Capítulo III.

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Eran las seis y veinte minutos de la tarde. Ya había oscurecido a esa hora, la parte de la ciudad en la que vivían siempre estaba en continuo movimiento, las luces de todos los locales estaban encendidas y todas las calles iluminados. La concurrencia de carros era infinita y el ruido de los desesperados vehículos que no dejaban de tocar el claxón le había valido un dolor de cabeza desde que venía escuchando todo el exterior en el bus. La noche estaba fría y buscó calor frotando sus manos antes de introducir su llave en la cerradura y abrir la puerta de su casa. Al entrar el ambiente cálido la envolvió.

—Qué exhaustivo día el de hoy, Anko. —Dijo una mujer de cabello negro entrando a su casa con un rostro cansino, dejando su bolso y abrigo en el perchero luego de cerrar la puerta.

—¡Hola, Kurenai! —Saludó la mujer desde la sala de estar, estaba sentada en un sofá, viendo dibujos animados con su hija con una frazada envolviéndolas.

—¡Hola, tía! —Saludó alegremente la pequeña separando su vista del televisor por un breve momento para luego volver a ello.

—Qué linda escena —Mencionó Kurenai recargándose lateralmente a la pared a la entrada de la habitación, se refería al hecho de verlas sentadas juntas mirando la televisión mientras Anko abrazaba posesivamente a su pequeña hija.

—¿Quieres ver televisión con nosotras? —Preguntó la peli purpura.

—Bueno, vengo muerta —dijo la mujer mientras se sentaba en el sofá junto a la Mitarashi.— Hoy no fue mi mejor día.

—¿Por qué? —Preguntó poniéndole total atención a su amiga mientras acariciaba el cabello de su pequeña.

—Hoy vinieron muchos clientes y estuve muy ocupada, no puede descansar ni un poco. Se derramaron tres sodas en el suelo que tuve que limpiar, el inspector llegó y dijo que me faltaba "gracia" al tratar con los clientes. Y para colmo un hombre llegó a almorzar y no dejó de insinuarme todo el tiempo, espero que mañana no se aparezca por ahí.

Rió con su característico tono de burla —Y al menos, ¿el hombre ese era guapo?

—¡Anko! —Dijo golpeándola con una almohada del cómodo sofá.

—¿Qué? Es una pregunta perfectamente natural. —Respondió en el mismo tono de voz, haciéndose la ofendida.

—Pues… sí, era lindo. —Respondió en un murmullo.

—Ajam… —dejó salir pícaramente la ojicafé— ¿Te dijo su nombre?

—Sí… Y por culpa de Kasumi él sabe el mío —Respondió recordando su patética escena con el nombre "Sakura".

—¿Ah sí? ¿Por qué lo dices? —Preguntó curiosa.

—Pues, es sencillo. Le dije que me llamaba Sakura pero Kasumi me delató al instante. Ni siquiera me dejó disfrutar mi mentira.

—¿Sakura? —se carcajeó aún más— ¿No se te pudo ocurrir algo un poco mejor? —Dijo entre risas la mujer.

—Oh, cállate, Anko. Bastante malo fue mi día como para que lo empeores. —Dijo golpeándola de nuevo con la almohada.

—Vale, vale. En cambio yo mañana tengo la entrevista para el trabajo. El formulario que rellené parecía no tener fin. Espero que en la entrevista no me hagan tantas preguntas.

—¿A qué hora regresas?

—No me dijeron como cuánto tiempo duraría, tengo que estar ahí a las ocho. Aún así creo que es mejor decirle mañana a la señora de la siguiente calle que cuide de Krixfa, para no atrasarte con lo del restaurante. Parece amigable, tengo entendido que recién trabaja como niñera. —A ninguna de las dos les agradaba la idea de dejar a la niña con un desconocido, pero necesitaban hacerlo.

—Es lo mejor, creo que la llamaré ya.

Kurenai se levantó y fue a buscar el número de la niñera que les había dejado días atrás en un papel de propaganda, Anko volvió a ver a su hija sólo para darse cuenta que la pequeña ya estaba dormida. La tomó en brazos y la llevó a su pequeña cama para luego tirarse ella misma sobre su propio lecho, mirando un punto indefinido en el techo. —Pese a que yo consiguiera ese empleo, aún me queda una gran preocupación de la que me debo encargar… ¿Qué le diré a Kakashi cuando lo encuentre?

E inmersa en esos pensamientos de posibles respuestas y diversas reacciones fue que poco a poco la mujer fue cayendo en los brazos de Morfeo, dejando en un lugar de su mente los pensamientos de las palabras que utilizaría cuando viera al empresario.

∷-.K-A.-∷

El sol había aparecido por el este como todas las mañanas, había amanecido soleado y con el cielo completamente despejado, pintaba que sería un buen día. Lamentablemente para la pelipúrpura las horas pasaron tan rápido que a las siete y cinco ya estaba presionada de tiempo. Y particularmente esa mañana, estaba más alterada y corriendo por toda la casa terminando de arreglarse.

—¡Anko! ¡Apresúrate, ya se te hizo tarde! —Le gritaba Kurenai entrando a la habitación que ambas compartían, la cama de la Mitarashi estaba deshecha así que la ayudó con ese pequeño detalle.

—Ya sé, ya sé, Kurenai. ¡No me estreses! Es lo último que me falta. —Decía la Mitarashi haciéndose rápidamente su tan acostumbrada coleta —¿Por qué me tenían que citar tan temprano? —Se quejaba mientras veía el reloj. Si quería llegar temprano tenía que estar en la parada del bus a las siete y quince minutos.

—Ya deja de quejarte y ven a desayunar con tú hija —dijo la pelinegra saliendo de la habitación y dirigiéndose a la cocina.

—Sí, sí. Ya voy —dijo maquillándose un poco los ojos.

Kurenai estaba sirviendo en la mesa un sencillo desayuno para cada una de las mujeres presentes en la casa. Krixfa comenzó a comer y luego llegó presurosa Anko a prácticamente devorarse la comida. —Gracias, Kurenai, estaba delicioso. —Dijo mientras se ponía en pie y corría al baño para lavarse los dientes.

La de cabello negro suspiró y continuó con su comida mientras le exclamaba a la pequeña— Oh, Krixfa, tu mami siempre anda apurada.

La niña solo rió, al parecer encontraba muy divertido que su madre corriera y gritara por toda la casa que llegaría desastrosamente tarde.

—Adiós, Kure. Adiós, mi amor —se despidió la mujer dándole un beso a cada una, dejando un poco de labial en la frente de su hija— Kure, ¿entonces Tsuki se quedará con Krixfa? —Le preguntó tomando rápidamente su bolso.

—Sí, Anko, ayer me dijo que la llevara antes de irme a trabajar. ¡Suerte en la entrevista!

—Gracias, igual a ti en el trabajo, y Krixfa pórtate bien con la Sra. Tsuki. ¡Adiós! —Lo último que se escuchó fue el portazo que dio la Mitarashi al salir.

∷-.K-A.-∷

—¡Buenos días, mi vida! —Saludó coqueto Sarutobi a la recepcionista.

—Mi amor, en la noche a las ocho en el estacionamiento —imitó la voz de Asuma mientras este abría los ojos de par en par—. A las nueve me fui para mi casa.

—Perdón, cariño, es que ayer se me presentaron unos problemas de trabajo y no pude llegar… —Intentó excusarse.

—¿Ah sí? ¿Cuáles? —Interrogó con el ceño fruncido y mirándole a los ojos.

—Cosas con un contrato de Suna S.A, no entenderías… Intenté llamarte para avisar, pero mi celular se quedó sin carga. —Se excusó el pelinegro con una gran mentira— ¿Cómo se me pudo olvidar? Sólo estuve en casa mirando televisión, ni siquiera me acordé de ella. —Se cuestionaba mentalmente.

—Me robaron el celular hace tres días, jefe. Ni siquiera me hubiera podido haber llamado —dijo la recepcionista mientras arreglaba unos papeles y con un tono mordas agregó— Mejor siga con su trabajo, yo seguiré con el mío.

—Mi amor, no te pongas así —dijo en un susurro cerca de su oreja con un tono meloso— ¿Qué quieres que haga para compensarlo?

La mujer se apartó de él llena de indignación y molestia— Nada, y ahora déjeme trabajar. Ya llegó Anko Mitarashi, la chica de ayer, estará esperando por su entrevista. —Le dijo mientras veía a la peli púrpura entrar por las grandes puertas del edificio. Según el reloj marcaban a ser las ocho menos cinco. Era puntual.

El empresario no dijo nada, había arruinado las cosas con esa mujer y no valía la pena seguir intentándolo. Igual y ya encontraría a alguien más. La mujer de cabello violeta se acercó hacia ellos con una sonrisa apenas visible, estaba algo nerviosa. Cuando estuvo frente a ellos inhaló un poco y soltó un amigable buenos días, saludando a su ojalá próximo jefe y a la mujer que le había atendido ayer.

Anko vestía moderadamente bien, llevaba unos pantalones negros formales, que le había prestado Kurenai, y una blusa morada que remarcaba muy bien su figura. Los zapatos de tacón morado la hacían ver un poco más alta y su pequeño bolso negro colgaba de su brazo izquierdo. No estaba demasiado informal o formal, pero si dejando ver su belleza con un maquillaje muy natural, nada exagerado. Considerando sus estudios y la descripción del empleo a lo mucho que aspiraría ahí sería algo como asistente de secretariado, pero quería verse bien.

—Buenos días —respondieron ambos al unísono.

—Anko, mi socio aún no llega, es un poco impuntual —dijo maldiciendo al Hatake mentalmente por eso—. Pero agradecería que te quedaras ahí sentada —señaló unos sillones en la recepción— esperando a que te llamemos, ¿vale?

—Vale. —Respondió la mujer yéndose a sentar.

Asuma se despidió con una mirada de disculpa a la recepcionista y se fue a la oficina del Hatake, a esperar que llegara.

∷-.K-A.-∷

Luego de unos cuantos minutos, Hatake Kakashi entró presuroso por las puertas de su edificio. Se le había hecho tarde, como siempre, y por ir tan rápido no vio a la peli púrpura que estaba sentada prácticamente frente a la gran puerta de vidrio. Ella tampoco lo vio a él, estaba muy concentrada pensando en que diría en la entrevista. Ambos eran igual de despistados. A las ocho y diez minutos entró a su oficina.

—Buenos días, Asuma —dijo al ver a su compañero sentado en uno de los sillones cuando entró—. ¿Enviaste el contrato revisado?

—¿Kakashi, dónde rayos te habías metido? —Preguntó más alterado de lo que quería parecer.

—Solo estuve reflexionando ayer, ¿por qué tanto escándalo? —Preguntó— No es la primera vez que me desparezco así un día entre tantos. —Le recordó.

—¿Por qué precisamente ayer? —Preguntó, Asuma, aunque más parecía una pregunta hacia sí mismo. Estiró su brazo y presionó el botón del comunicador que conectaba la línea con la secretaria de Kakashi—. Señorita, deje pasar a la candidata a la oficina del señor Hatake —dijo él, luego soltó el botón y se dirigió con la mirada hacia su amigo—. Kakashi, te dejo solo, no quiero estar en el medio de esta entrevista. Aquí están los papeles de la mujer que quiere el puesto, ayer llegó a llenarlos. —Asuma le dio el fólder y salió de la oficina antes de que Kakashi tuviera tiempo siquiera de abrirlo.

Lo abrió extrañado por la actitud de su amigo apenas la puerta se cerró, el nombre que aparecía arriba del primer papel lo dejó en seco —¿A…nko?

Tocaron la puerta y seguidamente la abrieron —Señor Hatake, aquí está la señorita Mitarashi —dijo Akira mientras Anko pasaba adelante y ella se retiraba dejándolos solos.

—¿Hatake? —Preguntó ella entrando luego de escuchar el apellido del jefe.

—¿Mitarashi? —Preguntó Kakashi, al escuchar el apellido de la candidata y ponerse de pie como signo de educación.

Ambos se vieron a los ojos, ninguno pudo permanecer con la boca cerrada. El tan esperado encuentro había llegado. Ambos tenían cosas que decirse, y las dos tenían a una pequeña de nombre Krixfa como razón principal.

∷-.K-A.-∷

—¿Cómo que turno doble? —Preguntó la mujer a la persona que estaba del otro lado del teléfono.

Sí, Kurenai, hoy viene de nuevo el inspector y nos falta personal en la mañana. Te necesitamos aquí. —Decía el jefe del restauranteTe pagaremos las horas extra.

—Bien —respondió luego de un momento de meditación—. Llego en… aproximadamente cuarenta minutos.

Gracias, te esperamos, Kurenai. —Escuchó al jefe y luego la mujer colgó el teléfono. Se hizo un pequeño masaje en la sien derecha con dos de sus dedos.

—Krixfa, alista tus juguetes rápido, te llevaré antes donde la niñera.

—¿Por qué tía? —Preguntó la pequeña con sus muñecas en mano.

—Porque tengo que irme ya. Apúrate mi amor, que sino llegaré tarde. —Le dijo mientras se comenzaba a maquillar frente al espejo de la sala de estar.

—Bueno, tía. —Dijo la niña con un pequeño puchero, ese comentario había interrumpido su tan interesante charla con las muñecas. La pequeña corrió a guardar sus juguetes en una mochila.

Kurenai se alisto rápidamente, tomó su delantal de uniforme en mano y llamó a la señora Tsuki para decirle que la dejaría un poco antes de lo acordado. Sin mucha explicación y en pocos minutos las dos mujeres salieron del apartamento, Kurenai dejo a Krixfa con Tsuki, y luego se fue corriendo, de nuevo, a su trabajo.

∷-.K-A.-∷

Me pareció que ese restaurante también servía desayunos. —Se hablaba a si mismo, Asuma, mientras manejaba su carro— Tal vez esa mujer de ojos rojos también trabaje en la mañana. —Seguía sumiso en sus pensamientos mientras doblaba a la derecha, pero no se dio cuenta que una mujer iba corriendo por la calle y casi la atropella.

—Maldición, me dejó el bus. —Murmuraba de mala gana la mujer, mientras veía al camión que la llevaría más rápido a su empleo irse de la parada.

—¿Kurenai? —Preguntó Asuma saliendo de su carro.

—Genial —farfulló la mujer mirando al hombre de ayer, para luego seguir caminando.

—Hey, ¡espera! Casi te atropello, deberías tener más cuidado cuando corres por las calles. —Le dijo el hombre alcanzando su paso.

—Gracias por el recordatorio —dijo caminando un poco más rápido, Asuma también caminó más rápido—. Pero voy tarde para el trabajo y le agradecería que dejara de seguirme.

—Yo también voy para el restaurante —dijo con una sonrisa— Si quieres te puedo llevar.

—No, gracias —respondió seca mientras seguía caminando por, esta vez, la acera.

Asuma corrió hasta su vehículo y se subió para alcanzar a la mujer, cuando estuvo a su paso desaceleró un poco apenas moviendo su carro, siguiéndola— ¿Estás segura? —Preguntó después de abrir la ventana del copiloto para que ella le escuchara— No pierdes nada, vamos para el mismo lugar… Y me encantaría un poco de compañía en el camino.

La mujer lo miró a los ojos con el rostro un poco más relajado— De verdad es insistente —Pensó y analizó las opciones. Estaba dispuesta a saltar del carro en movimiento si era necesario y llegar muy temprano le haría ganar puntos con el jefe.— Bien, ¿por qué no? —Dijo regalándole una pequeña sonrisa de medio lado a Asuma. Este solo abrió la puerta de su coche dejándola subir a su Volvo C30, bastante grande y espacioso, de color rojo. —Pero al momento que intentes algo gracioso, te arrepentirás. —El hombre solo sonrió y arrancó su automóvil a la velocidad normal.

∷-.K-A.-∷

La pequeña niña estaba jugando de nuevo con sus muñecas en la casa de la señora Tsuki. La había dejado en la sala y ella comenzó a jugar diciéndoles a sus muñecas que estaban en un hotel.

—Esta niña es perfecta, creeme. —Decía la anciana por el auricular de su teléfono.

¿Estás segura, Chiyo? Recuerda que esta es tu última oportunidad. —Le respondía una voz ronca y misteriosa.

—Completamente. Puedo llevártela cuando quieras, nadie se dará cuenta en un par de horas.

—¿Cómo es su familia?

—Es pobre. Son dos mujeres y la pequeña, en un apartamento cerca de aquí. Siempre hay alguien en casa, pero justamente hoy ambas salieron y la dejaron a mi cuido.

Entonces esta podría ser una oportunidad que no tiene muchas probabilidades de repetirse.

—No… Esta es la oportunidad perfecta, por eso te llamé.

Bien, voy de camino. Distráela un rato, tal vez veinte minutos, luego has que se duerma, no me importa la manera que uses.

La anciana rió en voz baja —Entendido.

—Y, sé discreta.

Después la mujer colgó el teléfono. —Pequeña, tú me salvarás de quedarme sin empleo —Pensó con una sonrisa.

∷-.K-A.-∷

El ambiente era tenso. Desde que la mujer entró y sus miradas se encontraron ambos habían permanecido de pie sin decir palabra por un largo rato. Anko tragó profundo, alguien allá arriba se estaba divirtiendo mucho de verla en aquella situación. Kakashi en cambió estaba atónito, parecía un regalo del cielo el hecho de que ella sólo apareciera en su oficina. Las vueltas que daba la vida eran realmente extrañas, cuando pudo articular palabra comenzó la conversación.

—¿Anko? ¿En realidad eres tú? —Preguntó el empresario.

—Kakashi…

—Anko, tengo que hablar contigo. —Le interrumpió acercándose a ella hasta tomarle los hombros. Tenía duda en sus ojos.

—Y yo contigo Kakashi… —Le respondía la, aún atónita, mujer.

—Tú primero. —Le dijo Kakashi acercándose más a ella y sin despejar de su rostro la mirada de curiosidad, confusión y ansiedad mezcladas.

—No, mejor tú —Le respondió entrando en sí de nuevo. ¿Por qué querría él hablar con ella?

—Anko, no es la primera vez que te veo… —dudó antes de proseguir— U-uno… uno de estos días te vi en el parque. Estabas con una niña. —Dijo Kakashi con dificultad al pronunciar las palabras.

Anko tragó seco. Las había visto, ya habría de haberse dado cuenta. —Su nombre es… Krixfa, Krixfa Mitarashi.

—A mí me parece que algo más correcto sería Krixfa Hatake Mitarashi, Anko. ¿O me equivoco? —El corazón lo sentía en la garganta esperando la respuesta.

Anko bufó. Luego volteó el rostro y comenzó a luchar para que las lágrimas no abandonaran sus ojos y recorrieran sus mejillas. Cuando el dijo el nombre de su hija de esa manera algo dentro de ella se rompió.

—Anko, tú… ¿Me diste una hija?

No lo soportó. Anko comenzó a llorar, a sollozar levemente. —Perdóname.

Kakashi como acto reflejo la abrazó —Tranquila —dijo sintiendo como Anko se comenzaba a tranquilizar en su pecho. Él se separó un poco de ella y le pidió a Akira dos vasos con agua y una aspirina, ésta lo trajo enseguida y de nuevo los dejó solos.

Kakashi hizo que Anko se sentará en un sillón y él se sentó en uno que estaba enfrente de ella, separados por una pequeña mesa de cristal. Él comenzó a fijar su vista en ella intentando descifrar sus pensamientos sin éxito alguno. Le dio un vaso a ella y con el otro se ayudó a pasar la aspirina por su garganta, su cabeza le comenzaba a doler.

—Kakashi —habló la mujer luego de terminar su vaso de agua, de manera firme y sin titubear— Krixfa sí es tu hija.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

—No creí que te interesara. —Le respondió seca, sin dejar de mirarlo.

—Soy padre hace años, y no tenía noción de ello. ¿Cómo crees que me siento recién descubriéndolo? ¿Hace cuánto soy padre?

—Ella nació el jueves veintinueve de mayo del 2003. Tiene seis años. —Le dijo— Perdón por haberlo ocultado tanto tiempo.

—No te disculpes, habrás de tener tus razones… —dijo con algo de dolor. Estaban en el 2009, demasiado tiempo—. Si no me las quieres explicar no te obligaré, pero quiero verla.

—No, Kakashi, yo te las quiero explicar. —Ella se había dicho que cuando el momento llegara tendría que explicarle todo a Kakashi, tal vez así la entendería— ¿Qué hubieras hecho si una modelo te llega diciendo que está embarazada de ti?

—Algo es seguro, no la ignoraría.

—¿Estás seguro? —Le preguntó con seriedad.

Kakashi dudó un poco antes de responder —Sí…


Sé que después de durar mis siglos actualizando no merezco dejarlos ahí con ese suspenso. Pero para que la historia lleve los capítulos que quiero debe ser así u.u.

¡Muchas gracias por sus alertas, reviews y favoritos! Esto me hace querer darles una historia muy buena, por eso me dedico tanto en cada capítulo.