Volví con un capitulo y no se porqué me da la sensación de que se quedó un poco corto. Al menos es mas largo que los otros que llevo hechos. ¡Espero que las faltas de ortografía mejoren! Pues aunque en clase nos obligan a aprender ortografía, me cuesta mucho ponerlo en practica. Solo aviso que este capitulo puede ser un poco mas... fuerte que los otros por algunas palabras que se usan, aunque no son graves (al menos eso creo).
Capítulo 4. Los problemas vienen solos
Fuimos Feliciano y yo a la cocina y Feliciano fue directo al cocinero a ver lo que había para comer, pasta, su plato favorito. Mientras Feliciano estaba metiéndose en líos por estar al lado del cocinero - cosa normal de el, aunque con el cocinero no puede meterse en líos pues trabaja para nosotros y... tiene una amistad muy rara con mi hermano, tal vez porque es alemán - yo estaba observando desde una esquina a ver que hacía mi hermano, siempre acaba haciéndose daño cuando entra en la cocina y por eso puedo estar una hora riéndome de el. Cuando Feliciano entra en la cocina obtengo la prueba de que es tonto, muy pero que muy tonto o torpe aunque para mí es lo mismo. Conclusión, mi hermano es tonto y torpe. Y no se porque al final acabé hablando de mi hermano aunque me da igual criticar a uno que a otro, siempre que estoy en la cocina hablo mal del alemán o de mi hermano.
- Ve... Ludwig, no cocinas muy bien pero eres mejor que aquel cocinero inglés que conocí en Venecia, tal vez un día de estos venga a vernos.
- Mas sincero no pudiste ser, Feliciano. Aunque eres muy tonto y nunca sabes nada, te mereces un premio. - Le dije desde mi sitio con un poco de desprecio, para hacerle enojar.
- ¡Ve! ¿Cual es el premio? ¡Quiero el premio! - ¡Bingo! Feliciano en el diccionario sale como sinónimo de tonto... o de inocente.
- Feliciano... Volviste a caer en el sarcasmo de tu hermano. - Dijo el alemán mirando al suelo.
- ¡Ludwig! ¿Que es sarcasmo? - Le preguntó mi hermano, haciendo al alemán dar un pequeño bote por decir su nombre tan alto y claro.
- Eso nunca lo entenderás Feliciano, llegas a ser mas tonto y no naces (1). - Le dije acercándome un poco a donde estaban los dos.
- ¡Nunca me explicáis nada de lo que os pido! Ve... yo solo quiero saberlo...Ve...
- ¿Quieres cocinar Feliciano? Últimamente vienes mucho a cocinar conmigo. - La excusa del alemán para que mi hermano guardara silencio sin preguntar nada.
- ¡Ve! ¡Yo quiero cocinar contigo! ¡Gracias Ludwig!
Después de que mi hermano se pusiera un delantal para cocinar con el alemán, por el camino hacia el alemán, se cayó al suelo. El alemán - jamás diré su nombre, en todo caso un apodo o lo que es, un alemán y ya lo dejo claro - fue a ayudarle mientras que yo me caí al suelo por reírme tanto. Mientras el alemán se fue a ayudar a Feliciano, el ayudante del cocinero me socorrió a mi y, para mi sorpresa, fue Antonio. Fue una sorpresa porque no me acordaba que estaba allí y porque no le vi en ningún momento desde que estaba en la cocina.
- ¿Esta bien? - Me preguntó dándome la mano.
- Inútil, no necesito tu mano. En vez de preocuparte tanto acaba la comida, tengo hambre.
- Yo solo ayudo, no cocino. Tu mismo lo dijiste.
Continué riendo aun más que al principio, antes aun podía hablar entre risas pero ahora reía tanto que no podía ni respirar y todo por Antonio con su cara - aunque también por culpa de Feliciano. - Al principio de ponerme a reír, Antonio me miraba serio sin entender la situación pero enseguida comenzó el a reír también. Al final acabamos los dos riendo, nos contagiábamos la risa mutuamente hasta que volvió Feliciano con el alemán, este último con cara de pocos amigos y no se por qué.
- Fratello, ¿Que es tan gracioso? ¡Yo también quiero reír!
- ¿De verdad quieres saberlo? No sabes de que puedo reírme y tal vez no te guste saberlo.
- Antonio, ¿Acabaste lo que te pedí? - Preguntó el alemán aun más serio de la normalidad.
- Si, lo dejé todo preparado.
- Ve... ¡Ludwig! ¡Comamos juntos! - Otra vez dio un pequeño bote el alemán, aunque esta vez fue mas grande que de costumbre y tal vez por la loca idea de mi hermano.
- Sabes que no puedo comer con vosotros.
- ¡Eso es lo de menos! ¡Yo como cuando tu comas!
- Menudo hermano me dio nuestro señor, debería dejar de creer en el por todas las desgracias que me da.
- Deberías de respetar mas a tu hermano, al menos el lo hace.
- A su estilo, aunque si come contigo es mejor para mi... ¡Feliciano, come con este tío!
- ¿Ahora soy este tío? Cada día me sorprendes menos.
- ¿Acaso quieres alguno en especial? Por el bien de la tierra te ayudo a nuevos apodos.
- Ve... ¡Hola Antonio! ¿Podrías ayudarme? Quiero comer con Ludwig y no me deja...
- ¡Hola Feliciano! ¿Me dijiste que te llamara Feliciano, no?
- ¡Ve! ¿Somos amigos, no? ¡Tratame como un amigo y llámame Feliciano!
- ¡Claro, somos amigos! ¡Un abrazo para celebrarlo! - Se pusieron a abrazarse como si fueran a morir en cualquier momento o al menos eso me parecía a mi.
- En realidad lo que sois no tiene nombre. - Dije mirando como el alemán se iba. - ¿Verdad cerbero? (2)
- Ya me extrañaba que no usaras nombres así, como siempre.
- Nunca extrañes nada y menos algo que te haga saber lo que eres en realidad.
- Fratello, no digas esas cosas a Ludwig. Oye Antonio, ¿sabes que es un cerbero? Ellos nunca me lo han querido decir.
- Es una historia muy larga, pero hay libros de eso.
- ¡No le des lecciones a mi hermano! Ya aprenderá a vivir solo por su cuenta.
- ¡Ve! Antonio y yo estamos celebrando nuestra amistad con este abrazo ¡Y con sus lecciones!
- Eso no son lecciones aptas para nadie y menos para ti ¡Así que dejad de abrazaros! Esas cosas son en privado.
- ¿Por qué? ¡Un abrazo es la forma mas bonita de manifestar una amistad!
- ¡Antonio tiene razón, ve!
- ¡Cerbero alemán, acaba la comida de una vez! ¡Nos estamos muriendo de hambre!
- Feliciano, ¿No querías ayudarme?
- ¡Si! Ahora ocuparé el puesto de Antonio. ¡Antonio ahora no tiene nada que hacer! ¿Os parece bien?
- ¡No, no esta bien! Para eso trabaja aquí.
- Ve... lo siento.
- Bueno, haz lo que te de la gana siempre y cuando me dejes en paz.
- Grazie!
Mientras Feliciano volvía a lo que iba a hacer lo que iba a hacer hace un momento - hasta que fue interrumpido por la caída de antes - Antonio se fue a su habitación y yo me fui a ver que hacía Lily - era una de las pocas amigas que tenía en el mundo - y por el camino me topé con mi madre y estaba llorando, como pocas veces lo había hecho. Aunque no me importaba y ella lo sabía, se puso en medio de mi camino y cuando me tubo en frente, se puso a abrazarme.
- ¿Ha sucedido algo que me pueda interesar? - Lo dije de forma con poco respeto, para que me dejara antes.
- ¡Felicidades, te vas a casar dentro de poco!
- ¿¡Como? ¿¡Que yo que?
- ¡Te vas a casar! ¿No es fantástico?
- ¿Con quién demonios me voy a casar?
- Eso es sorpresa, lo sabrás en el día de tu boda.
- Haz lo que te de la gana, yo también lo haré.
Quitándome a mi madre de encima, me fui como pude a conseguir consuelo de cualquiera que me sirviera. Antes de ir tontamente a alguien pensé a quien podría acudir. Tenía a Lily, Feliciano y Antonio - de los demás no me fío o al menos me fiaba en ese momento - y por descarte me quedaba con Lily. Fui buscándola y no la encontraba, decidí preguntar y ese día lo tenía libre y se fue con su familia. Solo me quedaban Antonio y Feliciano - pero a Feliciano jamás iría estando el alemán con el y Feliciano no podría decir nada, pues esta igual que yo - y por descarte me quedaba Antonio.
Fui a buscar a Antonio en su habitación, toqué varias veces a su puerta y nadie me contestaba. Rendido de tocar millones de veces - en realidad fueron cuatro veces - me dirigí a mi habitación. Entrando en mi habitación, escuché una puerta abrirse y era la puerta de Antonio, abierta por este. Sin pensarlo dos veces, nada mas verlo, fui corriendo a dónde estaba el para abrazarle. No me importaba nada ni el que pensarán los demás ni la mariconada que es un abrazo, solo poder desahogarme de esta traición de mis padres. Mientras abrazaba a Antonio, comencé a llorar aún más de lo que cualquiera podría imaginar. Estubimos un rato en silencio - si mi llanto no cuenta - hasta que oí unos pasos.
- ¿Me dejas entrar en tu habitación? - No era por gusto, no me gusta que la gente me viera en ese estado. No me gustaba nada porque es un estado muy humillante y ya tenía suficiente con estar llorando y abrazando a alguien.
- Claro, acabo de acabar lo que estaba haciendo. - dijo Antonio invitándome a entrar en su habitación.
Entramos en la habitación, nos sentamos en la única cama que había en la habitación y como pudimos, pues no paraba de abrazar a Antonio. Poco a poco iba dejando de llorar aunque no paré de llorar del todo.
- ¿Me dices lo que paso o lo tengo que adivinar? Se me dan bien los acertijos.
- Idiota... no puedo decirlo y recuerda que somos amigos y no puedes decir nada de esto a nadie.
- ¿Porque no puedes decirlo? Tal vez te haga mas feliz.
- Esta bien... Contaré que nos a pasado, también le ha pasado a Feliciano lo mismo que a mi.
Me puse a contar la maravillosa historia - si, es sarcasmo - de las bodas que habrían en un futuro con todo detalle, por un momento me daba igual que fuera yo el que contara mi vida a otros, necesitaba aquella atención que pocas veces conseguía obtener. Cuando acabé de contarlo, Antonio fue el que me abrazaba.
- ¿Y eres feliz con ella?
- No conozco ni una ni la otra, al igual que mi hermano. No sabemos quienes son.
- Eso es algo difícil de solucionar.
- Lo se, por qué crees que estoy así.
- De momento olvida este asunto y ve pensando en posibles soluciones.
- Un poco de razón tienes. - Jamás me rebajaría mas de lo que ya hice, no le iba a dar la razón.
- ¿Un poco? Pues piensa en algo mejor que mi propuesta.
- No se que mas propuestas, ¿puedes tu pensar en alguna?
- ¡Para eso están los amigos! En muy poco tiempo hice muy buenos amigos.
- Seguro que gente como tú.
- Tengo algo para ti, esto es tuyo - me entregó una carta, en el sobre ponía en grande Carlo – Me gustaría que se la dieras, cuando le veas.
- Claro, se la daré al verle.
Una vez Antonio dejó de abrazarme, me levanté de la cama y por un momento, loco el momento en el que lo decidí, me tiré encima de Antonio para abrazarle.
- Gra... gracias por escucharme, me fue de gran ayuda.
- No fue nada, algún día todos necesitamos escuchar o ser escuchados.
- No lo creo, solo los débiles necesitan ayuda.
- Entonces tu también eres débil, pues habías venido para que te escuchara.
- Cállate si no quieres estropearme este momento, por una vez que soy así...
- ¿Dijiste algo?
- Ya imaginas cosas que no tienen nada que ver con la realidad, no dije nada.
- ¿No tenías hambre? La comida ya debe de estar hecha.
- ¿A manos de mi hermano? Es un inútil que no sabe hacer nada de provecho.
- No se como sois hermanos sin pareceros en nada.
- Yo también me lo he preguntado, pero no obtuve respuesta.
Estuvimos mas tiempo en silencio hasta que caí dormido. Cuando desperté me encontré en la cama de Antonio a solas, durmiendo en ella y al lado mía la carta que me dio Antonio y una nota, la cual solo eran disculpas de Antonio y que la comida ya estaba, solo le tenía que preguntar a Feliciano dónde estaba.
Antes de ir a comer, decidí leer la carta de Antonio para poder contestarle, la carta decía:
"¡Buenas Carlo! Al final como imagino que sabrás tengo nuevo hogar y trabajo, echo de menos viajar por el mundo pero tampoco es tan malo estar aquí. Aquí hice nuevos amigos, y lo de que Lovino es muy majo ¡Tienes toda la razón! Su hermano también es muy majo, aunque no se les puede comparar, son majos a su estilo. Te confesaré un secreto, ¡Echo de menos la paella que comía en España! Hay de tantas clases de paella que nunca te cansas de ella. También echo de menos comer churros, ¡con chocolate están aun mejor! Espero vernos pronto y que podamos reír como hoy reímos Lovino y yo aunque no sé de que, se me contagió su risa y no lo pude evitar.
PD. Algún día te escribiré mas cosas de mi, pues somos amigos, ¿no?"
Al leer la carta, no pude contener la felicidad que sentía por saber que alguien pensaba así de mi. Normalmente la gente no le gusta como soy y de ahí mi "otro yo", cual aún tengo que dominar y siempre acaba dominandolo mi verdadero yo saliendo a la luz.
El resto del día transcurrió muy rápido, pues comí, le escribí una carta a Antonio y se la entregué cual la guardó y se fue lo más rápido que pudo, charlé un rato con Feliciano. Mientras hablábamos, paseábamos un rato por los alrededores de donde vivíamos.
- ¿Como te fue con el cerbero?
- ¿Con Ludwig? ¡Lo pase muy bien!
- Los alemanes no son de fiar.
- ¡Ve! ¿En serio? Pues el si lo es.
- ¿Acaso lo sabes? Si no lo sabes no lo afirmes.
- ¡Pero yo confío en el, como tu con Antonio!
Me quedé parado, no me esperaba que Feliciano supiera nada de eso ¿Y si Antonio no era la persona que yo creía? Tal vez era como los demás y maldito Feliciano que no me deja pensar con sus "ve" y su maldita cara.
- ¡Yo no confío en Antonio! Como puedes pensar en eso.
- No se que pasó pero cuando fui a ver a Antonio estabas durmiendo en su cama, ve.
- Me quedé dormido por tu culpa, por estar con el mister potato.
- ¿En serio? Lo siento mucho... Ve...
- Dejalo, la culpa es mía.
- ¡Ve! ¡Fratello vuelve a ser el de siempre! Bueno, tu otro yo.
- ¿Que te hizo el alemán que morirá un día de estos por ser alemán?
- Solo cocinamos y dime, ¿Qué te pareció la comida? ¿Estaba bien, ve?
- Pasable.
- ¡Eso de tu parte es que te gusto! Grazie!
- ¡Yo no dije eso!
- ¡Si lo dijiste! O al menos es lo que piensas, ve.
- ¡Ya basta! No quiero hablar de eso.
- Ludwig es muy buen amigo, deberíamos de cocinar los tres un día de estos, ve.
- ¿Con vosotros? Ni muerto.
- ¿Con nosotros mas Antonio? Cocina muy bien o al menos eso me han dicho.
- Dije que no y es que no.
Al final acabé discutiendo con mi hermano, no fue grabe pero discutimos. Siempre discutíamos todos los días y al día siguiente como si nada, era lo único que mi hermano tenía de bueno – o lo que yo quería ver de el - y sin decir nada haciamos las paces.
Cuando le dí la carta a Antonio, se fue corriendo para leerla. No entendí porqué pero sucedió así. Supongo que fue por las ganas de saber que decía.
La carta para Antonio decía:
"Hola Antonio, veo que te fue muy bien en tu nueva vida ¡Sigue así! Hoy Lovino se veía mas triste de lo normal ¡Y Feliciano todo lo contrario! Aunque son hermanos se contradicen un poco. Tal vez algún día puedas comer la comida que tanto añoras, cuestión de tiempo o pedirlo. Yo también quiero reír ¡y mas si es contigo! ¿Te puedo confesar yo un secreto? Me gustaría probar comida de España ¡Tu entiendes de eso! Yo también espero vernos pronto.
PD. Ya me contarás como te va en tu nueva vida, en la mía no sucedió nada interesante solo que reí un rato y dormi otro rato ¡Así es mi vida! Recuerda tener ropa limpia en el armario, es muy importante."
Y así transcurre un día para mi, siempre alguna discusión, mas problemas, - aunque sean ajenos o propios - una pequeña siesta aunque normalmente es después de comer, charlar, cenar, pasear un rato - a cualquier hora, aunque no todos los días pero hay días que es mas de una vez - e irme a dormir. Ahora mis nuevos días tendrán un momento nuevo, las cartas.
(1). ¡Me encanta esa frase de llegas a ser mas tonto y no naces! Eso me inspiro mi madre, siempre me lo dice cuando hago algo y mal, mi madre me fue de gran ayuda para esto.
(2).Ojo, es un juego de palabras (Cerveza = Cerbero). Supongo que todos saben qué es un cerbero. La idea la saqué de cuando era pequeña una vez lo llamé cervezero, no existe la palabra pero lo confundí cuando tenía 7 años... ¡Y aun me acuerdo!
Sobre los reviews... ¡me han ayudado bastante! Tanto en autoestima como en ideas. ¡Los reviews son mágicos! Con los nombres ya me las apañaré con google o ideas que se ocurran (pero la ayuda siempre es buena, da igual el sexo y procedencia siempre y cuando se me diga) y sobre el USAxUK tal vez lo ponga, en un principio tenía en mente ponerlo. Mas ayuda no me vendria mal con lo que aun no se que escribir (como los nombres de los padres, la pretendienta de Feliciano...) Ya que con Feliciano aun sigo con un poco de dudas aunque REMULA BLACK me dio un poco de imaginación para eso. Y el review de Neko . Italia . Angel también me ayudó. Esos dos reviews me ayudaron bastante, mas de lo que pude imaginar.
¡Y feliz 2011 que hoy es el último día!
