Cerca del pueblo estaba el castillo del rey, un rey amable y bondadoso con sus súbditos pero sádico, desagradable, amargado y despiadado con los que se oponían a sus decisiones, es decir, con sus vecinos, su reina y aquellos que simplemente no eran parte de su reino.
Algunos relatos cuentan que asesino a su hijo, por miedo de que este saliera desobediente. Contaban algunos que vivían bajo el mismo techo que el rey, que su esposa más de una vez tuvo que ir a ver al médico real, que fácilmente quedaba inconsciente por oponerse a su amor.
Sus majestades de reinos cercanos u otros desafortunados que hayan llegado a conocerlo que más de una vez había sido él el causante de guerras entre otros reinos sólo para proporcionar alimento y armamento.
En definitiva se podía describir a aquel allegado como el fruto de la crueldad de ver a su pueblo sufrir por los años, un carácter formado por ver como desconocidos morían para que el viviera, como velaban por él y a la vez no, mano de hierro, corazón de acero mente como roca para poder llevar a todos aquellos a los que vio sufrir como el al mejor resultado posible sin pensar en que le hacía lo mismo a otros.
Aun así existía un soberano que sabía cómo tratar con el rey y que su reino no saliera herido por ello; la reina Agustina III. La mano derecha del rey Iban, quien era capaz de calmar los enojos de este sin mucho esfuerzo.

¿Qué clase de rey tirano tenemos? Los claros ojos rebosaban de furia ardiente amenazando con cometer algún accidente si no dejaban de observar lo que su amigo le enviaba a través de manuscritos sobre la verdad del pueblo y como opinaban los vecinos a cerca de su soberano.

El cielo se regocijaba a la espera de la salida del sol, los aldeanos descansaban tratando de recuperar las energías que en el día perdieron, todos menos 3 jovenzuelos que no conciliaban el sueño.

Itzel y Pedro observaban las estrellas pensando si algún día volverían a ver a aquellos jóvenes provenientes de lejanas tierras que fueron de grata ayuda en el pueblo, 5 de pueblos sumamente lejanas y 3 de tierras mucho menos lejanas.

¿Crees que alguna vez lo volvamos a ver? La castaña había quedado fascinada ante las historias sobre los reinos que estaban tan cerca de ellos, sobre todo un chico en especial que su inmenso optimismo simpatizo de inmediato a la joven muchacha.

Puede que sí, ¿Quién sabe? Nosotros no podemos hacer algo. El otro se había llevado bien con la mayoría, le parecieron historias interesantes la que los extraños les contaron, le gustaría conocer más allá de lo que eran sus tierras pero no podía.

Me gustaría volver a Patrick, me pareció muy simpático. La mirada de su hermano no le agradaba, lo amaba, pero… me se cuidar sola, no es necesaria la mirada.

NUN-CA por más que lo intentara, era su hermano y no podía aceptar la idea de que alguien estuviera con su hermana. Bueno, si podía, pero temía que lo dejara de lado. No por eso dejarían que su felicidad se escapara, los verían de nuevo seguramente, no mañana ni pronto simplemente algún día por ahora trabajarían lo máximo posible hasta que ese día llegue.

Alfred, en cambio, pensaba en esmeraldas. Bellas esmeraldas que consiguió ver hacía ya mucho tiempo atrás, brillantes joyas pertenecientes a un dueño particular que ahora le estaba robando el sueño en un inmenso deseo de verlo nuevamente.

Como las energías no abandonaban su cuerpo decidió salir al bosque, sabía que era idiota y peligroso, pero el deseo era superior a su lógica. Pero como siempre, nada paso, al menos consiguió que el cansancio lo mandara a dormir.

Lejos del pueblo, pero no tan alejado, los esmeraldas que tanto ansiaba el joven Alfred destilaban impaciencia contra un mayor que el, 2 años, que a pesar de la mirada asesina que el rubio le tiraba disfrutaba su bebida sin importarle los posibles planes de asesinato que su hermano estuviese preparando en su cabeza.

Si me sigues mirando se pueden perder tus cosas. Y así Scott se deshacía de los posibles planes de homicidio que podían ser ejecutados en la casa.

No serias capas de robarme. Y tenía razón en eso, pero también sabía que las amenazas de este casi siempre eran cumplidas, por lo que la mejor opción era nunca arriesgarse.

Arthur, ¿vino a verte Dylan? Curioso de la respuesta que podía recibir lanzo la duda que lo trajo a visitar a su hermano.

No, hace ya tiempo que no lo veo ¿por qué preguntas? La pregunta lo preocupo un poco, Dylan se sabía cuidar pero no por eso dejaría de preocuparse por su hermanito. A demás de que solía meterse en discusiones seguido.

No me eh podido comunicar con él por mucho tiempo. Acerca su tasa de té, bebe y deja la tasa en el plato. No merecía saberlo, pero al menos algo bueno como hermano haría.

¿ y yo que tengo que ver? La conversación no estaba yendo a ningún lado, y con cada palabra que soltaba el idiota de su hermano le daba más curiosidad a que punto llegaría todo.

Por las dudas. A demás, creí que como el resto de nuestros hermanos ya están mayorcitos ya te habrías deshecho de los juguetes. No es que no confiara en su hermano, es que era muy tonto con los niños. Su sueño de toda la vida, ver a su hermano el idiota de los niños robando a niños para llevarlos a una isla paradisiaca llena de dulces.

Últimamente… yo… un niño se ha acercado a mi casa, ya debe de haber dejado de ser un niño, pero espero volver a verlo. Y no se equivocaba. Era algo obvio viniendo de él, le recordaba a su madre en ese sentido; solo que desagradable. Pero el otro tampoco era idiota y se había asegurado de que Alfred no lo delatara.

Mientras no te descubran, no me incumbe. Si te descubren no hare ni diré nada a nadie, morirás solo. Eso era todo lo que tenía que hacer en ese lugar, su misión fue cumplida. Termino se té y se retiró lanzando un nos vemos al rubio. Y ahí se quedó el otro, pensando en que haría con Alfred.