¡Hola! Si… Lo sé. Tarde muchísimo. Tenía un pequeñito ensayo de 14 Páginas (Termine escribiendo 30 ;D )...Y Talvez no haya tenido muchas ganas de traducir…. ¡Pero ya llegué! No pondré la nota de Autora ésta vez ya que ella lo único que hizo fue disculparse por la tardanza. JaJa. :) Disfruten.

Disclaimer: HP No nos pertenece :)

DIOS MUY ALEGRE ALBERGÓ

"Bastante interesante, joven Harry." Albus Dumbledore declaró, observando al pequeño que miraba el ahora vacío espacio, sosteniendo su libro con fuerza. "Talvez puedas ayudarlo, pequeñín." Dijo, cambiando a Harry de posición para poder sostenerlo mejor en sus brazos. "O tal vez ya lo hiciste." Añadió, caminando a la habitación en donde se estaba a punto de traer un gran pastel de cumpleaños.

Hogwarts siempre había sido hermoso durante el invierno. Bueno, Severus pensó, Hogwarts siempre era precioso sin importar la época del año. Pero había algo en esa nieve tan fresca que, de una forma u otra, lo hacía sentir puro. Limpio. Como si la brillante sábana blanca te diera un borrón y cuenta nueva; Una oportunidad para comenzar de nuevo. O algo así, Severus se reprendió a si mismo por su sentimentalismo. Justo lo que necesitaba en un día como éste.

Era navidad. Nunca había sido un gran fanático de ésta festividad (No que el sea fanático de alguna otro día festivo). Luego de que su madre murió no había ninguna celebración en su casa. Cumpleaños y días festivos iban y venían sin ningún cambio en su vida y la de su padre. Él pretendía que estaba bien, que no lo quería celebrar de todas formas, pero muy en el fondo lo extrañaba. Trató de recordar la última vez que había visto un árbol de navidad en su casa o algún tipo de decoración, pero su memoria le falló. Severus alejó esos deprimentes pensamientos de su pasado y se concentró en el presente. Había elegido quedarse en Hogwarts, por supuesto, y la cena de navidad fue muy buena. Justo igual que las vacaciones de invierno, el colegio estaba casi vacío.

Severus no podía creer que los tontos estudiantes que le habían entregado eran serios; ¡Era una pelea solo tratar de evitar que su salón de clases explotara y que sus calderos se derritieran! ¡Merlín! ¡Los calderos! ¿Como lograban esos estudiantes derretir catorce (14) calderos solo a medio semestre? Bueno, los calderos destruidos habrían sido trece (13), pero Sybill Trelawney y sus locos murmullos sobre la mala suerte que traía dicho numero - ¿Y por que, ¡OH! por que, había tenido la gran idea de mencionar cuantos calderos derretidos tenia en su clase? – casi lo volvió loco; Él mismo había destruido el caldero número catorce, simplemente para callarla.

Y, hablando de visitas, de vuelta a su último problema. Los Potter habían sido invitados a Hogwarts el día de Navidad. ¿Por qué? Sólo Dumbledore sabe. Y cuando lo piensas bien, incluso eso era dudoso (considerando que la mitad del tiempo era difícil saber si las acciones de Dumbledore eran planeadas o eran simples inspiraciones del momento.) Eso no significaba que el hombre no pudiera planearlo todo en un segundo. Severus muy bien sabía que el Director podía tramar más rápido de lo que podía devorar sus amados dulces de limón; Y para aquellos que no lo sepan, era muy, muy rápido.

Tal vez todo era un plan. Talvez Dumbledore lo estaba probando, viendo si podía soportar la presión... Convincente. ¿Por que más habría decidido llamar a los Potter junto a la 'Bolsa de Pulgas' y el Hombre-lobo? E incluso si Lupin no era tan malo, el perro era imposible, justo igual que James Potter. Y luego estaba Lily. Severus no pensar en ella. Pensar en ella con James todos los días lo enfermaba. Pensar en ella con James en fiestas, pensar en todos eso besos robados bajo el muérdago que había atestiguado en su séptimo año, era razón suficiente para saltar por la ventana del séptimo piso. Algo que haría, si no supiera volar. Maldición.

Y ahora tendría que añadir dos niños en esa 'maravillosa' foto familiar. El famoso y alabado Adrián, el niño que vivió, y Harry. Una memoria de unos grandes, tristes ojos verdes y su nombre siendo llamado surgieron al acordarse del niño.

Había pensado mucho en Harry. El niño parecía haber estado tranquilo con él, mientras que estudiantes del séptimo año le tenían miedo hasta a su sombra. – ¿Y que tan triste era eso, considerando que el era sólo cuatro o cinco años mayor que ellos? - Y el niño había hecho sentir a Severus algo más que dolor y odio, algo que no había sucedido desde la guerra, y lo había hecho sentir parte de la familia, algo que no había sucedido desde, bueno, nunca.

Severus consideró lo fútil que esos pensamientos eran; el niño tenía solo dos años cuando lo vio por última vez, y ya habían pasado seis meses desde entonces. Seis meses para Harry era sólo una quinta parte de su vida; Severus no esperaba que Harry se acordara de él. Y realmente no importaba, su corazón se cayó un poco al realizarlo; había sobrevivido a cosas peores.

Era la visita de los Potter lo que lo tenía encerrado en su oficina. La familia había llegado en algún momento de la mañana y acababan de tener el almuerzo. Severus, quien no come mucho de todas formas, había decidido saltar el almuerzo y había pasado la mañana leyendo. A Harry le gustará leer cuando crezca, pensó y dejó su cabeza golpear el escritorio con un gruñido. ¿De dónde había venido eso?

Sabía que le había prometido a Dumbledore atender a al menos una comida del día, pero él, simplemente, no podía hacerlo. ¡Y no debería de ser forzado! ¿Porque debía Albus decirle lo que tenía que hacer de todas formas? ¡La guerra había terminado y el ya no era un espía! Con eso en mente, se levantó de la silla con determinación; Le dirá a Dumbledore que iba a cenar fuera ¡Y lo hará ahora!

Salió de su oficina con su capa moviéndose de lado a lado con su caminar, y asegurándose de tomar el camino más largo (para no encontrarse a ninguno de los visitantes). Severus llegó a la oficina del Director diez minutos después e hizo un pequeño chequeo de lo que quería decir. ¡El no será controlado como los estudiantes! ¡El era un profesor! ¡Un hombre independiente y Albus debería de saberlo!

Satisfecho con lo que había planeado, se dirigió a la gárgola que indicaba la entrada a la oficina.

"Babosas de Gelatina." Dijo con voz fuerte, haciendo una suave mueca por las preferencias del director. ¿Babosas de Gelatina? Terrible.

Marchó por las escaleras y directamente a la puerta del director, la cual golpeó con decisión.

"Entra." Dijo la voz de el viejo mago y Severus, sin hesitación, abrió la puerta. Con su mirada dirigida a Albus, lo saludó.

"Director." Ofreció en seco.

"¡Severus, muchacho! Te echamos de menos en el almuerzo." Dijo el director con ojos brillantes.

"Y me echaras de menos en la cena, también. Escucha, Albus, debes entender que…"

"¡Sev!" Una voz infantil interrumpió su planeado discurso y sorprendió al Maestro de Pociones más de lo esperado.

"Como había dicho," Dumbledore dijo, su bigote temblando con risa por la expresión de Severus. "Te echamos de menos en el almuerzo." El hombre vestido de negro se giró hacia la voz, suavemente, y encontró a un muy emocionado Harry, sentado en el gran sofa púrpura de la oficina. Sus ojos grandes, esperando a que lo alzaran en brazos de nuevo. Severus sintió ganas de sonreír, y tal vez lo hizo. "Vamos, Severus. ¡No dejes al pobre niño esperando!" Albus dijo y Severus él le complació.

Se acercó al niño y lo cogió en brazos.

"Hola." Harry dijo de nuevo, su voz cubierta por el hombro de Severus.

"Hola a ti también, Harry." El maestro de pociones dijo y esta vez sonrió de verdad.

"Llegaste justo a tiempo, Severus." Albus declaró, levantándose de su escritorio. "Minerva le está mostrando a James y Lily el área que se estará utilizando cuando Adrián tenga 7 años y podamos comenzar su entrenamiento Yo me iba dirigiendo allí. Llamaría un elfo para cuidar a Harry, pero ustedes, al parecer, se llevan muy bien." Los ojos de Dumbledore brillaron de nuevo. "No te importaría cuidar de el por una hora o dos, ¿Verdad?"

"Yo… No, está bien." Murmuró Severus y el director asintió.

"Maravilloso. Volveré a recogerlo en dos horas en tu oficina. ¡Hasta luego, caballeros!" Dijo, dejando al sorprendido al profesor y un feliz niño de 2 años y medio en su oficina. Mientras el director bajaba las escaleras para encontrar a los Potter, sus ojos brillaban con travesura por que Severus le había salvado una caminata a las mazmorras. El plan había sido dejar a Harry al cuidado de Severus desde el principio, pero el no tenía por que saberlo.

"Solo tu y yo de nuevo, Harry." Severus le dijo al pequeño niño. "¿Quieres que te muestre los alrededores?" Tomando la risa de Harry como un Sí, se alejaron de la oficina. "Esa era la oficina del Director." Decía mientras bajaba la escalera con cuidado. "Su nombre es Albus Dumbledore. El es rarito." Harry rió de nuevo. Los dos se movieron alrededor por un rato. Harry estaba completamente encantado con el castillo, o eso parecía, ya que nunca paró de sonreir, reir y mirar alrededor.

"Hola, Profesor Snape." Uno de los espectros le saludó. "Y hola a ti también, pequeñín. Albus te dejó a cargo, ¿Cierto? Bueno, ¡continúen!" Y atravesó una pared. Severus negó con la cabeza. Fantasmas.

"Ese era el Fraile, el fantasma de Hufflepuff. El colegio está lleno de espectros."

"spectos." Harry asintió, causando que Severus riera por lo bajo.

"Si, Harry. El castillo está lleno de espectros y retratos. Están por todas partes." Y para probar su punto, se dirigió hacia la Escalera Principal. "Esta es la Escalera Principal, Harry. Nos da acceso a todos los niveles del castillo. Y mira," Dijo señalando las paredes. "Las paredes están llenas de pinturas y retratos." Harry asintió y comenzaron a descender hacia las mazmorras

Severus no podía creer lo fácil que era hablar con el niño. Al principio pensaba que se sentía así por que los niños de dos años no juzgan. Pero luego Harry sonreía o lo miraba con esos grandes ojos, y realizaba lo confortable que se sentía. Por que le estaba hablando a Harry; No el hijo de James Potter. Sólo Harry.

"Éstas son las mazmorras. Yo trabajo aquí. Mi salón de clases (N/A: Aula, para muchos otros.) está aquí también; Soy profesor de pociones." Explicó Severus.

"¿Pociones?" Preguntó confundido.

"Si, Harry. Pociones." Contestó con una sonrisa. "Vamos. Déjame mostrarte." Y caminó hacia su oficina. Se acercó a su escritorio, dónde había dejado una poción Crece-Huesos para la enfermería. "Esto es una poción." Dijo Severus, mostrándole el envase al chico. "La hice para la Señora Pomfrey. Es nuestra medi-bruja." Harry observó el envase por unos momentos, y luego miró alrededor.

Su mirada se detuvo en un retrato que Severus tenía colgado de la pared. Era el único retrato y, sorpresivamente, estaba vacío,

"Wretato." Harry dijo con convicción señalando el lienzo azul oscuro que estaba enmarcado en la pared.

"Exacto, Harry." Severus dijo, mirando al retrato también. "¿Sabes porqué escogí esa pintura?" Le preguntó a Harry, quien lo miró con grandes ojos. "Estaba en la casa de mi madre. En el ático. La heredé hace unos días." Explicó. "Yo estaba en el ático observando varias posesiones que habían sido guardadas allí por sus familiares, hasta que encontré éste cuadro. Era obvio que estaba encantado. Lo que pasa es que… Nadie sabe de quien es el retrato. Incluso le pregunté a Dumbledore, pero no pudo llamar a la persona que debería de aparecer. Es un misterio. Es sólo un lienzo vacío, en donde debería de haber alguien." Miró a Harry y le sonrió con tristeza. "Me recuerda un poco a mi mismo, por lo que decidí quedármelo." Harry bostezó.

"Sueño." Dijo, con sus ojos cerrándose. Severus rió.

"Ya veo." Se sentó en el sofá con suavidad, y acomodó a Harry en sus brazos. "¿Sabes, Harry? No tengo idea de por que te he dicho todo eso." Los ojos de Harry se dirigieron a él con confusión. "No es como si pudieras entenderme, por lo que yo no entiendo por que me molesté en hacerlo." Dijo con una sonrisa. La cabeza que Harry cayó en el hombro de Severus; El niño a solo un paso de dormirse por completo.

"Benas noches, Sev." Susurró antes de caer dormido por completo, haciendo al profesor sonreír.

"Tal vez por eso lo hice." Dijo, observando al niño dormir. "¿Sabes sobre las casas del colegio?" Le preguntó al niño dormido con suavidad. "Apuesto a que no. Hay cuatro…" Y continuó hablándole al niño mientras los minutos pasaban, ayudándolo a sumergirse en un sueño aún más profundo. Tan absorbido estaba por el niño en sus brazos, que no notó un par de ojos color azul medianoche que los observaba a ambos desde un lienzo normalmente vacío. Tan poco notó la sonrisa que adornaba el rostro de aquella misteriosa persona del retrato (quien finalmente había aparecido.)

Para cuando Albus Dumbledore tocó en la puerta de la oficina para recoger a Harry, causando que Severus apartara sus ojos del niño, la persona en la pintura había desaparecido de nuevo.

Y mientras el Maestro de Pociones se preguntaba cuando volvería a ver al niño, sin atreverse a esperar que fuera en un futuro cercano, no tenía forma alguna de escuchar una persona contestando su pregunta.

"Pronto, Severus. Pronto."