Rota
En cuestión de horas, habían llegado a su destino: ésta extraña torre, a través de la cual Crimson podía navegarse muy bien, según pensaba Amethyst. El lugar era viejo, desolado y parecía a punto de colapsar en cualquier momento, pero la castaña decidió no darle importancia.
"¿Cómo se llama éste lugar?" Preguntó la de ojos amatistas, mientras miraba fijamente a la espalda de su amigo, quien no se había dignado a mirar en otra dirección que no fuera al frente desde que habían llegado a Unova.
"Dragonspiral Tower." Murmuró el ojirojo. Por el suelo del lugar, se podían ver las sombras de algunos Pokemon que la chica no era capaz de identificar, pero ninguno de ellos se atrevía a mostrar la cara. Eso era extraño; los Pokemon salvajes comunmente atacaban en cuanto alguien pisaba su territorio, pero ellos solamente se escondían. ¿Acaso tenían miedo de algo?
"¿Haz estado aquí antes?" Preguntó ella, con la mirada fija en aquellas criaturas ocultas en las sombras de la torre en ruinas.
"No."
"¿No?" Repitió, apresurando el paso para llegar hasta Crimson. "Entonces, ¿Cómo-"
"Zekrom." Le cortó él, mirandole de reojo, aún encarando al frente. "Él sabe de éste lugar; vivía aquí. Me está guiando." Amethyst no entendía muy bien a lo que se refería el ojirojo, pero le dejó proseguir. "Lo mismo le pasó al cuerpo de Cobalt cuando fuimos a la madriguera de Kyurem: conocía perfectamente el lugar a pesar de nunca haber estado allí. Siento... que algo me llama."
Luego de varios minutos, llegaron a una escalinata en esprial, que se elevaba hacía arriba y de la cual no se avistaba final. En la oscuridad de aquel lugar, Amethyst no podía dejar de pensar en lo que el muchacho había dicho. Esta era una de esas cosas que Amethyst jamás podría compartir con sus amigos, algo que ella jamás podría comprender: el ser un reflejo de una existencia mucho mayor, el hecho de que alguien tome tu cuerpo prestado y lo mueva a su voluntad, que alguien más te navegue por un laberinto...
"¿Cómo te enteraste de éste sitio?" Preguntó la castaña. Su voz hacía eco en el hueco espacio por el que se desplazaban. Todo estaba oscuro, así que no pudo ver la expresion en el rostro de Crimson al escucharlo suspirar.
"En una ocasión soñe con él." Ahora sabía por qué el suspiro: Crimson no se dejaba llevar por nada más que hechos, no dejaba nada a la suerte. El seguir una corazonada era algo que no se permitiría bajo otras circunstancias, pero ésta era una situación especial: se trataba de recuperar el cuerpo de su hermano.
"Vaya, quién lo diría." Murmuró Amethyst. Crimson pudo escuchar la sonrisa que se plegó sus labios.
"Tu deberías saberlo; te metiste a ese sueño." Murmuró el ojirojo.
"¿Eh?" Balbuceó la chica. "No lo hice." El chico se detuvo, le miró por encima de su hombro por un instante; un instante en el cual Amethyst vió claramente un extraño brillo en el único ojo que Crimson dejaba a la vista. Pero tan pronto como lo descubrió, Crimson regresó su mirada al frente y comenzó a caminar todavía más rápido. "¿Es decir que sueñas conmigo? Me pregunto qué clase de sueños serían esos. Ojalá no sea nada su sucio, bastardo enfe-"
"Silencio."
"Espero no entrar en alguno de tus sueños perver-"
"Callate." Siseó Crimson, girandose bruscamente hacía Amethyst. La muchacha estba a punto de hacer otro comentario, pero un extraño sonido la detuvo en sus cabales. Ambos se miraban directamente a los ojos, tratando de identificar aquel extraño ruido. Era como el sonido de cientos de canicas golpeando el suelo, una y otra vez. "Son descargas eléctricas."
"Dudo que en éste lugar haya corriente electrica." Opinó la muchacha, antes de levantar la mirada, seria. "Hay alguien ahí arriba."
"Andando." Comandó el ojirojo. Amethyst liberó a su Skarmory de una de sus Pokebolas, sujetó la mano del muchacho y ambos saltaron a su espalda, para recorrer el resto del camino en tan solo segundos.
La luz del sol atravesaba las paredes de éste lugar, deteriorado por el tiempo y la naturaleza. Lucía como un santuario, con cientos de simbolos grabados en el suelo, las paredes; con un altar alzandose al frente del vasto lugar. Y frente al altar, yacía arrodillado un hombre, junto a un extraño Pokemon Insecto que ninguno de ellos supo identificar.
"Te estaba esperando." Murmuró el hombre, aún de rodillas, encarando al altar. "Zekrom."
"Tú... Estás con ellos." No era una pregunta, él lo sabía. Crimson bajó de la espalda de Skarmory e instintivamente, su mano derecha se posó sobre su cinturón, dispuesto a llamar a uno de sus Pokemon en cuanto el extraño personaje hiciera algo inusual. El hombre finalmente se levantó, dio media vuelta e hizo una reverencia a sus visitantes.
"Mi nombre es Van." Se presentó el rubio, sonriente. "Soy el tercer general del Team Void, comandado por Lord Braire. Y éste es mi Galvantula." El Pokemon lucía fiero, deseoso de entrar en batalla, emanando chispazos de sus patas.
"¿Qué haces aquí?" Preguntó Amethyst, aún montada sobre su Skarmory. "¿Qué estás buscando?"
"Lo mismo que ustedes, supongo:" Van rió un poco, para después mirar al altar por encima de su hombro. "Información."
"Mentira." Siseó Crimson. El muchacho apretaba la quijada, temblando de coraje en su lugar. Amethyst aún se sorprendia por ésta cualidad de su amigo: la capacidad que tenía para odiar a alguien a quien acababa de conocer. "Roxa dijo que no nos necesitaban a Cobalt ni a mi; no están detrás de Reshiram y Zekrom esta vez. ¡Dime la verdad!"
"¿Cobalt, haz dicho?" Y en ese momento, Crimson se dio cuenta de que había cometido un error fatal. "El Niño de la Luz... ¿Vive? ¿En éste mundo?"
"Ya me harté de hablar." El ojirojo tomó la primer Pokebola que encontró y-
"Onda Trueno." Un rayo de energía amarillo le golpeó de lleno enviandolo contra la pared y después al suelo, impidiendo cualquier movimiento. El ojirojo gritó de dolor mientras trataba de levantarse, pero su cuerpo no le respondía, ni dejaba de temblar. "Se un buen chico, y quedate ahí."
"Infeliz..." Murmuró el moreno, sintiendo la impotencia asentarse en su pecho. Amethyst finalmente bajó de su Skarmory, lo regresó a su Pokebola y liberó a su Blissey. "Amethyst, no tiene-"
"Callate." Siseó la castaña, con la mirada fija en Van. "Él... sabe algo." Crimson no entendía a qué se refería su amiga, pero decidió no cuestionarla. De igual manera, no había algo que él pudiese hacer para detenerla. "Vas a decirme lo que sabes, o voy a arrancarte la información yo misma."
"Podrías tratar preguntado amablemente, antes de recurrir a la violencia." Afirmó el rubio, sonriendo cual mayordomo a su amo. La castaña se cruzó de brazos, aún con esa mirada inexpresiva en su rostro.
"Proyecto V-M619." Esas palabras parecían ser una especie de conjuro, ya que el rostro de Van cambió totalmente ante su mención.
"Tienes razón." Concedió el rubio, antes de chasquear los dedos. A su señal, Galvantula dió un salto al frente, haciendo gala de la cantidad de energía que poseeía, liberando relampagos a diestra y siniestra. "Tendrás que hacerlo tú misma."
"Blissey, ¡Movimiento Sismico!" La enorme bola rosada se lanzó al ataque del Pokemon Eléctrico, luciendo lo más feroz que le era posible. Sin embargo, Galvantula, haciendo muestra de una impresionante velocidad, evadió el ataque, se colocó detrás de su oponente y se preparó a atacar.
"Trueno." Comandó Van en un susurro, y del cielo, partiendo el techo de la torre para abrirse camino al interior, cayó un relampago amarillo que impactó de lleno al Pokemon de tipo Normal. Sin embargo, éste a penas sintió el ataque. "Impresionante."
"Blissey es el Pokemon con la Defensa Especial más alta de todos." Explicó Amethyst, mecánicamente, sin denotar aún ninguna emoción. "Esta es una pelea que no podrás ganar."
"Probablemente no, pero si tú no puedes acertar un ataque, tampoco ganarás." El rubio chasqueó los dedos nuevamente, y Galvantula repitió nuevamente el ataque anterior, obteniendo el mismo resultado. El insecto amarillo continuó con la misma rutina, repitiendo el ataque una y otra vez.
"Blissey, Softboiled." Comandó la castaña, y en cuestión de segundos, Blissey se había recuperado de todo el daño recibido.
"¿Es ésta tu manera de pelear?" Preguntó Van, visiblemente molesto, en contraste con su usual naturaleza serena. "Solo recibes golpes, como un saco de arena. Gente como tú me repugna; aquellos que se quedan sin hacer nada mientras el mundo les escupe en la cara, ¡Merecen la muerte!" El rubio chasqueó los dedos una última vez. "¡Galvantula, Trueno!"
Sin embargo, en esta ocasión el Pokemon Insecto no se movió ni un centimetro, ni liberó una gran cantidad de relampagos. En lugar de eso, se dejó caer al suelo, inconsciente.
"No, esa no es mi manera de pelear." Explicó Amethyst, antes de regresar a Blissey a su Pokebola. "Mi manera de pelear no es otra sino dejar que mis oponentes se desgasten lentamente. Claro, con uno o dos estimulantes que aceleren el proceso."
"Toxic." Murmuró Crimson, aún en el suelo, admirando la estrategia de su amiga. "Es tán obvio, tán simple."
"Impresionante." Repitió Van, antes de regresar a su Pokemon a su Pokebola. "Jamás imaginé que detrás de una carita tan angelical se escondiera tal destreza para la batalla."
"Basta de elogios; ¿Qué sabes del Proyecto V-M619?" La mirada de Van se agudizó, y en una fracción de segundo, examinó a la de ojos amatistas de pies a cabeza y de regreso.
"Tú eres..." Comenzó el rubio, en un murmuro. Sin embargo, se detuvo cuando se dibujó una sonrisa en sus labios. "No. Es imposible."
"¡Contesta!" Exclamó Amethyst, antes de liberar a Cresselia. "¿Qué es ese proyecto? ¿Qué tiene que ver conmigo?" Crimson aún no entendía de qué estaban hablando, pero por temor a atraer atención indeseada, se mantuvo al margen.
"¿Podría ser acaso que tu eres el producto?" Preguntó Van, más al aire que a cualquiera de ellos. El rubio se llevó ambas manos detrás de la espalda y comenzó a caminar en circulos, con la mirada perdida en el techo del lugar. "Ciertamente, sería una terrible coincidencia. Y una desdicha, además." El hombre miró a la entrenadora de reojo, sonriendo de forma malintencionada mientras lo hacía. "¿Qué sientes... al saber que eres un fenómeno?" Los ojos de Amethyst se abrieron como platos, su quijada cayó un poco y podía sentir como lentamente su boca se secaba. "Solo puedo imaginar, así que cuentame. ¿Qué sientes al saber la verdadera naturaleza de tu asquerosa existencia?"
"¡Callate!" Ante el alarido desgarrador de la castaña, el Pokemon Legendario lanzó una onda de fuerza psiquica al hombre, pero éste desapareció antes de recibir el impacto. Segundos después, reapareció, justo a la espalda de Amethyst, posó dos dedos en el cuello de la chica, y susurró en su oído:
"Tú eres lo que nunca debió ser."
"Tu eres... igual a nosotros."
"Proyecto V-M619... 45%"
"Ésto no tiene prescedentes"
"Un nuevo organismo nació de las Gemas."
"No mereces esta vida."
"¡Nunca debiste existir!"
"Amethyst..."
La castaña calló al suelo de rodillas, con la mirada totalmente en blanco.
"¡Bastardo!" Exclamó Crimson, luchando para ponerse de pie, con resultados terriblemente pobres. "¿Qué le haz hecho?"
"Relajate, Niño Oscuro." Gruñó Van, antes de girarse y sonreir al ojirojo. "Es natural que los juguetes se rompan." Y después de pronunciadas esas palabras, un extraño Pokemon apareció junto a Van. Era de colores negro y purpura, con la forma de un candelabro. Con llamas saliendo de sus extremidades. "Claro que... la mejor solución es comprar uno nuevo." Desapareció. La mirada del moreno fue a parar a la espalda de su amiga, quien aún no se había movido ni un centimetro.
"Amethyst." Murmuró Crimson, tratando de moverse con todas sus fuerzas, aún sin resultados. "¡Amethyst!" El muchacho obtuvo una respuesta, pero no era la que él esperaba.
"¡IIAAAHGAAAA!" El grito de Amethyst logró enchinarle la piel. Eso era decir mucho, ya que pocas cosas lograban impresionar a Crimson, más aún ahora con el cuerpo entero entumido. Y a ese grito le siguió otro, y otro después, y Amethyst no parecía contenerse cuando golpeaba el suelo con todas sus fuerzas, con las manos desnudas, sin importarle que en éstas comenzaran a abrirse heridas. Después de un rato, sin embargo, se detuvo, y por unos segundos, no dejó salir otro sonido.
Aquellos gritos... habían sido agonía pura. Agonía que Crimson no lograba entender. Odiaba no entender las cosas, odiaba sentirse estúpido, y odiaba que su amiga estuviera sufriendo sin que él pudiese hacer algo, o tan siquiera saber los motivos. La mente del ojirojo se puso en blanco nuevamente, cuando escuchó un nuevo sonido salir de labios de la castaña: risa.
Primero fue una suave risa, que se tornó en una alegre carcajada, que fue escalando poco a poco hasta convertirse en un alarido demencial. La muchacha se giró, aún de rodillas en el suelo, para darle la cara a su amigo: había rastros de lágrimas secas en sus mejillas, sus ojos estaban completamente opacos y su rostro pálido como un cadaver, mientras continuaba riendo como desquiciada.
"A... Amethyst." Fue lo único que atinó a decir el moreno. La chica levantó su mano derecha lentamente, y la posó en la barriga de Cresselia. "N-No. No, no puedes." La risa de Amethyst por fin se detuvo, pero su expresión no cambió. En su lugar, tanto ella como el Pokemon Psiquico comenzaron a brillar con un fulgor púrpura. "¡No! ¡No puedes dejarme aquí!" Crimson se retorcía con más fuerzas que nunca, gruñendo y gritando a más no poder. "¡No me dejes aquí! Tengo que... ¡Tengo que volver con él! ¡Él me está esperando! ¡Tengo que volver con él!" Por una fracción de segundo, Crimson pudo ver como la luz regresaba a los ojos de la muchacha, como sus labios se torcian en una mueca de angustia, y como un par de lágrimas amenazaban con caer por las esquinas de sus ojos.
Por una fracción de segundo, antes de que ella y Cresselia desaparecieran.
"¡Amethyst!"
"Alguien me llama." Exclamó Cobalt, para después saltar de la roca sobre la que estaba sentado, con la mirada fija en el horizonte. Zorua gruñó, y el rubio le miró por sobre su hombro. "Sé lo que dijo Crimson. Pero..." La voz del rubio se perdió en el aire, mientras trataba de descifrar las palabras detrás de ese susurro en la parte trasera de su mente. "Quiero saber..."
Y sin darle oportunidad al pequeño Pokemon Siniestro para replicar, el rubio emprendió carrera hacia un destino desconocido para él mismo. Mientras corría, Cobalt había perdido toda noción de tiempo, todo sentido del espacio. Los colores se mezclaban a su alrededor, los sonidos no llegaban a sus oidos; era como si todo el mundo, el espacio, el universo que le rodeaba hubiese enmudecido, como si se hubiese detenido solo para que él se desplazara a su antojo. Y antes de darse cuenta, se encontró a si mismo y a Hades en un lugar oscuro, lleno de cajas de madera.
"¿Dónde estamos?" Preguntó el rubio por instinto puro, no esperaba que Hades le contestara. Cobalt avanzó hasta la puerta al frente del sitio, y tras abrirla, caminó por un angosto corredor. Pasados varios segundos, llegó hasta un cristal, desde el cual se podía apreciar las nubes desde arriba. "Es un avión." Dedujo el niño. En un instante, se escuchó una puerta abrirse, y decenas de hombres llenaron el corredor, todos ellos portando un uniforme que Cobalt conocía muy bien. "Team Void."
El rubio se decidió a seguir a la muchedumbre, navegandose por la nave enemiga, completamente ignorado por todos. Les estuvo siguiendo por varios minutos, hasta que escuchó de nuevo esa voz, llamandole, y se detuvo frente a una puerta de metal, dejando que los soldados se marcharan. El rubio sujetó la manija de la puerta, la abrió lentamente y entró en la habitación.
Era un lugar oscuro, muy oscuro. Tanto así, que no podía ver su propia mano frente a su rostro, aún cuando le constaba que ahí estaba. Dio un par de pasos, antes de detenerse al escuchar el sonido de cadenas agitarse.
"Ya... te dije que no lo haré." Murmuró una voz, entrecortada, aspera y cansada. Era la voz de un muchacho, y a oidos de Cobalt, sonaba sumamente herido. "Puedes matarme de una vez."
"¿Matarte?" Repitió el rubio, impresionado.
"¿Quién eres tú?" Preguntó la voz en la oscuridad. "Tu... no eres uno de ellos, ¿Cierto?"
"Si te refieres al Team Void, no." Contestó el rubio, sonriente, antes de extender su mano a la oscuridad. "Mi nombre es Cobalt."
"Cobalt..." Repitió el muchacho. "Bonito nombre."
"¿Cúal es el tuyo?"
"Mi nombre..." El muchacho suspiró desganado. "Mi nombre ya no tiene valor. Si no estás con esos locos, ¿Qué haces aquí?"
"Llamame raro pero..." Comenzó el rubio, para después acercarse un par de pasos, aún con la mano extendida, hasta que se topó con algo, o más bien alguien. No estaba seguro de muchas cosas en ese momento, pero de lo que si estaba seguro, era de que estaba tocando el pecho de un muchacho. "Creo que tú me llamaste."
"Lo dudo mucho." Susurró el cautivo. "No tengo voz para mantener una conversación muy larga... mucho menos para ser escuchado a través de las paredes de metal."
"Estás muy frío." Comentó el ojiazul, preocupado. "¿Hace cuanto estás aquí?"
"No lo sé." Respondió tristemente. "Demasiado."
"Aguarda." Las manos de Cobalt viajaron hacia las extremidades del chico, descubriendo las cadenas que lo mantenían prisionero.
"¿Qué haces?"
"Te sacaré de aquí." Afirmó determinado.
"¿Por qué?"
"¿Por qué?" Repitió Cobalt, entre risas, como si hubiese sido un chiste. "Porque no me gusta ver sufrir a las personas, por supuesto. No es justo que alguien esté así."
"...Persona..." Murmuró el chico, antes de dejar salir una leve risa. "Hacía mucho... que nadie me trataba como una persona."
"¿Eh?" Exclamó el rubio, pero antes de que su duda pudiese quedar aclarada, se escucharon pasos fuera de la habitación. "Oh, salchichas."
"Debes irte." Dijo el chico. "Si te descubren aquí, te matarán."
"No te preocupes por mí." Cobalt trató de continuar con su tarea, pero el prisionero se sacudía, evitando que el rubio pusiera sus manos en las cadenas.
"Largate, niño." Siseó la voz. "No estoy bromeando."
"Te aseguro que no me pasará nada. Lo importante es-"
"¡Largate!" Exclamó. "No quiero... no quiero que te pase nada. Por favor, vete." Cobalt lo pensó detenidamente, antes de sentir como Hades saltaba a su hombro.
"De acuerdo; haré lo que me pides." El niño se levantó y dio media vuelta.
"Eres un buen niño, Cobalt." Murmuró el desconocido. "Desearía... ser un poco como tú."
Llevaba horas ahí tirado. Sus musculos seguían sin responder, y había pasado todo ese tiempo pensando en lo que había sucedido entre Amethyst y el tal Van. Si cerraba los ojos, aún podía ver el rostro espectral de la castaña; si guardaba silencio, podía escuchar sus gritos. Van la había descrito perfectamente: en ese momento, Amethyst parecía estar genuinamente rota. Pero, ¿Por qué?
"¿Foo?"
Como pudo, el ojirojo levantó la mirada, para encontrarse con un pequeño y peculiar Pokemon de colores amarillo y rojo, mirandole curioso.
"¿Qué diablos eres tú?" Murmuró Crimson. Sin embargo, obviamente, el Pokemon no dijo nada. Solo se dio media vuelta y se marchó por donde vino. "¡Oye!" Pero nada que pudiese decir lo habría detenido. "¡Ah, maldita sea!" El moreno se dejó caer nuevamente el la tierra, con la mirada perdida en el techo perforado del santuario, hasta que desde la esquina de su visión, pudo ver de nuevo al extraño Pokemon, esta vez cargando una baya Cheri. La criatura se montó en su pecho y posó la fruta sobre los labios de Crimson, quien lentamente la metió en su boca y comenzó a masticar, aún con la mirada fija en su salvador.
A los pocos minutos, el muchacho pudo sentir como recobraba el dominio sobre su cuerpo, y en un tiempo más, le fue posible ponerse de pie.
"¿Qué cosa eres tú?" Preguntó Crimson, examinando al Pokemon. "Te pareces a Mienshao; un Pokemon contra el que luché una vez. Supongo que serás la forma pre-evolucionada, pero no sé el nombre de tu especie." El moreno dio media vuelta, dispuesto a marcharse. "Como sea, gracias, supongo..." Crimson caminó hasta una apertura en la pared, pero se detuvo al escuchar los pasos del Pokemon detrás de él. "¿Qué?"
"¡Foo!"
"¿Quieres venir?" Preguntó Crimson, y el Pokemon respondió asintiendo energicamente. "Un Mienshao... sería una excelente adición a mi equipo. De acuerdo, pero como no sé tu nombre, te seguiré llamando Mienshao hasta que evoluciones."
"¡Mien!" La alegre criaturita dio un gran salto y aterrizó suavemente en el hombro de su nuevo amo, pero éste último lo tomó con ambas manos y lo devolvió al suelo.
"No hagas eso."
