Capítulo 4

Salgo de la cocina del restaurante con dos bandejas en la mano. Suelto una en la mesa cinco, y otra en la mesa siete. Vuelvo y saco el block de notas, levantando la cabeza al entrar en la cocina de nuevo. Kurt atiende en la barra, y Santana y Dani atienden conmigo las mesas.

Me pongo a apuntar el pedido que me estaban haciendo desde lejos en una mesa, y lo que mi jefe me mandaba desde la cocina, la cabeza casi me iba a explotar.

-¿Cómo vas? -Pregunto a Kurt, que está tras la barra poniendo cervezas casi a dos manos.

-Voy a convertirme en Octopus. -Dice sacando cervezas como puede a la barra, casi sin dar a basto.

-¿Octopus..? -Pregunto riéndome sin levantar la cabeza.

-Octopus, el enemigo de Spider.. Oh dios mío, paso demasiado tiempo hablando con Blaine. -Dice sacudiendo la cabeza, y yo suelto una carcajada levantando la cabeza del block de notas.

Al instante, veo cómo Finn entra por la puerta del restaurante vestido con el mono azul del taller, con la cara manchada de grasa y el pelo revuelto. Me muerdo el labio inferior y esbozo media sonrisa tímida al verle, y espero que Finn no me haya visto.

-Ve con él. -Dice Kurt.

-¿Con quién? -Pregunto fingiendo que no he visto a Finn.

-Oh, por Dios Rachel, te ha salido la sonrisa idiota al ver a Finn. -Dice mirándolo sentado en la mesa, mirando por la ventana esperando a que lo atiendan.

-No puedo, estoy trabajando. -Digo volviendo a bajar la cabeza a mi block de notas.

-Yo te cubro. Vamos, ve con Finn. -Dice sacándome de detrás de la barra, y yo salgo casi a tropezones hacia la mesa de Finn. Tiene el semblante serio, justo como más me gustaba cuando estábamos juntos, o cuando no estábamos. ¿O debería decir 'me gusta'?

Me siento enfrente de él en la mesa, y él se gira sorprendido, con el semblante serio y el ceño fruncido, sin decirme nada.

-Hola. -Digo esbozando media sonrisa tímida.

-Hola. -Dice él casi evitando mi mirada, esperando a que le traigan su plato.

-¿Cómo estás? -Pregunto casi susurrando, con la cabeza agachada y mirándolo a los ojos.

-Estoy. -Dice él, devolviéndome la sequedad con la que le respondí el primer día que lo encontré aquí. -Te ha mandado Kurt, ¿no? -Dice mirando a Kurt, que sirve mesas a la vez que está en la barra. Me limito a no contestar y agachar la cabeza. -Siento lo del otro día, no debí gritarte así. -Dice bebiendo un poco de agua, dejando el vaso en la mesa.

-No importa. -Digo negando con la cabeza. Finn se ríe y esboza su clásica media sonrisa, y me quedo mirándolo, y es adorable, con toda la cara llena de grasa del taller. -¿No te lavas la cara en el taller? -Pregunto mirándolo. Él niega y se encoge de hombros, inclinándose hacia adelante, tomando un poco de sopa de pollo. -Es que.. -Me quedo mirándolo.

-¿Qué? -Dice alzando la mirada hacia mí.

-Tienes un.. pegote de grasa.. en la ceja. -Digo señalando mi ceja. Él se da con la mano en la ceja, bruto, como si fuera un niño pequeño. -Para, para, para, Finn, para. -Digo quitándole la mano de la ceja. -Que te vas a hacer daño. Además, te lo has restregado por toda la cara. -Digo riéndome. Él también se ríe de forma más breve. -Espérame aquí. -Digo yendo hacia mi bolso en la cocina, donde tengo toallitas húmedas guardadas para cuando tengo que desmaquillarme.

Me acerco a Finn y me quedo de pie a su lado.

-¿Puedo sentarme? -Pregunto señalando el sitio que está a su lado. Él asiente y me siento sacando un par de toallitas.

-No hacía falta. -Dice agachando la cabeza para que pueda limpiarle bien. Niego y sigo limpiándole la ceja con delicadeza, quitándole lo que puedo de grasa, sonriendo. Él se queda quieto mientras paso a limpiarle la frente que también tiene llena de grasa. -¿Qué has estado haciendo estos meses? -Pregunta él, girándose hacia mí. Me encojo de hombros y niego.

-Nada.

-¿Ni siquiera has vuelto a acostarte con Brody? -Dice con una sonrisa irónica.

-No. No quiere acercarse a mí. -Digo con un tono más serio, quitando la grasa de sus mejillas.

-Porque no sé qué le diría mi ex novio después de pegarle, que lo asustó. -Digo encogiéndome de hombros, mordiéndome el labio al ver a Finn con el pelo revuelto y la camiseta interior que sobresalía por el uniforme.

-Que se apartara de mi futura mujer. -Susurra agachando la mirada. Me quedo parada un momento, disminuyendo la rapidez de mi mano al limpiarle la cara, quedándome mirando su rostro pero él no me mira a mí.

No sé qué decir, y el silencio es el más incómodo que he tenido con Finn desde que lo conozco, pero aparece Kurt por detrás de mí con su sopa.

-Finn, hoy vienen Blaine y mi padre a casa. -Sonríe y se va. Finn agacha la cabeza y la mete entre sus brazos.

-¿Y ahora dónde duermo yo?

Son las dos de la mañana, y Finn está tumbado en una manta en el salón, mientras que Burt duerme en el sofá y Blaine duerme con Kurt en su cuarto. Me asomo al salón sin que Finn me vea, está acurrucado contra la pared intentando encontrar el sueño en aquellas mantas apiladas que formaban el colchón. Me da demasiada pena ver a Finn así. Doy vueltas por la cama sabiendo que Finn está tumbado en el suelo del salón. Me echo el pelo hacia atrás, y Finn se revuelve en el suelo intentando encontrar la postura, pero no lo hace. Se sienta en el suelo y apoya la espalda en la pared, quedando de perfil a mí, jugando con sus manos, ladeando la cabeza. Me muerdo el labio y sonrío al verlo allí, acurrucado contra la pared y medio dormido con el pelo revuelto.

No puedo ver a Finn tirado en el suelo sabiendo que al día siguiente tendría que trabajar, simplemente en mi mente sólo cabía una opción: que durmiera conmigo.

Me acerco a Finn que está con los ojos cerrados y me pongo de rodillas delante de él, dándole un golpe en el hombro.

Finn abre los ojos lentamente y me mira, frunciendo el ceño.

-Rachel, ¿qué haces? -Susurra.

-Ven a dormir a mi habitación. -Él se queda callado, con un ojo cerrado y el otro entreabierto. -Vamos, Finn. No seas orgulloso. -Digo cogiendo su mano, intentando que se levante.

-No quiero molestarte. -Dice apoyando las manos en el suelo.

-No molestas, Finn. Vamos, levántate y ven conmigo. -Digo tendiéndole la mano.

Él coge mi mano y se levanta conmigo, yendo a mi habitación, cerrando la puerta. Finn se revuelve el pelo con una mano con los ojos entrecerrados mirando la cama.

-¿Estás segura? -Susurra señalando la cama.

-Sí, vamos, acuéstate. -Digo tumbándome en la cama. Siento como la cama se hunde muy poco a mi lado y me giro hacia él. Está sentado al borde de la cama, con las manos puestas en ella. -Finn, ¿qué haces? -Pregunto frunciendo el ceño.

-Sentarme en la cama.. -Susurra uniendo la última palabra con un bostezo.

-Finn, que te acuestes ya. -Digo cogiéndolo del hombro y tirándolo en la cama. Él se pone justo en el filo de la cama, intentando no molestar. -¿Eres idiota?

-Sí, lo soy. Y mucho. -Dice casi en un susurro. -No quiero quitarte la cama. -Finn me pone de los nervios, así que me tiro encima de él en la cama, abrazándolo para que se ponga a mi lado.

-Finn, que te acuestes normal. -Digo en su oído. -Que no muerdo. -Digo en su oreja. Él esboza media sonrisa. -Ah, y no eres idiota. -Digo bajándome de él, poniéndome en mi lado de la cama, mientras él se pone al otro.

-Buenas noches, Rachel. -Susurra acurrucándose en la cama.

-Buenas noches, Finny. -Susurro sonriendo. Cuando ha pasado media hora y la respiración de Finn se hace más profunda, me doy la vuelta para mirarlo. Es demasiado adorable para que sea mi ex novio, para que lo haya dejado ir así. Acaricio su mejilla, y sonrío. Finn frunce el ceño y suelta un bufido que me hace reír. Es idiota, pero era mi idiota. Era el idiota que me hacía sentir sexy, querida, guapa, visible. Era el idiota que me hacía reír, que soportaba mis películas musicales cada tarde, que no le importaba no tener sexo hasta que yo estuviera preparada. Era el idiota que me dedicaba los puntos en sus partidos de fútbol, el mismo idiota que no dejaba que lo besara cuando estaba lleno de grasa porque pensaba que me daba asco. Era el idiota que me cantaba canciones al oído mientras me abrazaba por la espalda mientras yo estudiaba e intentaba distraerme. No era perfecto, pero para mí sí que lo era.

Me acerco a él en la cama por la espalda y me abrazo un poco a él para sentir su calor, cerrando los ojos al respirar el aroma que desprende su cuello.

-Te quiero.