bueno, esta es la parte rate M de esta historia. Sin embargo es suave para no quitarle lo que deseo sientan ustedes al leerla. Espero les guste, comentn please :D
I would be
Parte IV
Carly observaba a su amiga con detenimiento, estaba concentrada leyendo un libro; ella aun no podía entender como la rubia podía buscar la tranquilidad con la lectura. Si fuera ella la persona que se iba a graduar en pocos minutos, de seguro estaría correteando de un lado a otro, tal como sucedió un año atrás.
-¿Aceptaras? –Preguntó de pronto sin poderse contener.
La rubia la observó por unos largos segundos antes de responder.
-Es una gran oportunidad, no todo el tiempo te consigues propuestas como esas –fue vaga su respuesta, eso ambas lo sabían. –Siempre podrás visitarme…
-Sam… ¿Por qué pretendes que esto no te afecta? –Interrumpió la morena con un deje de molestia.
-¿Por qué no dejas de preguntar eso? No me molesta… -la rubia se cruzó de brazos, olvidando por completo su libro.
Cuando Carly le iba a responder, la puerta se abrió. Era Freddie que traía entre sus manos un hermoso ramo de rosas. Para ella no pasó desapercibido el rubor de la rubia, ni el brillo que adquirieron sus ojos al conectarse con los de Freddie, algo extraño estaba sucediendo.
-Siento interrumpir tan grata pelea, pero quiero felicitar formalmente a nuestra abogada favorita… -Freddie dibujo una tierna sonrisa que podía derretir a cualquier mujer sobre la tierra, casada o no… incluyendo a las comprometidas, como era el caso de Carly.
-Eres un idiota… -murmuró Sam tomando el ramo con delicadeza. –Están preciosas, me encantan.
-Está vez te luciste. En mi graduación solo fueron lirios…
-Tus favoritas… -dijeron sus amigos al unísono.
-Bueno… buscaré a Leo, nos vemos en el auditorio –la morena frunció sus labios para luego decir. -Ni se te ocurra retrasarla Freddie.
-No exageres Carly, solo tengo que bajar tres pisos –ella tenía razón, su graduación era en el hotel más lujoso de Seattle; el Hotel Fairmont Olympic era lo más hermoso que ella pudo haber visto en su vida.
-Además aun faltan 45 minutos… ¿me guardas un asiento? –Ella asintió antes de salir de la habitación. Freddie se giró esbozando una sonrisa de orgullo y algo más que Sam no supo identificar en ese momento. –Estoy muy orgulloso de ti, además de feliz claro esta.
-Tonto… -susurró sonriente. –Acepté… parto dentro de dos días.
-Supongo que es lo que deseas… -Sam asintió y Freddie trató de sonreír, pero no pudo. –Te extrañaré…
-¿A mí o a mi cuerpo? –Ambos comenzaron a reír.
-La pregunta ofende… por supuesto que a ti –dijo Freddie acercándose peligrosamente a ella. –Tu cuerpo… -la besó con ternura. –Tu voz... –otro beso. –Tus ojos… todo –esta vez el beso se tornó más necesitado.
-Freddie, no podemos… -su respiración se enganchó cuando sintió sus manos recorrer sus muslos para luego subir un poco más y bajar la única prenda intima que traía.
-Si podemos… serás mía todo el día y la noche –los ojos de Sam se pusieron en blanco cuando sintió que entró en ella. –Te deseo tanto… ¡Sam! –gimió quedo en el cuello de la rubia mientras aumentaba la velocidad de sus estocadas.
Las manos de la rubia viajaron inmediatamente dentro del pantalón del castaño, clavando sus uñas para obligarlo a hacer más profundas sus penetraciones. Ante eso, él no pudo hacer otra cosa que complacerla, sin embargo, deslizó la parte superior del vestido para poder tocar sus pechos.
-Si sigues haciendo eso… no lo soportaré –dijo Sam entre jadeos al sentir la lengua del castaño deslizándose en su pecho izquierdo. –No es justo… -gimió de pronto, estaba frustrada y rebosante de placer al mismo tiempo.
-¿Qué deseas Princesa? –exigió saber haciendo sus movimientos más lentos, pero más profundos al mismo tiempo.
-Quiero… ¡Oh Dios bendito! Sigue haciendo eso… -suplicó la rubia abriendo más sus piernas. -Quiero… probar tu piel… ser yo la que te bese y la que te haga gemir y suplicar.
Freddie tuvo que cerrar los ojos y detenerse un momento para no llegar tan pronto, él amaba esa parte de la rubia.
-Ahora no Princesa, esta va por mi cuenta… -murmuró antes de besarla con todo.
De repente la giró para que quedara boca abajo.
-En la noche podrás cumplir esa promesa… -la rubia sintió como se deslizaba dentro de ella y como con una de sus manos tocaba una parte sensible. –No te resistas más… lo necesitas… -Sam jadeó al sentir el aumento de velocidad, él también estaba cerca. –Quiero escuchar mi nombre de tus labios… por favor –está vez de sus labios escapo un largo gemido.
-¡Si! Hazlo así… -fue difícil para ambos, en esa posición no había ganador porque se sentían igual de vulnerables. -¡Freddie! Rápido… -sus ojos quedaron en blanco y los del castaño también.
Sam podía sentir la brusquedad de sus movimientos, pero no le importaba ya que eso era lo que necesitaba. Ella lanzó un gritó silencioso antes de moverse sin control bajo su cuerpo. Él, al sentirlo, no pudo hacer otra cosa que dejar escapar toda esa tensión deliciosa que tenía en su cuerpo. Mientras más escuchaba su nombre salir de sus labios, más fuertes eran sus movimientos hasta que se dejó llevar por el placer. El castaño sintió su cuerpo relajarse y sus ojos cerrarse ante la sensación de paz y relajación.
El teléfono comenzó a repicar.
-¿Bueno? –Contestó Sam lo mejor que pudo.
-¿Dónde rayos estás? Faltan cinco minutos para comenzar…
-No conseguía mi birrete, ya estoy en el elevador… -dijo Sam desvinculándose de su amigo.
-¿Y Freddie? –Preguntó de nuevo.
-No lo sé, pensé que ya estaba abajo –respondió con simpleza. –Ya casi llego…
La rubia corría por toda la habitación arreglando su cabello y su vestido al mismo tiempo.
-¿Cómo me veo? –Preguntó con una sonrisa en los labios.
-Feliz y muy hermosa –fue la respuesta de su amigo que también se acomodaba.
-Te veré abajo… -dijo antes de besarlo y salir corriendo.
Por otro lado, Carly movía el pie de arriba a abajo con nerviosismo. Todos los compañeros de su amiga estaban en sus asientos y uno solo estaba vacío, era el de Sam. De pronto vio correr a una persona hasta la primera fila y tomar asiento en el puesto que le correspondía a la rubia. Ella se giró y le sonrió desde su lugar articulando un "Lo siento" silencioso, cinco minutos más tarde llegó Freddie con un regalo en sus manos.
-¿No me he perdido nada verdad? –Preguntó algo agitado.
-Por poco, está comenzando… ¿y ese regalo?
-Algo que vi para Sam. Le va a servir de mucho cuando se vaya a Nueva York –murmuró lentamente borrando la sonrisa que traía. –La extrañaré…
-Yo también –dijo la morena colocando su cabeza en el hombro de su amigo. –Freddie… ¿Te has enamorado de ella?
El silencio fue la respuesta.
-Sé que estuviste con ella, tienes impregnado el olor de su perfume –lo escuchó suspirar. -¿Por qué no se lo dices?
-Es difícil cuando ella no está enamorada de mí –murmuró en respuesta. –Creo que estoy destinado a ser siempre el hombre que se enamora de las personas que no debe.
Después de decir esas palabras la ceremonia dio inicio. Todo pasó tan lento y rápido al mismo tiempo, le gritaron y aplaudieron a su amiga cuando recibió su diploma y luego salieron de ese lugar a festejar. En ningún momento Freddie demostró su tristeza, bailó y disfrutó toda la noche en compañía de amigos y familiares de la rubia, entre ellos su hermana Melanie que la visitaba por su graduación.
Para Sam todo era increíble, tenía una carrera y una buena oferta de trabajo. Lo único que no tendría en ese lugar sería a Freddie; era lo mejor, tenía que dejarlo ir. Durante los últimos dos años se sintió como una desgraciada al jugar con sus sentimientos, solo para darse cuenta al final que sentía algo más que amistad. Sin embargo, Freddie no sentía lo mismo que ella y era mejor tener la boca cerrada.
En ocasiones mientras estaba bajo su cuerpo y lo miraba a los ojos, estuvo a punto de gritarle cuanto lo amaba. No es que su sufrimiento lleve tiempo, apenas si lo había notado dos meses atrás. Entonces se preguntaba si valía la pena aguantar para tenerlo a su lado, en ese entonces tuvo dudas y ahora estaba convencida de no haber tomado una decisión incorrecta; porque cada noche que compartía a su lado era un sueño.
Para ella, Freddie era todo lo que necesitaba. Era su amigo, confidente y excelente en todo sentido.
-¿Por qué el rubor en sus mejillas Princesa? ¿Buenos recuerdos? –su voz socarrona la hizo sonreír.
-Puede ser. Tal vez ya sé lo que te haré hoy cuando caigas en mis manos –ronroneó cerca de su oído haciéndolo estremecer. –Pronto lo averiguaras…
Dichas esas palabras, Sam comenzó a avanzar hacia su grupo de amigos mientras bailaba y el castaño la siguió normal. Desde ese momento no se le vio animado, solo se limitó a juguetear con su trago y a hablar con Carly.
32 horas antes del adiós…
Freddie la tenía en sus brazos mientras jugueteaba con su cabello. Él hizo todo lo posible por no mantener contacto íntimo con la rubia la noche anterior, no sería capaz de soportar una noche más sin gritarle lo que sentía. Así que solo se limitaron a besarse y abrazarse hasta quedar completamente dormidos. Ahora, a tan solo pocas horas de su partida, quería pedirle que se quedara y que renunciara a esa loca idea de trabajar en Nueva York, pero era su vida y no estaba siendo justo.
Suspiró abatido mientras la apretaba suavemente a su cuerpo y dejó escapar dos lágrimas, que rodaron lentamente por sus mejillas. ¿Cómo iba a decirle que la necesitaba en su vida para ser feliz? Dejó escapar otro suspiro antes de besar la frente de la rubia y alejarse hasta la sala de estar que había en la habitación. Tenía muchas cosas en que pensar.
Sin darse cuenta, sus ojos se llenaron de lágrimas y se sintió perdido. Cuando él y Sam aceptaron en silencio la condición de ser amantes sin ningún compromiso, no pensó en las consecuencias. Ahora Freddie cree saber cuales eran; la primera de ellas fue el apego que creo su mente, cuerpo y corazón hacia la mujer que se encontraba a pocos metros de distancia… lo segundo, y sin temor a equivocarse, era el estar enamorado de ella.
Todo comenzó como un simple desahogo, ella necesitaba de Freddie en muchos sentidos. Necesitaba un confidente, un amigo y un amante. Él estaría mintiendo si dijera que no necesitaba lo mismo. Ella lo ayudó a olvidarse de todos sus miedos, lo ayudó a salir a adelante…
-¿Qué haces despierto a estas horas? –Preguntó la rubia acercándose a él.
-¿Estás horas Sam? Son las tres de la tarde –respondió entre risas.
Era impresionante como él cambiaba su estado de ánimo, tan solo con verla.
-Exactamente. Es temprano… -se quejó abrazándolo de forma posesiva. –Me encanta estar así contigo.
-A mí también –susurró el castaño cerrando sus ojos.
-Debo comprar el boleto… -susurró besando el pecho de Freddie. -¿Me acompañas?
-Claro que si… -susurró antes de besar sus labios.
Dos horas después, Sam caminaba tomada de la mano del castaño, que la seguía entre el mar de personas. De vez en cuando ella se giraba y le sonreía, luego volvía a enfocarse en el camino hacia las taquillas de las aerolíneas.
-Buenas tardes, un boleto para Nueva York –dijo Sam mientras buscaba su monedero.
-Muy bien. ¿Qué día tiene estimado salir? –Preguntó la vendedora sin apartar los ojos de la pantalla.
-Jueves a primera hora…
-Lo siento, están todos los boletos vendidos –se excusó la mujer con pesar. –Pero le podemos ofrecer para mañana en la tarde.
Sam se giró mientras mordía sus labios con fuerza. El castaño sabía que lo hacía cuando estaba indecisa.
-Es tu futuro… tienes que ir –murmuró Freddie con una sonrisa forzada.
Después de comprar el boleto regresaron directamente al hotel. Allí pidieron servicio a la habitación, nada económico debía admitir, pero Freddie estaba empeñado en regalarle esos días con todo y antojos. En algún momento de la noche, él se quedo completamente dormido.
-Eres un tonto, no descansaste nada… a mi no me engañas –susurraba acariciando su rostro. – ¿Cómo puedo molestarme contigo, cuando eres tan especial conmigo?
Cortó la distancia entre ellos y comenzó a besarlo con dulzura. Se sorprendió cuando él le correspondió mordiendo sus labios para profundizar el beso. Para Sam era como estar en el mismísimo cielo. Freddie la tomó entre sus brazos y la llevó estilo novia hasta la habitación donde la acostó sobre la cama con suavidad.
-Serás mía hasta que amanezca –gruñó Freddie pegando su frente con la de ella.
Se deshizo de la poca ropa que tenía la rubia y comenzó a grabar su cuerpo con sus manos, la necesitaba tener en su memoria por siempre; porque no cree poder amar a otra persona como lo hace con ella.
Sus respiraciones se volvieron cada vez más agitadas, los besos más necesitados e impregnados de placer y lujuria. Están viviendo una locura de la cual quieren impregnar su ser. Sam como pudo arranco, literalmente, la ropa del castaño antes de morderse el labio con deseo y picardía.
-¿Recuerdas lo que te dije ayer? –Freddie asintió y trató de no gemir. –Pues hoy lo pienso cumplir Benson.
Con una mano lo obligó a apoyarse al espaldar de la cama y con la otra tomaba su miembro, estaba decidida a que él perdiera el control. Cada momento que pasaba amándolo con su boca aumentaban los gemidos, la presión deliciosa en su núcleo y el deseo de estar unida a él.
-Eres… -mordisqueó su abdomen para luego pasar su lengua. –Me encanta ternerte así, ser yo la que te haga enloquecer.
-Y lo lograrás si sigues haciendo eso… -ella arqueó una ceja y esbozó una sonrisa. Luego tomó las manos del castaño y las amarró al espaldar de la cama con la corbata que usó él la noche anterior. –No me gusta que me interrumpan… solo quiero hacerte lo que tu haces conmigo…
Ella se subió sobre Freddie para luego unirse lentamente con su cuerpo. Sam pegó su frente con la del castaño y lo miró con intensidad.
-A partir de ahora, seré yo quien te ame hasta el amanecer –susurró Sam logrando estremecerlo.
-No es justo… -murmuró jadeante el castaño. –Yo quiero tocarte…
-Así me siento yo cuando me haces el amor –susurraba mientras hacia movimientos leves que lograba hacerlo gemir. –Amarrada…
Freddie contemplaba sus movimientos embelesado y como sus cuerpos se unían en una danza lenta, pero enloquecedora. Varias veces necesitó morder sus labios para evitar gritar y también cerrar sus ojos, porque la estimulación visual era demasiada. Lo tenía en sus manos y perdería el control en cualquier momento. Cada vez que la escuchaba gemir y gritar por llegar al orgasmo debía concentrarse para no perderlo también, era demasiado.
-Suéltame… por favor –suplicó Freddie mirándola a los ojos.
Ella se acercó hasta su oído para susurrarle: -Me dirás que no te gusta mi cuerpo sobre el tuyo, la sensación de llevarme al límite, a pesar de no ser tú el que me controla… dímelo –espetó Sam antes de morder el lóbulo de su oreja con rudeza. Para el castaño todo quedó en blanco, nunca se había sentido de esa forma. Fue meramente consciente de unos labios que se movían sobre los suyos, pero no podía hacer nada, ni siquiera responder.
-Tomaré apuntes… -susurró Sam y él se la imaginaba sonriendo por su tono de voz. –Solo debo morderte de esa forma para que pierdas el control.
-No es broma… ni yo lo sabía –murmuró el castaño antes de abrir los ojos. -¿En que momento me soltaste?
Ella comenzó a reír y a negar con la cabeza.
-Reventaste los nudos, en realidad, destrozaste tu corbata –no pudo evitar sonreír, le encantaba escucharla tan feliz y así la quería recordar.
-Espero no tengas sueño porque no he terminado contigo… -murmuró Freddie borrando la sonrisa de los labios de Sam.
Y así fue, toda la noche hicieron el amor hasta quedar completamente rendidos. Él había cumplido su promesa, hicieron el amor hasta el amanecer. Ahora estaba dormido y solo faltaban tres horas para que el vuelo de la rubia saliera. Ella suspiró mientras miraba su reloj, eran las 10:39 de la mañana, dejó escapar una lágrima y luego otra hasta llorar como nunca lo había hecho. Sam había llorado por su familia, por el estúpido que la hizo sufrir, pero nunca por renunciar al amor; un amor no correspondido. La rubia dejó una nota en la mesita de noche y besó la frente de su amigo antes de marcharse.
Dos horas más tarde…
Freddie miraba sorprendido el pedazo de papel que tenía en sus manos mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos. Hace media hora que había tomado un taxi para que lo llevara al aeropuerto, pero el tráfico era una locura. Cuando por fin llegó, no pudo evitar correr y al mismo tiempo pensar en eso como un cliché novelístico. Sin embargo fue tarde para él, ya todos estaban abordando y Freddie solo se quedó observando la fila de personas pasar, una a una.
Quiso gritar cuando sus ojos se conectaron con los de ella, por lo que pudo observar, no fue el único que lloraba. Sam le intentó sonreír antes de desaparecer por la puerta de embarque y eso fue todo, la había perdido. Dejó caer el pedazo de papel de sus manos antes de girarse y perderse entre el mar de personas.
"Te amo con todo mi corazón… por eso debo dejarte libre"
