Capitulo tres
La princesa de la noche
Un paraje desolado, una hermosa noche de luna llena, un bello lago reflejando el astro celeste…sin duda era una noche perfecta para ser feliz, para estar vivo…
"¿vivo? Suena demasiado irónico… ¿feliz? Por favor, ¿qué alegría cabe en esta maldición…?"
Había sido una noche demasiado complicada, y apenas empezaba. Pero no podía darse el lujo de deprimirse; la princesa de la noche tenía una imagen que conservar ante todo, y no permitiría que ese percance estropeara todo lo que había forjado en sus 200 años de gloria.
La sensual figura comenzó a moverse velozmente hacía su presa, la había localizado hace algún tiempo, pero su confusión le había impedido actuar. Podría olvidarse de todo, simplemente dejar de existir, pues ahora sabía que nadie la extrañaría realmente, pero, ¿realmente valía la pena dejarse caer de esa forma? Morir de hambre habría sido su única opción, pues en ese mundo no había ser capaz de derrotarla, y sabía que lucharía hasta el final aun en contra de su voluntad. Solo un igual era capaz de vencerle, y de hecho ya lo había hecho, pero no la había matado, al menos no del todo.
"si me hubieses matado en ese momento, todo sería mas fácil"
Pero no lo hizo, él solo dio sus motivos, destruyéndola emocionalmente, y había huido como la miserable rata que demostró ser en ese momento.
"y pensar, que creí que eras el consuelo de mi maldición…"
Pero ya no eran validas las lamentaciones, estaba viva, y volvería a ser aquel demonio nocturno, cuyo nombre inspiraba temor incluso entre su clan. Aradia no Baali retomaría su lugar entre monstruos y asesinos; obtendría el odio de los 13 clanes; destruiría a los assamita, no por que quisiera vengar el pasado de su gente, si no para probarle a él, que el demonio que había logrado domar en su tiempo, estaba libre de nuevo; quizá llamara la atención del creador, despertándolo de su sopor con los gritos lastimeros de sus vástagos; la tomaría en sus brazos, la poseería, y le despojaría de la vida, como castigo por el exterminio de su propia raza; una forma digna de morir para el ser mas odiado en el mundo de la noche.
Solo unos metros mas, y volvería a ser la de antes; sería de nuevo el heraldo de la muerte, el sensual demonio que destazaba sin compasión, la hermosa vampiresa cuya sed de sangre solo aumentaba, sería…
— pero que demonios…
Algo se había interpuesto entre ella y su presa; una energía demasiado poderosa, y que jamás había sentido. El mortal ni siquiera se había inmutado, pues es bien sabido que la percepción entre los mortales, es un don que no se les da más que aquellos que están destinados a vivir malditos, y aquel miserable ladrón tenía de maldito lo que ella tenía de santo.
— joh, interesante…
Entre toda esa energía, surgieron voces, que no sonaban realmente a lo que ella esperaba.
— waa, lo hizo de nuevo X~x y está vez mas feo…
— ¿Qué demonios pasó? ¿¡Estás bien!
— Si…T^T
— hmm, ¿podrías levantarte? Me estás lastimando
La elfi se apresuró a incorporarse, dando un grácil salto, para después extender la diestra. El hombre, dudando unos momentos, terminó rechazando el gesto, incorporándose por cuenta propia. Volteó a ver a la chica, con la intención de empezar su interrogatorio extremo, pero frenó sus ideas en seco ante su expresión.
— ¡Kyaaaaaaa!
Artemisa se cubría el rostro con ambas manos, sin dejar de gritar histéricamente.
— ¿ahora que te pasa?
— No quieras abusar de mi, o te juro que no pasaras de esta noche XO
— ¿Abusar de ti? ¿De qué hablas?
— Ni quieras tomarme por esposa, por que ya estoy casada
— ._. ¿esposa?
Ohh, claro… el joven recordó que se había despojado de su armadura durante el combate anterior y que solo traía puesto el faldón de ésta y su espada en el cinturón…
— OH! O/O pe…eerdon!
Morniemacar saltó detrás de un arbusto, urgido de cubrir su desnudez, avergonzado de tal manera que su pálida piel adquirió un tono rosado.
— Pero, ¿Dónde estamos? ¿Qué fue lo que paso? ¿Dónde está Avaraya? ¿Y Zhea… dónde está Zhea?
— No trates de cambiar el tema, pervertido…lo que importa ahora es conseguirte algo de ropa, o ya no podré ver a mi esposo a la cara T/T
— ¿Cambiar el tema? ¡Creo que lo mínimo que merezco es una explicación de lo que está pasando…! …¡Ey, ¿me estas escuchando?
Artemisa no prestaba atención a los reclamos de Morniemacar, pues estaba decidida a encontrarle ropa, aunque estuviesen en medio de la nada; aunque, para estar en medio de la nada, era un sitio muy bonito. Grandes y frondosos árboles, un cielo despejado con una gran luna llena adornándolo, un lago rodeado de cerezos en flor, una lejana silueta en un peñasco…
"¿Una silueta?"
La elfi enfocó la vista en dirección a aquel peñasco, rezando en sus adentros para que se tratase de un hombre. En efecto, era un hombre, con una complexión semejante a la de su desnudo acompañante.
"¡perfecto! ¡Alabadas sean las diosas! Ahora solo debo ir a coger esas ropas o.ó9 "
Mas decidida que nunca, comenzó a caminar hacia aquel peñasco, formulando en su mentecilla la mejor forma de dejar inconciente a ese hombre y despojarlo de sus ropajes.
"Mm…ciertamente será fácil noquearlo, pero por nada del mundo pienso quitarle yo misma la ropa… - de solo pensarlo me dan escalofríos…así que aquel tendrá que encargarse de eso"
Morniemacar, aun detrás de los arbustos, observaba a la elfi alejarse.
— ¡Hey, ¿A dónde vas?... genial, de nuevo me ignora… ¬¬
Artemisa, muy segura de si misma, caminó hacia aquel sujeto sin inmutarse en ningún momento. Una leve brisa meció su cabello suavemente, pero estaba tan centrada en aquel hombre que ni siquiera notó cuando su arco se deslizó fuera del carjac de su espalda, cayendo silenciosamente. Estando ya a unos metros de su objetivo, la elfi comenzó a aclarar su garganta, con la intención de llamar la atención del individuo. Su acción tuvo éxito, pues inmediatamente el hombre volteó en su dirección; al principio alterado y alerta, aunque al ver a la chica se relajó totalmente, mostrando una sombría sonrisa que sobresaltaba entre sus marcadas cicatrices y su espesa y desaliñada barba.
— Ehh…ejem, disculpe que lo moleste, amable extraño. Me encuentro en una situación algo inusual y bastante incomoda para mi impunidad; es algo largo de explicar, y para no hacerle largo el cuento, temo que tendré que disponer de sus ropas, pues mi acompañante las necesita para continuar su viaje conmigo…
El hombre se limitó a observar a la elfi, al principio algo extrañado, después con una sonrisa perversa. Miles de cosas terribles pasaron por su mente, y su regocijo no fue disimulado. La chica, presintiendo el peligro, sonrió traviesamente, pues le encantaba darle una buena lección a ese tipo de sujetos. Llevó la mano derecha a su espalda, en busca de su carjac y su arco, aunque, al no sentir su preciado Ai, comenzó a entrar en pánico.
— Ai… ¡Ai! U ¿Dónde te quedaste? ToT
— Jajá jajá, será una noche bastante buena, ¿no, pequeña? Gozaras con uno de los ladrones mas reconocidos de estos lares…
— ._. amm… ¿y si hablamos tranquilamente al respecto? ^^U ¿sabes? No puedo aceptar tu proposición…por que ya estoy casada y…y…
Por más que hablara, sabía que estaba pérdida. El hombre ya la había tomado por los hombros, para aventarla sobre el pasto, y estaba con las manos sobre la bragueta, comenzando a desabrocharla.
— no…por favor… ¡…Shion…!
Lo siguiente pasó tan rápido, que Artemisa no supo realmente que había sucedido: pudo observar un objeto, bastante filoso, que dio de bruces sobre la cabeza del hombre, atravesando ésta instantáneamente. El hombre cayó cerca de ella, haciendo un charco de sangre a su alrededor. La elfi, bastante sorprendida por eso, se levantó enseguida, y aguzando su vista, trató de seguir la dirección de donde había salido esa katana. Tras unos segundos de no observar más que neblina, una oscura silueta surgió a su vista; parecía ser una mujer, por su complexión, y caminaba hacia ella.
Tomó unos cuantos segundos para que se acercará lo suficiente para que pudiera verla bien: era una mujer joven, no aparentaba mas de 20 años; su piel era pálida, blanquecina como las mas puras telas de su reino; su cabello era largo, cubriéndole hasta la espalda baja, y de un hermoso tono rojizo oscuro; usaba un vestido negro azabache sin mangas, bastante entallado y que le cubría hasta la mitad del muslo, lo que dejaba de manifiesto las perfectas y sensuales curvas de su cuerpo; guantes largos, del mismo color que el vestido; botas sencillas, que le llegaban hasta las rodillas; su rostro, aunque era hermoso, denotaba frialdad y hostilidad, y por primera vez desde que iniciara su viaje, Artemisa sintió miedo al observar los ojos de aquella mujer, pues eran de un escarlata intenso, y su mirada severa y sádica, era como ver la muerte a los ojos.
Pasó de largo, sin inmutarse ante la sorprendida elfi; se detuvo junto al cadáver del hombre, y con un movimiento rápido tomó la katana, extrayéndola del cráneo.
Morniemacar, al escuchar el grito de Artemisa, tomó a Vehiliant, su Claymore, y echó a correr en su ayuda. Al llegar donde la chica, un olor familiar invadió sus sentidos.
"este aroma, es el mismo que el de Rikhi… ¿será posible que esté aquí?"
Pero el aroma provenía de una persona que no conocía. A prudente distancia, observó a la mujer que caminaba en dirección a su compañera de viaje.
"¡wow…que hermosa…! Pero si es lo que creo que es, debo ser prudente, o las cosas podrán ponerse feas…"
Aquella mujer, se acercó al cadáver que yacía a lado de Artemisa, tomó el objeto que atravesaba su cráneo, y lo extrajo sin dificultades. La katana que tenía en sus manos, estaba cubierta de sangre; la acercó a su rostro, y comenzó a lamerla, con obvio deleite.
"¡Lo sabía…es un vampiro!"
Artemisa quedó perpleja ante lo que veía, nunca pensó que su salvadora pudiera hacer algo así. Pero la había salvado de aquél hombre, y eso era lo que importaba. Actuando con la imprudencia de siempre, corrió en pos de la chica, colgándose de su brazo izquierdo.
— ¡Gracias! ¡Eso fue increíble! Debías estar como a 50 metros de aquí. ¡Tu puntería es perfecta! *O*
— ¿De qué hablas? Falle mi blanco…
— ._.u amm…
Morniemacar se precipitó frente a Artemisa, sujetándola del brazo derecho, apartándola de la mujer; desenvainó su arma y se inclino hacia enfrente asumiendo una posición defensiva.
— ¡No te acerques a ella, es un vampiro!
— Joh…
Aradia se limitó a relamer sus labios, mirando al joven de arriba a abajo.
— ¿Estas bien?
— ¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
— -_- no de nuevo…
— ¡Pervertido! Vístete de una buena vez antes de andar juzgando mal a personas desconocidas. Ella me salvó de ese hombre — Señalando el cadáver— , mira en que buen lío me metí por tu falta de pudor ¬¬
— ¿mi qué? Yo nunca te pedí…
— Siento interrumpir tan amena charla, pero esa chiquilla arruinó mi cena ésta noche, y debe hacer algo para compensarlo…aunque, preferiría que tú tomaras su lugar…
La vampiresa acercó su brazo derecho al cuerpo del joven, llevando su diestra a su rostro, deslizando sus dedos hasta el cuello.
— Prefiero la sangre de un hombre, que la de una mujer…
— Lastima que no sea hombre fácil…
El joven guerrero se apartó de su contacto y retrocedió un poco, pues conocía la forma de pelear de los vampiros, y sabía que Artemisa y Sootmon correrían peligro… donde quiera que estuviese la bola rosada, mas le valía estar bien.
— Jajajajaja… ¡me encanta jugar con la comida!
Aradia sujetó la empuñadura de la katana con la mano derecha, a la vez que inclinaba un poco su cuerpo, para coger impulso. Con asombrosa velocidad, alcanzó al joven, situándose detrás de él, colocando el filo del arma a la altura de su cuello.
— No subestimes a una mujer…
Morniemacar ladeó un poco la empuñadora de su arma, golpeando a la chica en el abdomen, haciendo que ésta retrocediera lo suficiente para poder librarse de su contacto.
Giró su cuerpo balanceando la Claymore para mantener el equilibrio, y trató de golpear el cuello de Aradia soltando una patada en su dirección. La vampiresa, prediciendo su movimiento, bloqueó la patada con el brazo derecho, y la fuerza de ésta le sorprendió, pues a pesar de que el joven estaba descalzo, le hizo un daño considerable en el brazo, haciendo que retrocediera aun más por el impulso del golpe.
— Joh…interesante…pero basta de juegos…
Aradia comenzó a blandir su arma con una presteza digna de admirar, y con una velocidad increíble. Morniemacar a duras penas podía bloquear sus golpes con su espada, y se vio en la necesidad de retroceder.
"Maldita sea…a éste paso, me acorralará…"
Demasiado tarde; la espalda del joven ya estaba apoyada contra una enorme roca.
— No quería hacer esto…pero no me dejas alternativa…
Morniemacar aventó a Vehiliant, y comenzó su transformación. Aradia detuvo su ataque; jamás había visto semejante espectáculo. Aquel que, hasta hace unos segundos era un simple mortal, ahora era una bestia, un demonio como los que su gente invocaba cuando necesitaban ayuda de las fuerzas oscuras, con la diferencia de que del joven no emanaba la maldad característica de los demonios. El dragón le tomó del cuello con ambas garras, levantándola lo suficiente para que los ojos de ambos se encontraran. Aradia se perdió en aquellos ojos de reptil por unos segundos. La excitación invadió su cuerpo; presentía el peligro de la situación, y eso le encantaba. Aventó la katana en la misma dirección que la Claymore, y con ambas manos logró zafarse de las garras de Morniemacar.
Sorprendido por su fuerza, retrocedió un poco, y no pudo evitar el contemplarla por unos segundos. Las facciones de la joven habían cambiado: su mirada seca se había vuelto demente; sus ojos brillaban con un escarlata intenso; su sonrisa sarcástica fue sustituida por una mueca ansiosa, desesperada. La vampiresa sonrío ampliamente, dejando a la vista unos colmillos bastante grandes y filosos.
Artemisa, sin prestar atención a aquel par, buscaba a gatas su arco. —Ai… ¿Dónde estás? — pensaba la elfi. Tan concentrada estaba en su búsqueda, que no vio cuando Morniemacar arrojó a Vehiliant en su dirección.
— Kyaaa…—En una acción rápida logró esquivar la Claymore, cayendo de golpe sobre su trasero, de modo que la espada quedó clavada en la tierra, entre sus piernas.
— ¡Maldita sea, Morniemacar te voy a…!— aun con la maldición en la boca, giró su cuerpo unos grados hacia la derecha, gateando velozmente para alejarse del lugar donde segundos antes estaba sentada, y donde había ahora una katana clavada en el suelo. A punto de terminar su maldición, la elfi divisó por fin el preciado arco, y olvidando el trauma que segundos antes la había paralizado, gateó en su dirección.
Morniemacar retrocedió un poco mas, para coger el impulso adecuado para embestir a la vampiresa, de modo que le fuese mas fácil dar una mordida certera en el cuello. Comenzó a correr en su dirección, a la vez que extendía las alas; estaba tan concentrado en su ataque que no notó las pequeñas antenas que asomaron sobre su espalda.
— Con que se olvidan de Sootmon… ¡ahora sufrirán la ira de la enviada de su majestad Hazell!
La pequeña criatura saltó de la espalda del dragón, y en el aire se vio envuelta de una luz tan intensa que Aradia tuvo que cubrir sus ojos y Morniemacar se frenó en seco. La vampiresa reconoció la energía que brotaba de esa luz inmediatamente, era la que había sentido cuando estaba por atacar al mortal. Con prudencia comenzó a retroceder, justo cuando la luz cedía, dejando ver a una hermosa hada cuyas manos sostenían un extraño instrumento. La hermosa chica de alas de mariposa comenzó a tocar una melodía hermosa y tranquila, aunque poco a poco comenzó a coger más y más velocidad. Mientras mas rápido tocara la melodía, mas energía emanaba de ella, y llegó el momento en que esa energía se reunió en un punto, justo por debajo de Artemisa. Se abrió un vórtice justo como las veces anteriores, y sin poder evitarlo la elfi cayó en el, junto con el cadáver del hombre y ambas espadas.
El dragón corrió, pero no alcanzó a llegar para sacar a la elfi. Frustrado, no se dio cuenta de que el vórtice aumentaba de tamaño, hasta que fue demasiado tarde. Alcanzó a sujetarse del borde con ambas garras justo cuando cayó, pero la fuerza de succión era muy grande.
Aradia observó los vanos intentos del dragón por salir de ese pequeño aprieto, y se divirtió tanto que quiso "ayudar" un poco. Se acercó al borde, justo donde Morniemacar se aferraba con ambas garras, y con su bota derecha pisó los dedos reptilianos del joven.
Un quejido de dolor salió de las fauces del dragón, y al notar el origen de éste, regresó el instinto asesino que había tenido minutos antes. Levantó el rostro, listo para aventar una bocanada de fuego a la chica, pero lo que vio hizo que se tragara su propio fuego.
La vampiresa se sorprendió al ver como el joven frenaba su ataque, y se sonrojaba considerablemente. Siguió la trayectoria de su mirada, descubriendo que observaba justo entre sus piernas. Si bien, a ella no le importaba ser vista (realmente le agradaba llamar tanto la atención) no significaba que no tuviera pudor, y en un movimiento avergonzado, llevó ambas manos hacia sus piernas, tratando de bajar la falda de su corto vestido, a la vez que juntaba ambas piernas, con la intención de que dejara de ver su ropa interior (gustaba usar prendas sensuales, generalmente color negro, con pequeños encajes que le daban un toque pícaro a la ropa).
Morniemacar, recuperándose del impacto que le había dejado semejante espectáculo, vio una oportunidad perfecta, y sujetó la pierna derecha de la chica justo cuando ésta juntaba ambas, haciendo que perdiera el equilibrio. La jaló consigo dentro del vórtice, y aunque había sido su enemigo minutos antes, en ese momento no era más que una chica que no sabía que estaba pasando. Por caballerosidad, llevó ambas garras a su espalda, cruzando éstas a la vez que la acercaba a su pecho, abrazándola protectoramente. Aradia no pudo evitar el abrazo, y sintiendo la calidez del dragón, no forcejeó para librarse de sus brazos; esa había sido la peor noche de su vida desde que conociera al Assamita, y lo único que necesitaba en ese momento era un abrazo.
Afuera, la hermosa hada sonreía dulcemente, mientras caminaba hacia donde sus compañeros habían caído.
— Ahora ya están todos…comienza la verdadera prueba…— Dicho esto, se dejó caer también, cerrando el vórtice tras ella.
