Capítulo 5. Pequeñas posibilidades
— ¿Y por qué no?
Aquella pregunta se repetía en su cabeza de forma constante. Había comenzado como una de las recomendaciones que una de las terapeutas del hospital, la doctora Minako Okukawa, le había dado en su primera sesión con él.
Porque todo el tratamiento al que se había sometido en el Hospital de Especialidades de San Petersburgo, no se trataba solamente de las cansadas rutinas de ejercicios a cargo del fisioterapeuta Otabek Altin, quien, aunque era un hombre joven, serio y algo hosco, siempre dejaban a Victor un tanto agotado debido a la cantidad y calidad de los ejercicios que tenían que realizar a diario con sus piernas.
Aunque claro, la frecuencia de sus rutinas y la duración de éstas, era algo que no le molestaba para nada a Yurio ya que el joven de los ojos verdes se había autoproclamado su nuevo cuidador y no faltaba a ninguna de las sesiones de fisioterapia a las que Victor tenía que ir.
El hombre mayor sospechaba que la dedicación de Yurio tenía más que ver con la sonrisa alegre que se pintaba en los labios del fisioterapeuta al ver al chico Plisetsky quien era guapo a todas luces y con quien, el más joven miembro de su equipo médico, parecía haber hecho buenas migas desde el primer momento en el que Victor y Yurio lo habían conocido.
Y cuando Victor pensaba en que todo un equipo médico trabajaba para él, porque esa era la verdad, el hombre de los ojos azules no podía evitar sentirse un tanto abochornado porque él sabía, que todo aquello era por Yuri, por Yuri y toda la atención que el joven médico le dedicaba a él y solo a él.
Al principio, la leyenda viva del patinaje artístico había estado a punto de echarse para atrás cuando Yuri, quien lideraba aquel extraño grupo de personas de sonrisas alegres, ojos cansados y vestimentas blancas que estaban tratándolo desde su campo de experiencia propio, le dijo que su tratamiento sería un trabajo multidisciplinario que incluiría horas de terapia física y acuática con Otabek Altin; dos sesiones de terapia psicológica con la doctora Minako a la semana; horas y horas de exámenes distintos con Phichit y Celestino y finalmente, concluir el día en la oficina del doctor Katsuki quien solo podía mostrarse optimista con los avances de Victor aunque al hombre de los ojos azules no le parecía estar avanzando demasiado, es decir, seguía sin caminar y la ausencia de sensaciones en la parte inferior de su cuerpo a veces llegaba a desesperarlo.
Había sido en la segunda semana del tratamiento cuando Victor se había sentido especialmente exasperado y terminó gritando y quejándose amargamente de todo con la doctora Minako quien lo miraba de forma serena e impávida, prestándole toda su atención, escuchándolo sin interrumpirlo cosa que también exasperó a Victor porque ¿cómo era posible que aquella mujer no le dijera nada? ¡Se estaba comportando como crío, por dios!
— ¿No me va a decir que estoy siendo un estúpido y que debo calmarme porque ya el doctor Katsuki me había dicho que nada al respecto de mi tratamiento sería sencillo? — dijo Victor al fin, después de varios minutos de gritos y quejas amargas que parecían no ser dignos de recibir una respuesta por parte de la terapeuta.
— ¿De verdad quieres que diga lo obvio? — dijo Minako con una sonrisa divertida—. Necesitas decir lo que sientes Victor y eso está bien. Esta es la primera sesión en la que escucho algo más que no sea un falso entusiasmo y personalmente considero eso como un enorme avance en tu situación actual…
— ¿Falso entusiasmo? — preguntó Victor realmente sorprendido.
—Sí, bueno, desde la primera vez que Yuri te trajo aquí, pude notar que estabas luchando con todas tus fuerzas por convencerte de que estabas emocionado con el tratamiento— dijo la mujer con absoluta calma, como si sus palabras no estuvieran provocando un terremoto en Victor—. Es natural, no debes preocuparte. Todo está pasando demasiado rápido pero a la vez, no lo suficientemente rápido ¿no es así?
—Sí…— dijo Victor, preguntándose si Minako tenía poderes telepáticos cuando podía leerlo como a un libro abierto.
—Te dejaste llevar por el entusiasmo del doctor Katsuki y eso tampoco es malo, a veces es necesario dejar que otros nos contagien de la fuerza que irradian, mucho más cuando nosotros no podemos encontrar esa fuerza en nuestro interior— continuó Minako sin dejar de sonreír—. Y justo ahora, te has dado cuenta de que esto no es como en los libros, que no vas a sanarte de un modo completo en cuestión de días y para un hombre como tú , quien estaba acostumbrado a tener lo que quería de forma inmediata, es insoportable ¿no es así?
— ¿Eso me convierte en una mierda de paciente? — preguntó Victor sintiéndose como un jodido malagradecido con los esfuerzos que todo su equipo estaba haciendo por ayudarlo.
—Eso te convierte en una persona normal que está librando las batallas más cruentas de su lucha personal, no debes castigarte tanto. Mira Victor, a pesar de que el entusiasmo se haya desvanecido de pronto, eso no quiere decir que algo en el tratamiento no volverá a hacerte sentir igual a medida que tus avances sean más significativos y notables, y créeme, conociendo a Yuri y a los demás miembros de tu equipo, sé que habrá cambios que notar…
—Bueno, cuando el doctor Katsuki está conmigo yo… yo siento que todo esto vale la pena y vuelvo a recuperar mi fuerza ¿eso es bueno?— dijo Victor sonriendo con algo de vergüenza.
—Claro que sí, Yuri Katsuki tiene algo especial ¿no crees? — dijo la doctora con una sonrosa llena de cariño—. Lo conozco desde que era un niño ¿sabes?
— ¿De verdad? — dijo Victor, totalmente encantado con el hecho de poder hablar de la vida de su médico favorito.
—Él fue mi paciente hace años, creo que eligió estudiar medicina por culpa mía, siempre le pido disculpas por eso, por haberlo arrastrado al lado oscuro, pero me parece que Yuri es un persona genuinamente enamorada de su profesión ¿no lo notas?
—Eso podemos notarlo todos…— dijo Victor sonriendo de forma apacible pero también algo triste puesto que no se podía imaginar cuál había sido el motivo por el cual Yuri había necesitado de Minako cuando era más joven.
—Exacto…— dijo Minako con una sonrisa llena de algo parecido al más puro orgullo maternal—. Mira, volvamos a hablar de ti: está bien que te sientas frustrado, es imposible sentirte como un triunfador todos los días: hay días buenos y días malos; también hay días horribles y habrá días peores, yo lo entiendo. No quiero que vengas aquí sintiendo que debes decirme que todo está bien, no es eso lo que debemos trabajar en este sitio. Escucha Victor, no lo parece, pero trabajar con la mente y las trampas que nos pone es incluso más delicado que la cirugía que Yuri está planeando para ti. Es difícil enfrentarse a uno mismo, no hay nada más cruel que intentar enfrentarnos a nosotros mismos sin escondernos porque somos especialmente buenos para engañarnos y engañar a los otros. Pero quien cruza el infierno, Victor, quien lo cruza y se mira a través de sus llamas gana algo valioso, algo que no perderá jamás y que le ayudará a seguir adelante…
—No me siento capaz de cruzar el infierno justo ahora…— dijo Victor con un susurro bajo que era más un dicho para él que para Minako.
—Ya lo estás haciendo, y lo estás haciendo lo mejor que puedes— dijo Minako con firmeza—. Es difícil, sí. Es horrible, también. Va a ser lento y agobiante algunas veces, claro que sí, pero no estás solo. Eso es lo que debes entender, nosotros estamos contigo, los médicos y tu familia…
— ¿Mi familia? — preguntó Victor un tanto extrañado.
—Bueno, sé que me dijiste que tus padres murieron cuando tú eras niño y que Yakov Feltsman cuidó de ti desde entonces pero… el chico que viene a dejarte al hospital todos los días, el hombre mayor que viene a recogerte en las noches ¿ellos no son tu familia?
—Esos son Yurio y su abuelo, Nikolai Plisetsky…—dijo Victor con calma—-. Han cuidado de mí estas dos últimas semanas, incluso me han propuesto mudarme a la residencia de Nikolai, tienen una enorme casa cerca del hospital y creen que deben estar conmigo a todas horas pero….
— ¿Pero?
—Odio ser una carga…— dijo Victor con sinceridad.
— ¿Ellos te han dicho que lo eres, te han hecho sentir como una carga?
—No, claro que no…
— ¿Entonces?
—No logro encontrar una razón válida para causarles tantas molestias.
— ¿Por qué no vivir con ellos? — preguntó Minako con una sonrisa divertida en los labios.
—Porque no es correcto…
— ¿Por qué no es correcto?
—Porque odio entrometerme en la vida de los demás, yo no tengo derecho de imponerme entre un abuelo y su nieto…
— ¿Por qué no tienes derecho?
—Porque bueno, soy yo… yo…
— ¿Por qué no les preguntas qué eres tú para ellos? Quizá de ese modo notes que no estás forzando a nadie y que de hecho, estas rechazando la buena voluntad de las personas a las que quieres y te quieren de verdad…
— ¡Oh Doctora, nadie pregunta esas cosas de forma directa! —dijo Victor, pensando en lo vergonzoso que sería preguntar algo así en voz alta.
—Victor, si los seres humanos nos preguntáramos más cosas de forma directa, habría menos malos entendidos y problemas, créeme. Pero ¿te das cuenta de algo? No me has dado una sola razón válida que responda a la pregunta por qué no. Y cuando eso pasa, Victor, es porque no hay una buena razón para negarnos a las pequeñas posibilidades que la vida nos ofrece…
— ¿Posibilidades? — preguntó Victor con franco desconcierto en su voz.
—Sí, señor Nikiforov, posibilidades…—dijo Minako con aire terminante—. Mientras sigas vivo, las posibilidades son infinitas. Y tú estás vivo, sigues luchando, no te has rendido. Así que Victor, no te cierres a ellas ¿quieres intentar hacer eso? Cuando sientes que te ahogas es más sencillo nadar con la corriente antes que apostar por ir en su contra… ¿estamos de acuerdo?
—Creo…
—Creer en las posibilidades es un avance, quizá debas hablarlo con Yuri, me parece que si lo ves sonreír será más fácil convencerte de que vale la pena aceptar la oferta de la familia Plisetsky…
— ¿Verlo sonreír? — dijo Victor sintiendo que su mejillas se sentían calientes de pronto al pensar en la sonrisa siempre llena de luz del joven médico.
— ¿No has notado que la sonrisa de Yuri tiene algo de relajante?
—Sí, cuando él sonríe el mundo mejora bastante…
— ¿Verdad que sí? — dijo Minako con calma—. Debe ser porque para que esa sonrisa existiera, Yuri tuvo que vencer a una oscuridad muy profunda para encontrar su luz infinita, debe ser eso… en fin, señor Nikiforov, te veré dentro de dos días y espero que me traigas buenas noticias y si no, qué remedio, avanzaremos a tu paso, esa también es una de las posibilidades que está en tus manos…
Victor había asentido a las palaras de Minako y esa misma tarde, había mencionado la idea de mudarse a la residencia Plisetsky a Yuri quien, como lo pronosticaba todo el mundo, sonrió de forma luminosa diciéndole a Victor que aquello era una idea excelente y que de hecho, Yurio había hablado ya con él para que intentara convencerlo de aceptar la oferta.
—Tu hermanito pequeño es sumamente convincente…— había dicho Yuri sin dejar de sonreír mientras le pedía a Victor que lo dejara revisar sus piernas una vez más al final del día—. Y, ¿quieres que te cuente un secreto de la profesión, Victor?
—Dígame todos sus secretos, doctor…— había respondido Victor pintando las mejillas del médico de un suave color rosado que hizo que el paciente se sintiera relajado de un modo bastante extraño y agradable.
—Solo uno, por hoy solo será uno— había dicho Yuri mientras revisaba sus piernas inmóviles y Victor deseaba de forma poco consiente poder sentir los dedos finos y largos del médico sobre su piel—: toda terapia tiene mejor efecto con el apoyo adecuado y pienso que sería mejor que estés en un sitio donde haya gente que te quiere y a la que tú quieres. Solo es un consejo, claro, pero te lo recomiendo de forma fuerte…
—Bueno, si es una prescripción de mi médico favorito, no puedo negarme…— dijo Victor guiñándole un ojo a Yuri quien no pudo evitar echarse a reír.
—Es usted demasiado encantador y coqueto, señor Nikiforov... —había respondido Yuri intentando no derretirse al ver sonreír a su paciente, sobre todo porque aquellas sonrisas eran bastante extrañas de ver al final de un día especialmente cansado para Victor.
—Solo contigo, Yuri…—dijo Victor de forma sincera, sin preocuparse de llamar al médico por su nombre puesto que hacía días que habían dejado las formalidades de lado—. Eres mi médico favorito aunque sé que soy el numero trescientos en la lista del club de fans, la señorita Mila me lo dijo…
—La señorita Mila exagera como todos…
—No lo creo, pero si dices que me hará bien vivir con Yura y con su abuelo, entonces lo haré…—había dicho Victor mirando directamente aquellos ojos color chocolate, los cuales sin duda alguna, hacían que el hecho de caminar por las llamas del infierno mejorara bastante.
—Bueno, entonces será un placer decirle a Yurio que puede llevarte a casa. Y ahí está la clave, Victor: las heridas de cualquier tipo sanan mejor cuando estamos en un sitio al que podemos llamar hogar…
Y después de aquellas palabras de Yuri, no había existido nada más que pensar.
Sin muchos aspavientos, Victor había aceptado la oferta de la familia Plisetsky y se había instalado en la residencia de Yurio y su abuelo notando que ni siquiera tenía que esforzarse por encajar en una familia que no era la suya.
Lo cierto es que tanto Nikolai como Yurio, lo hacían sentiré bienvenido, como un miembro más de la familia y no solo como un estorbo como él lo había temido. Victor había hablado seriamente con Nikolai acerca de la idea de pagar por su estancia en su casa pero el hombre mayor se había sentido realmente ofendido ante esa idea. El abuelo de Yurio, le había dicho que se guardara aquel dinero para algo verdaderamente necesario y Victor había decidido no insistir. Después de todo, se había dado cuenta de que esforzarse en el tratamiento y no negarse a las posibilidades como Minako le había propuesto, era la mejor forma de mostrarles a todos los que estaban ayudándolo que sus esfuerzos valían la pena de forma total.
Y en aquel día, durante ese momento en el que Victor se repetía mentalmente aquel ¿por qué no?, que en realidad era útil para decidir el camino a seguir, Victor sentía que un enorme torrente de posibilidades estaba ahí, frente a él, y no sabía cómo demonios tomarlas todas porque era abrumador, simplemente abrumador. Pensando en todo lo que vendría si él se decidía a tomarlo, fue así como lo encontró Nikolai Plisetsky aquella noche, mientras el hombre mayor empezaba a colocar los platos de la cena sobre la mesa.
—Estás muy callado hoy, Vitya…— le dijo Nikolai en aquel tono fuerte que solía usar siempre.
—Estoy pensando tonterías, Nikolai, no debes de preocuparte…
— ¿Tonterías? — dijo el abuelo de Yurio sentándose frente a Victor y mirándolo a los ojos— ¿Piensas en lo que te propuso mi Yura?
—Sí…— dijo Victor sintiendo que su corazón se ponía a latir de forma alocada con la sola idea de… no, no, claro que era tonto pensar que algo así sería posible para él.
—Pienso que es una posibilidad muy viable, mi Yura no quiere irse de Rusia y él ya te ha probado que puede seguir tus consejos sobre el hielo sin necesidad de que estés ahí con él. Lo que sucede entre ustedes dos, es que se entienden de forma perfecta cuando hablan de patinaje ¿no crees? Yura te conoce a ti y tú lo conoces a él, por eso Yura es capaz de hacer exactamente lo que le dices que haga sin que tenga que mirarte haciéndolo…
—Lo sé, pero… ¿volverme entrenador en este estado? Sé que Yakov ha enloquecido con esa idea suya de trasladar su Academia a Canadá y llevarse a Yura con él pero… ¿no crees que Yura pueda encontrar otro entrenador mejor que yo? Es decir, alguien completo, alguien que no sea un lisiado como yo…
— ¿Otra vez diciendo idioteces, Nikiforov? — dijo una voz juvenil con cierta burla desde la entrada del comedor, y Victor intentó poner cara seria ante la llegada del chico que había sido el objeto de su conversación hasta hacía unos minutos.
Yurio entró a la habitación y sin decir nada más a lo ya dicho, tomó uno de los tradicionales piroshki que su abuelo preparaba para la cena y comió en silencio por un rato antes de volver a hablar.
—Le dije al viejo que se fuera a la mierda— dijo el rubio por fin—. Se irá a Canadá dentro de una semana y no pienso ir con él a ningún lado…
— ¡Yura! — exclamó Victor con aire escandalizado.
—No fue una decisión impulsiva, Victor, no intentes lucir tan sorprendido— dijo el muchacho tomando un sorbo de agua de su vaso—. Tú sabes muy bien por qué lo hice…
—Sí, lo sé y no debiste…— dijo Victor sintiéndose un tanto presionado por la actitud del adolescente.
—Vamos, Victor, no eres un lisiado, al menos no en la parte creativa o en lo que se refiere a tu experiencia. Eres mejor que cualquier otro entrenador incluso en tu estado actual, lo eres para mí. Tú me conoces Victor, he trabajado desde que soy un niño contigo, te conozco también. Sé traducir tus ideas en movimiento dentro del hielo porque hablamos el mismo idioma ¿no lo notas? Mi cuádruple Flip ha mejorado en un quinientos por ciento desde que sigo tus consejos y no los de Yakov; he mejorado gracias a ti, y está bien que no quieras verlo porque tienes miedo pero ¿no lo notas? Haríamos un equipo invencible Victor, yo continuaré con tu legado en el hielo, patinaré por los dos, lo único que te pido es que aceptes el trabajo en serio…
—Pero mi tratamiento…
—No interferiré con eso, podrás aconsejarme por las tardes y yo grabaré los entrenamientos de forma religiosa. Al verme en video, me corregirás. Tampoco quiero que te desgastes de más pero podemos logarlo anciano ¿no lo ves? Puedo hacer que funcione y tú lo sabes…
—Sí, lo sé, pero no tengo una pista de hielo y…
—Creo que Yakov Feltsman puso en venta la suya— dijo Nikolai Plisetsky con una sonrisa traviesa que lo hacía lucir más joven—. Quizá ese sea un buen modo de invertir tus ganancias como leyenda viva del patinaje artístico ¿no crees, Victor? Además, si después de intentarlo un tiempo de verdad crees que tú y Yura no están logrando mucho, puedes dejarlo…
—No sería capaz de abandonarlo, no cuando ustedes no me han abandonado a mí…
—Bueno anciano, antes de que te pongas sentimental ¿qué dices? ¿Podemos intentarlo? Mi abuelo tiene razón, si has gastado tu dinero en ropa de diseñador estúpidamente cara durante los últimos años tienes lo suficiente para pagarle a Yakov por la pista, no es así?
—Sí, el dinero no es un problema pero…
—El doctor Yuri cree que es una buena idea— dijo Yurio lanzando aquel argumento como el arma más pesada de su arsenal, algo que en seguida hizo que Victor sonriera al darse cuenta de que todo el mundo sabía que el doctor Yuri era su debilidad…
— ¿En serio?
— ¿Quieres que le llamemos? — preguntó Yuri con aire decidido mientras sacaba el teléfono celular del bolsillo de su chaqueta negra.
—No, no, no debemos molestarlo ahora, está de guardia— dijo Victor asustado ante la sola idea de darle más problemas a su médico favorito—. Podemos intentarlo un par de meses, pero si no estás listo para la primera competencia de la temporada jamás me lo perdonaré, Yurio…
— ¡Gracias Victor! — dijo el adolescente completamente alegre y emocionado mientras empezaba a marcar un numero en su teléfono—. Verás que no fallaremos, es imposible que fallemos ¡Por dios! Estamos hablando de ti y de mí…
—¿A quién le estás llamando, Yurio? — dijo Victor un tanto inquieto por la sonrisa de diabólica satisfacción que había en el rostro del chico de los ojos verdes.
— ¡Doctor Katsuki, hola! — dijo el adolescente minutos después—. No, no, no debe preocuparse, Victor está bien pero me pidió que lo llamara ¿Qué si hay algún problema? No, nada, justo lo contrario. Sí, verá: Victor y yo estamos pensando en celebrar el hecho de que ha decidido convertirse en mi entrenador ¡Sí! ¡Le dije que aceptaría! Bueno, doctor Katsuki, los dos estamos convencidos de que todo esto fue gracias a usted así que Victor y yo nos preguntamos si quiere venir a cenar a la casa mañana ¿qué es su noche libre? ¡Perfecto! Usted y Victor pueden venir después de que el día de tratamiento termine ¿no cree? Sí, será una cena familiar y quizá después usted y Victor puedan salir a platicar por ahí, vamos, usted le agrada mucho a Victor ¿sabe? ¿Doctor, está bien? ¿Se siente muy sorprendido por la invitación? No, no es molestia, mi abuelo estará encantado de conocerlo y Victor ya está saltando de emoción, metafóricamente claro… sí, sí, no se preocupe, no debe preocuparse por nada salvo… bueno ¿cuál es su comida favorita doctor? ¿Katsudon? Claro que podremos prepararlo, lo que sea para nuestro medico favorito y completamente guapo, eso lo dice Victor, no yo… claro, claro doctor, lo veremos mañana, cuídese mucho, hasta luego…
Yurio colgó sin borrar la sonrisa de satisfacción de sus labios al tiempo que tomaba otro piroshki y su abuelo reía alegremente, acostumbrado al descaro de su nieto.
— ¿Qué demonios fue eso, Yura? — dijo Victor sin poder creer del todo lo que había escuchado.
—Bueno, les di otro empujón al doctor Katsuki y a ti, es necesario ¿no crees? Él y tú llevan semanas coqueteándose de forma descarada y adorable, así que decidí mover un poco las cosas, te conseguí una primera cita con él, de nada…
— ¡Pero él es mi médico! — dijo Victor un tanto escandalizado.
— ¿Y qué? ¡También puede ser tu esposo! ¿Por qué sigues cerrándote a las posibilidades? Hazle caso a la doctora Minako y sal con el doctor Katsuki, él y tú se ven muy bien juntos…
— ¿Cómo sabes lo que hablo con la doctora Minako? — dijo Victor obviando la declaración del muchacho rubio.
—Otabek me cuenta algunas cosas que hay en tu expediente…
— ¿Otabek? — preguntaron los dos hombres mayores al unísono.
— ¿Qué? — dijo Yurio con calma mientras se recargaba en la silla con desparpajo—. En lo que a mi respecta, no soy un completo torpe en el asunto de las citas ¿saben? Abuelo, ¿qué opinas de tener a un fisioterapeuta deportivo como nieto? ¿Se oye bien, no?
—Deberías aprender algo de los jóvenes, Vitya— dijo Nikolai riendo por el discurso alegre de su nieto—. Ellos tienen claro que solo se vive una vez y tú deberías pensar lo mismo ¿no crees? No te preocupes por nada, investigaré que es ese Katsudon que el doctor Katsuki adora y lo prepararé para él. Dicen que no hay nada como un buen plato de comida hogareña para atrapar al hombre de tus sueños…
— ¡Nikolai! — dijo Victor con aire sorprendido al ver al abuelo de Yurio guiñándole un ojo de forma cómplice.
—Deja de ser un cobarde y un quejica, anciano— dijo Yurio suspirando de forma profunda—. Solo queremos que seas feliz, déjate ayudar, déjate amar ¿quieres? Además, estoy seguro de que al doctor Katsuki le encantaría participar en esta parte específica del proceso ¿sabes?
Yurio rompió a reír y Victor no pudo hacer otra cosa más que unirse a su risa porque todo era una completa locura y estaba seguro de que más de una de las cosas que estaban a punto de suceder serían un desastre pero aun así… aun así no se había sentido tan completamente vivo en días, no se había sentido como un hombre con propósitos bien definidos desde el día de su accidente. Y aquello era simplemente embriagador, todas las posibilidades de los nuevos inicios que esperaban por él, eran sin duda algo deslumbrante y atrayente.
Déjate amar…
Aquella era otra posibilidad con la que no se había atrevido a soñar en su situación actual pero al pensar en la sonrisa y en los ojos marrones de Yuri Katsuki, las pequeñas posibilidades se convertían en algo más que eso, algo que era más cercano a lo que todos los románticos sin esperanza del mundo llamaban destino…
