-¿Por qué le pones tanto empeño? ¿Es por algún motivo especial?
Neriah apartó la vista del grueso libro de hechizos que estudiaba y miró a su preceptor. Llevaba estudiando con él un año, un año metida entre libros de hechizos y conjuros. Se pasaba casi todo el día con Ivosh en su estudio, sin acudir casi a las otras clases. Su poco tiempo libre lo pasaba con el príncipe Stefan.
A cualquier niño ese horario le habría parecido agotador, sin casi tiempo libre y estudiando todo el día, pero a Neriah le gustaba.
Ella sólo pedía libre el tiempo necesario para pasar un rato con Stefan. No quería relacionarse con los demás niños, ni ellos querían relacionarse con ella. Además, había encontrado una materia que la apasionaba. Esa materia era la magia. Desde el primer día, Neriah se había esforzado al máximo por aprender todos los encantamientos recogidos en la inmensa biblioteca de su maestro. Se pasaba noches enteras sin dormir memorizando y practicando hechizos bajo la recelosa mirada de la corte de Glenhaven…
-¿Por qué le pones tanto empeño? –volvió a preguntar Ivosh.
Neriah tardó un poco en contestar.
-No sabría decirte, Ivosh –dijo dubitativa- Supongo que es porque la magia me apasiona.
-Eso ya lo sé –respondió el mago- Pero hay más, Neriah, y lo sabes. Me gustaría que me lo dijeras.
-Es sólo que la magia me encanta, nada más –contestó.
-Ya…-Ivosh se acercó a su aprendiza y la miró directamente a los ojos- ¿No será que quieres demostrar algo a alguien? ¿A todo Glenhaven, por ejemplo?
Neriah lo miró sorprendida. Había dado en el clavo.
-Me gustaría…-empezó-…Me gustaría demostrar a todos esos inútiles lo poderosa que puede ser una lexovien. Lo poderosa que puedo ser yo.
Su maestro la miraba pensativo.
-Pero no sólo a Glenhaven entero, ¿verdad?
-No. Me…-tragó saliva- Yo desearía demostrarles a todos en Lisieux que puedo ser más que una segundona…
-¿Una segundona? ¿Por qué una segundona?
-Todo es por Fleur –cada palabra que decía aumentaba su ira- Ella siempre ha sido la preferida de nuestros padres y del reino entero. Ella siempre consigue lo que quiere. Si se le antoja algún capricho se lo dan por caro que sea. Si se mete en líos nunca la castigan. Todo porque ella nació primero.
-¿Ah, sí?-preguntó Ivosh con sorna- ¿Nació en primer lugar?
Neriah ya estaba harta de aquella conversación.
-¡Sí! ¡Tuvo que nacer en primer lugar!
-Pero...-la interrumpió el hechicero- ¿Estás segura de que ella nació primero?
Neriah se sorprendió. Nunca lo había pensado. De aquello sólo tenía la palabra de sus padres...
...Acaso ellos podían...¿Podían haberla mentido?
-Tú no te mereces ser la segunda –interrumpió el mago con voz melosa- Una persona tan brillante como tú merece estar en lo más alto. Tú mereces ser reina mucho más que tu hermana. Y puedes conseguirlo usando tu poder. Sólo tendrías que quitar a la otra de en medio…
-¡Nunca! –Saltó Neriah- ¡Nunca haría daño a mi hermana! Yo la quiero y ella me quiere. Jamás me haría daño…Ella…-suspiró. Deseaba, por encima de todo, calmarse-…Escucha, demos por zanjada esta conversación. No quiero volver a hablar más del tema…
-Como queráis, alteza. Sólo dejadme decir una cosa más: Daríais todo por vuestra hermana, pero, ¿y ella? ¿Acaso ella daría todo por vos? Os ruego meditéis mis palabras.
Y sin decir más abandonó la estancia dejando a Neriah sola con sus pensamientos.
