La luz que entraba por una de las ventanas despertó a Sophie. Lentamente, se estiró y se levantó. Parvati y Lavender seguían durmiendo. La cama de Hermione estaba vacía. Sophie cogió el reloj de la mesilla y lo observó. Aún era temprano. Se daría una ducha y, al salir, avisaría a sus compañeras.
Cuando estaba a punto de abrir la puerta del baño, ésta se abrió y salió Hermione, con el pelo mojado. Al verse, la sorpresa hizo que cada una retrocediera un paso.
-¡Oh, perdona!- dijo Hermione -. Anoche no te vi en la sala común. Por un momento creí que, de alguna forma, no estarías en esta habitación y que me quedaría sola con esas dos - dijo, señalando a sus otras dos compañeras.
-Es que anoche llegué tarde. Estuve paseando - contestó amigablemente.
-¡Y tanto! - rio - Ni siquiera noté que llegabas. ¿Sabes? Creo que este año, después de que Lea se fuera, estamos tú y yo solas con Lavender y Parvati... Bueno, voy a secarme el pelo y a bajar a desayunar. ¿Nos vemos abajo?
-Claro.
A modo de respuesta, la chica sonrió y se alejó, secándose el pelo con un toque de varita.
Por su parte, Sophie entró en el baño y se desvistió. Se metió rápido en la ducha pues, aunque estaba en septiembre, hacía frío. Mientras se enjabonaba el pelo, pensó en el giro que había dado todo. El año pasado nadie parecía percatarse de su presencia. Este año, en cambio, todo el mundo se fijaba en ella.
Salió del baño, pensando si eso realmente le gustaba, y se acercó a Parvati.
-Parvati, son las ocho - le susurró, meciéndola suavemente.
La chica frunció el ceño y abrió un ojo, mirando a Sophie algo dormida. Después bostezó y le dio las gracias. Sophie se puso los zapatos, ya limpios, y le dijo a Parvati que se iba a desayunar y que despertara ella a Lavender. Cuando Parvati dio su aprobación a la idea, la chica salió de la habitación.
En la sala común, debido a que era la hora de desayunar, solo habían un par de alumnos de séptimo curso, entre ellos el prepotente Cormac McLaggen. El chico estaba con dos amigos más, hablando como siempre quidditch y de las pruebas que serían pronto. Entonces, en una de las explicaciones de un movimiento, tropezó y se dio con Sophie, que en ese momento pasaba por detrás.
Disculpándose con un tono demasiado empalagoso para Sophie, le sonrió mientras le sujetaba por los hombros, haciendo que no perdiese el equilibrio. La chica le respondió con una media sonrisa y siguió su camino. No le caía muy bien. Era demasiado arrogante.
Cuando llegó al Gran Comedor, se encontró con Hermione haciéndole gestos para que se sentara en el asiento vacío de su derecha. A la izquierda de ésta, se encontraba Ginny y de frente Harry y Ron.
Sophie se acercó, tomando asiento y saludándoles a todos.
-Buenos días - dijo, dedicándole una sonrisa cómplice a Harry, que fue rápidamente interpretada por Ginny, que les sonrió.
-Harry nos ha contado lo de anoche. Digno de una Gryffindor - dijo, imitando la voz de un hombre mayor y caballeroso.
-Nunca pensé que fueras tan...Harry - soltó Ron-. Te veía más como Hermione: una chica de biblioteca. Por eso de que siempre vas tan callada...¡AY!
El grito de dolor había sido causado por Ginny, que le había propinado una fuerte patada por debajo de la mesa. Sophie sonrió. Estudiar. El único momento del curso en el que Sophie estaba en la biblioteca era para los exámenes finales. Y porque no le quedaba otro remedio. No, a ella le gustaba leer, pero otro tipo de cosas.
- Lo cierto es que no suelo estudiar. Prefiero pasarme el día jugando con la varita y leyendo historias de muggles - contestó tranquilamente, mostrando que no le había molestado el comentario de Ron.
-¿Historias de muggles? ¿Libros escritos por muggles?-le preguntó Ron. Sophie asintió-. ¿Por qué?
-Es divertido ver como describen la magia y a los magos - explicó, encogiéndose de hombros.
-Pero... leer más libros de los que ya tenemos que leer en la escuela...
-Aún estamos enseñando a Ron a leer-se burló Ginny -. Mi madre se siente culpable de su falta de inteligencia. Cuando era un bebé se le cayó de la cuna.
Todos comenzaron a reír con el comentario de la pelirroja, haciendo que Ron se enfurruñara. Aunque el enfado le duró lo mismo que tardó la mesa en volver a llenarse de comida.
-¿Sabéis? Este año Sophie y yo compartimos habitación solo con Lavender y Parvati. La cuarta chica no ha llegado. Estamos solas con las máximas cotillas de Hogwarts - se quejó Hermione.
Entonces la conversación comenzó a gira en torno a las gemelas y a Lavender Brown, la admiradora acosadora de Ron. Sophie atendía a medias, mientras masticaba una galleta de mantequilla. Estaba de espaldas a la mesa de Slytherin, pero un cosquilleo le subió por la nuca, como si alguien le observara. Se giró y se encontró con unos ojos grises que le miraban con una expresión totalmente diferente a la que anoche había sido la mirada del que le había perdonado una sanción. Ahora, su rostro estaba lleno de asco y apretaba fuertemente la mandíbula. Sophie se sintió confusa. ¿Le miraba a ella?, ¿con ese odio? Le sostuvo la mirada hasta que Harry le llamó.
- ¿Qué miras? - le preguntó, aunque no esperó respuesta y se limitó a seguir la mirada de Sophie -. Vaya cara tiene Malfoy. Creo que se siente decepcionado de que hayas decidido parar con amistades como nosotros. Pasa de él. Vámonos a clase.
Levantándose, avanzaron por el pasillo, en dirección al aula de Defensa contras las Artes Oscuras en las mazmorras. Entraron en la oscura habitación y se sentaron, Sophie al lado de Hermione, en la tercera fila, detrás de Harry y Ron. En la fila de al lado, Draco Malfoy había ocupado su sitio y seguía mirando con cara de asco de vez en cuando. Durante toda la clase, la situación fue parecida, hasta que, al ir a levantarse al final de la clase, Sophie recogió sus cosas y Draco, pasando por su lado bruscamente, empujó a Sophie contra el suelo y le tiró todas las cosas que llevaba en los brazos.
-¿Qué le pasa a ese imbécil?-dijo, consternada.
Toda la clase se quedó mirando la escena, incluido Snape, que la observaba desde su escritorio. Entonces Sophie le miró, esperando a que el profesor hiciese algo. Le sostuvo la mirada y después llamó a Draco.
-Dos puntos menos para Slytherin por su falta de modales, señor Malfoy.
La bruja, algo más satisfecha, salió del aula en cuanto terminó de recoger sus cosas, con ayuda de Harry.
Pociones, en cambio, transcurrió más tranquilamente. El profesor Slughorn se pasó casi toda la clase presentándose y haciendo alusión a lo que él llamaba "El club de las Eminencias", un grupo de alumnos que él mismo elegiría respecto a las habilidades en la asignatura.
Sophie pasó el resto del día con Ron y Harry, practicando para las pruebas de quidditch a las que había decidido presentarse finalmente. Ron iba a presentarse como nuevo guardián y, aunque Sophie llevaba bien el deporte y no necesitaba entrenar, le divertía ponérselo difícil a Ron.
Cuando terminaron, Sophie se dio una ducha y escribió una carta, que quería enviarle a Nick. Nick era su hermano mayor, que estaba estudiando en el atlántico a las sirenas. Estaba muy unida a él, pero la distancia y lo ocupado que estaba siempre hacía muy difícil pasar tiempo juntos.
Subió las largas escaleras de la torre de las lechuzas a un ritmo tranquilo. Por eso, cuando se topó con Draco Malfoy, no tropezó. De eso se ocupó el rubio un segundo más tarde, dándole un empujón que casi hace que Sophie se precipitara por las escaleras.
-¿Se puede saber qué narices te pasa? - gritó, realmente enfadada por lo que acaba de hacerle ese idiota.
-Vaya, veo que te pones chula, incluso sin tus nuevos "amiguitos" para defenderte - escupió, poniendo un énfasis de asco en la palabra "amiguitos"-. Esto es lo que hay con los amigos de Potter, Slumber. Si no te gusta, tendrás que joderte.
Diciendo esto, se giró y siguió bajando las escaleras, rezumando aires de superioridad por todos y cada uno de sus poros.
Ella entró en la torre y bufó. Nunca, en todos estos años, había tenido problemas con Draco Malfoy. Todo lo contrario. Era de las pocas Gryffindor que gozaban de no tener que aguantar sus constantes ataques. Incluso a veces había sido agradable con ella.
Pero ahora parecía odiarle. Y ella, a este ritmo, comenzaría a hacerlo también.
Sacudió la cabeza y entró en la torre. Acarició a Yumi mientras se mordía el labio. Malfoy no se merecía ni un momento de su tiempo.
