Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…
CICATRICES.
Por: NaryMont
Capítulo 4 Shōchū
El humo del cigarro se extendía por toda la oficina, la noche había caído y la mayoría de los oficiales de alto rango hacía tiempo que ya estaban en sus propias casas, sus oficinas en silencio y en penumbras, pero no era el caso de la oficina de Goro Fujita, ahí las luces estaban todavía encendidas y su ocupante leía cada línea de los reportes con firme concentración.
Una última calada al cigarrillo y terminó en el cenicero de cerámica que ya se desbordaba de colillas sobre el escritorio. Para un alguien común el exterior frió y sin emociones del hombre podrían denotar calma y hasta aburrimiento, pero para alguien observador, claramente podía interpretar gracias a aquella mirada inteligente, que muchas cosas bullían en el cerebro del hombre.
Él sabía que algo no cuadraba en esos informes, tenía que descubrir qué era lo que estaba sucediendo. De un año a la fecha los Yakusas más importantes de la región, habían sido asesinados en situaciones por demás extrañas, luego sus organizaciones desaparecían por algún tiempo, para luego volver a aparecer a veces hasta triplicando sus ganancias, todo maquillado perfectamente, todo maquilado para que parecieran negocios legales, lo único que no ocultaban eran las masacres dejadas atrás, eran como advertencias, como amenazas. Alguien estaba haciendo su trabajo de "limpiar" la ciudad de aquellas escorias, pero de una manera poco "legal". Su principal preocupación no era la vida de aquellos delincuentes, que de poder comprobar sus fechorías sólo engrosarían la población de las prisiones, sino el hecho de que presentía que algo se ocultaba detrás de todo ese nuevo orden en el bajo mundo de la delincuencia. Dejó el último de los informes sobre la mesa, encendió otro cigarrillo y decidió que era todo por ese día, su estómago le recordó que en casa la cena ya se debía haber enfriado, su esposa no estaría demasiado contenta cuando llegara.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Había pasado una pésima noche, luego de su llegada no pudo dormir pensando en lo que sucediera en la casa de Makoto Shishio, sobre todo cuando habían estado solos, se preguntaba una y otra vez qué había hecho mal para que él la despreciara de aquella forma. Lo cierto es que lo que más la torturaba era el hecho de haber sentido deseo por primera vez en su vida, algo desconocido hasta ese momento para ella. Aprendió de la manera difícil que despertaba en los hombres ese apetito sexual, pero nunca en ella misma experimentó esa emoción como en aquella ocasión frente al hombre vendado.
Terminó de peinar su cabello y lo atrapó en una coleta sencilla, tenía que bajar a realizar alguno de los quehaceres de esa casa, ese día le tocaba lavar ropa junto con algunas otras de las chicas que compartían la casa, era parte de sus obligaciones diurnas.
Yumi tenía las manos llenas de espuma y tallaba la sábana por segunda vez, mientras que su mente estaba muy lejos de ahí, pensaba en la noche anterior de nuevo, volvía a sentirse tan vulnerable pero a la vez segura de estar ahí, por primera vez en su vida disfrutaba del escrutinio de unos ojos masculinos sobre su cuerpo, a diferencia de otras ocasiones esa mirada la cargaba de un calor desconocido que llenaba todos los poros de su piel. Fue Sakura-chan quien la sacó de sus cavilaciones.
- Buen día, Yumi-san – dijo la chica con una sonrisa en los labios sentándose junto a ella con un gran bulto de ropa lista para lavar también.
- Buen día, Sakura-chan – contestó Yumi con una media sonrisa.
- ¿Estás bien? – preguntó a la mujer que parecía más callada que de costumbre. Aunque al mirar los ojos de su amiga le pareció que aquello que le pasaba no era tan malo, pues esos ojos que siempre parecían carecer de vida, esa mañana, tenían un leve brillo en sus profundidades.
-Sí, sólo algo cansada, no dormí bien anoche – murmuró comenzando a enjuagar la sabana.
-Cierto – musitó – la jovencita imaginando la terrible noche que pasara en la fiesta privada para la que había sido contratada, en el fondo compadecía a Yumi – debió ser horrible.
Yumi la miró sin comprender del todo, luego cayó en cuenta que se refería al hecho de haber estado precisamente en la casa de Makoto Shishio y el de tener que ser "obligada" a entretenerlo.
-Al contrario, me gustó mucho estar ahí – contestó Yumi exprimiendo con fuerza la prenda entre sus manos dejándola lista para tender – pude danzar como hacía mucho tiempo que no lo hacía, me sentí muy bien.
-¿Y después?- le inquirió Sakura con una curiosidad poco común en ella. Siempre era así, nunca contaban "los detalles" de las fiestas o clientes a los que atendían, era una especie de código entre ellas.
-Nada, volvimos aquí – contestó Yumi con medias verdades, se sentía algo turbada todavía por el hecho de ser rechazada por Makoto Shishio.
-Que alivió – suspiró Sakura – es que escuché esta mañana cuando Shiro-San le decía a Yuri-San que volviste a casa sin maquillaje y con el kimono mal puesto.
Yumi guardo silencio mientras distraídamente volvía a lavar la prenda impecable en sus manos.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Hoji todavía estaba algo desconcertado luego de que la noche anterior, Shishio-sama los interrumpiera en plena fiesta e hiciera salir tanto a Soujiro como a él mismo para hablar de todos los temas del mundo de ¡una mujer!, precisamente de la Geisha que él había contratado en una de las casas de placer de la ciudad. El interés de su jefe por aquella mujer estaba más claro que el agua, aunque él tratara de ocultarlo ante sus subordinados, Soujiro había tomado las cosas más relajadamente hasta parecía que con humor y de muy buena gana había aceptado la misión de investigar todo lo referente a Yumi Komagata y presentarle el informe a Shishio-sama lo más pronto posible. Pero él lo veía con otros ojos, no quería que su señor se distrajera con ese tipo de cosas, sobre todo ahora que todos los planes que habían puesto en marcha hacía tiempo funcionaban a la perfección y estaban cada vez más cerca de la meta que una noche de años atrás concibieran. Pero Shishio- sama no parecía entender razones y a Hoji no le quedó más remedio que obedecerle, porque una cosa había aprendido durante los años que llevaba sirviéndolo, cuando el guerrero vendado quería algo no paraba hasta que lo conseguía y si en este caso lo que quería era a esa mujer pues él se la conseguiría a cualquier precio.
El carruaje se detuvo en la calle Hanamikoji del distrito de Gion, frente a una agradable fachada naranja de dos pisos. Hoji descendió del carruaje y con paso firme entró en la casa, en ese lugar residía la Geisha que había impresionado a su señor.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
El hombre enfundado en su impecable uniforme azul marino con una inusual Katana en su cintura entró muy temprano esa mañana a la oficina, todavía tenía que terminar el informe para presentárselo a sus superiores en un par de horas, pero apenas un pie adentro de su espacio y un cigarro pareció materializarse en sus labios, su esperanza era que lo que estaba imaginando no fuera cierto, aunque nunca su instinto le fallaba, deseo que en esta ocasión sí lo hiciera. Bastante tenía con el montón de corruptos que plagaban el naciente gobierno Meiji como para que tuviera que lidiar con su sospecha de un posible golpe de estado. La noche anterior, luego de la ya imaginada pelea con su mujer, mientras se deleitaba con un relajante baño caliente luego de contentarla, comenzó a atar cabos y las palabras organización, terror, contrabando de armas y bajo mundo de Kioto desfilaron en su mente hasta que decidió hablar con el superior de su superior y presentarle los informe que lo habían llevado a su descabellada conclusión.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Una hermosa jovencita terminó de servir el té en la agradable habitación acondicionada para los visitantes de negocios como los llamaba Yuri-San, la muchacha se posicionó a un lado de la puerta. Mientras Hoji bebía la infusión caliente deseando que fuera sake, imaginaba la cara de burla de Shou si llegaba a saber que estuvo perdiendo su valioso tiempo sirviendo de celestina de su jefe.
La puerta se abrió dejando pasar a la dueña de la casa, que sin importar lo temprano o inesperada de su visita lo recibió elegantemente vestida. Luego de los saludos correspondientes pasaron a los "negocios".
- Así que desea contratar a Yumi esta noche también – dijo la mujer dando un pequeñísimo sorbo a su té, sin lograr salir de su asombro, pero ocultándolo a su interlocutor.
-No sólo esta noche, sino toda la semana – aclaró Hoji – su té olvidado sobre la bandeja aquí está la paga por adelantado – dijo extendiendo una pequeña bolsa con varias monedas que sonaron en ella – estoy seguro que la recompensa será justa, es el doble que se pagaría normalmente por sus servicios, por el transporte no habrá problema, un carruaje estará puntual por la señorita Komagata cada noche a las 7:30 – terminó el hombre mirando fijamente a la mujer que con mirada ambiciosa sopesaba la pequeña bolsa en sus manos.
- Espero que Shishio-Sama quede muy complacido – comentó la mujer inclinando exageradamente la cabeza.
-Sólo una condición Yuri-San – aclaró Hoji – Shishio-Sama no desea que en ese tiempo la señorita atienda otros clientes, insistió mucho con eso - recalcó el hombre mientras se inclinaba ligeramente a modo de despedida y salía de aquella casa.
En la cara de Yuri-San se formó una sonrisa, al parecer Yumi no era un mal negocio después de todo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
La katana se movía con una velocidad que rayaba en lo imposible, Makoto Shishio entrenaba como era su costumbre antes de la comida de cada día, lo hacía como el solía decirlo para no oxidarse, pero era cierto que tenía muchos años sin tener una verdadera pelea, una que le hiciera demostrar todas sus técnicas de combate y que lo llenara de esa deseable adrenalina y orgullo de guerrero que alguna vez había sentido. Por mucho tiempo, el entrenar a Soujiro, satisfacía en cierta manera su sangre de guerrero, pero luego que el joven prodigio había dejado de entrenarse con él el aburrimiento a veces pesaba demasiado.
Un par más de giros más con la katana sobre la arena de entrenamiento y finalmente ésta fue a descansar limpia e inmaculada a su funda, ni siquiera la sed de sangre de la espada había podido satisfacerse en el par de meses desde que habían llegado al centro de Kioto, ni siquiera los Yakusas habían puesto resistencia a sus "negociaciones", la fama que en el bajo mundo había adquirido su organización ya estaba siendo bastante conocida.
- ¿Dejaste el asunto arreglado Hoji? – preguntó Shihsio sin voltear a la puerta, donde hacía unos momentos el susodicho había entrado buscando a su jefe y había visto sus últimos movimientos con la espada, creyendo ingenuamente que no había sido detectado.
-E-este, sí, - respondió algo nervioso, sabía cuánto odiaba él que lo vieran al momento de entrenar -Ella vendrá esta noche a la hora acordada.
El hombre vendado pareció muy satisfecho con su respuesta ya que ni siquiera recordó el regañarlo por estar ahí en el momento de su entrenamiento.
- Estoy aquí para informarle que el médico ya está esperándolo – dijo inclinando la cabeza cuando Shishio se enfiló a la puerta.
- Bien – respondió secamente. Hoji sabía lo que odiaba Makoto Shishio a todos los doctores del Japón, caminó tras de su jefe tragando saliva, luego de la visita del médico iba a andar con humor de los mil diablos.
La revisión con el doctor había terminado. El diagnóstico el mismo de siempre: cuidar mucho su piel, lubricarla al menos una vez al día, cambiar las vendas y evitar demasiada actividad física para no aumentar de manera abrupta su calor corporal, no sudaba y por eso no podía regular su temperatura. Noticia vieja. Todos los doctores decían la misma perorata. Se quedó solo mientras Hoji despedía al médico. Se acercó al escritorio, ahí, junto a un mapa de Japón, descansaban un abanico y una peineta de mujer con forma de mariposa, Shishio acarició los objetos un poco mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, esa noche podría devolverlos a su dueña.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Yumi terminó de arreglarse estaba muy nerviosa y a la vez emocionada, luego que esa misma mañana Yuri-San interrumpiera su sesión de lavado para decirle que ensayara porque por la noche se presentaría de nuevo en la residencia de Makoto Shishio, la chica no sabía dónde tenía la cabeza sus ensayos habían sido un verdadero desastre, esperaba que al momento de la verdad no se equivocara tanto como le había sucedido durante todo el día, ni siquiera pudo comer nada por la zozobra que sentía y ahora frente al espejo se preguntaba si había acertado al no maquillarse de blanco como la noche anterior, sólo sus labios lucían un dramático color rojo, el resto de su piel en estado natural, tan sólo con una ligera cubierta de polvo de arroz que la hacían ver más lozana y hermosa.
Yuri-San le había prestado otro de sus Kimonos elegantes, era azul con hermosas flores de sakura bordada en la tela, remates en rojo, con anchas mangas, el obi blanco con sencillos diseños de flores también, era una prenda muy hermosa y suave al tacto, sonrió a su imagen y aquella sensación inquietante la volvió a recorrer de pies a cabeza, ¡lo vería en unos momentos! y su corazón brincó de nuevo. Tomó el abanico y lo acomodó dentro de su obi, todavía recordaba los alaridos de Yuri-San porque había perdido el abanico y el broche de mariposas, a punta de gritos había aclarado que el costo de éstos iría directo a la deuda que tenía con ella. Le importaba bien poco eso, sabía que nunca esa deuda estaría saldada.
Con cuidado envolvió el Shamisen en un tramo de seda para protegerlo en el viaje, tomó su pequeño bolso y suspiró por última vez antes de salir de la habitación.
En esta ocasión iba sola en el carruaje, como le dijera Yuri-San no danzaría sólo amenizaría una cena de negocios de su cliente tocando el Shamisen, conversando y sirviendo el té. Como la noche anterior pasó por la entrada con muchos guardias, la fachada impresionante de la casa bien iluminada por farolas a sus costados, pero ahora no estaban los carruajes estacionados enfrente. Bajó con cuidado y la puerta de entrada se abrió, la misma persona la recibió y la condujo por el pasillo hasta la habitación donde había bailado antes. Todo estaba muy silencioso para su gusto, no parecía una cena de negocios, o tal vez era que ella llegaba muy temprano. Se quedó parada en la puerta sin saber qué hacer.
-Entra – ordenó una voz a su espalda y ahí estaba esa sensación que recorrió todo su cuerpo volviéndole las piernas de gelatina, podía sentir el calor que emanaba el cuerpo masculino detrás de ella.
Con algo de torpeza abrió la puerta entró, colocó el shamisen a un costado y se puso en perfecta seiza a un lado de la puerta con la mirada en el piso, cuando él entró ella cerró la puerta, todo con movimiento perfectamente estudiados. Shishio se sentó cómodamente en el centro de la habitación frente a ella, con la mirada clavada en la pequeña mujer que se había metido en su pensamiento desde la noche anterior.
-Quiero beber algo – comentó él luego de unos segundos que parecían interminables.
Yumi alzó la vista chocando brevemente la mirada con el hombre que parecía tan relajado y dueño de sí mismo y que con una mano le indicaba un mueble en el cual una tokkuri con diseño elegante y varios chokos permanecían para el servicio.
Ella se levantó grácilmente y tomó la botella de color azul, el choko era blanco tenía pintado un pequeño árbol de color azul haciendo juego con el tokkuri. Todos sus movimientos seguidos por los ojos masculinos.
Yumi se sentó a un lado de él le extendió la pequeño recipiente blanco y le sirvió el licor lentamente, rogaba en su interior que no notara el ligero temblor de sus manos, después colocó la jarra sobre su regazo y volvió a bajar la mirada. Sentía como su corazón estaba desbocado debido a la cercanía de él.
- Odio beber solo – comentó, rápidamente se levantó y volvió con otro choko y se lo extendió a la muchacha que estaba totalmente sorprendida, luego le quitó la jarra de las manos y le sirvió licor también a ella. Parecía que a ese hombre el protocolo no parecía importarle demasiado.
Se atrevió a verlo mientras colocaba la botella en el estrecho espacio que separaba sus caderas, no entendía el por qué pero dejando de lado los nervios iniciales que le provocaba se sentía cómoda con él.
- ¡Kanpai! – exclamó Shishio mirándola directamente a los ojos. Y tomó su bebida de un solo trago.
-¡Kanpai! – repitió ella sin apartar la mirada y también bebió, pero al pasar el licor por su garganta supo que había cometido un error porque comenzó a toser sin poder evitarlo. Luego de un rato logró calmarse. Shishio parecía muy divertido con el "accidente" de ella.
- Olvide decirte que no era sake, es shōchū – aclaró el sonriéndole. Luego volvió a llenar la copa de la muchacha – Dicen que el segundo trago no se siente tan fuerte.
Yumi sonrió ligeramente y también lleno el recipiente de él. Volvieron a brindar y en efecto ella resistió mejor el segundo trago. Al tercer trago los nervios de la chica se habían esfumado por completo.
Nota 02/Abril/16: Otro capítulo más, espero que les agrade, es una especie de interludio para lo que viene después. Espero que les agrade y nos vemos la próxima, espero subir el 5 en unos días más… nos vemos! Y muchas gracias a todas las personitas que han dejado sus comentarios, ojalá sigan todas sus críticas son bien recibidas… Nary^^
Palabritas japonesas:
Shōchū: Licor japonés, según la definición, más fuerte que el sake, pero menos fuerte que el whisky.
Hanamikoji: nombre de una de las calles de Gion, donde se encuentran varias casas de Té.
Gion: distrito de Kioto, es mundialmente famoso por la existencia centenaria de las Geishas
Tokkuri: Recipientes clásicos similares a frascos o vasijas de tamaño considerable, también son las jarras en donde puede conservarse el sake u otros licores japoneses. Tienen diseños y colores muy variados
Choko: cumplen la función de una copa o un vaso, son de diversos diseños por lo regular hacen juego con el Tokkuri.
Yakusa: Miembro de la mafia japonesa.
Shamisen: Instrumento de cuerdas tradicional. Especie de pequeña guitarra.
Sake: Licor japonés.
Obi: Cinto con el que se amarra la Yukata o el Kimono, el de los hombres es más delgado que el de las mujeres.
Kimono: Prenda de vestir por excelencia en Japón, es usado por hombres y mujeres. Sus diseños son variados y pueden indicar hasta el estado civil de las mujeres según el largo de sus mangas.
Kanpai: Es como se brinda en japonés, en algunos sitios ponían Kampai, pero al parecer Kanpai con n es lo correcto si alguien sabe más sobre esto encantada de saber.
