Capítulo 4: El guardián de las llaves

BUM.

Llamaron otra vez. Dudley se despertó bruscamente.

—¿Dónde está el cañón?— preguntó estúpidamente.

Se oyó un crujido detrás de ellos y tío Vernon apareció en la habitación. Llevaba un rifle en las manos: ya sabían lo que contenía el paquete alargado que había llevado.

—¿Quién está ahí?— gritó —¡Le advierto... estoy armado!

Hubo una pausa.

Luego...

¡UN GOLPE VIOLENTO!

La puerta fue empujada con tal fuerza que se salió de los goznes y, con un golpe sordo, cayó al suelo.

Un hombre gigantesco apareció en el umbral. Su rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera.

El gigante se abrió paso doblando la cabeza, que rozaba el techo. Se agachó, cogió la puerta y, sin esfuerzo, la volvió a poner en su lugar. El ruido de la tormenta se apagó un poco. Se volvió para mirarlos.

—Podríamos preparar té. No ha sido un viaje fácil...— Se desparramó en el sofá donde Dudley estaba petrificado de miedo.

—Levántate, bola de grasa— dijo el desconocido.

Dudley se escapó de allí y corrió a esconderse junto a su madre, que estaba agazapada detrás de tío Vernon.

—¡Ah! ¡Aquí está Phonix!— dijo el gigante.

Phonix levantó la vista ante el rostro feroz y peludo, y vio que los ojos negros le sonreían.

—La última vez que te vi eras sólo una criatura, oh Harry mírate que grande estas— dijo el gigante —Los dos se parecen mucho a su padre, pero tienen los ojos de su madre.

Tío Vernon dejó escapar un curioso sonido.

—¡Le exijo que se vaya enseguida, señor!— dijo —¡Esto es allanamiento de morada!

—Bah, cierra la boca, Dursley, grandísimo majadero— dijo el gigante y causo que Phonix soltará una pequeña risita. El gigante se estiró, arrebató el rifle a tío Vernon, lo retorció como si fuera de goma y lo arrojó a un rincón de la habitación.

Tío Vernon hizo otro ruido extraño, como si hubieran aplastado a un ratón.

—De todos modos, Harry, Phonix— dijo el gigante, dando la espalda a los Dursley —les deseo un muy feliz cumpleaños. Tengo algo aquí. Tal vez lo he aplastado un poco, pero tiene buen sabor.

Del bolsillo interior de su abrigo negro sacó una caja algo aplastada. Harry la cogió ya que su hermana aún estaba en shock y la abrió con dedos temblorosos. En el interior había un gran pastel de chocolate pegajoso, con «Feliz Cumpleaños, Harry y Phonix» escrito en verde.

Harry miró al gigante, iba a darle las gracias, pero su hermana lo interrumpió preguntando:

—¿Quién es usted?

El gigante rió entre dientes.

—Es cierto, no me he presentado. Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y Terrenos de Hogwarts.

Extendió una mano gigantesca y sacudió todo el brazo de Phonix

—¿Qué tal ese té, entonces?— dijo, frotándose las manos —Pero no diría que no si tienen algo más fuerte.

Sus ojos se clavaron en el hogar apagado, con las bolsas de patatas fritas arrugadas, y dejó escapar una risa despectiva. Se inclinó ante la chimenea. Los demás no podían ver qué estaba haciendo, pero cuando un momento después se dio la vuelta, había un fuego encendido, que inundó de luz toda la húmeda cabaña. Harry sintió que el calor lo cubría como si estuviera metido en un baño caliente, mientras Phonix abrazaba fuertemente el brazo de Harry.

El gigante volvió a sentarse en el sofá, que se hundió bajo su peso, y comenzó a sacar toda clase de cosas de los bolsillos de su abrigo: una cazuela de cobre, un paquete de salchichas, un atizador, una tetera, varias tazas agrietadas y una botella de un líquido color ámbar, de la que tomó un trago antes de empezar a preparar el té. Muy pronto, la cabaña estaba llena del aroma de las salchichas calientes. Nadie dijo una palabra mientras el gigante trabajaba, pero cuando sacó las primeras seis salchichas jugosas y calientes, Dudley comenzó a impacientarse. Tío Vernon dijo en tono cortante:

—No toques nada que él te dé, Dudley.

El gigante lanzó una risa sombría.

—Ese gordo pastel que es su hijo no necesita engordar más, Dursley, no se preocupe.

Le sirvió las salchichas a Harry y Phonix, Harry alargo la mano para comenzar a comer, pero su hermana se lo impidió agarrando fuertemente su muñeca, Phonix no le quito los ojos de encima al gigante, ella no iba a permitir que su hermanito comiera comida de un desconocido, que cabe señalar tiro la puerta de la cabaña.

Por último, como nadie parecía dispuesto a explicar nada, y Phonix estaba en el borde, no conocía a este hombre no sabía si le haría daño a Harry, dijo:

—Lo siento, no podemos aceptar su comida, todavía segimos sin saber quién es usted.

El gigante tomó un sorbo de té y se secó la boca con el dorso de la mano.

—Está bien, Phonix, eres muy precavida, llámame Hagrid— contesto —Todos lo hacen. Y como les dije, soy el guardián de las llaves de Hogwarts. Ya los dos sabrán todo sobre Hogwarts, por supuesto.

—Pues... Nosotros no...— dijo Phonix

Hagrid parecía impresionado.

—Lo lamentamos— dijo rápidamente Harry, su hermana le lanzo una mirada, él no debía disculparse, este hombre entro sin permiso el debería estar disculpándose.

—¿Lo lamentan?— preguntó Hagrid, volviéndose a mirar a los Dursley, que retrocedieron hasta quedar ocultos por las sombras —¡Ellos son los que tienen que disculparse! Sabía que no estaban recibiendo las cartas, pero nunca pensé que no supieran nada de Hogwarts. ¿Nunca se preguntaron dónde lo habían aprendido todo sus padres?

—¿El qué?— preguntó Harry, Phonix apretó su muñeca más fuerte, este hombre parecía estar loco y el tonto de su hermano seguía hablándole, que no veía que podía estar en peligro

—¿EL QUÉ?— bramó Hagrid —¡Esperen un segundo!

Se puso de pie de un salto y rápidamente Phonix se puso delante de su hermano, aun no confiaba en este hombre. En su furia parecía llenar toda la habitación. Los Dursley estaban agazapados contra la pared.

—¿Me van a decir— rugió a los Dursley —que estos muchachos, ¡estos muchachos!, no saben nada... sobre NADA?

Harry pensó que aquello iba demasiado lejos. Después de todo, había ido al colegio y sus notas no eran tan malas, aunque la mayor parte era gracias a su hermana.

Phonix por otro lado se sintió totalmente ofendida, este… este hombre había llegado de la nada derribando la puerta en la mitad de la noche, amenazando a los Dursley (no es que ellos le importaran, su hermano era su prioridad) y ahora ¿los estaba llamado estúpidos? habia ido al colegio y sus notas eran las mejores, muchas gracias, ella era la que le explicaba a Harry algo cuando el no entendía. Aquello iba demasiado lejos, después de todo, el les estaba diciéndoles brutos a ella y a su hermano.

—Yo sé algunas cosas— dijo Harry, antes de que su hermana se pusiera a gritar a Hagrid —Puedo hacer cuentas y todo eso.

Pero Hagrid simplemente agito la mano.

—Me refiero a nuestro mundo. Tu mundo. El mundo de tu hermana. Mi mundo. El mundo de sus padres.

—¿Qué mundo?— pregunto Phonix olvidándose temporalmente de su enojó y desconfianza

Hagrid los miró como si fuera a estallar.

—¡DURSLEY!— bramó.

Tío Vernon, que estaba muy pálido, susurró algo que sonaba como mimblewimble. Hagrid, enfurecido, contempló a Harry y Phonix.

—Pero ustedes tienen que saber algo sobre su madre y su padre— dijo —Quiero decir, ellos son famosos. Ustedes son famosos.

—¿Cómo? ¿Nuestra madre y Nuestro padre... eran famosos? ¿En serio?— pregunto sorprendido Harry

—No sabía... no sabía...— Hagrid se pasó los dedos por el pelo, clavándoles una mirada de asombro —¿De verdad no saben lo que ellos eran?— dijo por último.

De pronto, tío Vernon recuperó la voz

—¡Deténgase!— ordenó —¡Deténgase ahora mismo, señor! ¡Le prohíbo que les diga nada a los muchachos!

Un hombre más valiente que Vernon Dursley se habría acobardado ante la mirada furiosa que le dirigió Hagrid. Cuando éste habló, temblaba de rabia.

—¿No se los han dicho? ¿No le ha hablado sobre el contenido de la carta que Dumbledore les dejó? ¡Yo estaba allí! ¡Vi que Dumbledore la dejaba, Dursley! ¿Y se la han ocultado durante todos estos años?

—¿Qué es lo que nos han ocultado?— dijo Harry en tono anhelante, su hermana le dio un codazo en las costillas, para que se callara, es que ese muchacho no entendía, no conocían al hombre, lo que menos quería es que su hermano pueda salir lastimado de alguna manera.

—¡DETÉNGASE! ¡SE LO PROHÍBO!— rugió tío Vernon aterrado.

Tía Petunia dejó escapar un gemido de horror.

—Voy a romperles la cabeza— dijo Hagrid —Harry debes saber que eres un mago y tu Phonix una bruja.

Se produjo un silencio en la cabaña. Sólo podía oírse el mar y el silbido del viento.

—¿Que somos qué?— dijeron Harry y Phonix al unísio con voz entrecortada, Phonix ahora estaba segura que este hombre estaba loco.

—Un mago y una bruja— respondió Hagrid, sentándose otra vez en el sofá, que crujió y se hundió —Y muy buenos, debo añadir, en cuanto se hayan entrenado un poco. Con unos padres como los suyos ¿qué otra cosa podían ser? Y creo que ya es hora de que lean la carta.

Harry extendió su mano para coger, finalmente, el sobre amarillento, dirigido, con tinta verde esmeralda al «Señor H. Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar» , pero su hermana bajo el brazo de un tirón, ella no permitiría que su hermano su hermano coja cosas de un desconocido, ella cogió la carta dirigida para « Señorita P. Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar». Mientras Harry le ponía mala cara por no permitirle coger su carta, Phonix sacó la carta de su sobre y leyó:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

Director: Albus Dumbledore

(Orden de Merlín, Primera Clase, Gran Hechicero, Jefe de Magos, Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos).

Querida señorita Potter:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.

Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente, Minerva McGonagall

Directora adjunta

Las preguntas estallaban en la cabeza de Phonix como fuegos artificiales, y no sabía cuál era la primera, las palabras se perdieron en su garganta. Después de unos minutos, Harry, quien había leído sobre el hombro de su hermana, tartamudeo:

—¿Qué quiere decir eso de que esperan nuestra lechuza?

—Gorgonas galopantes, ahora me acuerdo— dijo Hagrid, golpeándose la frente con tanta fuerza como para derribar un caballo. De otro bolsillo sacó una lechuza (una lechuza de verdad, viva y con las plumas algo erizadas), una gran pluma y un rollo de pergamino. Con la lengua entre los dientes, escribió una nota que Harry y Phonix pudieron leer al revés.

Querido señor Dumbledore:

Entregué a Harry y Phonix sus cartas. Los llevaré mañana a comprar sus cosas.

El tiempo es horrible. Espero que usted esté bien.

Hagrid

Hagrid enrolló la nota y se la dio a la lechuza, que la cogió con el pico. Después fue hasta la puerta y lanzó a la lechuza en la tormenta. Entonces volvió y se sentó, como si aquello fuera tan normal como hablar por teléfono.

Harry se dio cuenta de que tenía la boca abierta y la cerró rápidamente.

—¿Por dónde iba?— dijo Hagrid. Pero en aquel momento tío Vernon, todavía con el rostro color ceniza, pero muy enfadado, se acercó a la chimenea.

—Ellos no irán— dijo.

Hagrid gruñó.

—Me gustaría ver a un gran muggle como usted deteniéndolos a ellos— dijo.

—¿Un qué? —preguntó interesada Phonix, aunque seguía siendo cautelosa

—Un muggle— respondió Hagrid —Es como llamamos a la gente «no mágica» como ellos. Y tuvieron la mala suerte de crecer en una familia de los más grandes muggles que haya visto.

—Cuando los adoptamos, juramos que íbamos a detener toda esa porquería— dijo tío Vernon —¡Juramos que los íbamos a sacar de ello! ¡Un mago y una Bruja, ni más ni menos!

—¿Vosotros lo sabíais?— preguntó Harry —¿Vosotros sabíais que eramos... magos?

—¡Saber!— chilló de pronto tía Petunia —¡Saber! ¡Por supuesto que lo sabíamos! ¿Cómo no iban a serlo, siendo lo que era mi condenada hermana? Oh, ella recibió una carta como ésta de ese... ese colegio, y desapareció, y volvía a casa para las vacaciones con los bolsillos llenos de ranas, y convertía las tazas de té en ratas. Yo era la única que la veía tal como era: ¡una monstruosidad! Pero para mi madre y mi padre, oh no, para ellos era «Lily hizo esto» y «Lily hizo esto otro». ¡Estaban orgullosos de tener una bruja en la familia!

Se detuvo para respirar profundamente y luego continuó. Parecía que hacía años que deseaba decir todo aquello.

—Luego conoció a ese Potter en el colegio y se fueron y se casaron y los tuvieron a ustedes, y por supuesto que yo sabía que iban a ser iguales, iguales de raros, unos... unos anormales. ¡Y luego, como si no fuera poco, hubo esa explosión y nosotros tuvimos que quedarnos con ustedes!

Harry se había puesto muy pálido y Phonix estaba roja de la rabia. Harry tan pronto como recuperó la voz, preguntó:

—¿Explosión? ¡Nos dijisteis que habían muerto en un accidente de coche!

—¿ACCIDENTE DE COCHE?— rugió Hagrid dando un salto, tan enfadado que los Dursley volvieron al rincón —¿Cómo iban a poder morir Lily y James Potter en un accidente de coche? ¡Eso es un ultraje! ¡Un escándalo! ¡Que Harry y Phonix Potter no conozcan su propia historia, cuando cada chico de nuestro mundo conoce sus nombres!

—Pero ¿por qué? ¿Qué sucedió?— preguntó Phonix con tono de apremio.

La furia se desvaneció del rostro de Hagrid. De pronto parecía nervioso.

—Nunca habría esperado algo así— dijo en voz baja y con aire preocupado —No tenía ni idea. Cuando Dumbledore me dijo que podía tener problemas para llegar a ustedes, no sabía que sería hasta este punto. Ah, Harry, Phonix no sé si soy la persona apropiada para decírselo, pero alguien debe hacerlo. No pueden ir a Hogwarts sin saberlo.

Lanzó una mirada despectiva a los Dursley.

—Bueno, es mejor que sepan todo lo que yo puedo decirles... porque no puedo decirles todo. Es un gran misterio, al menos una parte...

Se sentó, miró fijamente al fuego durante unos instantes, y luego continuó.

—Comienza, supongo, con... con una persona llamada... pero es increíble que no sepan su nombre, todos en nuestro mundo lo saben...

—¿Quién?— pregunto Harry con curiosidad

—Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.

—¿Por qué no?— pregunto esta vez Phonix con sospecha (Hey! No la culpen esto era un poco fantasioso que hubieran hecho ustedes?)

—Gárgolas galopantes, Phonix, la gente todavía tiene miedo. Vaya, esto es difícil. Miren, estaba ese mago que se volvió... malo. Tan malo como se puedan imaginar. Peor. Peor que peor. Su nombre era...

Hagrid tragó, pero no le salía la voz.

—¿Quiere escribirlo?— sugirió Harry.

—No... no sé cómo se escribe. Está bien... Voldemort— Hagrid se estremeció —No me lo hagan repetir. De todos modos, este... este mago, hace unos veinte años, comenzó a buscar seguidores. Y los consiguió. Algunos porque le tenían miedo, otros sólo querían un poco de su poder, porque él iba consiguiendo poder. Eran días negros. No se sabía en quién confiar, uno no se animaba a hacerse amigo de magos o brujas desconocidos... Sucedían cosas terribles. Él se estaba apoderando de todo. Por supuesto, algunos se le opusieron y él los mató. Horrible. Uno de los pocos lugares seguros era Hogwarts. Hay que considerar que Dumbledore era el único al que Quien-ustedes-saben temía. No se atrevía a apoderarse del colegio, no entonces, al menos.

»Ahora bien, su madre y su padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he conocido nunca. ¡En su época de Hogwarts eran los primeros! Supongo que el misterio es por qué Quien-ustedes-saben nunca había tratado de ponerlos de su parte... Probablemente sabía que estaban demasiado cerca de Dumbledore para querer tener algo que ver con el Lado Oscuro.

»Tal vez pensó que podía persuadirlos... O quizá simplemente quería quitarlos de en medio. Lo que todos saben es que él apareció en el pueblo donde vosotros vivíais, el día de Halloween, hace diez años. Ustedes tenían un año. Él fue a vuestra casa y... y...

De pronto, Hagrid sacó un pañuelo muy sucio y se sonó la nariz con un sonido como el de una corneta.

—Lo siento— dijo —Pero es tan triste... pensar que su madre y su padre, la mejor gente del mundo que podrías encontrar...

»Quien-ustedes-saben los mató. Y entonces... y ése es el verdadero misterio del asunto... también trató de matarlos a ustedes. Supongo que quería hacer un trabajo limpio, o tal vez, para entonces, disfrutaba matando. Pero no pudo hacerlo. ¿Nunca se preguntaron cómo se hicieron esa marca en la frente? No es un corte común. Sucedió cuando una poderosa maldición diabólica los tocó. Fue la que terminó con su madre, su padre y la casa, pero no funcionó con ustedes, y por eso son famosos. Nadie a quien él hubiera decidido matar sobrevivió, nadie excepto ustedes, y eso que acabó con algunas de las mejores brujas y de los mejores magos de la época (los McKinnons, los Bones, los Prewetts...) y ustedes eran muy pequeños. Pero sobrevivieron.

Algo muy doloroso estaba sucediendo en la mente de Harry. Mientras Hagrid iba terminando la historia, vio otra vez la cegadora luz verde con más claridad de lo que la había recordado antes y, por primera vez en su vida, se acordo de algo más, de una risa cruel, aguda y fría.

Hagrid los miraba con tristeza.

—Yo mismo los saqué de la casa en ruinas, por orden de Dumbledore. Y los llevé con esta gente...

—Tonterías— dijo tío Vernon.

Harry y Phonix dieron un respingo. Casi habían olvidado que los Dursley estaban allí. Tío Vernon parecía haber recuperado su valor. Miraba con rabia a Hagrid y tenía los puños cerrados.

—Ahora escuchen esto, chicos— gruñó —acepto que haya algo extraño acerca de ustedes, probablemente nada que unos buenos golpes no curen. Y todo eso sobre sus padres... Bien, eran raros, no lo niego y, en mi opinión, el mundo está mejor sin ellos... Recibieron lo que buscaban, al mezclarse con esos brujos... Es lo que yo esperaba: siempre supe que iban a terminar mal...

Pero en aquel momento Hagrid se levantó del sofá y sacó de su abrigo un paraguas rosado. Apuntando a tío Vernon, como con una espada, dijo:

—Le prevengo, Dursley, le estoy avisando, una palabra más y...

Ante el peligro de ser alanceado por la punta de un paraguas empuñado por un gigante barbudo, el valor de tío Vernon desapareció otra vez. Se aplastó contra la pared y permaneció en silencio.

—Así está mejor— dijo Hagrid, respirando con dificultad y sentándose otra vez en el sofá, que aquella vez se aplastó hasta el suelo.

Harry, entre tanto, todavía tenía preguntas que hacer, cientos de ellas.

—Pero ¿qué sucedió con Vol... perdón, quiero decir con Quién-usted-sabe?

—Buena pregunta, Harry Desapareció. Se desvaneció. La misma noche que trató de matarlos. Eso los hizo aún más famosos. Ése es el mayor misterio, saben... Se estaba volviendo más y más poderoso... ¿Por qué se fue?

»Algunos dicen que murió. No creo que le quede lo suficiente de humano para morir. Otros dicen que todavía está por ahí, esperando el momento, pero no lo creo. La gente que estaba de su lado volvió con nosotros. Algunos salieron como de un trance. No creen que pudieran volver a hacerlo si él regresara.

»La mayor parte de nosotros cree que todavía está en alguna parte, pero que perdió sus poderes. Que está demasiado débil para seguir adelante. Porque algo relacionado ustedes, Harry, acabó con él. Algo sucedió aquella noche que él no contaba con que sucedería, no sé qué fue, nadie lo sabe... Pero algo relacionado a ustedes lo confundió.

Hagrid miró a Harry y Phonix con afecto y respeto, pero Phonix, en lugar de sentirse complacida y orgullosa, se sentía triste, ella daría toda esa supuesta "fama" por estar con sus padres. Y Harry estaba casi seguro de que había una terrible equivocación. ¿Un mago y una bruja? ¿Ellos? ¿Cómo era posible? Habían estado toda la vida bajo los golpes de Dudley y el miedo que les inspiraban tía Petunia y tío Vernon. Si realmente eran un mago y una bruja, ¿por qué no los habían convertido en sapos llenos de verrugas cada vez que los encerraban en la alacena? Si alguna vez derrotaron al más grande brujo del mundo, ¿cómo es que Dudley siempre podía pegarle patadas como si fuera una pelota o insultar a su hermana?

—Hagrid— dijo Harry con calma —Creo que está equivocado. No creo que nosotros podamos ser magos.

Para su sorpresa, Hagrid se rió entre dientes.

—No son magos, ¿eh? ¿Nunca hacen que sucedan cosas cuando están asustados o enfadados?

Harry contempló el fuego. Si pensaba en ello... todas las cosas raras que habían hecho que sus tíos se enfadaran con ellos, habían sucedido cuando él, Harry, o su hermana, Phonix estaban molestos o enfadados: perseguido por la banda de Dudley, de golpe se había encontrado fuera de su alcance; temeroso de ir al colegio con aquel ridículo corte de pelo, éste le había crecido de nuevo y, la última vez que Dudley le pegó, ¿no se vengó de él, aunque sin darse cuenta de que lo estaba haciendo? ¿No le había soltado encima la boa constrictor?

Y Phonix había hecho estallar un frasco de gel en la cara de tía Petunia; molestada por la banda de rubias de Lauren McKinnon, de inmediato los cabellos de ella y su banda se tiñeron de colores

Harry miró de nuevo a Hagrid, sonriendo, y vio que el gigante lo miraba radiante.

—¿Te das cuenta? —dijo Hagrid —Conque Harry y Phonix Potter no son magos... Ya verás, seran muy famosos en Hogwarts.

Pero tío Vernon no iba a rendirse sin luchar.

—¿No le hemos dicho que no iran?— dijo con desagrado —Iran a la escuela secundaria Stonewall y nos darán las gracias por ello. Ya he leído esas cartas y necesitará toda clase de porquerías: libros de hechizos, varitas y...

—Si ellos quieren ir, un gran muggle como usted no los detendrán— gruñó Hagrid —¡Detener a los hijos de Lily y James Potter para que no vayan a Hogwarts! Está loco. Sus nombres están apuntados casi desde que nacieron. Irá al mejor colegio de magia del mundo. Siete años allí y no se conocerán a sí mismos. Estarán con jóvenes de su misma clase, lo que será un cambio. Y estarán con el más grande director que Hogwarts haya tenido: Albus Dumbled...

—¡NO VOY A PAGAR PARA QUE ALGÚN CHIFLADO VIEJO TONTO LE ENSEÑE TRUCOS DE MAGIA!— gritó tío Vernon.

Pero aquella vez había ido demasiado lejos. Hagrid empuñó su paraguas y lo agitó sobre su cabeza.

—¡NUNCA...— bramó —INSULTE-A-ALBUS-DUMBLEDORE-EN-MI-PRESENCIA!

Agitó el paraguas en el aire para apuntar a Dudley. Se produjo un relámpago de luz violeta, un sonido como de un petardo, un agudo chillido y, al momento siguiente, Dudley saltaba, con las manos sobre su gordo trasero, mientras gemía de dolor. Cuando les dio la espalda, Harry y Phonix vieron una rizada cola de cerdo que salía a través de un agujero en los pantalones.

Tío Vernon rugió. Empujó a tía Petunia y a Dudley a la otra habitación, lanzó una última mirada aterrorizada a Hagrid y cerró con fuerza la puerta detrás de ellos.

Hagrid miró su paraguas y se tiró de la barba.

—No debería enfadarme—dijo con pesar —pero a lo mejor no ha funcionado. Quise convertirlo en un cerdo, pero supongo que ya se parece mucho a un cerdo y no había mucho por hacer.

Phonix no pudo evitar soltar una risita, Hagrid miró de reojo a Phonix, bajo sus cejas pobladas.

—Les agradecería que no mencionaran esto a nadie de Hogwarts— dijo —Yo... bien, no me está permitido hacer magia, hablando estrictamente. Conseguí permiso para hacer un poquito, para que les llegaran las cartas y todo eso... Era una de las razones por las que quería este trabajo...

—¿Por qué no le está permitido hacer magia? —preguntó Harry.

—Bueno... yo fui también a Hogwarts y, si he de ser franco, me expulsaron. En el tercer año. Me rompieron la varita en dos. Pero Dumbledore dejó que me quedara como guardabosques. Es un gran hombre.

—¿Por qué lo expulsaron?— pregunto curiosa Phonix

—Se está haciendo tarde y tenemos muchas cosas que hacer mañana— dijo Hagrid en voz alta, se notaba claramente que no quería hablar del tema —Tenemos que ir a la ciudad y conseguirles los libros y todo lo demás.

Se quitó su grueso abrigo negro y se lo entregó a Harry y Phonix

—Pueden taparse con esto—dijo —No se preocupen si algo se agita. Creo que todavía tengo lirones en un bolsillo.