¡Nuevo capítulo... y muchas sorpresitas! :P ¡Espero que os guste! Y a dejar la opinión en los reviews! ^^
24 de diciembre
"Esto sí que es entrar con energía…" farfulla Archie, haciéndose a un lado. Emma ha llamado al timbre cerca de tres veces, de manera compulsiva, y al abrir la puerta atraviesa la entrada sin dejarle tiempo a apartarse. "¿Qué nos ocurre ya de buena mañana?"
"He tenido un sueño"
"¿Cómo Martin Luther King?"
Los ojos de Emma le taladran como témpanos de hielo y cierra la boca. No admitiría que se ha acobardado… Pero se ha acobardado. Traga y la permite continuar.
Emma se tira sobre su sofá dejándose caer igual que un peso muerto. "Era más bien una pesadilla… Parecía una de tus sesiones de hipnosis, pero se tornaba oscuro, asfixiante…"
"¿Qué ocurría? ¿Y qué hacías tú?"
"Me encontraba en medio de una huracán, sin ver nada" Omite deliberadamente la sensación de terror que le provocó. "De pronto, lograba quedarme quieta y veía la luz. Pero yo no intentaba ir hacia allí, era ella la que empezaba a perseguirme. Traté de moverme…"
"¿Pero no podías escapar de ella?" Archie termine la frase en lugar de su paciente y Emma toma aire asintiendo.
"¿Tiene algún sentido?"
"Podría tener mucho sentido. Los sueños pueden ser sólo un desvarío provocado por el cansancio o tratarse de un verdadero mensaje directo desde nuestro subconsciente."
Se cruza de brazos, sin terminar de aceptar esa respuesta. "¿Y, supuestamente, qué me está queriendo decir mi súper-yo oculto?"
"Tengo una teoría…" Comienza a hablar siendo consciente de que no será muy bien recibida. "Es posible que esa luz, tus recuerdos, tus respuestas, todo, estén bloqueadas por ti misma. Sabemos por tu madre…" El casi imperceptible gesto incómodo de Emma le obliga a rectificar. "…por Snow que lo habitual es conservar recuerdos de tu reclusión durante la maldición, pero tú los has olvidado todos. Sé que en cada sesión intentas recuperarlos, pero quizás tu mente trata de decirte que esa forma de perseguirlos, de ir tras ellos incansable, no es más que otra forma de controlar todo, de mantener bajo tu control a tu memoria"
"No te sigo…"
"¿O no quieres seguirme?" Otra mirada furibunda, pero ahora, al estar separados por la mesa del salón, surte menos efecto. "Lo que te intento explicar es que quizás levantas una barrera cada vez que persigues esa luz, y que la única forma de alcanzarla es quedarte quieta y dejar que ella lo haga"
"No me gusta cómo suena…" resopla. "No quiero volver a sentirme como en el sueño"
"¿Vulnerable?"
"Eso lo dices tú, no yo."
"Emma, ¿quieres recuperar tus recuerdos?" Frente a él, la salvadora asiente poco convencida. "En ese caso, deja que probemos mi teoría. No perdemos nada"
Emma se muerde el lateral de la boca por dentro y piensa. "Está bien…"
"Deja fuera los miedos, todo irá bien. Y para de lanzarme esas miradas, gruñona" exige al ver sus ojos claros a punto de acribillarle. "Túmbate y cierra los ojos, ya sabes cómo funciona"
"Sí…"
"Pero esta vez debes quedarte quieta, pase lo que pase." Emma abre un ojo mirándole desconfiada. "Hazme caso" repite firme. "Sólo espera. Estarás bien, no ocurrirá nada, pero probarás algo distinto" Su voz es cada vez más candente, más suave. "Estás tranquila, segura, no hay nada ni nadie cerca. Puedes hacer lo que quieras, puedes…"
Esta vez el efecto de sus palabras llega más rápido que de costumbre. No importan sus preocupaciones, su mente se hunde con ganas en ese hechizo hipnótico. Emma ya no discierne entre su salón y la oscuridad que la hipnosis provoca en ella. Regresa a ese lugar tan conocido. Aunque esta vez no es tan acogedor. Son sus propios nervios trasladándose hasta el lugar. Sus inseguridades, su limitada capacidad para esperar de brazos cruzados.
Pero eso es lo que hace. Respirar hondo y esperar. No tarda mucho en asomar lejos, como una luciérnaga saltarina, la luz que persigue incansable. Tan brillante y esquiva como siempre. Lejos e inalcanzable. Resulta tan irresistible salir tras ella. Pero aguanta. Se lo ha prometido a Archie, se lo ha prometido a sí misma, esperará.
De repente, la luz parece cobrar vida propia. Y no sólo vida, sino consciencia. No puede explicar por qué, pero la luz sabe que no irá hacia ella, está segura. Se ha percatado y está detenida, pensando, igual que Emma. Casi podría jurar que hay un intercambio, una conversación silenciosa, en la que la luz se pregunta por qué no está siendo perseguida. Es tentador, pero Emma continúa firme.
Y eso a la luz no le gusta.
Se acerca, apenas un suspiro, pero lo hace. Y espera la reacción de Emma. Pero es la misma, la de una estatua, y la luz vuelve a exigir saber por qué lo hace. La salvadora se agarra a su silencio y la luz una vez más se encabrita. Esta vez recorre mucha más distancia y crece a os ojos de Emma. Crece hasta dejar de ser una luciernaga y convertirse en una bombilla que poco a poco crece hasta ser una farola. Una grande y brillante, que se acerca a ella cada vez más, enfadada y curiosa al mismo tiempo.
Emma permanece estática, la luz danza a su alrededor y ella no es más que un cuerpo fijo. El baile, en un principio extraño pero divertido, se torna cada vez más rápido, más violento. La luz pierde su forma y Emma nunca ha estado tan cerca de ella ni tan asustada. Se siente atrapada dentro de un torbellino luminoso, aterrada como en su sueño y cae de rodillas, mientras la luz invade todo su alrededor, todo su espacio.
"¡PARA!" grita de corazón, desde sus entrañas.
Pero Archie no escucha nada. La lucha de Emma con la luz es silenciosa aunque no por ello menos preocupante. Su paciente, habitualmente tranquila y relajada en una plácida siesta, permanece con el cuerpo tenso como una tabla. Sus ojos se mueven en todas direcciones bajo los párpados cerrados y sus manos están cerradas. Los puños tiemblan y sus uñas se clavan contra las palmas.
No ha escuchado el grito y no tiene forma de seguir lo que ocurre. Pero la lucha de Emma contra lo que esté ocurriendo en su cabeza es evidente. Aterroriza, pero por una vez está seguro de que han llegado a algo. Permanece a su lado, sentado junto a ella, con sumo cuidado de no tocarla, pero preparado para sacarla de la hipnosis si hiciese falta.
Y mientras Emma se derrumba contra el suelo, invadida por esa luz, Archie espera ansioso, preocupado. El cuerpo frente a él es víctima de una sacudida y después una segunda, como espasmos. Y Archie decide que es suficiente. No puede someter a Emma a una tortura que podría no servir para nada más que para dañarla.
Se estira hacia ella, dispuesta a agarrarla suavemente de los hombros. Pero los ojos de Emma se abren de golpe, como un muerto viviente. Sus manos agarran las muñecas del psicólogo asustándole y deteniéndole.
"Emma, ¿estás bien?" Es una pregunta, aunque la salvadora ni se digne en responderla. Emma se yergue veloz, sin contemplaciones y de un mismo movimiento agarra su chaqueta y se pone en pie. "Emma, ¿qué ocurre?" insiste Archie, persiguiéndola por el salón hasta la puerta. "Emma…. ¡Emma!" exclama viéndola sostener el pomo y abrir.
"Hablaremos luego" Es lo único que pronuncia antes de cerrar tras ella.
No ha dormido desde hace días. Cierra los ojos y su cabeza simplemente echa humo. De vez en cuando cabecea dos o tres horas seguidas. Es el paraíso. Pero no dura más de eso. Y tampoco es que ese camastro ridículo, duro y quejumbroso ayude. Cuesta encontrar la postura entre tanto muelle y metal. ¡Su colchón tiene medio dedo de grosor!
Además esa maldita comisaría tiene más vida que un centro comercial. Las puertas abriéndose, el teléfono sin dejar de sonar, la presencia de Charming. Es demasiado ruidosa y desquiciante como para descansar.
Mas pasos ruidosos… ¡Siempre igual! Son sólo las nueve de la mañana, joder… Regina detiene un momento sus blasfemias mentales. Son las nueve de la mañana. Es demasiado pronto para que el perezoso Charming esté ya en pie. Y esos pasos resuenan con fuerza para unos zapatos. ¿Quizás botas…?
Los pasos dominan toda su atención. Tampoco es que tenga mucho más que hacer en esa maldita celda. Aparta la manta de sus hombros, se sienta sobre su camastro y mira a la puerta expectante. Pero cuando la puerta del despacho se abre, la curiosidad se convierte confusión.
La figura de la sheriff atraviesa la estancia como un huracán. Si es que aún puede ser considerada Sheriff. No la ha visto por la comisaría ni un solo día. Realmente, no la ha visto desde el mismo momento en que despertó. Y no es capaz de reaccionar.
Emma esquiva cada obstáculo sin mirarlo siquiera, le bastan tres bruscas zancadas para alcanzar los barrotes de su celda. Y después se queda ahí.
No hay más palabras para describir su comportamiento. Simplemente se planta ahí. Frente a la celda. En silencio.
Su lenguaje corporal, sin embargo, dice muchas más cosas. Sus manos se cierran y abren de forma compulsiva, respira con fuerza, el único sonido que se escucha en toda la sala, y sus ojos acuchillan incómodamente a Regina.
La alcaldesa boquea un par de veces, aún espera que Emma diga algo, haga algo, pero no ocurre. Se pone en pie y la observa como si se tratara de una alucinación en forma de salvadora.
"Emma…" Pronuncia su nombre con un respeto total, con un tono de voz neutro, casi inexistente.
"¿Por qué lo hiciste?" Regina da un respingo hacia atrás. Un ladrido en toda regla que la deja completamente fuera de lugar. Toda la situación en sí está descolocando su cabeza y rompiendo la rutina de sus últimos días
"¿Qué…?" murmura.
"¡¿Por qué lo hiciste?!" le espeta cabreada, fuera de sí. Sostiene los barrotes para acercarse más a ella, como si sus palabras no tuvieran ya suficiente efecto. "Iba a marcharme, ¡¿por qué tuviste que envenenarme?!"
Regina traga hondo, confundida, sobrepasada. "No… no lo sé, ¿vale?"
"Casi destrozas mi vida, ¡casi destrozas la de tu propio hijo!" El corazón de Regina va a mil por hora. No es sólo la interrupción, ni siquiera esa discusión inesperada. Es la presencia de Emma, es tenerla frente a ella, gritándole y volviendo su mundo del revés. Es no poder parar el tiempo y poner sobre la mesa todo lo que está ocurriendo, todo lo que se remueve dentro de ella. Es demasiado. "Todo lo dijeron sobre ti, todo aquello de lo que te acusaron… Nunca quise creerlo y resulta que eres aún peor de lo que jamás se imaginaron"
Regina retrocede y aprieta los labios. Ahí tiene un sentimiento que sí reconoce, que sobresale por encima de los demás. Dolor. "¿Eso crees?"
"No importa lo que yo crea…" gruñe bajito, con una voz que no parece la suya, con una que Regina desearía no haber escuchado jamás"…Importa lo que has hecho" espeta frunciendo el labio. Está tan enfadada que la alcaldesa no se sorprendería si de un momento a otro le enseñara los colmillos y amenazara con darle un bocado. Pero nada de eso ocurre. Emma da media vuelta, le da la espalda y se aleja de ella.
Al verla alejarse, Regina trata de decir algo. Pero ni siquiera puede pensar el qué y las palabras no escapan de su boca. "Yo…"
Pero esa sílaba se atraganta en su garganta sin intención de salir. Emma se ha girado una vez más, brusca, con prisa, hasta alcanzar las rejas. Regina trata de reaccionar, pero el rápido movimiento de la sheriff se lo impide. Antes de poder pestañear, Emma mete su mano en la celda hasta agarrar su cuello. Un solo tirón y estampa su boca contra la de ella. Un beso profundo, minucioso, duro. Los labios, los dientes y la lengua de Emma se recrean sin pedir permiso. Regina advierte los barrotes, fríos e incómodos, contra sus sienes. Pero no le importa lo más mínimo.
Responde al beso todo lo posible desde su posición de presa y cierra los ojos. Después de meses de anodina existencia es como tener frente a si Disneyland. La forma de besar de Emma no tiene nada que envidiar a la mejor de las montañas rusas.
Pero es igual de breve.
La mano firme y enérgica desaparece de su nuca y Emma se aleja de ella, apuntándola con el dedo y profiriendo unas palabras que suenan a amenaza.
"¡Ahora estamos en paz…!"
Sale por la puerta tres segundos después. Pero Regina continúa clavada frente a la verja, con la cabeza entre los barrotes y los labios hinchados. Son las nueve y diez de la mañana. Y no entiende nada.
Continuará…
