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Advertencias: Uso de nombres humanos para los personajes.

Declaimer: Ninguno de los personajes de Hetalia me pertenece, son propiedad de Hidekaz Himaruya (salvo obvias excepciones) yo solo los utilizo aquí con fines de entretenimiento y sin afán de lucro.


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No. 4:

SECRETOS DE FAMILIA

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Antonio Fernández era famoso en toda Initium por su labia y su buen ánimo aprueba de tragedias, cualquiera hubiera jurado que vivía sin preocupación alguna. Era jefe del sindicato de obreros más fuerte de la ciudad y regenteaba varios casinos. Solía además, usar su poder para beneficiarse a sí mismo y a su familia, pero aunque muchos lo sabían, pocos tenían pruebas concretas y…nadie en absoluto, se hubiese atrevido a denunciarlo. Porqué Antonio no sólo era un líder sindical corrupto y/o empresario del vicio, también era un mafioso de closet y uno de los nietos del "Gran Roma". Así las cosas, resultaba suicidio enemistarse con Antonio. Quien seguía usando su poder y encantos naturales, para apoyar los negocios turbios de su familia.

Antonio solía ganar mucho dinero, pero por alguna extraña razón nunca le alcanzaba. Muchos decían que se debía a las partidas de póquer que acostumbraba jugar todos los viernes, pero lo cierto es que casi nunca perdía en ellas. Otros aseguraban que gastaba demasiado en cabarets y casas de citas, pero la realidad es que el dueño, Francis, nunca le cobraba por usar esos "servicios". Así qué, ¿en qué rayos se le iba el dinero?

Sus conocidos no se atrevían a preguntarle y sus primos daban por hecho que lo perdía en las apuestas, sólo su abuelo sabía la verdad, ese secretó que Antonio cuidaba más que a su vida y que le consumía casi todos los ingresos.

- ¿No te estarás drogando, o si? - le pregunto un día su hermano mayor, Paulo, y Antonio tuvo que convencerle de que eso no estaba pasando - ¿Entonces porque jamás tienes dinero?

- Tú sabes, se me va en el póquer, soy un hombre débil ante esos vicios - respondía Antonio como de costumbre. Amaba mucho a su hermano, pero no le contaría su secreto, no podía arriesgarse.

Lovino también le reclamaba sobre sus derroches.

- Si no sabes jugar, mejor no apuestes, bastardo.

Y Antonio sólo sonreía y le seguía el juego.

Pero llego el día en que le surgió un grave pendiente, había estado con su médico para la revisión anual de salud. Los estudios fueron muy terminantes y Antonio se paso toda la semana dándole vueltas y vueltas al asunto. Nunca se había planteado lo que haría si su vida estuviera próxima a acabarse, no tenía ningún testamento, tampoco planes que salvaran sus pendientes. Tal vez era momento de preocuparse por el futuro, él no podría vivir eternamente. Acosado por estas ideas, arribo al día siguiente en casa de su abuelo y durante los días que prosiguieron ambos se encerraron en su despacho. Antonio quería dejar todos sus asuntos en orden y asegurarse de que su secreto estuviera a salvo si algún día moría, pues su abuelo mismo era más anciano y podría morir en cualquier momento.

- Tal ves debas decírselo a tu hermano - le recomendó Máximo.

- No lo sé, podría ser peligroso.

- ¿Acaso no confías en el? - y el anciano lo escruto con la mirada.

- No, no eh dicho eso, es sólo que...

- Tienes miedo - no era una pregunta. Antonio sólo se encogió de hombros, no valía la pena negarlo, tenía pavor, más de lo que hubiese tenido a ningún enemigo.

- Sabes - comenzó el abuelo - Los padres quisiéramos estar allí siempre para proteger a nuestros hijos...

Y los ojos del "Roma" lucían vacíos, como perdidos en el recuerdo.

- Hmp, no se sí me merezco ese título, abuelo. Yo jamás eh estado "allí". Nunca eh sido un buen padre.

- Bueno, supongo que no te darían una medalla a la excelencia Toñito. Pero al menos no los abandonaste como muchos.

- Quien sabe, ellos deben creer que los mande lejos para no verlos.

- Pero tú sabes que eso no es cierto y las madres de ellos lo saben también. ¿Crees que les digan lo contrario?

Antonio prefirió no contestar eso, no quería ser malpensado pero...

- Antonio, la vida en este negocio no es sencilla. Uno tiene que tomar muchas decisiones difíciles, algunas de ellas demasiado duras.

- Sólo lo dice porque soy muy cobarde...

- No creo eso, en serio que no. Un hombre cobarde no habría podido hacer lo que tu hiciste. Y aunque no apruebo que seas tan mujeriego o que no te casarás con ninguna de tus amantes, puedo decirte que estoy orgulloso de tu sacrificio como padre, a tus hijos nunca les falta nada.

Y era verdad, el dinero de Antonio no se iba en apuestas o prostíbulos, se iba en manutenciones. Pero podía decir con orgullo (si acaso no fuera un secreto) que a sus hijos no les faltaba nada, vivían cómodamente y comían siempre de lo mejor. Era cierto que no lo conocían más que por cartas y no había podido asistir a sus cumpleaños o demás festejos importantes, pero allá lejos en el extranjero podrían estar a salvo de venganzas o amenazas de ningún tipo. Por qué Antonio no era estúpido y sabía que tenía enemigos, tal vez algún día moría fulminado por una bala, pero a sus hijos nadie los tocaría. Y si podían vivir a salvo y libres de toda mancha, aun cuando él jamás pudiese abrazarlos, pues estaba conforme. En la vida todo tiene un precio y él debía pagar el que le correspondía.

- Antonio - dijo su abuelo - dile a tu hermano sobre todo esto, sólo en el podrás descargar tus hombros. Debes hablar con tu hermano.

Pero Antonio no respondió aquello, no es que no se fiara de Paulo, sabía que podía confiarle su vida, pero tenía miedo, no por el mismo, sino por sus hijos. Ellos eran lo único bueno que había hecho en la vida y si alguien aparte de Paulo se enteraba de su existencia...bueno, era muy evidente lo que pasaría.

Fernández se quedó el resto del día con su abuelo y para cuando la noche lleno el cielo, aun discutían clausulas y testamentos.

- Hombre, no es que me moleste tener bisnietos, pero bastaba con que me dieras unos tres, no más de veinte, Toño.

- Ya sabes que muchos son gemelos, por eso son tantos.

- Igual eres un degenerado - le regaño el anciano, con ese tonito que hacia difícil saber si era enserio o no - Lo que quiero, es que hables ya con tu hermano de esto y…– Antonio iba a replicar, pero su abuelo le ignoro – que te encargues de unos asuntos en Áxonas.

- ¿Que? ¿Áxonas? ¿Qué hay con eso?

- Tú ya sabes que estamos expandiéndonos hacia allá.

- Si, eso ya lo sabía, pero creí que solo tenía que ver con los negocios de Francis y Paulo, ¿qué pinto yo en esto?

- ¿Que pregunta es esa?, tú sabes de corrupción gubernamental y necesito que establezcas ahí un vínculo y revises un par de asuntos.

- Abuelo, ya sabe que nunca le fallo, pero tengo bastante trabajo aquí, ¿no podría ir Feliciano?, el no hace realmente nada, excepto estudiar y esas cosas…

- Primero que nada no hables así de tu primo, segundo ¿cómo crees que lo voy a enviar a él? Saldría el tiro por la culata. Lo que necesito es un hombre experimentado. Iras tú.

Y no era una sugerencia. Antonio, discutió un rato más sobre esa mentada misión a Áxonas y llegada la medianoche se retiró a su hogar. Vivía justo en el centro de la ciudad, en un barrio bastante decente. La casa tenía un sistema de seguridad propio y a él le acompañaba siempre un guardaespaldas de calidad. Fernández no era tan paranoico como Lovino, aunque claro, él no era asesino de paga.

Había cenado ya en casa de Máximo, pero no pudo evitar trastear en las alacenas mientras recordaba la conversación que mantuvo con su abuelo, no la parte sobre ir a Áxonas, no, sino más bien la primera platica, la que tenía que ver con sus hijos. Antonio barrió con la mirada el comedor, allí no había ni una foto personal adornando la casa, era como si él fuera un fantasma, como si no viviera allí realmente. Todo lo importante se guardaba en la bóveda del sótano, esa que tenia uno y mil candados. En esa bóveda se guardaba gran parte de su vida, no la cotidiana, sino la importante. Allí tenia cartas de puño y letra que le enviaban sus vástagos, tenía sus fotos y actas de nacimiento. Todo lo necesario para sentir que era padre aunque fuese de vez en cuando.

El hombre suspiro desde su asiento en el desayunador, ya no tenía hambre, pero todavía no tenía sueño, su mente trabajaba a mil por hora y su cerebro seguía divagando. Si tan solo hubiese sido otra su vida, si no fuera un criminal y un delincuente, tal vez en otro universo paralelo habría podido vivir de modo diferente y convivir con sus hijos. Tal vez no hubiese necesitado un guardaespaldas ni una pistola bajo la almohada.

¿Porque no podía ser como Feliciano, que se había librado cobardemente de su legado y ahora era felizmente libre de preocupaciones? ¿Por que simplemente no pudo ser otro hombre?...Pero lamentarse no resolvería su vida, el estaba metido hasta la medula en ese negocio, no podría cambiar jamás su destino, solo podía preservar el de sus hijos; hablaría con su hermano después de todo...

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Nota: Utilice el nombre Paulo, para Portugal porque es el mas usado en el fandom.

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Por cierto, muchas gracias a Mirlo por su anterior comentario, admito que tienes derecho a lanzarme una jaba de tomates por tardar tantísimo. No tengo una excusa para darte.