¡Hola! ¿Me extrañaron? ¿No? D: xDD sé que tardo mucho en publicar, pero al menos publico xD espero que les guste! Gracias por los reviews!
Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen, son propiedad pura y exclusiva de Tite Kubo-sama. Le personaje OC –Lily Johnson- es propiedad Miko-bicho-chan y mía.
El arcoíris color rosa
Capítulo 4: La cerca realidad de la perturbación
—Como te dije acelerémoslo, quiero que la busques y no se…piropéale o algo, vuélvetele a "acercar", tú me entiendes— hablaba una chica pelirroja desde el pequeño bar que habían montado dentro del departamento, recargada en la barra del mismo inspeccionaba todo el lugar en busca de una buena oportunidad, y he ahí el momento: ella salió al balcón, sola —Ahora.
Toushiro le quitó el vaso y se tomó todo el contenido de golpe, ella lo miró sorprendida, eso no era agua como para que se lo bebiera tan rápido…negó con la cabeza resignada, definitivamente acelerar el plan era lo mejor.
Después de unos minutos, ella se encontraba comiendo la aceituna de un Martini, "buscando" a su "novio" por todo el lugar…sus pasos se detuvieron en seco y miró cómo en el balcón el chico de cabellos blancos se acercaba peligrosamente a Mori. Torpemente y haciendo malabares para que su bebida no cayese, tirándola al darse cuenta que era un estorbo, sacó su cámara. Ese momento debía documentarlo.
Cuando Lily le dijo que pasarían a la parte tres de la segunda etapa –como le gustaba a su amiga complicar las cosas- supo que era porque veía lo débil que él era en el tema del amor, lo admitía, su debilidad era Momo Hinamori, porque la palabra amor en su vida sólo se podía describir con ese nombre.
Buscarla, ahora solo en eso debía concentrarse, encontrarla y hacerle saber que su amistad le importaba, obviamente todo se salió de control. En el momento en que la vio recargada en el barandal del balcón, cuando ella se dio la vuelta ante su llamado y brilló con la misma intensidad que la luna, siendo bañada por la luz de esta, no pudo contenerse y todos sus sentimientos salieron a flote.
A paso firme se acercó a su lado, ante la mirada fija de ella, la cual continuó y no paró hasta que se encontraron uno en frente del otro. Las palabras sobraban, todo era inesperado pero ese no era el momento de pensar en lo que estaba bien, lo que estaba mal, lo que era el tiempo o si alguien los encontraba. Con delicadeza Hitsugaya la liberó de la capa roja y tomando su rostro en sus manos la besó, sus ojos chocolate quedaron abiertos por la sorpresa inicial, pero todo el mundo y sus dudas desaparecieron al sentir aquellos fuertes brazos tomarla posesivamente por la cintura, y aprisionarla en ellos, mientras con los propios rodeaba el cuello de él.
El amor es un sentimiento confuso, como el veneno más dulce, que te mata con suavidad; como una droga, que lentamente va acabando con tu existencia pero que no puedes dejarlo. Eso era lo que ellos estaban haciendo, por eso Lily no quería interrumpirlos, su plan no consistía en que ellos se besaran porque así sería más difícil, porque según Hit, Mori era demasiado sensible en este tema ¡qué chica no lo es! Por eso sabía que "Jugar con fuego" en verdad haría honor a ese nombre ahora. En este momento estaba en una duda que no iba a dejar ver pero que sentía y la atemorizaba.
Resignada pero firme, guardó su cámara y le hizo frente a la situación, el plan debía seguir — ¡Hit qué diablos haces!
Ante ese grito la música paró, Lily se tensó por aquello, y sobretodo al sentir las miradas sobre sí. Esto no era lo que tenía en su plan, lo original era que él se quedase hablando con Mori en el balcón y luego aparecía ella y él le dijera que estaba ocupado y entonces ella se iba, Mori se sentiría apreciada y ahí construirían bases firmes. Pero no, el señor de las nieves tenía que derretirse con la dulzura del durazno. Ahora solo le quedaba improvisar y a decir verdad era muy difícil porque no sabía cómo reaccionaría él. No le preocupaba "quedar mal" y ser la chica rechazada pero la culpa que quedaría en Mori sería mucha como para que ellos pudieran construir algo sin sentir remordimientos… ¡Hit era un idiota!
— ¿Por qué me haces esto?— sí, eso fue lo primero que se le ocurrió, aparte de llenar sus ojos de lágrimas pero eso ya estaba medio planeado, lo de llorar era como un plan B. Tal vez así él se acordaría o volvería a la realidad, era mejor así, porque esta prueba sería arreglada por la siguiente, la cual seguramente necesitaría un par de modificaciones.
Toushiro apretó más a Hinamori contra sí, no quería dejarla ir, no ahora que la tenía entre sus brazos, sin embargo al trazar todo el descabellado plan habían quedado que cuando algo se arruinara él lo vería porque ella "se largaría a llorar". Ahora lo sabía, había cometido una tremenda metida de pata ¿cómo? No podía entenderlo pero…confiaba en Lily, porque de no ser por ella no tendría el valor de volver a ver a Hinamori a la cara sin sentirse rechazado.
—Eres un maldito— dijo ella dramáticamente abriéndose paso y yéndose del lugar. Rogando porque este la siguiera…para poder darle una buena y merecida paliza.
Lo que la pelirroja no había calculado es que en ese lugar estaban todos los conocidos, de trabajo, de vida, de vista, de Toushiro y ahora él quedaba como el malo de la película. "Más vale que todo esto resulte" pensó para sus adentros y con todo su autocontrol soltó a Hinamori. Ella al ver que lo perdía tomó su manga pero la soltó al momento de volver a ver esa mirada, aquella que había observado en el aeropuerto, cuando lo rechazó.
Lo soltó, y él aprovechó el momento para ir a asesinar a su amiga, es decir a buscar a su amada novia. Los presentes no dijeron nada y al momento que el de orbes turquesa desapareció todos se voltearon a ver a Momo, quien sin poder evitarlo derramó un par de lágrimas. No podía perderlo, no quería, debía pelear.
—Shiro-chan— dijo tratando de alcanzarlo pero alguien la detuvo, interrumpiendo su paso con su cuerpo.
— ¿No crees que ya has hecho suficiente?— dijo una voz ruda enfrente de ella, Hinamori apretó sus puños con impotencia, en ese instante creyó que se descargaría con Karin y la golpearía pero ella no era así, y solo atinó a irse corriendo del lugar.
— ¡Hinamori-chan, espera!— Orihime salió tras su amiga mientras que la otra se quedaba a reprender a la que, si la vida era buena, sería su cuñada.
—Karin-chan cómo te atreves— dijo Rukia con ganas de golpear a la menor, la tomó de su disfraz bruscamente exigiendo una explicación.
La de cabellos negros la miraba atónita, jamás vio a Rukia enojada y mucho menos contra ella. Su hermano que estaba a una distancia prudente, sabía que la Kuchiki no la golpearía y le daría el susto que necesitaba; no hacía nada, que bien que siempre la iba a proteger. Miró a su lado y Kusaka tampoco estaba ¡genial!
—Rukia ella…
— ¡Ella nada, no te metas en los asuntos de los demás!— gritó enojada al momento de soltarla, no era quién para decir eso pero la gemela no lo sabía —Si lo haces puedes arruinar todo— pronunció en un susurro viendo como llamaba la atención de todos.
El lugar que una vez fue inundado por bailes, música agradable, dulces, alcohol, gaseosas, snaks y un buen ambiente ahora se encontraba en silencio, todos sin creer la obra que los anfitriones se habían montado en medio de la noche.
— ¡Se acabó la fiesta!— gritó desde arriba de una silla Rangiku, colocando sus manos a los costados de su boca, para que todos la oyesen.
Poco a poco el lugar se fue vaciando, todos preguntándose lo mismo ¿dónde estaba la feliz pareja? ¿qué había pasado? ¿un triángulo amoroso tal vez? ¿Hitsugaya había elegido a la estadounidense? ¿a dónde habían ido Hinamori e Inoue? Capas decir todos era exagerar pero por lo menos una persona se preguntaba eso, Uryuu Ishida. La chica de cabellos naranja era justo como Ichigo la había descrito, a decir verdad la descripción del Kurosaki quedaba corta con lo que ella era. Entre tanta corrida de personas notó que en el piso había quedado un peculiar celular con forma de hamburguesa. Lo abrió y grande fue su sorpresa al encontrar que en la pantalla decía "si me pierdo, devolver a Inoue Orihime". Una imperceptible sonrisa se hizo presente en sus labios, la suerte estaba de su lado.
Dos de los presentes, que fueron casi los últimos en irse, caminaban por la tranquila noche, aún con la pregunta de qué había pasado en realidad. Ichigo no se metía mucho en el tema porque la verdad no le importaba, si conocía a Toushiro era por Kusaka y nada más, se podía decir que era su amigo pero tampoco para clasificarse como el mejor, en resumen: a penas y lo conocía. Además, fijo su vista en la Kuchiki, tenía sus propios problemas con el amor para estar pensando por alguien más.
Caso contrario era Rukia, ella estaba empeñada en que Hitsugaya esté con Hinamori, si bien el beso fue muy apresurado y fuera de lugar su amiga se vio feliz…hasta que la pelirroja interrumpió claro, pero aquella mirada de dolor de parte del de cabellos blancos no pasó desapercibida para ella, y estaba segura de que Momo tampoco la había dejado pasar. Allí había algo y ella lo iba a descifrar, una esperanza era lo que vio en aquellos orbes turquesa que emanaban dolor.
—Ichigo perdón— soltó de repente cuando su memoria comenzó a repasar los acontecimientos, este la miró sin entender y ella rechistó por lo bajo al tener que explicárselo —Por Karin, idiota, no debí tratarla de esa forma.
—No te preocupes, desde que mamá murió, ella no ha visto mano dura. Si bien la protejo no tuve idea de cómo ayudarla a crecer, enseñarle y todo eso— aclaró Ichigo poniéndose melancólico al recordar cómo su madre murió cuando ellos eran pequeños.
Rukia posó sus ojos en él, y frunció su ceño al ver aquella cara de nostalgia y tristeza. Con habilidad le hizo una barrida, haciendo que él terminara en el suelo y antes de que pudiera reclamarle ella habló.
—Deja de ser tan idiota Ichigo, tú sí las ayudaste, yo estaba allí— dijo recordando —Cuando Masaki-san murió tú consolabas a las niñas cuando lloraban, te quedabas toda la noche despierto para vigilar que no tuvieran pesadillas, cuando tu papá tenía que trabajar allí estabas tú, cocinándoles. Le enseñaste a Yuzu a hacerlo, aunque ella logró superarte por mucho— habló burlona, con una sonrisa que acompañaba sus recuerdos, la cual no tardó en desvanecerse al ver los ojos miel fijos en ella, volvió a fruncir su ceño — ¡Así que deja de decir todo eso, no seas patético y creas que no fuiste de ayuda o que no las supiste cuidar bien!— le retó ella enseñándole una familia de conejos Chappy, en su inseparable libreta que siempre mantenía bien oculta.
—Esos dibujos están horribles— se burló el Kurosaki levantándose, y tomando el brazo de la Kuchiki la arrastró hasta dejarla pegada a él.
—Ichigo…— susurró ella algo sorprendida por lo que había hecho.
—Gracias— dijo él abrazándola, dejándola más shockeada. —Siempre sabes cómo devolverme el ánimo.
Rukia lo meditó un poco antes de abrazarlo, Ichigo había crecido, ya no era el adolescente inmaduro que le costaba admitir las cosas y se ponía más rojo que un semáforo cuando abrazaba a alguien, pero repasándolo bien, sólo a ella se atrevía a abrazar. Se quedaron un rato así, la Kuchiki menor sentía su corazón latir a mil por hora, estar entre sus brazos era tan reconfortante que no quería recordarle al tonto de cabellos naranjas que estaban en medio de una calle a altas horas de la noche.
Cuando se separaron ambos se quedaron viendo y se sonrieron con confianza, Ichigo se vio libre de despeinarla un poco y ella antes lo habría golpeado por su atrevimiento…y ahora no sería la excepción, por lo que estampó su tridente, accesorio de su disfraz, en la frente del Kurosaki que volvió a quedar en el suelo, pero con la frente rosada.
Al llegar, a las corridas, a la casa dúplex en la que se hospedaba Rukia se detuvieron. Quedando uno enfrente del otro, la de cabellos negros elevó su rostro decidida a decirle todo lo que sentía, el momento parecía perfecto sobretodo por lo sucedido unas calles antes, pero al mirarlo volvió a bajar la vista, desanimada, mordiendo su labio inferior para contener la impotencia que ahora la recorría ¿a qué le tenía miedo? Ichigo al ver aquello solo resopló molesto, tanto que se conocían ahora no valía para nada, porque no era algo de amigos lo que iba a hacer y podían arriesgar demasiado por nada. Pero no podía quedarse con esa duda, ya no más, no después de saber que ella siempre lo apoyaría.
—Rukia— la llamó, y en cuanto se encontró con sus orbes violetas trató de no pensar, porque si lo hacía todo terminaría igual que las veces anteriores. Por ende, no pensó.
Atrapándola entre sus brazos, sin dejar pasar ni un segundo, sin palabras de por medio, la besó. Fue un beso corto, tal vez solo un roce, pero ambos sintieron miles de sensaciones las cuales hacían que sus corazones brincaran de alegría. Rukia abrió sus ojos encontrándose con los de él, estaba feliz de que fuera él el que lo hacía, porque de ser por ella ese momento jamás se daría…jamás.
Tomó las manos de Ichigo y las apartó de si, ocultando su mirada tras su cabello, aprovechando el ser más baja para que él no pudiese ver su expresión. Le había fallado a Inoue, si los hubiese visto ¿qué pensaría de ella? Ahora sabía que Ichigo la quería y ella a él, pero la lealtad a sus amigos era primero. —Necesito tiempo— aclaró sonriéndole forzosamente al de cabellos naranjas quien simplemente asintió y le dio un pequeño beso en la mejilla antes de retirarse, dejándola debajo de aquel cielo tapado por las nubes de la noche.
—Maldito zanahoria— susurró ya con su pijama favorito, obviamente de Chappy, en su habitación, mirando la fotografía que tenía con su amiga de cabellos naranja y al objeto de sus maldiciones. ¿Por qué había enamorado a Orihime? Sabía que él nunca lo estuvo y que no fue su culpa que a Inoue le naciera ese sentimiento pero… ¿Por qué se lo hacía a ella? ¿Por qué le robó su corazón sin ningún esfuerzo? ¿Por qué era tan buen persona? ¿Por qué la besó? Cerró sus ojos, impidiendo que lágrimas escapasen de ellos, no importaba lo que dijera, no quería olvidarlo, no quería perder ese amor que salió a flote entre ellos después de tanto tiempo de estar deseándolo.
Suspiró resignada y se sentó en la cama, entremedio de la oscuridad de aquella noche sin luna —Debo hablar con Orihime.
En las desoladas calles de Tokio una chica corría lo más rápido que podía, parecía que todo lo que sucedió se agolpaba en su cabeza tratando que lo comprendiera pero no podía ¿cómo podía aceptar que la persona que amaba le hiciera tal cosa solo para dejarla? En un momento creyó que Toushiro mandaría a la americana a su país y se quedaría con ella, agachó su mirada y sacudió su cabeza frenéticamente, negándolo, no podía ser que él la haya soltado ¿por qué la miró de aquella manera?
Al llevar la vista en el suelo no notó unos botes de basura, con los que chocó y calló al suelo estrepitosamente, no se levantó y simplemente ocultó su rostro entre sus brazos, largándose a llorar más libremente. Tras unos minutos así sintió cómo alguien la levantaba y abrazaba, era Orihime.
—Vamos a casa— dijo suavemente Hime mientras ella asentía y con ayuda de su amiga se levantaba del frío asfalto.
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La responsabilidad que siempre corría por las venas de Hanataro Yamada era lo que ahora lo obligaba a llevar a ambas chicas a su casa, quería asegurarse de que llegaran bien al menos, puesto que la hora ya no era apropiada para que dos jóvenes de quince años estuvieran en la calle. No le importaba las quejas de los otros tres presentes, Nozomi diciendo que podía irse sola, Kon diciéndole que no fuera aguafiestas y Yachiru reclamando el derecho de llegar cuando quisiera. ¿Qué clase de padres tenía Kempachi para llegar tan tarde a casa?
—Yachiru-chan piensa en tu madre, debe estar muy preocupada.
Las quejas pararon y el silencio se hizo presente mientras la de cabellos rosas se volteaba a ver por la ventanilla del auto. Pronto dos huellas aparecieron en la cabeza de Hanataro, por el simple hecho de haber abierto la boca cuando no sabía. Aquellas patadas, que por poco hacían que el de cabellos negros se estrellara, fueron cortesía de Nozomi y Kon, este último no tenía idea de por qué le pegaba pero le gustaba apoyar a la de cabellos verdes.
—Mi mamá está muerta— confesó Yachiru de una forma muy tranquila y natural, sin volver su mirada, mientras Hanataro entendía el porqué de los golpes.
Hanataro sintió un nudo en su garganta y Kon simplemente se limitó a desviar su mirada y parar de sonreír por la paliza que le habían dado a su amigo.
Tras atravesar unas cuadras Nozomi y Kon se bajaron, dejándolo solo con Yachiru, quien aún no lo miraba y emanaba un aura tenebrosa. Yamada no quería desviar su mirada de enfrente, se sentía culpable al pensar que la chica estaba llorando. O al menos eso creyó.
—Esa es mi casa— dijo la hija de Zaraki, volviendo su vista al frente, mientras señalaba una casa a un par de metros.
El de orbes azules se sorprendió, Yachiru no estaba llorando, sino que se mostraba seria y enojada, tal vez eso era lo que sentía que ella transmitía. Suspiró con pesar, lo había echado a perder la cercanía que había logrado. Se estacionó con cuidado enfrente de aquel hogar que permanecía con las luces encendidas, a pesar de ser mitad de la noche.
—Yachiru perdóname yo no sabía— dijo antes de abrirle la puerta. En verdad estaba apenado por su error, cosa que la de orbes rojos pudo ver, cerró sus ojos y agachó su cabeza. Lo de su madre fue algo inevitable, nunca la conoció pero su padre le contó lo suficiente, aunque siempre quiso saber más.
—No te preocupes Hana-Hana-sempai, no estoy enojada solo…— elevó su mirada sonriente, pero con dolor claramente reflejado en su rostro —…solo no lo vuelvas a mencionar.
La chica comenzó a caminar, obviamente para su hogar, siendo vigilada por la mirada azul que no se quería apartar de ella. Por más que dijera eso él sabía que ella se sentía mal, aunque se mostrara dura debía estar sufriendo y todo por su bocota.
— ¡Lo siento!— gritó una vez que ella ya se encontraba a varios metros de él. Para ser exactos en la puerta de su casa. Debía decirlo porque no había otra cosa que pudiera hacer.
—Dije…— pronunció Yachiru deteniendo su paso en la puerta de su casa, volteándose de manera amenazante, reflejando odio en sus orbes rojos, y haciendo que toda la piel del chico se erizara —…no lo vuelvas a mencionar.
Por reflejo él asintió asustado al momento en que ella sonreía nuevamente y se despedía de mano para finalmente desaparecer tras la puerta de madera que indicaba que había llegado a su hogar. Su padre seguramente la estaría esperando con una reprimenda, no era que fuera muy controlador o de esos padres que se preocupan demasiado pero esa noche era lunes, y los lunes siempre había lucha libre en la televisión, y acostumbraban verlo juntos.
El de cabellos negros se subió a su auto y arrancó hacia su casa, ni loco volvía por Kon, él se había querido bajar y su castigo sería volver a su casa caminando. Paró en una calle vacía y golpeó su cabeza contra el volante, esa noche tuvo la oportunidad de acercarse, más, a Yachiru y en vez de eso se terminó alejando. Abrió sus ojos y sacudió su cabeza intentando olvidar el miedo que le dio el que ella lo amenazara, no que fuera cobarde sino que conocía la reputación de aquella peculiar chica. Sin duda alguna sería un reto ganarse su corazón. Ahora que pensaba eso ¿cómo le estaría yendo a Kon?
Varias calles atrás de las que el aspirante a médico estaba su amigo castaño y una jovencita se encontraban caminando, el primero siguiendo a la segunda, con tan solo unos pasos de diferencia. Eso la estaba poniendo de los nervios a Nozomi, era obvio que no iría a su casa, ni por sacarse al idiota vestido de león de encima pisaría ese lugar. Ya solo faltaban un par de semanas para que su madre finalizara el divorcio y por ende lograría librarse de su padre, cosa que no era mucha pérdida, lo único que hizo ese hombre los últimos cinco años fue beber y golpearlas.
— ¿Hasta dónde piensas seguirme, pervertido?— preguntó irritada.
—No irás a tu casa— aseguró el castaño pasando por su lado, ya que ella se había quedado estática al escucharlo ¿y él cómo sabía?
Pronto Nozomi sintió como era arrastrada, Kon la llevaba de la mano hacia un destino que desconocía pero que le era ameno, no sabía por qué pero sentía que podía confiar en él. Por más mala reputación que tuviera, por más que le llamara pervertido más de una vez, algo dentro suyo le decía que él no le haría daño; fue aquello lo que le llevó a aferrarse, aunque lento, de la mano que ahora sostenía la suya.
Kon bajó la mirada, sin que ella pudiera notarlo, y siguió con su andar. Él siempre deseo tener una familia, puede que Hanataro fuera como un hermano, que aquellos que lo cuidaron en el orfanato fueran como padres; siempre pensó que en algún lado estaba su familia de verdad. Él pidiendo aquello y ella sufriendo por tenerla. Tal vez lo abandonaron para que no pasara por lo mismo ¿pero qué fue mejor?
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En una de las habitaciones del departamento de cierto albino las cosas se rompían a gran velocidad, y es que el dueño de las mismas no encontraba otra cosa con la que descargarse. No lloraría, por orgullo o simplemente por auto respeto, no quería ser más patético de lo que ya era. El no poder decirle a su amada lo que sentía, era de cobarde, aun teniéndola la dejó ir y por eso los muebles eran los que sufrían. Las ganas de matar a cierta pelirroja le sobraban pero sabía que ella solo quería ayudarlo, y a decir verdad le estaba agradecido…de no ser por ella nunca habría probado los labios de Hinamori.
En lo que era la sala había cinco personas, cada una sentada en el sillón o sillas del lugar, escuchando en silencio como su amigo de cabellos blancos destrozaba lo que se pasara por su camino. Rangiku hizo un amague por levantarse pero Gin la paró, no vaya a ser que por meterse el idiota de Hitsugaya, que ahora andaba fuera de sus cabales, le tirara algo.
—Mejor nos vamos, Hitsugaya-kun parece que seguirá así por un rato— acotó Gin. No quería quedarse allí para que la rubia finalmente saliera lastimada física o verbalmente.
—Claro que no— se quejó Rangiku haciendo que él frunciera el ceño, Gin podía ser muy celoso cuando quería —Si quieres irte, vete, pero no dejaré a mi Capi así— dijo apuntando la puerta de la habitación antes mencionada.
Mientras el cara de zorro y la voluptuosa mujer discutían una chica de orbes verde jade tomaba de lo más tranquila un vaso de leche. Esto estaba provocando la ira interna de la gemela Kurosaki ¿por qué estaba tan tranquila cuando Toushiro estaba sufriendo? ¿Acaso no le importaba? ¿Veía esto como un juego o algo? —Johnson— llamó cansada de la actitud de la chica quien no le prestó atención — ¡Lily!
— ¿Si?— la chica reaccionó, quitando su mirada de la puerta y posándola sobre la de cabellos negros que se encontraba frente a ella. Vio como Karin se paraba y Kusaka la detenía para que no fuera a golpearla y esta dirigió su vista hacia la puerta de la habitación de Toushiro. —Sé que no lo entienden, pero deberían hacerlo, ustedes no están muy lejos de lo que aquí sucede— aclaró seria mirándolos de reojo, haciendo sonrojar abruptamente a Karin, sacándose al de orbes violeta de encima mientras este sonreía ante la perspicacia de esa muchachita.
Antes de que el viento pudiera penetrar las cortinas que recubrían cada ventana, la puerta de la habitación se abrió dejando ver a un Hitsugaya "calmado", más bien estaba como siempre, ocultando sus sentimientos de los demás, aunque estos ya lo supieran.
— ¿Qué sigue?— preguntó secamente desde su lugar. Atrayendo la mirada curiosa de Kusaka y la irritada de Karin ¿en verdad quería seguir?
Rangiku solo suspiró y se adentró en el cuarto para limpiarlo, siempre se había visto como una hermana para él, y si bien no le gustaba lo que estaba haciendo le correspondía apoyarlo, o al menos así lo sentía. Gin se llevó por delante a Toushiro quien le restó importancia, era obvio que estaba enfadado con él porque la rubia lo prefería; para ir a ayudar a la de orbes celestes.
—Como lo estropeaste, directamente pasaremos a la siguiente etapa: problemas de la realidad— dijo ella de lo más tranquila.
—Ya se te fue la imaginación— comentó el de orbes turquesa sacando de su nevera una botella de whisky. Cosa que le fue arrebatada por la de cabellos negros que se estaba asegurando de quitarle ese vicio. Hitsugaya simplemente lo dejó ser, ella tenía razón, tomar estaba mal y más si era para olvidar las penas…porque después estas seguirían saliendo a flote y tendría además un vicio del cual deshacerse.
—Entonces…— Lily llevó un dedo a su mentón y echó sus ojos hacia arriba haciendo que pensaba, hasta que sonrió y volvió su vista al frente — ¿Qué te parece, la cercana realidad de la perturbación?
Unas horas a lo sucedido, no había ido a la universidad, no se había quedado para decirle a Inoue que se encontraba bien, después de la molestia que pasó al irla a buscar, nada. Prácticamente quería tirar todo al caño y desaparecer. Además que a cualquier parte que mirara se sentía perseguida, parecía que la vida se burlaba de ella, la divinidad no quería verla feliz.
El clima también parecía ir contra ella: cálido, los rayos del sol no quemaban la piel, sino que simplemente te hacían un suave cosquilleo. En el parque las parejas paseaban de la mano y reían a gusto por lo estupendo del día. En ese momento un niño pasó por enfrente de ella, parecía perdido porque miraba en todas direcciones, iba a levantarse pero al segundo una mujer se le acercó y tomó en brazos, sonriéndole, mientras que el aparente padre los abrazaba a ambos.
Sin poder contenerse se largó a llorar. Los recuerdos de aquella noche en la que él convirtió su sueño realidad, parecía que fuera mentira, hacía dos noches parecía que todo comenzó bien y ahora todo estaba arruinado. Ella quería ser su secreto, el que todos se sorprendieran de saber, quería ser ella a la que presentó ayer como su novia. Sabía que la razón de que él buscara otra fue su culpa, total y puramente suya pero aun así no podía para de preguntarse por qué había sucedido. Porque nunca pensó que Toushiro no la elegiría. Esa chica se robó todo su mundo, su día, su noche, su vida. Ella estaba viviendo la vida que por derecho le correspondía.
Tomando su rostro entre sus manos descargó toda su frustración en ese instante, con sus lágrimas, sin saber que unos orbes turquesa la miraban de lejos, queriendo ir, y la vez no, a su encuentro. Porque el amor es lo que más duele, porque cuando no es correspondido y sabes que todo acabó tu mundo parece no tener suelo, ni sentido. Sin embargo ellos eran distintos, ambos sabían que se amaban, pero algo que ahora no se podía romper, aunque no fuera con cuidado, los separaba. Por eso todo aquel plan era lo que definiría que tan fuerte era su amor.
—Ahora es mi turno— dijo una acongojada voz a sus espaldas. Él solo asintió, dejándole el paso libre a su amiga. Ahora todo quedaba en la confianza que le tenía.
En el pequeño café en donde se conocieron ambos marcaban la "etapa cuatro" del plan, Lily prometía que le encontraría nombre y a él le daba lo mismo, lo importante era que se cumpliera.
—Escúchame bien, desde aquí será más sencillo, todos saben que una relación que empieza de la nada pende de un hilo— el arquitecto asintió —Bien, cuando yo esté lejos seguramente "extrañaré mi casa" y ahí comienzan los problemas, me comportaré como una pesada y todo será por medio de una llamada, enfrente de Hinamori-chan, así ella sabrá que tú no te llevas tan bien conmigo.
—Momo no caerá en eso.
— ¿Tienes una mejor idea?
Con precaución de no ser visto, el albino se escondió tras unos árboles cercanos, no quería que su amada oyera el ruido de su celular o que los pescara en el mismo sitio. Ya no podía ir a su encuentro y calmarla porque ella lo mandaría a la berno después de lo que le había hecho. Sintió su celular vibrar, otra vez comenzaba.
— ¿Cómo que no me llevarás? Prometiste que me mostrarías la famosa torre de Tokio, no…no quiero ir sola ¡eres mi novio y deberías hacerte tiempo para estar conmigo después de lo que pasó anoche!
Ante tanto escándalo Hinamori elevó la mirada, dejando ver sus lágrimas que caían como una cascada, encontrándose con la pelirroja a tan solo unos pasos de ella. Era el colmo, la vida la odiaba y mucho, definitivamente su suerte apestaba. Aunque no quería hacerlo porque creía que era incorrecto no pudo evitar escuchar como aquella atrevida le exigía tiempo a Toushiro. Él era un hombre ocupado y de gran prestigio, si lo tenía era por su excelente trabajo. Si tanto quería pasarlo con él que fuera a su oficina. Frunció su ceño como pocas veces, cómo se atrevía, si tenía su corazón en su mano, andar diciéndole eso.
—Tengo su atención— pensó al sentir como alguien le tiraba mala vibra por detrás —Hay no puedo, bueno si Hit lo arruinó ahora pagará las consecuencias, al diablo con el plan original.
—Ya deja de meter a Hinamori— dijo llamando más la atención de la durazno, a la que ahora sólo le quedaban los rastros de su llanto —Hinamori esto, Hinamori esto otro. Si tanto la quieres déjame en paz y vete con ella, ¡Ayer lo dejaste muy claro fuiste por mí solo porque te daba lástima que yo llorara!— intentaba no reír por todos los insultos que ahora escuchaba por parte del albino, no sabía que él podría decir tantas malas palabras.
Obviamente ese no era el plan pero qué más daba, si lo apuraban era mejor, y estaba segura de que Mori tenía su atención puesta en ella. O al menos eso pensó, porque cuando volteó la durazno ya no estaba allí.
Carraspeo insegura, cortando las palabras que el albino le dirigía, tan amable como siempre. Pero tanto dulce le cansaba así que decidió informar la situación. — ¡Ya deja de insultarme idiota!— gritó ignorando sus pensamientos sarcásticos de hace un momento, suspiró y tranquila se dispuso a hablar —Se fue, no sé cuándo…
— ¡Lily!
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Una rubia de grandes pechos y de un muy pronunciado escote estaba dando vueltas en la silla de su escritorio, era raro que su jefe aún no llegara, hacía una hora que tenía que entrar a trabajar y no lo había hecho. Pero estaba algo tranquila al saber que estaba bien, el tonto de su jefe seguiría jugando con el amor, era un idiota ¿por qué no lo decía y ya? Parecía estarla obligando a tomar cartas en el asunto, después de todo ella era amiga de Hinamori y le había dicho que si se pasaba las pagaría.
—Pero no tengo idea de qué haré.
Paró de dar vueltas, debía planear algo no podía ser que aquella chica le haya robado el rol de Cupido. Pero antes, encendió su laptop y abrió su correo, toda su lista era llenada por mensajes de Shinso, aquel hombre desagradable que conoció. Si fuera ciega tal vez podría vivir con él pero no lo era, además, las palabras no eran lo mismo que los actos. Iba a apagar su portátil cuando un cartel saltó, hablando de Roma…
—"Que linda que estas hoy Ran, me encanta cuando te pones tu pañuelo rosado en el cuello"— los orbes celestes mostraron confusión y con cuidado revisó su alrededor, solo estaban sus habituales compañeros de trabajo. Miró por la ventana, un momento, no había ventanas ¿cómo supo que ella llevaba de esa forma su pañuelo si vivía a miles de kilómetros de distancia?
El autor de ese mensaje sonrió, sabiendo por el silencio que la había asustado, le encantaba jugar de esa forma con Rangiku. Sobretodo porque jamás sabría que fue él. Este era el último mensaje que le mandaría, porque ahora se concentraría en conquistarla directamente. Ya no quería verla jugando con sus amiguitos de bar, o no, ahora se enteraría de quién era, porque…
—Ahora conocerás al verdadero Shinso, Ran— dijo divertido un hombre de cabellos lilas y una gran sonrisa zorruna.
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Una chica de cabellos anaranjados se dirigía con prisa al lugar de donde recibió la llamada para buscar su celular, esa voz de aquel informante anónimo le sonaba muy conocida. Se paró en mitad de la plaza y comenzó a imaginar quién podía ser, abriendo la boca de paso, dándole un aspecto totalmente inocente e infantil.
— ¡Una ardilla!
Nadie, y si es nadie podemos referirnos a…nadie; podía entender y/o meterse en la cabeza de Inoue Orihime para saber cómo había llegado a tal conclusión. Pero eso no importaba, sus amigos la querían por cómo era, y también la querían a pesar de sus defectos, como lo era cocinar pero nadie se lo diría. Allí otra vez esa persona que debería existir para explicarnos el extraño mundo de la chica de horquillas, aquel artefacto celeste que ahora iban enganchados en su buso celeste.
La de orbes grisáceos sacudió su cabeza, alejando toda la historia que había creado sobre aquel animalillo que había encontrado su celular, y aprendido español para devolvérselo; para centrarse en lo importante: recuperarlo. Debía hacerlo porque no recordaba el número de Momo, no quería molestar a Rukia en sus clases para pedírselo, ¡y no veía otra forma de saber si ella estaba bien!
Se sentó en la banca que había acordado con el animal de esponjosa cola, dándose viento con un panfleto que le fue entregado en la calle, de verdad hacía un buen día para estar con tanta ropa encima por lo que se quitó el buso, dejando a la vista una remera color rosa, y tirando por error ambos accesorios de cabello. Despistada, se quedó esperando, mientras jugaba con sus manos y observaba hacia la derecha, sin notar que alguien se agachaba para recoger lo que ella había dejado caer.
—Si sigues siendo tan despistada perderás la cabeza— acotó una voz a sus espaldas, ella se volteó rápidamente y pestañó un par de veces antes de levantarse abruptamente.
— ¡Tú eres el príncipe, no la aridilla!— afirmó ella captando miradas curiosas de la gente, haciendo que el joven de cabellos azules agachara un poco la cabeza y se sonrojara, capaz por las miradas posadas sobre ellos, o por la cercanía que tenía con aquella joven.
—Si yo soy el príncipe tu eres la princesa— dijo colocando las evillas en su cabello, mientras ella le sonreía con confianza —Soy Ishida Uryuu, a sus servicios— dijo haciéndole una reverencia.
Inoue rió ante el acto, no era tan tonta como para no recordar su nombre; cruzó los pies para elevar un poco su pollera amarilla con toques violetas, inclinando levemente su cabeza —Soy Inoue Orihime su majestad.
Ambos se sonrieron con confianza y él le invitó un helado, el cual aceptó gustosa, soñando ponerle toda clase de cosas encima, como por ejemplo un par de anchoas. Antes de llevársela Ishida recordó algo importante, era descortés de su parte robársela si no le daba lo que prometió, o al menos así lo veía él, por lo que le extendió el celular y ella desapareció al segundo ¿había sido un error darle el celular?
—Deme dos helados de vainilla— ordenó tranquilo el chico de gafas al ver que la "princesa" solo estaba haciendo una llamada.
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El medio día, y por ende la hora del almuerzo, al fin había llegado. Si la secundaria le pareció un dolor de cabeza qué decir de la Universidad, definitivamente la primaria, secundaria y preparatoria eran pan comido y un juego de niños comparados con lo que ahora vivía, y él se quejaba de estudiarse un par de hojas. Al lado del desanimado Kurosaki estaba un muy optimista Kusaka, que siempre le sacaba el lado positivo a todo, y esta institución no era la excepción.
—Alégrate Ichigo, cuando nos recibamos seremos como Toushiro, por lo menos yo, juntos construiremos ciudades enteras ¡Nos llamarán de todas partes del mundo cuando ambos seamos arquitectos reconocidos! — dijo el de orbes violeta con los mismos brillando.
—Claro…aunque Toushiro ya logró eso solo— dijo Ichigo siguiendo con su mala gana, él era estudiante de medicina para "seguir la tradición", aunque aquel fue su pie para decidirse qué estudiar podía afirmar que era lo suyo, definitivamente tenía los genes de su padre. Por otra parte estaban aquellos inseparables jóvenes que conoció, su futuro cuñado, ya lo había aceptado, pareció entrar en razón ya que hacía unos años que venía diciendo que sería el competidor de Toushiro pero mientras ellos avanzaban en sus estudios el joven prodigio lo hizo en su carrera. Y estaba seguro que nadie querría competir con él. Por lo que Kusaka había cambiado su historia y en vez de competidor ahora sería su socio.
Ambos siguieron su apresurado camino al bufet, para matar a alguien por un poco de comida, es decir para comprar algo para satisfacer sus ansias de alimento. Mientras caminaban podían sentir el hermoso día que se estaban perdiendo. Cada uno ignorando su situación sentimental porque de ser por aquello, Ichigo estaría optimista y Sojiro de mal humor. Esperanza, a parte de miedo al rechazo, era lo que embargaba el corazón del joven de cabellos naranjas, mientras que la desesperación por no poder decirlo, gritarlo, o lo que se quiera carcomía todo el ser del estudiante de arquitectura.
Entre tanto que cada uno iba en lo suyo Ichigo no notó cuando su amigo fue secuestrado y arrastrado hacia un aula vacía que estaba por donde ellos circulaban. Kusaka reconoció aquel aroma a frutilla que la gemela Kurosaki siempre emanaba, por ser que usaba un perfume raro que le regaló su hermana, así que se decidió por hacerla esforzarse un rato llevando su pesado cuerpo hasta su objetivo.
Una vez que entraron en aquel salón de clases, el cual se encontraba a oscuras, ella lo soltó provocando una estrepitosa caída ya que él estaba siendo arrastrado de espalda. Kusaka rió al ver lo cansada que su amiga estaba, la conocía demasiado como para no saber por qué estaba allí, ahora que lo pensaba todos le decían a Toushiro que sea sincero ¿pero qué había con ellos? ¿No debían verse primero antes de aconsejar a alguien más?
—Karin, te quiero.
Los orbes azules se mostraron con gran sorpresa y en el momento que él se levantó para besarla ella retrocedió, chocando con uno de los bancos de aquella aula, mostrándose asustada. Él no lo entendió hasta que vio una nota escurrirse por las manos de la Kurosaki, cayendo en un suave vaivén al suelo. Está bien, debía admitirlo, había metido la pata.
"Le informamos que ha sido aceptada en el equipo Nacional de Futbol Femenino de Tokio como Capitana del equipo…"
Ambos se quedaron estáticos en ese cuarto lleno de bancos, mirándose fijamente, sin saber qué decir o cómo actuar debido a la confesión y reacción de cada uno. Kusaka se reiteró para sus interiores: una muy, muy grande metida de pata.
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La torre de Tokio era uno de los lugares que los turistas frecuentaban, y ella no sería la excepción, ahora que se encontraba en el lugar podía decir que no era la gran cosa. Para agregar, sino fuera por aquel plan que la tenía tan ocupada, Japón sería aburrido. Comida rara, mucha gente por las calles, puertas que debías correrlas...sí, se había escabullido en un hotel para turistas, los cuales estaban edificados para que se sintieran parte de Japón, o lo que ellos creía que era Japón, entre otros ya la tenía cansada. Otra cosa: las atracciones, siendo que no podía salir de los límites de Tokio no eran muchas y eso la hacía aburrirse más. Aunque había comprado varios accesorios curiosos, a parte de libros que parecían cómics o algo así.
—Vaya potencia mundial…— se quejó la chica mientras comía una fruta que no podía pronunciar, en la parte más alta de aquella torre, la cual dejaba que el viento la despeinara.
Odiaba estar sola, el estarlo simplemente le traía recuerdos desagradables, los cuales no quería tener, los cuales deseaba borrar de su mente, los cuales deseaba que jamás hubieran sucedido. Suspiró derrotada y se acostó sobre sus brazos, los cuales ahora cruzaba diagonalmente, entrelazados, sobre una parte de aquella estructura metálica. Lo que más dolía es que a pesar de todo, seguía amándolo.
Recuerdos de aquella noche que pareció perfecta llegaron a su mente haciéndola reír y luego obligándola a escupir lo que tenía en su boca. Apretó aquella asquerosa fruta y la arrojó con furia al vacío.
— ¡Te odio!— gritó a todo pulmón, haciendo que la gente a su alrededor se alejara lo más posible de aquella loca yanqui.
Está bien dicho, que para odiar a alguien hay que amarlo porque el odio puro solo se puede probar cuando amas a alguien. Por eso siempre son los sentimientos que predominan, es uno o es otro. Y eso es lo que ella sabía. Pero esas dos palabras, aquellas que destilaban una gran ira, no iban contra nada más y nada menos que su persona. Dejando sólo una pregunta latente: ¿por qué?
En el otro lado de Tokio, la zona empresarial, Matsumoto se pintaba tranquilamente las uñas, olvidando lo ocurrido hace un rato con Shinso, y relajada al saber que su jefe ya estaba en la oficina pero no contó con el pequeño, pequeñísimo detalle de que una chica de cabellos negros tirando a violeta pasara por su lado, ignorándola en sobremanera, para irrumpir en la oficina de su querido Capi.
— ¡Hinamori!— dijeron al unísono Matsumoto y Hitsugaya. La primera asomándose por la puerta, aún con el pinta uñas en mano, y el segundo quitando su vista de los papeles que leía, y de sus clientes.
—Di-disculpa— articuló la durazno al notar que él estaba ocupado. No quería ser como la tal Lily que lo molestaba en su trabajo pero en verdad que era importante lo que le diría.
Momo salió del lugar y cerró la puerta, tapando su cara con ambas manos, avergonzada por sus actos no premeditados. La rubia notó algo curioso en ella, se veía muy, muy…muy abrigada para ese día. Y con una cartera muy grande. Iba a preguntar cuando por la puerta salió el mismo Hitsugaya con sus clientes.
—Gracias por su comprensión— dijo en un idioma que ninguna de las dos sabía, y en cuanto los dos empresarios se fueron Hitsugaya las miró con reproche —Es mandarín, tontas— se burló el joven prodigio, borrando la ínfima sonrisa al captar más rápido el tema de Hinamori.
El ambiente se tensó y Rangiku miró a ambos sin comprender, Hitsugaya cargaba una mirada seria pero si se concentraba podía ver los verdaderos sentimientos de su Capi, estaba sintiéndose culpable ¿Porque Hinamori se veía bien?, esa pregunta quedó fuera de lugar al ver la mirada aún más seria y podía apostar una semana sin sake y cargada de trabajo, que aquello era lo que Hinamori estaba igual a como reflejaba.
Sin mediar palabra la chica se acercó al albino y le dio un pequeño beso en la mejilla antes de tomar una valija escondida detrás del escritorio de Matsumoto y salir del lugar, dejando a una sorprendida Rangiku y a un cabizbaja Toushiro.
—Cancela todas mis citas— dijo antes de salir tras su amiga, dejando a Matsumoto con una sonrisa y en su anterior tarea: pintarse las uñas.
—Tan trabajadora como siempre Ran— se burló un hombre apareciendo de la nada. Haciendo que la rubia se pintara todo su dedo índice.
— ¡Gin por qué apareces sin avisar!
—Porque soy una serpiente— dijo él extendiendo una rosa roja enfrente de la mujer de ojos celestes, quien parpadeó sin entender —Es para ti— eso sí entendía, lo que no… — Tengamos una cita ¿vale?
Ella asintió por inercia, tomando su abrigo por las dudas y dejando a Hisagui con el resto del trabajo, las llamadas, además de programar nuevas citas a Hitsugaya. Ante ese acto Ichimaru torció su sonrisa ¿por qué se acercaba tanto a ese idiota? Sí, eran amigos y lo entendía, pero nunca recordó que ella tuviera tal consideración con él.
— ¿Vamos?— dijo una feliz Rangiku, justo cuando pensaba en salir con tipos que no solo fueran palabras aparecía uno, y ahora que lo pensaba ¿quién mejor que su mejor amigo para entablar una relación? Además que fue bastante directo como para rechazarlo.
—Sí— afirmó el cara de zorro sin apartar su mirada asesina de Hisagui Shuhei.
Ambos salieron, a decir verdad a Rangiku no le preocupaba Toushiro, él sabía cómo era ella, y si no la despidió hasta ese día ¿por qué la despediría ahora? Además que ya se había dejado bien cubierta, Hisagui era muy responsable en su trabajo, y aunque él no era asistente ni nada siempre estaba orgulloso de tener más responsabilidades ¿raro? Qué importaba si eso le ayudaba…en este caso, a salir con un buen hombre que conocía desde hace ya mucho tiempo.
Antes de que Hinamori pudiera entrar en el taxi que la esperaba algo la sostuvo fuertemente por su brazo, llevándola hacia un costado del gran edificio perteneciente a él. La de orbes chocolate trató de zafarse del agarre pero él no desistió, ni siquiera cuando ella se quejó que le dolía.
— ¿Por qué?— exigió saber, clavando su mirada turquesa en ella, no tenía que ser genio para saber que Hinamori estaba por viajar.
—No…no quiero arruinar más tu vida— confesó ella agachando su mirada —Tú, siempre hiciste todo para llamar mi atención pero estaba tan asustada de perder tu amistad que no le di importancia a tu amor— elevó su rostro y le enseñó una sincera sonrisa acompañada de lágrimas. Hitsugaya sólo la miraba serio, aunque dolido por saber que ella sí se percató de todo lo que él había hecho. —Hace unas horas oí la conversación que tenías con Lily-chan…yo— abrió su boca intentando hablar pero no salieron las palabras, tomó aire y volvió a hablar —…yo sé que ya no tengo derecho a amarte Shiro-chan, sé feliz— dijo esto último intentando irse pero un brazo se colocó enfrente de ella, impidiéndole el paso.
Hitsugaya la miraba con su temple serio y frío, jamás pensó que una confesión de ella le doliera tanto. Ya no le importaba el plan que Lily había trazado, faltaban como dos "etapas" más para que ellos pudieran estar bien pero ya no quería seguir con aquello, no quería lastimarla más. Confiaba en la pelirroja pero si hasta ahora no vio buenos resultados no podía darle un buen vistazo a toda la situación.
Intentó acariciar el cabello de ella pero esta rápidamente lo separó, abofeteándolo en el acto. —Es horrible cuando tu novio no te es fiel— dijo ella ocultando sus ojos tras su flequillo —No creía que eras como Grimmjow pero si le haces esto a Lily-chan, ya no sé qué pensar de ti, no quiero verte como a él, Shiro-chan.
Toushiro la dejó ir, había olvidado ese pequeño detalle: el idiota Grimmjow que había engañado a su amiga. Suspiró con pesar, tal vez debía preguntarle a Lily cuál era la siguiente fase porque al parecer él era un desastre en este tema. Miró hacia un costado y vio que justo la mencionada estaba llegando.
—Oye Lily…— sus palabras se vieron interrumpidas por la fuerte cachetada en su otra mejilla. Parecía que hoy era el día de golpearlo.
— ¡Deja de arruinarlo, este no era mi plan!
La única hija de la familia Johnson estaba arrodillada, dando pequeños saltitos en la cama de Hit…no, no lograría aprenderlo. Bien, de su nuevo amigo. Ya habían entrado en confianza, él se había abierto a ella con facilidad, algo curioso, pero en el tema del amor, ella estaba igual que él. No necesariamente a miles de kilómetros de la persona que amaba, al menos no físicamente.
—Tengo un plan— afirmó comiendo un helado, era invierno pero él insistía en comer un helado, curioso.
—Te escucho— dijo sin ánimos el albino ¿qué tan malo podía ser escucharla hablar de meterse en su vida? Seguro sería un recuerdo para reírse cuando volviera a Japón.
—Consta de seis etapas, deberás cumplirlas todas al pie de la letra porque si lo arruinas en lo más mínimo uno afectas al que sigue— explicó recibiendo un "hm" por respuesta.
Comentó sus etapas de lo más encantada, parecía que se le venían ocurriendo conforme terminaba uno. Pero el final fue lo interesante ¿juntos? ¿Después de todo ese descabellado plan tendría una relación con Hinamori? Parecía buen momento, Matsumoto estaba con los preparativos para volver, molesta porque Shinso no fue más que un desagradable, gordo y alcohólico hombre; y Kusaka le había informado la noche anterior que Hinamori había roto con Grimmjow.
—Acepto— dijo estrechando la mano de la chica pelirroja que sonrió feliz, después de todo su plan era peor: fingir que nada pasó. Capaz costaría un par de años volver a tener una buena amistad y olvidarlo todo, o ella no lo querría ver culpándolo por confundir sus sentimientos y por eso terminado con su novio. Definitivamente, prefería el plan de su amiga.
La joven de orbes jade estaba cruzada de brazos y con el ceño fruncido, nunca pensó que las cosas se le irían de las manos ¿era su culpa? ¡Claro que no! Porque si él le hubiera hecho caso desde el principio nada de esto estaría pasando, repasando el plan en su mente, ahora él debería estar terminado con ella enfrente de Mori, y ella diría algo como "igual no le gustaban los asiáticos", o "se ve que su amor es más grande que el nuestro", o nada, yéndose sin palabras del lugar.
De la nada sacó un sobre de color marrón claro, ante la mirada curiosa de Hitsugaya. Rió confundiéndolo un poco, y rompió el sobre en miles de pedazos. —Sabes…no hay mejor plan que la honestidad y la verdad— sostuvo de su camisa al chico albino que por poco y salía corriendo al confirmar que sus ideas iban bien encarriladas.
— ¡En el momento indicado idiota!
-.-.-.-.-.-
Una vez su profesor dio por terminada la clase guardó a una velocidad considerable sus cosas y tomando torpemente su mochila salió corriendo de aula. Todos sus compañeros la quedaron mirando raro, era extraño que la seria y responsable Kuchiki se apresurar por retirarse; no le tomó importancia, simplemente tenía algo más importante en mente. Atravesó corriendo por los brillantes pasillos que conducían a la salida, revisando su celular para la confirmación de su amiga.
"¿Pero qué sucede Rukia-chan? ¿Pasó algo malo? Está bien, está bien, no seguiré con preguntas.
Nos vemos en tu casa, la mía esta…"
Cerró su celular y siguió con su meta, llevándose a algunas personas por delante. No le importaba el resto del mensaje, seguramente Orihime se disculparía que su casa esté desordenada porque había tenido que estudiar para sus exámenes, Orihime sería enfermera, estaría codo a codo con Ichigo para que él se fijara en ella, sacudió su cabeza frenéticamente mientras paraba en la dichosa entrada de la universidad, colocando sus manos sobre sus rodillas intentó regular su respiración, miró hacia adelante decidida a retomar su camino; Ichigo no podía enamorarse de ambas. Porque no se puede comparar el agua con el aceite.
— ¡Kuchiki!— un llamado la hizo voltearse, aun respirando agitadamente y con la mirada algo borrosa por el cambio de luz, con todo eso, pudo distinguirlo.
— ¿Hanakari?
Su plan se había frustrado, no llegaría a tiempo pero estaba segura que Inoue la esperaría, se sentía mal, hacerla esperar para "pedirle permiso". No, no era permiso sino…negó con su cabeza para no pensar en eso, y volvió su vista hacia Jinta, quien había ido por un par de refrescos, ese rudo chiquillo que no era de lo más inteligente, irle a preguntar a ella de Yuzu ¿no hubiese sido mejor preguntarle a la gemela de esta?
El pelirrojo se acercó hacia ella y le extendió una lata de gaseosa, hubiera sido divertido jugar con él un rato pero lo que más quería ahora era deshacerse de él.
—Gracias— dijo tomando lo que le era ofrecido —Dime…— le cedió la palabra mientras abría y bebía el contenido de la lata.
—Es que…no lo entiendo, no quería preguntarle a su hermana o al cabeza de picos de zanahoria porque seguramente no me contestarían o…no lo sabrían— dijo apartando la mirada de la de cabellos negros, colocándola en el suelo. — ¿Por qué nunca está con nadie? ¿Por qué sólo le habla a Ururu?
— ¿A qué quieres llegar?— cuestionó la estudiante de derecho tomando la situación con la misma seriedad que él.
—Es que…antes lo hubiese pasado por alto pero, la otra vez nos la encontramos y ella estaba llorando— dijo mirando con enojo a la nada —Dijo que no tenía amigos, que las personas la odiaban y por eso la dejaban de lado… ¿Por qué? Es sólo que no lo entiendo.
Rukia bajó la mirada, para que Yuzu estuviera llorando sólo había una explicación, lo recordaba pero ella tampoco podía entenderlo del todo tal vez porque no conocía la versión completa o porque no pasó por lo mismo.
—Cuando Yuzu tenía nueve años, Ichigo y yo teníamos once…aquel día él no había llegado a la escuela porque hacía una semana que su madre había muerto y no quería ver a nadie, pero ellas…ellas sí iban.
—Kuchiki-san ven rápido— una de mis compañeras de clase sabía que yo era amiga de Ichigo y cuando él no estaba yo me encargaba de cuidar de Yuzu y Karin, siempre las peleas eran por Karin, esa niña gustaba de expresarse por medio de golpes.
Pero ese día, no fue Karin la que estaba metida en problemas, es más, ella tampoco había ido. En cuanto llegué Yuzu se estaba peleando con una de sus compañeras, estaba furiosa de una forma que jamás la había visto, era igual que Karin en ese momento sólo que con otro cabello y ojos. Repetía muchas veces que se retractara, que era su amiga y que no tuvo derecho de decirlo.
Me metí entre ellas y las separé, grande fue mi sorpresa que la niña solo se estaba defendiendo, lo comprobé cuando la sostuve y Yuzu le dio un buen golpe que le costó dos dientes a la niña. Cuando uno de los profesores llegó, la niña que lloraba dijo con desprecio que Yuzu no quería aceptar que su madre murió por su culpa. No debo decirte que esa era la mejor amiga de ella.
Kurosaki-san fue el único en enterarse, le dijeron a Karin y a Ichigo que sólo se había caído, porque ella lo prefirió así. Desde ese momento no volvió a confiar en nadie, a pesar de estar rodeada de mejores personas, a pesar de ser tan dulce y de no perder ese optimismo que posee…desde ese momento, ella siempre dijo que no tenía amigos. Así fue hasta que cumplió dieciocho años, cuando llegó a esa edad, se dio cuenta que su negación hacia las personas en verdad la había dejado sola.
Jinta caminaba por las calles de Tokio rumbo a Urahara's Shop, meditando lo que había escuchado de la Kuchiki menor. Si Yuzu había pasado por eso ¿cómo que siempre era tan amable con las personas? En vez de quedarse sin nadie ¿por qué no odio a la gente? No comprendía bien, era bastante inmadura y se dio cuenta cuando fue tarde, pero no era tarde, después de todo ahora la tenía a su amiga, Ururu era muy buena a pesar de ser callada o malévola a su modo.
"Cuando Karin o alguien más pregunta por sus amigos, ella siempre inventa cosas y afirma tenerlos…"
Sus pasos comenzaron a acelerarse, dando paso a un leve trote, no sabía por qué tenía tanto apuro de llegar, si a él no le gustaba su trabajo. La sonrisa de la castaña apareció en su mente, aquellas palabras dulces que siempre le daba, el cómo lo espiaba en sus prácticas de futbol, sonrió ante el último recuerdo era una tonta si se creía que él se tragaría el cuento de que fue a ver a su gemela.
"…y tiene razón"
De todas formas no podía reclamarle nada, él también usaba a alguien como excusa para estar cerca de ella. Iba siempre después de clase a esperar "a Ururu" pero ni una palabra le dirigía hasta que no se separaban de la Kurosaki, dando paso a los comentarios burlones de su amiga de toda la vida. Aunque a veces la de cabellos negros parecía querer molestarlo demás y hacía comentarios como: "ustedes se verían bien juntos" haciendo que ese tierno toque carmín se apoderara de las mejillas de Yuzu, y que él se apoderara del cabello de su compañera de trabajo.
"Ahora Ururu-chan y tú son sus amigos, los únicos que tiene podría asegurar. Y aunque sus historias tienen como protagonistas a personas que no existen, tal vez ella pueda reemplazarlos con ustedes, no creo que Karin o Ichigo la juzguen, después de todo…"
Paró su corrida, sí, no supo cuándo pero estaba corriendo; cuando notó que más adelante Ichigo iba cargando un par de bolsas y Yuzu iba de lo más feliz hablando con su gemela, señalando algunas vidrieras con ella. Miró a los tres un rato, se veían…no le importaba, lo que en verdad le interesaba era ella, que se veía feliz. Y eso era lo único que le bastaba. Colocó sus manos detrás de su nuca ¿quién pensaría que él, el chico malo, podría estar preocupado por el bienestar de una chica?
"…después de todo ellos la quieren."
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Tras acabar el asunto de la menor Kurosaki se dirigió a su hogar, donde su amiga ya estaría de los nervios pensando y/o imaginando lo peor. O para mala suerte de ella, cocinando. Miró el cielo y notó las primeras estrellas, el viento ya estaba refrescando pero le sentaba bien, no aborrecía el calor, tampoco el frío, en esos momentos ni siquiera sabía cómo se sentía en realidad. Enfrente suyo, tenía la puerta de su casa, la luz emanaba desde dentro del dúplex, sonrió de medio lado sabiendo que al otro lado una sonriente Inoue la abrazaría entre lágrimas diciendo lo preocupada que estaba.
—Inoue…— detuvo su llamado al notar a un chico de gafas en su sala. Pestañó un par de veces para saber que su vista no la estaba engañando — ¿Ishida-kun?
—Kuchiki-san, es un gusto volverte a ver— afirmó el de cabello azul levantándose del sillón para recibirla, jamás le gustó entrar sin permiso pero la princesa de cabello naranja había insistido tanto, además ya conocía a Rukia y estaba seguro que esta no se enojaría.
— ¿Pero cuándo llegaste a Tokio?— dijo ella con una sonrisa abrazándolo — ¿Qué pasó con la universidad de Osaka, y tu sueño de ser mejor médico que tu padre e Ichigo?
Antes de que el joven de gafas contestara una radiante Inoue apareció por la puerta que dividía la cocina de la sala-comedor, en la que ellos se encontraban. Para ese momento, ellos ya se habían separado y la Kuchiki sólo lo invadía de preguntas, las cuales no fueron contestadas porque a ambos se le tiñó el rostro de verde al ver la cena. Una mezcla de arroz, fideos y una salsa que parecía tener todo menos algo normal.
—La cena está lista…— comunicó felizmente para después mirarlos intrigante — ¿Se conocen?
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Pagó lo que le correspondía al chofer, y le dio una gran propina, ya que el pobre tuvo que ir escuchando todos sus pesares. En cuanto abrió la puerta recibió un "buena suerte" y una gran correntada de viento frío. Se aferró a su campera y miró hacia el frente, había una pequeña y acogedora casa en medio de la nieve. Hokkaido era cubierto de nieve en gran parte del año, recorrió el pequeño camino que guiaba a su antigua casa, dónde creció y antes de ir hasta la puerta se detuvo, mirando con tristeza la casa de junto, la casa de Toushiro. La puerta de su casa se abrió y una luz la cubrió, sacándola de sus pensamientos.
— ¿Hija?— dijo en duda una mujer mayor, con un largo cabello lila y grandes ojos chocolate.
—Hola mamá.
Continuará…
¿Qué había en ese sobre? ¿por qué Lily se odia? ¿Qué hará Jinta ahora que sabe lo de Yuzu? ¿Qué harán Hanataro y Kon para ganarse a sus chicas? ¿Cómo le irá a Rangiku en su cita? ¿Rukia encontrará el momento para hablar con Orihime o la visita de Ishida se convertirá en un estorbo? ¿Qué pasará entre Karin y Kusaka? ¿Cuál era el nuevo plan de Lily? ¿Hinamori perdonará a Toushiro o su amistad se acabó? Todo esto y más en el próximo cap! n.n
¡Espero que les haya gustado! :D Si fue así dejen review :3
¡Ja-ne!
