De visita al Madrid mágico
Por edwinguerrave
Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008
El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000
Este fic entra en el entorno de la llamada "Magia Venezuelensii", parte de la "Sorg-expansión" del "Potterverso", idea de Sorg-esp ("Magia Hispanii"), fortalecida y aumentada por Fiera Fierce, Cris Snape, Neevy Ambr Du, Graystone Griffinstilkin, Muselina, Gaheller, Nea Poulain, Victoire Black, Millie M, y muchos integrantes del Foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black" de ; los personajes que reconozcan de la "Magia Hispanii", "Magia Chilena" y "Magia Tripeira/Do Porto" pertenecen a sus respectivos creadores, a quienes agradezco la oportunidad de sumarlos a las aventuras de mis "Magos Venezuelensii", y a quienes espero hacer justicia.
A partir de la reedición del capítulo 2, este fic participa en el I Gran Desafío del Foro de las Expansiones.
Capítulo 4:
Uniendo dos lados de un velo (1)
Madrid; miércoles 12 de abril de 2.012, 6:45 a.m. local
El miércoles, Andreina se despertó con una sensación de paz que no había tenido los días anteriores en Madrid, lo que recibió como un buen augurio por parte de sus guías espirituales. Como los días anteriores, se estiró y acarició su torso, dándose cuenta que había dormido al estilo de Marilyn Monroe, cubierta sólo con perfume, y se sonrió.
Se levantó y fue directo a ducharse, y al salir, tuvo especial cuidado de no quitarse la toalla hasta haber seleccionado la ropa que usaría ese día, no fuera que la señora Sara se antojase aparecerse temprano. No percibió su presencia hasta salir del hotel, luego de desayunar:
―Buenos días, Andreina, ¿preparada para hoy?
―Buenos días, señora Sara. Pues sí, eso creo, estoy preparada.
―Y deberías estarlo, hoy presentas tu ponencia.
―Cierto ―ratifico Andreina―, a las 10:25; ¿me va a acompañar?
―Quizás ―le respondió en tono juguetón, al percibir la duda en la venezolana, se sonrió―. ¡Por supuesto! ¡Seguro que voy a estar!
Ese día, Andreina decidió llegar al Palacio de los Deportes caminando por la calle de Hermosilla, paralela a Goya, la que había recorrido lunes y martes, por aquello de tener otra perspectiva, como le comentó a Sara cuando le preguntó. Justo al llegar a la esquina de Hermosilla con la calle de Conde de Peñalver, y en el instante preciso que doblaban a la derecha, para acercarse a la Calle de Alcalá, un intercambio de voces la hizo voltear a ver a una joven madre, de no más de 26 años, llamando la atención a su hijo, de uno años, vestido como para la escuela. La venezolana sonrió, pues el niño le recordó a Andrea, su hija mayor. Sara notó también esa sonrisa, pues le comentó:
―Ah, cuando los niños tienen esa edad son unos angelitos, ¿no te parece?
―Sí, señora Sara. Lo que me llamó la atención es que esa señora…
―¿Está llena de magia? ―completó haciendo la pregunta que Andreina no sabía cómo expresar. Se giró, vio a madre e hijo cruzar y seguir por Hermosilla, y le dijo a la venezolana― Puede ser; además se le siente vibra vascona. Es toda una "sorguiña navarra", me recuerda a mí misma con mi Amaia.(2)
—Que interesante —reflexionó la venezolana, mientras los veía alejarse.
La conferencia de Andreina resultó un éxito absoluto, pues la expresividad y calidad del trabajo de investigación desarrollado se encontraba al nivel que exigía la Conferencia. Cuando descendió del pódium de los expositores, Sara se le acercó, mostrando una gran sonrisa:
―¡Felicidades! ¡Estuviste maravillosa!
―¡Gracias! ―Andreina sonreía también, porque internamente estaba satisfecha por su presentación.
El investigador de la USC (Universidad del Sur de California), profesor Eduardo De La Mora, se le acercó e intercambiaron e-mails para mantenerse en contacto, especialmente en cuanto a los reglamentos más actualizados de la NCAA; al alejarse, Sara comentó, sonriente:
―Siempre es bueno hacer estos contactos, pero cuidado, te estaba mirandocon mucho interés.
―¿A mí? ―preguntó Andreina, con la mente algo dispersa.
―Sí, recuerda que te lo dije, eres una mujer muy atractiva.
―¡Ah, ya! ―reaccionó la bruja, sonriendo mental y físicamente―. No, señora Sara, yo no estoy pendiente de eso, mi corazón y mi cuerpo ya tiene dueño.
―Lo sé, pero no está de más que te lo comente.
Luego de una interesante exposición de una investigadora de la Universidad del Atlántico, de Colombia, sobre la influencia del deporte universitario en la población de Barranquilla, Andreina y el resto de asistentes del Congreso se dispusieron a almorzar (Tarde, para lo que acostumbramos en Venezuela, le comentó a Sara, pues la hora de almuerzo era más cercana a las dos de la tarde que a mediodía). Luego del almuerzo, Andreina notó que sólo algunos asistentes se dirigían a la sala de conferencias, mientras que el grueso de participantes salía de las instalaciones del Palacio de los Deportes.
―¿Tan poca gente se queda? Qué raro ―reflexionó, lo que hizo comentar a Sara:
―Sí, son pocos los magos que están presentes ―entre los "invitados especiales", Andreina vio al profesor de Porto, a la colombiana, al vasco, y también a De La Mora, por lo que Sara le dijo―: Ten cuidado, Andreina, allí está el californiano.
―Tranquila, señora Sara ―respondió, entre risas―, no creo que se me acerque; ya va a ver que se va a quedar tranquilo.
Efectivamente, cuando el profesor de la USC vio a Andreina, fue como si "algo" lo impulsase a alejarse de la venezolana, por lo que ambas sonrieron.
―Definitivamente, Andreina, ustedes manejáis la magia muy "al natural", no sé si me comprendes.
―Sí, la comprendo, señora Sara… ―pero no pudo continuar, porque el sacudón que le dio el espíritu la descontroló―, ¡Hey! ¿Qué fue?
―¡Ahí está Amaia! ―Andreina sonrió al ver como Sara se emocionaba al ver a su hija, una enérgica dama de unos sesenta y pocos años, muy alta y de cabellera rubia, que impactó a la venezolana por la energía que proyectaba. Eso se lo hizo notar a Sara:
―¡Caramba! La señora Amaia es imponente, ¿no?
―Sí, realmente fuerte, te lo aseguro.
―Pero esa energía no es chocante ―interpretó Andreina, mientras terminaba de buscar asiento, pues ya estaba a punto de comenzar la conferencia: "Diagnóstico temprano de lesiones causadas por deportes mágicos"―, es más bien, ¿cómo decirlo? Es como agradable; "cae bien", como decimos nosotros.
―Por eso es muy querida en San Mateo ―indicó Sara, justo cuando la suave y bien modulada voz de Amaia saludó a los asistentes, dando inicio a la conferencia.
Una hora más tarde, la gentil Amaia contestaba las preguntas del grupo de asistentes, excepción hecha de Andreina, quien se dio cuenta de las diversas formas en que la magia se manejaba en los diversos países, y por eso prefería ser más oyente que participante. Amaia notó que la venezolana no intervenía, pero no insistió, sino que al finalizar el conversatorio, aprovechando que los asistentes se retiraban, la llamó aparte:
―¿Doctora Hernández? ―Andreina se sorprendió, pero sintió el suave empujón espiritual que le dio Sara:
―Anda, habla con ella.
―Mucho gusto, doctora Villamaior ―saludó, extremando el respeto, lo que hizo sonreír a Amaia. Se estrecharon las manos, y la española percibió la magia en la venezolana.
―No soy doctora, sólo soy sanadora, que es algo distinto. Tu forma de manejar la magia es muy natural, ¿no te lo han dicho? Ven, vamos a sentarnos.
―Sí ―sonrió Andreina, mientras tomaban asiento―, ya me lo han dicho. Sobre todo alguien que la conoce, y mucho.
―¿Sí? ¿Cómo es eso, doctora Hernández? ―preguntó Amaia, interesada.
―Pregúntale por la cocina, su esposo es chef.
―Dígame Andreina, me hace sentir mejor. Está aquí conmigo ―señalando con el pulgar hacia su derecha―, y me dice que le pregunte por la cocina, ¿qué tiene que ver la cocina con usted?
Amaia abrió los ojos, mostrando una transparente mirada azul.
―Mi esposo es cocinero ―y frunciendo el ceño, preguntó interesada―. ¿Tú eres "médium"?
―Sí, puedo comunicarme con la gente que está en "el más allá", y esta persona me ha estado acompañando desde el momento que pisé tierra española, se lo aseguro ―una risa retumbó en la mente de Andreina, para luego oír a Sara decirle:
―Graciosa. Se llama Fernando. Pregúntale por "las tres A", así.
―¿Fernando, no? ―Amaia asintió―. Me habla de tres A. ¿Qué tiene que ver la expresión "las tres A" con usted? ¿Le es familiar?
Amaia se sonrió, y respondió:
―Somos tres hermanas: Ana, Amparo y yo, Amaia; tres mujeres cuyos nombres comienzan por A.
―Pregúntale por, escucha bien, Vera.
―¿Cómo? ―Amaia veía como Andreina gestualizaba, frunciendo el ceño, mientras le hacía la tradicional seña de "espere"―. Ya va. ¿Vera… ―ante la duda, Sara le indicaba el resto del nombre―, de Bidasoa? ¿Qué es eso?
―Anda, pregúntale ―Sara insistió mientras agitaba sus manos, animándola.
―Me habla de ¿la Vera de Bidasoa? No entiendo ―Amaia se sorprendió:
―Yo sí, es un pueblo en Navarra, donde nacimos mis hermanos y yo, y aún vivo ahí, aunque trabaje en San Mateo. ¿Quién está contigo, Andreina?
―Todavía no le digas ―sonrió Sara―, pregúntale por el 21 de diciembre.
―Menciona el 21 de diciembre. ¿Qué pasa con el 21 de diciembre? ¿Le dice algo el 21 de diciembre?
―Es el día de mi cumpleaños, yo nací el día del Solsticio de Invierno… ―abrió los ojos desmesuradamente y sonrió―. ¿Mamá? ¿Estás aquí?
Sara se rió mentalmente, y abrazó a su hija, quien percibió esa energía. Andreina sólo pudo ratificarlo:
―Sí, y acaba de abrazarla ―Amaia no pudo evitar que una lágrima saliera, mientras espontáneamente abrazaba a una sorprendida Andreina―. No, señora Amaia, más bien yo debo agradecerles a ustedes.
―Dile que ahora le toca a ella cuidarte, que te lleve a La Floriana, y a Toledo ―Andreina sonrió, lo que Amaia entendió como un mensaje de su madre.
―¿Qué me manda a decir?
―Me da pena ―Dile, vamos, le insistió Sara―. Bueno, dice que ahora le toca a usted cuidarme.
―¡Mamá! ―y soltó una carcajada.
―Anda, dile que te lleve a La Floriana, y a Toledo, a la Casa de las Tradiciones.
―Sí, dice que quiere que me lleve a ¿la Florana? ¿Florida?
―La Floriana, es una churrería maravillosa del barrio mágico, y su dueña es genial.
―Ahí, ahí es…
―Exacto; y a la Casa de las Tradiciones de Toledo, algo así; ella me lo comentó una vez.
―Sí, la Casa de las Tradiciones. Mamá ―le dijo entre risas―, ¿crees que soy guía turístico?
―Yo sé que no, pero ella sabe que no se va a negar a ayudarte, tiene un corazón enoooorme, y estoy muy orgullosa de ella.
―Ella dice que sabe que no lo es, señora Amaia, pero que tiene un gran corazón; y que está muy orgullosa de lo que ha logrado.
―Mamá, ¡gracias! ―Amaia no pudo reprimir otra lágrima.
―Dile que además, va a tener que cuidar a sus sobrinas-nietas y sus amiguitas del Campamento, que vienen el sábado.
―De paso, me dice que así ve a sus ¿nietas?, ¿sobrinas?, que se van a reunir el sábado con unas amigas del Campamento; esto si no lo entiendo mucho.
―¿Quiénes serán? ¿Las de Ceci? Lo de los Campamentos mágicos te lo puedo explicar después, es parte de la educación mágica aquí en la Península.
―Sí, dile que seguramente estarán Babe y Mencía.
―Me dice que pueden ser, ¿Babe? ¿Mencía? ¿Las conoce?
―Sí ―confirmó Amaia―, son las hijas mayores de mi sobrina Cecilia. Ay, Andreina, de verdad me alegra conocerte. Eres una bruja maravillosa ―Andreina se sonrojó fuertemente ante ese comentario, quedándose sin palabras―. ¿Tienes móvil? Para darte mi número y así nos reunimos el sábado.
―Ah, no… ―tardó en reaccionar― No, no tengo, pero si quiere, nos ponemos de acuerdo dónde nos encontramos, yo llego.
―Dile que yo te guío ―insistió Sara.
―La señora Sara dice que ella me guía ―Amaia sonrió.
―Está bien, nos podemos ver el sábado a eso de las once en la Plaza de Oriente, frente al Teatro Real, ¿te parece?
―Sí, nos podemos ver allí. No se preocupe, que yo llego.
Luego de despedirse, Andreina regresó en silencio al hotel, saboreando ese comentario de Amaia: "Eres una bruja maravillosa".
―Tenemos distintas formas de manejar la magia ―reflexionaba mientras subía por la calle de Lagasca―, pero no somos tan diferentes. Ellos usarán varitas, y nosotros a nuestras Cortes espirituales, pero todos buscamos ayudar a los demás. De verdad la señora Amaia parece un ángel, por eso será que la aprecian tanto.
Notas al pie:
(1) No puedo dejar de agradecer la inestimable ayuda de Sorg-esp (en el betareading de los capítulos, especialmente en el ajuste idiomático al "español peninsular"), Cris Snape y Neevy Ambr Du, amas y señoras de la Magia Hispanii, en los aportes y correcciones para la estructura de este relato. Sin lugar a dudas, las tres se merecen un lugar especial en esta aventura, junto a Fiera Fierce, y a todos quienes de una u otra forma han llevado el "Potterverso" a cualquier parte del mundo (literalmente), y por ello me honro en saludarlas: For those about to sorg-exp, we salute you!
(2) Adivinen a quien involucra este cameo y les regalo una arepita… jejejejeje
Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! Con este capítulo termino la edición del capítulo 2 "original" de este fic, adaptándolo a las exigencias del I Gran Desafío del "Foro de las Expansiones", para extender un relato que originalmente tenía cinco capítulos a por lo menos ocho... Espero que lo disfruten, y si desean comentar, sugerir, criticar o alabar este humilde homenaje a la "Sorg-Expansión del Potterverso", el cuadrito abajo les espera... Salud y saludos!
