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─── ◦ ❁ ◦ ❖ ◦ Tributo ◦ ❁ ◦ ❖ ◦ ───
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~ Dedicado a todas las chicas hermosas del "lado oscuro", quienes hacen mis horas en Facebook, mucho más divertidas e interesantes ... y al dueño de mis latidos, DJM. Ya que si no ha sido por su gran ayuda, esta historia nunca ha visto la luz. ~
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❖ ◦ ❁ ◦ Capítulo 4: Orgullo y testarudez ❖ ◦ ❁ ◦
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Los personajes de NARUTO no me pertenecen. Son propiedad y obra de Masashi Kishimoto. Capítulo con contenido sexual leve y lenguaje soez.
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Luego de la danza de la victoria y la presentación de la hermosa mujer tributo —que él no la aceptase del todo no significaba que no apreciaba su gran belleza— su padre se dispuso a concluir la reunión con la tradicional calumet*. Fugaku, como anfitrión que era de aquella fiesta, le dio la primera fumada; lanzando las bocanadas de humo hacia el cielo, a los cuatro vientos y a la tierra. Se tenía la firme creencia de que con esto se invocaba al mundo divino y al humano; creando una especie de lazo, una forma de diálogo entre lo espiritual y terrenal.
Después de aquel acto, la pipa pasó entre todos los reunidos, quienes al fumar de ella reforzaban su hermandad con el resto de los integrantes de la gran tribu a la que pertenecían en un rito a la mar de simbólico y especial.
Casi una hora había transcurrido desde aquel suceso y ya la mayoría de los hombres estaban ebrios o en medio de una desafinada interpretación musical —que en su opinión, parecían aullidos de coyote agonizando—. Sobre todo si los interpretes eran el tonto de Suigetsu o el escandaloso de Inuzuka Kiba.
Una mirada al cielo nocturno —específicamente, hacia el punto en el que se encontraba la luna— le bastó para deducir la hora. Pasaba de media noche y Sasuke decidió que era tiempo de retirarse a su tienda para descansar pues la vida en la aldea comenzaba nada más al presentarse la aurora. Quería dormir profundamente y reponer sus energías ya que, escuetamente, había quedado en ir de cacería con algunos de los muchachos al presentarse el amanecer.
Se levantó sin llamar la atención del resto, pero poco antes de ello, le dedicó una fugaz mirada a su padre —quien se encontraba conversando tranquilamente con Hiruzen, los consejeros y algunos de los hombres más importantes de la tribu—. El gran jefe se percató enseguida de que estaba siendo observado por su hijo, componiendo en ése momento una sonrisa leve y una expresión, hasta cierto punto, condescendiente para con él.
Fue en ése preciso momento que Sasuke suspiró resignado.
Sabía lo que aquel simple gesto significaba. Fugaku esperaba que el antiguo acuerdo con sus aliados se cumpliera palabra por palabra. Y para eso él tenía que pasar la noche con la mujer de pelo rosa. Cosa que, pensándolo bien, no representaba en absoluto un sacrificio —dada la belleza de la chica y su creciente curiosidad por ella—.
Así pues, con paso lento pero decidido, se encaminó hacia su tipi sabiendo de antemano lo que encontraría al entrar: Un juguete sexual muy hermoso, sumiso y obediente a todos los mandatos de su nuevo señor.
Sonrió secretamente complacido.
Conocía a muchas mujeres hermosas —de todas las clases sociales y de diferentes aldeas—. La mayoría de ellas había pasado por sus brazos dándole la fama —algo inmerecida— de seductor. Algo de lo que a decir verdad no le gustaba alardear; pues eran ellas las que generalmente daban el primer paso encantadas de la vida con sus anécdotas de batalla, su noble estirpe o su apariencia física. Porque, sí —y muy a su pesar—. Sasuke era bastante consciente de que poseía —además de un rostro bello— un cuerpo sano y fuerte para la lucha —y para otro tipo de cuestiones que no incluían golpes, armas y minuciosas estrategias bélicas, sino besos ardorosos, caricias rudas y movimientos cadenciosos—. Sabía que era pretencioso e inclusive arrogante, pero su situación no se sentía muy distinta a como cuando las abejas buscan desesperadamente el néctar en las flores. Y él era el puto néctar.
Esa esclava sería una abeja más, sin excepción.
Recordó el momento en el que la aludida se presentó ante él —y ante todos— en la tribu. La teoría de que fuera una esclava de Orochimaru quedaba muy bien respaldada por la manera tan exquisita en la que bailaba la chica. Quizá era participante activa de las ceremonias y danzas que se celebraban en honor a la serpiente. Esa joven, con su hermosa cara y sus vivaces movimientos cargados de fuerza y pasión, había conseguido despertar —en cierto modo— su interés. Consiente era de que no fue el único en prestarle más atención de la normal, pues varios de los hombres —por no decir la gran mayoría— la miraron con embeleso y unos tantos más con evidente deseo. Las mujeres por su lado la vieron entre sorprendidas y escandalizadas; algunas inclusive con celos y desprecio —sobretodo, cierta pelirroja de nombre Uzumaki Karin—. Pero, hasta cierto punto, las entendía.
Las féminas de Konoha eran demasiado recatadas y quisquillosas en cuanto a sus costumbres y tradiciones. Estaba más que seguro que, a un gran porcentaje de ellas, su recién recibido regalo no les había parecido precisamente encantador. Principalmente por las miradas pervertidas —y pensamientos retorcidos— que la chiquilla provocaba en sus maridos.
Eran opiniones demasiado polarizadas que, a pesar de todo, no le importaban demasiado. Esa esclava pesase a quien le pesase —incluido él—, ahora estaba bajo su merced. Él era el único que tendría que preocuparse por ella a partir de ahora. Y así, con ese pensamiento tan lleno de pragmatismo, Sasuke se dispuso a recorrer el resto del camino.
Cuando llegó a su fastuosa tienda se paró silenciosamente frente a la entrada y corrió las cortinas con una mano, pudiendo comprobar que ahí efectivamente se encontraba la mujer tributo. El pelinegro curveó su boca levemente entrando de lleno en aquella estancia que, por cierto, estaba casi en penumbras. Al notar aquello, juntó un poco de su energía vital —conocida como Chakra— y con un simple chasquido de sus dedos creó una chispa que sirvió para encender el fogón de piedra que se encontraba justo en el centro del lugar, creando sombras imprecisas a su alrededor.
La de pelo rosa estaba de pie dándole la espalda a aquel fuego, sin inmutarse ni un poco ante el despliegue de poder de Sasuke ni ante su presencia. Fue entonces cuando él se preguntó cuánto tiempo llevaba ella ahí parada. El Uchiha mentiría si dijese que su impasible actitud no le intrigó, pero tampoco era para prestarle demasiada atención, por ahora. La pasó de largo, quitándose el tocado de plumas de la cabeza y lo colgó cuidadosamente en uno de los percheros que se encontraban cerca de la cama. Acto seguido, el moreno repasó a la joven lentamente con la mirada, caminando hacia ella hasta que se situó justo frente suyo.
Pudo ver que ella llevaba un vestido más largo y sencillo que el que usó para bailar, pero de igual manera se podían adivinar sus femeninas formas sin ningún problema. Su largo pelo rosa se mostraba ligeramente húmedo —por lo cual algunas hebras se pegaban a su rostro y hombros— inequívoca señal de que acababa de tomar un baño. Finalmente, el Uchiha se detuvo en sus ojos verdes; mostraban altivez y un fuerte carácter… justo como la había descrito su padre.
La joven lo miraba fijamente a los ojos, sin temor o vergüenza alguna.
Sasuke no pudo evitar mostrarse brevemente sorprendido. Ella era la primera persona —aparte de su familia y amigos más cercanos— que no bajaba la vista ante la intensidad de la suya. Ambos se mantuvieron la mirada durante varios segundos, hasta que el azabache decidió hablar:
—Sabrás que tú eres mi regalo por lo cual, de ahora en adelante, deberás someterte a mi voluntad—espetó en tono frío e impersonal.
La muchacha no dijo nada, pero siguió mirándolo con la misma intensidad, sin cambiar ni un poco la dureza de su expresión.
— ¿Tienes un nombre? —cuestionó indiferente. La chica no contestó y el Uchiha frunció el ceño.
—Te hice una pregunta, responde.
Sasuke empezaba a enfadarse, pero su tono permaneció sosegado. Era bien sabido por todos que la paciencia no era su mayor virtud, pero esa mujer obviamente no lo sabía por lo cual le daría una pequeña oportunidad para cambiar su actitud para con él. Tampoco podía permitirle tal muestra de altanería. Así pues —y ante el hermético silencio de la de ojos verdes—, comenzó a caminar a su alrededor de manera lenta, analizando con reserva todos y cada uno de sus rasgos. Ante aquella inspección la de pelo rosa se mantuvo firme, con una perfecta postura y la cabeza levantada; rebosando orgullo, sin bajar la mirada, con el temperamento completamente tranquilo.
— ¿Eres muda o sorda? —preguntó irritado. Una vez más, ella no respondió y Sasuke terminó bufando exasperado. Inevitablemente su conversación con Naruto llegó a sus pensamientos.
En definitiva el rubio había estado alucinando —a consecuencia de su elevada fiebre—. Lo más probable era que esa chica nunca había abierto la boca para hablar, pero no podía pasar por alto que la aludida tampoco hacia ningún gesto o movimiento con el cual responder. Era muy posible que fuese muda, pero descartó totalmente la sordera al recordar lo dicho por Fugaku; ya que según sus palabras, esa esclava había comprendido a la perfección todo lo que respectaba a sus deberes y obligaciones. Lo que, por lógica, le llevaba a deducir que ella lo estaba ignorando de la forma más intencional y premeditada posible. Inaudito.
Un suspiro de cansancio se escapó de los labios del moreno y cesó de dar vueltas alrededor de la joven. Fue entonces que se fijó mejor en el extraño cabello rosa que nacía de su cabeza. Era bastante largo —llegaba a la mitad de sus muslos—, se notaba en perfecto estado, brillante y sedoso a la vez… y ése color. Nunca había visto algo como aquello en toda su vida, de ser así, por supuesto que lo recordaría.
Antes de percatarse de su acción, Sasuke estaba estirando el brazo para comprobar si esa cabellera era tan suave como parecía, pero inesperadamente la muchacha le dio un manotazo impidiendo que llegase a tocarla. La miró, más sorprendido que molesto, y una vez más pudo ver el fuego abrasador arder en esos verdes ojos.
El pelinegro alejó su mano de ella y no pudo hacer otra cosa que mostrar una sonrisa bastante arrogante. Contadas eran las mujeres que se habían atrevido a pararle en sus deseos —generalmente, nerviosas y sonrojadas—, pero esta lo hacía con total determinación y fiereza y eso lo había tomado totalmente desprevenido.
—Eres demasiado orgullosa—masculló molesto, mientras veía como ella regresaba a su posición inicial, ignorándolo casi por completo. Cosa que él no pasó por alto. —Te recuerdo que estás a mi servicio y todo lo que yo desee deberás cumplirlo… sin protestar. —Al ver que ella ni se inmutaba la tomó por el brazo sin delicadeza alguna mirándola duramente. —Si te digo que hables, hablas. Si te pregunto algo, me respondes y si quiero tocarte, lo haré—. Finalizó tajante. Y para que no le quedase ninguna duda, con su mano libre comenzó a recorrer la curvatura de la cadera de la joven, acercándose peligrosamente a la zona ubicada entre sus piernas.
Y fue así como el sonido seco de una fuerte bofetada se escuchó en el lugar.
Con el rostro ladeado y la mejilla enrojecida por el golpe, Sasuke liberó de su agarre a la mujer por acto reflejo. Ella respiraba de manera agitada, mirando su mano levantada y luego a él con una mueca de consternación. La chica había reaccionado de forma instintiva.
La expresión de Sasuke se mostró primeramente sorprendida, pero segundos después fue sustituida por una de total ira.
—Perra—siseó furioso.
Cegado por la rabia, la agarró del antebrazo y la empujó con fiereza contra una de las paredes de la tienda sin compasión alguna. Al impactarse con el duro suelo, Sakura dejó escapar un gemido de dolor apenas perceptible, pero al poco rato se levantó como pudo y miró de manera desafiante a Sasuke… sin decir nada para no variar.
Esto provocó que el ojinegro se enfureciera mucho más, pero de algún modo logró dominarse. ¿Podía ser más testaruda esa mujer?
Él nunca había aplicado castigo físico a ninguna representante del sexo opuesto. Esa chica era la primera y bien merecido se lo tenía por estúpida. Había sobrepasado los límites de su paciencia y no conforme con ello, había tenido el atrevimiento de golpearle —muy duro, por cierto, para ser una mujer—. Pensó entonces, que los dioses tenían un sentido del humor demasiado agrio. Él esperaba una esclava sumisa y obediente, pero se había encontrado con algo abismalmente distinto.
No podía devolverla y mucho menos botarla de su casa. Su orgullo —como hombre y guerrero— estaba de por medio. Si la echaba esa noche, no solo decepcionaría a su padre, sino que también tendría que soportar que su virilidad fuese cuestionada. De solo imaginarlo, prefirió ahorrarse semejante humillación.
Ya un poco más calmado, avanzó hacia su lecho de finas telas y pieles; tomando una de las mantas que se encontraban ahí para arrojársela a la chica con evidente brusquedad. Ella vio la prenda y luego a él algo incrédula por su repentino cambio de actitud y su acción.
—Entenderás que no tengo el más mínimo interés de compartir mi cama contigo—dijo fríamente observándola desde su sitio. —No voy a permitir ni el más pequeño atisbo de rebeldía. Mi padre, el gran jefe de esta aldea, ya te lo habrá dicho—masculló en el mismo tono gélido—. Se te tratará bien mientras acates las normas y seas leal a los Uchiha y a Konoha, pero si no lo haces… no seremos piadosos y lo sabes. —Le dedicó una media sonrisa bastante prepotente. —Tu libertad y tu vida nos pertenecen… a mí más que a nadie. Así que, compórtate, o te atienes a las consecuencias—concluyó arrogante.
En ése momento las pupilas de la joven se oscurecieron con ira y su entrecejo se frunció más que antes, pero aun así siguió sin hablar. Tras varios segundos de sostenerle la mirada con desafío, ella bajó levemente su mirada, volviendo su expresión a la normalidad y asintió de forma casi imperceptible. Ante aquel logro el ego de Sasuke se infló más que nunca.
Luego de ello el moreno apagó el fuego que los alumbraba, quedándose de nuevo en total obscuridad.
—Solo espero que no hagas algo mortalmente estúpido como intentar escapar. —Finalizó en tono frío, recostándose en su cómoda cama, dándole la espalda a la muchacha y más que dispuesto a dormir.
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❖ ◦ ❁ ◦ O ◦ ❁ ◦ ❖ ◦
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Un breve suspiro se escapó de sus sonrosados labios mientras se frotaba los antebrazos para darles un poco de calor.
Ya era de madrugada —alrededor de las tres—. Sakura lo sabía porque llevaba más o menos dos horas fingiéndose dormida en aquel frío rincón en el cual, su nuevo amo, había decidido botarla como si fuese una cosa totalmente inútil e inservible a sus ojos.
Ella era consciente de que no debió golpearlo, pero él era tan arrogante, terco y atrevido que no le quedó más remedio que ponerle un límite y de paso defenderse de su agravio. No quería que ningún hombre la tocara jamás.
Con el manotazo le había enviado una clara advertencia de que no se le acercara, sin embargo, a él poco le importó y sufrió las consecuencias de sus actos. Por ése lado no se disculparía aunque ella tuviese parte de la culpa; y lo decía así porque sabía que, la principal causa de todos sus males y desgracias, había sido siempre su explosivo carácter y voluntad casi indomable.
Sus primeros años con Orochimaru eran un claro ejemplo de eso; pues la habían castigado tantas veces —a causa de su rebeldía e insubordinación— que todos los árboles del bosque no alcanzaban para contabilizar todos y cada uno de los correctivos. Poco importaba si eran agresiones físicas o psicológicas, o si la dejaban sin comer durante días —inclusive a veces eran ambas— ella nunca dejaba de retar y desafiar a Orochimaru, importándole poco si perdía la vida en el proceso. Después de todo, ¿para qué quería una libertad a medias?
Orochimaru la mantuvo con vida por dos razones en específico: Una era su belleza, la otra —y la más importante— sus preciados dones.
Sabía que sin esas "bendiciones" —que a ella siempre le habían parecido todo lo contrario— a su antiguo amo seguro no le habría importado en absoluto acabar con ella de la forma más sádica posible, después de todo, había descubierto de una manera muy cruel todos y cada uno de sus alcances.
Por eso, desde el momento en el que la anciana Koharu descubrió que no estaba mancillada, tomó la firme decisión de luchar por un futuro mejor… aunque eso significase pagar un alto precio.
Si Konohagakure —o cualquier otra aldea— descubría la clase de secretos que albergaba en su cuerpo, con seguridad, usarían estos para sus propios fines egoístas. Y ella ya no deseaba más ríos de sangre en su consciencia.
Con ése pensamiento se levantó sin hacer ruido, avanzando hacia el estante de armas que se encontraba un par de metros a su izquierda, cuidando que sus silentes pisadas no fuesen escuchadas.
Al llegar ahí, debido a la oscuridad que la rodeaba —dificultando mucho su visión—, tomó lo primero que distinguió, siendo esto, un afilado y largo cuchillo de presunto color negro. Luego de completar su acción, caminó sigilosamente hacia el lecho de Sasuke, con el arma punzocortante en la mano e intenciones más que obvias.
El moreno se encontraba en la misma posición con la que se había acostado; dándole la espalda por completo.
Se detuvo a su lado, a la espera de un movimiento o algo que le indicara que no estaba profundamente dormido, pero no ocurrió nada. La respiración suave y acompasada del pelinegro, así como su tranquila expresión —pudo verla por uno que otro rayo de luna que se colaba en la tienda—, se encargaron de hacerle saber que aquel hombre estaba, irónicamente, a su merced.
Sus brillantes ojos verde jade repasaron con solemnidad el cuerpo inmóvil de la persona que descansaba en aquella cama y fue entonces que, una mueca parecida a una sonrisa, se formó de a poco en el rostro de finas facciones de Sakura.
A pesar de su fuerte complexión, imponente estatura y edad —no más de veintitrés años—; el orgulloso Uchiha Sasuke parecía un inocente infante cuando dormía. Ajeno a todos los males de ése mundo… sin preocupaciones ni dolor.
Ahuyentó sus banales pensamientos componiendo enseguida una fría expresión, mientras empuñaba decidida el filoso cuchillo de negra obsidiana. Él debía morir esa noche, se prometió.
Tenía dos opciones: Una era cortar su yugular. Se desangraría rápidamente por la falta de sangre y oxígeno en su cerebro, entonces se desmayaría y moriría sin dolor. La otra consistía en atacar algún órgano vital, pero irremediablemente él gritaría y su muerte seria terriblemente lenta y dolorosa, además a ella no le daría tiempo de escapar de la aldea y los guerreros centinelas la cazarían hasta darle una bien merecida muerte.
El primer plan era el más viable sin duda, pero la indecisión tocó su corazón al reparar en la magnitud de lo que estaba a punto de hacer, ¿sus deseos de libertad valían la vida de un hombre?
Una parte de ella —la más fuerte, impulsiva y ardorosa— le decía que, la libertad, estaba reservada para aquellos que tenían la suficiente valentía para decidir el rumbo que tomaría su vida. La otra —débil y medio ahogada tras un clamor de vehemente dolor— le hacía ver que, en ése lugar, viviría a salvo por el resto de sus días y que con Sasuke Uchiha vigilándole la espalda ella se sentiría, por primera vez, totalmente segura.
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❖ ◦ ❁ ◦ Continuará ◦ ❁ ◦ ❖ ◦
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Capítulo cuatro finalizado.
¿Cumple con sus expectativas?
Yo espero que sí. :3
Como pudieron leer, las cosas se pusieron bastante tensas entre los dos.
Sasuke es orgulloso y terco, Sakura también, por lo que sus personalidades chocan al grado de no estar contentos el uno con el otro.
Ya se va revelando un poco el pasado y las habilidades de Sakura, pero aún sigue siendo un misterio que tipo de dones poseía la chica como para despertar el interés de Orochimaru.
Y la última escena…
¿Ustedes qué creen que haga Sakura?
Matará a Sasuke y se irá, o se quedará en Konoha, a pesar de no tener libertad y estar en constante alerta por si alguien descubre "los secretos que posee su cuerpo".
Ojalá les haya gustado el capítulo. ¡Muchas gracias por leer! ;)
¿Merece un review?
Hasta la próxima, espero que sea el martes.
Nos leemos luego.
Atte: Fleur du Desert/ Desert Rose
PD. En un momento edito para responder los reviews anónimos.
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◦ ❖ ◦ ❁ ◦ El rincón de la sabiduría de Rose ◦ ❁ ◦ ❖ ◦
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Calumet o pipa de la paz:
El término calumet —cuyo significado es "caña", lo cual atiende a un origen etimológico claramente descriptivo—, es de origen francés, y fue dado por los europeos para definir aquellas pipas sagradas que fumaban los pueblos indígenas de América del Norte.
Su empleo era costumbre en las reuniones del consejo tribal y en las ceremonias de hermanamiento, símbolo de un lazo de amistad entre diferentes personas, basado en una adopción figurativa, una confraternización en paz entre pueblos e individuos. La ceremonia se iniciaba, en la mayor parte de los casos, con la actuación del anfitrión, quien lanzaba bocanadas de humo hacia el cielo, a los cuatro vientos y, por último, a la tierra, invocando así tanto al mundo divino como al humano, para dejar luego la pipa pasara entre sus congéneres.
Al pasarse la pipa sellaban el acuerdo de no agresión. Pensaban que su espíritu se fusionaba con el de los demás a través del humo del tabaco, creando así una hermandad. Los rituales para fumar la pipa de la paz casi siempre eran idénticos. El chamán del pueblo anfitrión se recluía en su tienda y allí seleccionaba las hojas de un tabaco perteneciente a la especie Nicotiana Rústica (único que se encontraba en estado silvestre en la región).
Obsidiana:
Mineral volcánico vítreo y compacto de color negro o verde muy oscuro, que antiguamente utilizaban los amerindios en la fabricación de espejos, armas cortantes y flechas.
A veces confundida con los cuarzos ahumados muy oscuros, la obsidiana no es en realidad un cristal, sino un fedelpasto silícico de aluminio anhidro, vitrificado por la acción de fenómenos volcánicos, bajo condiciones de alta presión y temperatura.
Se trata en definitiva, de una roca eruptiva, cuyo color negro, de brillo vítreo una vez pulida, es, junto con el azabache, uno de los más profundos entre todos los conocidos en la naturaleza.
—Fecha de re-edición: 26/03/2016, 11:44 p.m.
