Scrinium
Lo que realmente sucedió… para ellas
Había mucha gente en el Gran Comedor para ese momento. Un grupo poco numeroso de Gryffindors comía tranquilamente en su mesa.
-¿Y por qué no le dices que te acompañe a Honeydukes?- dijo una de ellas. –No creo que se vaya a negar-
-Puede ser… de hecho, me parece una excelente idea- aceptó Lily Evans. –Iría ahora mismo pero ahí viene McGonagall y creo que es importante-
Antes de continuar, la pelirroja miró a todas sus amigas y se detuvo en una con una sonrisa. –Tanis, ¿Me harías un favor?-
-Dime- contestó la aludida, con sólo un frío ojo azul abierto. Se cara estaba apoyada en una de sus manos. -¿Qué puedo hacer por ti?-
Un par de minutos después Artanis Fallendrake subía perezosamente las escaleras hasta la torre de Gryffindor. Iba con los ojos cerrados, pues se sabía el camino de memoria, pero de vez en cuando se golpeó con algún objeto pequeño que aparecía. La pintura de la Señora Gorda la miró superiormente antes de pedirle la contraseña. Ella respondió tranquilamente antes de entrar a la Sala Común. Escaneó rápidamente el lugar antes de encontrar lo que necesitaba. Se aclaró la garganta.
James Potter se rió nerviosamente en su dirección –Ehm. Buenos días, Fallendrake-
-Buenos días Potter, Black- dijo ella con tranquilidad. Ninguno lo notó pero Sirius luchaba fuertemente por no sonreír con arrogancia.
-¿Puedo ayudarte en algo?- preguntó James una vez de pie frente a ella. Como era de esperarse, la rebasaba por unos centímetros.
-Lily gustaría hablar contigo, está abajo en el Gran Comedor- comunicó al señalar la puerta detrás de la pintura de la Señora Gorda.
El pelinegro arqueó una ceja con alegría. -Oh, claro. Gracias por decirme. Después hablamos Sirius-
-No hay de qué- terminó ella antes de verlo partir.
Sirius contestó justo antes de que atravesara la puerta. –Claro, después te digo… Oye, Artanis-
Fallendrake parpadeó un par de veces al escuchar su nombre. -¿Hmm?-
-Oh, no te molesta si te llamo por tu nombre, ¿o sí?- preguntó Sirius, conciente de su error. Después de todo, ella no era de sus amigos íntimos.
-No, no me molesta. Simplemente no estoy acostumbrada a que la gente lo haga-
-Bueno, entonces voy a tener que acostumbrarte- fue la respuesta del apuesto Sirius Black, sonriendo como si no hubiera mañana.
-¿Me ibas a preguntar algo?- dijo ella.
Sirius la miró un tanto sorprendido. –Pues, sí. Quería preguntarte dónde está tu iguanita blanca. Como siempre está en tu espalda, supuse que algo le habrá pasado-
Artanis parpadeó inocentemente, como si tuviera menos edad de la que en realidad tenía. –Está con Hagrid. Algún animal del Bosque Prohibido lo ha de haber atacado. Según parece tiene una pata quebrada-
-¿Ah sí? Pobre criatura. Espero que se recupere pronto- dijo, viendo como James volvía a entrar a la Sala Común. –Me gustaría estar al tanto de su condición-
La pelirroja mostró ligera sorpresa en su rostro. –Ehm claro. Te diré como sigue supongo-
-¡Genial!- exclamó él con alegría al mirar a James acercarse. –¡Ea, James!-
-Te veo después- le dijo antes de caminar hacia los dormitorios de las chicas.
Mientras subía, se rascó el cuello con insistencia. –Genial, si no fuera porque soy lo suficientemente higiénica, diría que tengo pulgas- se dijo a sí misma antes de entrar al cuarto. Una vez ahí se dirigió a un espejo grande que alguna compañera había colgado y se miró en él. Áreas alrededor de un escondido vendaje en su cuello estaban realmente irritadas. –Tendré que mejorar los Locomotor Mortis y Petrificus Totalus. Es bueno saber que el Silencio tiene el nivel indicado…-
Sacó algo de su baúl y se lo puso sobre las áreas afectadas. Frunció el entrecejo al notar que le quedaba poca de esa sustancia. –Bueno, otra de las cosas que debo comprar mañana en Hogsmeade-
Un constante picoteo en la ventana la hizo voltear. Ahí estaba un halcón de mala muerte, dejando escapar gritos de impaciencia. –Ya, ya, cállate de una buena vez- dijo ella al dejarlo entrar. Éste dio una ligera vuelta por todo el lugar antes de aterrizar en el extendido brazo de Artanis. Ella parecía acostumbrada, pero no realmente conforme con los caprichos del ave. -¿Qué quieres?-
La nota que el emplumado animal trajo consigo venía de parte de su padre. En ella le indicaba que el paquete marrón que también había sido enviado con el halcón era para unos amigos suyos. La estarían esperando cerca del camino a la Casa de los Gritos. No tenían órdenes de contactarla en ningún otro momento ni lugar y mucho menos tocarla. De atreverse a ponerle las manos encima, la carta decía "Desearán no haberte visto nunca si les llego a poner yo las manos encima". Artanis se rió al leer eso. –Como si alguien realmente quisiera hacer eso. ¿De qué me ve cara? ¿De Miss Universo?-
El halcón dejó escapar un chillido de desinterés. La pelirroja se acercó a la ventana y le dio un pequeño impulso para que el animal pudiera alzar vuelo. La cerró mientras tiraba la carta dentro de su baúl con la otra mano. Terminó con sus asuntos ahí y decidió regresar al Gran Comedor.
Fallendrake se rascó el cuello de una manera bastante canina mientras atravesaba la Sala Común. James casi bota su silla antes de interceptarla. –¡Eh, Fallendrake!-
Artanis detuvo su paso (y también dejó de rascarse) para ver al imponente Buscador de Gryffindor. -¿Si?-
-Mañana vas a ir a Hogsmaede, ¿no es así?- le preguntó, como quien no quiere la cosa. La pelirroja de cabello brillante asintió como respuesta. –Perfecto-
-¿Alguna razón para preguntar?- inquirió ella, extrañada de que James Potter le dirigiera la palabra sólo por eso.
-Ehm… sí. Es que… como Lily me invitó a ir con ella, supuse que si llevaba amigas también podría llevar a alguien conmigo- contestó, conciente de que detrás de ella, Sirius hacía todas las señas posibles para advertirle que no fuera muy obvio. Artanis notó que James miraba mucho tras ella, así que volteó ligeramente para ver qué era lo que tanto llamaba su atención. Potter intentó no carcajear cuando un momento su amigo estaba manoteando como loco y al siguiente le tiraba bolitas de papel muy tranquilamente al dormido Remus en el cabello, como si el aburrimiento que sentía fuera infinito. Sirius fingió no notarlo hasta el último momento y luego la saludó inocentemente, limpiando un poco la congregación de papel en la cabellera de su amigo licántropo.
Artanis lo saludó de vuelta, un tanto más confundida que por la pregunta de James. –Bueno entonces… los veré después…- dijo, antes de seguir caminando y con una seña manual, despedirse de Sirius también. El otro tan solo sonrió, siguiendo con la mirada su trayectoria hasta que se perdió en la puerta de la Sala Común. Esa había sido una de las situaciones más extrañas en las que se había metido. Eso sí, siempre que conversaba con Potter, Black o los dos juntos, terminaba algo desorientada. En varias ocasiones mencionaban algo llamado "Operación Cahuate", que sonaba un tanto idiota, y nunca tenía mucho sentido. También hacían chistes sobre perros y ciervos con regularidad, pero nadie llegaba a entenderlos mucho que digamos.
Antes de entrar en el Gran Comedor, Artanis vio una gran figura que resaltaba en las puertas del Castillo de Hogwarts. Hagrid la saludó con su enorme brazo al aire.
-Ah, Fallendrake. Justo te estaba buscando- dijo. Su voz resonó en el lugar. –Aquí te traigo a tu… "iguana"-
-Ah, qué agradable sorpresa- respondió ella, tomando al animal en brazos. -¿Está en condiciones decentes?-
-Sí, sí. Nada de que preocuparse. Creo que más que ser atacado, se cayó de algún lugar y pues… rodó y rodó…-
-Qué idi…- imprudente de su parte- opinó ella. –¡Muchas gracias por cuidarlo, Hagrid!-
-No hay de qué- le dijo con una sonrisa. Seguidamente se dio media vuelta y salió a los terrenos circundantes al castillo.
Una vez de regreso en el Gran Comedor, la pelirroja encontró a Lily Evans sentada sola en la mesa de Gryffindor. -¿Dónde están las demás?-
-Tienen detención con Sprout. Recuerda que no entregaron sus informes sobre la Mimbulus mimbletonia- explicó ella, con sus hermosos ojos verdes sobre su compañera.
-Ah cierto. Perdedoras- se burló Artanis con una sonrisa torcida. Lily se rió calladamente y asintió. –Ni siquiera la Head Girl Lily Evans podía sacarlas de esa-
-A ver, una cosa es Head Girl y otra es Director- respondió a carcajadas.
No pasó mucho tiempo para que aparecieran los Merodeadores en medio de risas y comentarios fuera de lugar. Se sentaron y comenzaron a comer, pero no fue hasta que Peter terminó que les dirigieron la palabra.
-Evans, ¿por qué se sientan tan lejos?- preguntó James, sin perturbar a los cuatro Hufflepuffs de la mesa contigua. –Está bien que nuestros egos estén inflados, pero no es para tanto-
-Créeme, Potter. Esos egos son más letales que el Imperius- contestó Lily desde su lugar, antes de recoger sus cosas y sentarse más cerca. Con una amable sonrisa, invitó a su amiga a hacer lo mismo. Fallendrake suspiró vencida y la imitó. Con unas cuantas maniobras tácticas por parte de Sirius y James (entiéndase, saltar de un lado de la mesa al otro), lograron quedar cada uno al lado de alguna de las pelirrojas. Artanis tenía en su regazo un rollo de cuero blanco. Momento. ¿Era realmente un rollo de cuero?
-¿Cómo está Laodamante, Artanis?- preguntó Remus desde su posición con la encantadora sonrisa que lo caracterizaba. –Parece un poco ansioso-
-Ah. Siempre tan atento, Remus- dijo ella, colocando al reptil blanco sobre la mesa. Una de las patas traseras estaba vendada e inmovilizada. El animal de pupilas carmesí respiraba pesadamente. –No tiene mucho ánimo, pero se recuperará-
Sirius se acercó un poco para mirarlo de frente. Sólo uno de los ojos rubí se dignó a mirarlo de vuelta. –Buenos días, Sr Laodamante. Espero se encuentre bien- le dijo, como si la criatura pudiera responderle. Lupin estaba complacido, pues su primera indicación fue tratar bien a la mascota de Artanis. Fallendrake, por su parte, arqueó una ceja y volvió a suspirar, ahora vencida por la amabilidad aleatoria de Black hacia su amigo. Un agudo chillido los hizo mirar el halcón que entraba por la parte superior del Gran Comedor.
-Creí que sólo los búhos tenían permitido entregar mensajes en Hogwarts- dijo la débil vocecilla de Peter Pettigrew. Se cubrió asustado cuando el ave rapaz aterrizó justo frente a ellos. Se veía bastante agresivo, pero con mucha elegancia estiró su pata hacia Artanis. Ésta desató el mensaje y lo desenrolló para leerlo. La caligrafía de su padre era bastante desastrosa. Tanto así, que no se entendía bien el nombre de quién la firmaba.
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Se me olvidó mencionar algo en la carta anterior. Sé una buena cachorra y no toques el paquete más de lo necesario. Marcas de tus traviesas patas es lo que menos quiero sobre él.
Será mejor que le des un cuidado más decente a ese remedo de reptil que tienes por mascota. Cuando se mate a golpes, no vayas a llorar. Sabes bien que no tenemos cómo conseguir otro de esos infelices.
Por cierto, el resto de la manada te manda saludos. Desean ir por ti a la estación cuando regreses para Navidad. Lo voy a considerar, porque estos mocosos podrían tener otras intenciones si los dejo salir de la madriguera. Malditos sacos de sarna…
En fin, ya tienes tus indicaciones. "Las mordidas son mucho más divertidas que un ladrido".
Atentamente,
…
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Mientras lo hacía, el halcón le clavó maliciosamente el ojo al inválido Laodamante. Lo picoteó una vez y ella lo empujó lejos de todos los demás. Se acercó con cautela para repetir la acción, pero Fallendrake cerró su mano alrededor de su pico.
-Akribis, creo que eres lo suficientemente listo- le advirtió, empujándolo de nuevo lejos. – ¿Qué haces aquí si ya entregaste el mensaje?-
El halcón se colocó en posición de ataque por un momento, pero luego alzó vuelo y se fue. Sirius se atrevió a acariciar suavemente el lomo de Laodamante para tranquilizarlo. El picotazo lo había hecho enojar.
-Insisto en que le digas a tu padre que cambie esa horrenda ave por un búho- opinó Lily, arrugando un poco el rostro. –Siempre me da la impresión de que te sacará un ojo-
-En Navidad le comentaré lo sucedido- contestó ella, aunque no con demasiada seriedad. Sirius vio como el reptil "abrazó" sus dedos y sonrió. –Creo que se los va a comer-
-Yo no estaría feliz si así fuera- confesó Peter y empezó a frotar sus manos.
James colocó un dedo pensador en su barbilla ante el comentario. -Bueno, a Sirius lo han mordido muchas cosas, así que una iguana albina de los Galápagos no ha de ser la gran cosa-
Los demás rieron calladamente ante el simpático comentario y continuaron con lo que estaban haciendo. Artanis dobló cuidadosamente la carta de su padre, después de haberla leído tres veces, y la metió en su bolsillo.
-¿Dijo algo interesante?- le preguntó la novia de James Potter. –No pareces demasiado feliz-
-Bueno, no dice nada nuevo. Si acaso que no deje que Laodamante se siga matando a golpes, porque no me va a conseguir otro-
-¿Ni siquiera menciona a tus hermanitos?- se preguntó Lily. –Siempre te dice algo de ellos-
-Ah sí… Mis… hermanitos- repitió ella con muchas menos ganas. –Dice que no pueden esperar a Navidad para verme-
James sonrió al escucharla. -¿Tienes muchos hermanos menores?- le preguntó.
-Digamos. Son "adoptados"-
-Ohh. Yo no tenía ninguno, pues mis padres ya eran un poco mayores para cuando nací pero este año me regalaron uno lleno de pulgas. Tal vez lo conozcas, porque le dicen Sirius Black-
Fallendrake y Black no lo hicieron, pero el resto soltó una carcajada. La pelirroja no le veía demasiada gracia al asunto de las pulgas, para ser sinceros. Sirius se sintió aliviado de que ella no formara parte del coro burlón pero no podía evitar sentirse apenado. Potter sabía lo que había hecho y no dudó en corregirlo. –Por cierto, mañana recuérdame comprarte aquellas paletas de cereza que tanto te gustan-
-Claro, no creo que se me olvide- respondió Sirius, completamente conciente del significado oculto tras el comentario.
Lily parpadeó varias veces con sorpresa. –¡Ohh! ¡Así que sí vas a ir!-
-Pues… sí- respondió él con confusión. -¿Por qué lo dices?-
La ojiverde rió nerviosamente. –Por nada la verdad. Simple curiosidad- dijo, antes de "recordarle" a Artanis que necesitaba ayuda en un trabajo de Transformaciones. La otra asintió, tomó a Laodamante en brazos y se fue con ella hacia la Torre de Gryffindor.
-Así que…- comenzó Evans una vez dentro de la Sala Común. –Black irá al paseo a Hogsmeade-
-Aparentemente- le contestó la otra, apoyada en su mano de nuevo. –Deja de mirarme de esa manera, me incomoda-
-Jojojo- se rió Lily bizarramente. -¿Te incomodo yo o la idea de estar cerca de él todo el domingo?-
-De hecho, es esa rara arruga que se marca en tu frente- dijo Artanis, señalándola con su dedo índice.
-¡ARRUGA?- exclamó su amiga al llevarse la mano a la frente. Segundos después le dedicó una furtiva mirada a Fallendrake. –No te pases de lista-
-Entonces estate tranquila- le dijo con una sonrisa. –Actúas como si lo que se rumora fuera cierto-
-¿Cómo no lo va a ser?- se indignó Lily. –Ya viste todo ese circo que hicieron en el Gran Comedor cuando nos acomodamos. Black casi se rompe una pierna saltándose la mesa para sentarse al lado tuyo-
-¿Y qué? ¿No esperabas que se quedara de ese lado, si ahí te sentaste tú?-
-¡Argh, Tanis! ¡Qué tan difícil es aceptar que le gustas al tipo que te gusta!- le gritó Lily, evidentemente furiosa.
Fallendrake miró tranquilamente alrededor para asegurarse de que no había nadie más en la Sala Común. –Sumamente difícil, de hecho-
-Explícame- ordenó la ojiverde. Con su dedo índice comenzó a golpear al cabeza de Artanis. –Quiero saber qué tanto estamos divagando ahí adentro-
-Oh, déjame en paz. No tengo la misma habilidad social que tú tienes-
-No es una excusa- regañó Lily. –Dime algo mejor que eso-
-…Bueno, bueno. Simplemente lo veo raro, ¿está bien?- contestó con algo de fastidio. –Siempre que oigo a nuestros compañeros hablar de que alguna se ha vuelto muy bonita, terminan mencionando a mis amigas de Slytherin o a ti. Por eso me acostumbré a que el tema no tenga que ver conmigo-
-¡Oh, Tanis!- exclamó Evans al levantase y abrazarla. -¡Eres tan linda!-
Artanis, mantenida con fuerza contra el pecho de Lily, no devolvió el gesto. –Tú exceso de cariño me lastima- fue lo único que dijo.
-Sí, lo sé- dijo ella. Una gran sonrisa pintaba su rostro. –Sufre-
El resto del rato se la pasaron comentando uno que otro aspecto del día siguiente. Evans se tomó la molestia de planear una estrategia para Artanis, aunque esta no le prestó mucha atención. Se dedicó a mirar por la ventana, a imaginar por el vació. ¿Tendría Lily razón? ¿Era realmente Black lo suficientemente raro como para que le gustase ella? Bueno, raro sí era, definitivamente. Suspiró vencida y decidió olvidarse del asunto. Ahora que había recobrado a Laodamante, debía asegurarse de que no se volviera a lastimar, o alguna tontería por el estilo.
Una vez en Hogsmeade, los estudiantes eran libres de deambular por el lugar hasta la hora de regreso. Lily Evans y su amiga Artanis Fallendrake decidieron primero ir a comprar ciertas cosas que nadie entendió. Un par de vendajes y cremas cayeron en la bolsa que le entregaron a la ojiazul. –Muchas gracias por comprar aquí. ¡Vuelvan pronto!- les deseó la amable encargada de la tienda. Al salir, se toparon con una escena particular.
-¿Qué están haciendo?- les preguntó Lily, desconcertada. –Creí que no iban a avergonzarse fuera de Hogwarts-
-Simplemente demostramos que sabemos modales- defendió Prongs. –No puedes negar que a las damas les encanta ver un caballero en acción-
-Sí, caballero. No caballo- dijo ella, sacando su lengua y dándole un suave beso en la mejilla. –Vamos, hay mucho que hacer y no sé si suficiente tiempo para ello-
Ambos caminaban al frente, tomados de la mano. Sirius y Artanis iban justo tras ellos, metidos en su propia conversación. Las alegres, no obstante escasas, carcajadas de Fallendrake resonaban por el camino. A Padfoot le gustaba hacer reír a la gente, y más aún hacerla reír a ella, considerando que no era muy "ruidosa" que digamos. No fue hasta que pasaron por el camino que daba a la Casa de los Gritos que ella se detuvo de pronto.
-Ahps- dejó escapar. –Ehm, los veo después-
-¿Dónde vas?- preguntó Lily, unos cuantos pasos más adelante. –Creí que íbamos para Honeydukes-
-Sí, sí, por supuesto. Lo que pasa es que tengo algo que darle a unos amigos de mi padre, que precisamente están aquí en Hogsmeade. Acordamos vernos por este camino. Los alcanzo en poco tiempo, ¿está bien?-
-Ah, claro. No hay problema- le respondió Evans con una sonrisa. –Te vemos luego-
-Eh espera, ¿no quieres que te acompañe…mos?- ofreció Sirius, recordando de pronto que venían en grupo. –Ya sabes, para que no quedes sola o algo así-
-Ehm… no gracias- dijo, ya caminando. –Nos vemos-
La pelirroja caminó lentamente por el camino. –"¿No quieres que te acompañe…mos?". Vaya comentario más sospechoso. Me perturba pensar que los rumores se conviertan en hechos…-
Artanis Fallendrake estaba sentada sobre una cerca de madera cuando escuchó varios pasos pesados sobre la húmeda hierba de octubre. Con sus manos en las bolsas de su abrigo, miró como un gran perro negro se le acercó. Éste se sentó justo a su lado y miró el horizonte, como si la estuviera ignorando. La pelirroja arqueó una ceja y siguió mirando el camino por donde pronto vendrían los amigos de su padre.
Era una espera que ninguno de los dos tenía prisa por terminar…
Bueno, más rápida ni Flash XD. Como era un capítulo complementario, no había que tergiversar demasiado el anterior. Hmm… sigue quedando cortado, pero ese es el maldito punto XD. Espero que les haya gustado, y gracias a quienes han dado reviews, alerts y favs n.n
PD: El Locomotor Mortis es un hechizo que inmoviliza las piernas del oponente y el Silencio pues obviamente lo silencia por completo.
Atte
El Cadejos.
