¡Nikolai suéltalo, yo me las arreglaré!-

-¡N-No ha-haré eso! ¡Yo…!-

En menos de un segundo, Nikolai estaba en el piso, incapaz de moverse pero consciente apenas.

-Le diré al Director sobre su conducta ¡Mire que tratar de salvar a un loco!-

-¡Cállate orangután mutante! ¡Aquí el único loco es el Director!- Le grité. La estúpida de Elizabetha miraba divertida la escena, le encantaban las peleas.

-¡Que te calles, maniaco!- Me gritó y me dio un golpe en la cabeza, justo en un nervio. Estos estaban entrenados. Quedé consciente pero no podía moverme ni mantener los ojos abiertos mucho tiempo.

-V-Vlad, n-no e-es u-un mani-aco- Susurró Nikolai desde el piso. Sonreí internamente, mi rostro dolía mucho como para siquiera pensar en mover un músculo. Nikolai era tan...

-Basta Nikolai, te llevaré a tu habitación- Al fin habló la estúpida ¡He iba a hacer algo útil! Seguramente venía el fin del mundo que el gringo idiota ha estado proclamando.

-Me llevo a Popescu, Hedérváry, si supe que hiciste algo, te juro que de la sala roja no saldrás en días-

Elizabetha palideció y asintió. El gigante mastodonte me comenzó a llevar y no me resistí ¿De qué serviría? Vendrían más y me llevarían igual, solo retrasaría lo inevitable.

Giré la cabeza y vi a Nikolai llorando, y tratando de hablar, pero no podía y trataba de alcanzarme con una mano. La loca lo sujetaba fuerte y me miraba con burla.

-¡Te encargo a Nikolai!- Grité y fue lo último. Al llegar al pasillo, me noquearon y todo se volvió negro.

-¡Me alegro de verte otra vez Vladimir~!- Una voz alegremente falsa y empalagosa me recibió al abrir los ojos. Una luz me cegó y supe inmediatamente donde estaba. La sala de las flores rojas.

-T-Tú…-

-¡Hey! ¿Y esos modales? Soy mayor, deberías hablarme de usted- Se acercó a una mesa blanca, no podía distinguir bien qué tomó, mis ojos aún se acostumbraban a la luz tan brillante del cuarto.- Deberé ensañarte por las malas al parecer ¡Mira que creerte vampiro! Pero no te preocupes, Nikolai también recibirá su castigo, es un idiota por tratar de ayudarte.- Seguía sonriendo, su sonrisa era espeluznante, nunca se iba. No era como la de Iván, esta era una mueca retorcida que quería parecer una sonrisa, pero terminaba traumándote. Sus ojos eran opacos y vacíos.

-¡El idiota eres tú, anciano desquiciado!-

-Es hora de que aprendas- Su intento de sonrisa se desvaneció y sus ojos se entrecerraron. Me lanzó un líquido verde al ojo derecho y fue todo lo que vi.

-¡AHHHHHHHHHHHHH!-

Mi ojo ardía como si me hubiesen metido fuego por dentro y peor. No puedo describirlo, fue horrible, era algo desgarrador, el ácido me carcomía la piel y podía sentir la carne fresca con mi mano. Mientras yo agonizaba en la camilla, amarrado, el maniático reía a gusto, como si estuviese viendo una comedia.

Solo recuerdo que comencé a llorar. Yo nunca lloro, ni la vez que estuve a punto de morir, esto fue de verdad horrible. Estaba preparado para agregar flores al cuarto, ¡No para esto!

-¡NIKOLAI! ¡NIKOLAI!-Me revolví en mis ataduras y grité hasta que mi garganta quedó afónica, me raspaba, pero no era nada comparado a mi ojo.

-¡Por más que grites no vendrá a salvarte estúpido! ¡No te escucha y no lo hará nunca más! –Siguió riendo pero ya no podía escucharlo, el dolor absorbió toda mi concentración, sentía la poca piel que me quedaba deshacerse y la quemadura se expandía por mi ojo a una velocidad tremenda.

En mi último esfuerzo, entreabrí mi ojo izquierdo.

A mi costado derecho estaba Nikolai, desmayado y sangrando.

En los espacios vacíos donde deberían estar sus oídos.

Tras él, miles de flores carmesíes adornaban la pared.


Emm…Nunca he escrito algo así, así que espero que esté bien~ Me inspiré leyendo algunos cuentos de Edgar Allan Poe para el colegio~ ¡Primer libro interesante del año~ :D!

Críticas por favor (Constructivas por favor), y si no saben los personajes que mencioné:

Allen Kirkland- Australia

Benjamín Kirkland – Nueva Zelanda

Nikolai Asenov – Bulgaria

Eso~ ¡Nos leemos~ :3!