Lo sé, lo sé, creanme, lo sé. No tengo perdón. Siento muchísimo la tardanza. Tengo excusas, pero no justifican tanto tiempo.
Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
-Atenta, ahí viene Mike…- comentó Draco, que se lo estaba pasando en grande con la cara de la castaña.
-Deja el tema, cállate, y deja de reírte.- murmuró Hermione, entre cabreada y divertida.
Pero Malfoy tenía razón. Michael O'Connolly entraba por la puerta que había detrás de la mesa de profesores. Mientras los nuevos alumnos se colocaban en sus mesas, Mike iba saludando a todos los profesores, algunos por primera vez y otros que ya eran amigos. Snape lo saludó con total indiferencia, como si se tratara de un compañero de trabajo más. Hermione lo observó. Jack Blunt no se parecía en nada al mismo Mike O'Connolly que había conocido hace dos años.
-Poción multijugos… Con el hijo de Barty Crouch no funcionó… ¿qué le hace pensar que con este si?
-Malfoy… por si no lo has notado, tengo la cabeza de Ginny a menos de treinta centímetros de la mía, ¿quieres callarte de una jodida vez?- le espetó ella por el pendiente-talkie, muy cabreada. Entre los cambios de última hora, que su abuelo pasaba de ella y de sus planes, el retorno de Mike y las bromitas de Malfoy estaba ya…
-¿Decías algo?- murmuró Ginny en voz baja, sin apartar la mirada, encandilada, del nuevo profesor.
-Que tampoco es tan guapo como me dijiste, ni tan joven. Tiene su encanto, pero vamos…- murmuró Hermione.- Shh, que el director va a hablar.
-Queridos alumnos, tanto yo como el profesorado os damos la bienvenida un año más al Colegio de Magia y Hechicería Howgarts. –Dumbeldore dio la bienvenida, y los alumnos aplaudieron.- Quisiera que dierais una calurosa bienvenida a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Jack Blunt.- el susodicho se levantó de la silla, al lado de Snape y Pomona Sprout, saludó, y se volvió a sentar, mientras todo el alumnado aplaudía, especialmente las féminas. Dumbledore continuó hablando, en un tono más serio.- A raíz de los incidentes de los últimos dos años- media escuela dirigió la mirada a Harry, que ignoró las miradas- todo el profesorado hemos tomado una decisión totalmente irrevocable hasta nueva orden. Todos los alumnos deberán estar dentro de la escuela antes de las siete de la tarde. Quien incumpla la norma, se afrentará a un duro castigo, que podría ser, según la situación, la expulsión inmediata.- Dumbeldore calló durante unos momentos para que los alumnos se quejaran, y luego pidió silencio y continuó hablando.- Sólo podrán romper esta regla los prefectos y los Premios Anuales, siempre y cuando esté justificado, y los que tengan el permiso escrito de su jefe de casa. Dicho eso, ya pueden empezar a comer.
Los alumnos aplaudieron a regañadientes. A ninguno les hacía gracia no poder salir de Howgarts después de las ocho, ya que significa tener que cambiar los horarios de Quidditch.
-Dumbeldore no es tonto. Sabe que aquí hay mortífagos. Se cree que si estamos dentro, bajo sus dominios, nos podrá controlar.
Hermione resopló. Nada, como si hablara con la pared. Le dice a Malfoy que se calle, que Ginny está muy cerca, y él ni caso.
-Hermione… ¿qué tal por Austria?- le preguntó Harry sonriéndole, mientras cortaba el pollo.
-Muy bien. Es precioso, hay muchos palacios, y museos, y de todo. Además, la gente es muy amable, muy cordial. A mi madre le encantó.- mintió ella sonriéndole también, mientras se ponía verdura al plato.
-¿Yf no fablaste von Vicky?- dijo Ron mientras se metía un trozo demasiado grande de ternera.
En cuanto hubo dicho eso, recibió un codazo por parte de Harry y una mirada severa de Ginny. No había pasado un día, y ya estaba molestándola con el tema de Krum.
Hermione decidió ignorarle, y empezó a comer. Funcionó, porque al cabo de unos momentos, empezaron a hablar de quidditch, y ella pudo desconectar un poco.
"Malfoy tiene razón. Dumbeldore sabe algo, sospecha de alguien. Si no, no hubiera tomado tantas medidas de seguridad. ¿Qué es eso de cerrar las puertas a las siete, por el amor de Dios? Si en verano, a estas horas aún es de día… Nunca antes se había hecho nada igual. Lo raro es que no haya eliminado las salidas a Hogsmeade… quiere algo." Hermione levantó la cabeza enfadada. Seguramente ya habría averiguado que era ese "algo" que quería Dumbeldore, si no fuera porqué alguien la estaba taladrando con la mirada desde hacía ya un buen rato. Mike la miraba disimuladamente, con una sonrisa de suficiencia en el rostro, mientras comía y charlaba animadamente con la profesora Sprout. Hermione lo miró con odio, pensando en que tenía que hablar con él. Le dirigió una última mirada asesina, dándole a entender que dejara de penetrarla con la mirada si quería llegar vivo al fin de semana. Mike se rió, entendiendo perfectamente la mirada de su ex, y se giró hacia Pomona para darle más dramatismo a la conversa. Hermione lo observó hablando con su profesora de Herbología. Con la poción multijugos, Mike había pasado de tener un pelo negro, algo más largo de lo políticamente correcto, a una corta melena rubia, con ciertas mechas, de tener unos ojos azules como el mar Mediterráneo a unos marrones miel. Mike como Jack era atractivo, si, pero de un modo inocente, casual. Pero Mike como Mike, sin magia de por medio, era terriblemente interesante y sensual. Y, sinceramente, Hermione lo prefería.
-Herms… Herms… ¡Hermione!- gritó Ron, al ver que Hermione se había quedando mirando al profesor.
-Perdona, Ron… estaba en mis cosas, en mi mundo… ¿decías algo?- se disculpó Hermione sonriéndole.
-Si, ya, en tu mundo dices…- comentó Parvati por lo bajini, riéndose junto Lavander.
Hermione le dirigió una mirada asesina a Parvati, mientras Ron las miraba extrañado, sin entender nada.
-¿Decías?- dijo Hermione retomando la conversación.
-Ah, si… verás, Harry, Ginny, Dean, Seamus, y yo hemos estado comentado lo del nuevo horario y hemos llegado a la conclusión de que tú, como prefecta, tienes que hablar con McGonagall para que nos deje salir para entrenar. Es que si no, no podremos entrenar. Antes lo hacíamos de siete y media a nueve. Habla con ella.- le pidió Ron, mientras Harry y toda la comitiva asentían con la cabeza, dándole la razón.
-Habla tú con ella, Ron. Es a ti quién te interesa salir en esas horas tan… peligrosas. O id todo el equipo. La unión hace la fuerza, ¿no?- propuso Hermione.
-Pero Hermione, tu eres prefecta…- intentó convencerla Ron, mientras todo el equipo asentía con la cabeza, dándole la razón a Ronald.
-Tú también, Ron. –dijo ella- Así que vas tú, y se lo cuentas.
-Pero es que Hermione… tú eres su sucesora, y te tiene mimada. A mi me matará si se lo digo.- suplicó Ron.
-Ron, para que lo sepas, no voy a comerme un marrón solo porque vosotros queréis entrenar. Si ha puesto esta regla, será por algo. Cambiáis los horarios y ya está, problema resuelto.- dijo ella finalizando la discusión.
Los chicos se la miraron sorprendidos por el toque de genio, pero no dijeron nada, pensando en que ya hablarían con ella más tarde. Cuando se cerraba en banda, no había manera de hacerla cambiar de opinión. Lo mejor era esperar a que se calmara el ambiente y volver a intentarlo.
-He estado pensando. Quiere algo.
Ya estaba otra vez con lo mismo. Esta vez no le importaba tanto, porque Ron y Ginny estaban teniendo otra de sus broncas entre hermanos, y el ambiente estaba bastante disperso. Se permitió bajar la "Alerta Permanente" de Alastor y hablar un rato con Draco.
-Ya lo sé. Si fuera por seguridad, hubiera eliminado Hogsmeade. Quiere que hagamos algo. Estaba pensando en eso, pero tu amigo me estaba poniendo muy nerviosa, y no he podido darle más vueltas al tema.- murmuró ella en apenas un susurro, inaudible para alguien que estuviera a más de cinco centímetros de su boca.
-Jodido Mike. ¿Quieres que le diga que deje de incomodarte?- rió Draco.
-No hace falta. Parará, si quiere llegar vivo al próximo trimestre escolar.- dijo ella, tranquilamente mientras comía.
Hermione vio como Draco reía al otro lado del comedor, al lado de Pansy y Blaise. Ella sonrió y siguió comiendo. Hasta que de repente, le vino una idea a la cabeza.
-Quiere que movemos ficha.- dijo ella, muy seria.
-¿Perdón?
-Quiere… quiere que hagamos algo, quiere ver cuales son nuestras intenciones antes de actuar. Nos está dejando espacio, Hogsmeade, para que actuemos, para que planeemos algo.
-¿Qué vamos a hacer? - preguntó él, preocupado.
-No sé, déjame pensar.
Hermione iba a levantarse para ir al baño, para poder hablar con Matthew o Charlenne, pero cuando iba a hacerlo, vio que Mike se acercaba peligrosamente hacia ellos, así que se sentó, no sin antes dirigirle una mirada a Malfoy, diciéndole que no hiciera nada y que no hablara de eso con nadie.
-¡Jack!- gritó Ginny, alegre, ganándose una mirada de envidia de Parvati.
-Ginny.- Jack se acercó a ella, sonriendo. Miró a los chicos- Harry, Ron. ¿Qué tal todo?
-Bien, muy bien.- contestó Ginny sin darles tiempo a los chicos a contestar.- Mira, quiero presentarte a una amiga. Hermione, aquella que te conté que estaba a Austria de vacaciones, y que por eso no había podido venir.
Hermione levantó la cabeza de la comida, donde se había refugiado para evitar que la vieran. Su mirada se cruzó con la de Jack, y ambos pares de ojos brillaban, con pasión, con furia, con resentimiento. Dos pares de ojos, también, los observaban. Ginny por una parte, mirando la reacción de Hermione al ver a Jack, y Draco por la otra, vigilando los movimientos de ambos mortífagos.
-Puedes llamarme Jack.- dijo él, sonriéndole, mirándola fijamente, simulando suficiencia e ironía.- Un placer, Hermione.
-Igualmente.- dijo ella, disimulando, sonriendo también para contentar a la pequeña Weasley.
Jack se sentó enfrente de Hermione y Ginny, sin apartar la mirada de los ojos de la castaña, al lado de Harry y Neville.
-¿Austria?- preguntó él, coqueteando de una forma muy discreta, mientras cogía una croqueta de pollo y calabaza.
-Si, un circuito.- dijo ella, sonriéndole, disimulando el odio.
-Y dime, que hace mucho tiempo que no voy por allí,… ¿Qué tal el Danubio? ¿Tan sucio como siempre?- dijo él, sonriéndole.
-Tan sucio como siempre.- afirmó Hermione rápidamente, sonriéndole también, mientras se llenaba el vaso de agua.
Jack rió, mostrando así su dentadura perfecta.
-Jack, tío, nos tienes que hacer un favor.- pidió Ron, con un tono que utilizaría con cualquier amigo, acordándose de repente.
-Tú dirás.- respondió el profesor, mirándolo.
-Necesitamos que hables con McGonagall. Esa nueva norma es una mierda. Tenemos que cambiar todos los horarios de los entrenamientos, y este año nos gustaría ganar la copa, ahora que no está Umbridge. Como deportista que eres y fan de los Chuddley Cannon, debería importarte.- dijo Ron totalmente serio.
Jack se rió, con ganas, acompañado por Ginny.
-Está bien, está bien, voy a hablar con ella. No te prometo nada, pero lo voy a intentar. Pero Ron, ¿tu no eras prefecto? Podrías pedírselo tú.- preguntó él, sonriendo.
-Si, pero a mi me odia.- dijo él, como si fuera una verdad universal.
Harry sonrió, negando con la cabeza, mientras miraba a Hermione, que iba a replicar.
-¿Y no hay otro prefecto? ¿No eres tú, Harry?- preguntó el nuevo profesor, mirando a Harry.
Harry negó con la cabeza, mientras comía, y señaló con el tenedor a Hermione, que miraba a Ginny sonriéndole. Jack giró la cabeza con fuerza hacia Hermione, con tanta rapidez que le dolió el cuello.
-¿Tú? ¿Eres tú la otra prefecta?- preguntó Jack, sorprendido, bajo la atenta mirada de Ronald.
-Si, soy yo.- le respondió Hermione, con reticencia. Giró la cabeza hacia Ron.- Pero no voy a preguntárselo porque: uno, no voy a meterme en un fregado que ni me va ni me viene; dos, no voy a hacer cambiar de opinión ni a McGonagall ni a Dumbeldore, porque si han puesto esta norma, será porque realmente hay un peligro, un riesgo; y tres, McGonagall no te tiene manía ni te odia, Ronald, es que simplemente cree que te falta disciplina y un poco de orden y no le gusta que no prestes atención a sus clases, y no está tan equivocada. Es simplemente eso.
Las personas de su entorno callaron, sorprendidas por la declaración de Hermione. Todo el mundo sabía que pensaba eso, porque todos habían oído a Hermione reñir a Ron por el modo en que comía o por las palabras malsonantes que decía continuamente, pero de eso a lo que le había dicho había cuatro pueblos de diferencia. Hermione suspiró, comprendiendo que se había pasado, y que había descargado su estrés y su odio por Jack hacia Ron, injustamente.
-Lo que te quiero decir es que no vas a conseguir que cambien esa regla, aunque hable yo, él, o le Ministro si hace falta. Las reglas son las reglas, y no se ponen porque sí. Y si realmente creyera que podría hacer algo para que pudierais entrenar con los horarios de antes, lo haría, de verdad, pero es que no voy a solucionar nada, es dar palos de ciego. – Hermione miró cariñosa y comprensivamente a Ron mientras le decía esto. Continuó, y esta vez mirando a todo el equipo de Quidditch.- Así que lo que deberíais hacer es remodelar los horarios, y adaptarlos. Yo también quiero que ganéis la copa, porque el año pasado os la merecíais pero por cuestiones del destino, no pudo ser. Esta es vuestra oportunidad, pero solo la podréis aprovechar si os adaptáis a los horarios. Porque como McGonagall se cabree, os va a limitar muchísimo más el tiempo. Lo mejor es dejar las cosas tal y como están antes de que vayan a peor. Porque pueden ir a peor.
La mesa se volvió a quedar en silencio, pensando en las palabras de Hermione. Jack la miró fijamente, pensando en lo que acababa de decir. Tenía razón. Las cosas pueden ir a peor. Entonces, ató cabos. Pueden ir a peor. Llegó a la misma conclusión que Hermione había llegado. Dumbeldore quería algo, sino, las cosas estarían peor. La miró, y entonces ella alzó la cabeza, sonriéndole, dándole a entender que había un mensaje para él en su monólogo. Jack giró, de repente, la mirada hacia la mesa de profesores, y observó que Dumbeldore estaba conversando con McGonagall y Trelawney. Tendría que hablar con él, haber si podía sonsacarle algo. Harry habló.
-Hermione tiene razón. Lo mejor es no presionar a McGonagall. Las cosas están mal, si, pero podrían estar peor. Tendríamos que cambiar los horarios, ponernos todas las casas de acuerdo, hacer una reunión, como se hizo tiempo atrás, y remodelar los horarios.- dijo Harry, comprensivo, mirando a Ron y a Ginny.
-Pues va a ser difícil, porque Slytherin no va a querer.- comentó Ronald, mirando con odio a la mesa de las serpientes.
-Va a tener que ceder, Ron.- comentó Jack.- Hablad con los capitanes de los equipos, y poneos de acuerdo. Y si alguno no acepta… McGonagall es la solución. A mi esa mujer me da mucho miedo cuando se cabrea y se pone a gritar.
Toda la mesa rió, incluida Hermione. Jack se levantó, sonriéndole, y dándole a Ron unas palmadas de apoyo.
-Yo ya me voy a mi mesa, que sino me van a regañar por tener preferencias.- sonrió mientras iba hacia la mesa.
Cuando estaba a punto de irse demasiado lejos, Ginny le llamó.
-¡Jack!- gritó ella. Él se giró, sonriendo.- ¿Cuándo tendré… ejem, tendremos, clase contigo?
-No lo sé, aún no me han dado los horarios. Espero que pronto.- dijo él. Hizo una pequeña reverencia, con la que Ginny se derritió y fue hacia su mesa.
Cuando se aseguró que los chicos volvían al tema del Quidditch y hablaban ya de horarios y días para la reunión con otros capitanes, Ginny se giró hacia Hermione, con una sonrisa pícara.
-¿Qué? ¿Qué te ha parecido?- preguntó ella, en voz baja, para evitar que su hermano lo oyera.
-¿Que qué me ha parecido? Pues que podrías cortarte un poco.- bromeó Hermione.- Ginny, has estado mirándolo todo el rato. La próxima vez, disimula un poco.
-Bah… es que tiene una sonrisa preciosa. ¿Te has dado cuenta de que siempre está sonriendo?- los ojos le brillaban.
Hermione sonrió. Se acercó más a ella, para decirle una cosa al oído.
-Oye… ¿y Harry?- preguntó Hermione, un poco más seria.
-No sé… ¿qué pasa con Harry?- preguntó Ginny, haciéndose la despistada.
-No sé… ¿qué pasa con Harry?- dijo Hermione, repitiendo la pregunta que acababa de hacerle, con sarcasmo.
Ginny suspiró, y miró a su alrededor, comprobando que nadie las estaba escuchando.
-No lo sé. Se ha pasado todo el verano muy raro, esquivo. Que si, que bromea, y se ríe, y todo lo que quieras. Pero estaba frío, distante.- comentó Ginny, removiendo el puré de zanahoria, entristecida.- Yo le sigo queriendo, y seguramente le voy a querer el resto de mi vida, pero ahora se muestra frío conmigo, bueno, con todos, casi. Pero no pienses que quiero con locura a Jack o algo parecido. Sólo me gusta. Como podría gustarme Oliver Wood u otro. No es nada sentimental, es mi amigo, sí, pero nada más. Bueno, mi profesor.- como vio que se estaba yendo por los cerros de Úbeda, lo aclaró.- Lo que te quiero decir es que Jack es solo mi amigo, que sigo queriendo a Harry aunque esté distante.
Hermione miró a Ginny. Estaba sufriendo.
-Pero piensa que es normal que esté frío, distante, cambiado, esquivo. Acaba de morir su padrino, el único familiar cuerdo que el quedaba, y el único que le valoró. Dale tiempo. Estoy segura que de te sigue queriendo, pero tienes que darle tiempo para que amueble su vida otra vez. Necesita tiempo y comprensión. Dile que estás aquí para lo que necesita. Necesita ver que tiene en qué apoyarse, y que tú eres un pilar.- dijo Hermione, en voz baja, tratando de animarla.
-Todos hemos tratado de hablar con él. De que diga lo que siente. De que se descargue. Pero no hay manera. No suelta prenda, dice que no quiere hablar del tema.- dijo Ginny, mirando a Harry con cariño y amor.
-No te estoy diciendo que le obligues a hablar contigo, sino que sepa que si él quiere, puede hablar contigo.- dijo Hermione, dolida. La muerte de Sirius le había afectado tanto como a Harry.
Ginny asintió con la cabeza, dando a entender que entendía lo que decía, y que tenía razón. Y la tenía, desde luego. Harry no necesitaba a alguien que le obligara a hablar, que le diera apoyo cuando hablaba, y que se fuera cuando callaba. Él necesitaba a alguien que estuviera allí siempre, hablara o no, alguien que estuviera dispuesto a escucharle cuando decidiera hablar, y que se quedara allí cuando callaba. Como ella.
-¡Hermione!- gritó Harry, de repente, sonriendo.
Ella se giró, sorprendida.
-¿Te apuntas a una partida de ajedrez? Quien gane, perderá contra Ron.- sugirió Harry, sonriendo.
-Harry… no sé jugar al ajedrez.- rió Hermione.
-Yo tampoco, ¿y qué?- bromeó Harry.- Venga, Hermione. Ahora, cuando volvamos a la Sala Común. No nos hemos visto en todo el verano, tenemos que recuperar el tiempo perdido.
-Está bien, ok. Jugaré. Pero te aviso que tú vas a perder contra Ron, porque yo no tengo ni idea.- sonrió, mientras se levantaba de la mesa.
-Mentirosa.- dijo Draco.
Hermione resopló mientras se ponía bien la falda y la corbata.
-¿Fónde…- empezó a preguntar Ronald con la boca llena de flan, pero como vio la mirada reprobatoria de Hermione, tragó, y entonces habló.- ¿Dónde vas?
-Al baño. Vuelvo enseguida.- dijo ella.
Cuando vio que estaba suficientemente lejos para que alguien la oyera, riñó a Malfoy.
-A la próxima, acabáis tú y el walkie al fondo del lago. ¿Ha quedado claro? Yo pregunto, tú respondes. Y nada más. Ni conversaciones que no tienen nada que ver con el tema, ni comentarios absurdos sobre lo que digo o dejo de decir. A no ser que sea una orden de arriba, si no te doy la palabra, no hablas. O sino, atente a las consecuencias. -dijo Hermione de muy mala ostia, mientras iba rápidamente hacia el pasillo más cercano.
-¿Me estás amenazando? - preguntó Draco, de mal humor.
-Si.
Giró hacia la derecha, y luego a la izquierda, y se encerró en el primer baño que encontró, sin darse cuenta de que alguien la estaba siguiendo. Cuando entró en el baño, comprobó que no había nadie, y cerró la puerta. Cualquiera podría abrirla con un simple Alohomora, pero eso significaría que antes habría probado de abrirla de forma manual. Y eso le daría tiempo a Hermione. Giró un poco el cierre del pendiente.
-Matthew, Charlenne.- pidió ella, dando vueltas por el baño, nerviosa.
Al cabo de un par de segundos, tuvo conexión.
-Aquí Matthew. - se oyó una voz masculina al otro lado del pendiente.
-Necesito unos mapas de Hogwarts. Interior, exterior. Y todos los conductos secretos que haya. Y todas las entradas y salidas, sean o no permitidas.- pidió ella, con mal humor.
-Oído cocina. El viernes lo…- dijo Matthew después de unos segundos, pero Hermione lo interrumpió.
-Lo quiero mañana por la mañana.
-Eso es imposible, Rachel.
-No, no es imposible. -dijo Hermione tajantemente. Continuó.- Necesito ver a tu Señor. El viernes estaría bien.
-De eso se encarga Malfoy. Te lo paso.- contestó Matthew, enfadado. No le había gustado lo que había dicho, pero era su trabajo.
-¿Qué tal ha ido el viaje, Rachel?- preguntó Lucius, haciendo un poco la pelota.
-Quiero una cita. El viernes. - contestó ella, pasando olímpicamente de la pregunta de Malfoy padre.
-¿El viernes? Por la noche, ¿no? En la Casa de los Gritos sup…- empezó diciendo Lucius, pero Hermione lo calló.
-Shhh.
Alguien había intentado abrir la puerta del baño. Un sudor frío le recorrió la espalda. Tenía que esconderse, pero ya. Miró los cubículos donde había retretes. No, no iba a meterse allí. Eran del año de los Picapiedra, y por muchas veces que los limpiaran, siempre parecían tener ese color blanco roto, con tonalidades marrones, que prefería no saber de qué eran. No iba a meterse allí, desde luego. Pero cuando alguien volvió a intentar abrir la puerta por el modo muggle, no tuvo más opción. Se metió en el cubículo del medio, e intento no mirar el retrete. Oyó una voz diciendo Alohomora, y entrando rápidamente. Y la puerta cerrarse. Contuvo la respiración mientras con una mano apretaba fuertemente la varita, y la otra estaba encima de su pistola, dispuesta a cogerla rápidamente ante cualquier imprevisto. Oyó a esa persona reírse.
-Eres terriblemente previsible, Rachel. ¿Lo sabías?- dijo en broma una voz que ella conocía perfectamente.
Pum-pum, pum-pum. Sí, su corazón volvía a latir. Soltó el aire que tenia dentro, aflojó la fuerza con la que sujetaba la varita, y su mano, que antes estaba en el muslo, encima de la pistola, volvía a estar en una posición casual.
-Y tú eres terriblemente capullo, Mike. ¿Lo sabías?- dijo ella de mal humor, saliendo del baño.
Mike sonrió. No se esperaba una reacción diferente.
-Deberías tener más cuidado. Si he entrado yo, podría haber entrado cualquiera perfectamente.- observó él, mientras Hermione estaba lavándose las manos.
Hermione le dirigió una mirada asesina, y continuó lavándose las manos. Él suspiró.
-No puedes odiarme toda la vida.- concluyó él, apoyándose en la pared, mientras la observaba.
-Oh, verás… es que si que puedo.- dijo ella sarcástica, mientras se secaba las manos.
-Trabajamos juntos.- sentenció él, después de resoplar.
-Eso no tiene nada que ver. También trabajo con Pettegrew, y ambos sabemos que en cuanto tenga la mínima oportunidad me voy a deshacer de él.
Mike sonrió con amargura.
-¿Vas a matarme a mi también?- preguntó, curioso.
Hermione lo miró con suficiencia, y sonrió con ironía.
-Vaya… eso no le hará mucha ilusión a tu amiga, Ginny. Me tiene mucho aprecio, ¿sabes?- dijo él, como si morir en si no le importara. Intentaba hacerla cabrear, y hacía mucho tiempo que nadie hacía enfadar a Hermione, más que nada por las represalias.
Ella giró su cabeza hacia él, con rabia. Se acercó rápidamente, y le miró fijamente a los ojos, con furia.
-Aléjate de ella.- le advirtió.
Mike esbozó una sonrisa sarcástica.
-Espera que me río. Vas a matarla, pero quieres protegerla de mí. El peligro no soy yo, precisamente.- respondió él, con acidez.
-Aléjate de ella.- repitió ella, sin negar ni afirmar la frase de Mike. ¿Matar a Ginny? No, desde luego. ¿Cómo iba a matarla? No, por el amor de Dios, claro que no iba a matarla. Pero Mike no tenía porqué saberlo.
Mike sonrió, con desprecio.
-No tienes porqué mirarme por encima del hombro, niña. No hay ninguna diferencia entre tú y yo. Yo mato, tú también. Yo miento, tú también. Hacemos lo mismo, así que no me mires con esa cara de superioridad, porque tú no eres mejor persona que yo.- le espetó él, con mucha furia.
Hermione sonrió de la misma manera que lo había hecho Mike. Lo odiaba. Dios, cuánto lo odiaba.
-Hay una diferencia entre tú y yo, Mike.- habló totalmente en serio. Mike se sorprendió, y con un gesto de cabeza la invitó a continuar su teoría.- Tú haces todo esto porque quieres, porque te gusta, porque crees en la pureza de sangre y en todas esas ñoñerías del siglo XV. Porque te gusta sentirte poderoso cuando te piden clemencia para que lo nos mates, porque te gusta tener tú el poder, tener en tus manos la vida de otra persona. Lo haces por pura diversión. Yo lo hago porque me obligan, porque aún cuando no tenía ni idea de lo que significaba todo esto, me obligaron a prometer que apoyaría a mi abuelo siempre. No siento placer cuando mato a alguien, ni cuando lo torturo. No lo hago por diversión.
Él se quedó callado, escuchando atentamente como le llamaban asesino. Hermione tenía cierta razón, sí. Disfrutaba con la sensación de tener en sus manos la vida de otra persona, saber que ellos harían cualquier cosa para salvarse el pellejo. Pero eso no le daba a Hermione ningún derecho para mirarlo con superioridad.
-Pues no lo parece, bonita, porque la última vez que estuvimos juntos en una batalla, disfrutaste bastante.- dijo él, agresivo, mirándola con odio.
Hermione negó con la cabeza. No tenía ganas de discutir, y Harry y Ron se extrañarían de su tardanza. Además, estaba cansada.
-Métete en tus propios asuntos, Michael, y déjame en paz.- finalizó ella la discusión. No quería discutir más.
Pero Mike si. Cuando Hermione se dirigía hacia la puerta, él dijo algo que no tenía que haber dicho. Que nadie que estuviera en sus cabales hubiera dicho. Que nadie que apreciara su vida hubiera dicho.
-Eres una cobarde.- sentenció.
Hermione paró de repente. Y, en cuestión de segundos, Mike tenía una pistola sin seguro apuntando a su sien. Su respiración se paró, y notaba que le temblaban las rodillas. Bajó la mirada para mirar a Hermione a los ojos. Estaba enfadada. Muy enfadada. De un modo tirando a peligroso, a extremadamente peligroso. Él trago saliva, esperando que Hermione se tranquilizara un poco y bajara la pistola.
Ella no tenía pinta de tranquilizarse. Estaba cansada del viaje y de discutir con Mike y con Draco, y lo último que le apetecía era que Mike le dijera cobarde. Hacía años que nadie le decía eso. Y a la última persona, le costó muy caro.
-Retíralo.- exigió ella. La pistola llevaba silenciador, y ella había desbloqueado el seguro.
Mike la miró fijamente. ¿Qué si estaba asustado? Desde luego, claro que sí. Conocía a Hermione lo suficiente como para saber que si tenía que disparar, no le iba a temblar el dedo. Sabía que la había cagado al llamarla cobarde, porque se acordaba perfectamente de aquel pobre desgraciado que lo había hecho. Podías llamar a Hermione de todo, incluso de lo más fuerte y malsonante, pero ni se te ocurriera llamarla "cobarde", porque lo ibas a pagar muy caro.
-Rachel…- pidió él, sin moverse mucho. No quería provocarla más, sólo quería llegar vivo a la mañana siguiente.
-Retíralo.- exigió ella, otra vez, sin hacer caso a la súplica de Mike.
-Rachel… por favor.- suplicó Mike. Iba a retirarlo al ver que Hermione no estaba dispuesta a bajar la pistola, pero de repente oyó algo.
-He dicho que…- empezó diciendo Hermione con el mismo tono de siempre, pero Mike puso un dedo en la boca, dando a entender que callase.
Hermione calló y escuchó, tal y como le pidió Mike con la cara que hiciera. No escuchó nada.
-No voy a repetirt…- de repente, Mike se acercó a ella en una zancada y con una mano le tapó la boca y con la otra la desarmó. La arrastró hacia detrás de la puerta como si moviera una silla, sin ningún tipo de dificultad.
Hermione se deshizo sorprendida de la mano de Mike en su boca y se quejó.
-¿Se puede saber qué coño haces?- preguntó, cabreada.
-Cállate y escucha, joder.- le espetó Mike.
Hermione escuchó y, efectivamente, oyó algo. Un grupo de alumnos hablando. Se estaban acercando. Miró a Mike, que estaba apoyado en la pared, escuchando, y con su pistola en la mano. Estaba dispuesta a pedirle, amablemente, que le devolviera la pistola, pero, entonces, Mike la cogió fuertemente del brazo y tiró de ella.
-¿Qué…?- murmuró ella.
-Vienen hacia aquí.- susurró él.- No digas nada.
Ambos escucharon como las voces se acercaban, y Hermione palideció cuando escuchó a una chica diciendo que iba un momento al baño. Tanto Mike como Hermione contuvieron la respiración cuando la puerta del baño se abrió y oyeron los pasos de una chica yendo hacia un cubículo. Ellos quedaban escondidos detrás la puerta, pero no podían salir ahora, ya que estarían los amigos de la chica esperándola.
Mike giró la cara hacia donde estaba Hermione, que mantenía los ojos cerrados. Sabía que era temerario, que los podían pillar, pero decidió hacerlo.
-No eres una cobarde.- murmuró él, sin mirarla.
Hermione abrió los ojos y lo miró, sorprendida. Conocía a Mike, y sabía que prefería la vida que el honor. Esperó a que Mike la mirara para asentir con la cabeza y sonreír levemente. Oyeron una cisterna y esperaron a que la chica saliera del baño. Contaron hasta treinta y volvieron a respirar con tranquilidad.
-¿Sales tú primero?- preguntó Mike en voz baja, por si acaso.
Hermione asintió con la cabeza, pero no se movió. Se quedaron en silencio mirándose, sin decir nada. Hasta que Mike se dio cuenta del porqué Hermione estaba allí.
-Tu pistola.- afirmó Mike. Hermione asintió con la cabeza, sonriendo. Mike puso el seguro y se la tendió.- Toma.
-Gracias.- murmuró ella cogiéndola y guardándosela.- Espera un par de minutos antes de salir. Nos vemos mañana.
Mike esperó y observó como Hermione salía del baño. Contó hasta 130, y salió. Se encontró el pasillo vacío.
oOoOoOoOoOoOoOo
-Y te como otro peón.- dijo Harry, triunfante.
Hermione rió por lo bajini y escuchó unas risas escandalosas de Ronald, que estaba hablando con Seamus, Neville y Ginny.
-¿Cuántas te ha comido ya?- le preguntó Ron a Hermione.
-Cinco peones, un alfil, dos caballos y una torre.- dijo ella, sonriendo. Al oír la risa de Ron, continuó.- Pero yo le he comido tres peones, dos torres y la reina.
Ron se volvió a reír. Cuando se aseguró que la conversación de Ron, Seamus, Neville y Ginny estaba suficientemente asentada como para que no marujearan la suya con Harry, empezó a hablar.
- Yo quería hablar contigo, Harry.- dijo ella después de mover ficha.
-Esto me suena a algo serio.- dijo él, bromeando, mientras pensaba en el próximo movimiento.
Ella sonrió.
-Me gustaría haber podido hablar contigo este verano, pero mis padres se empeñaron con Austria, y luego fuimos a casa de mis primos en Bristol, y no pude decirte todo lo que quería y quiero decirte.- dijo Hermione antes de que Harry moviera ficha.- Quiero que sepas que estoy aquí. Para lo que sea.
Harry sonrió, y miró a Hermione con cara de circunstancias. Movió ficha.
-Te lo agradezco Herms, de verdad. Pero es que todo el mundo quiere hablar conmigo sobre la muerte de Sirius.- tragó saliva, y volvió a hablar- Todos me han dicho lo mismo, y no me apetece escuchar "tienes que soltarlo" o "hablar te va a ayudar". Te lo agradezco mucho, Hermione, pero no quiero hablar de esto.
Hermione sonrió con amargura. Movió ficha.
-Entiendo perfectamente, porque yo tampoco querría hablar de esto. Y no estoy diciendo que hablar te va a ayudar, o que deberías sacarlo todo. Habla cuando quieras y si quieres. Te estoy diciendo que hables o no hables, voy a estar aquí.- dijo Hermione mirando sus fichas.
Harry sonrió, y se le iluminaron los ojos. Cogió la mano de Hermione con ternura, y la estrechó entre las suyas.
-Gracias.- murmuró.
Movió ficha y le comió el alfil que le quedaba.
-Jaque.
-Sabes muy bien que no era santo de mi devoción, porque me parecía inmaduro y tremendamente infantil para la edad que tenía,- explicó ella mientras pensaba en el juego- pero era una buena persona. Da igual lo que diga Snape, los Malfoy, el Ministro,… quizá no la mejor, pero era muy buena persona, hubiera hecho cualquier cosa por ti. No se merecía morir, Harry. Hubiera hecho cualquier cosa para protegerte, a ti y a los suyos.- continuó- Pero no estás solo, Harry. Me tienes a mí, a Ron, a Ginny, a la familia Weasley en general y a muchos otros. No te sientas solo, porque no lo estás.
Hermione observó la reacción de Harry, y llegó a la conclusión de que Ginny tenía razón. Harry estaba distante, frío pero seguía siendo él. Mientras hablaba, la miró a los ojos, sonriendo de vez en cuando.
-¿Contra quién voy a jugar?- preguntó Ron, acercándose sonriendo.
-Contra Harry.- dijo Hermione, sonriendo, mientras se levantaba dándole el sitio a Ronald.
Hermione se levantó y se despidió de ellos para ir a dormir. Subió las escaleras poco a poco, mientras oía de fondo a os chicos jugando al ajedrez. Entró en la habitación, que la cerró cuidadosamente con llave. Lo primero que hizo, antes de desvestirse, fue guardar la pistola y quitarse los pendientes-talkies. Empezó a desnudarse y a ponerse el pijama. Volvió a abrir la puerta, y se sentó en la cama. Cogió una caja que había guardado en la maleta y buscó unas fotos. Cuando las cogió, las miró. En una, había un chico joven, muy parecido a Sirius con un bebé en brazos, sonriendo y riendo. En otra, el mismo bebé, en brazos de una mujer, muy guapa y joven, morena y de ojos negros, emocionada. En otra, la misma chica de antes, pero el bebé lo cogía un hombre moreno, de ojos miel, también joven, ambos riendo y mirando al bebé. Hermione suspiró al ver las fotos. Las guardó en la misma caja. Y guardó la caja en la misma maleta.
Y esperó que mañana fuera otro día.
¿Os ha gustado? Espero que sí. Intentaré que el próximo capítulo no tarde tanto, de verdad. Haber, creo que es bastante obvio quienes son las personas de las fotos, ¿no?
Besazos enormes a todos los que seguís aquí. Os quiero mucho :)
Nini La (en el fb tengo ese nombre, por si os interesa)
