CAPÍTULO IV
- Yo y tu padre éramos jóvenes, asistíamos al mismo instituto y nuestras familias se conocían. Como sabes fuimos amigos desde la infancia, siempre supe que nos unía un lazo especial, sabía por mi madre que aquel niño estaba destinado a convertirse en mi esposo. No recuerdo cuando fue la primera vez que sentí esa conexión y el hormigueo que nace del estómago y termina alojándose en el corazón. Yo lo amaba con intensidad… Dio un sorbo al café antes de continuar. - … lo amaba pero él a mí no.
No lograba detectar dolor en su voz, más bien hablaba con un tono tranquilo. El tiempo no sólo demostraba ser una poderosa cura sino un maestro del que constantemente aprendíamos gracias a nuestros errores. Fue una verdad que aceptó y con palabras trató de expresar lo mucho que esa indiferencia la hizo sufrir. Ella no podía obligar a mi padre a sentir algo distinto y él, por su parte, la quería como a una hermana. Por ello no podía amarla como deseaba.
- Tu padre siempre me mostró el cariño que sentía por mí, tal vez fue mi culpa el malinterpretar sus intenciones pero sé que si tuviera que repetir esa etapa de mi vida no cambiaría absolutamente nada. Sonrío discretamente.
Mis dudas fueron en aumento conforme su relato continuaba, quería que respondiera a todas ellas pero primero debía escuchar con atención. Al hacer una pausa y no poder contener la ansiedad que crecía a pasos agigantados dentro de mí, saqué un cigarrillo y lo encendí. El humo entrando a mis pulmones me relajaba al punto que me volvía más paciente. Di un sorbo al café y sentí que mi celular vibraba; era Morinaga. Ignoré la llamada y luego apagué el aparato.
- Él se enamoró perdidamente de una hermosa e inteligente joven, era unos cuantos años menor que nosotros. Yo me di cuenta de inmediato, en el momento en que sus miradas se cruzaron y como tiempo después lo encontraba mirándola embelesado. Sabía que sería inútil pero quería que conociera sobre mis sentimientos para que me viera como a una mujer y no como la pequeña hermana menor a la que estaba acostumbrado. Le compartí mi sentir, fue gentil cuando me rechazó y yo me convertí en su cómplice. Quería que fuera feliz aunque no fuera conmigo.
Habló de cómo ayudó al viejo para que saliera con esa mujer. Por la forma en que lo describía me percataba del amor que le profesaba, era tan grande y desinteresado que participó en el goce de su felicidad. También notaba que su presencia era lejana, al hablar de mi padre lo hacía de una manera diferente a la que recordaba; parecía distante en aquellas memorias, como si siempre hubiera permanecido en las sombras a pesar de su luz. Ella fue desplazada cuando ellos empezaron a salir, los pocos momentos que pasaba con mi padre dejaron de existir. Sin embargo, cuando se los topaba no dejaba de sonreírles; regresaba la misma sonrisa que percibía de su parte. Sufrió con demasía pero fue tremendamente feliz por ello.
- Tenía en claro cuál era mi posición y no quería que esa mujer sintiera celos de mí o de la confianza que Souji tenía conmigo, por eso decidí hacerme a un lado para que fueran felices. Suspiró con pesadez y noté que su semblante cambió. Sus ojos se humedecieron y rápidamente adoptaron un rosado rojizo. Su mandíbula también comenzó a evidenciar su pena. - T-transcurridos algunos meses Souji vino ilusionado a darme una buena noticia: el amor de su vida estaba embarazada.
