Hola!
Ya vine ºuº
Desafío imposible
Sage llevaba unos días sintiendo una turbación en el cosmos de Degel y Kardia. Así que decidió hacer algo al respecto. Mandó a llamar al santo de escorpio a que se hiciera presente. Quería que la situación se disipara pronto para el futuro que estaba forjándose desde ya. Y sabía que, si quería que el futuro se encaminara hacia Athena, debía hacer algo. Había estado sondeando a Degel cuando lo ayudaba con la lectura de las estrellas y no había obtenido mucha información, pero sabía que era un problema entre ambos santos. Así que decidió tratar las cosas con Kardia.
El santo de escorpio era un muchacho muy joven aún. Un mozo directo y amable, que, por su manera tan franca de ser, radiaba en la insolencia. Cuando se presentó, habló un poco con él:
- Kardia de Escorpio reportándose- siguió el protocolo.
- Veo que finalmente te estás adaptando a las formalidades, Kardia.
- Ni tanto. Pero supongo que sería bueno practicar de vez en cuando- rebatió con una sonrisa simpática. A Sage le hizo gracia.
- ¿Y qué has estado haciendo últimamente, Kardia? ¿Algo que deba saber? - le probó.
- Nada que haya ocasionado un desastre- afirmó.
Y Sage lo sabía. En realidad, Kardia era travieso, pero no tanto como la mayoría imaginaba. Era solo que las veces que hacía cosas, eran muy notorias y tendían a salírsele de las manos, por lo cual, era malinterpretado.
- Lo cual hace que me confunda por haber sido llamado aquí- comentó realmente confundido. Casi no lo habían llamado más que para explicar alguna de las cosas que había hecho y para recibir un regaño. Sage rio por su sinceridad y desconcierto.
- Ahora no has hecho nada, Kardia. Decidí que es un buen momento para darte una misión.
- ¿Una misión? - el rostro de Kardia pareció un poco fastidiado- ¿Qué tipo de misión?
- Irás al reino de Joseon- comenzó. La expresión de Kardia cambió a una de conformidad, al menos podría pasear por ahí. Los viajes le gustaban- Se ha elevado una estrella maligna en esa zona. Quiero que vayas a investigar y deshacerte de la amenaza.
Los ojos de Kardia brillaron de excitación. Finalmente se estaba poniendo interesante su nuevo título como Santo Dorado de Escorpio. Estaba seguro que le ayudaría, no solo a entretenerse, sino que, con ello, su mente se despejaría. Además, probaría comida diferente y podría percibir un ambiente distinto. Sobre todo, si una presa se hacía presente para terminar con su tedio diario.
- Bien. Puedo partir de inmediato- afirmó.
- Aguarda, Kardia- comentó Sage- Debes partir mañana. Por hoy, solo prepara tus cosas para el viaje.
- De acuerdo- dijo con fastidio y se retiró sin esperar a que el patriarca le diera permiso.
El muchacho salió del lugar y se encaminó de vuelta a la casa de escorpio con entusiasmo. Cuando pasó por la casa de acuario, no dijo palabra sobre su misión. Se limitó a saludar a Degel y volver a su casa para preparar las cosas para el viaje. No le pareció necesario dárselo a conocer a Degel, después de todo, ya no lo frecuentaba tanto como para rendirle cuentas innecesarias. Y no era como si necesitara que se encargaran de algo en su ausencia, así que optó por caminar hacia adelante. Le haría bien estar un tiempo lejos de Degel, últimamente, se sentía incómodo a su lado.
Pero no estaba así por lo que el santo de Acuario le había negado, más bien, por la forma en que Degel lo veía ocasionalmente. En más de una ocasión quiso replicar algo. Pero sabía que eso solo guiaría a que Degel se disculpara y eso, él se encargaría de no permitirlo. Detestaba cuando las personas se disculpaban, incluso él mismo detestaba hacerlo. Más, si se evadían a sí mismos por ese medio.
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No fue hasta un considerable tiempo después, que Degel se había enterado que Kardia se había ido sin siquiera hacerle algún comentario. Es decir, se habían visto un día antes ¡y aun así no le dijo nada! Se sorprendió del punto en el que estaban ahora y que por, sobre todo: era su culpa. Por más que tratara de reprimirlo, sabía que eso le había hecho sentir muchas cosas: tristeza, enojo, incluso traición. Se encerró en su templo por un par de días. Sabía que debía controlar su temperamento, por lo que se limitó a congelar su biblioteca y quedarse dentro. Nadie podría replicarle nada ahí. Sin embargo, Sage lo mandó a llamar en algún punto. Maldiciendo internamente, se presentó ante el patriarca.
- Degel- le nombró una vez que lo tuvo presente- ¿Sucede algo? - quiso saber.
- Nada en realidad, señor- negó. El asunto que había, no debía reportárselo a su superior. Él mismo debía encargarse de solventarlo.
- Desde hace algún tiempo tu cosmos está fluctuando caóticamente. Lo mismo para Kardia. ¿Algo que deba saber?
Degel palideció sin poder evitarlo. ¿A caso lo sabría?
- No- se limitó a expresar, esperando no mostrar lo mucho que eso le afectaba, pero sabía que era inútil. Sage ya lo había notado. El antiguo santo de cáncer suspiró.
- ¿Qué hizo Kardia esta vez?
- Él no hizo nada- dijo, sin poder evitar pensar "En realidad fui yo"- Lo que me recuerda, no lo he visto últimamente ¿salió en una misión? - se atrevió a preguntar.
Sage se dio cuenta de inmediato que eso podría ser parte de la causa del estado de Degel: Kardia no le avisó de su misión. Y si no le había avisado, significaba que tenía razón, algo había pasado entre ellos. Suspiró.
- Sí, salió en una misión- le confirmó lo que temía. Para después tocar un punto sensible- Si él no hizo nada ¿hiciste algo tú?
- Esa pregunta le cayó como un balde de agua fría. El francés sintió que la sangre había abandonado su rostro y se había ido como plomo a sus pies. Sin embargo, trató de mantener neutra su expresión, pese a la evidente palidez que asedió su rostro.
- No preguntaré los detalles, Degel- dijo, suponiendo el origen de todo- Pero deben arreglarlo pronto, fue por eso que le di la misión a Kardia.
- ... ¿Usted sabía que él se sentía mal? – preguntó, poniéndole por delante; eso le dio algo de esperanza a Degel, pero dichas esperanzas cayeron en pedazos ante la respuesta de Sage.
- Le di esa misión porque tú parecías sentirte mal. Tu cosmos fluctuaba demasiado en la indecisión con Kardia cerca de ti. Aunque Kardia se mostraba más tranquilo, la turbación en su cosmos era menor que la tuya.
A propósito, Sage no mencionó que era en una comparación de otra clase. Ya que generalmente, las fluctuaciones en el cosmos de Kardia oscilaban muy seguido debido a su carácter y a su enfermedad. Las de Degel, estaban generalmente lineales, por lo que en el caso de Kardia, eso era "normal". En el caso de Degel, no. Y el motivo de no mencionarlo, fue incentivar a Degel a resolver la situación. Después de todo, el no dejarse llevar, era el orgullo del santo de acuario. Por su parte, Degel sintió que algo dentro de él amenazaba salir con ese último comentario del patriarca, pero lo contuvo, debía hacerlo.
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Kardia llevaba ya más de 4 días que había llegado y que estaba en búsqueda de aquella estrella oscura que se había levantado en el reino de Joseon. Pero aun no encontraba nada. Se había estado aburriendo por esa misma razón y eso comenzaba a irritarlo. Le gustaban los viajes, sin embargo, las misiones de búsqueda eran aburridas, ya se había dado cuenta de ello. Quería acabar pronto para volver y entretenerse de alguna forma. De por sí, se sentía algo irritado desde hace un tiempo considerable, así que necesitaba en quien sacar toda esa frustración. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió algo. Sonrió sádico y se apuró a ir al lugar de donde provenía un cosmos poderoso y una luz fulminante. Se movió con premura para arribar donde una aldea en llamas, sin embargo, no sentía ya el cosmos del culpable en ese lugar. Decidió poner como prioridad su misión. No porque fuera una misión, sino porque deseaba partirle la cara a alguien. Cuando localizó el cosmos de lo que probablemente sería el espectro que buscaba, se dirigió a él.
Lo que encontró, fue en efecto a un enemigo y aun niño con complejo de héroe. Le agradó lo fanfarrón del niño, parecía similar a él, del tipo que se comportaba de acuerdo a sus emociones. Así que observó un poco antes de intervenir.
Aquel espectro estaba pisándole el brazo y estaba por hacérselo trizas para luego matarlo. Así que, ya decidido, se acercó sigiloso y le apuñaló con su scarlet needle. Ejecutándolo de esa manera. Luego, le dirigió algunas palabras para provocar a aquel chiquillo, quizá porque estaba aburrido o quizá molesto, pero vio algo en ese niño que lo movió a decirle un poco de su filosofía de vida.
- La vida desaparecerá algún día a menos que la hagas arder. En tu estado actual nunca lograrás convertirte en lo que deseas. Te lo aseguro- dicho eso, tomó a la mujer que el niño trataba de proteger y la llevó consigo. Era evidente que necesitaban ayuda.
Se encargó de ayudar al chiquillo y a su hermana, los llevó de vuelta a un lugar seguro y se puso en marcha para volver al santuario. La misión había sido sumamente aburrida y decepcionante, tanto, que decidió no desperdiciar más su tiempo en ese país. Sin embargo, no se fue solo. El pequeño al que había ayudado decidió ir al santuario con él luego de que le preguntara sobre la armadura y cómo había logrado ser tan poderoso. Kardia le reveló acerca de la tarea del santuario, situación que encantó al pequeño llamado Yato y que, de manera inmediata, optó por seguirle. En su resolución no había cabida a dudas, algo que fascinó al griego. De esa forma, marcharon juntos.
- Kardia- le llamó el pequeño- ¿Cómo es el santuario? - quiso saber con una amplia sonrisa. Estaba ansioso por poder hacer hazañas similares. Por su parte, Kardia lo meditó un poco, haciendo memoria ¿cómo sería bueno describirlo?
- Pues es un lugar muy grande, lleno de columnas, rocas, rodeado de pueblos y siempre hay gente, aunque no es tan ruidoso como podría sugerir la descripción- acotó.
- ¿Cómo son las personas que están ahí? - siguió investigando su nuevo hogar.
- Están los aprendices que son aspirantes a obtener una armadura y quienes ya la obtuvimos, adquirimos el título de santo. Entre ellos hay jerarquías de acuerdo al manejo del cosmos.
- Te refieres a aquello que usaste para derrotar a ese tipo ¿Verdad? Lo que ya me habías explicado.
- Justo eso. Me alegra no tener que volver a explicarlo- dijo el santo de escorpio. La realidad era que detestaba repetir sus palabras, así que había sido conveniente que ese niño llamado Yato fuera como una esponja. Aunque una esponja muy preguntona.
- ¿Cuántos santos hay?
- Seríamos 88 santos en realidad. Aunque aún hay varias armaduras que no tienen quien las porte, de momento. Como aprendiz, podrás aspirar a una armadura de bronce, plata u oro como la mía.
- ¿Los más poderosos son los santos como tú?
- Justo como lo imaginas- se jactó señalándose a sí mismo con el pulgar- Deberemos ser 12 en total, pero de momento solo somos 9 santos de oro.
- ¿Y cómo son cada uno?
- Mmmh- esa pregunta lo sacó un poco de balance.
No quería hacer una descripción muy larga sobre sus compañeros, era mejor que el muchacho se hiciera de sus propias opiniones. Además, no podía hablar con un perfecto extraño sobre las habilidades de los otros santos, eso podría poner en peligro al santuario. Sin embargo, aun así, quería darle mínimamente una idea de lo que encontraría, considerando que estaría muy lejos de su hogar. Si quería desertar, ese sería el momento para hacerlo. Por lo cual, comenzó a dar breves descripciones de cada uno.
- Aun no hay santo de aries, el de tauro es un grandulón de corazón blando, pero puede ser estricto a su modo. No he hablado mucho con el de géminis en realidad, así que no puedo describirlo, pero sé que es muy fuerte. El de cáncer es un sádico y holgazán, así que no te recomendaría acercarte mucho, podría lanzarte a un enemigo y usarte de "ataque especial"- Por alguna razón, casi pudo ver la escena con claridad: Manigoldo arrojando a Yato hacia algún espectro. Bufó ante la idea- Nunca he visto a Leo, solo sé que es un bicho raro que habla con los animales. En virgo aún no hay santo elegido, en libra tampoco- siguió pensando y luego, con una sonrisa habló de sí mismo- El santo de escorpio es genial y poderoso como has podido comprobar- rio- Por otra parte, sagitario es…muy estirado y moral, no puedes bromear con él, pero es probable que él se encargue de entrenarte, considerando que es el que tiene más experiencia. El de capricornio prácticamente te ignorará, así que no tiene mucho caso que trates de hablarle. Habla todavía menos que Degel- dijo, percatándose que había sacado a tema a Degel. Trató de ignorar ese hecho, esperando que el niño no preguntara quién era Degel, así que prosiguió con su explicación- El de acuario es…acuario y piscis es un ermitaño hermoso, pero algo cascarrabias, así que nunca vayas a decirle nada sobre su apariencia.
- ¿Qué significa que acuario es acuario? - preguntó sin entender la descripción realmente. Kardia hizo una mueca con los labios, frunciéndolos.
- Que…- alargó un poco la "e" en lo que encontraba las palabras adecuadas para describirlo- Es más como un ratón de biblioteca que le encanta repartir sermones, porque según él, siempre tiene razón en todo, pese a que se equivoca como todos- describió con fastidio.
De alguna forma, Yato comprendió por qué el santo de acuario lo sermonearía tanto. Lo cierto era que, Kardia daba la impresión de ser alguien que sacaría de sus casillas a una persona demasiado seria o tranquila, como a él mismo le pasaba con sus hermanas o algunas otras personas. No llevaba mucho de conocerlo, pero pudo notar que Kardia era una persona apasionada y con una lengua afilada. Le agradaba. Así, siguieron su camino por varios días, haciendo varias paradas, hasta que llegaron de vuelta al santuario.
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Cuando volvió, Kardia se dirigió a ver al patriarca. Para dar los detalles de su aburrida misión y mencionarle al nuevo recluta, Yato. Sin embargo, en el camino, como era de esperarse, no pudo evitar toparse de frente con Degel. El santo de acuario se veía molesto, aunque en su rostro no había mucho que interpretar.
- Hola, Degel- le saludó ladino, con un tono casi cantarino- Tiempo sin saber de ti.
- Lo mismo digo- respondió, sin poder disimular su molestia, pese a que su tono de voz había permanecido neutro, su ceño fruncido le delataba en su totalidad- Ni siquiera sabía que te habías ido en una misión- reclamó antes de darse cuenta. Pero no tuvo tiempo de reprenderse mentalmente por su respuesta, pues la de Kardia llegó sin tapujos, antes de hacerlo. Una respuesta que lo desanimó.
- Cierto- admitió sin poner excusas. No necesitaba hacerlo, no había motivo para ello.
Pese a lo molesto que notó a Degel con su falta de tacto, decidió reanudar su camino. Su postura indicaba que estaba por avanzar dando por terminada la conversación, por lo que Degel habló nuevamente:
- Tenemos que hablar- dijo serio. Esperando poder abordar el tema finalmente. Ya había pasado un mes desde la última vez que se habían visto, era posible que Kardia estuviera más receptivo. Sin embargo…
- Debo irme - hizo una pequeña pausa- Hay que reportar cómo fue la misión y…- realizó un movimiento con la cabeza para señalar al cansado niño, sin aire que venía subiendo aun la escalera y siguiéndolo desde aquel lejano país.
Degel pudo verlo, dándose cuenta de lo que Kardia refería: no era el momento para discutir ese tipo de cosas. El problema aquí fue, que no agregó un cuándo sí, sería el momento.
- También debo hacerle saber al patriarca que me traje un recuerdo del reino de Joseon- se alejó de Degel- Apúrate Yato, o no podrás convertirte en caballero.
El francés observó al cansado chiquillo, apurar el paso para ir tras Kardia. Se sintió impotente de hacer lo mismo; seguirlo o detenerlo o simplemente hacer algo. Decidió entrenar un poco para dejar salir toda esa frustración. Creó algunas columnas de hielo y comenzó a golpearlas con sus puños. Estaba molesto.
Escaleras arriba, a Yato le había parecido un comportamiento extraño. Diferente con el que Kardia había tenido hacia los otros santos, no estaba la misma actitud irreverente. Era más bien, una distante, muy extraña. Así que se aventuró a preguntarle algunas cosas. Era muy osado, lo sabía muy bien.
- ¿Ese era el santo de acuario?
- Sí ¿qué te hizo pensar eso? – dijo con sarcasmo.
- Que parecía que iba a sermonearte – agregó ignorando el sarcasmo y recordando la descripción que el escorpión le había dado. Kardia no pudo evitar soltar una risa jovial, pero de alguna forma amarga.
- ¿Está molesto contigo? - insistió.
- No lo sé- dijo apático.
- ¿Estás molesto con él? - con esto obtuvo una reacción, su mirada cambió un poco.
- No en realidad
Yato sabía que mentía. Las pocas veces que había salido a tema el santo de acuario, Kardia parecía incómodo y molesto, pero más que molesto era algo que aún no podía distinguir bien ¿triste? Quizá.
- ¿Pelearon? - volvió a atreverse. Kardia comenzó a carcajearse de la ocurrencia.
- Si así fuera aun seguiríamos en batalla- comenzó a desviar el tema- Cuando dos caballeros dorados pelean, se lleva una batalla de mil días- le explicó.
Yato no preguntó más respecto a Degel y él, esa había sido una distracción suficiente para que su atención se centrara en el nuevo foco que había creado Kardia. Así, subieron hasta el templo de piscis, hablando de la batalla de los mil días y olvidando completamente al francés. Cuando llegaron donde piscis:
- Albafica, necesito cruzar tu templo- pidió permiso, mientras Yato le seguía. Antes de olvidarlo, le advirtió al nuevo aprendiz- No vayas a perderte por aquí. Las flores en este lugar son venenosas.
Yato se tensó inmediatamente al escuchar eso, así que procuró seguir de cerca al santo de escorpio, sujetándole de la capa. Luego, escuchó la voz del santo de piscis y se sobresaltó por lo repentino. Empero, apenas lo vio, no pudo evitar que un tono carmesí colmara sus mejillas, es que era muy hermoso. Pero se aseguró de no decir nada, recordaba aun la descripción que le dio Kardia "un ermitaño hermoso, pero algo cascarrabias"
- Cuidado por donde pisan- advirtió también Albafica. Luego, trató de saludarle y ser cortés- Kardia, ¿vuelves de una misión?
- Una exitosa misión querrás decir- se jactó nuevamente. Albafica sonrió levemente- Este lugar luce en pie ¿la jaiba sádica ya no te ha visitado?
- …- Al principio no respondió, pero arqueó una ceja. Luego, procedió a dar una respuesta corta, no era necesario alargar más su conversación y menos con un extraño presente- No.
- Je- rio brevemente- Ya veo, ya veo. Bueno, seguiré mi camino. Gusto en verte, Albafica- le dijo, haciendo un ademán con su mano en forma de despedida y así se retiró, con Yato siguiéndole.
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Cuando llegó finalmente con el patriarca, le explicó la situación y las aspiraciones del niño. Sage, por su parte, aceptó entrenar al pequeño, encargando la tarea a Sisyfos, pero con la condición de que Kardia fuera a supervisar ocasionalmente. Con el objetivo de poder aprender a enseñar a otros. Después, hizo que retiraran al pequeño para que comenzara de inmediato. Pero le pidió a Kardia unos minutos.
- ¿Algo nuevo que deba saber?
- No. Todo está en orden- la pregunta no le sorprendió, se la hacía con regularidad. Pero le pareció que en esa ocasión tenía algún contexto en específico en mente. Por un momento, casi temió que fuera sobre Degel. Ese hombre lo sabía todo, Manigoldo no bromeaba cuando se quejaba al respecto.
- Parece que no sufriste ninguna fiebre – eso tranquilizó a Kardia rápidamente, algo que notó Sage inmediatamente. Después de todo, el santo de escorpio podía ser muy transparente- Si continuas así, podrás controlar la técnica a la perfección. Ni siquiera hará falta que pidas ayuda a Degel en el futuro.
- …- no realizó comentarios, pero la frase en sí misma le impactó. Era cierto, cada vez necesitaría menos a Degel. Eso era algo bueno, pensó para sí mismo. Depender de otros era algo que le desagradaba.
- ¿Sucede algo, Kardia?
- ¿Qué? - se vio sorprendido.
- Usualmente habrías respondido algo irreverente y jactancioso. ¿Estás seguro que no hay algo que deba saber?
- Nada que decir, señor- negó inmediatamente.
- Bien, puedes retirarte a descansar por hoy. Debió ser un viaje cansado- afirmó. El santo de escorpio se puso de pie y con un paso un tanto aniñado, se dirigió a la salida. Sage negó con la cabeza, esa actitud suya no cambiaba, pero era parte de lo que volvía al santo de escorpio un miembro útil y sobresaliente. Algo le decía que esa actitud suya le serviría en el futuro- Y Kardia... - quiso agregar, deteniendo al santo justo antes de cruzar el umbral de la puerta- Arregla las cosas con Degel.
La expresión de Kardia cambió completamente, tenía escrito por toda la cara "Ya lo descubrió". Frunció el entrecejo y los labios con fastidio y salió de ahí, mientras simulaba patear una roca invisible a modo de rabieta.
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Otro día, habiendo pensado un poco en lo que mencionó Sage, Kardia decidió ir a visitar a Degel, había pasado algo de tiempo desde que no se veían. Así que creyó sería un buen momento para hacerlo. Había terminado su entrenamiento y Yato estaba a cargo de Sisyfos, por lo cual, tenía tiempo de sobra. Cuando arribó donde acuario, Degel se mostró con un semblante más receptivo a su compañía que en otras ocasiones; casi anhelante. Estaba leyendo, sentado en la cima de las escaleras que conectaban con su casa, por lo cual, de alguna forma parecía darle un aspecto informal y despreocupado. Algo poco usual en él.
- ¿Me has extrañado? - bromeó.
No quería que las cosas se turbaran de más. Parecía ser que a Degel le había molestado en gran medida que se hubiera ido sin avisar y aunque sabía que no era culpable, puesto no tenía por qué rendirle cuentas, esperaba que una tontería como esa no fuera a interferir.
- … ¿Kardia? - preguntó casi extrañado y extasiado de verle ahí. Otro poco y pensaría que era una ilusión, considerando lo distante que Kardia había estado desde aquel día.
- "Sí, Kardia, te extrañé. ¿Qué tal si te pones cómodo y yo te invito amablemente una bebida helada?" – puso palabras en la boca del otro, provocándole una mirada que le turbó un poco y una sonrisa triste.
- Sí, lo siento- se disculpó por sus modales. Pero era un encuentro más que deseado, tanto, que casi se sintió irreal- Siéntate.
Sugirió acuario, haciendo un ademán que le indicaba posarse a su lado. El escorpión le observó un tanto extrañado por ese estupor y esa aura "melancólica" que estaba envolviendo a acuario, por lo que no pudo evitar preguntar:
- ¿Pasa algo?
- No. Es solo que hace tiempo no venías a mí…- se le escapó decir- …templo- completó neutro.
- He estado ocupado- dijo acomodándose a su lado, a una distancia un poco más amplia que la usual. Luego, agregó a su respuesta - Tu sabes, aquella misión y supervisar ocasionalmente el entrenamiento de ese niño, Yato. Creo que podrá ganar una armadura en el futuro, pero le costará- comentó, tratando de hacer menos la inquietud de Degel y desviando el foco de atención.
- ¿Por qué no me avisaste que tenías una misión? – se animó a preguntar, tratando de no revelar lo ansioso que se sentía por obtener dicha respuesta.
- Degel, eso pasó hace un mes- aseveró, casi haciendo sentir ridículo al caballero de acuario.
- Cierto- contestó lacónico, dándole la razón. Era evidente que no le daría oportunidad de abordar temas de esa índole.
- A veces me pongo a pensar- comenzó a charlar como siempre, dejando que Degel escuchara sus pensamientos, mientras él los recitaba en voz alta- Nos han dicho que Athena volverá al santuario pronto, pero ¿llegará a tiempo para la guerra? O mejor aún ¿crees llegaré a conocerla?
Dijo, recostando su espalda en el suelo y dejando caer sus piernas en la escalera. Degel le observó atento y le escuchó.
- No quiero morir en una cama. Sé que es extraño, quizá, decir que anhelo que esa guerra comience pronto, pero es más que nada, que deseo vivir al máximo. Y espero poder hacerlo antes que llegue mi fecha de expiración por culpa de mi corazón.
- Es probable que llegue pronto Athena. Además, creo que vivirás lo suficiente. Cada vez menos necesitas mi viento frío para controlar tu fiebre- al decir eso, se lastimó a sí mismo - Eso significa que estás controlando la técnica cada vez más. Con suerte, la perfeccionarás a tiempo.
Dijo con una encantadora sonrisa, recostándose también y colocando el libro que tenía antes en sus manos, a un lado. Hacia tanto que no pasaban tiempo juntos, que incluso él mismo pensó que estaba hablando más que de costumbre, pero no le importaba. Giró su rostro para observar a Kardia a la misma altura: ambos al ras del suelo, recostados uno al lado del otro. La mirada del otro le resultaba hipnótica y enervante. Kardia pudo percibir un "algo" en los ojos de Degel, cosa que le incomodó y sinceramente, le molestó. Por lo cual, trató de reincorporarse para romper esa atmosfera de comodidad que se estaba recreando entre ellos. Pero el santo de acuario le sujetó del brazo dirigiéndole una mirada fija, haciéndolo quedarse recostado junto a él. El escorpión se reacomodó en el suelo, tratando de confiar en el buen juicio y control de Degel.
El hecho de que Kardia regresara a recostarse a su lado, le alivió un poco. Significaba que no le era repugnante su compañía. Pero también le preocupó: lo hacía precisamente porque no había dejado huella en él. Se maldijo otra vez. Pensaba demasiado ¡todo tenía que tener más de un lado a la vez! Detestaba complicar las cosas, Kardia mismo se vivía quejando de ese hecho. Suspiró, llamando la atención del griego. Volvió a reprenderse mientras una parte de él, se felicitaba por tal logro.
Quizá era uno de los motivos por los que le gustaba tanto Kardia. Era un muchacho directo, sencillo y sincero. Con él, las cosas perdían la seriedad al grado en que las preocupaciones se disipaban. Era como rayos de sol. Recordó por un momento a Serafina, la hermana de su amigo Unity y una dama encantadora. Ella y Kardia se parecían, en ese efecto que daban a las personas…y también, incluso en el hecho de que había besado a ambos. Si lo pensaba, significaba que ese era el tipo de persona que le gustaba.
Sin embargo, Kardia podía ser incluso más ardiente y pasional que los rayos de sol. "Antares" rectificó. Volvió a observar al griego sin decir nada. Recordando la humedad de su boca, la textura de su piel, el espesor de su esperma cuando se volvían más íntimos, su aroma y los sonidos de su voz ante una sensación agradable.
Pronto notó que, Kardia parecía analizarle con esos enormes ojos de apatita que poseía. A Degel le gustaba demasiado ver esa expresión, casi tanto como la que ponía cuando sentía curiosidad de algo y lo escudriñaba. Aunque no lo pareciera, Kardia era observador y podía determinar cómo fastidiar o alegrar a una persona. Era perceptivo, además. Aunque era algo que no muchos se percataban, debido a la facilidad que decía cosas que irritaban a los demás.
Casi todos en el santuario, creían que eran accidentes de su excelsa franqueza, pero en la mayoría de los casos, era que simplemente no le importaban las consecuencias; o, quería precisamente causar cierto tipo de reacción. Kardia gustaba tanto de la sinceridad, que detestaba que los demás se mintieran a sí mismos, aunque tampoco era del tipo que perdiera el tiempo haciendo a otros cambiar de opinión. Solo exponía sus ideas, de forma incluso sádica ante el sufrimiento emocional de los otros. Degel sintió su propio pensamiento como una pedrada: se estaba mintiendo a sí mismo. Probablemente, era por eso que Kardia estaba tan distante e indiferente con él. Quizá, no era indiferencia y era su forma de herirlo ¿podría permitirse pensar eso?
El foco de atención del santo de escorpio ahora se encontraba en el cielo. Probablemente para romper un poco el contacto entre ellos. La mirada del de hebras verdosas se centró en los labios de Kardia que se movían, parecía estar hablándole, pero lo cierto era que no estaba escuchándole. Se medio incorporó sin que el escorpio lo notara y se acercó a él, con el objetivo de probar sus labios de textura esponjosa. Labios que había robado en variadas ocasiones, cuyo sabor era inolvidable y de los que se había expropiado.
El santo de escorpio notó movimiento por el rabillo del ojo, creyendo erradamente que acuario se había incomodado y se había sentado. Se percató que se había acercado a él, cuando ya estaba a pocos centímetros de su rostro con la intensión de besarlo. Se enfadó. No permitiría que Degel le besara, ni se disculpara. Con eso, seguirían dando vueltas a la misma estupidez. Degel dio un respingo y un quejido de dolor antes de poder probar los anhelados labios de Kardia. Se dio cuenta que el santo de escorpio volvía a dirigirle aquellos ojos de cristal y por, sobre todo, que le había atacado con su scarlet needle.
- ¿Qué crees que haces, Degel? – le interrogó, alejándolo con un suave empujón e incorporándose. Ya no le atacó. Esa solo había sido una dolorosa advertencia.
Degel supo que se había extralimitado. Se sintió avergonzado por su comportamiento pueril; y devastado a su vez por el rechazo de Kardia hacia su persona. Ni siquiera se atrevió a mirarle de entrada.
- Lo siento- se apuró a decir antes de que Kardia le arrebatara la oportunidad.
Entonces, ante el silencio de su compañero, alzó finalmente la mirada y pudo ver un deje de decepción. "¿Decepción? ¿Por qué?" fue lo único que atinó a pensar mientras sentía aquel fuerte dolor invadirle el cuerpo y apoderarse de sí.
- Lo arruinaste- dijo lacónico. Dicho esto, se levantó con algo similar al desdén y se fue del lugar. Dejando a Degel con aquel dolor físico y mental, recorriéndole.
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Una semana después, Degel se encontraba pensando profundamente todo. Estaba cierto de que siempre había sido un interés unidireccional. Ya que Kardia había comenzado todo por curiosidad, no porque sintiera algo más por él. Él había sido el que, desde el inicio, se había involucrado sentimentalmente, pese a que era consciente de que estaba mal. Era probable que ese fuera el motivo por el cual Kardia parecía intacto ante lo que sucedió. No le dolía ni molestaba genuinamente, precisamente porque no sentía nada por él. Dejó salir una sonrisa melancólica. Era más cómodo pensar de esa manera. Ahí iba otra vez, mintiéndose a sí mismo. Era obvio que Kardia se enfadaría.
Luego de que volviera de su misión y de que él cometiera la imprudencia de tratar de besarlo, sus visitas se terminaron. Era casi como si aún siguiera fuera del santuario y eso le hacía enfadar. Aunque cuando lo veía de lejos lo saludaba bulliciosamente, por lo que no pudo determinar si simplemente se había aburrido y encontrado algo más qué hacer o ya comenzaba a mostrar signos de enojo hacia su persona por aquella acción. Su ira se intensificó. La última vez que Kardia lo había visitado, había sido hace ya una semana.
Se preguntaba qué podría estar haciendo en ese tiempo que sabía, tenía libre, ya que no había sido enviado a misión nuevamente y era evidente que no le interesaba mucho interactuar con él o le molestaba. Ya no sabía qué interpretar. Quizá hasta era mejor no asumir nada. Su cosmos se sentía relativamente estable o al menos, lo más que las desbordadas emociones del griego le permitían. Tampoco había recibido petición alguna del patriarca para ayudarlo con su fiebre, así que era evidente que no estaba enfermo. La necesidad de saber, le estaba ocasionando que no pudiera concentrarse en otras cosas, ni en su entrenamiento. De vez en cuando, podía verle a lo lejos, ayudando a Sisyfos a entrenar a Yato. Incluso el "estirado" de Sisyfos y ese niño nuevo, Yato, pasaban más tiempo con Kardia que él mismo.
Se dirigió al baño y vio un jarrón con agua para lavarse el rostro. Observó su reflejo, específicamente la zona en su cuello que antes tenía una marca casi perpetua, de la cual, ya no había huella. Se percató de inmediato que eso lo había hecho infeliz. Esa simple marca había desaparecido de su cuerpo. Y probablemente las que dejó en el cuerpo de Kardia también. Si había alguna en el cuerpo del griego, no era suya y la alta probabilidad de que hubiera ya una, le hacía arder el estómago.
Finalmente, ya molesto consigo mismo, decidió que lo mejor sería ir a visitarlo, para variar. Aunque no pudo eludir una reprimenda por sus emociones y acciones ambiguas, se supone que trataba de poner distancia entre ellos, buscarlo no ayudaba en nada y más si no paraba de equivocarse. Además, no era bueno que hiciera lo que había estado haciendo hasta el momento: visitarlo cuando dormía. Algunas noches, se había colado al templo de escorpio y lo observaba dormir, pues era el único modo en que podía verlo sin esa expresión de indiferencia y también, era el único momento en que podía ofrecerle disculpas sin que se le negara la oportunidad. A veces pegaba su frente a la de su compañero de armas, revisando que no tuviera fiebre. Pero pensó, por otro lado, el patriarca Sage había sido quien le encomendara la "misión" de arreglar todo con Kardia. Entonces, siguiendo esa línea de pensamiento, racionalizándolo tanto como pudo, encontró que estaría bien que lo visitara.
Con algo similar a la vergüenza, pasó por los templos de capricornio y sagitario para llegar al de escorpio. Sin embargo, no encontró a Kardia por ningún lugar. Suspiró. Desde el principio ya sabía que estaba en Rodorio, podía sentirlo. Con exasperación, se dirigió para allá. Tenía una cara de pocos amigos, tal que hizo que ninguno de los santos que ya ocupaban casa, hiciera preguntas o comentarios al respecto.
Excepto por Manigoldo, quien aún seguía cuidando del incendio que había comenzado hace algunos años.
- ¿Planeas congelar la Atlántida? – se burló.
- No- fue su única respuesta al respecto.
- Buscas a esa larva, me imagino- afirmó en realidad. Estaba al tanto de todo, incluso si ellos no le habían contado nada directamente.
- …- no respondió, sin embargo, se detuvo ante tal frase.
- Aunque bueno, ya no es una larva, debería subirlo a categoría de bicho. Ya creció- comentó- Últimamente el bicho –se forzó a decir- Se la pasa en el pueblo cuando tiene tiempo libre. A veces voy con él- comentó atento a la reacción del santo de acuario, para después agregar con una sonrisa ladina- ¿Problemas en el paraíso?
- Tú sabes mucho de eso no- fue su respuesta para callarlo. Desde que Albafica había obtenido la armadura dorada de Piscis, permanecía ermitaño en su templo y no permitía a nadie tocarlo. La expresión de Manigoldo cambió a una un tanto más seria. En su mente añoró aquellos días en los que el hermoso muchacho, guardián de la doceava casa, no era tan esquivo con él.
- Podríamos decir que también en eso soy "tu superior" así que más respeto, niño- se burló de sí mismo y de acuario.
Degel se redirigió a Rodorio. Cuando llegó, buscó por algunos lugares al dueño de sus pensamientos, pero no lo encontró. Decidió comprar algo para cenar, ya que estaba ahí. Al fin y al cabo, no era malo cenar fuera ocasionalmente, así que se dirigió a un bar-restaurant.
Cuando entró, sintió un cosquilleo en su estómago. Ahí estaba Kardia, así que planeaba dirigirse hacia él para hacer las paces. Después de todo, no había sido tan mala idea el entrar a ese lugar, así podría hablar tranquilamente con él. Pero entonces, vio que estaba acompañado por una mujer con mucho maquillaje, evidentemente era una prostituta. Aquel cosquilleó se volvió un descontrolado ardor en la boca del estómago. Se sintió presa de una cruel ironía.
Es decir, ¿en serio? ¡¿Una prostituta?! ¡Nada de lo que habían hecho tenía significado ahora! Se enfadó a sobremanera, tenía ganas de congelar el lugar. ¡O mejor aún! ¡Congelarse a sí mismo con Kardia dentro del mismo ataúd de hielo! Así al estar ambos atrapados, no habría a donde o a quién el escorpión pudiera ir. No tendría más opción que estar con él. Pero sus pensamientos se pararon en seco. Él fue el culpable de todo. Y si lo pensaba bien, en realidad, el que se había aprovechado de todo, había sido él. ¿Desde cuándo era tan… básico? "Todos los seres humanos lo somos en cierta medida" se excusó "Nos movemos por nuestros propios intereses"
En aquel entonces, Kardia era un niño sin idea de nada. Él fue quien usó la curiosidad del muchacho a su favor para poder acercarse más al dueño de esos hermosos ojos de apatita que tanto le fascinaban. Todas las alarmas habían sonado en su cabeza en ese entonces, pero las ignoró deliberadamente. Debía ser así.
Dentro de la orden de los caballeros de Athena, debían tener a Athena como prioridad absoluta. Degel sentía que, si seguía dejando a Kardia adueñarse completamente de él, sería una falta a su juramento y a su diosa. Su sentido del deber se lo impedía. Kardia era a su lealtad a Athena lo que un pecado capital a los seguidores de la iglesia católica de la que tanto había leído en sus libros. Porque estaba seguro, de que algún día no le importaría y cometería un error garrafal con tal de hacer feliz a Kardia o mantenerlo cerca de sí. Ese muchacho era un peligro para él, aunque no fuera reciproco. Era también un peligro para la promesa que había hecho con su amigo Unity. Quizá, gracias a él, hasta se traicionaría a sí mismo más de lo que lo estaba haciendo ahora.
Degel observó de lejos a Kardia y a aquella mujer. Parecían pasarla amenamente y ella obviamente estaba coqueteándole. Es decir, ¡era una prostituta! ¡Era obvio que eso haría! Bufó ante el mal sabor que ese pensamiento le dejaba en la boca y la comenzó a sentir muy vacía. Mentiría si dijera que no extrañaba aquella cercanía con Kardia. Le hacía falta. Pero fue él quien decidió que todo fuera así ahora. Y fueron sus acciones arbitrarias las que terminaron alejándolo. No podía culpar a Kardia o enojarse con él por buscar algo que él creía era mejor no darle, ya que disposición, sí la tenía. Estaba ya cansado de sí mismo y sus autolamentaciones. Él no era así ¿por qué la ausencia de Kardia le hacía serlo?
Creó un pequeño hielo tamaño bocado y se lo echó a la boca para entretenerse y liberar su ansiedad. Recordó inevitablemente aquellas sesiones de besos de cuando tenía 13 años. Una en específico. Por lo mismo, una sonrisa se coló asomándose en su rostro. Luego de un buen rato, decidió volver, era obvio que Kardia estaría ocupado y sinceramente no quería quedarse a ver eso, sobre todo, porque no podría detenerlo. Sintió aquella necesidad de cuando tenía 13 años de dejarle una marca enorme en el cuello para mantener a la gente alejada de él. No dijo nada en realidad, salió de la manera más sigilosa que pudo y volvió a su templo. No estaba listo aun para ver a Kardia estar con otras personas.
Meditó mientras tanto que, era por eso que había noches en que se colaba a verlo. Para así menguar aquella sensación a la que no quería dar una forma definida. Ingresaba en su habitación y se permitía ver su expresión relajada. ¿Cuándo habría sido la última vez que vio ese grado de comodidad por parte del escorpión hacia su persona? Recordó una de esas noches, una reciente, de hecho. Había ingresado. Sintió una tentación enorme de robarle el beso que no había podido darle y despertarlo, pero volvió a negarse ese placer. El saberse dueño de esos espacios y esas expresiones que Kardia no mostraba a otros, ahora, gracias a su propia estupidez, ni siquiera a él se las mostraba, pero ser testigo de las mismas, le daba cierto confort. No obstante, dicho confort que le había brindado ese recuerdo, le había sido arrebatado cuando vio a aquella mujer.
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A la mañana siguiente, se sentía molesto. ¿Cómo era posible que no pudiera dominar las emociones que tenía? Estaban por desbordarse y él apenas y podía contenerlas. En medio de sus cavilaciones, vio a Kardia acercarse. Maldijo internamente. Aun no quería verlo, seguía molesto por lo que presenció la noche anterior y no era precisamente un motivo real o válido. Todo estaba más tenso que antes. Su intento por evitar que su relación íntima conflictuara su relación como compañeros de armas había sido un fracaso, puesto él mismo lo había frustrado. No estaba acostumbrado a equivocarse tanto y mucho menos a autosabotearse.
- Voy a ver al patriarca, así que pasaré por aquí- se anunció Kardia sin realmente pedirle permiso y andando con ese aniñado caminar que tenía, tan característico.
Degel no se hizo a un lado, pero sintió un gran pesar cuando Kardia paso junto a él. Sin poder prevenirse a sí mismo, ni dar oportunidad al otro de eludirle, lo congeló desde los pies hasta los hombros.
- ¿Y qué significa esto, Degel? – inquirió Kardia con veneno en su voz y la misma mirada que tenía, justo antes de comenzar un combate: una llena de excitación y pasión.
- Tenemos que hablar- repitió lo mismo que aquel día. Aún se mostraba sereno. O lo más que su ataque podía sugerir.
- ¿Y no puede esperar? - comentó sarcástico. Es decir, era obvio que para Degel, era un asunto urgente. Pero quiso enfadarlo más. El semblante de Degel luchaba por permanecer templado, pero había algún músculo rebelde que se lo impedía.
Con suerte y eso, reflexionó Kardia, fuera lo que fuera; terminaría en un combate que lo hiciera encender su corazón y por sobretodo, que Degel fuera sincero consigo mismo. Le parecía estúpido lo mucho que Degel insistía en engañarse. Había tratado de ser amable en su forma de conducirse para que acuario llegara a una resolución, pero parecía ser que eso ya no iba a ser posible. Si quería una confrontación: la tendría.
Continuará...
Espero les haya gustado.
