Derechos: No son míos.
Tu arrogancia y mi poca paciencia IV
El día siguiente, también amanecía nublado y una densa niebla se apacentaba sobre el suelo del bosque. La humedad calaba en sus huesos, pero eso no le impedía acompañar a Henry hasta Grannys, como casi todas las mañanas, y mientras sujetaba a su hijo con un brazo por encima del hombro, reían acerca de algo que le había contado el chico.
-Bueno, ahora en serio, mamá…- Dijo Henry de repente tornándose más serio.- ¿Vas a contarme como te hiciste eso?.- Preguntó señalando a su frente y a la herida que Regina no se había molestado en curar con su magia. Quería que fuese un aviso, que le recordara a su alumna que la magia era un poder que debía ser controlado, calculado y medido. No era solo un impulso.
-Solo fue un percance durante las clases.- Contestó Regina con una sonrisa dulce, tranquilizándolo.
- Fue Má, ¿verdad?.- Preguntó Henry mirándola con incredulidad.
- No… Henry…
- Mamá, no la cubras, sé que fue ella. Ayer cuando llegó era un fantasma. Ni siquiera se rio cuando le conté la misma historia que te acabo de contar a ti… Se fue a la cama sin cenar, ¿sabes lo raro que es eso?.- Preguntó Henry divertido, para quitar hierro al asunto. Él sabía que las clases de magia podían ser peligrosas. Regina se rio pero estaba contrariada.
- Fue sin querer, Henry. – El chico la miró incrédulo.- Estas cosas son muy normales, pero te prometo que hoy tendremos más cuidado.
- ¿Hoy?.- Preguntó Henry con el ceño fruncido, mientras apartaba el taburete para sentarse en la barra. – Lo dudo, Má dijo que había tenido suficiente por esta semana y que quería pasar más tiempo con Killian.
-¿Cómo?.- Regina tensó los músculos de la mandíbula. – Podría avisar por lo menos.- Gruñó muy molesta.
Regina no tuvo tiempo de indagar más, porque la puerta de la cafetería se abrió, dejando paso al matrimonio Charming y al pequeño Nel con ellos. Regina les saludó sin demasiado entusiasmo y al mismo tiempo esperando de alguna manera ver a Emma tras ello, pero no fue así.
David no tardó en dirigirse a una de las mesas libres con el carrito de Nel, mientras Mary Margaret se posicionaba junto a Regina.
-Henry, ¿por qué no vas a sentarte con David?.- Preguntó Mary Margaret con una dulce sonrisa.
Henry, que era bastante avispado, ya se había dado cuenta de que sobraba y no dudó en hacer lo que su abuela le pedía.
Regina se quedó a la espera, siguiendo con la vista a su hijo, cargado con su cacao. Mary Margaret se sentó en el taburete de al lado y le sonrió amablemente, siempre con esa cortesía que la caracterizaba.
-Regina, ¿ha pasado algo?.- Al ver el gesto confundido de Regina se precipitó a explicarse. -Emma llegó a noche un tanto extraña y acabo de ver que estás herida… Por favor, dime que no fue ella.
Regina le esquivó la mirada y mantuvo silencio, respondiendo así a su pregunta.
-Pero… ¿qué pasó?.- Interrogó preocupada.
- Tranquila… fue sin querer, solo tiene que aprender a controlar su magia. No podemos permitir que vuelva a pasar lo de la otra vez. Hirió a Henry.- Mary Margaret se removió incomoda recordándolo, pues tanto a ella como a David les había parecido bien que Emma perdiera sus poderes. – Sé que fue involuntario y sé que lo conseguirá. Todavía es pronto y su magia es demasiado poderosa. – Aclaró Regina tomando seguidamente un sorbo de su café.
- Ella se siente fatal, la he oído llorar esta noche Regina… no digas que te lo he dicho y no seas demasiado dura.- Regina frunció el ceño disgustada por la intromisión.
-Tranquila, yo sí sé guardar un secreto.- Masculló con altivez.
Mary Margaret torció el gesto hastiada de aquel antiguo reproche. Se incorporó y le sonrió no obstante, tranquila.
-Por eso confío plenamente en ti.- Le respondió segura.
Las palabras de Mary Margaret le habían pillado con la guardia baja. Se regodeó con aquella confesión, pues significaba mucho que volviesen a confiar en ella, mientras en silencio veía como Mary Margaret se dirigía a la mesa. La pelicorta se volvió para mirarla antes de sentarse.
-¿Te sientas con nosotros, no?.- Le preguntó con una sonrisa natural. Regina solo pudo asentir tímida.
Continuará…
