Xiaolin Showdown
Alternative Universe (AU)
Un poco de sangre por aquí y por allá.
Descargo de responsabilidad: Estos personajes no me pertenecen son propiedad de Christy Hui y algunas cosas más pertenecen a Warner Brothers. Esta historia es sólo para el entretenimiento, sin fines de lucro.
Capítulo 3
El castillo
El tiempo avanzo un tanto aprisa para el gusto de Jack. Dentro de un par de meses se cumpliría el año de espera para tomar el trono.
Durante ese tiempo y en las expediciones que realizaban en los alrededores habían encontrado un sanador que conocía la naturaleza de Hannibal y que ni siquiera parpadeo al verlos entrar a su residencia por lo que Jack le pidió presentarse al castillo para servirle cuando se convirtiera en Rey.
–Su majestad ¿Por qué querría a un anciano como yo para servirle? –El príncipe tomo uno de los artefactos que tenía el sanador y lo miro con curiosidad antes de responderle.–
–Sin duda usted sabrá ayudarme más que un sanador común cuando tenga a nuestro primogénito. –El anciano lo supo de inmediato, no hizo falta explicar nada más. Solo le dio indicaciones básicas, algunos bálsamos y otras cosas que Jack sabía iba a necesitar cuando el momento llegara.–
A medida que los días pasaban el príncipe se sentía más inquieto y nervioso; pasaba horas pensando en futuras situaciones posibles, algunas terriblemente macabras.
El decimoquinto día de su nombre lo paso en la fortaleza. Hubo un banquete en su honor y, días antes, Jack se había asegurado de recordarle a Hannibal día y noche sobre el aniversario así que recibió varios libros como presentes, una espada hermosa y ligera, perfecta para él y también, esa noche cuando el hombre llego a su habitación le entrego un ramo enorme de rosas negras, atadas con una tela de un rojo tan vibrante como su cabello. Jack abrió la boca con sorpresa y las recibió, sonrojado por lo inesperadamente dulce de ese regalo... Que termino con un beso suave que lo derritió completamente.
–Feliz día del nombre, Jack.
No pudo evitar sentir melancolía por su familia, mucho menos cuando el invierno mostro señales de acercarse; Ya no dolía tanto pensar en ellos pero al recordar el salón y la sangre su estómago ardía en rabia, tanta que sentía ganas de vomitar.
Sin embargo ahora era oficialmente un hombre, digno de tomar el trono que le correspondía. El príncipe se esforzaba por comportarse como tal, siguiendo las leyes de etiqueta, practicando frente al espejo para aparentar la seguridad y fuerza que un Rey debía tener. En general era perfecto... Hasta que Hannibal aparecía. Jack se desarmaba en sonrisas o risas, entre carcajadas o cejos fruncidos que pronto eran reemplazados con más sonrisas.
–No puedes dar un discurso así ¿Qué pasará si me miras? ¿Comenzarás a reírte como un idiota? –Le dijo al pararse detrás de él frente al espejo.–
–También puedo suspirar enamorado, si crees que eso es más digno. –Hannibal rodo los ojos y Jack se rio de nuevo, girándose para abrazar su cuello y besarlo.– Es tu culpa por estar por ahí, luciendo tan apuesto con y sin armadura puesta.
–Sigue practicando, tienes que mantener esa expresión seria para todos excepto para mí. –El príncipe asintió y volvió a mirarse en el espejo, notando como su marca resaltaba debajo de la delgada tela blanca que cubría su pecho.–
Pocos días después de hacer el pacto con Hannibal la marca del lobo había aparecido sobre su piel; era una marca oscura, parecida a un tatuaje de tinta negra, que tenía la forma de una huella de lobo y que estaba en su hombro derecho, cerca de su corazón. Han le explicó que era una forma visible de marcarlo como suyo y que todos sus hijos llevarían la misma marca, posiblemente en distintos lugares del cuerpo.
–¿Vas a comenzar pronto o tomo una siesta? –Jack salió de sus cavilaciones y apunto a su marca.– ¿Qué?
–No sé si te dije que me gusta mucho. Me hace feliz llevarla.
Hannibal se rio y le dijo que dejara de leer tantos libros de romance, pero se inclinó a besar su cabeza antes de salir y dejarlo solo para seguir practicando.
Cuando el invierno llego todos los habitantes de la fortaleza estaban listos, esperando.
El príncipe guardaba con esmero el abrigo que Han había hecho especialmente para él, lo usaba muy poco esperando que la fecha de la marcha llegara porque esa era una gran ocasión que merecía sus mejores ropas. Mientras tanto los soldados y Hannibal lo acompañaban en las cabalgatas sobre la nieve para practicar su montura, defensa y pelea a caballo aunque no era algo que deseara utilizar muy pronto.
Todos sabían que él no era particularmente fuerte aunque sí rápido. Su mente era una de las grandes ventajas que poseía.
–Al verme cabalgar ¿Te parece que luzco como un príncipe? –Le pregunto a uno de los soldados que lo acompañaban y el hombre asintió varias veces, haciendo una reverencia.–
–Luce más como un Rey. –Respondió de inmediato. Jack sonrió de lado, entrecerrando los ojos, orgulloso de sí mismo.– Debemos regresar a la fortaleza ahora señor. La noche se acerca.
Después de la cena y una vez estuvo en su cama, yaciendo al lado de Hannibal, el hombre le informo que marcharían el día siguiente.
–¿Tan pronto?
–Es hora. Debemos cruzar por los caminos para que te vean al frente Jack, el príncipe desterrado regresa con un ejército para recuperar su trono.
El pelirrojo tragó y se abrazó a él de nuevo, sintiéndose pequeño de pronto por todo lo que ocurría a su alrededor.
–Debes estar listo.
–Estoy listo... Solo, quiero aprovechar más estos momentos contigo.
Esa noche Jack no pidió ser tomado, aunque le costó mucho contenerse, porque sabía que el día estaba cerca y debía tener fuerza y energía para comenzar el viaje hacia el reino.
La mañana siguiente, luego de un par de horas de preparación, comenzó el trayecto.
Jack iba cabalgando al frente, al lado de Hannibal, usando el abrigo que le había regalado y con una expresión serena y firme en su rostro. Sus facciones seguían siendo suaves, recalcando la naturaleza de su cuerpo y la sangre que corría por sus venas; El cabello largo y natural, sin ninguna clase de aceites era algo que solo la realeza podía permitirse. El porte orgulloso que le era nativo, algo que poseía desde la cuna... Todo en él gritaba sin palabras lo que era, un príncipe. Un príncipe exiliado que volvía a reclamar lo que le pertenecía.
El pueblo lo vio marchar acompañado del ejército. Jack saludaba a los súbditos con cortesía a medida que avanzaban. Una de las grandes casas del reino envió heraldos para hablar con Jack luego de que pasara cerca de su territorio dentro del Reino.
Y esa fue la primera prueba en solitario para el príncipe desterrado.
El tener que hablar con las cabezas de las casas por sí mismo fue levemente aterrador para él. Todos ellos eran hombres mayores, señores y grandes soldados que habían peleado en grandes batallas de las que Jack solo había escuchado hablar. Sin embargo ninguno de ellos tenía la presencia intimidante de quien era su General y mano derecha, así que no tuvo demasiados problemas en dirigirse a ellos con diplomacia, imponiendo su presencia aunque no fuese salvaje y dominante como la de Hannibal.
–No recuerdo haber caminado por días cuando me expulsaron de mi castillo. –Han estaba sentado fuera de su tienda esa noche, vigilando el fuego, ya que por ahora había varios extraños cerca y no podía entrar y salir como hacia normalmente.–
–Apenas te alejaste de tu hogar por unas horas cuando te encontré.
–¿Entonces?
–Estabas ocupado cubriéndote del frio cuando nos acerque a la fortaleza. –Jack saco la cabeza por la tela que cubría la entrada y lo miro.–
–¿Magia? –Hannibal asintió y el príncipe volvió dentro, pensando en que quizás se había acostumbrado de verdad a vivir al lado de un demonio porque, ahora, cosas como esa no lo sorprendían como antes.–
Cuando finalmente todos se fueron a descansar y los únicos ojos vigilantes eran los soldados de Hannibal el rubio entro a la tienda donde Jack lo esperaba ya recostado luego del largo y extenuante día.
–Ya falta poco... En unos días, tomaré lo que es mío...
–Duerme. Necesitas descansar para lo que viene.
Al día siguiente la capital fue tomada por sorpresa; El ejercito de Hannibal era, con mucho, más grande, cruel y violento de lo que era el ejercito de su tío, "El mata reyes", así le habían apodado a sus espaldas y el sobrenombre le quedaba perfecto porque demostraba lo que era; un asesino y un traidor.
Jack se quedó detrás, al margen del campo de batalla, observando la masacre que tenía lugar a sus pies y bajo sus órdenes.
Los soldados de Hannibal no tenían la menor piedad con los enemigos y, aún en la distancia, el príncipe podía notar bien la figura de Hannibal destrozando todo a su paso. Jack supo sin dudarlo que el demonio estaba disfrutando de la batalla y a medida que el ejército del actual rey se reducía él comenzó a cabalgar hacia la ciudad, con uno de los soldados siguiéndolo de cerca con su caballo.
Pronto, cada uno de sus pasos se escucharon húmedos por la sangre que bañaba el lugar y el príncipe no pudo evitar sentirse feliz por lo que ocurría; la muerte lo rodeaba y todo había ocurrido por su deseo de obtener lo que le pertenecía.
Apenas llego al lado de Hannibal avanzaron dentro de la ciudad mientras el caos ocurría a su alrededor, el príncipe detrás del demonio para estar protegido en caso de un ataque directo.
En menos de lo que pensó estaban dentro del castillo. Los soldados abrieron las puertas con violencia, permitiéndoles el paso hacia donde debían ir.
Jack sentía cada uno de sus pasos resonar con fuerza en sus oídos, casi como si nada más existiera excepto la espalda de Hannibal delante de él.
Las puertas que resguardaban la sala del trono donde se llevaba a cabo el concilio se rompieron de pronto, alterando al Rey y al resto de los consejeros que ni siquiera pudieron intentar escapar cuando soldados con vestimentas del norte entraron y los sometieron.
El Rey Jahan no tuvo oportunidad de sacar su espada cuando dos de los lobos se arrojaron sobre él, haciendo una llave en cada uno de sus brazos.
–¿Qué está pasando? ¿Qué es todo esto? –Los soldados golpearon la parte trasera de sus rodillas, obligándolo a caer al piso. Uno de ellos puso una mano sobre su cabeza para mantenerlo así, en una reverencia forzada, y lo arrastraron.– ¡Exijo una explicación! ¡El norte nunca envió una advertencia de guerra!
Los soldados se detuvieron de golpe y la mano en su cabeza tiro de su cabello para hacerlo mirar a la persona que estaba delante de él; Un guerrero del norte.
Jahan recordó que todos ellos eran enormes; cabello y ojos de color claro, con pieles cubriendo sus armaduras y uniformes. Casi todos recibían el apodo de lobos. Muchas leyendas acerca de demonios estaban basadas en poderosos guerreros del norte, tan salvajes como los animales que cazaban para hacer abrigos.
–¿Una invasión del norte?
Hannibal se aclaró la garganta, mirando al Rey arrodillado a sus pies.
–No soy del norte que conoces. Yo soy del viejo norte, mucho más lejos de las barreras que crearon para protegerse de los salvajes.
–¿Y vienes de tan lejos a usurpar mi trono? –Replico Jahan, forcejeando con el agarre de los soldados. Han negó con la cabeza, sonriéndole con una mueca afilada y casi salvaje.–
–No. Yo solo sigo órdenes de mi Rey.
El demonio se hizo a un lado para revelar a Jack quien había permanecido de pie detrás suyo, escuchando en silencio.
Ambas miradas se cruzaron luego de tantas lunas y esta vez no eran los ojos del príncipe los que mostraban temor.
–Tú...
Jack ni siquiera se dignó a bajar la cabeza para mirarlo mejor, permaneciendo erguido delante de él, con el porte orgulloso y firme que había practicado tanto.
–¿Qué es lo que quiere que haga con él, mi señor? –Pregunto el demonio y el príncipe entrecerró los ojos, recordando todas las cosas horribles que había deseado hacer con él.–
–Destrózalo... –Respondió luego de un momento de silencio donde solo se podía escuchar la respiración asustada de los prisioneros.– Desgarra su cuerpo y destruye su cráneo. Borrare el recuerdo de su sonrisa de victoria para sustituirlo con la imagen de su cabeza hecha pedazos...
Hannibal obedeció de inmediato.
Los miembros del concilio gritaron con terror cuando la sangre salpico por todas partes pero Jack no le prestó atención, observando con una curiosidad macabra como el robusto cuerpo de su tío se convertía en una masa sanguinolenta bajo la espada de su General.
El príncipe no se dio cuenta del caos que ocurría a su alrededor hasta que Hannibal termino con lo que había ordenado. Fue casi como salir de un sueño; los gritos del resto de los miembros del concilio le dañaron los oídos y Jack hizo una mueca, girándose con rapidez para encararlos.
–¡SILENCIO! –Grito con voz potente, mirándolos con un rostro inexpresivo. Los hombres casi retrocedieron por el nivel de la voz del príncipe.– Caballeros, por favor, compórtense adecuadamente.
Jack volvió la vista a donde estaba el cuerpo de su tío y observo a Hannibal.
–No quiero ver sus rostros de nuevo. –El demonio ordeno que los llevaran a los calabozos y los soldados se movieron sin esperar nada más.–
Han alzo su mano y Jack la tomo, pasando encima de la sangre, y se dejó guiar por él hasta el trono.
El príncipe miro el salón, tomo una respiración profunda, y se sentó en el trono. Sintiendo el poder y la responsabilidad que venían junto con la silla de roca.
–Esto fue, más rápido y fácil de lo que creí que sería...
Hannibal se arrodillo frente a él y tomo su mano para besarla.
–Estos fueron tus deseos, mi Rey. –Respondió con una sonrisa que Jack le devolvió.–
El castillo era suyo nuevamente. Había vengado a su familia y la humillación que Jahan le había hecho pasar.
Estaba en casa.
Gracias por leer!
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PaulitaHoney: Sip, si lo es.
