Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
!Advertencia: Slash, ooc, mpreg.
!Extensión: 1,456 palabras.
!Reto: Un mes con ItaDei. Día correspondido: 27.
!Beta R: Derama17.
Pregnant.
Capítulo IV.
—Por: ddeıSmıle—
¡Yo sí quiero una niña, quiero, quiero!
¿Quién dijo que Itachi Uchiha era un ser sin corazón? Que errados estaban, el moreno tenía contadas cosas que eran importantes en su vida: Sasuke, Konoha, dangos, una hija y Deidara.
Porque sí, Itachi quería una niña desde hacía mucho tiempo atrás, no era un capricho sino más bien un ferviente deseo.
Desde sus escasos siete años el moreno deseaba a una pequeña y dulce bebé rondando su ambiente. Para aquél entonces anhelaba una hermanita que pudiera cumplir el sueño de su madre, Mikoto era dulce en demasía y negarse a que ésta le vistiera con los trajes que había guardado para la que, siempre había planeado, sería su hija era como reencarnarse en el diablo. A falta de una primogénita tuvo que probar en Itachi aquellos peinado y juegos que había guardado con tanto añoro y esto lo sufrió todo en soledad.
Lamentablemente la vida no había sido precisamente justa con Itachi y su martirio comenzó desde los nueve años(1). Aprendió de la manera difícil que jamás se le debía pedir un hermanito —en éste caso hermanita— a los padres porque realmente se lo darían y las noches en vela consecuencia del incansable llanto, los pañales sucios, las armas ninja babeadas, las horas de televisión robadas que no estaban dentro de su inocente e inexperta cabecita no valían la pena, sobre todo si, como le sucedió a él, lo que su madre le mostraba al final tenía pene. Claro que amo a su hermano desde el instante en que refirió tomar su dedito antes que el de su padre pero algo que no podía negar era la molestia que le produjo darse cuenta que Mikoto jamás hizo sufrir a Sasuke con los peinados raros, los vestidos o las muñecas.
De cualquier forma su hermanita jamás llegó y el sentimiento de querer que alguien más fuera el conejillo de indias de su madre pasó a ser más un sueño que le agradaba, tener una hija sin duda le haría muy feliz. La idea de despedazar cuellos no le hacía demasiada gracia, si bien era una persona razonable estaba seguro que todo tipo de análisis quedaría en segundo plano cuando algún adolescente con las hormonas despiertas intentara algo con su hermosa hija pero todo aquello tenía un significado: El cuidado de su hija y era algo que jamás negaría en hacer, al contrario, lo amaría.
Así que se preguntarán por qué el Uchiha estaba tan seguro de conocer el sexo del feto, porque no existía nada más inestable que la creación de un feto y aunque Itachi había intentado estudiar cada detalle por más mínimo que fuera incluyendo en ése paquete la concepción del sexo no pudo hacer nada, todo debía llevarse a cabo de forma natural y aún así no se encontraba ni mínimamente preocupado.
La respuesta era fácil: Itachi era un Uchiha y por ende sabía cuando la sangre de un genio corría por las venas de otro. Era algo así como un sentido Uchiha(2).
Se acomodó mejor sobre el futón y con sumo cuidado abrazó a Deidara causado que el vientre abultado de ocho meses del rubio chocara contra su estomago. Besó los labios de éste con una dulzura impropia en él y luego dirigió sus labios hasta su frente. Sin más se acomodó de forma que pudiera pegar su oreja al estomago del artista y abriéndole la capa comenzó a desplegar suaves besos sobre la piel en tensión(3).
Deidara rió torpemente por las graciosas cosquillas que las caricias del moreno le producían y tras jalar a Itachi logró que éste quedara a su altura.
—Lo siento bebé, hn —murmuró acomodándose entre los brazos del Uchiha—. Ésta noche tú mami es mío.
Era el fin, dos armas poderosas chocarían entre sí. Algo jamás visto estaba a punto de acontecer, algo más impactante que la detonación de una bomba atómica. El mundo cambiaría como era conocido.
...Y Madara no tenía palomitas.
Aquello era un ultraje, Pein se enteraría que Kakuzu no le había comprado sus palomitas. Tras refunfuñar una vez más en sus adentros prestó atención al centro de la cueva donde se encontraban los cuerpos inmóviles de su senpai e Itachi.
—No —respondió el Uchiha tras un silencio incómodo.
Deidara agudizó su mirada y todos, excepto Madara, retrocedieron ante esto, el enmascarado estaba a punto de soltar una estruendosa carcajada, akatsuki finalmente había caído en la decadencia. Aquella discusión no podía ser más ridícula.
—Tú —musitó con voz temblorosa mientras apretaba sus puños—… Maldito egoísta ¡Bastardo, animal ponzoñoso, escoria, desgracia humana! ¡Te odio y ojala explotes, tú y tu maldito hermano, un!
Itachi se dignó a mirarlo.
—Deidara, no exageres.
Todos aspiraron el aire que los rodeaba y lo estancaron en sus pulmones incluyendo a Madara.
—Ppobre Itachi-san —murmuró, divertido.
—¡Exagerar!, ¿Además de no traerme la desgraciada mermelada de fresa me sales con que exagero? ¡Tú… desgraciado! ¿Por qué mierda tengo yo que decirle a mi hijo que soy su madre? ¡Yo soy su maldito padre! ¡Estás quitándome todo poder, bastardo y soy yo quien carga con los malditos síntomas! ¡Seré el padre y será varón!
Itachi respiró pausadamente, como si le costara.
—Te recuerdo que estás adoptando el rol de la mujer, es lo normal, Deidara.
—¿Normal? —el rubio lo miró incrédulo—, qué parte de un embarazo masculino te parece normal, imbécil.
—No discutiré más el sexo de mi hija ni mí papel.
Deidara frunció el seño junto a los labios mientras daba un pisotón al suelo cargado de frustración.
—¿Sabes qué? ¡Ve a buscarte otra puta, hn! ¡Y será varón, imbécil!
Deidara desapareció con el envase de mermelada que Tobi le había comprado hacia unas horas antes entre las manos, murmurando unos cuantos insultos incoherentes.
Hidan pasó frente al moreno negando con la cabeza mientras sus ojos se clavaban con cierto brillo lastimero en él. Tobi por su lado se limitó a suspirar consiente que Deidara realmente debía sentirse mal en aquél punto y qué decir de Kisame, quien le dedicó una mirada cargada de molestia mientras caminaba junto al enmascarado en dirección al lugar por el cual Deidara se había marchado.
Itachi frunció el ceño ahora qué había hecho mal.
Kakuzu se detuvo frente a él y le dedicó una sonrisa prepotente.
El moreno viró sus ojos, aquello era más que suficiente, hasta Kakuzu parecía saber algo qu él no. Cayó en cuenta que quizá realmente había tratado mal a Deidara, últimamente no lo había tomado en cuenta como su pareja, porque aunque el rubio lo negara él era suyo.
Bien, ya entendía el punto, iría por el rubio.
Con un gruñido estancado en la garganta se dirigió a las afueras para buscar al artista.
Diedara jamás esperó que Itachi se disculpara con él y aunque le compró una torta de chocolate el Uchiha era de forma exageradamente natural un bastardo.
—Sigue siendo niña. Y tú serás la madre.
Deidara sonrió dulcemente.
—Bien, yo seré la madre, hn. Y como e bien sabido es la madre quien tiene todo el poder sobre su hijo —tomó el pastel y lo aplastó sobre la cabeza del moreno—, acércate a mi hijo y a mí y te mato, hn.
Sin más comenzó a caminar regresando a la guardia.
—Es hija.
*Malvados viscos:
(1) Es una estimación probablemente incorrecta. No sé qué edad tiene Itachi ni Sasuke, Shippuden me da dolor de cabeza xD.
(2) Es una burla ya que muchas veces le dicen "Sentido maternal" en éste caso sería un "Sentido Uchiha"
(3) Nosupe bien cómo expresarme pero imagino que sabrán cómo luce el vientre de una mujer en ése estado, la piel se estira a más no poder, a eso me refiero.
(*): Quiero una niña, quiero: El título me vino a la cabeza por la película de Peter Pan donde eclaman: "Sí creo en las hadas, creo, creo"
ddS⌐.
