Notas del Autor: Bon après-midi, mesdames et messieurs.

Antes que presentar el nuevo capitulo de hoy, me veo en la obligación de presentarme cordialmente ante ustedes, queridos lectores; Quien escribe este pequeño mensaje para ustedes es Yuu. Soy la hermana menor del joven Defalt y co-escritora de este pequeño proyecto, quien después de verlo batallar por noches enteras al rededor de botellas de whisky y absenta, eh decidido ayudarlo a escribir y juntos hemos creado un pequeño dúo. Si bien trabajar a al par en un proyecto puede ser un poco difícil, y mas si son hermanos, esperamos que los resultados de nuestro trabajo juntos sea de su agrado.

Queremos agradecerle a los siguientes autores por sus reviews y consejos; Tarmo Flake (Gracias por tus constantes consejos, estoy agradecida. Al igual que Russ.), Onix Star (Muchas gracias por las correcciones de ultimo momento, te lo agradezco.), Paradoja del Inquisidor, Alther, Arconte.
A todos aqui quiero darl las gracias en nombre de mi hermano por ayudarlo y motivarlo a escribir y continuar este fanfic, (Que es lo único que se esta dignando en continuar.)

Sin mas interrupciones innecesarias. Que disfruten la lectura ¡Vamos, que viene con araña incluida!

Pd: ¿Con que nos íbamos a tardar tres meses y 60 mil palabras, no? ¡Ja! Chupate esa bergamota.


Todo ira bien... No es fácil ser una inmigrante Pt 1.

Capitulo 4


— "¡Esto es no necesario!"

Recuerdo gritar en medio del llanto, dejando que las lágrimas cayeran sobre el suelo echo de concreto. Permitiendo que la tristeza y la amargura de mi llanto fuera mas fuerte, que la furia iracunda dentro de mi ser y que trataba de controlar con todas mis fuerzas para no cometer alguna locura.

—"¡Quisiste joderme, y vaya que lo lograste! ¡Ahora sufre las putas consecuencias!"

Otro recuerdo. Solo que en esta ocasión dicho grito no provino de mis labios, si no de mi captor; quien, desplegando un aura de furia iracunda muy difícil de ignorar, alzando su filosa arma, arremeto contra mi cuerpo una y otra ves, hasta que sus brazos le pidieron un pequeño descanso, permitiendo que las gotas de sangre de mi cabeza cayesen con una tranquilidad abrumadora por mi mejilla derecha. El dolor de esas minutos de tortura fueron insoportables.

No importa cuanto implorase por piedad, el pedir la amnistía por mis pecados solo quedo como una simple ilusión hacia varias horas atrás; cuando el único plan en mi cabeza, era el pasar una simple noche de pasión carnal entra féminas ¿Era mucho pedir? ¿Era tan egoísta? Tal vez.

Pero creo que antes de continuar con esta tragicomedia a la que llamo vida, debería dejar en claro de quien soy y el motivo del porque estoy escribiendo en este cuaderno a las tres de la madrugada, contemplando como la tinta corre por las hojas blancas de papel, que comenzaban a tornarse rojas también. Creo que debí cerrar mejor esa herida en mi cuello.

Mi nombre es Tara Feuersturm. Soy una Arachne oriunda de Sparassus y pertenezco a la subespecie mas grande de mi raza; Las tarántulas.
Es muy factible que dada mi nacionalidad, mi naturaleza y el que sea una maldita tarántula, les da a entender al mundo entero que nosotras somos criaturas extremadamente violentas; y tienen razón. Soy tan impulsiva como un padre violento, el cual acaba de volver de un bar completamente ebrio. Y a la más mínima señal de hospitalidad, incluso con un insulto, soy capaz de arrancarle la mandíbula a quien sea, no me importa su especie, edad, o si es negro o un maldito ario.

Soy alguien que desconfía prácticamente de todo el mundo, y que lo último que quiero, es entrometerme en las relaciones públicas.

Como se puede apreciar; No soy alguien a la que le pedirías que cuide tu perro. Por qué posiblemente me lo coma. O decida comerte a ti.

Pero hey, hasta yo hago mis excepciones ¿Saben?

Hasta un monstruo como yo, tiene personas que son dignas de mi respeto y admiración; Los hermanos Wilde son el mejor ejemplo. Un dúo de jóvenes que tuve la dicha de conocer cuando arribe a la nación de Argentina en busca de mi hermana, y claro, cuando el programa de intercambio de extra especies aun no existía.

Tuve la suerte de encontrarme con ellos; En lugar de vagar por un país completamente desconocido y evitar el contacto con los seres humanos para así ahorrarme escándalos innecesarios (Nuestra existencia ante el mundo entero, no eran más que cuentos de hadas y delirios de exploradores perdidos), ellos fueron los primeros en darme una mano y ofrecerme un escondite seguro y acogedor. No cualquiera le extiende la mano a una criatura que fácilmente podría arrancártela de una sola mordida. Si el ayudarme a esconderme de los ojos del mundo entero, ya era algo sorprendente de su parte, el que les abrieran las puertas a una criatura como yo, fue lo más hermosos que ellos podían hacer por mí.

María, mi hermana mayor y la razón principal de haber iniciado mi viaje; siempre desprecio a los humanos, catalogándolos como seres inferiores y como criaturas repugnantes sin corazón. Yo jamás entendí la razón de su particular odio; Si, en efecto, existen humanos horrendos y sin corazón, que no dudarían en partirte la cara o venderte al mejor postor. Pero si nos ponemos a hablar de corazones gigantes, estos monstruos quedaban como una minoría sin importancia.
Y es gracias a que, por más reducido que fuese el número de personas bondadosas que conozcas en tu camino por este mundo, llegando incluso a contarlas con los dedos de tus manos, se quedan grabadas en tu mente, no importa le motivo, no importa quién sea; Ten por seguro, que esa gente son las únicas que vale la pena recordar.

Y no siempre serán aquellos quienes aparentan ser. Según yo, la palabra 'Bondad' es un poco limitada hoy en día. Hasta el más cabrón o desgraciado puede llegar a ser amable.

¿Quién dice que la benevolencia está reservada solo para los héroes de los cuentos?

Emily Adeline Wilde, es mi 'Hospedadora' por no decir que es mi mejor amiga humana y mi compañera sexual eterna; Es estudiante de música en una universidad local y trabaja medio tiempo en un hospital dedicado exclusivamente a extra especies. Es una chica errática que decidió viajar a este lado del mundo con solo una meta clara en su mente; Ayudarme a buscar a mi allegada. Es por ello, que decidió trabajar para la señorita Kuroko Smith en el programa de intercambio, para tener acceso a documentos y facilitar nuestra búsqueda.

Pero el dejar de lado a Maxwell Keith Wilde sería un pecado y un insulto; él es su hermanastro menor, mi mejor amigo, mi compañero de travesuras y diversión los fines de semana y el principal impulsor de este viaje. Cuando los gobiernos confirmaron nuestra existencia ante el mundo, Japón salió como el país más importante en cuanto a la representación del programa de intercambio de extra especies. Max pensó que si el país nipón era el principal representante de dicha acta, era lógico que muchas especies al rededor del mundo terminasen ahí.

Dado que el odio exagerado de mi hermana hacia la raza humana era tan grande como la mismísima federación Rusa, no sería de esperar que viajara al país nipón para aprovechar al reciente crecida criminal de extra especies. Siempre fue una delincuente de pies a cabeza.

A la rubia le pareció una buena idea el viajar haya con el único objetivo de buscarla. Así que, ni bien pudimos encontrar un barco que nos lleve, armamos las maletas y partimos. No mentiré, estos dos años fueron muy duros; A Emy le costó mucho trabajo aprender el idioma (Tomando cursos gratuitos en Argentina mucho antes de partir hacia el país del sol naciente) y el conseguir un empleo de medio tiempo también era un problema.
Max fue quien peor la pasó, el estar en una cultura completamente distinta le era un problema constante, hasta el día de hoy sigue teniendo problemas para hablar japonés y el relacionarse con la escuela.

Y yo no la pasaba muy bien que digamos; el buscar todos los días por parques, muelles, bosques, pueblos lejanos, incluso cerca del mismísimo monte Fuji y no encontrar alguien rastro o pista que estuviese vinculada al paradero de mi hermana, era algo que me desmoralizaba diariamente. Y se podía reflejar perfectamente en mi humor.

A Emily le preocupo mucho nuestro estado de ánimo en ese entonces, por lo tanto decidió darnos a ambos un par de cuadernos, en los que podríamos anotar nuestras vivencias diarias más importantes, para sacar a la luz aquello que nos agobia en nuestro interior, aquellas cosas que queremos ocultarle al mundo entero o simplemente alguna graciosa anécdota que creamos que sea digna de recordar.
Y aunque no es un método estrictamente terapéutico de su parte, y que solo nos los dio como regalo de cumpleaños al no tener dinero para algo más digno y copiándose de algo que vio en una calicular, debo admitir que su tacañería fue más que efectiva.

Funciono, algo ideado por esa rubia oxigenada por fin había funcionado. En la mayoría de los casos, cuando la luna llega a su punto más alto y la matriarca de la casa se encuentra dormida recobrando energías para el día siguiente; Max y yo nos solemos sentarnos en la sala, disfrutando de una taza de té. O en el balcón, contemplando las estrellas y siendo iluminados por el astro lunar, ambos con nuestros libros en mano, escribiendo nuestras vivencias matutinas acompañándolas de charlas estúpidas y chistes sexuales.

Si, fueron años duros, y estoy segura de que vendrán muchos peores, pero esos pequeños ratos hacían que todo valiese la pena.

Una vez con las presentaciones hechas. No queda más que aclarar; ¿Que carajos está pasando paso aquí? Pues es una larga y divertida historia. Y me tomare todo el tiempo del mundo en escribirla.

— "Tara..."

La voz de mi captor, creo que tengo que reconsiderar eso de tomarme el tiempo que yo quiera.

~o~o~o~o~o~o~o~o~

¿Saben que es lo peor de las noches de luna llena? El tener que huir de tu hogar, para así evitar el matar al resto de tu familia. Todas las noches de plenilunio, Emily me obliga a abandonar el departamento, para así evitarles otra larga estancia en el hospital. ¿Porque digo 'otra'? Porque no es la primera vez que mi desenfreno sexual les causa problemas. ¿Qué paso en esa ocasión tan particular? Perdí el control de mis hormonas, como era de esperar; Emily termino con dos costillas rotas y el clítoris completamente masticado. Obligándola así, a estar en reposo un largo tiempo y a seguir las reglas del celibato permanente.
Y en cuanto al enano, le rompí la pelvis en cuatro partes. Él no se quejó en lo absoluto, según sus propias palabras; había valido la pena.
Si, pasaron unos tres meses en el hospital y se quejaban constantemente del agonizante dolor. Pero no la pasaron mal, comieron comida que sabía mejor a la basura a la que estamos acostumbrados. Emy fue visitada por su amiga Vanessa y estaba bajos los cuidados de la doctora Saori. Y Max era visitado constantemente por sus amigos del instituto. ¡Yo tuve que cuidar de mi sólita por tres meses! ¡Tuve que comerme a los gatos de los vecindarios cercanos para sobrevivir! Pero, en mi opinión personal, es un pequeño precio a pagar por una increíble noche de sexo tántrico.

Desde ese día, me prometí a mí misma nunca más volver a usar un palo de amasar como látigo improvisado. No quiero tener que comer gato ahumado dos meses seguidos.

Transportado por sus cuatro corceles, Helios dejo que el sol comenzara a dar sus primeras señales de vida, dándole rienda suelta a los pajaritos para dar sus primeros cantares matutinos. El sentir los rayos solares chocando contra mi piel era un alivio, las lluvias del día anterior no dieron buenas señales para un clima agradable y tuve que soportar las bajas temperatura toda la noche. Sabía que debía de haber traído mi abrigo nuevo.

Estoy consciente de que mi pelaje es lo suficientemente grueso como para soportar las bajas temperaturas, pero eso no evita que mi parte humana no sufra la frescura de la noche, luego de un hermoso día de lluvia.

Creo que pescare un maldito resfriado.

–"Verdammt...esta migraña me está matando."–Eh de admitir, no había tenido una noche tan salvaje desde mi fiesta de quince años.

En Sparassus, festividades como esas no eran motivo de halagos. En lugar de ello, nosotras celebrábamos nuestra menarquia, nuestra primera menstruación. Realizando un ritual, en el que las jovencitas cazaban un animal salvaje con sus propias garras, para demostrar que son mujeres fuertes y aptas.
Debido a que escape de mi hogar a pocos días de cumplir catorce años, jamás realice ese acto ceremonial en mi tierra natal, que era muy importante para las Sparassidae. Por ello y porque cuando residía en las montañas junto a mi madre, jamás tuve mi primer periodo.

No fue hasta mi llegada a Argentina, en que por fin me llego la regla por primera vez en mi vida y sucedió a pocos días antes de cumplir quince años.

En ese entonces, tanto la rubia como el enano con hedor a fertilizante natural, ya llevábamos un tiempo considerable conviviendo juntos. Ella había propuesto hacer una pequeña fiesta con solo nosotros tres, una en la que el motivo de celebración no solo fueran mis quince años de vida ya cumplidos, ni el ya llevar un año de conocernos. No, lo que ella tenía en mente, era el darme la oportunidad de cumplir con aquel ritual, con el fin de ser reconocida como una verdadera Sparassidae y otorgándome el prestigio que hubiera recibido en mi nación.
Estaba tan emocionada que casi lloro de la alegría. Luego de seguir los rastros de mi hermana hasta el suelo argentino, esta ceremonia era lo más cercano que tuve a mi hogar en meses.

Ya le había platicado con anterioridad en qué consistía el ritual y la importancia del mismo, y ella estaba más que dispuesta a permitirme celebrarlo el mismo día en que cumpliría los quince años de edad. Sería el regalo perfecto. Pero me dejo muy en claro que el realizar algo como eso en plena ciudad sería estúpido, poco prudente y muy peligroso. Por lo que tuvimos que realizar un viaje hacia el suroeste del país para poder celebrarlo como era debido.
Empacamos lo poco que teníamos, robamos un camión frigorífico en el que podían transportarme y partimos hacia Villa Mascardi, una pequeña zona rural que en ese momento no pasaba de los sesenta habitantes, ubicada en la provincia de Rio Negro; Frío, nieve, animales salvajes y alejados completamente de los testigos de jehová. Era perfecto.

Fue un viaje de casi un día, un día entero en el que tuvimos que hacer lo que fuese necesario para evitar los controles de la policía por la carretera. Dios, recuerdo como en una ocasión comenzaron a perseguirnos e intentaron sacarnos del camino, golpeando constantemente el parachoques trasero. Afortunadamente no lo lograron, pero el susto de ese momento y las injurias de Emily hacia toda clase de persona que ejerciese la ley, no iban a desaparecer tan fácilmente.

Eran épocas invernales, por lo que las tormentas de nieve eran abundantes. Las ventiscas eran tan fuertes, que hasta el explorador más experimentado se lo hubiera tenido que pensar unas dos o tres veces, antes de siquiera poner un pie fuera de la comodidad de su hogar.
Pero la poca visión no era el único factor que volvía al departamento de Bariloche el campo de pruebas perfecto; Súmenle los treinta grados bajo cero, la escasa población y los kilómetros de suelo montañoso que no podían ser cruzados a pie con humanos. La sensación de post victoria era exquisita, me sentía como un soldado alemán en pleno junio de 1941, celebrando por tener a las repúblicas Bálticas en mi dominio.

Un día antes de empezar con la ceremonia, habíamos irrumpido en la cabaña de verano de un infeliz ricachón, dándonos el lujo de usar todo lo que se encontraba en la casa; Baño, jacuzzi, habitaciones, e incluso nos dimos el gusto de comernos todos los alimentos no perecederos que quedaban en la alacena. Nada como un festín antes de ir a batallar. El clima era horrible, pero la comida era buena; Era el día perfecto para morir.

Como nos encontrábamos en el suroeste del país, era lógico el esperar un poco más a la caída del sol. El show crepuscular se concretó a altas horas de la noche, a eso de las nueve y media, lo que nos dio el tiempo y el clima perfecto para la ceremonia y demostrarle al mundo que tan buena cazadora podía ser.
Cuando por fin dieron las diez de la noche, el único sonido más fuerte que podía llegar a escucharse dentro de la casa, además del de la leña siendo consumida por el fuego en la chimenea, era el del constante traqueteo de mis patas en el suelo de la choza; Estaba muy emocionada. Ansiaba el ver la expresión de orgullo en el rostro de Emily, al presenciar como su amiga entraba inmaculada por la puerta de entrada, portando a sus espaldas algún zorro o algún que otro jabalí. O el acostumbrado asombro del, por ese entonces, pequeño Max, cuya curiosidad no haría más que preguntar mil y un veces sobre como su mejor amiga, había dominado a tales bestias salvajes.

Me proveyeron de un pequeño abrigo para que no me congelara de una manera tan literal. El clima era completamente distinto al de mi nación y los animales eran cinco veces más grandes, por lo que tendría que tener extremo cuidado por lo que me podría encontrar.

Con un abrazo y un beso de buena suerte de parte de la rubia, y un choque de puños de parte del pequeño, me despedí de ambos, con la promesa de no decepcionarlos.

No mentiré, fue una noche de mierda; Para empezar, me pase unas dos putas horas buscando un refugio para pasar la noche, o en caso de que una tormenta de nieve me impidiera seguir con mi búsqueda. Para mi suerte, o mala suerte, solo pude encontrar una vieja cabina de guarda bosques. Por suerte esta estaba intacta y pude resguardarme del frío por un tiempo.
El encontrar a una presa tampoco fue una tarea fácil; Me pase horas buscando entre la nieve aunque sea un maldito pájaro para no llegar a casa humillada. Pero las bajas temperaturas, sumada con las fuertes tormentas, reducían considerablemente las posibilidades de la aparición de algún animal incauto.

Cerca de un acantilado, había encontrado lo que parecían ser las huellas frescas de un zorro. Al acercarme más para poder seguirle rastro al pequeño animal, las placas rocosas en donde me encontraba de pie se desprendieron, provocando que perdiera el equilibrio y me precipitara hacia el barranco.
Mientras caía, intente que mis patas se adhirieran a alguna superficie lo suficientemente firme como para evitar que mi cabeza se estrellase contra algún trozo de granito, diorita o alguna maldita piedra congelada. Pero las gruesas placas de hielo que las cubrían, me dificultaban el poder sujetarme con firmeza.

Al no encontrar algo a lo cual sostenerme, los constantes golpes contra las rocas y troncos destrozaron la prenda que Emily me dio, abriendo en ella un sin fin de agujeros.
Pero el tener un abrigo roto era el menor de mis problemas; Mi doloroso camino hacia abajo se vio acompañado de cortes superficiales y moretones, producto de los constantes impactos contra troncos y rocas recubiertas de hielo. Pero lo más doloroso eran las quemaduras en mi piel a causa del contacto constante con el hielo seco.

Actualmente pudo decir con certeza, que la caída fue de unos cincuenta metros de altura, tal vez sesenta, en ese momento no tenía al suficiente fuerza mental o el ánimo necesario como para ponerme a hacer cálculos.
Mi frente sangraba, mi cuerpo se encontraba seriamente golpeado por la enorme caída y tenía torcida dos de mis patas traseras, pero la peor parte se las llevaron mi garritas; Debido a los contantes choques contra la superficie rocosa, algunas de ellas impactaron con todo, resquebrajándose en el proceso y volviéndolas frágiles.

Si llegaba a mover un solo musculo, queriendo re incorporarme, el dolor en mi cuerpo me obligaba a ceder y a reposar mi cuerpo sobre la nieve, ocurría en todos y cada uno de mis intentos de levantarme y continuar con mi viaje.

Pero no todo era una maldita tragedia; el helar de la nieve hacia que el dolor de los moretones fuera más agradable.

Pasaron algunas horas, los rayos del sol comenzaban a aparecer por detrás de las montañas y mi orgullo ya se encontraba en el subsuelo, de la misma forma que mi cuerpecito, el cual no se movió en toda la noche.
Se acabó, el sol salió y el ritual se había acabo; Pase toda la noche semi inconsciente e inerte en el suelo, entre las rocas, quejándome a modo de susurros por el suplicio. La única oportunidad que tenía para demostrarle al mundo de que tan capas soy en realidad; que puedo cuidarme sola, y lo arruine por completo. Había recorrido kilómetros, casi cruzando la frontera con Chile, y en lugar de cazar aunque sea un maldito jabalí, me pase toda la puta noche en un baldío, con el cuerpo hecho mierda por los golpes y gimoteando, deseando que Emy saliera a mi búsqueda y me salvara.

No era la primera vez que deseaba que ella saliera de la nada, como si fuese algún tipo de deus ex machina, y me salvara el trasero del peligro inminente, me acariciase la cabeza consolándome y que la escuchara diciendo que todo estaría bien.

«Todo Ira bien, Tara. Eres mi pequeña guerrera. No importa cuánto sangres, saldrás adelante. Lo sé.»

Las Tarántulas somos conocidas por ser orgullosas, muy orgullosas. Y no sabía que es lo que me dolía más; Los múltiples hematomas en mi cuerpo o el hecho de que tenía mi maldito orgullo completamente roto, al estar suplicándole a los dioses que mi mejor amiga viniese a mi rescate. Me encontraba destrozada, de manera literal.

Si mi madre y mi hermana me hubiesen visto en ese entonces, seguramente ya no me reconocerían como un miembro de la familia y posiblemente me dejarían morir en medio de las montañas, usando eso como último recurso de que tuviese una muerte digna y le dice una pizca de honor a mi familia.
Si, exageraba, ambas me amaban con todo su corazón, de eso no tenía duda alguna. Pero mi pesimismo era tal, que eso no sonaba muy surrealista que digamos.

En ese momento, tenía la certeza de que ya todo estaba escrito y que mi fallo era inminente; El sentimiento de derrota y vergüenza podía compararla a la de mi abuelo Alger, en plena derrota al intentar tomar Moscú y fracasando en el intento.

Moví mi cabeza un poco, quitando la ligera capa de manto blanco que se había formado sobre mí en las últimas horas. A cada intento que hacía por ponerme de pie, apoyando mis brazos de manera suave para que mis garras no sufrieran mayor daño; Mi estropeado cuerpo gritaba "Alto", obligándome a desplomarme en sobre el manto blanco de la montaña.
Los rayos solares golpeaban de manera leve mi rostro. Para cualquier persona que viviese en las montañas, el despertar luego de una noche fría al lado de tu fogata, con un chocolate caliente y contemplando el paisaje crepuscular, debería ser una de las mejores cosas en este maldito mundo.
Para mí, esta era la peor mierda que podría haberme pasado en años; Esa puta bola de fuego se mofaba de mi infortunio como si yo fuera el mejor chiste de la temporada de invierno. Había fallado de la manera más patética posible y ya no existían las segundas oportunidades.

Fue en aquel lapso de tiempo, ese pequeño momento de fragilidad en que me había puesto en los hipotéticos zapatos de mi abuelo al imaginarme como debió sentirse el en los últimos meses de la segunda guerra mundial (Aquellos tiempos en que el mundo tacharía al Führer era uno de los mayores monstruos de la historia), en que el destino decidió que desde ese día en adelante, jamás estaría a mi favor; Un maldito puma apareció ante mí.

No estaba segura si eran alucinaciones, si mi cuerpo pereció hasta morir congelado y que ahora mi alma vagaba por las montañas, o si sufría los primeros síntomas de demencia como mi tía.
Tarde un poco en aclarar mi visión, y si hubiese sabido que es lo que estaba frente a mí, hubiera preferido quedarme ciega; el maldito estaba ahí, a no más de veinte metros de mi posición, oculto entre la vegetación acechándome y dejando a la vista solo un par de ojos amarillentos.

Estaba herida, hambrienta, con frío y aterrada. Cuando era apenas una niñata cuyos colmillos apenas si empezaban a producir veneno, mi hermana y yo nos escapábamos de casa a altas horas de la noche y tomábamos rumbo hacia las montañas, donde ella me enseñaba todos sus trucos; Como crear trampas para animales, detectar las huellas frescas de una presa potencial y el cómo seguir el rastro, todo lo que se lo aprendí de ella. Pero siempre que practicaba eran animales pequeños como ardillas o jabalíes pequeños. Jamás me había enfrentado a algo tan jodidamente grande y peligroso como lo es un puma adulto.

Si, estaba asustada por estar siendo asechada por un maldito felino y el tener un movimiento limitado, no me era muy gracioso que digamos. La nieve de repente se sintió extrañamente tibia cuando la vegetación comenzó a moverse con lentitud, dándole la oportunidad a un segundo felino a hacer acto de presencia.

Sabía que era esa extraña tibieza liquida, pero el indagar en ese momento no hubiera sido lo más prudente del mundo.

El primer carnívoro salió de su escondite, dándome una visión perfecta para una rápida comparación de tamaños; El más grande, el macho por obvias razones, aparentaba tener unos tres metros de largo. Mientras que su pequeña compañera aparentaba superar por muy poco los dos metros de largo.

Seria deshonroso el mentir sobre esto. Al hacerlo, no solo me estaría burlando de mis amigos, sino que también estaría menospreciando las hazañas de mi abuelo y lo que significa el para mí, además de que daría a entender, que el esfuerzo que hizo mi hermana para poder entrenarme por años, fue en vano y una perdía de tiempo; en ese momento, estaba aterrada. El sentir como mis patas se enfriaban y ver como lentamente la cianosis comenzaba a ser más notable en mi piel, dejo de ser un problema relevante para mí. Ya no me importaba el sentir el choque de frío sobre mi pecho desnudo, corriendo el riesgo de sufrir de una terrible pulmonía, por no decir mortal.

Hacía tiempo que no experimentaba nuevamente ese hormigueo en mis patas y mis brazos, el sentir el miedo me recorría el cuerpo como si fuese un maldito virus. El encontrarme con dos criaturas de ese tamaño era algo a lo que creí que estaba preparada, que equivocada que estaba.

Comencé a hiperventilar a causa de los nervios, otro grave error de mi parte; Las bajas temperaturas, obligarían a cualquiera a usar una máscara que cubriera su cabeza por completo para no sentir esa tortura helada. Los fríos aires de los Andes comenzaron a invadir mis pulmones, causándome fuertes dolores en la zona pectoral y en la garganta, volviendo la tarea del respirar y el exhalar, un tormento contante.

Entonces, en ese momento, comprendí por fin como se sintió el viejo Alger; hambriento, congelándose y con el miedo carcomiéndole el alma, a medida que el ejército soviético se acercaba a su posición.

Es curioso lo que uno puede experimentar en tantas cosas en tan pocas horas ¿No lo creen? En menos tiempo de lo que pensaba, había experimentado en carne propia todo el dolor (De manera muy realista, para mi pesar.) que mi abuelo vivió a lo largo de toda la guerra. Los mamíferos habían hecho un trabajo excepcional al reemplazar al ejército rojo, en esta curiosa tragicomedia digna de su propia adaptación teatral. Ambos felinos comenzaron a rodearme, procurando el tenerme completamente rodeada y sin posibilidad alguna de escapar. No importaba cuanto analizara la situación, todo parecía estar en mi contra; El luchar contra ambos dañaría mis garras, sin mencionar de que apenas si lograba sentir mis patas.

Por más que mis movimientos estuvieran restringidos; con mi cuerpo exigiendo calor con desesperación, no podía rendirme de manera tan sencilla. Podía morir, eso era claro, pero si desfallecía a causa de estos animalitos, al menos tenía la esperanza de que sufrieran de estreñimiento. Ese era mi único consuelo.

El quedarme quieta y dejar que el destino decidiera la próxima jugada, por más tentador que hubiese sido, no sería la manera más digna con la cual me gustaría morir. No después de todas esas noches en las que María se desvelada y se pasaba horas a la luz de la luna preparándome para este día.
Nunca olvidare esos entrenamientos, muchísimo menos eliminare el recuerdo de la ocasión en que me dejo caer por un precipicio para que yo misma pudiera salir bien librada de él. O aquellas noches en las que me abandonaba en medio de las montañas por horas, triste y asustada, tratando de encontrar el camino a casa por mi cuenta. O cuando dejo que un jabalí salvaje me atacara y me mordiera por todos lados.

...

Bien, lo acepto; María es una persona horrible y posiblemente jamás gane el título de la mejor hermana del mundo, y muchísimo menos por abandonarme en Sparassus, pero hacia lo que podía con lo que tenía y eso era de admirarse.

Pero aun así, creo que empujarme apropósito a un acantilado a la edad de seis años, fue algo excesivo.

El recordar esos momentos de mi infancia, en los que sufría como una perra, me dieron un poquito de motivación como para decidir dar lucha, por más que tuviese todas las de perder. No poseía la suficiente determinación como para enfrentarme a un pelotón entero de soldados, pero si la necesaria como para ignorar los gritos que emitía mi cuerpo, exigiendo que me detuviese de inmediato.
Estire mis brazos hacia los costados, apoyándolos sobre el frío manto blanquecino y recordándole a mi cuerpo quien era la que tenía el poder aquí; No era mi cuerpo quien me lo ordenaba, ni los hematomas del mismo, era mi maldito espíritu de guerrera. Mi maldito orgullo de Sparassidiana.

Bueno, era eso y el hecho de que no quería morir de una manera tan patética; Congelada y que las alimañas de este maldito bosque se aprovechasen de mi cuerpo.

Aunque, si lo que buscaban era el aprovecharse de este cuerpazo, lamento informarles amiguitos, que esa rubia les gano por goleada; Quien llega primero, se sirve primero.

Lance un grito gutural como si fuese alguna bestia salvaje, no solo para darles a entender de que esta maldita pelearía por su vida, sino porque los tendones de mis extremidades se estiraron a más no poder.
Pero estaba motivada al fin de cuentas; Con ansias de regresar a casa y vivir un poco más.

Además de que si quisiera morir de alguna forma, lo haría de forma extravagante; En un gran jacuzzi y rodeada de un montón de muchachitas de exorbitantes senos naturales. Esa si sería una forma digna de dejar este apestoso mundo.

«¿Quieren querrá? Les daré guerra...»

Mientras yo me encontraba inerte en el suelo hacía pocos minutos, los felinos había aprovechado el tiempo para separarse y rodearme, tratando de imposibilitar toda posible vía de escape. En cuanto me puse de pie, fue la señal que necesitaban para ponerse mis garras, asegurándome de que estuviesen listas para lo que podría haber sido mi última batalla una última batalla. El dolor, a pesar de que pasaron ya varias horas desde mi desastroso descenso a la montaña, seguía siendo terriblemente fuerte, como si en cualquier momento se fuesen a caer de mis dedos. Pero aun así estaría lista para recibir al primer gatito que se atreviese a abalanzarse sobre mí.

Seguía con miedo; De hecho, estaba a punto de orinarme nuevamente, pero el saber que tenía una mínima oportunidad de salir viva era suficiente como para soportar mis necesidades fisiológicas unos minutos más.
Hasta que no llegase a casa, este maldito ritual no se acabaría; era mi última maldita oportunidad para cazar un trofeo digno, y de demostrarle al mundo entero que esta niñita miedosa, criada bajo los brazos maternales de su madre y ajena a toda clase de doctrina militar, albergaba en su interior a una guerrera hecha y derecha. A alguien que a pesar del enemigo lo superaba en número, no daría marcha atrás y que se quedaría a pelear cueste lo que cueste.
Mi abuelo peleo hasta el final de la guerra; Era alguien que apenas si comenzaba a dar sus primeros pasos en la vida, ¿Pero se rindió y se escondió como una maldita comadreja? ¡No! Le importaba su nación, pero no lo suficiente como para querer a ir a una guerra que sentía que no le correspondía, pero no por ello dio un paso atrás; Busco su propia motivación, una lo suficientemente lógica para cualquier hombre en la tierra; La familia. El volver a ver la sonrisa de su madre y el sentir un fuerte abrazo de parte de su padre, fue lo que lo motivo a no rendirse y querer volver con vida a casa.

Ya había sobrevivido horas infernales bajo estas inhumanas condiciones climáticas, no había viajado mil kilómetros desde mi 'hogar' para rendirme y salir llorando. Y claro, no me dejaría ganar por un par de animales estúpidos. Mi meta era tan clara como el lago Nahuel Huapi; Los mataría a ambos. No me importaba en lo absoluto que esa fuera una maldita reserva natural, me llevaría el par de cadáveres a casa, haría una alfombra y un maldito abrigo con sus pieles, y le demostraría a mi familia, a mi nación y a mis amigos que podía ser una guerrera de verdad.

Pero lo más importante para mí; Le daría honor al viejo Alger Müller. Alguien que vivió atormentado por años los traumas de la guerra y que, según relatos de mi madre, solía despertarse gritando por las noches.
Eso me motivaba a continuar; el saber que cuando por fin tuviera la oportunidad de conocerlo en persona, podría verlo sonreír mientras su pequeña nieta le relataba detalle por detalle el cómo venció las adversidades de la montaña y no se rindió ante nada. Siempre pensando en lo que para ella era más importante; ver a su familia de nuevo y abrazarlos una vez más.
Y demostrarle, que todo el sufrimiento que él tuvo que pasar para sobrevivir, no fue en vano y que sus herederos heredaron sus mismos ideales y su misma determinación ante el peligro, y que debía sentirse orgulloso de ello.

Honorable, y con la cabeza siempre en alta.

« Ehre und Treue.... ¡Vengan de a uno, hijos de puta!»

Mi lenguaje de camionero ebrio no solo enorgullecería a Emy por sonar tan 'De calle' como dice ella, si no que hizo que ambos felinos se lanzaran al ataque y me dieran poco tiempo a reaccionar. La hembra, posicionada a mis espaldas y con una velocidad envidiable, salto sobre mi abdomen, causándome un ligero dolor en la zona en donde se suponía que tendría que estar mi marca de nacimiento, y en su lugar solo había una gran costra asquerosa mezclada con mi pelaje azulado. La felina, enterró sus garras en mi espalda y en mi hombro; asegurando su agarre a la par que abría su mandíbula intentado morder mi cuello. Pero los bruscos movimientos que yo realizaba le eran un impedimento para llegar masticarme el cogote. Tanto su propio peso como sus garras atravesándome la carne eran un suplicio, pero si quería librarme de ellos, tendría que seguir haciendo sacrificios.

En cuanto al macho alfa, el comenzó a correr hacia mi dirección, con las mismas intenciones que su compañera. Haciendo caso omiso al dolor de mis extremidades, sujete a la gata por su lomo y con un movimiento brusco, logre que sus garras se desprendieran de mi piel. Aprovechando que su pareja se acercaba, arroje al animal hacia la misma trayectoria que su compañero, provocando que ambos chocasen de frente.

El arrojarla fue mucho más fácil de lo que pensé. Trate de no perder el equilibrio, el macho parecía que aún tenía ganas de pelear.
Observe bien al felino, tenía el hocico con ligeras manchas de sangre. Y era algo raro, ya que no parecía tener algún golpe. La respuesta más obvia me hizo desviar la mirada hacia el cuerpo de su compañera, quien yacía a su lado, inerte en el suelo.
No fue muy difícil para mí el deducir que le paso; Al quitármela de encima, debí de haber atravesado su piel y algún órgano importante. Mire mis manos y si, efectivamente, la sangre escurría de mis garras como si de dagas se tratasen. Había acabado con la maldita, ahora solo faltaba uno.

¡Genial, era un punto para mí! Con la maldita fuera de mi camino, lo único que quedaba era su querido novio.
Me di el gusto de festejar por un momento, por fin había matado algo con mis propias manos y era un puma, un animal que no se veía por Sparassus ni con toda la suerte del mundo. Mi hermana estaría orgullosa.
En lo que me elogiaba por dicho logro, el felino restante aprovecho para lanzarse al ataque y tomar venganza. Apenas si tuve la fuerza y rapidez de colocar mis manos frente a él y evitar que me clavase sus caninos sobre mi rostro. Este tenía muchísima más fuerza que la anterior y su constante forcejeo hacían que el trabajo de retenerlo fuera mucho más complicado.
Mi mano derecha se encontraba en su cara, usando la poca fuerza que aun tenia para poder mantenerlo alejado. Mi otra mano sostenía su pata derecha a la par de que uno de mis pedipalpos trataba de apartar su otra pata. Era una posición de lo más incómoda, pero no podía detenerme pensar o a buscar una posición que fuese más cómoda. El maldito comenzó a morder mi dedo con mordidas tan rápidas como lo era al cazar, el puma término por arruinar por completo una de mis tantas garras que tenia rotas.

Si antes el dolor constante de mis músculos era insufrible; el sentir como ese desgraciado me trituraba mi meñique era muchísimo peor. Nada se le podría comparar a esto; Oír el crujir de una parte de tu cuerpo rompiéndose en mil pedazos. Seguido de los escalofríos, provocados por ver como la sangre comenzaba a brotar de tu mano. Y finalmente, el dolor punzante. El sentir como sus otros dientes se ocupaban de masticar y tratando de llevarse algún que otro trozo de carne al paladar. Lo que comenzó como simples quejas producto de los hematomas, ahora eran sonoros gritos de dolor.

Atravesando su mejilla y sujetándolo fuertemente; rote sobre mi propio eje unos ciento ochenta grados y arroje su maldito cuerpo lo más lejos que pude. Distancia que no supero, ni de lejos, los diez metros de distancia.

El arrojarlo lejos de mi espacio personal, provoco que tambaleara un poco y que perdiera el equilibrio, ocasionando que cayera de cara contra la fría nieve. El sentir las bajas temperaturas de aquel manto blanco contra mis heridas y raspones no ayudó como yo esperaba.
Cuando el contacto con la nieve se hizo insoportable, causándome serias quemaduras, extraje mi dedo del hielo molido y lo sujete con fuerza, apretando los dientes y lanzando algún que otro quejido.
Arranque un trozo de tela de mi abrigo, al fin y al cabo ya estaba arruinado, y con cuidado, envolví mi dedo índice para detener el escurrimiento de la sangre y así evitarme infecciones innecesarias. Gracias a los dioses no tendré que estar una semana en este maldito lugar, la gangrena es algo que simplemente preferiría evitar.

Para ese punto ya estaba colérica; Ya había tenido suficiente de este ridículo ritual, de esta maldita montaña y ese estúpido puma. Me dolía la cabeza, mis patas y mi abdomen. Básicamente todo mi puto cuerpo sufría de algún maldito padecimiento ¡Y el desgraciado se mantenía ahí, quejándose como si fuera un niño al que le quitaron su juguete favorito! ¡Yo sobreviví a esto desgraciado; el curarme todos estos huesos rotos y hematomas me llevara semanas, si no que meses!

Apoye mi mano izquierda en el frío manto blanco, teniendo extremo cuidado con que mi herida no volviera a palpar las bajas temperaturas, y logre ponerme de pie nuevamente. El Marica seguía ahí; sin fuerzas para continuar con nuestro breve combate, y quejándose ligeramente mientras frotaba su cara con sus patas delanteras.

«Estúpido, eso empeorara las cosas.»

Dije con la voz rasposa y con la mirada fija en el animalito, quien solo se quedó en la misma posición, dejando que la nieve comenzara a parecer un raspado de fresa.

Diablos, el relatar eso provoco que se me antojara el comer uno ¿La tienda El Polo Sur estará abierta a estas horas? Lo dudo mucho.

Como sea, me desvió del tema; Me di el lujo de vociferar algunos insultos dirigidos hacia mi persona y mi maldito orgullo alemán. En ese momento, el imaginar haber nacido en América Latina sonaba un sueño hecho realidad.
No me mal interpreten, amo a mi nación como cualquier Sparassideana, pero al menos aquí, este lado del mundo, este tipo de costumbres no son primordiales en la vida de una adolescente.
El repetirme reiteradas veces que era un asco y una vergüenza alemana, me ayudo en cierto modo a relajarme. Ya está, se acabó; Las bestias estaban fuera de combate y yo continuaba enterita. O al menos la mayor parte.

Era hora de terminar con todo este teatrito ridículo e irme a casa, añoraba el desmayarme por tres días y despertar envuelto en una hermosa manta confeccionada a base de piel de puma. Dios, sería un sueño hecho realidad, después de todo me lo merecía después de pasar por esta pesadilla.
Una de mis patas dio un paso adelante, casi de manera inconsciente; Luego otra, otra, y otra. Y seguí caminando a paso relajado hasta estar a una distancia prudente de un metro de la bestia. Pero no creo que haya sido necesario; El ignoraba el que estuviera tan cerca y lo único que hacía era lanzar algún quejido y mover su cola.

Lo observe bien, tratando que cada rasgo de su cuerpo se impregnara en mis recuerdo de lo que fue una noche horrible; Le había destrozado la mandíbula. La fuerza que use para alejarlo de mi había sido demasiada y no solo le había dislocado la quijada, si no que le destroce por completo su mejilla izquierda. Haciéndolo lucir como si su maxilar estuviese separado de su cuerpo.

Pobrecito, el verlo en tan precario estado, muriendo lentamente, casi hacia que me diera pena por él. Pero por muy poco.

Lo que si estaba segura, es que estaba completamente decepcionada de mi misma; Yo esperaba, luego de todos esos recuerdos de mi abuelo y esos momentos 'hermosos' con mi hermana mayor, que la fuerza de voluntad me invadiera. Dándome la fuerza y el valor suficiente para volver esto la pelea a muerte más fantástica de la historia. Y dejar a la cordillera de los Andes como un lugar memorable para las generaciones que me presidiaran.
Pero no, esa clase de cosas solo ocurre en las películas. En la vida real; Si no sales al mundo con un carácter fuerte desde un principio; Te orinas encima, terminas con medio dedo y en una esquina llorando pidiendo por tu madre, como me ocurrió en las últimas horas.
Al fin de cuentas solo actué como una niña en medio de un tiro cruzado; Sali viva por milagro y fue gracias a mi suerte de principiante, no por mi determinación, ingenio y entrenamiento para ganarle al enemigo. Tal vez, cuando conozca al abuelito y le cuente sobre mi travesía en la montaña, se alegre de que al menos su pequeña nieta salió viva y no me deje dar por el culo tan fácilmente como otras arachnes pensarían.

Pero hey, no crean que me arrojaba piedras a mí misma, ¡Resulte ser mejor que mi hermana y que el resto de mis paisanas! ¡Derrote (A duras penas) a dos pumas adultos! ¡Mientras que en Sparassus cazan jabalíes, yo me la jugué por enfrentarme a dos malditos carnívoros! ¡¿Quién es la inútil ahora, eh hermana?! ¿¡Quién tiene más agallas que esas zanquilargas palurdas presumidas?!

«¡Chúpate esa Erika Kriegtotchter!"

Ok, puede que le esté faltando el respeto a una de nuestras heroínas más reconocidas y a una figura digna de admiración y respeto, pero tenía el orgullo tan elevado que simplemente necesitaba gritarlo por toda la montaña.
Pero al igual que tenía mi orgullo por la nubes, también tenía mis patas en la nieve; Literalmente. Al lanzar ese grito de "Victoria" mis patas sucumbieron al sobre esfuerzo de las últimas horas. Y sin más, deje de sentirlas. Obligándome a recostar mi parte humana sobre la fría nieve, con la mirada del animal fija en mis ojos.
Podía ver su expresión de estoicismo, como si de por sí ya hubiera aceptado su destino y estaba esperando que los reflectores de esta obra se apagaran, para así dar comienzo a la siguiente función que el destino nos tenía preparado a todos, una galardonada por el mundo entero.

Arrastrándome hasta estar a centímetros de su cuerpo, el pobre comenzó a rugir de manera ligera, intentando no hacer el mayor esfuerzo posible para no mover más de lo necesario su rostro y tratando de alertarme con que me mantuviera alejada de él.

Coloque dos de mis garras sanas sobre la zona abdominal del animal. Y comencé el lento descenso de la misma, procurando de disfrutar cada segundo en que la sangre se abría paso por sus pulmones y comenzaba a salir al exterior, frotándose suavemente contra mis dedos.
Puede que suene algo muy sádico de mi parte, pero ¿Que puedo decir? El serlo esta en mis genes y la sensación de que pronto estaría en casa, me era razón suficiente como para permitirme el disfrutar de estas cosas en mantuve en esa posición unos dos minutos, asegurándome de que estaba muerto y que por fin podía relajar el cuerpo.

Extendí mis brazos sobre el frío manto (Teniendo cuidado con que mi dedo herido no la tocase) y me deleite con los rayos solares que caían como trompada sobre mi rostro.
A pesar de que no fue la victoria que me imaginaba, había cumplido con los 'requisitos' necesarios como para que el rito fuera dado por válido. Había matado a amabas criaturas con mis propias manos, sin ayuda de herramientas o armas. Y eso era suficiente como para regodearme en la victoria.

Pero tendría que esperar, el tomar un descanso era lo más importante en ese momento.

Luego de acomodarme sobre la nieve, deje de forzar mis movimientos y me di el gusto de descansar y relajarme. Pero no tenía que quedarme dormida; Podría hibernar por un largo tiempo. Y no quiero morir.

Pero claro, mi suerte ya había sido echada hacia años, y esta vez no sería la excepción; mi descanso no duro demasiado. Desperté poco tiempo después, a causa de un ligero dolor en mi oreja.
Abrí los ojos solo para encontrarme con un zorro culpeo, también llamado zorro colorado, masticando mi oreja derecha en un intento de devorarme.
Sin previo aviso, y con todo el cariño del mundo, le di un golpe seco en la nariz, haciendo que chille de dolor y se aleje corriendo. Me levante lo más rápido que pude, un zorro era indicio que no muy lejos debían de haber más. Y no estaba equivoca.
Al ponerme de pie pude apreciar como otro raposo estaba intentando servirse el almuerzo con uno de los cadáveres, que se suponía que eran mis trofeos; Era el de la hembra, el más alejado de mi posición.

Me sentía un poco cansada, pero no lo suficiente como para no levantarme y patearle el trasero a ese maldito. A paso acelerado, estire mi pata delantera derecha lo más que pude y le di una patada en el culo, que literalmente lo mando a volar. Por un momento, me sentí como Ernie Stautner, jugando para los Pittsburgh Steelers. Incluso me di el gusto de festejar que mi pase me diera el tan apreciado touchdown ¡Seis puntos para Sparrasus, a por el campeonato!

Dejando de lado mi fanatismo por los deportes de contacto, culpen a Max de ello, volví a centrar mi vista en lo más importante; Mis trofeos.
A pesar del cansancio, me sentía un poco mejor, los músculos de mis patas ya no me dolían tanto. Es una lástima que no podía decir lo mismo de mis manos, que el dolor punzante en ambas aún era latente como mil picaduras de abeja. Y esto lo digo en torno a mis demás garras. Porque el suplicio que sentía por mi dedo índice podía compararse con defecar un piano de cola sin necesidad de laxantes.

Pero tuve que soportarlo, tenía que. Si comenzaba a quejarme en ese momento, el camino de regreso al campamento seria mucho peor.

Cargue ambos cuerpo a mi abdomen y comencé el lento, pero tranquilo, regreso a casa. Omitiré detalles innecesario; como esas dos horas en las que me pase buscando algún camino que me permitiese subir ese maldito barranco. Y otras cuatro, en las que hacia todo lo posible por encontrar el camino de regreso al campamento.

Claro, cuando llegue los regaños empezaron; Emily casi se le cae el corazón cuando vio el deplorable estado de mi cuerpo, y Max literalmente se desmayó del susto, era un niño de doce años después de todo ¿Quién lo tacharía de cobarde o miedoso? Yo no podría, cuando despertó, se pasó los siguientes meses cuidando de mí, incluso durmiendo conmigo por si requería de algo.

Y bueno, esa fue básicamente mi "Fiesta de cumpleaños" número quince. Con un viaje de en sueño, recuerdos inolvidables, una cacería en plenas cordilleras, sangre, tripas y dos meses de rehabilitación como souvenir. La fiesta de ensueño para cualquier chica. Una que espero jamás tener que volver a vivir. O como dicen por aquí; 'Ni en pedo'.

Pero, era necesario que esos crueles recuerdos volviesen, la fecha de mi menarquia era el mejor ejemplo que puedo ofrecer en lo que respecta a explicar lo que realmente significa, una noche llena de emoción y violencia. Porque créanme, esa tal Yuriko sí que sabe cómo menear la cadera sobre el rostro de alguien.

En toda la noche, en la que deje que mis más bajos y sáficos instintos se apoderaran de mí, ella decidió seguirme el juego y evitar toda resistencia de su parte. Es más, me demostró que no era ninguna principiante. Parecía tener muchísima experiencia sobre cómo tratar con una extra-especie en plena noche de luna llena; Me confeso que en las noches de plenilunio, ayudaba a su compañera de cuarto, una paisana tejedora, a deshacerse de toda esa lujuria acumulada. Decir que era solo buena con el manejo de la lengua, significaría que perdí la razón y que deberían internarme de inmediato. ¡Esa chica era espectacular! Que su apariencia dulce y amable no los engañe, esa chica era toda una bestia en lo que se refería a frotarnos una a otra.

Ignoro por completo mi estado de éxtasis y decidió tomar mis cadenas y la situación en si, por cuenta propia. Encarnando por una única noche el papel del 'amo' y ofreciéndome una sesión de bondage que jamás creí experimentar con alguien que no fuera mi compañera de rubia cabellera.
¿Ahora entienden la razón por la cual use mi ritual de menarquia como comparativa de esta noche? Porque no importaba el dolor, ni el sufrimiento, ni los golpes, ni cuando mordiscos recibiera; El gozo y la excitación de poder llevarme el premio mayor conmigo me eran razón suficiente para continuar con esa dolorosa y exquisita tortura.
Después de Emily, jamás pensé encontrar a alguien que tuviera esa habilidad innata para hacerme gritar por horas; alguien con unos dedos tan hábiles para la exploración de la cuevas rosadas, que harían ver a cualquier cepillo como un mero chiste; Alguien con unos labios tan suaves, que el solo contacto con mi feminidad me hiciesen lanzar guturales suspiros de gozo... y...y...

—"¿Y p-porque hace tanto calor de repente...?"

Debería ir a la fuente del parque y darme un baño rápido para apagarme la calentura. O tomar como rehén al primero jovencito que encuentre y desahogarme nuevamente. Pero creo que la ducha sería mejor, ya ha pasado una semana y no he enjuagado mi cabello, ya lo tengo todo roñoso.

Como sea, luego de una noche repleta de pasión, en la que demostrábamos nuestro libertinaje de manera descarada ante la luz del astro lunar, acompañado de besos negros y fluidos corporales en zonas a las que no podía llegar antes; Terminamos mimándonos la una a la otra sobre las ramas de los árboles del parque de Ueno. Dándonos ligeros ósculos en los labios y en el cuello, remarcando el disfrute de una alocada noche de lujuria juvenil.

Cuando notamos que la luz lunar comenzaba a ser escasa, tomamos la decisión de vestirnos y tomar rumbo a nuestros hogares, si quería llegar a casa antes de que los padres llevasen a sus niños a la escuela. Debía ser rápida.
Cargue a Yuriko en mi brazos y me dispuse a llevarla a su casa, un departamento no muy alejado del nuestro, exactamente nueve manzanas más alejado.
Sirviéndome de GPS portátil; La chica de rosada cabellera me indico con lujo de detalle la ubicación de su edificio. Un complejo de departamentos sin destacar mucho, pero que aun así era muchísimo mejor que en el que yo me hospedaba. Al menos sus paredes no están llenas de manchas de humedad.

Despidiéndonos con un simple ósculo en nuestros labios, me obligo a prometer que volvería a visitarla en alguna otra ocasión en la que necesitara descargar algo de presión. Ahora que sabía dónde vivía, no tendría que recurrir a secuestrar a cualquiera para satisfacerme. Quizás, y solo quizás, logre convencer a Emily de unirse a nosotros.

Luego de dejar a la chica en su hogar, comencé mi acostumbrado recorrido por los tejados del distrito de Taito. Asegurándome de aprovechar cualquier callejón y pasadizo para que ningún policía o civil sea capaz de verme. Si bien ya es muy común ver a muchas de mis paisanas por la ciudad, el ver a una enorme tarántula es un caso completamente distinto; No soy lo más bonito que ver en una noche oscura, causaría pánico en los ciudadanos, y los grupos de seguridad estarían rastrillando la zona para encontrar mi trasero.
No quiero generarle más trabajo a la rubia. Ya tengo demasiada culpa con haber roto su tan preciado celular cuando lo lleve al alcantarillado. Aprecia ese cacharro, más que lo que aprecia a su hermano, así que ustedes se harán una idea del problema en el que estoy metida. En cuanto se entere que le jodí su celular, me joderá a mí. Y no de la forma en que me gusta a mí. Esta vez correrá sangre y, nuevamente, no de la forma en que a mí me gusta.

Eran cerca de las seis de la mañana y el cansancio comenzaba a ser más latente; Los ojos me pesaban y mi tambaleo era tal, que pareciese que hubiese emborrachado con café. Aunque eh de admitir, que como desayuno adelantado, le robe una lata de refresco a un oficial de policía que se quedó dormido dentro de su patrulla, la cual tenía las ventanillas abajo. La lata estaba en su mano, no me fue muy difícil el quitársela. Quien la encuentra se la queda.

Luego de caminar por el callejón, esquivando los contenedores de basura, gatos muertos y a un vagabundo que dudaba que siguiese con vida, escale las paredes del complejo para poder abrirme paso por el balcón de mi hogar.
Palpe ligeramente la puerta, tratando de asegurarme de que estuviese cerrada. Y si, efectivamente, estaba cerrada.

–"¡Vilma!"– Grite, pateando el ventanal en el intento. Volví a aporrear mi entrada, esperanzada de que alguien viniese a mi rescate y así poder entrar y comer algo antes de dormir.

–"Ya voy, ya voy..."

Mi héroe de grasienta cabellera morena.

Si bien podría fácilmente habré roto la cerradura o la ventana para poder entrar, no quería traer otro gasto innecesario a la casa. Ya suficiente tenemos con tener que pagar alquiler o el gas.
La vos de mi salvador no podía pertenecer a nadie más que a Max; el miembro más joven de nuestra morada. Al abrir, me encontré con su ya acostumbrado y deplorable estado madrugador; Las típicas secreciones oculares, los ojos entre cerrados por el cansancio, con un cepillo de dientes viejo dentro de un vaso desechable y un aliento tan agrio que mataría a un búfalo. Odia levantarse temprano y se encontraba estrictamente despierto para poder partir rumbo a la escuela. Pobre, la odia tanto. Pero es natural viniendo de un prepuber como él.

–"Y yo que creía que no podrías ser más feo, knirps. Claramente me equivoque..."–Comente de forma burlesca, esperando con ansias a ver cómo me respondería, veamos qué tan despierto esta en realidad.

–"¿Ya vas a comenzar a romperme las pelotas tan temprano, Vier Finger? ¿No te basta con molestarme todo el día?"

Ah, como amo que me llame de esa forma.

Luego de mi noche de menarquia, tuve que hacer reposo por dos meses en la casa de Emily para recuperarme de todas las heridas que tenia encima. Si bien el tener que someterme a tratamientos improvisados para curar mis hematomas y mis garras era un bodrio, el tener que cerrar mis heridas con hilo común y corriente era muchísimo peor.

Pero lo que más me afectaba, era el contemplar por meses los vendajes que envolvían mis manos, a sabiendas del deplorable estado de mi garra índice; Completamente destruida, acompañada de mi dedo chamuscado. No tuvieron que amputármelo de milagro, no quería perder un dedo. Era mi favorito, y el de Emily también.

Mi humor en ese entonces no era el mejor; Comía a duras penas, me la pasaba en cama todo el tiempo y de muy mal humor. Max hacia lo que podía para poder alegrarme, pero anda funcionaba.
No les gustaba verme así, por lo que ambos hicieron un equipo y comenzaron a traerme un sin fin de series y películas piratas para entretenerme. Incluso se tomaron las molestias de conseguir esa vieja consola que tenemos en la sala. Aunque no pude disfrutar mucho con ella; una vez que me quite los vendajes, me era complicado apretar los botones dado el tamaño de mis dedos Pero eso no me molestaba; su plan había dado frutos. No solo consiguieron animarme, si no que hicieron que mi amor por las películas violentas se agrandase.
Entre todas las películas que veía; En el peldaño de lo mejor de lo mejor, se encontraban clásicos bélicos como "Tora! Tora! Tora!", "Saving Private Ryan.", entre otros. Pero de entre tanta basura visual que pude encontrar en toda la demás colección, quien se ganó un lugar en mi corazón fue una en particular; Un thiller de Gansters llamada "Snatch: Perros y diamantes." Y fue uno de sus tantos personajes quien me inspiro a salir adelante en esa situación difícil; Franky "Cuatro dedos", un carismático ladrón profesional y adicto a los juegos de azar.

Con un encantador acento Alemán, Franky me enseño que no importa que tan jodido estés, ni que te falte un miembro de tu cuerpo; ¡Siempre puedes lucir genial!

Cuando les mencione que es lo que había aprendido de dicho personaje, la rubia no sabía exactamente cómo reaccionar, si alegrarse porque nuevamente veía una sonrisa en mi lindo rostro o darme una trompada por haber aprendida tal estupidez. Ella no esperaba que yo aprendiese algo con tales películas, solo buscaba animarme, y estaba contenta con los resultados. Pero quien estaba tan alegre como yo era el pequeño Max; quien no solo me acompañaba en todas esas tardes y noches de ocio, con agua y palomitas rancias, si no que le gusto tanto dicho filme, que decidió darme un apodo propio que solo el utilizaría en los años siguientes y que lo hizo inspirándose en tan carismático personaje; Tara 'Vier Finger'. Tara 'Cuatro dedos' es mi idioma natal.

Estaba feliz con eso, y si bien me tomo un tiempo relativamente corto el asimilar la perdida de mi garra, no fue tan duro como yo pensé en un principio. E igual que Franky, seguía viva y podía lucirme a mi manera. A las chicas le gustan las cicatrices después de todo, ya los chicos les gustan las chicas fuertes. Una marca más para el tigre no era tan malo.

Solo espero que terminar como el viejo Franky; con un disparo entre ceja y ceja.

—"Ficken..."—Acaricie su cabello, despendolo más de lo que ya estaba y pidiéndole por favor que se hiciese a un lado y así poder entrar. Recordar todos esos buenos momentos me ablandan el corazón, será mejor irme a dormir rápido.

Pero claro, mi enorme trasero nuevamente me causaba problemas, y este no podía ser más ridículo y vergonzoso. ¿Es tan difícil pedir un trasero más pequeño? ¿Porque tuve que nacer como una Tarántula? Me hubiese gustado llegar a este mundo como una maldita araña saltarina para no tener que pasar por esta basura todos los días ¡Y menos frente a ese esperpento!

¡¿Porque dioses?! ¡¿Porque me abandonaron en plena confección?!

–"¿Problemas Süße?"– Su tono burlón me era increíblemente insoportable; La risa que acompañaba esas palabras y su miserable imitación de acento alemán. Cuando te devuelve el chiste, suele ser muy molesto, y más si a quien se lo devuelve soy yo. Lo detesto tanto.
Pero también lo quería demasiado; Porque vamos, ¿Quién más va a soportar mis tonterías además de Emy? La pobre tiene paciencia, pero no tanta. Y si le sumamos aquella ocasión en la que le rompí la espalda al pobre muchacho, hacía que una hipotética muerte causada por mi persona suene algo ridículo.

Además, si me meto en problemas, ¿A quién podría usar para echarle la culpa? No podía matarlo, mi corazón y mi cabeza no me lo permitirían. Las desventajas de la amistad.

Estaba un tanto avergonzaba, no porque él me viera en esa situación en particular, ya que me ven así prácticamente todos los días. Lo que me realmente me molestaban eran los chistecitos que le venían a la cabeza a raíz de esto; Si había algo que odiaba más que al muchacho, además de la lluvia y los relámpagos, era que mi abdomen se atorara en algo tan simple como una puerta, y más si era algo que usaba prácticamente a diario. Me era frustrarte. –"No fastidies..."–Respondí finalmente a su comentario, tratando de usar los mechones de mi cabello para ocultar mi sonrojado rostro y apoyando mis manos sobre la pared intentando entrar a la sala.

Sin ofrecerse o preguntar; el adolescente tomo mi mano derecha y comenzó a tirar fuertemente de ella, apoyando su pierna contra la pared como apoyo. Ambos hicimos nuestro esfuerzo para poder lograr que mi abdomen lograra entrar.
Cuando por fin pudimos liberar mi retaguardia, la fuerza que ambos ejercimos fue demasiada, tanta que no evito que me estrellara contra los muebles de plástico y que cayéramos el uno arriba del otro.

Como si fuera un de esos ridículos dramas que tienen locos a todos en este país, y a los que Emily se volverá adicta viendo el tiempo que se quedara en casa, había caído sobre el pecho de Max cual colegiala estereotipada.
Nuestras miradas se juntaron en un momento, uno muy incómodo; Mi expresión era de indiferencia, mientras que la suya, era solo una mezcla rara entre dolor y nerviosismo. O al menos eso daba a entender, dios sabe en que estaba pensando.

–"¿Porque esa cara? Creí que ya estabas acostumbrado a verme tan de cerca."–Dije, acariciando uno de sus mechones de pelo y tratando de aprovecharme al máximo. Me gusta molestar a los hombres de esta forma. Pero con él es distinto, es un poco terco con respecto a esas cosas.

–"No es eso..."–Respondió en un susurro un poco débil.

–"¿Estas nervioso porque mis pequeñas están tan cerca? Las conoces mejor que nadie."–Apreté mi cuerpo contra su pecho, haciendo que busto hiciese presión sobre su cuerpo y se viese más grande. Pero nada, el seguía arrugando la cara y lanzando suspiros. –"Ok, ya ¿Qué carajo te pasa?"

–"Tus pedipalpos cayeron sobre mis testículos..."

Quiero reír, y mucho.

–"Si no te es mucha molestia, por favor, quítate..."

Sin decir nada, y soportando las ganas de estallar de risa, me levante y le extendí la mano para ayudarlo a levantarse; La rechazo, al futuro eunuco le pareció un poco más atractivo el quedarse en el suelo frotándose las pelotas. Solo espero que no se le haga costumbre, no quiero tocar el control remoto o el teléfono solo para encontrarlos pegajosos.

—"Ya deja de llorar, con el poco uso que les das deberías darme las gracias."—Lo quiero y todo, pero aun así, me gusta maltratarlo, sobre todo de manera verbal. Lo que más me gusta de él, en estas situaciones, es la imaginación que tiene a la hora de putear.

Pero en esta ocasión, no sería testigo de su peculiar talento, no, se abstuvo de responder y centro toda su atención en tratar de aliviar el dolor. Pasando por encima de él, cuidando de que no lo golpease nuevamente en su zona intima, camine hacia el refrigerador y me di a la tarea de revisar las sobras de la noche anterior; Arroz blanco, acompañado con salsa de tomate y albóndigas. Ambrosía de dioses.
El ver todo eso hizo que mis seis globos oculares resaltaran de júbilo. Emily siempre decía; Que luego de una noche de juerga, no hay mejor desayuno, que lo servido la noche anterior. En especial si era pizza. Pero con esto estaba más que satisfecha.
El ver tanta comida, hizo que a mi mente llegasen los recuerdos del plato principal, la carne al horno que había preparado.

–"Si se comieron toda la carne; Tus bolas a reventar será el ultimo de tus problemas, Zwerg."–En respuesta, solo pude divisar el cómo levantaba su dedo corazón.

Cruzando los dedos, deseando que aun quedara algo de ese manjar, abrí el horno y casi brinco de la exultación con lo que me encontré; Acompañado con rodajas de papa y tomates que sobraban en el refrigerador, mi visión se deleitaba con diversos cortes de carne roja y salsa.
Si bien estaba contenta de poder degustar de ese platillo, me desilusionaba el hecho de que nadie se haya dignado en probarlo. Mal agradecido, y yo que me había tomado las molestias de condimentarlo de manera perfecta.

–"Desagradecidos, no volveré a cocinar para ustedes."–Dije sacando la lata del horno y cerrando el mismo en el proceso.

–"Nos harás un favor..."–Dijo desde el suelo.

–"Al menos se hubieran dignado en probarla siquiera. Me esforcé mucho en conseguir la carne."–Me serví un poco de arroz blanco en un platos, seguido de la salsa roja mezclada con legumbres y las albóndigas. Espero que me hayan dejado algo de pan.
Debido a que la sala no es muy grande como para alberga mi cuerpo por completo, tuve que mover las sillas y la mesita de té, permitiendo que mi cefalotórax reposase sobre el cómodo sillón, y para mayor comodidad, envolví el mejor asiento de la casa con mi patas. En una especie de abrazo. –"Podrían ser más agradecidos conmigo ¿Saben? Después de todo, yo traigo un poco más de dinero a casa."–Me queje, en lo que mezclaba el arroz y las lentejas con el condimento rojo. Probé el primer bocado; Exquisito como siempre, frío o no, sigue siendo un manjar para mí. Debería dedicarme a esto de las artes culinarias.
Quien sabe, podría quitarle el trabajo a más de uno.

–"Emily y yo nos abstuvimos a comerla, sabíamos que la carne era exclusividad de nuestra invitada. Pero en cuanto descubrimos su verdadero origen, nos aliviamos del no tener que probarla. Lástima por Vanessa, en cuanto se enteró del origen del plato principal, casi huye despavorida de aquí. Quien diría que una zombie se aterraría por algo así."–Comenzó a ponerse de pie, recuperándose lentamente del golpe a sus gemelos.

–"¿Así? ¿Y se puede saber cómo se enteró?"–Dejando mi utensilio en el plato, y usando mi mano libre, lo tome del cuello de su camisa y lo acerque a mí. A una distancia prudente, pero lo demasiado cercana como para que mis colmillos fueran visibles para él. –"No habrás estado de chismoso ¿Verdad? Sabes cuánto odio a las ratas..."

–"¿Luego de cuatro años juntos, me crees capaz de algo así?"

–"Si."–Respondí sujetando aún más su camisa, dificultándole el flujo de aire a sus pulmones.

–"Tienes razón. Te desprecio tanto, que aún no sé por qué no te eh vendido a los traficantes de este país."

–"Que curioso, yo pensaba hacer lo mismo contigo. Pagan mucho por un riñón."–Como era costumbre, su mirada llena de determinación me indico que no daría un paso atrás en esta conversación, y así me gustaba. Más que ser una alerta de una posible discusión, no era más que un simple juego para ver quien tiene los huevos bien puestos aquí.

–"¿Riñón? Ten un poco más de visión Peluche, ¿Porque conformarse con un insignificante riñón, si tengo todo un cuerpo adolescente que vender en el mercado negro? Los zombies necesitan partes."

–"Dicen que hay pocos vampiros en existencia. Solo imagínate la fortuna que ganaríamos vendiendo tu sangre por mililitro."

–"Ni pensarlo. Odio las agujas."

–"Vamos Maxi, hazlo por la familia."

–"¿Y tú qué? ¿Serias capaz de vender a tu mejor amigo? ¿Tan fría te has vuelto?"

–"A menos que me ofrezcan el triple de dinero que lo que gana el cerdo capitalista más rico de este país, ni lo pensaría ¿Y tú?"

–"Una buena alfombra no vendría mal ¿Te imaginas un hermoso tapiz anaranjado con franjas azules, hecho a base de piel de Tarántula, adornando una bella casa? Mucho mejor que la seda."

–"¿Serias capaz de venderme?"–Pregunte de manera sarcástica, fingiendo indignación para hacerlo más creíble.

–"No me tientes."–Ambos lanzamos una carcajada ligera. Se nota que él y la rubia eran cercanos, solo nosotros tres podíamos entender nuestro curioso sentido del humor.
Este tipo de relaciones sociales eran las cosas que me atraían de los latinos, muy distinto a lo que se podría ver aquí o en Sparassus.
Deje libre al muchacho, acomodando el cuello de su camisa hasta dejarlo impecable. Falta poco para que se vaya a la escuela.
Continué con mi desayuno. A diferencia de estos simios con peluca mal peinados; Yo si estoy acostumbrada a comer este tipo de alimentos de desayuno.

–"Así que, dímelo ¿Quién fue el que me delato?"–Me lleve una albóndiga a al boca, carne, dulce carne.

–"Fuiste tú."

–"¿Eh?"

–"¡Revisa el bote de basura!"–Escuche el grito de Emily desde la habitación.

Obediente cual pastor alemán; Max me acerco al bote de basura que se encontraba en la cocina, metió sus manos dentro del mismo y me demostró una vez mas cual despistada y estúpida podía llegar a ser esta araña; Extrajo un collar color rojo, simple y sin mucho detalle. Que iba acompañada de una pequeña medalla en forma de hueso.

–"Kiara..."–Leyó la pequeña medalla.–"Lindo nombre para un perro..."

–"Eso no prueba nada."–Otro bocado.

–"¡Si lo hace!"–Escuche desde la habitación. Condenada rubia.

–"¡Casi vomito mi desayuno!"– ¡¿Esa zombi sigue aquí?!

La bolita de carne picada casi se me atora en la garganta al escucha la voz de la doctora Redguard en nuestra habitación ¿Que se supone que hace aquí aun? ¿Acaso aprovecharon mi ausencia para dejar florecer esos deseos carnales que se tienen mutuamente y que hacen todo lo posible para ocultarlo ante la vista de ojo público? ¡¿Y sin invitarme?! ¡Eso no era parte del trato, maldita!

–"¿No se supone que Redguard se iría después de la cena?"–Le pregunte al chico, continuando con mi desayuno y sintiendo como el sueño comenzaba apoderarse de mí. Me pesaban los parpados.

–"Luego de cenar, Saadia fue a comprar unas cervezas y ambas se pusieron a beber en la habitación hasta que Emy termino ebria y semi desnuda en el piso."–Comento sin mucho entusiasmo en su voz.

–"Debió ser un espectáculo interesante."–El solo imaginarme el contoneo de las caderas de la rubia, o el rozar de los cuerpos de ambas, hacían que un pequeño cosquilleo me invadiera el cuerpo.

–"Mas o menos, se desmayó a la tercera lata."

–"Debilucha... ¿Y no se supone que no tiene que beber alcohol? Está tomando medicamentos."

–"Ya la conoces, si le dices que no, es obvio que lo hará."

–"Es cierto."–Rebelde y estúpida, eso nos unió tanto.

–"Emy, ¿Has visto mi brassier?"–Escuchamos desde la habitación. Esto será interesante.

–"Lo estoy usando como antifaz..."

–"¿Podrías devolvérmelo? Mis pequeñas necesitan descansar un poco."

–"Ok. Pero por favor, baja la voz, me duele la cabeza..."

–"Aww, ¿Mi pequeña tiene jaqueca?"

–"Si, tengo jaqueca, así que trágate la lengua y déjame dormir..."

–"Tranquila dulzura, algún día comprenderás las ventajas de ser un zombie. Necesito beber el triple de lo que tu ingeriste, para siquiera sentir algún cosquilleo."

–"Que bien, que lindo... si algún día llego a estar al filo de la muerte, conviérteme en un asqueroso caminante lleno de gusanos para poder disfrutar de una maldita cerveza."

–"Entendido y anotado lindura..."

Hubo un breve silencio.

–"¿Estas consciente de que estuve vomitando hacia unas horas, verdad?"

–"Pues claro, ¿Quién crees que se despertó y te froto la espalda mientras besabas la taza de porcelana?"

–"¿Entonces por qué carajos profanas estos hermosos labios?"

–"Costumbre, supongo. Además, te profanas sola pedazo de cerda."

Escuchamos un sonoro golpe, como si le hubiese dado la bofetada de su vida. Intuimos de inmediato, que dicho comentario no fue muy bien recibido por la jerarca del hogar, por lo que no fue muy difícil el imaginar que le dio una bofetada tan fuerte que logro que la cabeza de la doctora se desprendió de su cuerpo y termino rodando por el suelo.

–"¡Ya es la cuarta vez que me haces esto desde que cruce la puerta del departamento!"

–"Sexta, en realidad. Creí que la gran graduada del MIT sabia contar."–Dijo esto con puro sarcasmo. –"Y por cierto, Saadia ¿Porque sigues en mi casa? ¿No se supone que tienes que entrar a trabajar en una hora?"

–"Lastimosamente sí, pero creí que serias tan amable como para invitarme una tasita de café antes de que me vaya al trabajo ¿No te parece? Pero antes de eso, ¿Me das una manita? No puedo moverme."

–"Abusas de mi buen corazón, Sandy. ¿Qué te parece si le pido a Tara que te coloque frente al balcón y te de la patada de tu vida? Sabes cuánto ama los deportes." –Sonreí ante eso. Hacía tiempo que deseaba borrarle esa tonta sonrisa de su rostro a esa negra presumida. No me mal interpreten, me agrada, solo que entre nosotros ya es una costumbre el que nos golpeáramos o nos jugáramos bromas muy pesadas.

–"Si, si, lo que digas rubia, ¿Un desayunito?"

–"Creo que ese maldito virus tardo mucho en devolverte a la vida, no captaste mi indirecta; ¡Lárgate de mi casa!"

–"Aww, ¿No puedo siquiera quedarme a comer algo? ¡Un buen desayuno a la americana, como a nosotras tanto nos gusta! ¿Qué dices? Huevitos revueltos, tocino, café..."–Y se puso a nombrar cada plato que solía acostumbrar esos desayunos.

–"Mujer, si como esas cosas a esta hora, mi esófago va a quedar como un colador."

–"¿Querías ser un zombie, no? ¡Hay que acelerar el proceso!"

–"¡Argh, ya déjame dormir, y lárgate de mi casa! No quiero saber de nadie por el resto del dia."

–"¡¿Así tratas a tu amante luego de una grandiosa noche de pasión?! ¡Bien que disfrutaste lamer mis pezones! No soy una de tus innumerables prostitutas, Adeline. ¡Soy carne de primera selección, merezco un trato mejor! ¡Así que mueve ese asqueroso y flácido trasero, y ayúdame a unirme a mi cuerpo de nuevo!"

–"¡De tercera selección, querrás decir. Tu carne está muy abombada!"–Estoy un peldaño más arriba que la zombie. Eso me agrada. –"¿Crees que no era consciente de lo que hacías, Saadia? Puede que haya estado ebria, pero hasta alguien como yo, recuerda perfectamente como intentabas el que yo creyese que te lamia las gomas; Solo colocaste las boquillas de las botellas en tus pezones. ¡Y si ibas a hacer eso, al menos pudiste dignarte en gritar mi nombre y no el de Jaëgersturm y la inmunda de su compañera Cetania! ¡Lo sé, gritabas sus nombres cada tres segundos!"

–"Es cierto."–Hablo Max, rompiendo el silencio que hasta hacia minutos habíamos mantenido. –"Soy testigo de esos gritos."

–"¿Lograste conciliar el sueño con tanto griterío?"

–"Un poco. El sillón no es tan como como lo aparenta."–Volvimos a centrar nuestra atención en la conversación.

–"¡Oh, vamos, fue una fantasía maravillosa, pudiste aprovechar el momento y unirte!"

–"A menos que no sean en carne y hueso ¡No me interesa!"

–"¡¿Ni Siquiera lamerme?!"

–"¡Sobre todo pasar mi lengua por tal asquerosa epidermis, no me interesa Saadia!"

–"¡¿Es porque soy negra?!"–Grito.

–"¡Sí!"–Refuto.

No sabía si tragar el poco arroz que tenía en la boca o estallar de risa. Así que hice ambos. Casi me ahogo producto de escucharlas discutir por tonterías; El fuerte tono con el que se gritaban la una a la otra, era mayor con el que discutíamos nosotros tres juntos. Se puede decir, que con la doctora, Emily tiene un tono de voz mucho más fuerte en cuanto a discusiones.

En palabras simples; se reserva distintas cosas para cada uno de nosotros. Le tenía un cariño particular a al treintañera.

Sandy cambio el tema de conversación; a simples suplicas de que por favor unieran su cabeza a su cuerpo nuevamente y a salir a desayunar juntas al restaurante Aizawa, y lo que la rubia se negaba rotundamente, por razones de dinero y suprimiendo las ansias por una auto mutilación inmediata. La migraña de una noche de juerga y el dolor de su extremidad inferior, eran los motivos de este último pensamiento. No podía verla, pero los quejidos que salían de la habitación me daban a entenderlo.

Viendo que lo más interesante pasó, me dispuse a darle fin a mi improvisado desayuno con la mirada del peli negro de la casa, aun fija sobre mi persona.
Luego de dar el ya acostumbrado "Gracias por la comida", deje mi plato sobre la mesita de té. Di un largo bostezo, dejando muy en claro las ansias de dormir que poseía.

–"¿Vas a confesar el crimen?"–Pregunto, meneando el collar entre sus dedos y con una expresión indiferente entre sus dedos. Como si quisiera que lo confesase, solo para que sumase una victoria más a su lista, y en también porque no le gustaba el hecho de que comiese animales sacados de la calle. No se por cual estaría decantándose más.

–"¿Es tan importante?"–Dije de manera despreocupada, estirando mis brazos y eructando cual centauro luego de un banquete.

–"Habíamos acordado que ya no traerías más animales muertos a casa, y más si son mascotas de este maldito vecindario."–Se deshizo del collar, arrojándolo por la ventana y dejando que el destino se ocupase de él. O en este caso, el alcantarillado. Estoy segura que cayo dentro y que ahora será adorno de esa maldita lagartija subdesarrollada.

–"Ustedes siempre tan bondadosos."–Dije de manera sarcástica, dando otros pesado suspiro de cansancio. Recosté mi cabeza sobre la cabeza del sillón, más que dispuesta a descansar antes de irme a dormir. Pero no entraría hasta que ese par de tórtolas salgan, no quiero que nadie me moleste. –"Di la verdad Max; Odias que mate animales por el simple hecho, de que siempre insistes que una 'Asesina' como yo necesita alimentarse como es debido y no con basura que viene de la calle."

–"En parte es cierto, en caso de que alguien entre a matarnos, te necesitamos en forma y bien alimentada."–Tomo la charola que contenía la carne asada y una bolsa de basura extra grande. Aguantándose las ganas de vomitar, metió la bandeja entera con todo y carne dentro, y se dispuso a cerrarla bien para que nada ni nadie dejase que lo de adentro fuera visto por ojos humanos de nuevo.

–"Que consuelo, soy su última escapatoria..."–Dije desganada. Realmente le había puesto empeño en cuanto a cocinar, y el verle deshacerse de todo mi trabajo, me entristecía un poco.

–"Vamos Tara, no te pongas así. Ya hemos hablado muchas veces sobre el mismo tema."–Se acercó al balcón y arrojo la bolsa por la ventana. Seguro cayó sobre uno de los contenedores de basura del callejón o sobre el techo de la lavandería. Quién sabe.

Debido a que me encontraba algo enojada, era normal que quisiese evitar todo contacto visual con él. Pero claro, estamos hablando del hermano de Emily Wilde, y si había algo que dejaban en claro este peculiar dúo, su insistencia. Me sujeto de las mejillas de manera suave, obligándome a verlo fijamente. –"Nos gusta que expandas tu gusto por la gastronomía, y que a veces nos sorprendas con algún plato sencillo, pero delicioso.

Sobre todo a mí; Me encanta verte sonreír mientras dejas que tus dedos se muevan con gracia sobre las hoyas al ritmo de alguna canción. Y el ver tu talento para manejar los utensilios es algo sorprendente. Y ni siquiera tengo palabras para tu talento para enseñar. ¿O me dirás que aprendí a hacer ese yakisoba mirando esos programas de cocina o leyendo esos libros de recetas? —Un ligero enrojecimiento se apodero de mis mejillas. Es bonito que te adulen, en especial si es alguien tan cercano, y lo que hiciste es algo que te gusta.

–"Si, soy una maestra excepcional."–Dije inflando el pecho con orgullo, recordando cual era mi papel en esta casa: la gran cocinera de la residencia Wilde. Y si bien suena muy machista que él lo diga, era cierto, y no me molestaba en lo más mínimo. Me gusta lo que hago.

–"La mejor de todas."–Golpeo ligeramente mi mejilla derecha. –"Pero tienes que entender de una vez por todas, que este tipo de cosas son las causantes del porque tu especies tiene prohibido la entrada al país. Y tenemos que trabajar en ello si es que en el futuro, quieres ser admitida en el programa y no pasarte toda la vida escondiéndote"–Se sentó en una de las sillas de plástico que estaban junto al sofá, quedando justo frente a mí. Encendiendo el televisor, siendo el canal de noticias, el primero en ser sintonizando.

–"Lo sé, lo sé... prometo no volver a hacerlo."–Estando prácticamente frente a mí. Apoye mi cabeza sobre la suya y lo rodee con mis brazos y mis patas, para así poder descansar cómodamente unos segundos.

–"Confió en que no lo harás, Peluche. De otra forma, tendríamos que buscarnos otra cocinera, no queremos buenos para nada en esta casa..."–Pum, golpe a las costillas. Mis acostumbradas muestras de cariño.

–"Si no fueras tan chistosito, probablemente conseguirías novia."

–"Creo que lo de 'Agresivas por naturaleza y extremadamente peligrosas', encaja perfectamente en ti."–Expreso, retorciéndose un poco más debido al dolor. Levante mi puño en señal de advertencia, de que me encontraba lo suficientemente cómoda y que si seguía moviéndose, se llevaría un golpe mucho peor que el anterior.

Cual judío al ver el saludo al Fuher, se hizo una bolita sobre la silla por el miedo. Buen chico.

–"Muchas tarántulas son realmente sanguinarias; María era una de esas, ya que le gustaba huir de casa y pasar noches enteras en las montañas. Emily dice que estoy más 'domesticada', debido a que durante mi niñez, estuve más tiempo al lado de mi madre que ella. Pero sigo manteniendo mi estatus impoluto. Solo que no me gusta ser una cretina con quienes estimo."–Di un largo bostezo, estirando los músculos de mi cara y dejando al descubierto todos mis colmillos.

–"Si que somos afortunados."–Dijo en un tono a su acción inicial y era el cambiar los canales a la televisión. Deteniéndose en las noticias locales.

–"En otras noticias; ¡El popular grupo musical ANM48, dará inicio a sus primeros dos conciertos programados en Estados Unidos! ¿Podrán hacerle frente al excentricismo americano?" —Emily siempre odio a esos grupos pop que solo eran creados para vender, le quitan seriedad al verdadero arte.

–"¿Entiendes algo de lo que habla esa mujer?"–Pregunte, mirando a la mujer de traje monocromático hablando a través de la caja idiota.

–"Algunas palabras sueltas, este idioma sigue siendo un problema para mí."

–"Eso explicaría tus pésimas calificaciones."–

–"Siempre fui malo en cuanto a lo curricular."–Parece que mi posición le era incomoda, torció un poco el cuello para poder tener una mejor visión del aparato. Mientras que yo, comenzaba a entrar lentamente en los aposentos de Morfeo sobre mi cama improvisada. Sueños con desnudistas en tanga, aquí voy. –"¿Podrías quitarte? Llegare tarde."

–"Eres muy cómodo..."–Solo alcance a mascullar esa frase junto con algunos ronquidos ahogados, antes de cerrar los ojos y poder descansar al mi agarre al joven de pelo negro.
Por unos segundos quede completamente dormida, solo un minuto o dos, al poco tiempo comencé a sentir como algo se desprendía lentamente de mi e intentaba alejarse. Abrí mis globos oculares con pereza, bostezando y gruñendo por lo bajo. Me encontré con que Max intentaba con la mayor delicadeza posible el zafarse de mi agarre para ir a esa copia barata de escuela querer alejarse de mí, no hizo más que aprisionarlo más contra mis.

–"Tara, tengo que irme. Suéltame"–Gruñí en respuesta, dejándole muy en claro cuan disgustaba me encontraba con esa idea. No me gusta cuando me dejan sola. –"No seas infantil, carajo. Déjame ir."

–"Deja de moverte, con un demonio..."

–"Podrás dormir todo lo que quieras, pero déjame ir primero."–Volvió a insistir, forcejando y despertándome en su totalidad en el proceso.

A causa de su insistencia, decidí el liberarlo para que no se pusiera de malas. No sin antes reprocharle el que me haya despertado.

–"Espero que te arrolle una camioneta..."

Con el libre, y yo quedándome sin un sitio suave para apoyar mi cabeza y descansar de una puta ves, me vi obligada a arquear un poco la espalda y reposar mi cabeza sobre el cabezal del sillón; no era nada cómodo, pero a caballo regalado no se le miran los dientes. No tenía ningún otro sitio en el cual dormir.
Ignorando el número de veces que había intentado dormir; aguante el llanto interno, y volví a cerrar los ojos. Dejando que el bajo volumen de la televisión y los ligeros pasos que realizaba el muchacho para poder permitirme el descansar, me sirvieran como ruido blanco para poder relajarme.

Una vez listo, el sonido de la televisión se detuvo y pude oír sus pasos, esta vez un poco más fuertes.

–"Me voy Tara, prometo traerte algo para comer más tarde como compensación ¿De acuerdo?"

Comprarme con comida. Sí que sabe cómo negociar.

–"Ok... pero que sea comestible ¿Si?"–Masculle un poco adormilada.

–"De acuerdo, nos vemos."–Se despidió, depositando un pequeño ósculo sobre mi mejilla derecha. Tendrá que adaptarse mejor, y dejar esa costumbre tan latina que tiene, a menos que quiera ser acusado de pervertido o degenerado. Aunque creo que ya es algo tarde para ello.
Aquí en Japón, no es muy bien visto que un hombre salude o se despida de una amiga o una conocida de esa forma. Ya saben, la gente de este país pone a las costumbres culturales primero antes que a sus malditos hijos.

–"Adiós..."–Abrace el cabezal aún más fuerte.

Y así, el miembro más joven de la residencia Wilde se despidió, tomando rumbo hacia ese purgatorio adolescente que es llamado comúnmente escuela. En el cual tu inocencia y bondad son arrebatadas por estudiantes crueles y todos tus sueños son pisoteados por profesores despiadados, que lo único que quieren es verte convertirte en otro maldito ladrillo en la pared de la sociedad: Blanco, cuadrado y sin gracia. Cumpliendo un único objetivo en la vida, hasta que lentamente la humedad se apodera de tu epidermis y te consume como un maldito virus, hasta que por fin eres reducido a grava negra e inmunda y otro maldito tome tu lugar, solo para que el ciclo se repita una y otra vez.

...

Creo que debería dejar de escuchar esas bandas que le gustan a Emily, ya comienzan a hacerme daño.

Sin más ruidos cerca, por fin podía dormir un poco y recuperar energías.
Trate de ponerme lo más cómoda que el interior del departamento me permitía y lentamente deje que el sueño se apoderara de mí.

–"¡Buenos días familia!"

–"¡Ay pero la puta madre!"–No lo soporte más, rompí en llanto.

Era Saadia, dando a conocer su molestar presencia a base de gritos y desfilando por la sala con su conjunto de ropa interior completo. Usando como única prenda presentable, una de las camisas blancas que Emy usaba para ir a trabajar y dejando a relucir su escultural cuerpo.
Por más que me hastié su presencia, por más que deseaba ponerme de pie y aplastar su cerebro para librarnos de su presencia para siempre y hacerle un favor a la humanidad, debía aceptarlo; esa mujer tenía un cuerpo de en sueño.

–"Te eh dicho veinticinco veces, que pararas de gritar..."

Si la negra tenía un cuerpo de en sueño, la rubia tenía un rostro de pesadilla.

Siguiéndole el rastro a su amiga, la dueña de la casa apareció detrás de la doctora. Dejando muy en claro que, beber unas cervezas con la doctora Redguard cerca, no era una mezcla ganadora.

Desplazándose en muletas, Emily entro a la sala, demostrando una vez más que el verla por las mañanas era algo de terror; Con una expresión de muerta viviente, peor que la que solía tener la doctora, se desplazaba lentamente mientras que con su mano libre frotaba su cabeza de manera ligera, intentando amenizar el dolor de la misma a causa de beber tanto la noche anterior.
Estaba en una situación similar a la de su 'Amante'. La única muda de ropa decente que llevaba puesta; era una vieja camisa, que era parte de un uniforme militar original perteneciente al ejército Estadounidense y utilizada durante la guerra de Corea en los años cincuenta, que ella compro en un mercadillo hacia unos años atrás y que no fue costoso el apoderarse de ella. Pero la rubia tuvo el descaro de profanar tan hermoso uniforme, con parches baratos para que fuera idéntica a la usada por un inmundo músico de apellido Lennon.

Lo que hace esta desgraciada por la música. Al enterarme de tamaño pecado, le di tal paliza, que la deje inconsciente dos días.

Como sea, Emy llevaba su 'uniforme' desabotonado y no portaba sostén alguno, dejando al descubierto sus blanquecinas glándulas mamarias. Y permitiendo que sus rosados pezones se remarcaran contra la tela color oliva. Suertuda, si no fuera por ese maldito estado de somnolencia en la que yo me encontraba, y por qué su aliento olía vómito, le hubiera saltado encima en ese mismo instante.
En lo que Saadia pasaba a la cocina, dispuesta a hacerse algo de desayunar, Emy me pidió de manera amable que por favor le hiciese un lugar en el sillón.
De muy mala gana accedí, otorgándole el asiento y comenzando a caminar hacia la recamara.

–"¿No vas a desayunar con nosotras?"–Me pregunto la chocozombie. Colocando un antiácido sabor naranja en un vaso de agua, para que la rubia no termine con medio estomago en el suelo.

–"Lo siento Sandy, pero no me encuentro en el mejor estado como para mantenerme despierta un segundo más. Me iré a dormir."–Atine a apuntar mi dedo índice hacia la mesita, señalando el plato vació. –"Además, ya desayune."

–"Lavarlo no te matara ¿Lo sabias?"– Hablo Emy, encendiendo el televisor y tomando un poco del brebaje que le otorgo la doctora.

–"Yo no estaría tan segura de ello, Emy. Recuerda que hoy en día, cualquier cosa puede matarte. Está científicamente comprobado, que el cruzar la calle de manera prudente, es la causa de muerte número uno en gatitos."–Dijo, sentándose en las piernas de la rubia y acurrucándose sobre ella, acomodando su cabeza en su cuello y abrazándola en el proceso. –"Hueles a fresas y a vómito, que curioso perfume usas..."

–"Gracias por el alago Saadia. En serio te lo agradezco..."

–"No hay de que linda, por ti, lo que sea."–Le dio un beso en la mejilla. Voy a vomitar.

–"Chúpame el epígono, Fresita. No estoy de humor para que me fastidies."–Reproche, atravesando la puerta de nuestra habitación.

–"Lo hago a menudo, y sigues sin depilarlo. Es como si lamiera una alfombra."

Escuchando las sonoras risas de la muerta viviente, cerré la puerta detrás de mí, un poco avergonzada de que la doctora se enterara de ese pequeño secretito. ¡No es mi culpa, tengo miedo de cortarme con la depiladora!
Y así es como me quede completamente sola y con mi vista fija en una sola cosa; Mi querida hamaca.

Tambaleando cual ebrio empedernido, me dirigí a mi cómoda cama, esquivando las numerosas botellas y latas de cerveza que se encontraban esparcidas por el suelo y admirando la ropa desparramada por la habitación, que horas antes estaba sobre los cuerpos de ambas féminas calenturientas.
Como de costumbre, logre recostarme en mi cama improvisada y encontrar la posición más cómoda; Con mis patas colgando de mi hamaca y mi cabeza apoyada sobre una almohada que tome prestada de la cama, asegurándome más de una vez que no hubiera fluidos indeseables en ella.

Esa era la única posición en la que podía dormir de manera cómoda. No había ninguna otra, y el colchón estaba demasiado sucio como para recostarme en él. En momentos así, mi viaja hamaca era la mejor decisión.

–"El dios de los sueños viene por mí..."–Me repetía una y otra vez, incitándome a dormir y a cerrar los ojos. Suspirando de gozo, sintiendo como mis pulmones eran invadidos por una agradable frisa vespertina que invadía la habitación y que se abría paso por la ventana de la habitación.
Era exquisito; Comparable a esa sensación que te da cuando apoyas tu cabeza sobre una almohada fría en una noche en que las altas temperaturas, no te permitía conciliar el sueño de manera tranquila. Así de apetecible era.

Afloje el cuerpo, y seguí el consejo que Emy siempre nos dio a mí y a Max para poder dormir de manera rápida y placentera; Contar pechugas de vedette's. Y últimamente, eh visto a muchas señoritas que fácilmente podrían ocupar ese puesto en el mundo de las revistas de moda femeninas.
Mi favorita; Una bella minotauro de prominentes caderas y busto exuberante, que eh visto últimamente paseando por la ciudad. Nunca se encuentra sola, siempre la veo acompañada de un hombre moreno y de bigote, su casero o posiblemente se trataba de su novio. No lo sé, nunca me le acerque a hablarle. Y más le vale no descuidarse. Porque le hincare el diente a la primera distracción.

–"Uno... dos... tres... uy, qué grandes..."–Masculle, imaginándome y contando numerosas jovencitas de bustos remarcarles.

Creo que comencé a babear, y aun no estoy dormida.


Notas de Autor: ¡Cliffhanger ni bien comienza el capitulo, un muy buen truco de parte de mi hermano para mantenerlos al tanto del próximo capitulo!

Uno de los personajes favoritos del público hace acto de presencia y se lleva al protagonismo de este capitulo, comenzando con un pequeño relato sobre uno de sus tantos días en Argentina y continuando con su relación con el miembro mas joven de la familia Wilde; Quienes han demostrado ser muy cercanos. Por que vamos, todos necesitamos a alguien para molestar y joderlo cada tanto.

Bueno, para ser una pequeña presentación de la araña es un capitulo demasiado decente ¿No? No quisimos hacerlo muy largo para que no sea tan tedioso de leer.

Esperamos que lo hayan disfrutado amigos, y estén atentos a los próximos días, que el capitulo cinco esta casi terminado.

¡Hasta pronto!

Atte: Defalt y yuu. Los hermanos de Cali.