Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.

Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.


La chica del pañuelo verde

Capítulo cuatro:

Shopping.

"La mujer es el conjunto de curvas capaz de poner recta la única curva que tiene el hombre"

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Pienso, que un beso es la firma de un poeta anónimo, un latido húmedo de las paredes del corazón, una sonría encogida, una caricia oculta en la boca. Un beso es una balada, en donde los labios y la lengua, son las guitarras, la batería las mejillas, donde golpean las estrofas de la canción y el anfiteatro del concierto, es el sitio donde el alma captura la melodía.

Ahora. Mi pregunta es: ¿es normal sentir todo esto con cualquier hombre?.

La chica del pañuelo verde.

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Ya había pasado una semana desde su encuentro con Malfoy. Era de nuevo miércoles, y la castaña se encontraba con las chicas en un centro comercial del Mundo Muggle buscando 'el vestido perfecto'. Ese mismo fin de semana se celebraba en Las Vegas la boda de Zacharias Smith y su novia muggle.

Hermione estaba allí en contra de su propia voluntad. La castaña odiaba tener que gastarse dinero en un vestido innecesario que solo usaría un día. Ella vivía bien con su salario, pero eso no quería decir, que pudiera permitirse todo tipo de caprichos. Y el vestido era uno. Y no precisamente de ella, si no de Ginny y Luna.

Pensé que habíamos llegado a un acuerdo – Comentó malhumorada la castaña – Ibais a dejarme utilizar el mismo vestido que me puse en la boda de Padma. ¡Ni si quiera lo lucí porque llevaba encima una maldita túnica, nadie se dará cuenta!

Pero la pelirroja no se quedó atrás.

– Nosotras pensábamos que no nos volverías a ocultar nada después de lo de mi hermano, ¡y fíjate! – Dijo mirándola con falsa sorpresa – Nos has dado una puñalada por la espalda. Nos hemos tenido que enterar por 'La chica del pañuelo verde', que besaste a Míster Pene Mágico.

La mejor defensa, es un buen ataque. ¡Un punto para Ginny!. Pensó abatida Hermione.

– No oculté nada. Simplemente omití información – Se defendió Hermione – ¡Pero juro que pensaba decíroslo!.

– ¿Ah, sí?. ¿Cuándo? – Dijo mirándola sin creerla en absoluto – ¿Cuándo estuvieras casada y esperando el primogénito Malfoy? – Farfulló con ironía.

– Se supone que tú eres la depravada, y yo la irónica – Comentó arqueando las cejas con suficiencia.

– Se supone que Draco Malfoy es el que arquea las cejas con gesto engreído, y tú lo acabas de hacer – Rebatió suspicaz.

¡Arg!. ¿De verdad había arqueado las cejas?.

Hermione se enfurruñó como una niña pequeña, y cruzó los brazos.

– Reconozco que fue una verdad a medias. Pero necesitaba mi tiempo para asimilar lo ocurrido – Se volvió a defender.

– Pues este es el precio que tendrás que pagar por contar verdades a medias – Arremetió la pelirroja enseñándole a Hermione la etiqueta que traía el vestido que habían elegido para ella. La tarjeta rectangular rezaba: ciento cincuenta libras.

La joven abrió sus ojos en desmesura.

– Nunca creí que pudiera abrir los ojos tanto – Susurró la rubia a la pelirroja.

– ¡No pienso comprarlo! – Chilló histérica.

– Oh. Créeme que sí lo harás. Si no quieres que te amargue la vida y para ello utilice a cierto rubio calentón. Estoy segura que estaría más que dispuesto a ayudarme – Advirtió Ginny – Y sabes que soy capaz.

Hermione lo sabía. Con cierta resignación, sacó la tarjeta de crédito de su cartera y se la tendió a la mujer tras el mostrador ante la fija mirada de Luna, era la primera vez que veía una de esas. Luna no iba tan seguido al Mundo Muggle como Hermione y Ginny por lo que había muchas cosas que aún no conocía y les fascinaban.

– Cárguelo a mi cuenta, por favor – Sonrió forzada.

– También estos dos – Agregó la pelirroja agitando sobre el rostro de la mujer su vestido y el de Luna. Hermione iba a protestar, pero la chica no le dejó – Lo hago por tu bien, Mione. Mentir nunca trae consecuencias agradables.

Hermione apretó los dientes con fuerza. Iba a matar a Ginny.

– Lo siento, Hermione. Yo pagaré tu almuerzo – Dijo Luna apenada. Estaba bastante claro que había sido chantajeada por la pelirroja.

– Cárguelos también, por favor – Masculló entre dientes la castaña.

Cuando la mujer entregó las bolsas, con manos temblosas ya que parecía asustada por la hostil mirada de la castaña, Ginny abrazó a una muy rígida Hermione.

–¡Gracias, Hermione!. No tenías por qué hacerlo. Yo podría haberlo pagado – Dijo con pura inocencia fingida besando su mejilla.

– Ginny – Le llamó amablemente.

– ¿Sí?

– Cállate y suéltame. Si no quieres que te arranque la piel a tiras y me haga con ella un bolso y tacones a juego con el vestido– Siseó entre dientes.

Ese, querida Mione, también es un comentario típico del sexy hurón – Canturreó saliendo del alcance de la castaña que parecía a punto de golpearla.

Una vez que las tres habían conseguido sus vestidos, y Hermione contaba con cuatrocientos veinte libras menos, se dirigieron a un restaurante italiano. Pasaron un almuerzo tranquilo, hablando de trivialidades, sin mencionar más el beso de Hermione y Draco, porque ya se habían encargado antes de sonsacarle todo a punta de varita, y evitando también el tema de los vestidos.

Cuando acabaron de comer, comenzó una discusión sobre quien iba a pagar. Luna insistía que lo haría ella, pero las otras dos chicas no la dejaban. Callaron abruptamente cuando vieron una pálida mano dejando cincuenta libras sobre la mesa.

Las tres levantaron la cabeza al mismo tiempo para encontrarse con dos chicos magos – lo supieron por sus vestimentas singulares y delatadoras –. El más alto habló.

– Permitidnos que os invitemos al almuerzo – Dijo con una sonrisa radiante. Luna le miraba asustada, Hermione incrédula y Ginny estaba encantada por la atención y reconocimiento – Mi horóscopo no mentía. He encontrado a tres brujas hermosas, famosas y solas. ¿Qué signo sois?.

Hermione estaba a punto de vomitar arco iris tras las palabras del chico.

– De negación – Aulló una voz profundamente cabreada detrás de las chicas.

Theodore Nott apareció de la nada con un semblante sumamente serio. Algo extraño en él, ya que todas las veces que la castaña lo había visto parecía un tipo de lo más tranquilo y pacífico. El ojiazul se posicionó al lado de Luna y entrelazó sus dedos con los de la chica. La expresión de alivió en el rostro de Luna fue inmediato.

– Perdona, Nott. No sabíamos que la rubia era tu novia – Hablo el otro chico – Nos conformamos con la castaña y la pelirroja – Sonrió malévolamente en dirección a las aludidas.

Hermione arqueó una ceja con incredulidad. ¿Pero de qué va este imbécil?. Preferiría aguantar a Malfoy.

Dicho y hecho.

La castaña sintió como un brazo rodeaba su cintura con posesividad y le apegaba a un pecho masculino. Uno que ella conocía muy bien.

– Si aprecias tu vida, no te acercaras ni un paso más a ninguna de ellas – Los chicos se quedaron paralizados al verlo. Draco se acercó, arrastrando a la castaña con él, hacia el chico que había hablado y masculló a un palmo de su cara – O te largas y te llevas a tu amigo, o te arranco la cabeza y la pongo de decoración en mi varita. ¿He sido claro?.

Ginny tenía razón. ¡Hablo como Malfoy!

Los chicos no tardaron ni dos segundos en desaparecer. Draco sonrió satisfecho. Hermione le golpeó en el pecho con sus puños, pero él no pareció ni notarlo.

– ¿A qué ha venido esa escena de mago marcando territorio? –Preguntó intentado separarse del chico.

– Te ayudaba a deshacerte de imbéciles que no te merecen – Respondió encogiéndose de hombros.

Hermione se mordió el labio inferior al mirar su boca. El recuerdo del beso que compartieron llenó todos sus pensamientos.

– ¿Y si yo no quería ser ayudada? – Era una vil mentira, pero no soportaba esa sonrisa de suficiencia que tenía el ex-Slytherin.

El rubio se tensó y apretó con más fuerza su agarre en la cintura. La chica hizo internamente su bailecito de la victoria. Había conseguido borrarle la sonrisa.

– Ya te dije que te enamorarías de mí, Granger. Y ese estúpido solo era un peón que tenía que eliminar – Susurró en su oído.

La castaña sintió mariposas en su estómago.

¿¡Por qué!?. ¡Arg!. Malfoy la estaba volviendo estúpida.

– Pero bueno. ¡Búsquense un hotel! – La voz de Blaise sonó escandalizada. Haciendo reír a Theo y sus amigas.

La castaña se sonrojó por el comentario. Se separó como pudo del joven rubio para ver al moreno rodeando los hombros de su amiga. Suspiró. Debí haber supuesto que también estaría.

– ¿Qué estáis haciendo en el Londres muggles? – Fue en ese momento cuando la chica tomó consciencia que sus apariencias también lucían como la de unos muggles, y se veían muy bien.

– Hemos venido a recoger nuestros trajes para la boda de Zacharias – Habló Theo, ahora, sonriendo mientras enseñaba sus bolsas.

Todo rastro de enfado había desaparecido del rostro de Hermione.

– ¿La boda de Zacharias? – Preguntó la castaña incrédula.

– Sí, esa misma – Reafirmó Theo.

– P-pero… ¡su novia es muggle! – Aclaró mirandolos sin entender.

– Sí, ya lo sabíamos – Dijo Draco encogiéndose de hombros.

– ¿Y no os importa? – Insistió la chica.

– Emily le hace feliz, con eso es suficiente. Además, nos ha comentado que es muy buena en la cama – Añadió divertido Blaise haciendo reír a los muchachos.

Hermione no entendía nada.

¿Qué clase lobotomía le habían practicado a esos tres?. Se cuestionó sorprendida.

De golpe y porrazo, se mostraban indiferentes a los valores que habían defendido durante sus años en Hogwarts con tanto ahínco, sobre las múltiples diferencias entre sangre puras e hijos de muggles y después de diez años, se topa con ellos y parecen inofensivas ovejas del campo.

Al parecer la guerra trajo tanto cosas malas, como buenas.

Pero de pronto, algo que habia pasado por alto hizo click en la cabeza de la castaña. Hermione solo le tomó un segundo sumar dos más dos y obtener como resultado a la más perra traición que haya existido en el Mundo Mágico y Muggle. Esta había sido incluso más perra que cuando Ginny se alió con Zabini para incordiarla sobre el culo de Malfoy. Es que sinceramente, la castaña a esas alturas se esperaba ya cualquier cosa de la pelirroja, pero no de Luna.

Ginny y Luna habían insistido hasta el cansancio en que debía ir a la boda. La castaña en un principio iba acudir, pero después de su fracaso con Ron, cambió de parecer. No quería situaciones incomodas. Era cien por cien seguro que él estaría allí. Pero las chicas se pusieron tan pesadas. Utilizando su artillería pesada, como el chantaje emocional y cosas así. Al final, acepto.

Y mira cual era la verdadera razón por la que querían que no faltara.

Traidora.

La castaña envió una elocuente mirada envenenada a Luna. Y la aludida simplemente agachó la cabeza. No hicieron falta las palabras, la rubia acababa de autoproclamarse con ese gesto culpable.

La castaña apretó los puños.

– ¡Tú lo sabias, y no nos dijiste nada! – Le recriminó Hermione. La aludida se apegó más al cuerpo de su novio, que la recibió gustoso en sus brazos, y la miró con el remordimiento en sus grandes ojos.

¡Maldita mirada del Gato con Botas!, pero esta vez se juró que no caería ante esa mirada.

– Yo también lo sabía – Ginny sonreía con picardía – ¿No te parece genial que vengan?

– Estoy en éxtasis – Respondió hostil.

Doble traición. Dos por uno como en el supermercado. Con amigas como ellas, ¿quién necesitaba enemigos?.

Hermione quería matar a alguien. Liberar tensiones.

Malfoy podría ayudarte a liberar tensiones. Sacudió la cabeza para borrar semejantes pensamientos. Hasta su subconsciente se había aliado con las chicas en su contra.

Hermione compuso su rostro en una agradable armonía.

– Oh, genial – Comenzó hablar mirando a sus amigas – Creo que las dos van a regalarme un par de hermosos tacones y un bolso a juego con el vestido que me hicieron comprar – Comentó sonriendo triunfante cuando vio como las chicas la miraban indignada – Lo hago por vuestro bien. Es el precio que tenéis que pagas por contar verdades a medias – Finalizó con suficiencia mirando a la pelirroja.

La venganza se sirve fría.

Después de una tremenda discusión, las chicas accedieron a comprárselo. Los chicos, que hasta el momento se habían mantenido como meros espectadores, decidieron acompañarlas ya que habían acabado con sus compras y no pensaban dejar que ningún depravado se les acercara. Hermione no pudo evitar pensar que nadie podría ser más depravado que ellos, pero no lo dijo en voz alta.

– Nos queda una tienda más y podremos irnos – Habló Ginny con picardía.

Esa sonrisa no le gustó nada ni a Hermione, ni a Luna. La pelirroja planeaba algo. Algo, en lo que probablemente estarían involucradas ellas.

La pelirroja comenzó andar y los otros cinco se dejaron guiar. Cuando Ginny paró frente a una tienda, todos reaccionaros de forma distinta. Blaise se relamía los labios de satisfacción, parecía un niño en una tienda de juguetes. Draco miraba divertido los escaparates. Theo tenía la mandíbula desencajada. Luna y Hermione parecían dos tomates maduros de los roja que se pusieron.

Se habían parado frente a una tienda de lencería femenina. De las más caras y provocativas para más inri.

–¿A qué esperan. ¡Vamos! – Gritó la chica riendo. El primero en seguirle fue Blaise.

¿Quién sino?


Ginny estaba mirando unos conjuntos para Luna y ella mientras la rubia y Hermione la esperaban junto a los probadores. Al fondo de la tienda. Desde la posición en la que se encontraba podía percatarse con facilidad si alguna de las chicas intentaban escapar.

– Nos pasamos toda la vida comprando ropa sin saber que los mejores momentos se pasan sin ella – Comentó para ella misma sosteniendo entre sus manos un tanga de seda rojo.

Blaise se acercó a la chica provocando que esta pegará un saltito cuando le tocó la cintura y acto seguido, le susurró a la oreja.

–¿Qué tal si nos metemos en un probador y comprobamos tu teoría? – Mordió su lóbulo con sensualidad.

La pelirroja sintió una oleada de placer en su bajo vientre. El corazón se le había acelerado. Pero no le daría al moreno lo que quería. Por lo menos, no todavía.

–¿Qué tal si te vas lenta y calmadamente a la mierda? – Respondió con amabilidad.

Pequeña Weasley, no hay manera de ser un caballero contigo – Bufó mirándole de brazos cruzados.

– Creo que tu concepto de ser un caballero no es el mismo que el mío.

– Eres muy cruel – Un tierno puchero apareció en su rostro moreno haciendo reír a la chica.

– No te sientas especial, Zabini. Soy cruel con todo el mundo – Sonrió malévola.

El moreno se acercó a ella y dejó su rostro a escasos centímetros de la cara de la chica. Su penetrante mirada oscura tenía atrapada la azul de la chica. Ginny sintió un nerviosismo poco habitual en ella.

–¿Podrías dejar de hacer eso? – Preguntó sin apenas separar los labios.

–¿Qué cosa? – Preguntó divertido. Le encantaba que por una vez él llevara el control de la conversación.

– Mirarme de esa forma – Confesó la chica.

–¿Te está excitando? – Preguntó sin tapujos haciendo que la pelirroja sintiera una sacudida en su interior al sentir la mano del moreno rozar su pecho izquierdo.

– Tal vez – Dijo antes de separarse bruscamente del chico e ir a los probadores.

Blaise sonrió satisfecho. La tengo loca.


– Mi amiga necesita un sujetador para que sus tetas digan '¡Hola!' – Tras las palabras de la pelirroja, y la imagen de una abochornada Hermione, la dependienta miro los pechos de la castaña.

–¿No están diciendo '¡hola!', ahora? – Preguntó la chica colorada.

– Están diciendo un hola formal, como un 'Buenos días' – Reflexionó Ginny como si fuera una experta en pechos – Necesitamos algo que los realce para el vestido que te compramos.

Compré – Corrigió Hermione fríamente.

– Como sea – Dijo quitándole importancia con la mano.

La chica se enzarzó en una conversación con la mujer sobre qué tipo de sujetador debía traerle. La castaña solo pudo dar gracias de que solo estuvieran allí ellas dos y Luna. Los chicos se encontraban sentados en los sofás que había frente a los probadores.

La mujer tardó menos de diez minutos en aparecer con una pila de sujetadores. Se los tendió a la castaña y la pelirroja hizo entrar a la chica en los probadores. Ella y la rubia ingresaron detrás de ella.

–¿Se meten las tres juntas? – Preguntó Theo sin aliento.

– Estarán tocándose las unas a las otras. Quitándose la ropa. Estoy tentado de acercarme a echar un vistazo – Fantaseó Blaise.

– Te recuerdo que mi novia es una de las chicas que está en ese probador, Blaise. Para de fantasear si no quieres que te reviente a patadas los huevos – Lo amenazó Theo.

– Desde que sales con Lovegood estás muy agresivo – Comentó el moreno divertido - ¿Los torposoplos no te permiten un rato a solas para liberar tensiones con tu lunática? – Preguntó con fingida inocencia.

– Cállate, Blaise – Ordenó Draco sonriendo mientras sujetaba del cuello de la camisa a Theo para que no se le echara encima.

Las chicas se probaron varios conjuntos. Cuando decidieron con cual quedarse, Ginny les hizo ponérselos debajo de la ropa y salir del probador. Tenía un plan.

Una vez fuera, y ante la atenta mirada de los chicos, se acercaron a ellos para poder mirarse en el espejo que estaba sobre sus cabezas. Fue Ginny quien comenzó la travesura.

– Hey, Malfoy. ¿Crees que el sujetador que está utilizando Hermione le realza los pechos? – Preguntó con un dedo en la barbilla, dudosa.

Hermione se puso violentamente colorada. Y le envió una mirada a la pelirroja que decía claramente '¿qué mierda estás haciendo?'.

– Dicen '¡HOLA!' con mayúsculas, Granger – Sonreía perversamente en su dirección.

¿Cómo mierda sabia él sobre los 'holas'?

Hermione se sonrojó aún más y Ginny sonrió encantada. Se acercó sin vacilar a la castaña, y con sus dos manos, acaparó lo pechos de la chica y los movió un poco. Escuchó un fuerte carraspeo y no tuvo que mirar a los chicos para saber que provenía del rubio.

Hermione sintió una extraña satisfacción interior.

– Deberías comprobar si las tienes bien sujetas – Ginny le guiñó un ojo.

Y a los chicos les pilló totalmente desprevenido lo que ocurrió después.

Justo delante de ellos, la pelirroja obligó a Hermione a dar pequeños saltos haciendo que sus pechos se movieran con ella de arriba a abajo. Una y otra vez. Arriba y abajo. Arriba y abajo. Arriba y abajo.

A Draco se le secó la boca. Se estaba mareando de seguir con la mirada el movimiento. El rubio observó a sus amigos. Theo desvió la mirada avergonzado y Blaise tenía la mandíbula desencajada y los ojos desorbitados. Sin poder evitarlo le golpeó con fuerza en el brazo provocando que siseara de dolor.

– Deja de mirárselas – Susurró amenazante.

El moreno frunció el ceño, para luego sonreír con malicia.

– ¿Celoso de que otros disfruten de las vistas?.

– Cállate y no la mires, imbécil – Masculló.

Draco se cruzó de brazos y piernas para ocultar la erección bastante evidente y disfrutó del espectáculo. Luego en casa se encargaría del pequeño problemilla.

Hermione estaba bastante avergonzada por la situación, pero no pudo evitar la satisfacción al ver la reacción del rubio. Se sentía poderosa.

– Creo que están bien – Dijo mirándose las tetas.

Están espectaculares. Concordó los pensamientos del rubio.

Hermione sintió la insistente mirada del rubio sobre ella y no pudo evitar colocar sus manos sobre sus pechos y masajearlos, levantarlos, dejarlos caer y apretujarlas. Prácticamente se estaba magreando delante de él.

– A ver, déjame probar a mí – Dijo Luna inocentemente acercándose a Hermione y apretujando con sus manos los pechos de la castaña.

Draco tragó en seco. Definitivamente querían matarle. Escuchó un jadeó proveniente de su derecha y vio a Theo con la mirada perdida.

Supongo que no todos los días ves a tu novia magrear a sus amigas.

Observó que Theo también mantenía las piernas cruzadas.

– A partir de hoy me proclamo amante de las compras – Comentó Blaise con una estúpida y perversa sonrisa.

El joven rubio le pegó una colleja.

– Te dije que no la miraras.

Las chicas seguían ajenas a la conversación que mantenían los chicos y comenzaron a magrearse entre ellas, corroborando que los sujetadores que habían elegido las otras dos también eran perfectos. Los chicos estaban volviéndose literalmente locos. La situación era tan surrealista.

Blaise se sobó la parte golpeada con una mano.

– No era por Hermione. Aunque déjame decirte que tiene unas tetas geniales. La tuya también, Theo – Se calló ante la mirada asesina del rubio y el ojiazul – Me he vuelto loco al ver a mi Pequeña Weasley tocando las tetas de sus amigas. Estoy deseando enterrarme en ella – Confesó sin vergüenza – ¡La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la estatua de la libertad.

Theo y Draco se carcajearon tras sus palabras.


Continuará…


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Eishel Panakos.