Desperté con los rayos del atardecer que ingresaban a través de una ventana. Aquella no era mi habitación. Me senté despacito en la cama para intentar tomar conciencia de donde estaba.

-¿Ya estas mejor? –Inquirió una voz femenina que supe reconocer, era la enfermera del campus.
-Si, lo estoy señorita Kaori.
-Te encontraron unos chicos desmayada a las afueras de la facultad y te han traído aquí por suerte.
-¿Desmayada? –La miré absorta -¿no había un joven ahí, un chico de cabellos rubios? –Inquirí confusa.
-No había nadie más allí.
-Pero… -balbucee, entonces ¿todo había sido un sueño?
-No deberías venir a cursar si estas enferma Hinata Hyuuga. –La mujer me acarició el rostro para ver si tenía temperatura y luego me acomodó el cabello.
-Yo… no lo estoy… es…
-Creo que se reconocer cuando alguien esta enfermo y cuando no, no soy una novata sabes. ¿Tienes cáncer verdad?
-¿Cómo lo sabe? ¿Es decir e evitado hablar de ello?
-Evitar no sirve de nada, debes hacer frente a tus problemas muchacha; además he visto unos medicamentos en tu valija mientras la revisaba.
-¿Usted reviso mis cosas? –Inquirí enojada.
-Si, ya que estaba a punto de llamar a alguien para que viniera por ti pero te haz despertado antes. Las clases en el campus casi han terminado y no puedes permanecer aquí. Deberías ir a un hospital o recostarte en casa, los efectos de la quimioterapia son agotadores y dolorosos.
-No se preocupe iré directamente a casa ¿Qué hora es?
-Son más de las siete de la tarde –mirando su reloj – ¿Quieres que llame a tú medico?
-Claro que no, ya estoy mejor, el descanso me ha caído de maravilla.
-¿Quieres que te pida un taxi o que llame a alguien para que venga a recogerte? –Inquirió preocupada.
-No estoy bien, gracias por haber cuidado de mi señorita Kaori.
-De nada…

Si bien aún estaba algo adolorida y confusa me espabilé como pude y recogí mis cosas con rapidez. Salí de la enfermería tan abruptamente, que una vez fuera, tuve que sostenerme de uno de los muros de aquel extenso pasillo para no caerme.
Tomé el celular de mi valija mientras el anochecer se abría paso en el predio, y la luna, iluminaba el amplio césped del jardín de la facultad.
Tenía varias llamadas perdidas de Yuki. Seguramente se habría preocupado por mí al no ir a trabajar; tenía que darle una buena excusa para que no corriese como desesperada a casa.
Mientras marcaba su número de celular pude oír unos pasos a mi espalda. Me giré con rapidez pero no pude percibir a nadie allí ¿Sería el viento?

-¡HINATA! ¿Dónde diablos te has metido? Estuve muy preocupada por ti y no lograba comunicarme por celular ¿Para que diantres tienes teléfono si no lo contestas? ¿Qué te pasó? ¿Estas herida? ¿Discutiste con Sasuke? ¿Estas enferma? –La batalla de preguntas interminables me hizo estallar en risas.
-No Yuki, no me ha pasado nada. Simplemente tenía que cursar unas materias y hacer unos trabajos y como estaba sin batería en el teléfono no pude ver las llamadas hasta ahora; lo lamento amiga.
-¡Rayos Hina! Me preocupaste tanto que puse a todo el mundo en tu busca.
-¿De que hablas? –Exclame sobresaltada.
-Nada, simplemente me preocupe. Me alegra que estés bien Hinata ¿Estas en tu otro trabajo? –Pregunto su vocecita con inquietud.
-Si, lo estoy… tengo que dejarte aquí hay mucha gente y tengo que atenderlos.
-Yo te pagaría extra con tal de que te quedes aquí solamente. –El comentario me causo risa.
-No importa cuantas horas nos veamos al día siempre seguiremos siendo amigas sin importar lo que pase.
-¡Claro! –grito eufórica.
-Te dejo, cuídate mucho Yuki.
-Igual, te veo mañana que duermas bien.
-Adiós…

Cuando corte el teléfono me sentí una miserable. Yo decía ser su amiga y le mentía con tanto descaro. Respiré profundo y continúe el paso. La parada de autobuses no estaba tan lejana.

-Que precioso sueño… Naruto se veía tan hermoso, tan resplandeciente. Realmente me hubiese gustado estar ahí con él… que ese sueño fuera tan real como este estúpido dolor de piernas –proclame frotando mis piernas adoloridas por la corta caminata.

Me acerque a la parada, mire el reloj, serían casi las ocho de la noche. Por suerte la primavera había arribado pero aún se sentía el frío con intensidad durante la noche. Me senté en una banca y volví a frotarme las piernas. Otro sonido perturbador sacudió unos arbustos cercanos con tanta fuerza que me asustó. Un escalofrío potente me agito el alma forzándome a pararme con rapidez. Miré aquel arbusto zarandearse por fuerza e impulso propio. Me estremecí sabía que alguien estaba allí.
Camine hacía atrás, baje la vereda y me paré en la calle. Estaba asustada, sola y sin fuerzas suficientes como para huir de allí con rapidez. El arbusto volvió a batirse con fuerza en medio de la oscuridad. Me sumí en el pánico más absoluto. De repente unas luces incandescentes me alumbraron en medio de la calle, y una bocina ensordecedora me impulso a arrojar mis libros a la calle y a cubrirme el rostro con espanto.

-Se puede saber que haces parada en medio de la calle… ¿Acaso buscas llamar la atención o suicidarte? –Interrogó una voz impasible.
-¡Lo siento señor! –Exclamé con fuerza al darme cuenta de la estupidez que había cometido. –Discúlpeme… es que… bueno… yo… -me aleje de la radiante luz delantera del coche hasta poder ver el rostro de mi "casi" agresor- ¡Sasuke! –Exclame a toda voz.
-¿lo haces a propósito?
-¡QUE! No, claro que no, yo solo… estaba esperando el colectivo y… -me aproxime a la ventanilla para verlo mejor -Lo lamento es que oí unos ruidos y me asuste y entonces apareciste tú y… -estaba tan nerviosa que sentía que hacía un trabalenguas ¿Por qué rayos tenía que estar nerviosa?
-Sal de frente de mi coche… -dijo con cierto enojo.
-Si, claro… déjame recoger mis cosas… -levantando todas mis chucherías desparramadas en el asfalto. –Sasuke… podrías… -Otra vez estaba nerviosa, pero también estaba asustada era de noche y no había ni un alma pululando por la calle. -¿Podrías llevarme un par de cuadras, hasta la siguiente parada? Esta más iluminada y hay más gente que aquí en el campus… yo… te pagaré -buscando la billetera en el interior de mi bolso.
-¿Acaso soy un taxi? –Contesto de mala manera. Lo miré con tristeza; había olvidado que yo nunca le había caído bien, sobre todo tras enterarme de la manera más bochornosa que solo me trataba por una apuesta con sus amigos.
-No… perdona…

Agache la cabeza, prendí la hebilla de mi valija y comencé a caminar rumbo a la siguiente parada de autobuses. No tenía mucho caso andar sola por aquellas calles desiertas pero al menos intentaría llegar sana y salva a mi destino.
Sasuke arranco el coche y acelero hasta que lo perdí de vista en la siguiente manzana. Me sentí triste y deprimida. No solía tener problemas con nadie, pero no se puede caerle bien a todo el mundo, aún que internamente Sasuke ya no era como todo el mundo y eso era lo que rasgaba mi corazón.
No llegue a cruzar la calle continua cuando nuevamente otra zarza se zarandeo y pude oír con claridad el chasquido de unos pasos en la vereda. Me asuste, ahora más que nunca necesitaba salir de allí, escaparme.
Corrí hasta que mi cuerpo se agotó y dejó de responderme. Traté de detenerme para recuperar el aliento pero los pasos se aceleraron al igual que mi corazón. Intenté echar un vistazo por sobre mi hombro pero una sombra negra arremetió contra mi endeble cuerpo y me tumbo despiadadamente sobre la acera.

-¡DAME LA CARTERA ZORRA! –grito con fuerza.
-¡No tengo dinero! Solo son útiles y cuadernos ¡No tengo nada! –Sujetando mi valija para evitar que la misma fuera expropiada.
-¡Te dije que me la des estúpida! –Grito y esgrimió un fuerte cachetazo que me tumbo con fuerza golpeando la cabeza contra el piso. –¡Aquí no hay nada! – volteando la valija y tirando, libros, cuadernos, celular y mis frascos de pastillas. -DAME EL DINERO. –Insistió mientras me daba un puntapié en el estomago.

Grite adolorida. Le di el celular, y la cartera pero parecía que no estaba muy conforme con aquellas pequeñeces. Mientras me golpeaba y zarandeaba sobre la vereda cerré mis ojos y trate de concentrarme en algún recuerdo maravilloso, uno de esos que te iluminan el alma y el corazón. Mi cuerpo endeble, adolorido y desgastado recibía aquel tortuoso maltrato mientras que mi espíritu había volado hacia él, hacia su recuerdo, hacia su cabello, sus labios, sus preciosos ojos y su compungido mirar.
Traté de sonreír mientras recordaba su rostro escueto y su pálida piel. Había visto ese rostro, yo lo recordaba de otro lugar, pero por más que mi mente busco aquella añoranza el fuerte dolor en la boca de mi estómago y el moretón de mi cara causaron en mí una sobredosis de realidad.
El tipo corrió, quizás se canso de pelear por nada, quizás me creyó muerta, no lo sé. Arrojo la valija y corrió con celular en mano. Pude percibir una luz encandilarme mientras intentaba incorporarme. Así mi valija del suelo e intenté guardar mis libros y apuntes en el interior de la misma.
Todo el cuerpo me dolía, pero no más que antes. Me limpié como pude un borbotón de sangre de la boca y continué con mi cometido.

-¡HINATA! –grito con desesperación. Intenté mirarlo pero apenas podía distinguir la figura difusa en aquella incandescente claridad. – ¿Estas bien Hinata? –inquirió asustado.
-Sasuke… -pronuncie a media voz tras distinguir su mechón de pelo.
-¡MALDITO DESGRACIADO! –sentenció eufórico.
-Descuida no es nada… -dije intentando levantarme de aquella acera, pero cuando intenté mover mi cuerpo completamente un fuerte tirón me obligo a caer, y no solo eso, mi vista comenzó a dar vuelta.
-No te esfuerces… - fue lo ultimo que recuerdo de aquella odisea.

Desperté en un hospital unas horas más tarde. Para mi sorpresa mi médico hablaba con Sasuke; una de las enfermeras se aproximó y me sonrió reconfortada.

-Ya estás despierta linda…
-¿Dónde, como? …
-Tuviste suerte, solo tienes unos moretones, tu novio te encontró a tiempo y te trajo. Tienes suerte de tener a alguien que se preocupe tanto por ti.
-¿Preocuparse por mi? ¿Mi novio?...
-Si el chico guapo de cabello oscuro ¿es tu novio verdad? Será mejor que descanses.
-Pero… -No me dejó aclarar aquel mal entendido pues se alejo con prisa a atender a otro paciente.
-¿Cómo esta Hinata? –Inquirió mi medico quien se aproximó a mi tras verme meditativa y confusa.
-Doctor Noriko ¿usted trabaja aquí? –Sasuke permaneció junto al medico y su atento mirar hacía que perdiera completamente el enfoque de la conversación.
-en mis ratos libres, que son pocos… -El doctor Noriko sonrió pero yo no había entendido ni un tercio de la conversación. Me frote la cabeza y la sien izquierda solo para descubrir que la misma se hallaba cubierta de vendajes. –No se toque la cabeza.
-¿Pasó algo malo? Es decir… -guardé silencio y baje la cabeza confusa y mareada.
-No, unas contusiones leves pero con reposo y muchos cuidados estará bien en poco tiempo. Hicimos una tomografía solo para cerciorarnos de que no hubiera lesiones internas; también he podido constatar que el tumor no ha crecido en este último mes.
-¿En verdad? –lo miré conmocionada.
-Si, le daré el alta para que puedan ir a casa; intente descansar y deje que la mimen mucho, se lo merece después de haber vivido una experiencia tan horrible. –El doctor Noriko me sonrió y acaricio mi mejilla sana mirándome con picardía y ternura.
-Pero yo vivo sola… -dije a media voz.
-Lo hago responsable por su bienestar. –El doctor le palmeo el hombro a Sasuke y se fue canturreando hasta que desapareció de mi vista.
-Lo siento… el doctor se confundió… -exclamé destapándome y levantándome de aquella cama. Ni bien puse los pies en el suelo sentí un profundo mareo que me obligo a sentar.
-Tómalo con calma Hinata… -Sasuke tomo mi abrigo de una silla junto a la cama y lo coloco sobre mis hombros. Lo mire a los ojos, pero tras verse observado aparto su rostro con vergüenza.
-Gracias…
-No debes agradecerme… -sentenció con enfado –Si yo te hubiese llevado a tú casa nada de esto te hubiese pasado –dijo sin mirarme.
-No había forma de que supieras lo que pasaría así que no debes atormentarte. –Dije intentando pararme. Sasuke, ante mi asombro, me rodeo entre sus brazos estrechándome con delicadeza.
-¿Por qué no me dijiste que estabas enferma? ¿Por qué te guardas un secreto tan doloroso? ¿Por qué Hinata?
-¿Por qué te interesaría una moribunda a quien usaste de apuesta? –No pensé mucho esta respuesta, pero internamente me dolía sus desplantes y eso último aún me torturaba.
-Hinata… -Mi miró a los ojos con dolor y tristeza, y era tan profunda que conmovió mi corazón.

¿Por qué rayos no lograba entender a este hombre? Me sacaba de todos mis esquemas y ensueños de princesa en peligro, y además lograba convertirse con gran facilidad en el ogro más pestilente, horroroso y tierno del mundo.
-Será mejor que busque un taxi… -apoderándome de mi abrigo e intentando ponérmelo como corresponde.
-¿Yuki lo sabe? –Inquirió.
-¡NI SIQUIERA TE ATREVAS A DECIRSELO! –formule enfadada.
-No lo haré… si es lo que quieres…
-Bien… -tomando de la silla mi maltrecha valija.

Lo aparté y camine como sonámbula por los pasillos del hospital. Sentía que mi cuerpo se tambaleaba pero nunca llegaba a caer pues él me sujetaba con firmeza.
Una vez fuera quise hacer una señal a un taxi pero el me alzo en sus brazos aún en contra de mis refunfuños y reclamos.

-Le dije al doctor que no te dejaría sola y pienso cumplir con mi palabra. –Bufó mientras me depositaba con suavidad en su coche.
-¡Ya te dije que no necesito que me lleves puedo ir en taxi! –Exclamé.
-Silencio solo relájate… -mirándome con algo de picardía.
-¿Qué rayos pretendes? –Inquirí espantada.
-Nada… ya oíste al doctor Noriko dijo que dejes que te mimen.
-No necesito de tu caridad. –sentencié enfadada mientras se colocaba el cinturón de seguridad y me miraba desafiante.
-Lo sé…

Arranco el coche y manejo casi media hora; grande fue mi sorpresa al percatarme de que las calles por las que conducía no eran para nada parecidas a las de mi viejo barrio. Estábamos entrando a una de las mejores zonas de la ciudad lo cual me recordó a Konoha; las luces, la gente, el ambiente era equiparable a la primaveral ciudad que me vio nacer.

-¡Por aquí no se llega a mi apartamento! –mirando como embelesada aquel juego de luces y sombras esbozadas en las calles.
-Eso es por que no vamos a tú casa…
-¿Cómo que no? –lo miré desconcertada y enfadada.
-Vamos a la mía
-¡QUE!

No hubo mucho pataleo que pudiera hacer, pues antes de iniciar una escandalosa indignación por sus actos, nos situamos frente a un amplio enrejado que se abrió tras insertar una tarjeta y código de seguridad en una sofisticada ranura.

-Bienvenido señor Uchiha, que tenga usted buenas noches. –contesto aquel aparatejo cambiando su luz de roja a verde.

Un amplio estacionamiento era la base de un conglomerado de apartamentos de primer nivel. Miré con asombro aquel lujoso edificio alzarse señorialmente y con mucha elegancia, irrumpiendo en el cielo nocturno.

-Ya llegamos.
-¿Llegamos a donde? –dije atónita.
-A mi casa claro está –bajando del coche.
-Claro a su casa… -balbucee deslumbrada y confusa.

Sasuke me ayudo a bajar del coche y caminamos hasta el elevador ubicado en el centro del estacionamiento, volvió a colocar la tarjeta en una ranura y el elevador se abrió apresuradamente.
Ingresamos a su interior, el mismo brillaba y resplandecía. Sus paredes de cristal plateado reflejaba ahora mi figura. Me recordaba a mi infancia, yo había nacido en este lujo, un lujo que había dejado atrás pero que aún yacía en mi esencia.

Flash Back…

-Hinata, pequeña, recuerda no revolverle a papá todo su escritorio hija. Es un hombre muy ocupado y si nosotros hacemos lio en su oficina lo retrasaremos y no iremos a pasear como él nos ha prometido ¿Entendiste Hinata? –esbozo la figura femenina de largo cabello oscuro y de precioso mirar perlado.
La pequeña de solo tres años no parecía haberle prestado demasiada atención, pues estaba concentrada en aquel reflejo de su figura devuelto por el cristal del elevador.

-¡Hola querida! –expreso una voz masculina con emoción.
-¡Hiashi cielo! –la joven mujer corrió a su encuentro. –Tengo que contarte una noticia maravillosa. –expreso la mujer con satisfacción.
-¿En verdad? –Asiéndola por la cintura mientras caminaban juntos rumbo a la oficina.
-Serás padre nuevamente Hiashi ¡Es una noticia maravillosa! ¿No crees?
-¡Te amo Sayuri! –besándola tiernamente.
-¡VAMOS HINATA NO TE QUEDES EN EL ELEVADOR! –grito aquella figura masculina con severidad tras ver que su pequeña hija aún permanecía en su interior.

Fin de Flash Back…

-Vamos Hinata no te quedes en el elevador –Sasuke me miró con atención al percibir que yo no lo seguía.

Me acerque a él. Que era toda esa escena dibujada en mi mente. No recordaba haber vivido algo como eso, de hecho no recordaba mucho de mi infancia, pero eso era normal ¿o no? Los niños no suelen recordar mucho su infancia.
Para mi sorpresa aquel apartamento no era ni pequeño ni modesto, tan solo la puerta frente al elevador señalaba el ingreso al piso en donde el pelinegro vivía

-Bienvenida a mi humilde hogar…
-¿Qué tiene de humilde?

Contemple aquel maravilloso ambiente circular. Una amplia sala de estar engalanada con alfombras blancas, dos amplios sofás de terciopelo blanco ubicados en el centro de la sala. Una preciosa lámpara de techo colgaba elegantemente dejando caer en espiral una serie de cristales transparentes que embellecían aquellos destellos de luz desprendidos de seis potentes focos centrales. Un enorme ventanal al fondo de la sala dejaba entrever el balcón y las luces parpadeantes de la ciudad y una bella mesa de cristal junto al mismo.
Había cinco puertas allí de color marfil y bordes plateados, varios cuadros en las paredes, algunas repisas y otras extravagancias de la gente adinerada.

-¡Vaya es increíble! –repetí azorada.
-Puede ser pero dudo mucho que se compare con la casa Hyuuga. –Sasuke sonrió cínicamente.
-¡Haz vuelto hermanito! –Exclamó una voz masculina –Y por lo que veo no has regresado solo.

Miré aquel sujeto aparecerse de sopetón en la sala. No podía creer lo que mis ojos vislumbraban. Su cabello, sus ojos, su rostro, era tan parecido a Sasuke que me resultaba escalofriante. Claro esta que se veía mucho más adulto y con un aura tan pacifica y mística que por un momento creí que lo conocía.

-Hola Itachi… -Exclamó Sasuke depositando sus cosas en un armario oculto tras una de las cinco puertas.
-Es un placer volver a verte señorita Hyuuga… -sentenció tomando mi mano derecha y besándola con dulzura.
-¡Oye! –Sasuke lo miró con enfado.
-¿Nos conocemos? –inquirí alagada, pero el chico solo se limito a sonreír.
-Veo que esta mal herida…
-Si me asaltaron y… bueno… no pudieron sacarme mucho…
-Eso es más extraño aún…
-¿Qué quiere decir?
-¿Pues alguien como usted sin nada? Es raro…

Por un momento creí que me hablaba en código, pero lógicamente se refería a lo que por derecho me pertenecía como una Hyuuga.

-Hinata se quedará con nosotros un tiempo. –Sasuke se desplomo exhausto sobre uno de los sofás.
-¡QUE! –En ningún momento le había dicho que viviría en su casa.
-Ya veo… pero eso supondrá un problema con tus demás… "deberes"
-¡Claro que no! –Sentenció rotundamente ante lo cual Itachi solo rió.
-Pues no es necesario que se preocupe, si es tan amable de pedirme un taxi me iré a casa.
-¿Y con que pagarás el taxi Hinata? –Sasuke sonrió maliciosamente. –Además no es bueno que estés sola, al menos por un tiempo.
-¡YA DIJE QUE NO QUIERO TU AYUDA NI TU LASTIMA!
-Parece que tiene carácter… -Itachi sonrió. –Creo que los modales de mi hermanito no han cambiado para variar… pero él tiene razón, será mejor que esta noche descanse aquí y si lo desea mañana mismo la llevaré a su casa.
-¡No te inmiscuyas en esto Itachi! –grito Sasuke.
-Ya oíste a la señorita no desea quedarse aquí contigo y la verdad no la culpo.
-¡Ya basta! –refunfuño el menor de los Uchihas. -¿Hinata quieres cenar algo?
-La verdad es que tengo hambre… -acariciando mi adolorido vientre.
-Están de suerte Mathilde dejo algo hecho en el refrigerador. –Afirmo Itachi con entusiasmo. -¿Y donde dormirá la señorita Hyuuga? –Mirando a su hermano tildarse mientras se fugaba rumbo a la cocina.
-Conmigo… -Profirió con rapidez entrando por otra de aquellas puertas.
-¡QUE! –dije exaltada mientras Itachi se limitó a reír cínicamente.

Permanecí dos días en casa de Sasuke. No pude por ningún motivo fugarme de aquella lujosa residencia; al principio me sentía una prisionera, pero conforme pasaba el tiempo podía notar con toda claridad la sensación de bienestar y protección que no sentía desde que había dejado la casa Hyuuga y a mi hermana Hanabi. De alguna manera era como estar en familia.
Dormía en el mismo cuarto que Sasuke, el cual era amplio y tan llamativo como el resto del piso. Claro esta que rehusé completamente dormir con él y termino por alojarse en un sofá en su cuarto con tal de que durmiese tranquila.
Después de aquella salvaje odisea en la facultad, Yuki se enteró irremediablemente de lo ocurrido, pero tremenda fue su sorpresa al saber donde había ido a parar tras el hecho. A pesar de sus refunfuños y miradas altaneras para con Sasuke, la muchacha, me trajo una muda de ropa y otros menesteres so pena de plagiarme esa misma semana; le parecía intolerante que yo viviese con ese ser despiadado y sin corazón del cual "supuestamente" había quedado prendada.
Me levante al alba. Mis tratamientos habían sido pospuestos por unos días lo cual me permitía sentirme con mayor energía y lucidez. El cuerpo no me pesaba y no me veía indispuesta por aquellas nauseas matutinas. Realmente se sentía como renacer.
Me vestí rápidamente mientras Sasuke aún dormía, profundamente, acurrucado en aquel incomodo sofá. Sus mantas habían caído al piso seguramente durante la noche. Sus suspiros y aquel suave ronroneo que producía al respirar me estaban volviendo completamente loca ¿Y si Yuki tenía razón? ¿Y si yo ya había caído presa de un sentimiento mucho más profundo por él? Quizás haber soñado con Naruto era la despedida que necesitaba mi corazón para abrirle las puertas a un nuevo sentimiento ¿Cómo podía ser eso verdad?
Yo amaba a Naruto o al menos aquel sentimiento aún persistía en mi corazón y por otra parte Sasuke era un hombre impredecible. No sabía que sentía él en realidad. Yuki tenía razón, se había comportado como un patán el ultimo mes, y me había dejado muy en claro que yo formaba parte de un subterfugio contra el aburrimiento. Una apuesta, eso era simplemente para él.
Levante las cobijas del suelo y lo cubrí con delicadeza. Podía un hombre poseer su belleza y sus encantos. Sin duda era un ser que crecía libre y sin restricciones ¿Por qué alguien así desearía tener algún tipo de relación con una mujer corriente y sin ningún talento?
Suspiré hondo, no tenía muchos deseos de pasar la mañana deliberando tonterías y por otro lado Yuki tenía razón, él me había lastimado mucho e inhumanamente. Recogí mis cosas con cuidado y destreza, en mi modesto bolso, y salí en silencio de su habitación.

-¡Buenos días! -sentenció una voz masculina a mis espaldas -¿Ya te vas?
-Itachi… -proferí algo asustada al verlo –Si, quiero regresar a mi casa; además ya han hecho mucho por mi estos últimos días y mi intención no es abusar de su hospitalidad.
-Ya veo… -dijo mirándome de arriba a bajo –al menos ven a desayunar.
-Preferiría irme antes de que Sasuke despierte.
-Después del sexo rara vez se despierta temprano, así que desayuna conmigo –El chico sonrió pícaramente.
-¡NO! ¡Nada pasó entre tu hermano y yo! –mi corazón se acelero por un momento queriéndose fugar de mi pecho y mis mejillas ardían acaloradas.
-¿Estas segura? –volviendo a reír.
-¡Por supuesto! Yo jamás estaría con él, de hecho ni siquiera se por que me ayuda. Jamás congeniamos en lo absoluto. –dije finalmente cabizbaja y evitando su atenta mirada
-Bueno ciertamente no lo parece… pero en fin olvida lo que dije ven a desayunar y deja que el tronco siga durmiendo.
-Pero…
-Recuerda que sin "esta tarjeta" –manipulando aquel objeto entre las manos –no puedes irte Hinata. No seas testaruda desayuna algo hice unas tostadas deliciosas.

Lo seguí resignada hasta la mesa de cristal situada frente al enorme ventanal. La vista de la ciudad era exquisita y sin dudarlo ver un tímido sol posarse en el este era una de las maravillas más colosales de la creación.
La mesa estaba discretamente arreglada; un bonito mantel de color marfil, un florero con rosas frescas, una preciosa vajilla de té, dulces, mermeladas, mantecas, quesos, jugo, toda una batahola de ingredientes preparados para ser consumidos yacían sobre aquella mesa.

-Sírvete lo que gustes.
-Gracias…
-¿Puedo preguntarte algo Hinata? –inquirió el chico mientras revolvía su taza de té.
-Supongo que sí.
-¿Por qué estas aquí?
-¡Por que tú hermano me trajo a la fuerza! –exclamé con desprecio, ante lo cual Itachi rió.
-No me refiero a eso, me refiero a ¿Por qué te fuiste de Konoha? Estas lejos de tú hogar, tu vida, tu familia, has dejado mucho atrás.
-Quería estudiar…
-Pues eso podrías haberlo hecho allí y sin embargo aquí estas, pasando toda clase de dificultades y penurias.
-Necesitaba cambiar el aire, me explico… necesitaba darle un vuelco a mi vida.
-¿Te sentías insatisfecha?
-Algo así… -Lo miré mientras devoraba una tostada. –No es que no estuviera conforme con toda mi vida en Konoha pero… necesitaba huir… dejar el pasado atrás.
-¿Y lo has logrado? –preguntó con suspicacia.
-Aún no… ¿y ustedes porque están aquí? Sasuke dijo que eran de Konoha.
-Si, así es… son pocos los Uchiha que aún viven en la villa, la mayoría hemos decidido explorar los continentes y aquí nos tienes.
-Son solo ustedes dos… es decir y sus padres… -tras haberlo preguntado me arrepentí pero ya no podía retirar lo dicho. Por lo que había podido observar en los últimos dos días no había fotos de los padres de Sasuke e Itachi y lo más notable era que tampoco había fotos de ellos cuando eran pequeños; eso me resultaba raro y misterioso.
-Mi madre murió cuando Sasuke era un niño y mi padre… -Itachi rió con algo de sarcasmo. –Mi padre jamás se intereso mucho por sus hijos. Siempre fue una persona controladora y eso fue algo que nunca pudo imponerme. Cuando mamá murió traje a Sasuke a vivir conmigo, fue toda una experiencia hacerme cargo de un niño con tan solo dieciocho años, pero no estaba dispuesto a permitir que le arruinara la vida a mi hermano como lo hizo con mi madre. –El rostro de Itachi se tornó severo tras esta declaración.
-¿Entonces vivieron solos desde hace mucho?
-En realidad no pude tener la custodia completa de mi hermano puesto que mi padre tenía plena potestad sobre él, por tanto Sasuke permanecía en Konoha la mayor parte del tiempo y venía conmigo en vacaciones o durante las festividades, digamos que nos hacíamos compañía mutua, pero a él le gustaba mucho estar en Konoha.
-¿Quería estar con su padre?
-No, que va. Siempre lo respeto, incluso más de lo que el viejo se merece. Pero no era esa la circunstancia por la cual él permaneciera tanto tiempo allí.
-¿Y entonces? –realmente aquella historia me había atrapado ahora entendía algunas cosas más sobre estos dos extravagantes jóvenes de la alta sociedad.
-Pues… -depositando la taza de té sobre un pequeño platito – Sasuke tenía sus amigos allí y había una niña que le gustaba.
-¿En verdad? no parece la clase de hombre que se enamore. –tras mi afirmación el chico rió.
-No se puede amar a alguien cuando ya tienes a una persona en tu corazón.
-¿Y que paso?
-Ocurrió un accidente y por lo poco que supe la niña murió. Fue una conmoción muy grande para él. Después de eso las cosas ya no fueron las mismas; cuando cumplió doce años se vino a vivir conmigo.
-¿O sea que abandono todo al igual que tú?
-Bueno casi todo… aún guarda mucha relación con mi padre, más de lo que yo le aconsejaría, pero en fin es esa su decisión.

En ese preciso momento el timbre comenzó a sonar y varios golpes en la puerta irrumpieron aquella amena conversación. Itachi se levanto con rapidez para observar por la mirilla de la puerta. El chico permaneció estático y pensativo unos segundos.

-¿No vas a abrir Itachi? –Inquirí tras verlo dudar frente al umbral de la puerta.
-Ven conmigo Hinata. –sujetando fuertemente mi brazo derecho.
-¿Qué ocurre? –contemplándolo azorada.
-Nada malo, solo espera en mi habitación por favor y no salgas de allí.
-¿Pero que ocurre Itachi? –pregunte asustada.
-Solo aguarda allí quieres –entregándome mi bolso y cerrando la puerta tras de si.

El chico partió con rapidez dejándome bastante confusa. ¿Qué rayos estaría pasando ahora? Eche un rápido vistazo a la habitación; al igual que la de Sasuke ambas eran amplias y muy cómodas. Varias estanterías lucían algunas fotos que llamarón mi atención, pero antes de que pudiese echar una ojeada pude oír gritos provenientes de la sala. Me aproxime a la puerta y la entreabrí apenas para poder observar aquel alboroto.

-¿Acaso no pensabas abrirme Itachi?
-¿Por que no querría recibirte Karin? –Inquirió con tranquilidad. Para mi sorpresa aquella pelirroja malhumorada estaba en el departamento de Sasuke.
-Ya se que no me tienes mucha estima y déjame decirte que el sentimiento es mutuo ¿Dónde esta Sasuke?
-¿Por qué no lo buscas con tu GPS? De seguro le has puesto un rastreador ¿no es así?
-¡Que gracioso eres! –haciéndole burla. –Sasuke ha estado huidizo últimamente y necesito hablar con él quiero que terminemos de hacer los planes para la boda.
-¡Boda! –tras aquel alarido me tape la boca con ambas manos ¿Acaso me habría expuesto?

Continuará...