Digimon Apocalipsis
El pergamino de los siete sellos
4. Un Nuevo Mundo Digital
El ataque comenzó a tan sólo unos minutos que las estrellas hubiesen alcanzado su posición predestinada, protagonizada por monstruos que emergieron de los rincones oscuros de aquella mansión al que ella y su abuelo fueron invitados. Eran algo parecido a perros de piel negra, con ojos rojos y colmillos blancos.
- "Perros Infernales" – Alice McCoy dijo, reconociéndoles de forma desapasionada mientras observaba a cuatro demonios hambrientos.
Uno de los demonios yacía cerca de la ventana del salón principal, oculto bajo la seda de la cortina pero expuesta su silueta por el resplandor de la luna. Otros dos se encontraban al frente y detrás de ella, un tercero sobre el borde de un corredor de un piso superior, el cual caminaba de un lado a otro y esperando algún descuido de su parte para poder abalanzarse como un león sobre una cebra.
Además de los legionarios, eran la clase más baja de los demonios que les era permitido manifestarse en la Tierra sin la necesidad de poseer un cuerpo. Sus habilidades eran limitadas comparándose con las castas superiores de la horda, apenas si contaban con una gran velocidad y la capacidad de escabullirse por medio de su propia sombra; por otra parte no necesitan de descanso, actuando como máquinas programadas para cumplir el objetivo de sus poderosos amos.
- "Viene el primero" – pensó cuando el Perro Infernal que estaba detrás suyo saltó, mostrando garras y colmillos.
Sin embargo, no fue necesario el moverse. Una figura envuelta por una túnica atravesó la ventana, sorprendiendo al demonio que cuidaba aquella entrada, quien no pudo hacer un solo movimiento cuando el extraño ya sujetaba a su compañero, aquel que pensaba hacer de Alice su almuerzo, por el cuello.
La mano de este apretó con tan fuerza que su enemigo no tuvo oportunidad, terminando por diluirse en la misma sombra que había llegado. Los otros, quienes vieron el peligro que el recién llegado prometía, no dudaron en atacarle, olvidándose de la presencia de la chica de dieciocho años.
El demonio de la ventana fue el siguiente mas fue repelido por una patada del salvador, lo cual terminó por arrojarlo fuera de la mansión. El perro del piso superior le siguió en seguida, siendo testigo de la gran agilidad del encapuchado, quien agarró su rostro en un movimiento veloz y, posteriormente, lo estampó en el suelo con tal fuerza que su cuerpo no sobreviviría. El único que no le había atacado comenzó a dar giros a su alrededor, buscando algún punto clave que le diera la ventaja, alguna debilidad; en eso, el demonio que había sido arrojado hacia afuera regresó, saltando en dirección a un costado del encapuchado.
Aprovechando la llegada de su compañero, el último perro del infierno se decidió por atacar por otro lado, formulando que su enemigo no podría manejar ataques simultáneos. Qué equivocado estaba. El encapuchado terminó por esquivarlos a ambos, al saltar en dirección vertical con una rapidez sobrehumana, quienes se estrellaron de frente y cayeron al suelo como consecuencia. El pararse sería lo último que estos hicieran, pues el extraño sacó sus armas, dos espadas cortas usadas a menudo en el mundo de los ninjas.
A una velocidad vertiginosa, cortó a uno de los demonios por la mitad. Otro murió al sentir la hoja afilada penetrar por su cráneo.
Después de ello, hubo total silencio. El encapuchado fue hasta donde se encontró Alice, a unos cuantos metros de la batalla, para arrodillarse en señal de respeto. Después de todo el extraño reconocía la presencia que habitaba dentro de la chica de cabello rubio y ojos azules; vestida por su pijama e iluminada por la luna le otorgaban un aire celestial.
- "Señora Metatron, ¿Se encuentra herida?" – el encapuchado preguntó, mostrando preocupación sincera.
- "Llámame Alice y sí, estoy bien" – ella respondió, casi como un tempano de hielo – "No era necesario que intervinieras, soy muy capaz de defenderme. Además, hiciste un gran escándalo, no dudo en que hallas despertado a todos" –
- "Discúlpame Alice, no fue mi intención incomodar a usted o sus allegados. Si usted considera un castigo apropiado, lo padeceré sin demora alguna" –
Alice se pudo sentir extraña con esa respuesta, sobre todo por la manera en que el sujeto se comunicaba, demasiado formal para la época y la edad que este aparentaba. Por su voz. Puede decirse que apenas era un año menor, un chico que, al parecer, era ajeno a la rebeldía juvenil.
- "Olvídalo" – Alice respondió, en ello escuchó los primeros pasos dados en las profundidades de aquella mansión – "No tenemos tiempo para eso, llegó la hora de que reunamos a todos" –
- "¿Eso significa?" – el joven preguntó, con un leve tonó de emoción.
Sin embargo, Alice McCoy no se molestaría en responderle, en su lugar enfocaría su atención en un reloj de plata que, por extraño que pareciera, no daba la hora ni nada así por el estilo. Tan solo era un objeto parecido con una pequeña pantalla en el centro y dos botones a su alrededor. Con oprimir uno solo, fue suficiente para abrir un portal en medio de la habitación, el cual conduciría a un lugar especial del nuevo mundo digital.
- "¿Nos vamos?" – y, dicho esto, Alice cruzó el portal seguida por el chico encapuchado.
Seguidamente, el portal se cerró, dejando detrás de si algunas grietas en el suelo y los fragmentos desperdigados de la ventana, todo producto de la batalla. No pasó mucho tiempo para que los habitantes del lugar llegaran a la estancia principal, guiados por los sonidos de golpes y cosas rompiéndose, para encontrar nada más que el viento susurrando dentro del establecimiento, los escombros y un inquietante sentimiento de intranquilidad.
(***)
Tai sintió algo parecido a un nudo enredándose en su garganta, la peor sensación en años desde la muerte de su mejor amigo, Matt, y la parálisis de la cintura para debajo de Izzy en las batallas que se desarrollaron hace cuatro años. Tacleaba con un amigo de las redes sociales, alguien que podía mantenerle a tanto del caso que tenía su corazón bombeando por encima de su ritmo normal.
"Hola, Willis. Perdona por no haberme contactado antes"
"Tai Kamiya, es bueno verte por estos lares. Claro, no es que te esté viendo o algo pero tu entiendes"
"Sé que preferirías no hablar de esto pero es algo que no puedo evitar, simplemente me siento horrible por cada segundo que pasa sin saber nada del caso, es como si me apuñalaran una y otra vez"
"Comprendo lo que sientes, yo he estado buscando toda la información disponible acerca del paradero de Mimi. Hasta ahora, lo que se, es que la sangre presente solo fue producto del retiramiento del feto, según parece no fue lo suficiente para que una mujer adulta muriese desangrada. Podría pensarse que se encuentra con vida, pero desapareció como por arte de magia, como si fuese sido transportada hacia otro espacio. No encuentro ninguna otra explicación"
"¿Crees que hubiera sido llevada a algún lugar del nuevo mundo digital o al Mar de las Tinieblas?"
"Puede ser, ya puse a Cherubimon sobre el aviso. Los tres arcángeles nos mantendrán informados por cualquier eventualidad. Por el momento solo podemos esperar"
"Gracias por todo lo que has hecho, es bueno saber que estas ayudando más que lo que nosotros hubiéramos podido llegar a lograr…"
Hubiera seguido chateando con su amigo, de otro país, pero fue interrumpido por unos pasos presurosos en el corredor. Si bien había conseguido su propio apartamento, ese día había decidido hacer una visita a sus padres y hermana, quienes aún compartían techo. El motivo era más que claro, comunicar todo lo posible de lo sucedido a su hermana menor, quien había de estar enormemente preocupada, incluso más lo que un arcángel podría llegar a mostrar.
- "¿Kari?" – Tai preguntó con curiosidad, luego de haberla seguido hasta su habitación.
- "Hermano" – la arcángel dijo en respuesta, sobresaltada – "¿Qué pudiste averiguar?" –
- "Primero, podrías decirme que buscas en ese cajón con tanta desesperación" –
Hubo silencio entre los dos hermanos, esperando quien de ellos iba a ser el primero en hablar. Kari, quien aún mantenía sus manos en el interior del cajón, buscando con muy poca prisa con tal de no hacer más movimientos bruscos que alertaran a su hermano de que algo de gran importancia pasaba, o Tai, quien estuvo de pie, recostado sobre la puerta de la habitación y mirando a Kari con una mirada tan afilada que, de seguro, podría notar una mosca diminuta cruzar por el frente.
- "Habla tu primero" – dijeron al mismo tiempo, segundos después, para luego retarse con la mirada para ver quien cedía.
- "Está bien, hablaré" – volvieron a decir las mismas palabras, curiosamente, rindiéndose al mismo tiempo.
Pasarían otros segundos de silencio pero Tai, quien era acostumbrado a tomar la iniciativa, seria quien hablaría primero.
- "Acerca de su paradero, Willis cree hubiera podido ser llevada al digimundo, o el Mar de las Tinieblas. Pero no es más que una teoría, aunque tiene sentido cuando el mismo asegura que no hay ninguna pista de que haya sido movida desde la cámara de parto. Además, parece que la poca evidencia indica que fue un caso de rapto de infantes" –
- "Eso es horrible" – fue lo único que Kari pudo decir luego de escuchar eso.
- "Ahora tú, que tanto buscas en tus cajones" –
Kari suspiró derrotada, lo sabía, después de todo no fuera algo que pudiera tapar con su dedo pulgar. Del cajón sacó un dispositivo creado en el Mundo Digital, el objeto que parecía un reloj, mostrándoselo a su hermano.
- "El Digivice Alpha, hermano. Lamento decirlo, pero ha llegado el momento… las estrellas ya han alcanzado su posición destinada y los demonios ya se organizan bajo un líder. Pronto empezará la guerra" –
- "El Armagedón, ¿verdad?" – Tai preguntó con una desolación indescriptible.
- "Debo tomar mi lugar como uno de los diez arcángeles, no te puedo involucrar en esto. Espero que lo entiendas" –
Dicho esto, el Digivice Alpha de Kari comenzó su llamamiento, el cual era la combinación de una alarma para despertar y una luz intermitente que emergía de la pantalla. El dispositivo pareció afirmar sus suposiciones, por otro lado, quien estuviese haciendo el llamado lo hacía con una intención clara.
Los diez arcángeles y Adán debían reunirse.
(***)
Henry Wong caminaba apresurado por las avenidas de Shinjuku, seguía a su mejor amigo, encontrándose unos pasos atrás. Podría alcanzarlo en cualquier momento pero la actitud que había tomado Takato en las últimas horas lo hacía algo difícil, lo que estaba a punto de hacer era una locura y se sentía en la obligación moral de detenerlo, aunque Takato le dijera que tenía terminantemente prohibido interferir en su próxima acción.
- "Takato, por favor" – Henry dijo, en un intento de hacerle entrar en razón.
- "Te dije que no me molestaras" – Takato le respondió de forma tensa – "Solo estás haciendo esto más difícil de lo que ya es" –
- "¡Sabes que esa no es la solución!" –
Takato se detuvo un momento, golpeado por la verdad en las palabras de su amigo. Mordió su labio con furia, culpándose de no poder pensar en algo mejor para afrontar la situación, la cual no podía ser detenida o atrasada. ¿Quién fue el que dijo que ser un Adepto a la Entidad Superior fuera cosa fácil? Aunque fuera la encarnación de Adán, un dios que creó las cuatro realidades y toda la vida en ellas, pero no contaba con toda esa sabiduría. Era un humano, con un poder interno que iba más allá de la imaginación, pero un humano a fin de cuentas.
Finalmente, Henry le alcanzó.
- "Tienes que pensar mejor las cosas antes, en vez de actuar tan precipitadamente" – para luego hablarle en un tono tranquilizador, colocando una mano en su hombro – "Seguro encontraremos la solución juntos, y sabes que juntos siempre nos sobreponemos a todo" –
- "Supongo que tienes razón" – Takato entonces se relajó y rio nerviosamente, recordando eventos de su pasado no tan lejano – "Si no fuera por ti y los demás, hubiera terminando siendo otra de las esculturas de cristal de GranDracmon" –
Ambos muchachos aprovecharon el momento para respirar calmadamente mientras que Jeri se acercó a ellos con cautela, cuidando de no ser detectada o pillada en su faceta espía. No dejaba de sorprenderse por la relación tan cercana en que ambos se encontraban, eran más que los mejores amigos, prácticamente podrían considerarse hermanos de nacimiento.
Más Jeri calculó mal y terminó por pisar una delgada rama en el suelo, cuyo sonido producente fue más que suficiente para alertar a Takato y Henry de su presencia. Los tres quedaron en un silencio incomodo que, más pronto que tarde, la chica rompería.
- "Hola muchachos" – les saludó de una forma nerviosa – "Creo que ya saben, vine porque estaba preocupada" –
- "Descuida, quien no lo estaría" – Henry le respondió – "Sabiendo que ya falta poco para que ocurra el fin del mundo, sería insensato no estarlo" – sin embargo, al ver el rostro deprimente en sus dos amigos, hizo algo que no era muy usual en él – "Pero estando juntos, es seguro que nos sobrepondremos a cualquier cosa" –
En ese momento, Takato y Jeri no hicieron más que verle sorprendido, con los ojos bien abiertos. No era lo que había dicho sino cómo lo expresó. Henry había impartido un ánimo entusiasta que se esperaría en personas como Ryo o Hirokazu, incluso el mismo Takato, pero no era nada habitual en él, una persona que siempre veía las cosas desde una posición más realista y quien siempre completaba el peor escenario.
El momento no pudo ser más propicio para que todos estallaran en carcajadas, de un momento a otro, los pesares volvieron a retirarse. La actitud forzada de Henry de ser el optimista dio sus frutos y en su mente guardó su primera victoria. Los muchachos fueron escuchados no más por la señora Matsuki, la madre de Takato, quien apenas salía de la entrada de la panadería.
- "Muchachos" – la dulce señora les habló desde la puerta de su local, mostrándose sonriente por ver a su hijo hacer algo que ya no acostumbraba mucho a hacer, divertirse – "Será mejor que entren, es muy probable que llueva" –
- "Enseguida vamos" – Takato exclamó, haciendo un gesto para que Henry y Jeri le acompañaran en el interior.
Henry y Jeri observaron el cielo, el cual estuvo cubierto por espesas nubes grises y que amenazaban con soltar su contenido sobre toda la ciudad. Las gotas de lluvia solo esperaban el momento propicio para caer con inclemencia, señal premonitoria que se mostraba en la cantidad de relámpagos que azotaban.
Entonces, pitidos del Digivice Alpha sonaron. Jeri buscó el suyo en su bolsillo el aparato cuya luz apuntaba al cielo, Takato hizo lo mismo.
- "Es el DigiMundo, nos está llamando" –
- "¡De ningún modo irás!" – Mie exclamó con firmeza al escuchar el susurro de la boca de su propio hijo.
De pronto, recordó con claridad los últimos años de miseria que padeció junto a su familia a causa de los digimon. Por esas criaturas había tenido que perder a su segundo hijo, no quería perder al primero. Ya no le importaba el bien que los digimon, compañeros y amigos de los chicos, hubieran podido haber causado; aquel episodio borró cualquier sentimiento de afecto y había dejado en su lugar nada más que rencor y una profunda tristeza.
- "Lo siento mamá, pero es mi responsabilidad" – Takato habló, empleando toda la calma posible, para dejar las cosas claras – "No hay opción esta vez, tengo que ir pero prometo que regresaré sano y salvo" –
Mie sabía que su hijo solo lo decía por intentar aliviar su preocupación pero sintió sus palabras como vacías. Y, a pesar de eso, sabía que ya no podría hacer nada para detenerlo, era tan terco como su padre. En cuanto a Henry y Jeri, guardaron silencio mientras sentían como la tensión del ambiente aumentaba, aguardando en silencio mientras las primeras gotas de lluvia descendieron en el lugar.
Mas ningún otro estaba preparado para el siguiente suceso, tan inmersos en sus pensamientos que fueron cogidos desprevenidos por el nuevo modelo de digi-vice, cuya luz procedente de este se hizo tan intensa que envolvió a sus portadores y los transportó hacia otro mundo. En ese momento quedaron sólo una Mie Matsuki asustada y desconcertada y un Henry que no tenía idea sobre lo que acababa de pasar, sin embargo, podría sospechar que sus amigos habían sido llevados al DigiMundo según por las palabras que mencionó Takato.
Al nuevo Mundo Digital.
(***)
Había pasado cuatro años desde el cataclismo ocasionado por Ogudomon, el Señor del Pecado Original, pero para el DigiMundo pareció que el hecho se dio en una nueva era mitológica. Todo había cambiado demasiado desde entonces, las Cuatro Bestias Sagradas ya no existían como sus dominios, los cuatro cuadrantes.
Era un nuevo mundo digital que había sido creado por un Dios, preparado especialmente para la Santa Cruzada contra los hijos de las Tinieblas. El DigiMundo se encontró dividido en tres áreas, una zona celestial, la Tierra Media y la Zona Oscura, cuya existencia se mantenía por el poder eterno de los Siete Sellos de los Pecados. No pasaría mucho tiempo para que nuevos Señores Demonio se levantasen para jurar la guerra.
Por eso, el DigiMundo era vigilado constantemente por una serie de protectores, los Caballeros Reales que renacieron durante la última época de conflicto con ellos y su líder, GranDracmon. De entre todos ellos, Gallantmon observaba desde los cielos cualquier señal de alerta; solo fue hasta que Dynasmon se le acercó que dejó su tarea, a penas por unos instantes, para comunicar sus propios pensamientos.
- "Ya vienen" – Gallantmon dijo – "Después de tanto tiempo" –
- "¿Lo extrañas cierto?" – Dynasmon preguntó después, conociendo probablemente en qué lugar se encontraban los pensamientos de su compañero.
- "No he dejado de pensar desde el día en que se marcharon de nuestro mundo, confiándonos que nosotros seriamos lo suficientemente capaces para protegerlo hasta la llegada del tiempo prometido" –
La oscuridad insoldable, una leyenda pronunciada desde los inicios del mundo digital y que yace bajo misterio, cuya identidad y propósito permanecen resguardados en la fortaleza amurallada de R'lyeh. ¿Acaso el nuevo enemigo sería tan poderoso que ellos solos no serían capaces de hacerle frente? Dynasmon se preguntó mientras imitaba a su compañero, observando la Tierra Media del DigiMundo, forjada entre varios mitos y leyendas.
Los digimon los veían como mensajeros de la divinidad, guerreros santos cuya existencia tenía sentido bajo el régimen del TodoPoderoso, un Dios de bondad que resguardaba todo el DigiMundo. Por supuesto, lo que los digimon conocían más cerca del concepto de Dios era a Yggdrasil, la computadora Host que administraba y soportaba todas las funciones del Mundo Digital.
Pero los Caballeros Reales fueron diferentes, incluso a sus anteriores encarnaciones, ya que ellos pudieron sentir y ver a la Entidad Superior, la que había creado el Universo y toda la vida que existe, manifestada por medio de los datos digitales y por medio de un cuerpo humano, un niño humilde por decir menos. Por otro lado, Adonamon selló a Yggdrasil en el Apex con tal de garantizar la estabilidad del nuevo mundo digital, su influencia a causa de ello era casi nula.
En su recamara, no hubo más que luz proveniente del Mundo Celestial, custodiado por los Tres Grandes Arcángeles. La calma reinaba en aquel lugar pero cuando no lo hacía, un viento helado azotaba el lugar y a los digimon que pudieran estar presentes. Ese era el caso que se daba ahora y en lo profundo de sus digi-nucleos los Caballeros supieron cuál fue el problema.
- "Ha comenzado" – Dynasmon bramó, sintiendo como las energías oscuras se acrecentaban en la Tierra Media, siendo específica una dirección.
- "Hay que moverse, su poder se hace más grande cada vez que pasa los segundos" – Gallantmon comentó, dirigiendo su mirada hacia su compañero.
Mientras, en la fuente del problema, un enemigo de guerra sonrió desde su prisión, la cual se vería en pedazos muy pronto. Como pudiera liberarse, el Nuevo Mundo Digital sentiría la furia del príncipe de la oscuridad.
(***)
Fue como un paraíso terrenal, o un Jardín del Edén, creado especialmente para cuando los hijos de la luz fueran llamados. Takato dejó que sus ojos se acostumbraran a la luz para luego encontrar que Alice McCoy los esperaba al pie de una fuente.
- "Alice, ¿Eres tú?" – Takato preguntó, claro, no la había visto en mucho tiempo.
- "¿Qué haces en este lugar?" – se preguntó pero bastó con unos segundos para que se diera cuenta del porqué.
En ella se encontraba el poder del ángel de la primera jerarquía, Metatron, estaba en su interior.
- "Takato, ¿Sabes quién es ella?" –
Luego, se dio cuenta que no se encontraba solo. Fue la voz de Davis, y no había sido el único en ser traído. Todos aquellos que se revelaron como arcángeles en la última guerra contra los Señores Demonio fueron convocados, invitados al Nuevo Mundo Digital, y Alice era..
- "De algún modo, es nuestra anfitriona. Su nombre es Alice" –
- "Es un gusto que me recuerdes, Takato" – mencionó ella, acercándose al grupo de diez personas – "En el pasado nunca hubiese imaginado que nos reencontráramos pero así lo quiso el destino" -
- "Bueno… ¿Y Dónde estamos?" – Hirokazu dijo.
Mientras, todos los presentes rodearon a Alice para escuchar la respuesta a esa pregunta. Lo cual no se hizo esperar.
- "Este es el Arca" – respondió – "Debo decir que yo misma la cree de los datos residuales del Viejo DigiMundo, será nuestro punto de acceso con cualquier zona del Nuevo Mundo Digital y nuestra sala de reuniones" –
- "Debo admitir que es muy hermoso" – Kari comentó embelesada con el lugar – "…pero cómo…" –
- "Metraton es el árcangel que tiene el poder de dar forma a la materia a grandes escalas" – Todos voltearon en dirección de la nueva voz.
Era el joven de la capucha negra que había ayudado a Alice con los perros del infierno, aunque ella no necesitara ayuda en ese momento. Ignorando a casi todos los presentes, fue directo hasta donde se encontraba Takato y sin dar ninguna explicación se arrodilló frente suyo.
- "Es un honor estar en frente suyo, señor" –
- "¿Quién es este tipo?" – Takato se preguntó al segundo, con una gota de sudor cayendo por su frente y mostrando una sonrisa nerviosa.
- "Él es uno de nuestros aliados" – Alice se limitó a decir con expresión indiferente – "Su nombre es Uriel" –
- "¿Uriel?" –
- "A si es, señor Adán. Estaré de ahora en adelante a su disposición y prometo ser tan eficiente como cualquiera de los diez arcángeles que escogió para esta guerra" –
- "No lo entiendo, yo nunca los elegí… o sí.. ¿lo hize?" –
Y mientras Takato pensaba acerca de lo extraño de la situación, Alice y los demás muchachos sintieron como un digimon entraba al Arca a través de un portal.
- "Es un MagnaAngemon" – comentó Takeru.
- "Iluminados" – el aludido saludó con una reverencia – "Es un informe de los Tres Grandes Ángeles. El primer sello se ha roto, me temo que es cuestión de tiempo para que el Señor Demonio del Orgullo sea liberado" –
- "¿Tan pronto?" – Alice no evitó preguntar con algo de preocupación.
- "Hablan de Lucemon, ¿verdad?" – Yoley se expresó de forma más emotiva – "Ahora si estamos en grandes problemas" –
- "Si, Lucemon fue el único enemigo al cual no pudimos derrotar. Apenas si pudimos sellar a ese demonio" – Cody habló poco después.
- "Es un poco desafortunado, este asunto debe ser atendido ahora" – Alice dijo, obligada a posponer lo principal de lo que se hablaría en la reunión – "Si Lucemon se une a nuestro enemigo, se acabó" –
- "Entonces vamos" – Takato respondió.
Justamente un portal se abrió para ellos, uno que los llevaría a reunirse con sus antiguos camaradas en el desierto donde el último Señor de los Demonios había sido sellado. Sin embargo, sus futuros enemigos habían hecho su movimiento antes y, como ellos, se habían movido para obtener otro aliado más a su causa.
En ese instante, el desierto digital ya se había convertido en una zona de guerra.
(***)
En la carpa que había sido puesta a orillas del mar oscuro, el Murmuxmon que tenía en su hombro la marca de la Bestia se aproximó. El Señor Demonio caminó sin preocupaciones hasta que se topó con los dos SkullSatamon que vigilaban el lugar.
Los demonios de nivel perfecto simplemente se corrieron, dejando a solas a Murmuxmon y a la malvada entidad a la cual servían. Murmuxmon ni siquiera se atrevió su rostro y sólo habló cuando estuvo de rodillas mirando al suelo.
- "Bueno, he de asumir que tu misión fue un éxito" – más habló primero el niño que yacía dentro de la carpa – "Es bueno saber que los Dioses Exteriores no llevaron a cabo su cometido, la resurrección de la Bestia de R'lyeh hubiera traído algunos inconvenientes" –
- "Majestad, con su poder de mi lado era imposible fallarle. Estoy contento de verlo complacido con mis progresos" –
- "Es bueno saber que estas tan comprometido con la causa" – El oscuro dijo desde las sombras – "Porque ya es hora de que hagamos nuestro siguiente movimiento" –
Murmuxmon escuchó en silencio las instrucciones de su maestro en compañía de los SkullSatamon, los cuales se verían pronto involucrados en la batalla.
- "Necesitamos de un último colaborador, otro digimon para agregar a nuestras filas. Uno de los Siete Grandes Señores Demonio…" –
- "¿Un Señor Demonio? Pero, el último que queda es…" – Murmuxmon pensó con sorpresa.
- "Su nombre es Lucemon, seguro conoces su reputación" – el demonio de nivel mega asintió – "El ángel caído que conspiró en contra del DigiMundo destruyéndolo en el proceso, como castigo mi querido hermanito le selló por estos últimos cuatro años, mas nada es para siempre. Lucemon se levantará de nuevo y de seguro querrá vengarse" –
- "Mi señor, ¿Está seguro de que Lucemon se nos unirá? El príncipe de la oscuridad no se inclina ante nadie" – Murmuxmon preguntó.
- "Es verdad, ese digimon es soberbió como ningún otro pero todo orgullo se puede quebrantar" – y, con una sonrisa, el oscuro añadió – "Es hora de que Lucemon aprenda algo de humildad y prometa devoción a mi persona. Murmuxmon, ya no quiero perder más tiempo, de seguro mi hermano estará también en ese lugar y ya no quiero esperar ningún momento más" –
- "Como ordene, tendré las legiones listas para la ocasión. Seguro los Caballeros Reales querrán interferir en sus asuntos, por eso me necesita"
- "Ya veo que captas"
Entonces un portal que los llevaría fuera del mar oscuro se abrió para ellos, dejando cruzar la oscuridad de ese mundo. En la prisión donde se encontraba Lucemon se sintió más fuerte la perturbación.
El señor demonio del Orgullo ya estaba al tanto de la maldad que pronto vendría a buscarle y, con una sonrisa, aceptó el desafío proclamando desde las sombras a las cuales había sido confinado.
- "Tú, ¿Darme una lección de humildad a mí? ¿Humillar al gran Lucemon, el hijo de GranDracmon?... Este lord oscuro es muy valiente o muy tonto. Bueno, puedes intentarlo pero al final seré yo quien baile sobre su cadáver." -
Fin del Capitulo
