Crup-ción del No-Tan-Inocente
Cuarta Parte
Cuando regresó al dormitorio, las cortinas de la cama de Malfoy continuaban cerradas y había un plato helado de pollo a la Kiev y vegetales sobre la mesita de noche. Harry se quedó inmóvil mientras se armaba de valor, respirando un par de veces para tranquilizarse antes de comenzar a hablar.
—Oye, Malfoy. Tu té se está enfriando. —Nada. No hubo respuesta, sólo el apenas perceptible ruido de las sábanas mientras Malfoy se giraba sobre la cama—. Mira, ¿estás bien? No te había visto en todo el día y comencé a preocuparme de que…
—Piérdete, Potter. Te dije que nunca me hablaras y lo dije en serio.
Harry se frotó los ojos con las muñecas. ¡Malfoy era imposible!
—McGonagall me contó lo que pasó con tu papá. De verdad lo…
—¡No te atrevas a decir que lo lamentas! —bramó Malfoy—. ¡Joder, no te atrevas a fingir que te importa!
—¡Demonios! —gritó Harry en respuesta, la presión de su sangre comenzando a elevarse—. Sí me importa lo que sucede, y creo que ya es hora de que dejemos de gritarnos y comencemos a ser amigos.
Ahí estaba. Lo había dicho. No lo podía haber dejado más claro que eso, ¿o sí?
—¿Por quién me has tomado? ¿No ya tienes suficientes aduladores serviles para alimentar a tu ego?
—¡Ah, jódete, entonces! —gritó Harry, arrepintiéndose instantáneamente de haber caído en el juego autodestructivo de Malfoy—. Mira, lo siento, no quise decir eso —dijo más calmado.
Malfoy se quedó en silencio. No salía ningún ruido de detrás de las cortinas que rodeaban su cama, y Harry no podía quitarse de la mente la imagen de Malfoy ahogándose en sus propias lágrimas. Levantó una mano y agarró la cortina.
—Quita esa mano de ahí o la perderás. —La voz de Malfoy sonó hueca, casi completamente carente de emoción.
Harry suspiró ante su derrota y se retiró. Se sentía profundamente turbado, y continuó sintiéndose así mientras se desvestía y se acostaba. Malfoy tenía el carácter tan complicado. ¿Cómo se suponía que lograría que las cosas funcionaran entre ellos?
Se despertó en medio de la noche al escuchar un grito, y cuando se sentó a toda prisa, pudo escuchar a Malfoy murmurando incoherencias en medio de sus sueños. Mierda. Harry se quedó sentado durante minutos, oyendo a Malfoy sufrir en las garras de su pesadilla, antes de decidirse finalmente que ya era suficiente. Abrió las cortinas de su cama y se transformó en Crup antes de que sus pies tocaran el suelo. Si no hubiera sido por el baúl de Malfoy que estaba al pie de la cama, Harry habría tenido serias dificultades para treparse al colchón. Metió el hocico entre las cortinas y caminó cuidadosamente entre las sábanas amontonadas y aquellas piernas temblorosas.
Era difícil distinguir algo en esa oscuridad, pero los ojos de Crup de Harry discernieron un buen hueco bajo uno de los brazos de Malfoy, donde las mantas se metían y desaparecían bajo su torso. Poniéndose cómodo pero teniendo mucho cuidado de no despertar a Malfoy, Harry se acurrucó lo más cerca que pudo, lamiendo cariñosamente la fina piel desnuda de su brazo interior. Las murmuraciones de Malfoy cesaron inmediatamente y su cuerpo se relajó, liberándose de su tensa pesadilla. Su respiración se volvió regular y estabilizada, rodándose hasta quedar de lado, abrazando al Crup arropado bajo su brazo.
El cuerpo de Malfoy estaba tibio y se sentía sorpresivamente suave debajo de la delgada tela del pijama que traía puesto, y los latidos de su corazón arrullaron a Harry hasta llevarlo a un estado de completa paz y tranquilidad.
A pesar de sus mejores intenciones, Harry se quedó dormido ante el cómodamente ensoñador descubrimiento de que Malfoy olía absolutamente maravilloso.
Un indeterminado lapso de tiempo después, Harry despertó cuando un par de manos lo empujaron fuertemente del pecho.
—¡Maldito pervertido! ¡Largo de mi cama!
Ah. Parecía que los libros también habían olvidado mencionar que dormir en tu forma animal no era aconsejable para los animagos novatos. —Joder, no me empujes. Me caeré.
—Esa es la idea, marica degenerado —dijo Malfoy en voz alta y llena de pánico, y Harry se preguntó si Malfoy se estaba preguntando quién de los dos ganaría si se enfrentaban en un duelo de magos. Sin embargo, dejó de empujarlo, y se alejó de Harry lo más que pudo hacerlo sin dejar la cama.
—Mira —dijo Harry firmemente mientras terminaba de despertarse—. Estabas teniendo una pesadilla. Pude escuchar cómo llorabas y me sentí mal por ti. Vine a despertarte, pero cuando me di cuenta que no despertarías, yo me… eh, me acosté, y en cuanto lo hice, tú dejaste de sufrir en tus sueños.
Mientras Harry hablaba, Malfoy había encendido la lámpara que estaba en su mesita, y ambos entrecerraron los ojos cuando la repentina luz amarilla les quemó las retinas. Malfoy estaba hecho un desastre. Traía el cabello enredado y tenía una mejilla y la frente llenas de líneas por los pliegues de la almohada.
—Tú no te acostaste aquí. Perfectamente recuerdo que fue mi Crup quien lo hizo. —La ceja de Malfoy se curvó de esa manera que, Harry sabía, indicaba que un pensamiento feo le había cruzado por la mente—. ¿Dónde está mi Crup, Potter? —Y antes de que Harry se diera cuenta, Malfoy ya había metido la mano debajo de su almohada, sacado su varita y estaba apuntándole precisamente en medio de los ojos. A diferencia de la última ocasión, en ese momento no había nervios de su parte, sólo una firme resolución y una sensación de determinación—. Si le hiciste algo mi Crup, yo te haré daño de maneras que nunca has podido imaginar. —Por una vez, Harry le creyó.
—Yo… —Joder. ¿Qué más podía decir?—. No hay ningún Crup, Malfoy, sólo yo. —No era exactamente una mentira, aunque tampoco era la exacta verdad.
—Había un Crup. Justo aquí. —Y Malfoy plantó una mano abierta en el punto exacto del colchón donde Harry se había acurrucado antes de dormirse—. Y ahora estás tú en vez de él, así que me perdonarás que piense que le has hecho algo a mi mascota.
Si tan sólo supieras, pensó Harry. Y cuando sí lo averigües, olvidarás que juraste no volver a usar jamás la maldición Cruciatus.
—El Crup está bien. Nunca lo lastimaría, créeme.
—No me convences —espetó Malfoy, su varita todavía en la misma posición—. Quiero verlo. Ahora.
Harry respiró profundamente y aceptó lo inevitable. —Quiero tu palabra de que no me lastimarás de ninguna forma, ¿de acuerdo? —La imaginación de Malfoy estaba descontrolándose; Harry pudo ver las imágenes formándose en su mente—. Te mostraré al Crup, pero primero quiero tu palabra.
—Déjame ver a mi Crup. —Los labios de Malfoy se habían puesto blancos y convertido en una sola línea cruzando su cara horizontalmente.
Harry cerró los ojos. Se preguntó si eso era todo, si ésa era la manera en que estaba destinado a terminar, con su cadáver despatarrado en el suelo junto a la cama de Malfoy y su asesino asomándose por la orilla para inspeccionar la evidencia de su victoria final.
Adentro. A través. Afuera. Harry imaginó el camino del oxígeno recorriendo su cuerpo y transformó su figura. Inhaló su forma de Crup y la dejó salir.
—¡Aaaagh! —Malfoy se cayó hacia atrás, atravesando las cortinas de la cama y desplomándose hasta el suelo con un fuerte golpe. Harry caminó sobre el enredo de sábanas y asomó la cabeza a través de la abertura para revisar si no se había herido—. No. No. Por favor, no —estaba farfullando Malfoy, en alguna parte de su mente centrándose en los detalles escabrosos de la completa extensión de la mirilla que Harry había tenido de su vida. Cuando Harry saltó hasta el suelo y olisqueó el recoveco del cuello de Malfoy, éste se escabulló como un cangrejo espástico y se encogió de terror ante su proximidad.
Casi amargamente, Harry se transformó de nuevo y se puso de pie junto a la figura agachada de Malfoy. Ese era el final de todo. Había deseado que pudieran ser amigos, que cada uno fuera el amigo que el otro necesitaba y que no podían encontrar en ningún otro lado.
—¿Tanto me odias que tenías que humillarme así? —siseó Malfoy, y Harry supo que tenía un nudo en la garganta por el esfuerzo que hacía al contener las lágrimas—. ¿No he sufrido lo suficiente? ¿Te has reído mucho de lo patético que soy?
En aquella escasa luz ambiental, los ojos de Malfoy parecían ser de vidrio, la superficie de los mismos brillando por las lágrimas que sólo esperaban por el último temblor antes de derramarse y volverse realidad.
Harry se sentía perdido, completamente perdido. No era lo suficientemente listo ni lo suficientemente rápido como para explicar la situación. Aparte, sabía que se merecía lo peor de parte de Malfoy.
—Quería ser tu amigo —dijo, decidiendo que las palabras bonitas no tenían cabida en su admisión de culpa—. Veía cómo eran las cosas para ti, pero tú no me dejabas acercarme. No sabía que le tomarías cariño al Crup, de verdad. Pero te portaste divertido y amable, y creí que mi compañía te gustaba tanto como a mí me gustaba la tuya.
La declaración fue recibida con un bufido de incredulidad y asco. Malfoy tenía los nudillos de la mano con la que sostenía la varita completamente firmes, pero su mente parecía tan distraída que había olvidado que debía apuntarla hacia Harry.
—Y entonces —comenzó Harry, pero no pudo encontrar palabras. Pasaron varios segundos antes de que pudiera, y notó algo en la cara de Malfoy, quizá una leve demostración de esperanza, sólo lo suficiente como para darle el valor de continuar—. Te vi en las duchas. —Ahí estaba. Lo había dicho. Malfoy abrió mucho la boca pero no dijo nada, no detuvo el discurso de Harry—. Me escondí y te observé en las duchas, y no pude recordar ninguna otra ocasión en la que yo hubiera deseado tanto poder tocar a alguien, como deseé en ese momento meterme en la ducha contigo y poner mis manos sobre ti.
Harry estaba muriéndose de la vergüenza. Su cara estaba ardiendo con el más crudo de los sonrojos. Una vez que hubiera terminando de hablar, dejaría que Malfoy hiciera lo que quisiera para vengarse.
—Tú… —susurró Malfoy a través de sus labios laxos, sin comprender.
—¡Perdóname! —pidió Harry con un grito ahogado—. Sé que suena enfermo, pero te juro que no fue así. No pude contenerme.
El cuerpo de Malfoy se relajó hasta que él se quedó sentado formando una desordenada pila en el suelo, sólo mirando fijamente a Harry con el más profundo de los ceños fruncidos, el cual le cambiaba la forma de la cara.
—¿Por qué, Potter? —preguntó finalmente después de lo que parecieron ser minutos de silencio—. ¿Por qué?
—¡Porque me gustas! Demonios, ¿no lo entiendes? —Después de otro largo silencio, Malfoy comenzó a incorporarse hasta quedar de pie. Harry caminó hacia atrás y dijo—: Mañana vendré por mis cosas, pero hoy dormiré en otra de las habitaciones. No volveré a tocarte ni nada, lo juro.
—¿No?
—Lo prometo.
—Ah. —Con los más pequeños de los pasos, Malfoy se había deslizado hasta llegar hasta él. Cuando las piernas de Harry chocaron contra la cama, no tuvo más lugar a donde escapar.
—¿Y si yo quiero que lo hagas?
—¿Qué?
—Si yo quiero que me toques —clarificó Malfoy mientras se acercaba a Harry—. ¿Lo harías? —Se detuvo cuando estaban a menos de treinta centímetros de distancia el uno del otro y su mirada perforó los ojos de Harry, metiéndose hasta su cerebro tan rápidamente que no supo qué fue lo que lo golpeó—. ¿No sabes qué responder, Potter? —Las palabras de Malfoy eran una brisa tibia contra su mejilla.
—¿En dónde me tocarías? —La voz de Malfoy era ya apenas un susurro que hacía eco por todo el dormitorio y rebotaba hacia Harry por medio de ondas. Harry estaba congelado, paralizado, atrapado por los ojos sin fondo de Malfoy y su hipnótica voz—. ¿Me tocarías aquí? —Harry lo observó levantar lentamente una mano pálida y trazar una línea hacia abajo por su cara, la punta de su dedo siguiendo el pómulo y la línea de su mandíbula. Los ojos de Malfoy demandaban una respuesta y Harry asintió frenéticamente, su cabeza llena de niebla y del aroma de la piel de Malfoy.
—¿Me tocarías aquí? —Los dedos de Malfoy continuaron su lánguido viaje sobre su prominente manzana de Adán, dentro del hueco de su cuello y hacia abajo al centro de su pecho, hasta que el toque se desvaneció y el contacto finalmente se rompió cuando se topó con la tela de su pijama.
—Sí. Lo haría. —El estómago de Harry se retorcía y todas sus entrañas dieron un vuelco mientras su mente procesaba lo que estaba viendo.
—¿Dónde más me tocarías? —preguntó esa voz apenas perceptible, su vaporosa suavidad acariciando la cara de Harry como bufanda de seda—. Enséñame dónde me tocarías. —Y, finalmente, con un lento movimiento, la mano de Malfoy se dirigió hacia Harry y tomó una de las de él, alejándola de la seguridad de su costado y llevándola a territorio peligroso, tan cerca de los lugares que había codiciado durante tanto tiempo.
—¿Me tocarías aquí? —Las dos manos de Malfoy dirigieron a la de Harry hacia su entrepierna levemente vestida, su indecentemente rápida hinchazón estropeando la forma de su pijama. Harry abrió la boca cuando Malfoy guió su mano hasta entrar en contacto con la insustancial barrera, y cuidadosamente la moldeó alrededor de los delicados contornos de su creciente erección y de sus carnosos y acariciables testículos.
Seguramente Harry estaba siendo demasiado suave, porque Malfoy se molió él mismo contra su mano, tan duro que le fue posible sentir la piel de su dureza darse la vuelta y removerse y estirarse, y su agarre se intensificó alrededor de la mano de Harry hasta que las tres manos lo estuvieron aplastando, y Malfoy liberó un agradecido y excitado gemido. Harry enterró sus dedos dentro de los pliegues de la tela hasta que finalmente pudo atrapar la erección de Malfoy, y la acarició hasta llevarla a su total excitación.
—Quiero… —dijo, pero no hizo nada más allá, hasta que fue arrojado fieramente hacia atrás, cayendo sobre la cama, y un desesperado Malfoy se montaba a horcajadas encima de él.
Su desnudamiento fue torpe y descuidado, con muchos codazos y manos ansiosas impidiendo que el proceso fuera rápido. Las manos de Harry aferraron el dobladillo de la camiseta de Malfoy y se la quitó, agarrando hambrientamente su desnudo trasero y deslizando los dedos dentro del hueco formado entre las dos piernas abiertas del chico. A pesar de su entusiasmo, se sintió nervioso cuando sus dedos tocaron la hendidura de Malfoy, deseando abrirse camino y separar aquellas nalgas para encontrar su oculta abertura.
Acarició a Malfoy desde su espina dorsal hasta su escroto y de regreso, antes de ser rudamente interrumpido por él cuando le quitó bruscamente su pijama superior. Sus brazos atrapados dentro de la camiseta a medio quitar, lo dejaron como rehén hasta que entre los dos consiguieron pasársela por la cabeza, arrojándola rápidamente al montón de pijamas descartados. Al unísono, ambos dirigieron sus manos hacia los pantalones de Harry, atrapando su erección en el elástico sólo para liberarla repentinamente y haciendo que ésta rebotara contra su estómago, provocando que el dolor apuntara a volverse intolerable.
La mano de Malfoy estaba ya sobre la entrepierna de Harry aún antes de que terminara de quitarse los pantalones. Se miraron el uno al otro a menos de treinta centímetros de distancia, el cabello de Malfoy cayendo alrededor de su rostro como una cortina de flequillo desaliñado. La intensidad del momento era paralizante; el mundo de Harry era la expresión victoriosa de Malfoy, las ardientes exhalaciones de Malfoy, la mano de Malfoy acariciando su erección, y Malfoy liberando los más impactantes gemidos de entrega a quién sabía cuán profundamente estaba dentro de él. Debería haber sido humillante encontrarse así de expuestos, así de desnudos y suplicando de todas las maneras posibles. Debería haber sido, pero no lo era.
Sus frentes chocaban sin ritmo aparente mientras ambos se masturbaban el uno al otro con creciente vigor. Con su mano libre, Harry se agarró del trasero de Malfoy como si su vida dependiera de ello, apretándolo al mismo ritmo que las nada suaves caricias que le prodigaba a su miembro, acercándose lentamente con las puntas de sus dedos y enterrándolas cada vez más adentro, hasta que sintió su ligeramente punzante entrada ardiendo y contrayéndose ante su toque. Malfoy puso los ojos en blanco y tragó duramente, emitiendo un agudo lloriqueo, y Harry estuvo seguro de que sus labios formaron la palabra pervertido, y se regocijó ante el hecho de que sí lo era, y de que lo estaba haciendo y lo adoraba. Deseó que su dedo fuera su lengua y que fuera él mismo quien se estuviera acariciando su erección mientras hacía un trabajo oral en el más perfecto y fantaseable atributo de Malfoy.
Harry se corrió ruidosamente, su abrupto grito acompañando los chorros de su corrida mientras salpicaban su propio pecho y el de Malfoy, cubriendo su todavía ocupada mano con pegajosa humedad y haciendo que la erección de Malfoy bombeara dentro de su mano con lubricada facilidad. Entre más duro la apretaba, más siseaba Malfoy y más rápidamente sus caderas se movían hacia delante y hacia atrás, delante y atrás, y Harry se sostuvo del cada vez más tenso cuerpo de Malfoy mientras todos sus movimientos alcanzaban un crescendo y el silencio se rompía con un grito desgarrador.
La corrida de Malfoy golpeó el estómago de Harry con tanta fuerza que hizo ruido; y Harry, sin muchas ganas, dejó que su orgasmo finalizara, ordeñando las últimas gotas y limpiándolas con la mano, disfrutando de su textura y aroma, e imaginando cómo se sentiría frotarse todo el cuerpo con eso. No se había dado cuenta cuán hambriento se sentía por Malfoy, hasta el momento en que el cuerpo de éste colapsó sobre él, aplastándole las costillas y atrapando sus brazos entre los dos y entre sus corridas mezcladas.
—Métete a la cama —dijo Malfoy con la voz seria y teñida de una incertidumbre que estaba tratando de ocultar.
—¿Estás seguro? —graznó Harry, intentando susurrar pero dándose cuenta de que su garganta estaba demasiado seca para poder hablar.
Malfoy no respondió con palabras, sino que se arrastró para quitarse de encima de Harry, y trató de tirar de las sábanas atoradas debajo de él en una especie de orden. Harry lo ayudó levantando su cuerpo y encogiendo las piernas hacia un lado, y, nerviosamente, se posicionó justo a su lado, encima del angosto colchón. Entre los dos se cobijaron con las sábanas.
Tuvieron que acostarse de lado para poder caber, consiguiendo balancearse así por lo que parecieron ser minutos, sin tocarse ninguna parte del cuerpo y en completo silencio. No había manera que aquella situación les permitiera dormir, y Harry estuvo a punto de irse a su propia cama cuando Malfoy suspiró ruidosamente y se giró, dándole la espalda y presionando su trasero contra sus caderas. Al no requerir más invitación que ésa, Harry se abrazó apretadamente de aquel tibio cuerpo, y los dos se removieron juntos hasta encontrar la posición más cómoda.
Finalmente, Harry cerró los ojos y se concentró en el fresco aroma del champú de Malfoy, y en la manera en que sus hondas exhalaciones movían los finos cabellos que el chico tenía en la nuca. Harry sabía que podría dormirse, sabía que en ese momento se sentía tan contento que sí se dormiría, excepto… excepto por ese sólo momento perdido, en el que necesitaba saber con seguridad en qué posición se encontraba. Incorporó el cuerpo y apoyó su peso en un codo, observando fijamente la silenciosa silueta que compartía la cama con él.
Apenas podía distinguir las oscuras manchas de los ojos abiertos de Malfoy, pero cuando éste giró su cabeza hacia él interrogativamente, Harry no utilizó palabras para preguntar lo que quería saber. Bajó su boca hasta la de Malfoy, y presionó un beso tentativo contra arco de su labio superior. Al ver que su movimiento no era rechazado, trató otra vez, y en esa ocasión su beso fue recibido con una tímida pero entusiasta respuesta. Malfoy curvó su brazo alrededor de la nuca de Harry, y éste, a su vez, deslizó su mano sobre la cadera de Malfoy hasta dejarla posada sobre la desnuda piel de su estómago.
El beso creció en intensidad con sorprendente velocidad, y los dos estuvieron mojados y llenos de lengua y de labios aplastándose. Malfoy enterraba las uñas contra el cráneo de Harry, cada espasmo de su mano tirando de él, hasta que sus caras estuvieron tan juntas que sus narices se aplastaron contra sus pómulos, y sus rostros quedaron cubiertos de saliva.
Malfoy besaba a Harry con ganas, y Harry le correspondía igual, no hundiéndose en la sensación porque ya estaba perdido en ella, ahogado en el placer que ésta le producía. Se devoraron mutuamente sin delicadeza, rasguñándose las lenguas contra los dientes y probándose el uno al otro sólo con las puntas hasta que ambos estuvieron jadeantes y sin aire, los sofocados ruidos de sus gemidos liberándose entre suspiros conforme disminuían la intensidad del beso.
Dejar de besarse era algo que Harry no quería hacer, pero mantener el momento era imposible, y cuando su brazo comenzó a acalambrarse, los dos se apaciguaron. En vez del anteriormente tímido abrazo, ambos se despatarraron cómodamente con sus miembros entrelazados, con sonrisas escondidas presionadas contra los cuellos y sus manos vagando confiadamente por el cuerpo del otro. Cuando Harry por fin se durmió, tenía una enorme sonrisa en el rostro.
Al despertar al día siguiente, Harry se descubrió en la cama de Malfoy ocupada sólo por él mismo. Se levantó y cogió los pantalones de su pijama, listo para ponérselos. Alguien se aclaró la garganta enérgicamente y él brincó del susto, girándose rápidamente hacia donde provenía el ruido con los pantalones enredados en las pantorrillas.
—Me topé con este libro —dijo Malfoy, elegantemente sentado en la cama de Harry. Agitó con indiferencia el ejemplar de Despertando al Animago mientras marcaba con un dedo la página donde se había quedado.
Harry bufó toscamente y terminó de subirse los pantalones, cubriendo su abochornante gloria matutina. Porque no había manera de que Malfoy no la hubiese notado. En absoluto.
—Claro que no te "topaste" con él. Lo que quieres decir es que revisaste mis cosas, sin permiso, y en algún momento encontraste el libro oculto bajo el colchón y envuelto en la capa de invisibilidad.
—¿Qué caso tendría revisar a escondidas si tengo el permiso para hacerlo? —Malfoy señaló a Harry con el libro medio abierto mientras hablaba, usando su otra mano para cubrir la parte abierta de su bata de seda sobre sus muslos de manera que, la única pierna desnuda que Harry pudo ver fue del tipo más inferior. Qué lástima.
—De acuerdo —dijo Harry—. Tienes el permiso para revisar mis cosas.
—Buen intento, Potter —dijo Malfoy con una sonrisa petulante—. Pero gracias a que ya he visto todo lo que había que ver, en el futuro no necesitaré revisar. Seré capaz de encontrar lo que busque de manera directa.
—¿Ah, sí? —respondió Harry, todavía imaginando a Draco viendo todo lo que había que ver y sintiéndose un poco avergonzado por eso—. Y da la casualidad de que tú querías ese libro, ¿no? —Se colocó la camisa de su pijama y los anteojos sobre la nariz.
Definitivamente fue desafío lo que brilló en los ojos de Malfoy, pero en vez de la cotidiana mirada de odio, parecía divertido. —Se me ocurrió que si tú podías aprender a convertirte en tu forma animaga a partir de un libro, tenía que ser porque es el manual más fácil de entender jamás escrito, o porque cualquier imbécil puede hacerlo.
—Lo que significa que tú vas a intentarlo.
—Oh, ja, ja. Qué gracioso eres.
—Lo intento —dijo Harry—. Pero es muy temprano y tengo hambre, ya sabes cómo es eso.
—Bueno, al menos sé de una parte de ti que sí está hambrienta. —La mirada de Malfoy bajó hasta la tienda de campaña de algodón montada cerca del estómago de Harry. Y por la manera en que curvaba una ceja, Harry podía creer que no estaba reacio a retomar las cosas donde las habían dejado la noche anterior. Eso hizo que su miembro respingara y que la sonrisilla petulante de Malfoy se ensanchara hasta convertirse en una sonrisa muy amplia.
Querido Dios, si de alguna manera existes, permite que Malfoy quiera chupármela. Durante años viví en una alacena y he pasado mi adolescencia siendo perseguido por un loco y sus sicópatas secuaces. Creo que realmente me merezco una mamada en compensación por las privaciones.
Con su miembro apuntando hacia el norte y punzándole como si accidentalmente se hubiera quedado atrapado entre las páginas de un enorme y pesado libro, Harry sabía que una mancha de humedad se estaba empezando a formar al frente de su pijama. Y cuando un repentinamente serio Malfoy se puso de pie y dejó el libro en la cama, el corazón de Harry brincó hasta su boca, haciendo que su lengua se sintiera hinchada y sofocante.
—Quiero verla otra vez —dijo Malfoy.
¿Eh? ¡Oh, Dios mío! ¡Quiere verla! ¡A ELLA! Harry creyó que no lograría llevar los pulgares dentro de la cintura de su pantalón lo suficientemente rápido.
—¡Demonios, eso no, idiota! —se rió Malfoy, sorprendido—. La transformación, hombre. Quiero ver al Crup otra vez.
—Ah. —Harry se contuvo de hacer un puchero. Qué mal—. Mira, Malfoy, se supone que era un secreto. Y ahora tú y McGonagall lo saben, y…
—Por favor, no me digas que se lo contaste a esa vieja gruñona.
—No es una gruñona —dijo Harry severamente—. Y no se lo dije. No precisamente. Más bien fue algo que ella supo.
Malfoy se pasó una mano entre el cabello y suspiró. —Bien. Ella lo sabe. Entonces, ¿lo puedo ver ya? —Y un par de segundos después—: ¿Por favor? —Esa era una palabra que Harry no podía ignorar. Aspiró profundamente, formó el encantamiento en su cabeza y dio un paso adelante.
Entre levantar sus pies y caer al suelo de nuevo debido a la fuerza gravitacional, los cosquilleos consumieron su cuerpo y se encogió hasta tomar la conocida forma de su Crup. Trotó directo hasta los pies de Malfoy, mirándolo fijamente a los ojos durante todo el camino. Malfoy se agachó, y con los dedos le rascó detrás de las orejas justo como a él le gustaba. Harry se estremeció por completo, y el movimiento vibró por todo su cuerpo directamente a las puntas de sus dos colas.
Cuando Malfoy se paró, Harry retomó su tamaño normal. Se quedaron de pie, frente a frente y con apenas una delgada línea de espacio entre ellos. Los ojos de Malfoy eran la sombra cálida que Harry se había imaginado que serían. La tentación de inclinarse y besarlo en los labios era enorme. Sólo un besito, sin lenguas. Bueno, no al menos que Malfoy quisiera lenguas, en cuyo caso Harry estaba más que listo y muerto de ganas. Así que se sintió profundamente decepcionado cuando Malfoy dio un paso atrás y se dirigió directo a la puerta.
Cuando pudo despegar la lengua del paladar, Harry le preguntó: —¿A dónde vas?
Malfoy retiró la mano del picaporte y se quedó de pie, dándole la espalda a Harry, una leve pizca de estrés visible en la rigidez de sus hombros.
La tela de su bata brilló y se removió levemente antes de resbalar por sus hombros y caer hasta el suelo, alrededor de sus pies. Debajo de la prenda, Malfoy iba completamente desnudo; desnudo e hinchado y sonrojado en los lugares correctos. El aire pareció desaparecer de la habitación, y Harry no podía moverse. No podía respirar. Admiró ávidamente el cuerpo de Malfoy como si nunca antes hubiese puesto sus ojos en él, como si nunca antes se hubiese comido con los ojos sus contornos y sus ángulos. Posó su vista, como siempre, en la magnífica superficie de aquel compacto culo, hermoso como un durazno, con su casi invisible pelusita de fino vello blanco y el brillo de su piel madura.
—Iba a darme una ducha —respondió Malfoy después de unos momentos. Su voz lo traicionaba, dejando notar cierto nerviosismo, lo que cortó la niebla en la mente de Harry. Cuando Malfoy miró por encima de su hombro hacia Harry, éste vio que tenía las mejillas completamente sonrojadas—. Creí que, tal vez, te gustaría venir. A mirar. O a unirte…
Giró su cabeza y el miedo de ser rechazado era evidente en su rígida pose. Eso ocasionó que Harry sintiera dolor en su interior, por sus deseos de tocarlo y seguir tocándolo completamente, por besarlo, por hacer que se corriera, y, sobre todas las cosas, por hacerlo reír.
Malfoy giró el picaporte y mantuvo la puerta entreabierta. —Entonces, ¿vienes?
Fue la vulnerabilidad en su tono lo que despegó los pies de Harry del suelo y lo llevó hacia delante, lo suficientemente cerca para alcanzar y cubrir con sus tibias y ansiosas manos los angulosos bordes de las caderas de Malfoy. Cuando besó el palpitante punto en su cuello, escuchó un gemido que fue poco más que una inhalación, y su interior se volvió líquido ante el mero pensamiento de enjabonar sus manos y con ellas recorrer cada parte de ese bellísimo cuerpo. Y oh, cómo había estado deseando poder hacer eso.
—Sólo intenta detenerme —dijo Harry—. Ahora te tengo y no hay manera de que te escapes.
Malfoy se inclinó hacia atrás, hacia Harry, y flexionó su musculatura de manera que Harry pudo sentir toda la extensión de su cuerpo pegado al suyo. Su erección se encajó en la apretada ranura del trasero de Malfoy, tal como si hubieran sido hechos el uno para el otro.
—Eso suena extraordinariamente parecido a una amenaza —dijo Malfoy.
—Te aseguro que es una promesa del mejor tipo.
Harry enterró la cara en el hueco del cuello de Malfoy y chupó la suave piel de la curva. Una de sus manos se movió hacia abajo por la pendiente de la cadera de Malfoy, deslizándose flojamente alrededor de la hinchada circunferencia de su erección, acariciándola completa y suavemente y trazando círculos en su base con la punta de su pulgar. Un descontrolado movimiento de la cadera de Malfoy obligó a Harry a sostenerlo más firmemente, y éste sabía que no irían a ducharse durante un largo rato. Al menos que Malfoy continuara haciendo esos ruidos y entonces, lo más seguro era que todo terminaría en unos segundos.
Acunó a Malfoy con su otra mano, balanceando el tirante peso de sus testículos contra su palma, mientras insinuaba las puntas de sus dedos dentro de la angosta abertura debajo de ellos, degustando el húmedo calor y el ligero roce del áspero vello, imaginando cómo sería el sabor de esa parte del cuerpo de Malfoy, y qué tipo de ruidos haría él, estimulado ante tan íntima invasión.
—¿Esto es lo que deseabas? —jadeó Malfoy mientras bombeaba sus caderas hacia delante y oprimía duramente su erección dentro de la mano de Harry, haciendo movimientos circulares contra el agarre de sus dedos en busca de la fricción que necesitaba—. ¿Qué yo te deseara? ¿Era eso? ¿Ya estás feliz?
—Oh, definitivamente —murmuró Harry, una sensación de euforia llenándolo hasta desbordarse mientras pensaba en todas las cosas que iba a hacerle a Malfoy, a su ansiosa erección y a su pecaminoso culo, y más allá, en el simple placer de conocerse y, finalmente, gustarse el uno al otro—. Sí, estoy feliz —dijo, las palabras ahogándose contra la garganta de Malfoy—. Estoy tan feliz como estaría un perro moviendo dos colas.
fin
Lista y finalizada una traducción más! Espero que haya sido de su agrado, a mí me pareció muy linda y original y por eso deseé compartirla con ustedes. Tengo muchas traducciones en lista de espera, pero primero me he propuesto finalizar con todo lo que tengo comenzado. Así que no verán nada nuevo -tal vez- hasta que haya terminado con todos mis fics inconclusos xD Veamos si soy capaz de soportar semejante reto, jojo!
Besos a todos y no dejen de escribirme, adoro saber quien está por ahí leyéndome. Gracias! ^-^
