PARTE IV: "Un día horrible. No debería haberme hecho tantas ilusiones"

En otra parte de la ciudad, la chica Hyuga estaba desesperada… ¿Cómo no estarlo si había perdido uno de los pendientes que llevaba puestos?

- Si mamá se entera que perdí uno de sus pendientes me castigará de por vida. ¡Oh no!, quien me debería de preocupar es papá, con el genio que tiene y más cuando me porto mal, y Apolo… Estoy a su cuidado y se llevará un sermón de papá y mamá por mi culpa. Tengo que encontrar el pendiente cueste lo que cueste - hablaba para sí, decidida.

Volvió a ir a la heladería donde minutos antes había entrado para tomarse un helado (esa era la forma que tenía para poder olvidarse de aquello que la lastimaba).

- Disculpe señor, ¿encontró por acaso un pendiente como éste en su establecimiento? - preguntó sacando de su bolso el otro pendiente, el cual lo había sacado de la oreja no fuese a tener tan mala suerte y perder ese también.

- No, lo lamento mucho señorita, ningún cliente ha encontrado un objeto igual.

- Muchas gracias, y perdone las molestias.

¡Genial! (sarcasmo). ¿Ahora qué haría? ¿Dónde diablos había perdido el dichoso pendientito? Pensó una y otra vez pero no lograba siquiera imaginarse en donde podría estar.

- ¡Oh no! - exclamó presa del pánico. - ¿Y si lo perdí caminando por la calle? Con la de vueltas que he dado por toda la ciudad… No me queda de otra más que recorrer todas las calles - dijo con pesar.

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Mientras en casa de la familia Hyuga…

Apolo estaba de lo más tranquilo mirando un rato la televisión cuando de pronto escuchó como relampagueaba afuera. Se levantó del sofá y se aproximó a la ventana, se fijó en cuanto había oscurecido de repente; recordó que su pequeña y alocada hermana había salido de casa sin siquiera un simple abrigo que la tapase del frío, y mucho menos un paraguas para la lluvia. Fastidiado por estar siempre preocupándose por ella (NA: Es el hijo que toda madre quisiera tener, buen hijo y fabuloso hermano, ¿qué más puedo pedir? .) la llamó al móvil.

- ¡Perfecto! - exclamó sarcásticamente aún más molesto cuando al primer tono del teléfono escuchó la melodía del móvil de su hermana. - Jamás se deja el móvil en ningún lado… ¿por qué justo hoy? ¿Dónde tiene mi hermana la cabeza?

Al momento dejó de decir despropósitos contra su querida hermanita cuando escuchó el timbre de su casa.

- ¿Aparte de olvidarte el móvil también te olvidaste las llaves? - dijo con fastidio cuando estaba abriendo la puerta…pero se llevó una pequeña desilusión cuando vio de quien se trataba. - Ah, eres tú Romeo.

- Uy, pero qué cara amigo. ¿Qué te hizo esta vez tu querida hermana?

- ¿Cómo sabes que estoy así por Karinne? - preguntó pidiendo quizás una buena explicación.

- Normal, siempre que estás con esa cara es algo en relación con tu hermana, ¿o me equivoco? - sonrió divertido.

- No, no te equivocas. Aunque ahora mismo iba a salir a buscarla, parece que está a punto de llover y la chiquilla alocada ni un abrigo llevó siquiera…ni que estuviésemos en verano - respondió quejándose de las actitudes de niña pequeña de su hermana.

- Ah, no te preocupes, si quieres la voy a buscar yo, total… No me importa.

- ¿Estás seguro? No sé… - decía no muy convencido, pero no pudo seguir hablando, y mucho menos pensando, cuando el teléfono de la casa empezó a sonar.

- ¿Ves? Ahora tienes una llamada, sólo voy al baño un momento y después la voy a buscar.

- Está bien - le contestó antes de tomar el auricular.

- ¿Diga?

- "¡Hola! ¿Está Karinne?" - habló la persona del otro lado.

- No, lo lamento, ella no está… - en ese momento reconoció la voz de la chica. - Disculpa Linda, no sabía que eras tú, estaba demasiado preocupado en otras cosas - sonrió.

- "Ah, no te preocupes Apolo. Discúlpame tú a mí, es que pensé que Karinne ya había llegado a casa."

- Pues no, la llamé al móvil pero se le olvidó en casa - pero en eso recordó las palabras de su hermana que le había dicho que saldría con una amiga. - ¿Tú no habías quedado en salir con ella esta tarde?

- "No, ¿por qué?"

- Me dijo que saldría con una amiga y que yo sepa no se lleva con nadie más que contigo - aquello era lo que más le enfurecía, que su hermana le hubiese mentido.

- Ups, creo que he metido la pata - pensó sonrojada.- "Oye Apolo…"

- Dime Linda - en ese momento vio a su amigo haciendo señas de que se iba. - Espérame un segundo… - y dejó el auricular encima de la mesita.

- Bueno Apolo, veo que estás muy ocupado con una llamada importante - sonrió con complicidad.

- Haré como que no te escuché - frunció el ceño. - Hazme un favor, y lleva un paraguas porque en nada va a llover.

- Está bien, y no te preocupes, traeré a tu hermanita sana y salva - decía divertido tomando el paraguas y saliendo de la casa.

- ¿Linda, sigues ahí? - volvió a su anterior ocupación.

- "Sí, Apolo aquí sigo. Mira, te quería pedir si puedo esperar a Karinne en tu casa, es que sí habíamos quedado, pero para pasar la noche en vuestra casa. Si no es ningún inconveniente para ti claro."

- Por supuesto que no; puedes venirte ahora si así lo prefieres.

- "Sí, muchas gracias, sólo me queda preparar una mochila y ya estoy ahí. Hasta pronto."

- Hasta ahora - y ambos colgaron el teléfono.

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Siguiendo con Karinne, la chica había vuelto al punto de inicio y nada, no había encontrado el dichoso pendiente. Estaba allí, parada, sin idea de donde poder buscar nuevamente. Aunque, ya que estaba al lado de una comisaría, quizás allí le dijeran algo.

- Buenas noches señor agente - habló con la educación que le caracterizaba.

- Buenas noches señorita ¿qué se le ofrece?

- Verá, es que he perdido un pendiente igual a éste y no pude encontrarlo, ¿me podría decir usted si por alguna casualidad lo tiene en objetos perdidos?

- Déjeme ver - el agente cogió el cajón de objetos perdidos y se lo enseñó. - Mire usted misma.

Después de buscar, rebuscar, y volver a buscar, el pendiente tampoco se hallaba allí. Nada, otra idea fallida.

- No, aquí no está, igualmente muchas gracias - le sonrió.

- Oiga, ¿intentó buscar por los lugares donde ha estado esta tarde?

- Ajá - asintió. - Pero no he tenido mucha suerte que digamos. Aunque…espere ¡ya sé! - dio un respingo al recordar. - Muchas gracias, fue de gran ayuda señor - y salió de allí con destino a donde solo ella sabía.

Y por fin llegó a donde comenzó todo: el parque.

- Más me vale haberlo perdido aquí, o ya no sabría donde buscar - decía más molesta que otra cosa solo recordar aquel beso. - Serán babosos… - no podía dejar de pensar en ello una y otra vez - y además delante de todo el mundo - puso cara de asco al recordarlo.

Los minutos pasaban y no encontraba su objeto perdido. Pero aquello no era lo peor, lo peor fue cuando sintió en su cabeza unas pequeñas gotas de lluvia.

- Perfecto, ahora se pone a llover - se quejó restregando su cuerpo con sus propias manos por el frío. - Debí haber hecho caso a mi hermano.

- ¡Hola Karinne! - escuchó que una voz masculina la llamaba interrumpiendo así sus monólogos.

- Romeo - pronunció su nombre en un susurro, lo miró allí de pie, con un paraguas, tapándola a ella también para que no se mojase; como se encontraba de cuclillas se levantó hasta quedar a su altura. - Gracias - medio sonrió.

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- ¡Hola Apolo! - dijo la chica al momento de entrar por la puerta.

- Hola Linda - dijo sin mucho entusiasmo. - Ven, pasa.

- Por lo visto Kari aún no llegó - comentó siguiendo al muchacho adentro de la casa.

- No, pero bueno... ya deben de estar llegando. Ponte cómoda, ¿quieres tomar algo?

- No, gracias. Estoy bien así - habló sentándose en el sofá. - No entendí lo de "deben estar llegando".

- Ah, es que cuando me llamaste estaba Romeo aquí y se ofreció ir a buscarla - le respondió. - Perdona que tenga esto un poco desordenado, jeje - rió como atontado. - Pero no tengo cabeza para otra cosa que no sea mi hermana en estos momentos.

- Por favor Apolo, no te preocupes. Vamos, que te ayudo a recoger algo - se levantó sonriéndole.

Al chico Hyuga le encantaba ver sonreír a la pelirroja, esa sonrisa sincera, tierna. Muchas veces se vio sorprendido por observarla tan cuidadosamente, y eso no le gustaba. Una de las razones era que tenía la misma edad que su hermana, o sea, aquello significaba que se llevaban 5 años de diferencia, y otra de las razones por las que no le gustaban aquellas profundas observaciones era porque nunca antes le había pasado con otras chicas, aunque mentiría si dijese que nunca había tenido novia. Era un chico simpático, centrado en sus estudios, divertido, cariñoso, y muy guapo, o eso era lo que todas las chicas de su clase (por no decir de toda la Universidad) pensaban. Así que no era de extrañar que tuviese unas cuantas decenas de chicas detrás de él, las cuales solo algunas pocas tuvieron el privilegio de salir con él…y todo por culpa de su mejor amigo: Romeo Wakashimazu. Él, a diferencia de su amigo era más reservado para las chicas y no le gustaba andar de picaflor, hoy con una y mañana con otra. Todas las veces que había salido con alguna chica él las acababa dejando, por que simplemente no le gustaba perder mucho tiempo en romances absurdos.

Por eso lo de Linda, le rompía todos sus esquemas. Estaba interesado en ella, eso era obvio, y si lo negase estaría mintiendo, ¿pero por qué justo ella? ¿Es que no había ninguna otra chica que le hiciese sentir lo mismo? Parecía que no, y eso le trastornaba.

- Apolo ¿te pasa algo? - volvió a llamar la muchacha.

- ¿Eh? ¿Qué? ¿Por qué lo preguntas? - intentó mantener la compostura.

- Es que te llevo llamando un par de veces y no me haces caso. ¿En serio estás bien?

- Sí, sí, está todo bien.

- No te creo - dijo acercándose a él tocándole la frente con el dorso de su mano. - Parece que fiebre no tienes - sonrió divertida.

Y aquellas pecas… Cierto era que casi no se le notaban, pero le daban un aire angelical y tierno. Y a eso sumándole aquella mirada cautivadora, sus ojos color miel que parecían invitarlo a que los mirase; y sin olvidar lo madura que era. Simplemente era la chica perfecta que cualquier hombre amaría sin lugar a dudas.

- ¡¡BASTA!! - gritó, pensando que así podría desechar todo pensamiento que tenía de ella.

Aquel grito asustó a su amiga, y separándose de su lado intentó no tener el más mínimo contacto con él, ni un roce. Apolo se dio cuenta de ello y probó a arreglarlo.

- ¡Basta! - volvió a repetir pero más calmado. - Basta de recoger, ¿por qué mejor no nos sentamos y tomamos algo? Tengo tortitas que hice esta mañana, jeje - sonrió avergonzado. Su actitud parecía la de un niño de cinco años, pero lo hecho, hecho estaba, y lo único que pudo hacer fue remediar un poco aquello que no sabía como llamarlo.

- No sé Apolo, algo te pasa - lo miró interrogativa.

- Sí, me pasa… Pasa que me estoy muriendo de hambre, y como veo que mi hermana se va a tardar en llegar, mejor cenamos los dos ¿te parece? - hizo una pregunta, retórica por supuesto, en el mismo instante que tomaba a su amiga por la cintura y la conducía a la mesa de la cocina.

- Si no hay más remedio.

- De la que me he librado, a ver si me controlo un poco. Me desconozco completamente - pensaba dirigiéndose al frigorífico para coger lo que iban a comer.

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Los dos jóvenes iban caminando hacia la casa de la chica, sin hablar, sólo mirando al frente, y sintiendo como las gotas de lluvia golpeaban sobre el paraguas. Era inevitable estar tan juntos el uno del otro.

- ¿Y qué estabas haciendo en el parque? - le preguntó Romeo mirándola por el rabillo del ojo; ella no dijo nada. - Estás muy callada.

- Si estoy callada es porque no quiero hablar, es obvio - le contestó con voz resentida, sin mirarlo siquiera.

- Uy, qué genio tiene la nena - comentó en plan divertido para hacerla enfadar, pero no consiguió tan siquiera que la chica lo insultase.

Cierto, no le contestó, pero es que cómo le iba a dirigir ya la palabra… Sentía como su sangre hervía angustiosamente, notaba como el líquido rojo circulaba por todo su cuerpo como si de un manantial se tratase.

- Parece ser que hoy no ha sido un buen día para ninguno de los dos - dijo de pronto abatido, haciendo que por aquel comentario la rubia se parase en su caminar.

Cuando él se dio cuenta de su pausa, se giró y la vio: tenía su hermosa mirada azul oscura posada sobre los ojos negros de él. Aquello había sido demasiado para el joven universitario; la mirada de Karinne mil veces lo había hecho perderse en quien sabe cuantas dimensiones, y aquella vez no era diferente: estaba seria, como nunca antes la había visto. Por su mente pasó la certeza de que su amiga había madurado de un instante a otro, difícil de creer pero no imposible.

Como si se tratase de un embrujo, se acercó a ella; imanes con distinta carga magnética que se atraían.

- No siempre nos salen las cosas como queremos - habló de repente, cuando él hubo llegado a su lado.

No supo cómo responderle a su reciente afirmación. ¿Por qué lo decía?, se preguntaba el moreno. Ahora estaba un poco más seguro de lo que tiempo atrás aún no era capaz de determinar del todo.

Ninguno dijo nada más, el cansancio de ambos hizo que no hablasen más y regresasen pronto a casa.

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- Jajaja, ¿así que eso pasó? - la pelirroja reía con muchas ganas, Apolo tenía tantas cosas divertidas que contarle de cuando él y su amiga eran pequeños que sabía nunca se aburriría con él.

- Sí, y aún sigo vivo - reía él contagiado por su compañera.

- No sé como aguantas tanto - se levantó del sofá tomando las cosas de la mesita.

- La verdad es que ni yo lo sé tampoco - la miró. - ¿Qué se supone que estás haciendo?

- Recogiendo la vajilla para llevarla a la cocina.

- De eso nada, tú vuélvete a sentar que para eso eres la invitada.

La chica prefirió no llevarle la contraria, no entendía qué pasaba con Apolo esa noche, así que sería mejor dejarlo hacer lo que decía.

Pronto se escuchó una pequeña llave dejándose caer sobre la mesita de la entrada de la vivienda de la familia Hyuga y dos voces muy conocidas se oían como lejanas.

- Gracias por acompañarme - dijo en un murmullo la rubia dirigiéndose a Romeo.

- Eres la hermana de mi mejor amigo, es lo menos que puedo hacer por ti - le devolvió la mirada.

- Pero podías haber hecho más. Ya - aquel monosílabo iba cargado de resentimiento; aquel no había sido un día muy bueno.

Ambos hicieron acto de presencia en el saloncito donde se encontraban sus amigos.

- Karinne - la llamaba entusiasmada la hija de Genzo.

La aludida solo sonrió, sin poder hacer más ya que pronto su hermano la había tomado por la muñeca, dirigiéndose a otra parte de la casa sin nadie que estuviese presente.

- Apolo… - pronunció Linda, caminando hacia ellos, con un poco de miedo cuando vio la expresión del hijo mayor de los Hyuga.

- No digas nada Akemi - la miró con cara de pocos amigos; y se fue arrastrando consigo a su hermana.

- Pero… - la chica quiso ir tras de ellos, pero Romeo no la dejó.

- Déjalo Linda, sólo quiere hablar con su hermana; estaba muy preocupado. No va a pasar nada - intentaba calmar a la chica.

Aquella noche iba a ser muy pesada para los cuatro, lo sabían, y aquello era solo el principio.

CONTINUARÁ…

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Pido perdón a las personas que están leyendo este fic, pero bueno, por fin pude poner nuevo capítulo...Ya tenía ganash de escribir otro

Linda Wakabayashi es un personaje inventado por mí (me apetecía crear una hija a Genzo...ya pronto pondré su perfil en el foro n.n).

Bueno, por si alguien no entendió lo de Akemi pues a ver como lo explico, lo que pasa es que Linda es huérfana de madre, y pues el día de su nacimiento, sus papás ya tenían su nombre pensado (Akemi) pero al fallecer, Genzo quiso agregarle el nombre de su esposa fallecida y le puso Linda Akemi Wakabayashi (uy, seguro no suena bien...pero me gustan los nombres dobles xD). Poco a poco contaré más de la chica. Normalmente todo el mundo le llama Akemi, Linda se lo llaman sus amigos en plan más cariñoso (y de paso su padre le llama así de vez en cuando…es un poco rollo la historia, pero quizás cuando escriba el perfil se entiende mejor).
Y bueno, no hace falta decir que la niña es idéntica a la madre n.n

Espero que os siga gustando. A ver si el siguiente cap. es el último...aunque conociéndome, quién sabe xD