Perspectiva de Fliqpy

Tercer día

Temprano en la mañana salió de la habitación todavía bostezando mientas cerraba la puerta, nunca fue bueno despertando por las mañanas aunque se levantaba siempre a la misma hora incluso antes de que saliera el sol, un hábito impuesto desde hacía tiempo.

Por un momento a su parecer hermoso, había olvidado todo sobre los días anteriores, esa ceguera matutina tan plácida que a todos les gusta, pero eso fue antes de toparse… literalmente tropezarse con su problema, recargado contra la pared del pasillo más allá de la puerta de la habitación.

Estaba dormido o eso parecía, descansando en una posición sentada nada cómoda con las piernas bloqueando el camino, un gruñido bajo salió de su garganta.

Fliqpy había pasado todo el día de ayer pensando en qué hacer con el mocoso, hasta que se quedó dormido del aburrimiento, no había comido ni cenado y tenía bastante hambre, aunque estaba perdiendo el apetito con la imagen que tenía enfrente.

Se puso de pie a un lado de Flippy viéndolo dormir por un momento, ¿cómo podía dormir tan cómodamente en el frío suelo?, recordaba por propia experiencia, que su espalda siempre quedaba hecha nudos cuando dormía así, solo esperaba que el mocoso no se estuviera quejando más tarde por eso, aparte, el rostro despreocupado del infante inmerso tranquilo en sus sueños, era lindo, con los cabellos desordenados cubriendo sus ojos y el hilito de baba bajando por la barbilla, pero Fliqpy no era el más adecuado para hacer la comparación, ver todo el suelo bajo sus pies tapizado con la sangre de sus víctimas también era lindo. Podía dejar al menor durmiendo ahí, no sería ninguna molestia de esa forma, pero tenía algo pendiente.

"Mocoso" Lo llamó empujándolo con el pie "Hey, Flippy" Siguió insistiendo "¡Despierta!" Y el otro no despertaba.

Era difícil olvidar ese nombre si se parecía tanto al suyo, solo una letra, pensándolo, ya había notado el parecido físico con éste y lo más extraño, recordaba que el niño tenía una identificación del ejército, ¿de dónde la había sacado?, quizás esa pieza podría darle una pista del lugar al que devolverlo, por alguna razón lo comparaba con una mascota que no quería tener.

"Flippy" Siguió llamándolo insistiendo en hacerlo despertar, hasta que se cansó y se colocó en cuclillas a su lado

No parecía responderle, ¿un día y ya se había muerto?, que decepción por parte de la resistencia, lástima que no era el caso, seguía respirando, su pecho subía y bajaba confirmando eso, mala suerte para el oji-amarillo. Empezó a darle golpecitos sutiles en la mejilla, pero Flippy sí que tenía el sueño pesado, debía estar exhausto.

Mientras que proseguía roncando, el otro se cansó y golpeo la mejilla con deliberada fuerza dando una pequeña bofetada, pareció funcionar puesto el niño gemía con molestia inmediata, intentando abrir los ojos, ese golpe apenas y le hizo cosquillas, aunque la marca roja en la piel decía otra casa.

Por la esquina del ojo Fliqpy vio destellar la cadena metálica que buscaba con las identificaciones, estaba en el bolsillo de Flippy del cual se estaban saliendo.

La tomó sin permiso y no se había equivocado, era una identificación de perros. Una vez en su mano podía compararla con la que él tenía, un segundo... ¿por qué solo una?, se quitó la suya del cuello para verificar que no veía mal, solo tenía una de las dos identificaciones que debía llevar.

Apenas se había daba cuenta de la faltante, 'Maldición ¿dónde está la otra?', lo que era su suerte, había perdido la otra que hacía el par, pero ¿desde hacía cuándo?

"¿Fliqpy?..." Preguntó Flippy somnoliento viendo al aludido estando frente a él, demasiado cerca para lo que esperaría esa mañana, además de ser lo primero que viera al despertar.

Percatándose de que no se trataba de un sueño el menor se sintió apenado por muchas razones, no esperaba tal cercanía que lo estaba incomodando, pero no en un mal sentido, a él le gustaba estar cerca de los demás, no pensó que le fuera a hacer daño, pero ¿qué hacía ahí junto a él? y ¿por qué lo miraba tanto?

Esos ojos amarillo que aunque podían ser tan amenazante, no se atrevía a admitir le gustaban mucho, ese color que tenían era una belleza diferente que le gustaba. Luego de mantenerse en silencio por un rato bostezó, no pudo impedirlo tenía en demasía sueño, él mismo se delató de estar consciente, Fliqpy también se le quedó mirando, por fin despertaba.

"Hey, ¿de dónde sacaste esto?" Le mostró el pedazo de metal.

"No sé" Lo coreó también Fliqpy diciendo lo mismo cuando respondió, sabiendo de antemano la respuesta que detestaba.

"No sé ni porque te pregunté" Se reprochó a sí mismo y se puso de pie.

Flippy lo siguió, pero con menos fluidez, se tambaleaba mientras sus piernas se acostumbraban a estar de pie y mientras bajaba las escaleras casi cae por estas.

"Pero ¿qué con eso?" Flippy aún seguía medio dormido frotándose los ojos y las ojeras bajo ellos.

"Nada especial" Fliqpy se dirigió a la cocina.

"¿Me lo das?" Se lo pidió ingenuamente extendiendo su mano.

"Hmm" Lo pensó "¿Por qué debería dártela?" Fliqpy dudó en dárselo, pero no importaba tendría más ocasiones para verlo detenidamente.

"Siempre lo eh tenido, es algo importante para mí" Flippy se dio cuenta de que su respuesta anterior no había dejado contento a Fliqpy, pero aun así se lo devolvió, con bastante decencia sin arrojárselo al rostro.

Preparó algo sencillo, huevos revueltos y le dio un plato con lo mismo a Flippy, sin cortesía o detalle educado, éste tuvo un poco de dificultad para comer con la mano izquierda, puesto que la derecha era la vendada. Agradeció en silencio cada bocado, había tenido mucha hambre, solo que no le dijo nada a Fliqpy de su gratitud, no le hubiera gustado.

"Apestas" Dijo Fliqpy con voz monótona terminando con su comida y viendo al otro terminar.

"¿Eh?" Ahora que lo pensaba no había tomado una ducha en esos días y realmente estaba sucio.

"Hueles a perro mojado, sin contar el barro y el olor de ese animal que cazaste" Algo en esos ojos amarillos se reflejaba, estaba sumergido en los pensamientos.

Su barbilla estaba puesta sobre la palma de su mano y el codo sobre la mesa con expresión aburrida y pensativa.

"¿Enserio?" Peguntó apenado Flippy, ¿olía tan mal?, no pudo evitar olisquearse un poco.

"Toma una ducha o apestarás toda la casa" Sus palabras eran frías y si uno no prestaba atención podrían parecer hasta crueles, pero no era el caso.

"Gracias" Le agradeció Flippy con una sonrisa.

Fliqpy no tenía necesidad u obligación alguna de hacer esas cosas por él, había algo en el soldado que hacía abrir su corazón al pequeño aunque fuese un poco, o eso le gustaba pensar a Flippy

Fliqpy gruñó, no necesitaba ningún gracias, no es que le estuviera haciendo un favor, no quería tenerlo cerca apestando de esa manera.

Era raro escuchar la palabra gracias, no estaba seguro de haberla escuchado antes por lo que no sabía cómo responder al agradecimiento.

Al pequeño le estaba tomando su tiempo, el utensilio se le resbalaba de vez en cuando y le costaba sostener la comida con esa mano, tomándose el tiempo que Fliqpy no tenía.

"¡Acaba y métete a la ducha!" Le ordenó y se fue.

Flippy no se sintió mal, la cosa era que todavía el mayor no se acostumbraba a su presencia y estaba bien, terminó de comer e hizo lo que se le indicó, aunque le costó encontrar el baño sin la necesidad de estar abriendo todas las puertas.

Cierto era que Fliqpy había vivido un infierno y aunque ni él mismo lo creyera podía enfatizar un poco por las personas que habían experimentado lo mismo, había llegado a esa conclusión el día anterior, no tenía ninguna otra respuesta más creíble, con eso se conformaría por el momento.

Podía escuchar el sonido de la ducha desde su cuarto de entrenamiento, sí era difícil soportar la idea de que alguien más estaba con él, era incomodo, molesto, pero no tenía otra opción que aceptarlo a regañadientes, cumpliría con su palabra, su orgullo eso le dictaba 'Mocoso suertudo' Soltó una pequeña risa nada divertida, sólo la ironía de las cosas.

El muñeco de práctica salió volando al otro lado de la habitación de lo fuerte que fue golpeado, por desquitar todo su enojo y frustración con el muñeco, pronto sería el turno del saco de boxeo, hubiera sido una lástima comenzar con ese y romperlo, era su favorito. Ya no se escuchaba sonido alguno debía haber terminado, Flippy tardó un buen rato, por lo que supuso debía estar muy sucio.

Cuando Flippy terminó no halló al otro por ninguna parte, pero tampoco debía abrir todas las puertas para encontrarlo, seguía siendo un extraño y tenía sus restricciones, mismas por las que no pidió comida, baño o una cama, había dormido en el suelo, quizás el sofá, pero no quiso ensuciarlo. Bien no podría hacer nada más que esperarlo a que hiciera aparición.

Se sentó en una silla de la mesa, a esperar que también se secara la ropa que lavó ahí en el mismo baño, no encontró más que la camiseta y el pantalón que había llevado puesto, tenía frío, pero nada que no pudiera tolerar, también era aburrido y se puso a jugar con un salero sobre la mesa, nadie en su juicio se pondría a contar los granitos de sal, pero era lo que estaba haciendo, era lo mismo que ver la pintura secarse o el pasto crecer, pero no había otra cosa con que entretenerse, eso fue lo que hizo durante más de dos horas sentado en el mismo lugar.

El ruido de varias cosas moviéndose se escuchó durante esas dos horas, no diría moviéndose, pero eran sonidos amortiguados como golpes, eso era a lo que más se acercaba, finalmente escuchó una puerta abrirse y alguien caminando por el pasillo, también la ropa ya debía estar seca, se alegró de por fin salir de ese aburrimiento.

Flippy saludó a Fliqpy con una sonrisa, éste llegó a la cocina para tomar agua, no llevaba nada de la cintura hacia arriba excepto el pedazo de metal con la cadena, los ojos del menor se quedaron embelesados viendo el pecho tonificado, con un extraño gusto por la figura algo esbelta, además, lucía un aspecto cansado y su cuerpo estaba lleno de sudor, algo que también le gusto ver, no entendía muy bien porque le resultaba algo irresistible, porque no podía apartar la mirada hasta que se topó con los irises amarillos observándolo también, su rostro se calentó al sentirse atrapado, con esa mirada inquisitiva Flippy no necesitaba escuchar la pregunta de ¿por qué el tampoco llevaba gran cantidad de ropa?

"Espero a que mi ropa se seque" Lucía un poco de rubor por vergüenza que se hacía más grande, por un lado por la poca ropa que llevaba y por el otro ver al mayor en las mismas circunstancias.

Aparte. Otro detalle que Fliqpy había omitido era la ropa del muchacho percudida y desgarrada, pero no importaba con lo que tenía estaba bien por el momento, ¿qué creía?, su benevolencia tenía un límite y ya había sido muy bueno por ese día.

El menor vio con la misma mirada inquisitiva a Fliqpy, aun siendo pequeño sabía distinguir lo que era un cuerpo en buena forma, donde los músculos se esculpían, Fliqpy parecía ser una persona que hacía constante ejercicio y bastante arduo.

"¿Te gusta lo que ves?" Preguntó mostrando una sonrisa arrogante, ese color rojo en las mejillas del niño decía mucho.

Flippy asintió, algo que Fliqpy no esperaba que fuera tan sincero en su respuesta, su sonrisa se borró y un ligero rubor de tono opaco cubrió las mejillas, el que forzó a desaparecer cambiando de tema.

"Tú no pareces que hayas hecho ejercicio alguna vez" Flippy negó "Ponte de pie" Le ordenó y Flippy obedeció enseguida.

No estaba equivocado, Flippy tenía el cuerpo de un niño promedio escuálido y delgado, pero aun así había logrado derribarlo, pero que remedio...

Fliqpy lucía algo decepcionado y Flippy sabía porque, era evidente que no era tan fuerte como el mayor, pero podría cambiar eso, con decisión se atrevió a hablar mirándolo fijamente.

"¿Puedo entrenar contigo?"

Fliqpy abrió ligeramente los ojos impresionado por lo que decía, ¿enserio quería entrenar?, no sabía en que se metía, pero se encargaría de informarle. Su sorpresa se desvaneció con rapidez y sonrió con pericardio.

"¿Seguro de lo que me pides?" Usaría sus palabras en su contra en un futuro.

Flippy no desistió, estaba seguro de su decisión, quería ser tan fuerte como el mayor, demostrarle que no era solo un mocoso como lo llamaba, era más que eso, sería un hombre del que nadie se decepcionaría. Asintió.

Por el momento para el mayor, el oji-verde era solo un mocoso que acababa de tener un capricho, pero si eso quería, con gusto le daría un verdadero entrenamiento militar, lo haría sufrir, con deleite lamió sus labios pensando en todas las formas que podría hacer a sus músculos gritar de dolor y cansancio.

Controló la risa sádica que quería salir de sus labios, aún no, lo bueno vendría luego.

"Bien, solo que si te das por vencido, nuestro trato también terminará" Por más que lo ocultara lo estaba disfrutando. Era ganar y ganar, el niño era un niño, no resistiría.

Nunca tuvo las aspiraciones a ser un sargento, pero darle órdenes a alguien no debía ser difícil y lo gozaría pensando en más formas de torturarlo, además de las posibles suplicas que escucharía para que termine.

"Pero eso no terminaría de ser completamente justo, nuestro contrato también implica mi vida"

Fue observador 'Puedes ver las fallas en un trato, pero no puedes saber que soy un soldado por el uniforme' Fliqpy gritó mentalmente suspirando con pesadez.

"Sí, sí, tu vida" Fliqpy sacudió la mano con desdén "Entonces incluiré, ropa, comida y ducha, solo hasta que puedas conseguir las dos primeras por ti mismo" Era un crío, no tenía efectivo como para poder comprar esas cosa y tampoco podía conseguir trabajo aún o no uno decente y remunerado, lo que le ofrecía parecía justo.

"¿Eso no sería que prácticamente te estarías asiendo cargo de mí?" Dijo Flippy como mera observación inocente.

El rostro de Fliqpy quedó en blanco, no lo había visto de esa manera, pero tenía razón, se había convertido en niñera,

"Eso..." No sabía cómo contestarle para desmentirlo.

"Pero no creo que sea eso" Se apresuró a decir "No parece del todo que me estés ayudando, es más como si hubieras perdido una apuesta, además de que como pago mío, el alumno dejará que su profesor lo torture todo lo que quiera, ¿no?" Flippy intentaba mantener el orgullo de Fliqpy todavía en alto.

Ayudar a que alguien pudiera seguir viéndose a sí mismo como una persona que no se preocupaba por nadie, algo cruel y despiadado, una imagen dura, todo por no querer contradecirlo, por cuidar que siguiera siendo como quisiera y todo lo hacía Flippy con una sonrisa.

"Resulta que eres inteligente" Su mirada normalmente afilada se suavizó junto con su voz "Es así como tú dices" Le siguió la corriente, no quería admitirlo.

Flippy vio el cambio de expresión era lo más feliz que había visto a Fliqpy hasta el momento, aunque no era suficiente, lo haría más feliz, esa sería su más grande contribución.

Los ojos del menor se iluminaron con alegría y su sonrisa se agrandó, ¿quién no podía ser más feliz haciendo felices a los demás?

"Empezaremos mañana, disfruta este último día de descanso" Fliqpy rió sombríamente mientras se retiraba a descansar.

...

Perspectiva Flippy

Tercer día

"¿Qué es esto?" Preguntó Fliqpy sosteniendo en su mano algo redondo y de color verde oscuro, no era liso y tenía un aro metálico pegado más grande que el que usan las mujeres en los dedos.

La cara de Flippy se crispó en horror, todo el color de su rostro se esfumó poniéndose blanco como fantasma al ver lo que sostenía, y corrió a quitarle al pequeño el objeto, olvidándose de todo lo que estaba haciendo o iba a hacer.

"¡No, no, no!, los niños no deben jugar con esto" Flippy le quitó la granada de la mano y la ocultó entre su ropa.

"¿Por qué no?" Preguntó algo confundido.

No sabía porque Flippy se había asustado tanto y se la había quitado, no solía actuar así normalmente era calmado y tranquilo, se trataba de la primera vez desde que lo conoció que lo veía nervioso y podría decirse asustado.

"Es peligroso no puedes jugar con ella" Dijo tajante "Pero ¿de dónde la sacaste?"

No había un porque de que cosas tan peligrosas debían estar rodando por la casa, se había asegurado de ocultarlas todas hacía tiempo que dejo el oficio de la guerra.

"Estaba en la habitación que me dijiste que no entrara" Dijo Fliqpy muy serio y sin emoción en el rostro, completamente indiferente al comportamiento ajeno.

"Pero te dije que no entraras y esa es la razón"

Flippy tenía un cuarto especial o bodega pequeña en realidad, donde había guardado todas las cosas sobrantes de guerra y que esperaba jamás volver a utilizar, pero como podía haber entrado ese lugar, estaba cerrado con llave y candado.

"¿Entonces en ese sitio hay más cosas como esa?" Señaló el menor la granada que escondió inútilmente el mayor "Mentí, no entré ahí, pero quería saber que había" Sonrió con malicia "La encontré debajo de un sillón"

"Debajo de un sillón" Repitió Fliqpy incrédulo.

"Sí, debajo"

Flippy respiró profundamente tratando de calmar sus nervios, había tenido un enorme susto preocupado por la seguridad del niño, su corazón casi había salido por su garganta.

"Solo..." Flippy suspiró "Solo no juegues con esas cosas"

"Yo no estaba jugando, quería saber cómo funcionaba esa cosa, estaba a punto de tirar de ese anillo de metal cuando tú llegaste a interrumpir" Hizo una mueca de disgusto "¿Dime qué hace?" Cambió del disgusto a la fascinación.

En esos no tan inocentes ojos amarillos destellaba la curiosidad.

"Sí lo hubieras hechos, ya no tendrías mano y estarías caminando hacia una luz al final de un pasillo negro" Fliqpy se puso serio en un intento de sonar más tétrico, bromeando con la intención de asustar al niño.

"¿Entonces explota?" Dijo con emoción y su mirada brilló con más intensidad "¿Sí explota?, ¿cuantos metros?, ¿sí podría matarme?, ¿puede matar a alguien más?"

Era la primera vez que veía Flippy a Fliqpy tan exaltado, con un verdadero interés en algo, el pequeño parecía querer saber más por como miraba a Flippy impaciente y con una sonrisa.

También la sonrisa era nueva, una llena de emoción.

"Sí explota" Soltó aire resignado.

"¿Puedo usarla?" Pidió lleno de ilusión.

"¡No!" Casi le gritó "No puedes usarla" Sonaba como madre histérica "¿Cómo se te ocurre si acabo de decirte que explota?"

"Por eso mismo, ¿entonces no me dejaras usarla?" Seguía insistiendo.

Él que quería mantener al oji-amarillo seguro y éste que tenía un interés peculiar por las cosas peligrosas, '¿qué más sorpresas faltan?, ¿qué sea un psicópata asesino a sangre fría?' Pensó Flippy con sarcasmo.

Suspiró por última vez, antes de mirar al pequeño con una sonrisa leve, 'lo que era la niñez', solo tenía curiosidad, no tenía por qué matar su interés.

"¿Quieres saber más de estas cosas?" Sacó la granada que escondía.

Fliqpy asintió rápidamente, mirando ese objeto redondo.

"Está bien, pero te voy a enseñar algunas cosas que debes saber" Una guía sencilla e indispensable de supervivencia no estarían bien, además de dejarle muy claro que se mantuviera lejos de todas esas cosas.

Sería el maestro de Fliqpy y se encargaría de enseñarle lo mejor posible.

Fliqpy se puso de pie con entusiasmo parándose enfrente de Flippy, había estado sentado en sillón descansando demasiado tiempo para su gusto, pero ahora lucía una sonrisa un tanto aterradora aunque emocionada.

"No tan rápido" Lo detuvo el mayor "Quiero algo a cambio de mis conocimientos"

"Ves, te dije que nadie es altruista" Fliqpy lo miraba enojado.

"No me malentiendas, quiero una sonrisa" Él se encargó de dar un ejemplo "Pero una bonita"

"Acaso eres..." Levantando las cejas Fliqpy lo miraba con incredulidad y antes de que pudiera continuar con una sería de coloridas palabras que ya veía venir el mayor, le tapó la boca.

"Nada de malas palabras" Le regañó "No si quieres que escuche lo que dices" Hablaba enserio, lentamente fue quitándole la mano de la boca al pequeño.

"Eres un mojigato"

"Y tú un mal hablado" El silencio se hizo "Es tu decisión de cualquier forma"

"¡No quiero!" Fliqpy se cruzó de brazos torciendo la boca.

"Tú te lo pierdes" Con expresión fingida de soberbia Flippy además de la granada que tenía en la mano sacó de su escondite un cuchillo, parte de su colección y el que más le gustaba, el de caza "Porque bien noto que te gustas estas cosas" De un lado al otro movía el cuchillo sosteniéndolo de la afilada punta con la yema de los dedos.

"Deja de hacer eso no soy perro tras un hueso" Se quejó Fliqpy de lo que estaba haciendo apretando los dientes.

"Eso yo lo sé, tú eres un niño y no un perro y esto no es un hueso, sino un chuchillo" Seguía moviéndolo lentamente de un lado a otro, aunque no tenía ninguna lógica lo que decía, a los niños no les deberían de gustar los cuchillos, el que tenía enfrente era una excepción a lo normal.

"¡Está bien!" Le gritó frunciendo el ceño "Solo no hagas eso" Apartando la mirada y con los dientes apretados mascullo algo "No puedo creer que lo haga, estúpido pedazo..."

"¡Shhh!" Lo calló Flippy que si lo estaba escuchando.

Suspirando el pequeño se resignó, realmente quería hacerse de esa arma, era una de las mejor que había visto, mejor que los delgados cuchillos de cocina que se rompían fácilmente cuando los incrustaba en la carne y tocaban un hueso.

Reuniendo todo su orgullo miró al oji-verde directamente y sus labios empezaron a hacer muecas hasta que ambas comisuras tiraron de ellos. El mayor se quedó mirándolo con la boca un poco entreabierta, era la sonrisa más rara que pudo ver y completamente falsa.

"¡Listo!" Espetó olvidándose de esa mala sonrisa, inmediatamente quiso tomar el mango del cuchillo.

"Ah, ah, ah" Flippy no dejo que lo tomara "Te puedes lastimar"

"Pero tu dijiste..."

"Yo no dije que te lo iba a dar, yo dije que te enseñaría algunas cosas si a cambio sonreías"

"¡Eres un desgraciado!" Le gritó el menor realmente enfadado.

"Y uno muy grande" Le siguió la corriente haciéndolo enfadar más. Fliqpy estuvo a punto de golpearlo, pero lo que dijo el otro antes de que lo hiciera lo hizo cambiar de opinión "Tienes una linda sonrisa, ¿por qué no sonríes más?" El mismo Flippy sonreía con dulzura.

"Mentiras" Bufó Fliqpy avergonzado "No sabes otra cosa más que mentir"

"¿Y por qué te mentiría?"

"Yo... yo sé que mi sonrisa da miedo... no tienes por qué fingir" Cada vez más se ocultaba entre sus hombros.

Flippy lo vio consumirse en sus miedos y temores internos por ese complejo que probablemente tenía y dejaba ver por su comportamiento, nada que una caricia o un gesto cariñoso no solucionara. Guardó el cuchillo en su funda y con la mano acarició esos cabellos verdes, se notaba lo mucho que le gustaba que hiciera eso por la forma en que sus ojos abandonaron esos rasgos fríos que los protagonizaban junto con un pronunciado sonrojo.

"No miento" Le aseguró.

Puede que no fuera muy usual que conviviera con niños, pero si le gustaban y sabía cómo tratarlos, bueno... solo un poco. Fliqpy no dijo nada ni intentó quitar la mano de su cabeza como los dos días anteriores.

Algo más llamó la atención de Flippy.

Más de cerca podía ver con detenimiento como las ropas le quedaban pequeñas y ajustadas al niño, ¿era así ayer?, debió darse un estirón durante la noche, se alegró con la idea, debía estar creciendo, le compraría ropa cuando visitara la ciudad de nuevo, con respecto a eso...

"Fliqpy ¿qué edad tienes?" Preguntó con curiosidad, había olvidado hacerlo antes.

"Ni idea" Fliqpy se encogió de hombros, no quería mirarlo aún y ese sonrojo todavía no se había desvanecido.

No importaba, Flippy podía calcularle unos doce o trece, aunque recordaba que cuando se cruzó con éste era más pequeño y lucía más joven, diez... quizás, sacudió ligeramente la cabeza negando el pensamiento, era su imaginación y las ideas extrañas que tenía, rió para sus adentros.

CONTINUA…