Colguije

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El crepitar de la chimenea se escuchaba en todo el salón. Dos cuerpos se movían como uno sólo, enzarzados en una batalla infinita. Sin ganador o perdedor, simplemente enlazados compartiendo el mismo espacio. El aire de la habitación volviéndose cada vez más denso, palpable, como si con cada suspiro exhalado éste ganara consistencia.

Un reguero de ropa por toda la alfombra y dos hombres encima de ella. Harry debajo, sentado sobre sus pantorrillas. Draco sentado sobre él, abrazado al cuello de su amante como si su vida dependiera de ello. Moviéndose acompasados a los latidos de ambos corazones, respirando el mismo aire, en un abrazo sensual y profundo. Un último movimiento de cadera por parte del rubio y Harry se tensó, el orgasmo golpeándole en oleadas indescriptiblemente placenteras. Se abrazó a Draco por la cintura mientras este también se tensaba, ambos corriéndose al mismo tiempo, ambos llegando al cielo y bajando en el mismo momento.

Agitados se abrazaron mientras el sudor perlaba sus cuerpos. Tomando bocanadas de aire para no desfallecer por el esfuerzo realizado, respirando profundamente mientras sus fosas nasales se veían inundadas por el olor del otro. Un par de minutos más y Draco levantó un poco las caderas, dejando salir a Harry de su interior. Le abrazó con fuerza y se separó, en busca de aire más fresco y respirable. Se estiró y tomó dos copas y la botella de vino de la cubeta con hielo que había quedado completamente olvidada junto al sofá, mientras que Harry a su lado estiró sus piernas y se recostó hacia atrás en el piso, apoyándose en las palmas de las manos.

Draco sonrió al ver como Harry lo devoraba con la mirada, aún después de haber tenido sexo su novio seguía deseándole, y eso era algo de lo cual a él le encantaba estar al tanto. Deliberadamente inyectaba sensualidad en cada movimiento: tomó una copa, sirviendo algo de vino de forma completamente experta, y la dejó a un lado. Hizo lo mismo con la otra copa y se la tendió al moreno, rozando un poco los dedos de su amante en el proceso, haciéndole morderse el labio con lujuria.

— ¿Te gusta lo que ves? —preguntó el rubio, irguiéndose y elevando la barbilla al tiempo que tomaba su copa para chocarla con la de Harry.

—Sabes que me encantas, Draco —dijo Harry, mientras el tintineo del cristal hacía que se le erizaran un poco los vellos de la nuca. Ambos bebieron de su copa sin dejar de hacer contacto visual, prometiendo de manera silenciosa que luego del receso habría más acción.

Harry tomó el resto de su trago de un tirón y comenzó a revolver el amasijo de ropa cerca de él, aparentemente buscando algo entre los pliegues de su túnica. Luego de un momento al fin dio con lo que buscaba: Un paquetito forrado en terciopelo color rojo sangre. Lo miró un instante antes de llamar la atención de Draco y acercarse más a él para entregárselo.

—Amor, feliz primer aniversario —declaró, colocando el paquetito en una de las níveas manos de su pareja.

—Pensé que habíamos dicho que no haríamos regalos… —increpó este, entre emocionado y apenado—. Yo… no tengo nada para ti.

—Lo sé, lo sé —dijo Harry, restándole importancia con un gesto de la mano—. Es que… esto… No pude evitarlo. No tienes que regalarme nada. Es simplemente un obsequio por ser una persona tan maravillosa.

Draco le miró con ternura, posó una mano en su mejilla por un par de segundos y luego la bajó para abrir el paquetito rojo. Dentro estaba forrado con una seda acolchada, y en medio de eso, un pequeño camafeo de oro en forma de snitch, con una cadena a juego. El rubio lo tomó entre sus manos, leyendo la inscripción en uno de sus lados:

Te amo, D.

H.

—Oh, Harry, es precioso. Esto es… es decir… —se quedó sin palabras por un momento, respirando con dificultad y con lagrimillas asomándose en sus ojos. Era el mejor regalo que alguien le hubiera dado nunca y simplemente no sabía que decir.

—Me alegra que te guste, cielo. Pero aún hay más —aseguró el moreno.

Harry tomó el camafeo entre sus manos y presionó un poco las alas de las snitch, estas se doblaron hacia abajo y dejaron que el camafeo se abriera por la mitad. Había dos fotos dentro de este, una de Draco y otra de Harry, ambos mirándose mutuamente, como la primera vez. Harry le pasó el camafeo al rubio, quién dio un pequeño grito ahogado al ver las fotos.

—Harry, estas son… ¿Son las fotos de nuestra primera cita?

—Ajá —afirmó el moreno, con un asentimiento—, de cuando fuimos a esa feria en Brighton. Las encontré en uno de mis viejos uniformes y decidí hacerte un regalo con ellas. Sé que las querías y nunca las conseguimos. Yo pensé que se habían perdido para siempre pero ya ves q…

A Harry no le alcanzó el tiempo para terminar la idea, pues Draco se había abalanzado sobre él para abrazarle y besarle con total vehemencia. Un beso más y el rubio se quedó prendado del cuello del otro, con la cabeza escondida entre el hombro y el lóbulo de la oreja de Harry.

—Muchas gracias, amor. Es el mejor regalo que me han hecho nunca. No tienes idea de cuánto significa todo esto para mí.

Harry se movió hacia atrás y tomó el mentón de Draco para encararle. Esos ojos color acero que tanto adoraba lo miraban empañados con lágrimas de felicidad. Mientras esos ojos le pertenecieran a él, todo estaría bien en el mundo. El moreno cerró la distancia que los separaba y besó los labios de su amante. Los labios de su amor verdadero. Los labios de su Draco.

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22/06/2013 ~ 23/06/2013

Maye.