Capítulo 4.- "Malas intenciones"
Una vela sobre el pastel de almendras y la melodía de una canción de cumpleaños era todo lo que papá necesitaba para sonreír ampliamente y hacerme sentir mejor.
Su absurdos juegos de palabras y sus malos chistes eran ahora mi distracción más valiosa y cuando él notó que comencé a sonreír por sus ocurrencias, supo que las cosas no andaban bien conmigo. Lo entendí porque su mirada cambió.
—Feliz cumpleaños, querido —mamá se acercó y le dio un abrazo, acto que papá aprovechó para demostrarle su cariño.
Me les quedé mirando con una diminuta sonrisa en los labios; mamá no era muy afectuosa con papá, al menos no frente a mí, pero mi padre era todo lo contrario a ella y casi siempre estaba abrazándola y dándole su amor.
Deseé alguna vez poder vivir algo parecido.
—¿Qué pasa con mi doctora favorita? ¿No vas a darle un abrazo a papá?
Desperté de mi sueño y sacudí mi cabeza, me había perdido por instantes imaginando escenas que estaba segura que jamás ocurrirían.
—Claro que sí.
Caminé hacia papá y le di un abrazo, él me correspondió con ternura y cuando apoyé mi barbilla sobre su hombro volví a esa melancólica sensación de mi infancia cuando todos mis miedos y problemas se solucionaban con un abrazo de papá. Extrañaba estar bajo su cuidado, no preocuparme de nada más ni de las responsabilidades e injusticias que la vida real te obligan a experimentar.
Sentir la caricia de su mano sobre mi cabeza era todo lo que necesitaba.
—Feliz cumpleaños, papá.
Sus ojos azules me observaron y sus cejas se elevaron en una mezcla de alegría y preocupación. ¿Era eso posible? Sí, papá estaba preocupado por mí y me sentí mal por ello.
—Estás más delgada, Sakura ¿has estado comiendo bien?
—Sabes que trabajo mucho, es lógico que haya perdido uno o dos kilos —excusé.
—Bueno, vamos a partir el pastel —dijo mamá logrando cambiar el tema, mas la mirada de mi padre no se apartó del todo de mí.
Tras una tarde en familia celebrando el cumpleaños de papá, sentí que recuperaba un poco de aliento de vida después de unos días pesados y tristes.
Terminé de ponerme los zapatos mientras estaba sentada en la orilla del piso frente a la puerta. Se había llegado el momento de ir a mi departamento a preparar mis cosas para el día siguiente.
Tenía poco de haberme independizado por completo de mis padres, aunque eso era en lo económico pues en ese momento papá me hizo caer en la cuenta de que aún dependía de su apoyo moral.
Su presencia tras mi espalda fue lo suficientemente fuerte para hacerme voltear a verlo y sin dar tiempo a que yo me pusiera de pie, él se sentó a mi lado.
Sus cansados ojos marcados por la edad, veían hacia la puerta y casi pude adivinar de lo que iba a hablarme.
—Estás pasando una mala temporada ¿no?
Mis labios se removieron una y otra vez, no sabía si era buena idea decirle la situación. Pero estaba segura que él no se atrevería a traicionarme.
—Estoy preocupada, es todo.
—Es todo me suena a cierto Uchiha.
Di un respingo y él comenzó a reírse.
—Te conozco bien, siempre has estado enamorada de ese chico y ahora que él está...
Su ánimo de desvaneció y dejó su frase inconclusa. Yo bajé la mirada y abracé mis piernas.
—Lo siento, hija.
—¿Por qué te disculpas? No has hecho nada malo.
—No esperaba que decidieran encarcelarlo, como él luchó por esta aldea yo creí que le perdonarían sus crímenes.
Levanté el rostro y recordé la tenue sonrisa de Sasuke aquel día en el Valle del Fin, cuando Naruto y él estaban mal heridos.
—La vida es injusta, papá.
Sentí su cálida mano sobre mi cabeza, siempre que yo estaba triste papá hacía eso. Era su forma de consolarme.
—Papá... ¿Me perdonarías siempre sin importar qué?
No fui capaz de ver su rostro, sólo esperaba una respuesta.
—Siempre serás mi hija.
—¿Y si yo hiciera algo muy malo y la gente me odiara? ¿Aún así te sentirías orgulloso de llamarme hija?
—Te conozco, Sakura. Sé que si tú hicieras algo así de malo, sería por una razón importante. No soy quién para juzgar tus decisiones.
Solté mis rodillas y extendí mis piernas. Gire mi cabeza y miré a papá.
—Voy a salvar a Sasuke —revelé—, sin importar lo que tenga que hacer.
Mi padre lentamente apartó su mano de mi cabeza y se puso de pie. Yo lo seguí con la mirada y él me dio una mano para ayudarme a levantarme.
Cuando estuvimos de frente el uno al otro, la serenidad de su rostro se volvió seriedad firme.
—Sé que no puedo detenerte así que escucha bien esto.
Sus dos manos presionaron cada uno de mis hombros.
—No te acobardes en el último momento. A dónde sea que llegues, no desistas de tu objetivo si es que ya te lo has propuesto y lo más importante hija... Vive.
Afirmé moviendo mi cabeza y él imitó mi acto.
—Lo haré.
—¿Qué tanto hacen ustedes dos?
Mamá apareció repentinamente y tanto papá como yo nos sacudimos. Le indiqué a mi padre que no dijera nada de mi decisión y él estuvo de acuerdo. Sus palabras taladrarían mi mente cada vez que estuviera a punto de rendirme.
Se estaba terminando el plazo para enviar una respuesta con los resultados de Sasuke, la prisión demandaba una notificación y Kakashi sensei seguía cuestionándome el porqué yo demoraba tanto. No era para nada sencillo, simplemente no podía explicarle que seguía meditando en una estrategia para ayudar a mi ex compañero de equipo.
Pero cierta ocasión Kakashi sensei apareció por mi departamento y llegué a creer que iba a reprenderme por mi tardanza con los resultados; sin embargo no fue así.
Lo dejé pasar al interior y se sentó sobre el sillón sin decir una sola palabra, él estaba actuando de manera extraña y hasta podría jurar que había una especie de aura oscura alrededor de su cuerpo.
El mundo afuera estaba invadido de aparente calma y todos le hacían frente a la alegría de estar vivos y en tranquilidad. Pero desde que terminó la guerra, cuando Sasuke todavía estaba en el hospital, tres hombres entraron a su habitación y le informaron que una vez que fuera dado de alta sería enjuiciado. Fue así que comprendí que el sol no brillaba para todos.
—Hablé con el daimio —refiriéndose al señor Feudal del país del Fuego.
—¿Hay buenas noticias? ¿Moverán a Sasuke?
—Dijo que pedirá a sus colegas que lo hagan, él no es muy simpatizante de Sasuke pero puesto que es un ciudadano del país del Fuego, no pretende dejarlo del todo a manos de los demás líderes.
Suspiré aliviada.
—¿Usted cree que el daimio pueda hacer que liberen a Sasuke?
Kakashi sensei se apoyó hacia el frente y entrelazó sus dedos de las manos.
—Si bien es cierto que nuestra nación tiene más peso gracias a la heroica acción de Naruto, este país se sostiene de las buenas relaciones comerciales con otras tierras extranjeras. El daimio no arriesgará sus ingresos y patrimonio por alguien que está en prisión y es una clara amenaza para los demás.
Apreté mis puños molesta y me levanté de mi asiento.
—Sasuke no es una amenaza ¿quién demonios ha determinado tal cosa?
—Te diré algo, pero debes prometer que jamás lo contarás. Esta información es confidencial, te conozco bien y sé que eres una persona sensata por eso quiero que lo sepas, pero no es algo que se pueda estar contando a la ligera.
Mi rabia bajó su intensidad al oír aquellas firmes palabras, tragué saliva y volví a mi lugar para escuchar lo que Kakashi sensei tenía que decirme.
—El daimio me confesó que el hijo del Señor Feudal del país de la Hierba parece ser una persona interesada en la situación de Sasuke, eventualmente cuando hay reuniones, él siempre acompaña a su padre y procura dar puntos a favor de Sasuke para evitar que intenten considerar cambiar su sentencia a algo peor.
—¿Algo como la pena capital?
—Así es.
Sentí un terrible escalofrío con tan solo imaginar que eso pudiera ocurrir. Mis manos se enfriaron, las junté tratando de mantener la calma.
—Entonces, si él está a favor de Sasuke quizás pueda ayudarnos a convencer al resto de los líderes para que lo dejen en libertad.
Esperaba ver una reacción positiva de mi ex maestro, pero su rostro seguía igual de sombrío y ni siquiera me veía a los ojos. Presentí que Kakashi sensei sabía algo más y estaba dudando en decírmelo.
—¿Pasa algo, Kakashi sensei?
—No creo que sea así de sencillo. Piénsalo bien, Sakura: Hay como siete señores feudales involucrados en la sentencia de Sasuke, ninguno arriesgaría sus posiciones por defenderlo. Estar de lado de Sasuke significa estar en contra de los demás.
—Ha dicho usted que el hijo del daimio del país de la Hierba parece querer ayudar a Sasuke ¿eso no demuestra nada?
—Hay dos opciones. O él siente empatía por Sasuke... o hay algo detrás de su aparente apoyo.
—¿Usted cree que él desee beneficiarse de la situación? ¿Cómo podría? Sasuke es un prisionero.
Kakashi sensei por fin volteó a verme, sus oscuros ojos estaban fijos sobre mí. Ese tipo de miradas ya las había presenciado con anterioridad y si no mal recordaba él solía poner esa expresión cuando estaba molesto; pero no era conmigo con quien aparentaba estar incómodo, sino...
—Sasuke tiene el sharingan y el rinnegan. Esas características son muy valiosas en el mercado negro, considerando que es un kekkei genkai muy raro de un clan que está a punto de desaparecer.
Me quedé sin palabras. ¡Por supuesto! Sasuke no era cualquier hombre, tenía algo muy valioso y por desgracia en el mundo había más sujetos como Danzō Shimura. Consideré la posibilidad de que el hijo del daimio estuviera tras los ojos de Sasuke.
—¿Qué debemos hacer?
—Escucha Sakura, esto puede ser arriesgado y aunque no hay altas probabilidades de que logremos liberar a Sasuke, podemos obtener información importante.
—¿Qué sugiere?
—Hay una solicitud de una brigada médica para la aldea oculta de la Hierba. Luego de hablar con el daimio de esta nación, quise esperar antes de elegir a los miembros de la cuadrilla de médicos y enfermeros. Estoy considerando que sería bueno que fueras y hablaras con este hombre, el hijo del Señor Feudal.
—¿De qué manera podría conseguir hablar con él?
—La familia de la nobleza también paga por servicios médicos, como sabes, el país de la Hierba no es una nación muy extensa ni poderosa, por ese motivo no hay muchos médicos y tienen baja calidad en el servicio. Pero si de algo estoy seguro, es del poder de convencimiento que posee el daimio y en este caso, quizás también su hijo. Voy a delegarte la tarea de revisión médica para la casa del soberano, procura ser discreta; sé que hallarás la forma de obtener información sobre sus intenciones con Sasuke.
(...)
Dejé pendiente mi trabajo en la clínica por la misión de ir al país de la Hierba, mis demás compañeros se encargaron de las áreas asignadas mientras que dos enfermeros y yo estábamos al servicio de la casa del daimio.
Habíamos revisado solo a un porcentaje del personal que trabajaba en la casa, yo seguía esperando el momento en que el dichoso hijo apareciera por alguna parte.
—Doctora, ¿le parece bien si tomamos un descanso? Llevamos toda la mañana trabajando.
Uno de los enfermeros me solicitó parar las revisiones, miré el reloj de la pared y accedí a su petición. Tanto él como el otro enfermero relajaron los hombros y se sentaron a descansar.
Se me había pasado el tiempo sin que me diera cuenta, me había enfocado tanto en terminar con todo mientras mi mente divagaba en las miles de posibilidades para el futuro.
Tenía tantas emociones guardadas y tantas mortificaciones. Mirar a los que me rodeaban se había convertido en sospechar de casi todos, no saber si eran amigos o enemigos.
Durante mi labor de verificar el material de mi botiquín oí la voz de un hombre longevo, y al levantar la vista vi a la persona que me estaba hablando. Su vestimenta era distinta a la del resto de los empleados y si no me fallaban mis pocos conocimientos sobre el mundo de la gente rica, podía decir que él era el mayordomo.
—Usted debe ser la médico de la Hoja.
—Sí así es, soy Sakura Haruno —hice una reverencia.
—Por favor, sígame. El amo está esperando por su revisión.
Tomé mi botiquín y caminé tras él, mi corazón palpitaba fuertemente y deseaba poder encontrar respuestas, todas las que necesitara.
La casa era demasiado grande, y el largo pasillo por donde andábamos estaba decorado con fotografías antiguas, muy seguramente eran los ancestros de la familia.
El mayordomo paró en seco y se dio la media vuelta para tocar una hermosa puerta de madera. Dio dos golpecitos y giró la perilla dorada para abrirla.
—Joven señor, la médico de la Hoja está aquí.
No escuché respuesta pero llegué a la conclusión de que aquel varón se comunicó con una señal.
El sirviente me miró y con su mano palma arriba me indicó que entrara. Sujeté bien mi botiquín y pasé a la sala.
El lugar no era extravagante pero se notaba la clase: Los muebles elegantes perfectamente limpios y el piso brillante. De pie junto a la gran ventana estaba un hombre de estatura media y cabello rojizo, sus pecas eran lo que más destacaba en su cara. Siendo honesta, a simple vista me pareció de lo más básico sin ninguna gracia ni atractivo.
—Ah, usted es la médico Sakura, estoy encantado de conocerla. Me alegra saber que el Sexto Hokage se preocupe por enviar a sus mejores elementos a este país tan insignificante en comparación con el país del Fuego.
—El Hokage nunca ha hecho distinción. Trabajo es trabajo.
—Me parece muy bueno que sea así de profesional. Bueno, si no le importa ¿podría revisar mi estado de salud?
—¿Ha presentado usted algún malestar?
El caminó hacia un sofá y se sentó cómodamente. Yo puse el botiquín sobre la mesa de centro.
—No me siento especialmente enfermo pero puedo decir que estos días me he mareado ligeramente.
—De acuerdo, en ese caso voy a pedirle que se siente de manera recta mientras uso mi jutsu médico para buscar alguna anomalía.
Todo parecía bien con él, intuí que solo era fatiga y mal descanso.
—No encuentro problemas en su organismo. ¿Ha dormido bien?
—Es cierto, últimamente el trabajo me mantiene en vigilia. Quizás sea por eso.
—De modo que usted es un hombre ocupado, sin ofender pero creí que siendo el hijo de un hombre tan importante, no tendría tales preocupaciones.
Él sonrió y se rascó la nariz.
—Doctora, soy quien heredará el cargo de mi padre. Él me exige que aprenda rápido.
—Ya veo. Bueno de todos modos voy a dejarle unas vitaminas.
Mientras anotaba en una hoja de mi libreta las indicaciones, pude sentir su mirada. Ignoré tal hecho y arranqué el papel para entregárselo.
—Aquí tiene. Y no olvide comer y descansar apropiadamente.
—Disculpe que le diga esto pero, usted es el médico que está a cargo de Sasuke Uchiha. Oficialmente es usted la persona asignada al cuidado de su salud.
El repentino toque en el tema sobre Sasuke me vino de maravilla. Sin que yo lo hubiera mencionado él ya estaba abordando la razón por la que me presenté.
—Efectivamente. ¿Qué hay con eso?
—Quiero dejar en claro algo pero le ruego que mantengamos el secreto.
El volumen de su voz bajó.
—Soy partidario de Sasuke, estoy haciendo todo lo posible por conseguir que se anule su sentencia y lo dejen en libertad.
—Esto es extraño, ¿por qué usted estaría de lado de Sasuke? Quiero decir, todo mundo lo ha condenado.
—No puede meter a toda la gente en el mismo costal, doctora.
—Y entonces ¿por qué usted es diferente?
Dejó de verme y caminó hacia una repisa donde se quedó observando el cuadro de una mujer.
—Mi madre me educó para tener empatía por los demás. Ella era una mujer noble y humilde, odiaba las injusticias.
Arqueé una ceja. Aunque Kakashi sensei no me lo hubiera dicho estaba segura que notaría la labia del hijo del daimio pero decidí seguir su juego.
—Es cierto, Sasuke injustamente está en prisión mientras el resto del mundo disfruta del placer de la libertad que conseguimos gracias a él —expresé.
—¿Cómo está su salud? En la última reunión se habló de una solicitud urgente de revisión médica.
Mi oído prestó atención a lo que él acababa de decir: "Reunión". Estas personas seguían al pendiente de la situación de Sasuke hasta en el más mínimo detalle, pero lo hacían parecer como olvidado e ignorado.
Lo que me hizo pensar en las incontables veces que mis solicitudes fueron rechazadas. Ellos hablaban del tema y determinaban una respuesta negativa. Si en la más reciente ocasión ellos solicitaron mi ayuda quería decir que el asunto muy probablemente se salió de control.
—Entregaré los resultados de sus análisis en cuanto regrese a Konoha. Lo siento mucho pero no tengo autorizado dar información de esa índole de manera anticipada y particular —hice una reverencia—. Pero no se preocupe, usted pronto se enterará.
—Espero que Sasuke esté bien, me preocupa su salud.
—Aunque anhelo que sea dejado en libertad, supongo que no hay manera de que eso suceda ¿verdad?
—Lamentablemente Sasuke está considerado como un criminal de alto rango. Sería casi imposible conseguir tal cosa.
Medité bien mis palabras, tenía la corazonada de que haber iniciado esa conversación no era mera casualidad, el sujeto en sí quería llegar a un punto.
—¿De qué manera Sasuke puede ser considerado una amenaza? Se arrepintió de los crímenes que cometió y su cuerpo quedó malherido. A mi parecer ya no hay nada que pueda causar temor viniendo de él.
—Señorita —hizo una pausa y luego se cruzó de brazos, como si pensara en alguna solución—. Creo que usted no ha considerado algo importante.
—¿Qué cosa?
—Los ojos de Sasuke Uchiha son lo que los señores feudales consideran una amenaza. Temen que pueda utilizar sus habilidades oculares para causar problemas.
Kakashi sensei estaba en lo cierto. Continué en silencio para escuchar lo que tenía que decir.
—Esto puede sonar grotesco y no es mi intención lastimar la sensibilidad de nadie pero la única manera de que Sasuke quede en libertad es esta.
Mis ojos vieron en cámara lenta el movimiento de aquellos labios y mis oídos atentos escucharon algo terrible. El simple hecho de imaginarlo me lastimaba y me impedía mover el cuerpo.
—Extraer sus ojos.
—Es una broma ¿cierto?
—No, no es ninguna broma. Si los ojos de Sasuke son la causa de que esté en prisión, puede conseguir la libertad si ya no los posee.
Las piernas comenzaron a temblarme al igual que mi labio inferior, era espantoso siquiera pensarlo. Quitarle los ojos era horrible y un precio muy caro para obtener su libertad. Eso no era una solución, ¡era humillante!
—No estoy de acuerdo, lo lamento.
—Descuide, entiendo perfectamente lo terrible de esta solución tan drástica. Quizás pueda existir algo que ayude, siento mucho haber dicho algo como esto, pero es la solución más rápida que encontré.
—Dejar a Sasuke sin sus ojos sería como matarlo, me importa poco lo que los señores feudales crean que es lo correcto, yo no permitiría que hicieran esa aberración.
El hombre me miró sin decir nada, solo parpadeaba tranquilamente. Mis palabras no causaban gran asombro en él.
—Entiendo. Quiero que sepa que cuenta conmigo para cualquier cosa, por favor no dude en acudir a mí. Haré todo lo que esté a mi alcance para salvar a su amigo.
Moví mi cabeza.
—Se lo agradezco, señor.
—¡Ah! Es cierto, qué despistado soy, olvidé presentarme. Mi nombre es Tomaru Namiko, ha sido un placer poder conocerla, doctora Sakura.
Estrechó mi mano. Había algo en él que no me gustaba, independientemente de lo que Kakashi sensei dijo, este hombre para mí no era lo que aparentaba. Lejos de su supuesta habilidad de convencimiento, yo no podía confiar en él.
Mis sospechas aumentaron cuando al salir de su sala y dirigirme a mis compañeros, escuché un comentario muy particular que ocasionó que en mi cabeza todas las piezas de una hipótesis se conectaran.
Una joven mujer vestida como empleada doméstica se acercó a mí cuando ya me preparaba para retirarme. Ella, inquieta y apenada apenas podía dirigirme la palabra, sus mejillas ruborizadas eran una evidente muestra de la batalla interna que tenía.
—Doctora-
—Hola ¿qué ocurre? ¿Necesitas que te revise?
Ella miró hacia atrás, como si quisiera asegurarse de que nadie nos veía.
—Sé que no es de mi incumbencia, pero yo... Bueno, realmente no debería estar haciendo esto.
—Tranquila, dime qué pasa.
Sus ojos almendrados me miraron suplicantes.
—Solo quiero saber si el joven señor está bien.
Lo comprendí. Por su expresión tan penosa supe que tenía sentimientos por el hijo del daimio.
—Él está bien, no te preocupes.
Sus músculos faciales se relajaron y suspiró aliviada.
—Es bueno oír eso.
—¿Lo has visto mal últimamente? ¿O por qué me preguntas sobre su salud?
—Él ha estado experimentando mareos, yo estoy encargada de ayudar en la cocina y me castigaron al creer que podía estarle sirviendo alimentos que le hicieran mal, pero después corroboraron que todo estaba en orden —confesó con mirada triste—. Luego escuché que el joven señor tenía problemas con su vista, y dijeron que tal vez a eso se debían sus mareos, pero me alegra saber que tras su revisión, él está bien.
Me había quedado en un estado de trance cuando escuché el problema con la vista. Mi mente maquinaba una idea que aunque era paranoica, en este mundo de locos bien podría ser normal. El hijo del daimio no quería la libertad de Sasuke, él sólo quería sus ojos.
Tenía que volver pronto a Konoha y contarle todo a Kakashi sensei, estaba temiendo que todo el teatro de bondad no eran otra cosa sino malas intenciones.
En esta historia quiero ser capaz de transmitir cómo la actitud de Sakura se ensombrece con cada cosa que descubre. Si bien ella es una kunoichi amable y dispuesta a seguir las órdenes de sus superiores, quiero mostrar una faceta fría de su personalidad.
Gracias por leer
