Era algo seductor, poder salvar las vidas de las personas poseidas... Ésto si soy capaz de comprenderlo.


DESDE QUE VOLVISTE DEL INFIERNO

(La mirada de Sam)

"Metamorphosis"

No debió ser así, yo debí hablar con él primero. Ahora creerá que soy un monstruo y no le culpo pero…

Lleva toda la noche fuera, a saber lo que estará pensando.


Ni siquiera era capaz de concentrarse para escribir su diario, dejó el portátil de lado y se puso a leer uno de los tratados sobre demonología que llevaba consigo. Las palabras se le volvían borrosas y sólo podía repasar su discusión una y otra vez.

Dean le había visto usar sus poderes, y podía jurar que más que verle usarlos lo que le había dolido realmente era que le hubiese mentido. La puerta de la habitación del motel se abrió con un golpe seco y el desaparecido entró recogiendo todas sus cosas, decidido y tenso.

- Dean ¿qué haces? – Sam estaba aterrado, ¿habían llegado demasiado lejos? - ¿te marchas?

- No me necesitas, ve a cazar demonios con Rubi – dobló una chaqueta y la guardó en el bolso ante la consternación del menor que no sabía cómo detenerle

- Un momento Dean – suplicó agarrándole de la camisa – vamos Dean

El mayor se revolvió soltándole un puñetazo, que dolió menos que el odio que vislumbró Sam en sus ojos. "¿Ya estás contento?" protestó antes de recibir otro golpe que acabó de partirle el labio.

- Veo que no – musitó con la adrenalina a punto de explotar

- ¿Sabes hasta qué punto se te está yendo la olla? ¿Lo que te alejas de lo normal? ¿DE LO HUMANO? – El más alto era incapaz de mirar a los ojos de su hermano, no podía aceptar que le estuviese hablando así

- Sólo exorcizo demonios – replicó sorprendiéndose a sí mismo por ser capaz de conservar la calma aún

- ¡Con tu mente! ¿qué más puedes hacer?

- Enviarlos al infierno – se acabó, no se iba a avergonzar por eso porque precisamente esa era la parte buena de lo que estaba haciendo, eso era lo único bueno que salía de toda esa locura y no podía lamentarlo, intentó explicárselo una última vez – pero sólo a los demonios, nada más

La agresividad de Dean, su desconfianza, le estaba destrozando "No tengo demasiadas razones para creerte"

- Oye, debí contártelo – aceptó con el corazón en un puño – Lo siento Dean, de verdad, intenta ver la otra cara…

- ¡la otra cara!

- Hago salir demonios de gente inocente – le espetó, harto de la incomprensión del mayor

- ¡Usa el cuchillo!

- ¡El cuchillo mata a las víctimas! ¡Haciéndolo así casi todas sobreviven! – "¿Cómo es incapaz de ver eso?" – He salvado a más personas éstos cinco meses que los dos juntos en un año

- ¿Eso es lo que Rubi te hace creer? ¿Eh?, ¿Así te ha convencido de que uses tus poderes? – curiosamente no podía encontrar nada más que angustia en las palabras de su hermano – vas por mal camino, ya lo verás, se hará más y más oscuro y no sabes dónde acabarás

- No pienso pasarme de la raya – Era un adulto, no podía aparecer ahora Dean y tratarlo como a un crío caprichoso porque no lo era, porque no estaba jugando

Creyó que volvería a pegarle pero el mayor pagó su frustración con el mobiliario, un muro de incomunicación se había instalado entre ellos haciendo que cada palabra que salía de sus bocas fuese más dolorosa para el otro que la anterior.

- ¡Ya te has pasado de la raya! – conteniendo a duras penas su ira Dean susurró – si no te conociera querría cazarte… igual que otros cazadores.

- Tú no estabas – conteniendo a duras penas las lágrimas Sam no intentaba disculparse ya – Yo seguía aquí, tenía que continuar peleando sin ti Dean, y lo que hago funciona

- Está bien – pudo notar, que si bien no lo convencía sí lo comprendía, pero había algo más – si es tan estupendo, ¿por qué me mentiste sobre ello? ¿Y por qué un ángel me dijo que te parara?

- ¿Qué? – por un segundo pensó que Dean trataba de aprovecharse de su creencia en los ángeles para convencerle, pero sólo hasta que vio cómo los ojos de su hermano se entrecerraban con desesperación

- Castiel me dijo que si no te paraba lo haría él – susurró el rubio roncamente - ¿te das cuenta de lo que significa eso Sam? Significa que Dios no quiere que sigas con eso ¿vas a quedarte ahí y decirme que todo va bien?

Se había quedado sin palabras, porque si era cierto lo del ángel (y Dean no estaba mintiendo)… Afortunadamente Travis, un viejo conocido de su padre, con quién cazaron una vez siendo Sam un niño aún, llamó por un trabajillo que tenía entre manos. Y eso evitó que su hermano se alejara de él.

DQVDI-Sam

Había sido un trabajo horrible, Travis murió y el sujeto, Jack, también. Puede que fuese un monstruo, pero no se le había dado una oportunidad de evitar serlo, no la que él tenía. La noche oscurecía la carretera frente a ellos y el más joven de los Winchester no podía menos que desear haber podido hacer algo por ese hombre, que incluso en medio de su metamorfosis respetó la vida de su hermano.

- Hiciste lo correcto – dijo Dean interpretando acertadamente su silencio – ese tío era un monstruo, no había marcha atrás

"Como yo, yo también soy un monstruo" No dijo nada, porque si decía algo saltaría del coche y se perdería en la oscuridad que los rodeaba. No era justo.

- Sam, quiero pedirte perdón, he sido muy duro contigo últimamente – era evidente lo que le costaba al mayor decir aquellas palabras

- No te preocupes Dean – cortó el más joven sin ganas de hablar

- Verás, es que tus… "poderes psíquicos" me aterran – continuó con la disculpa

- Si te da lo mismo, preferiría no hablar de eso

- ¿qué? ¿No quieres hablar? ¿Tú? – le irritó levemente el tono guasón de Dean

- Ya no queda nada por decir – picó en el anzuelo lanzado sutilmente – no puedo seguir explicando por qué lo hago, no puedo hacer que lo entiendas.

- ¿Por qué no lo intentas?

- ¡No puedo! – se miraron a los ojos con el miedo reflejado en ellos, con la misma angustia y el mismo temor, sin ser capaces de atenuar el que brotaba de la persona sentada a su lado – porque "su" sangre corre por mis venas, su sangre está dentro de mí, y es algo que debo afrontar yo.

- Pero no sólo – Sam suspiró, cuando su hermano era capaz de hablar así se sentía con fuerzas para afrontarlo todo. Tomó una decisión.

- De todas formas no importa – No le miró a la cara – esos poderes… es jugar con fuego. Y se acabó. He acabado con todo eso

- ¿En serio? – Dean respiró calmado – es un alivio, gracias

- No me las des, no lo hago por ti – creyó necesario aclarar – ni por los ángeles, ni por nada de eso. Es mi decisión.

Y la había tomado, no volvería a seguirle el juego a Rubi, entrenaría sus poderes sí, pero lo otro, lo otro, le aterraba demasiado lo bien que se sentía después, y lo mal que se sentía cuando no podía tenerlo.

Todavía estaba a tiempo. No tenía que sacrificarse para detener el apocalipsis, tenía a Dean de vuelta, a su lado, seguro que lo conseguiría.

Continuará...