Disclaimer: Courage the Cowardly Dog no me pertenece, ni lo hará pero me agrada escribir de él sin ningún fin de lucro (:

Advertencias: Malas palabras, próximamente situaciones subidas de tono y trataremos con homosexualidad, amiguitos ewe.


Capítulo IV:

Katz se sintió sumamente tonto y culpable cuando Courage empujo el viejo sillón hasta la cocina, para dejarlo frente a la mesa donde un abundante platillo de huevos revueltos le esperaban junto a un vaso lleno de agua simple. El muchacho tenía en perfecto orden la cocina pero muchas alacenas estaban ya vacías además de que el refrigerador estaba desconectado, una canasta llena de huevos descansaba a lado de un libro de recetas cerrado y con temor confirmo por la única silla alrededor de la mesa que Courage estaba viviendo solo en la granja. Por la ventana observo que otra vez estaba lloviendo y ya había oscurecido, maldijo a los idiotas que tenía por aliados y volvió su vista al chico de cabellos rosas. Se veía decaído y sumamente solo, asustado más que nada. Katz se sentía arrepentido por haber sido cruel con él hace un momento, era inevitable que algún día sucediera aquello siendo una pareja de ancianos pero no por ello aquel muchacho tenía que cargar con eso.

Comenzó a comer los huevos de manera forzada, sentía asco y un malestar horrendo recorriéndole todo el cuerpo. Su mente privilegiada le estaba jugando una mala pasada, comenzando a pensar cosas acerca de que él de verdad era una horrible persona y no merecía nada. ¿De verdad estaba a punto de planear una venganza en contra de aquel muchacho desprotegido? Casi al instante frunció el ceño, masticando con demasiada fuerza levanto la vista para ver al muchacho lavar el sartén en que le había cocinado aquel platillo. ¡Pero que idioteces estaba pensando! Era culpa de ese niño idiota por lo que ahora él no tenía ni un centavo, por culpa de él y aquellos ancianos su hotel había sido cerrado. Él también estaba desprotegido, es decir, no tenía dinero y aquel mocoso mínimo tenía un techo propio y la granja. Katz terminó de comerse rápido los huevos que por el sabor a bilis que invadía su paladar le provocaron ganas de vomitar, boto con estruendo la cuchara en el plato de porcelana y logró llamar la atención del inútil. Fingiendo una sonrisa que pareció asustar a Courage, Katz se dispuso a sacarle la sopa.

−¿Cuánto tiempo llevas solo?− Pregunto con voz amable para sorpresa de Courage que secándose las manos en la ropa jaló la única silla disponible y tomo asiento, meditando por unos segundos que contestar.

−Siete meses− Katz disimulo bien su asombro, ahora que veía más de cerca la chico se vía flaco y ojeroso. Medio año sin aquella anciana que lo consentía y el aporte económico del anciano.

−¿Qué edad tienes, Courage?− El aludido temió por un momento que aquel hombre le hablara con tanta familiaridad, pero era bueno hablar con alguien después de tanto tiempo además veía en el pelirrojo un dejo de preocupación por él.

−Dieciséis años, casi diecisiete− Casi automáticamente la vena en la cien de Katz comenzó a palpitar, ¿Qué acaso ese niño era idiota?

−¿Pensabas ir a la ciudad manejando aquella carcacha, sin permiso de conducir? – Courage asintió con lentitud notando con miedo como el tono de voz de Katz se inundaba de ira− ¡Niño idiota! ¿Estas consiente que te pudieron arrestar? Aún peor si se enteran de que estas viviendo aquí solo, siendo menos de edad pudis…

Parando de hablar súbitamente Katz se tranquilizó, nuevamente tenía una horrible sensación en el estómago. Era algo más allá de su habitual ira, culpabilidad y otra cosa mezclándose en sus intestinos. Tenía que irse de allí cuanto antes.

−¿Qué es lo que hacías por aquí?− El pelirrojo elevó la vista observando frente a sí a Courage que a pesar del temor que reflejaban sus ojos, intentaba platicar con él.

−Veras, Courage. Hace unos días clausuraron mi Hotel, no tengo dinero así que vine a ofrecer algunos productos pensando que era lo mínimo que podían hacer por mí era comprarme mercancía cuando por tu culpa mi negocio fue cerrado− Nuevamente enojado, Katz le miro de forma amenazadora amedrentando al chico−. Ya estarás contento, por fin atendieron tu denuncia por un pésimo servicio y una plaga de arañas.

Asombrado Courage agacho la vista y con pena observó la pierna rota de Katz. Hacía mucho tiempo que había hecho aquella denuncia con Muriel, solo porque ella estaba enojada por las pésimas atenciones. No pensó nunca que en verdad fueran a cerrar el negocio de Katz. Mordiéndose el labio Courage seguía agachándole la vista, mientras que el pelirrojo torcía la boca disgustado por el dolor que su vesícula le causaba otra vez. Por la mentecita del pelirosa pasaba la idea de que tal vez Katz estaba peor que él, sin un lugar al cual ir y teniendo que vender su mercancía de puerta en puerta para comer. Sólo y desprotegido, quizás. Aún que era un hombre adulto en ese momento Katz era incapaz de cuidarse así mismo, con una mano y pierna rota suponía que no podía hacer mucho por su persona. Courage levanto la vista para encontrarse con el ceño fruncido del mayor y sin intimidarse un poco tomo una bocanada de aire.

−Puedes quedarte aquí, si gustas. Hay suficiente espacio en la casa para los dos, y pues podrías quedarte aquí en lo que yo busco un trabajo− Nuevamente la sensación de asco por sí mismo se extendió en el cuerpo de Katz, cómo era posible que aquel niño lo invitara a vivir con él como si nada−. Podríamos hacernos compañía y…

−¿Qué?− Atónito, Katz no podía creer que el mocoso estuviera tan desesperado por querer la compañía de alguien como él. Interrumpido, Courage no supo que contestar ante aquella pregunta.

−Sólo si tú quieres, si no dime en que te puedo ayudar−Katz negó varias veces a punto de vomitar por los estragos en su estómago, necesitaba llamar a su hermana cuanto antes.

−¿Por qué me invitas a vivir conmigo? ¿Sabes en que te estas metiendo?− Courage guardo silencio por un momento nuevamente con un semblante infeliz surcando su rostro.

−Dijiste que cerraron tu hotel, pensé que no tenías a donde ir. Podríamos ser amigos o simplemente vivir aquí, no soy tan insoportable como crees− El chico parecía afligido, en sus ojos castaños había un revoltijo de emociones que solo hacían sentir peor a Katz.

¿Qué se suponía que tenía que hacer? Hace tan solo un momento estaba planeando hacer casi igual de infeliz que ahora o más al pobre chiquillo. No esperaba encontrarse con aquella imagen desoladora que era ahora, ¿Dónde estaba el niño que protegía a capa y espada a su familia? Aún peor, ¿Dónde estaba la familia Bagge? En el cielo, fue la inocentemente cruel respuesta que dio el chico y que por primera vez hizo que Katz sintiera culpabilidad en el alma.

Él era un villano, un ser malvado y ahora se encontraba consumido por una culpabilidad hacía su peor enemigo. Un mocoso, solo y que apenas se podía cuidar así mismo.

−Sí me quedo necesito usar el teléfono− Sentenció el mayor alejando la vista de los enrojecidos ojos de Courage por el llanto, el chico sonreía para más culpabilidad del pelirrojo.

−No tengo línea telefónica, como no tengo a quien llamar cancele el servicio− El niño tomo el plato vacío frente a Katz y este le devolvió la vista otra vez molesto.

−¡¿Qué no tienes a quién llamar?! ¿Y si te sucedía una emergencia? Qué tal que gente mala te hacía algo y tú…−

Soltando todo el aire de sus pulmones Katz sintió en el pecho un pinchazo de culpabilidad. ¿Qué estaba por hacerle a aquel niño?


N/A: Tardé demasiado, lo sé. Pido una disculpa pero he estado un tanto atareada, espero este capítulo sea de su agrado y es todo por ahora porque el siguiente capítulo esta un tanto más prometedor.