NOTA: Yu-Gi-Oh! Juro y perjuro que pertenece a la autoría de Kazuki Takahashi, no me vayan a demandar por utilizar sus personajes para mis retorcidas historias, bueno que fueran míos pero no lo son por desgracia. Solo los utilizo con afán de entretener y claro, sacarme de tensiones. Y no les contesto por el ReplyFF mas que nada por tiempo, pero deben saber que agradezco sus opiniones hacia mi fanfic, en verdad muchas gracias!
♣ - ♣ - ♣ PASIÓN EN TIEMPOS DE GUERRAS ♣ - ♣ - ♣
Por: Ángela-Mort
CAPITULO CUATRO: "SENTIMIENTOS Y PRESENTIMIENTOS"
Los primeros rayos del sol ya estaban en aquellas tierras faraónicas. La mañana era fresca y se sentía tranquila, como
comúnmente se sentía en Egipto. El cielo tenia algunas nubecillas, inusuales, pero nada de que preocuparse.
En el palacio del faraón las actividades ya habían comenzado desde muy temprano en la mañana. Los sacerdotes cumplían con sus respectivas obligaciones. Mientras que en el comedor real se encontraban ya desayunando los respectivos miembros de la realeza, desayunando.
-Pues bien, Faraón Atem, sabrás perfectamente a que venimos –comentó la reina de repente. Atem la vio fijamente- Su compromiso, el cual deberán llevar a cabo en 20 días.
Atem levemente asintió y dio un suspiro.
-Lo sé, reina –respondió el príncipe, disimulando su poca emoción por aquel arreglado compromiso.
Mientras Nefertari seguía hablando y Atem le ponía, digamos que cierta atención, no se percataban de que Gizeh estaba totalmente distraída. Su presencia física estaba ahí, pero su mente estaba en otro lugar, recordando la noche anterior. La princesa no podía sacarse de la cabeza aquel extraño suceso, no podía sacarse de la cabeza aquella mirada de ojos marrones, a aquel extraño que entró a su habitación sin ningún permiso, pero sobre todo, no podía dejar de pensar en aquel beso, su primer beso... no podía dejar de pensar en aquel extraño... pero mas, en aquel beso.
-¿Gizeh? –se escuchó la voz de la reina.
Pero no había reacción...
-¡Gizeh!
-¿Eh? –la chica atendió al llamado.
-¿Escuchaste de lo que estaba hablando? –preguntó Nefertari malhumorada.
-Si –respondió la princesa- Hablaban de... pues...
-¡Estas distraída¿En que tanto piensas? –preguntó la reina.
Gizeh solo movió su cabeza en negación y se encogió de hombros, al momento en que levemente se ruborizaba. Sinceramente pensaba en el bandido, al mismo tiempo en que sentía cosquillas en su estomago.
-No tienes remedio –bufó Nefertari- Le estaba diciendo a Atem acerca del compromiso entre ustedes dos.
-Ah, era de eso –respondió sin muchos ánimos Gizeh.
-Si, era de eso –respondió la reina- En 20 días deberá llevarse a cabo el matrimonio, así como lo marca la ley. Yo estaré a cargo de que esa ley se cumpla, debido al... al... al fallecimiento de ambos faraones padres suyos...
Gizeh y Atem intercambiaron miradas. Aun que nadie lo sabia, los corazones de ambos príncipes pertenecían a otras personas diferentes... al menos para la princesa eso empezaba a surgir, aun que concientemente aun no lo aceptara.
-Lo antes posible, en 3 días deberán anunciar su compromiso ante el pueblo, para después Atem viajar a nuestra ciudad y presentarse allá también.
-De acuerdo –respondió Atem seriamente.
Algunos guardias estaban custodiando en aquel salón del comedor real, y casualmente aquella chica de cabellos y ojos azulados estaba discretamente escuchando la conversación, desde afuera del salón.
-Con que se llevará a cabo el dichoso casamiento –murmuró Miho hacia si- 3 días... mas vale que le informe a Bakura... aun que es un idiota... –la chica suspiró- haría cualquier cosa por él, lo amo.
La peliazul rápidamente se marchó de ahí.
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Una mañana como muchas otras, algo en el pueblo estaba causando conmoción. Cerca del palacio algo estaba sucediendo, varias personas estaban reunidas en un punto, incluyendo algunos guardias reales.
-¡Mátenla! –gritaban algunas voces- ¡Miren su apariencia, ella es maligna, merece la muerte!
De repente, aquel barullo fue interrumpido por dos personas.
-¡Alto! –gritó ese que no era otro que el Sumo Sacerdote Seth en compañía de la sacerdotisa Isis.
Todos callaron ante tal presencia y retrocedieron.
-¿Qué demonios sucede aquí? –preguntó Seth con ese aire intimidante.
Los pueblerinos solo se limitaron a señalar lo que causaba aquel escándalo. Una muchacha de piel tan blanca como la leche, cabellos celestes. Vestía en harapos, estaba inconsciente.
En ese momento Seth se quedó pasmado ante lo que veía, y ni que decir de Isis que se notaba mas nerviosa...
La visión había terminado.
Isis había vuelto en si, sintió un ligero dolor de cabeza, y además sentía que alguien la sostenía.
-Isis ¿Te encuentras bien? –preguntó el sacerdote Karim un poco preocupado, quien era el que la sostenía, al parecer la joven se había desmayado.
-¿Sacerdote Karim? –preguntó la sacerdotisa un poco confundida- ¿Qué hace aquí¿Qué sucedió?
-Te desmayaste –respondió Karim, cabe mencionar que él era el poseedor de uno de los artículos del milenio mas temibles, la balanza milenaria- ¿Qué sucedió¿El collar te indicó algo?
Isis dio un suspiro y asintió.
-Algo está por venir Karim –respondió la sacerdotisa- algo que cambiará las cosas, un poder...
Karim la miró de una manera conmocionada. Últimamente Isis había tenido mas visiones que de lo comúnmente sucedía, cosa que a los 5 sacerdotes estaba conmocionando.
-Necesitas descansar Isis –dijo Karim quien ayudó a levantarla.
-Estoy bien, no te preocupes –respondió la morena con una leve sonrisa, sin embargo su mirada era de preocupación.
Mientras tanto, en la guarida de los bandidos.
Bakura se encontraba sentado afuera de este mismo, observando un poco el paisaje. Pensando... pensando en la noche anterior en su visita al palacio... pero mas en aquella hermosa princesa que conoció y en el beso que atrevidamente le dio, pero pensaba mas en ella. Había algo en Gizeh que era diferente, además de su belleza, su delicadeza. No era una mujer vulgar como muchas que había conocido... y cierta peliazul que actualmente conoce.
Algo dentro de él le decía que no la hiciera daño, aun que en realidad desde aquella noche no quería lastimarla. Algo empezaba a surgir dentro de él, un sentimiento muy extraño. ¿Pero que era?
-¿Qué demonios sucede conmigo! –preguntó Bakura a si mismo mientras se daba un tope en la frente- Además no se por que pienso tanto en ella. Ella es una princesa, está lejos de mi alcance, una chica como ella jamás haría caso a un bandido como yo... ¿Pero que demonios estoy diciendo! Además ella es la carnada que necesito para llegar al idiota de Atem.
Bakura por mas que intentaba sentir algún tipo de rechazo hacia aquella joven, algo se lo impedía. Muy en el fondo sabia que sentía una cierta atracción hacia aquella chica, era la primera vez que alguien le hacia sentir de esa manera, sentir 'eso' a primera vista. 'Eso', como le llamaba Bakura, un sentimiento que creía no existía y que había olvidado con el paso de los años.
-¡Bakura! –los pensamientos del bandido fueron interrumpidos por una voz femenina, quien venia montando un caballo.
El bandido miró a la recién llegada, con cierto fastidio le lanzó una mirada.
-¿Qué quieres? –preguntó el bandido secamente a la recién llegada.
-No me hables en ese tono –bufó Miho.
-Yo te hablo como se me da la gana –respondió con arrogancia.
-Te traía noticias, pero como veo que no te interesa... –la peliazul estaba por marcharse de ahí.
-¡Espera!
Miho se detuvo en seco y volteó a ver al bandido con una sonrisa maliciosa.
-¿Qué noticias traes del palacio? –preguntó Bakura un poco mas tranquilo.
-Si me das un beso, te digo.
-Vete al demonio –bufó Bakura quien le dio al espalda.
Miho ante aquello se acercó al bandido y lo detuvo.
-De acuerdo, te diré –dijo la chica- Últimamente te has estado comportando muy raro con migo.
Bakura solo se limitó a lanzarle una fría mirada.
-Habla de una buena vez u otorga.
Miho dio un suspiro.
-De acuerdo, te diré... escuche hablar a la reina Nefertari acerca del matrimonio del Faraón Atem y esa estúpida princesa, en 3 días darán la noticia del compromiso y a mas tardar de 20 días se llevará a cabo el matrimonio.
Bakura se quedó pensativo ante aquello.
-¿Qué tanto piensas?
-¿Cómo se llama la princesa? –preguntó sin hacer caso a la pregunta de la joven.
-Gizeh –respondió.
-Ahh...
-¿Qué piensas hacer? –preguntó Miho- ¿Raptarla para así preocupar al faraón y darle su merecido? Yo te puedo ayudar para que sea mas fácil.
Bakura se quedó pensativo. Un secuestro seria tal vez una buena coartada. Quizá por hacer aquello la princesa lo odiaría, sin embargo él podría admirarla mas tiempo, mas de cerca. Además no podía pensar en ella como algo mas, apenas y la había visto una sola vez, y como había dicho antes, eran de clases sociales diferentes, ella era una princesa, era de la realeza y él... él era un bandido, y el que peor fama tenía... aun que muy pocos lo sabían, no todo lo que se rumoraba de él era cierto.
-Hoy en la noche –dijo Bakura- No me falles.
Miho asintió entendiendo lo que había dicho Bakura.
-La habitación de esa princesa está en el Ala Oeste del palacio –dijo la chica quien se acercó a su caballo y lo montó- Te haré las cosas mas fáciles, esperare una buena recompensa por esto. –con una ultima sonrisa se alejó de ahí.
Esa noche seria la indicada, esa noche la volvería a ver.
Mientras tanto, Atem y Gizeh se encontraban caminando un poco en los alrededores del palacio, en los patios. Los sirvientes hacían una reverencia cada que los veían pasar.
-Matrimonio... –dijo Atem- Que rápido se pasa el tiempo.
-Así es –respondió sin mucho animo.
Atem notó la actitud de Gizeh, una actitud similar a la de él, sin mucha emoción por el dichoso compromiso.
-Aquí entre nos Gizeh –el faraón se paró frente a ella y la vio fijamente- ¿Tu tampoco estas entusiasmada con nuestro compromiso, verdad?
Gizeh se sorprendió ante aquel comentario, sin embargo dio un suspiro.
-¿Por qué lo dices? –preguntó ella extrañada.
-No se si estoy en lo correcto, si no es así discúlpame, pero no te veo con muchos ánimos que digamos.
-No, como crees yo... discúlpame si no me he mostrado de diferente manera, pero muchas cosas han pasado y de repente me distraigo, Atem. –respondió la princesa con nerviosismo.
Ambos se quedaron viendo por algunos segundos, hasta que...
-¿Tu no estas entusiasmado, verdad? –preguntó ella finalmente.
Atem solo bajó la mirada.
-Perdóname... –musitó Atem un poco apenado.
Gizeh sonrió ante la sinceridad del faraón.
-Me gusta tu honestidad –comentó la princesa junto con una sonrisa- No es que esté en desacuerdo con el matrimonio, de hecho eres un chico maravilloso y serias un gran esposo sin dudarlo, pero todo esto es tan rápido... Atem, no estoy segura de sentir algo por ti y la verdad es que me siento insegura hasta de mi misma, de mis sentimientos...
Atem le acarició el rostro.
-Lo mismo digo, Gizeh... perdóname.
-No te preocupes.
Ambos se dieron un abrazo de apoyo.
En ese momento, Anzu junto con Mana iban pasando por el lugar, pero al ver tal escena, Anzu sintió como si miles de filosos cuchillos atravesaran cruelmente su corazón. Mana volteó a ver a Anzu, era su mejor amiga, casi como una hermana y sabia lo que ella sentía por el faraón.
-Anzu... –musitó Mana.
-Estoy bien –Anzu fingió una sonrisa- Ese es el destino.
Gizeh y Atem se separaron poco a poco y se sonrieron, para después Gizeh percatarse de que a un poco distancia Anzu y Mana estaban ahí paradas. Gizeh mas aliviada dio un suspiro y saludó de lejos a las susodichas. Atem se percató de ello y notó una expresión cabizbaja en Anzu... se había dado cuenta de que los había visto abrazados, cosa que preocupo a Atem.
Ya caída la noche, Atem, como era costumbre suya, se encontraba caminando por las terrazas del palacio, cuando en eso, se topó con Anzu. Al verla, sus ojos se iluminaron, aun que ella solo tenia una triste mirada.
-Hola Anzu –saludó el faraón.
-Hola Atem –sonrió débilmente- ¿Haciendo tus rutinas nocturnas como de costumbre?
-Así es...
Ambos se quedaron viendo.
-Gizeh será una gran esposa –comentó finalmente.
-¿Qué dices?
-Es una gran chica, me cayó muy bien y hoy... hoy los vi juntos, se ve que llevan una buena relación... –Anzu no pudo contenerse y unas ligeras lagrimas salieron de sus ojos.
Atem al notar aquello, solo le acarició el rostro y le limpió su ojos. En ese momento Atem tenia una gran necesidad de consolarla, al fin y al cabo de la que estaba realmente enamorado era de ella.
-Pero tu sabes únicamente que hay otra persona en mi corazón... –Atem delicadamente la tomó del mentón y se acercó fijamente a ella.
Anzu sintió que su corazón daba grandes latidos, al igual que Atem, quien poco a poco se fue acercando al rostro de la chica, ambos comenzaron a sentir su respiración cerca, hasta que al fin, Atem por primera vez besó a la joven, un beso cálido y amoroso, el cual duró unos largos segundos.
Mientras que en otro lado, Miho estaba preparando una bebida, y abrió un frasco con un liquido transparente, para así agregarlo al vaso.
-Bien, esta noche la princesa dormirá como nunca en su vida –dijo maliciosamente para si.
La peliazul discretamente con el vaso en mano se dirigió hacia la habitación de Gizeh, donde sin problema alguno entró como si nada.
-¿Se puede? –preguntó la chica, pero no recibió respuesta alguna- ¿Princesa?
Miho entró a la habitación y se percató de que Gizeh estaba en su balcón. Por fortuna Miho no sabia nada del suceso anterior, por suerte de ella. Sin embargo la princesa estaba distraída, tenia temor de que de nuevo aquel extraño invadiera su prevacía e hiciera algo terrible, pero por otro lado lo esperaba, quería volver a verlo, necesitaba verlo.
-¿Princesa?
Gizeh atendió a los llamados.
-Ah, eres tu... –dijo Gizeh sin animo alguno.
Miho hizo una reverencia.
-Vengo a disculparme por mi comportamiento el otro día –dijo la chica quien en realidad, aun que jamás había tratado a la princesa, de cierto modo le fastidiaba con solo verla- Le traigo una bebida su majestad, para disculparme.
-No te preocupes... –respondió Gizeh indiferente.
-Me retiro Princesa –hizo una reverencia- Ahí le dejo la bebida.
La colocó en una mesita y salió de ahí.
Gizeh no le hizo mucho caso a aquello y siguió viendo hacia el horizonte, esperaba ver alguna señal del extraño, pero nada sucedió. Ya dada por vencida, entró a su habitación y vio aquella bebida que esa tal Miho le había llevado. Sin tomarle mucha importancia tomó un poco de aquello que parecía jugo,
Algunos instantes después Gizeh sintió como si tuviera su cuerpo pesado, comenzó a tener mucho sueño.
-¿Qué me pasa? –preguntó así misma.
Gizeh sintiendo una carga en su cuerpo y se recostó en su cama para así, quedarse profundamente dormida.
Ya pasada de la media noche, Bakura había llegado a los limites del palacio, estaba subiendo hacia el balcón de la habitación de la princesa. Con éxito había llegado, esta vez no estaba asomándose como era su costumbre, sin hacer mucho ruido, entró a la habitación y ahí la vio, estaba dormida profundamente.
Bakura se acercó lentamente hacia ella, la admiró por algunos momentos, definitivamente era la mujer mas hermosa. Su corazón dio rápidos latidos. Lentamente se acercó a su rostro y le dio un pequeño beso en sus labios, sin embargo no obtuvo respuesta alguna.
Al notar aquello, supo de inmediato que estaba como dopada. Seguramente Miho le había dado quien sabe que cosa para que quedara en tal estado. Así que sin pensarlo dos veces, la cargó delicadamente y sin mas, se la llevó de ahí.
En otra parte del palacio, Isis se levantó de golpe. Había tenido otra visión. Así que sin dudarlo, rápidamente se levantó de su cama y salió de su habitación.
El beso entre Anzu y Atem había terminado. Anzu estaba confundida, sin embargo sintió felicidad al recibir tal del faraón.
-Anzu... –susurró Atem- Yo... te...
-¡Faraón! –Isis casualmente lo había encontrado, no se había percatado de la situación en que estaba el príncipe.
Anzu y Atem se separaron rápidamente, fingiendo que nada había sucedido.
-Sacerdotisa Isis ¿Qué sucede? –preguntó conmocionado.
-¡La princesa... Gizeh, ha sido secuestrada! –exclamó alarmada.
-¿Qué? –preguntaron Atem y Anzu al unísono.
-Mi collar del milenio me lo dijo.
Sin dudarlo, los 3 rápidamente se dirigieron hacia la alcoba de la princesa y efectivamente, no estaba en ningún lado. Las cortinas que adornaban las ventanas de su alcoba, o mas bien, el ventanal que daba hacia el balcón estaban alborotadas.
-¡No puede ser! -.exclamó Atem.
Mientras lejos de ahí, Bakura iba montado en su caballo, y en brazos llevaba a aquella princesa, que lo hacia sentir diferente... para que hacerse tonto. Se estaba enamorando de ella... pero ¿Ella le correspondería de la misma manera?
CONTINUARÁ...
NOTA DE MI: Un capitulo con mas acción y mas romance. Pues bueno, como pudieron leer Isis ya está teniendo visiones de lo que vendrá mas adelante en la historia, pero apenas es el comienzo, nuestra sacerdotisa visualizara algunas mas.
Espero les haya gustado este capitulo, que en lo personal me gustó bastante, gracias a la canción de "Angels" de Sarah McLachlan me pude inspirar para escribir este y el anterior capitulo.
Y también pues muchas gracias por sus comentarios, me alegra que la historia les esté gustando, en verdad me dan ánimos para continuarla.
Y como es costumbre mía, si tienes dudas, comentarios, quejas, sugerencias, a mi Ryou envuelto para regalo o a mi cachorro Joey también, no dudes en enviarme un mail, review, PV o por vía MSN. Nos leemos en la próxima. Au revoir!
"Escribo para el niño que llevamos dentro.
Mis lectores son, sobre todo, mis cómplices"- Paulo Cohelo.
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