Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, desde luego pertenecen a la gran y famosa autora Rumiko Takahashi, yo solo los tomo momentáneamente prestados para realizar ésta historia sin el más ánimo de lucro.

Cuantos Cuentos Cuento

Estos días han sido difíciles.

¿Por qué?, sería tonto de mi parte no reconocerlo. Hoy hace diez años que te conozco, y hace cinco que ya no sé nada de ti. Acomodo un mechón rebelde detrás de mi oreja mientras me hinco en el suelo y observo la habitación con cuidado buscando algo que quiera cambiar de lugar.

El vacío en mi estómago y el frío en mi espalda no desaparece, y me muerdo el labio mientras tomo una de las fotografías de la pared y observo con detenimiento a las personas en ella. Houjo… y mi preciosa Sayumi, me permito acariciar con delicadeza el cristal de la imagen, como si de verdad pudiera tocarles.

Una lágrima traicionera rueda por mi mejilla, ahora mi pequeña tiene tres años. Observo con melancolía su precioso cabello castaño y sus encantadores ojos color miel. Me siento embustera al pensar que en los ojos se parece a ti, mientras que con su cabello emula mucho más a mi esposo. No tiene sentido que esté pensando de esta manera, o que incluso me atreva a hacer comparaciones.

Retiré otro de los cuadros y los intercambié de lugar.

Casi sin darme cuenta una leve tonada comenzó a salir de mis labios, en voz baja, como si temiera que alguien me escuchase. Es una canción que conozco bien, y que siempre como tradición vuelve a mi repertorio en estos días.

Me recuerda a ti.

Hace muchos años, pero lo recuerdo como si me hubiera sucedido tan solo ayer.

—Mucho gusto, mi nombre es Inuyasha—esa fue tu presentación a la que yo reaccioné con una tímida sonrisa y la aceptación de tu mano.

—El gusto es mío, yo soy Kagome—

En sexto semestre de carrera uno ya perdía la mayor cantidad del optimismo y el entusiasmo inicial de cuando iniciabas tus estudios superiores y creías haber tomado la mejor decisión. Era cuando llevabas estos años, en los que la ingeniería industrial te hacía sufrir cada semestre y en ciertos momentos te lamentabas la elección, y después te dabas ánimos reconociendo que a estas alturas ya era mejor terminar que volver a empezar otra carrera.

Evaluación y administración de proyectos no era una materia que me agradara especialmente, pero había conseguido mantenerme a flote en la primera evaluación, en cambio tú eras muy bueno en la materia y tenías hasta ahora la mejor calificación del salón. En ese momento no supe que éste trabajo en equipo cambiaría mi vida para siempre.

Fue a lo largo de la realización del proyecto que comenzamos a volvernos más cercanos, no puedo decir que fue amor o atracción a primera vista. Hizo falta conocerte más, saber lo que te motivaba y tus planes, ver la manera en que tratabas a tus amigos, como me mirabas para caer rendida a tus pies.

Siempre encontraste adorable que yo fuera una chica tímida que se sonrojaba con aún muchas cosas, a mí siempre me atrajo tu facilidad para decir las cosas. Pensaba que esa cualidad tuya hacía más fáciles las cosas.

Sin saber que a la larga eso nos separaría.

Una vez que estuve satisfecha con el acomodo de los cuadros, me dirigí a las bolsas que había dejado en el piso y saqué el nuevo juego de cama que me tardé dos horas en escoger en la tienda de blancos. Retiré el edredón y las sábanas y luego procedí a quitar las fundas.

—Kagome…—hizo una pausa que a mi parecer se hizo eterna, tragué con ansiedad deseando que lo que me estaba imaginando terminara de salir de sus labios—¿quieres ser mi novia?—en ese instante me quedé en blanco y solo reparé en las lágrimas que comenzaron a salir desbocadas de mis ojos.

—¡Claro!—me aferré a su calidez con todo el sentimiento que me sentía capaz de demostrar, nunca había tenido un día tan feliz en mi vida.

Terminé con la cama y ahora pasé al armario, comencé acomodando los zapatos. Actuaba como una completa autómata, perdida por completo en mis recuerdos.

—Inuyasha…me siento muy mal—musité casi sin fuerzas mientras me retorcía en la cama sujetando mi vientre bajo como si eso pudiera controlar mis cólicos.

Mi novio se acercó de inmediato con una mueca de preocupación.

—Estás demasiado pálida—aseguró para luego proceder a pasar sus brazos debajo de mis rodillas y mi espalda—vamos al hospital—quise protestar, pero el dolor agudo en mi vientre era tanto que ahogó cualquier intento de mi parte.

Las lágrimas volvieron a correr por mi rostro, llegando incluso a mojar el pantalón café que estaba doblando con dedicación. Quise hacer una pausa, pero la costumbre me dijo que era mejor continuar con mis actividades, la canción que entonaba comenzaba a temblar en algunas notas.

—¿Qué es lo que tenías Kagome?, te noto mucho mejor…—la sonrisa de alivio en su rostro era evidente, y las caricias de sus manos sobre mi brazo eran reconfortantes, no obstante mi mente estaba lejos de verse tranquilizada por eso.

—Inuyasha…tengo algo importante que decirte—de inmediato su semblante fue sustituido por uno serio y preocupado.

—¿Todo en orden?—mordí mi labio con indecisión, queriendo responderle que sí, pero la verdad era que no lo sabía, no sabía cómo lo tomaría él.

—No lo sé Inuyasha…no sé qué pensarás tú al respecto, tengo miedo…—

—Por Dios sólo dilo de una vez Kagome, puedes confiar en mí—aseguró sentándose en la silla a mi lado y tomando mis manos entre las suyas, demostrándome su apoyo.

—El ginecólogo vino a atenderme y a hacerme algunos estudios—el brillo en sus ojos me lastimó de una manera tremenda, por lo que casi de manera automática desvié la mirada y tomé aire—tengo útero infantil…nunca podré quedar embarazada—el apretón en mis manos se aflojó y pude jurar que sus manos se pusieron frías.

Al instante el alma se me cayó a los pies y fue en ese momento que de verdad temí lo que sucedería de ahora en adelante.

No obstante, cualquiera de mis paranoias fueron más amables que la realidad que me esperaba.

Sin poder resistir más, apreté mis puños sobre la tela del vestido en mis rodillas y dejé las lágrimas salir con libertad, aún sin detener la melodía que ahora a duras penas salía de mi boca. Revolví con frustración mi cabello, como si esta nimiedad pudiera calmarme.

—¿Me dejas porque no podré darte un bebé no es así?—gemí con dolor intentando contener mis sollozos. La espalda de mi amado tembló en respuesta y lo vi luchar para al final darse la vuelta y enfrentarme.

—Kagome…tu sabes cómo es mi familia…son muchas cosas—musitó el con dificultad. Negué con la cabeza y apreté con fuerza mi blusa entre mis manos.

—Lo que puedo notar es que para ti es más importante lo que opina tu familia que yo y todo lo que hemos compartido—respondí herida sin atreverme a levantar la vista y encontrarme con sus ojos que podían desarmarme.

—¡No es eso maldición!—rugió rabioso rompiendo la distancia entre nosotros—¡te amo maldita sea!, como nunca he amado a nadie—me tomó por los hombros y luego me abrazó con una urgencia evidente, no quise decir nada, sabía lo que venía después—pero…tu sabes que lo que más he deseado en la vida es tener un hijo y además mi familia me lo exige…no puedo con esto Kagome, de verdad no puedo—a estas alturas ya no podía llorar aún más fuerte que como ya lo hacía, por lo que me aferré con fuerza a él, como náufrago a una tabla en altamar.

—¡Podemos adoptar Inuyasha!, quiero estar contigo para siempre…eres lo que más quiero en este mundo, ¡dame la oportunidad!—sabía la respuesta, pero la desesperación habló por mí. No puedo explicar el dolor que sentí en el momento que él rompió el abrazo y me separó de él.

—No hagas las cosas más difíciles…—tragó con dificultad—por favor Kagome…no lo hagas—fue en ese momento que supe que algo entre nosotros se rompió, y nunca más podría ser reparado.

Ahora caminaba con inusitada tranquilidad en la biblioteca, sacando los libros y limpiándolos con cuidado al ser más viejos incluso que yo. Fueron días oscuros, momentos en los que me quería morir por la depresión en la que caí. Fue un golpe tremendo saber que jamás podría ser madre, y la puñalada fue el abandono de Inuyasha después de un tiempo "considerado".

Lo amas…

Es verdad, aún a pesar de los años y los daños causados.

Aún lo amo como el primer día, como el primer beso, como el primer abrazo real.

Y aún duele y escuece la herida que dejaste abierta.

Han pasado los días, los meses y los años y el dolor se reduce poco a poco.

Unos brazos rodearon mi cintura y me acercaron con delicadeza hacia la calidez de un cuerpo que conocía muy bien. En acto reflejo me estremecí del susto, y temí haber sido descubierta. El abrazo de Houjo se me antojó con mucha necesidad y hasta cierto punto incertidumbre y una punzada de culpabilidad se alojó en mi pecho.

—¿Estás bien amor?—preguntó con inquietud el castaño descansando su mentón sobre mi hombro. Hacía bien en preocuparme de sus ademanes, podía sentir la sospecha y el miedo en su ser.

—No mucho mi amor…me estaba acordando de mi mamá, la extraño mucho—de inmediato me sentí un asco de persona por usar a mi madre muerta recientemente como pretexto. No obstante el pequeño suspiro aliviado por parte de mi marido supo calmar un poco mi remordimiento.

Si supiera todos los cuentos que me he tenido que inventar a lo largo de estos dos años de matrimonio.

—Te entiendo querida…sé que es difícil—luego procedió a abrazarme con más sentimiento, sintiéndose un poco más cómodo con la situación. —Recuerda que yo siempre estaré aquí para ti—y la realización se hizo presente en mi alma y en mi corazón acongojado.

El amor de mi vida es un pacto, él me quiere y yo le trato bien…

—El caso de hoy fue difícil, pero al final pude probar la inocencia de mi cliente, estoy muy satisfecho al respecto—comentó con naturalidad, seguramente tratando de distraerme de mis preocupaciones.

—Estaba segura que lo conseguirías, eres el mejor abogado de la región querido—manifesté con genuino orgullo, abrazándole como felicitación.

—¿No hay beso para el chico bueno?—preguntó juguetón, sonreí en respuesta y le cumplí su capricho con un ligero beso.

—Mejor—su sonrisa era hermosa, incluso quiero creer que mejor que la tuya. Me crucé de brazos y me recargué en el librero perdiéndome en mis pensamientos, sólo observando con atención cada movimiento de mi querido, pero no amado esposo.

—Mis padres ya vienen con Sayumi, dicen que se la pasaron genial en el zoológico—sonreí con calidez al acto, mi nueva familia era maravillosa.

No sé

—¡No entiendes Houjo!, no te puedo hacer feliz…—chillé desesperada, sumida en un profundo llanto—¡estoy seca por dentro!, no sirvo para darte una familia…soy una mujer incompleta…—arrastré las palabras presa del gran dolor que llevaba consumiéndome desde hacía años.

La cajita con el anillo en las manos de Houjo tembló en respuesta, y yo me abracé a mí misma sabiendo lo que seguía. Aunque quería estar preparada sabía que nunca lo estaría lo suficiente.

Porque

Entonces él tomó el anillo, alcanzó mi mano izquierda, y aún bajo mi mirada de completa incredulidad deslizó el aro por mi dedo anular y luego encerró mi mano entre las suyas.

—Kagome…tú significas para mí mucho más que la posibilidad de una familia—me quedé sin habla, solo me quedó observar el fulgor del diamante en mi dedo—quiero que seas mi vida entera, mi razón para luchar y mejorar, por ti…no por un hijo que cualquiera me podría dar—supe en ese instante que aquellas fueron las palabras que había estado esperando desde que me enteré de mi condición.

No le puedo

—Además, si en un futuro quieres ampliar la familia, podemos adoptar—su sonrisa fue tan cálida que regresó a la vida a mi marchito corazón por un instante—de algo tiene que servir que soy abogado—y lo besé, con toda la gratitud y cariño que ningún ser humano antes me había merecido.

Amar…

Y desde entonces supe que estaría bien, que aunque no sintiera el amor abrazador a la pasión desbordante que contigo llegué a sentir; tuve la suerte de encontrar una persona que me ama tanto, que puede completar el cariño que le tengo. Y que da igual, no me importa si se me va la vida en esto, intentaré todo el tiempo merecer y devolver todo el amor y apoyo que me entrega.

—Iré a cambiarme de ropa por algo más cómodo y cuando lleguen mis padres, ¿Qué te parece si vamos a comer algo rico por ahí para que te animes?—nunca me dejaba de sorprender la incomparable amabilidad y preocupación que él sentía por mí. Dejó su maletín sobre el escritorio, así como el periódico que cargaba y se encaminó con tranquilidad a nuestra habitación en el segundo piso.

Cuando me dispuse a seguirlo, una visión por el rabillo del ojo me hizo cambiar de opinión y me acerqué al escritorio tomando con manos temblorosas el conglomerado de papel de tonalidad gris. Entonces el corazón se me estrujó irremediablemente al leer el encabezado.

¡Escándalo!

La famosa modelo Kikyou Katsu ha declarado oficialmente su proceso de divorcio del que fuera su esposo por más de cuatro años el reconocido ingeniero Inuyasha Taisho, con dos hijos de por medio y una vida privada bastante alejada del ojo público; parece que por fin la familia perfecta terminó por desmoronarse.

Al parecer todo fue ocasionado por conflictos entre la pareja debido a la carrera en pausa de la modelo y el rumor de que el empresario nunca la amó de verdad; así como…

Para la morena fue suficiente. Dejó el periódico de nuevo en el lugar que lo encontró y caminó hacia la salida de la biblioteca, se detuvo en el marco y se permitió recargarse en la puerta cerrada de cristal. Estaba sola y sólo en ese momento se permitió cerrar los ojos, murmurar una plegaria en favor de su eterno amor y lanzar un beso que con toda su ingenuidad deseó que llegar a él.

Después de ese momento de debilidad me enderecé, retiré cualquier indicio de lágrimas en mi rostro y continué mi camino hacia las escaleras para ir al encuentro de mi esposo.

Había algo que era cierto, si bien yo amaba con cada átomo de mi cuerpo a Inuyasha, así mismo él se encargó de dejarme destruida. Fue Houjo quien me reconstruyó pieza a pieza con paciencia, dedicación y sobretodo amor. Yo le debía toda su felicidad a su esposo y a Inuyasha todo su dolor.

Sentía mucho lo que él debía de estar pasando, pero no me atrevería nunca a lastimar a las personas que tanto me habían dado, ni aún si se me partía el alma de la impotencia en el proceso.

Ya no estaba permitido flaquear nunca más.

No volvería a ser un desecho, cuando Houjo la había convertido en su prioridad.

.-.

Inuyasha se encontraba bebiendo amargamente en su estudio, había sido una semana de mierda y se encontraba hecho polvo por las inconsecuencias de sus empleados, de sus padres y hasta de la frívola de su mujer. Pero la guinda del pastel fue la malnacida nota en el periódico oficial acerca de mi divorcio. Si bien era un hecho, no veía la maldita necesidad de su futura ex mujer de gritarlo a los cuatro vientos…maldita sea, ¿es que no pensaba en los niños?

En algún momento, sintió algo tan especial, como el toque de la pluma de un ángel sobre sus labios. Y en ese instante sintió tanta calidez que logró calmar sus nervios y rabia que ni calmantes habían podido resolver.

Y apareció irremediablemente en su mente, ella…Kagome.

Y se río, con la risa más fingida y paupérrima que haya podido exhalar en su vida.

Sabía que ella también se había casado, mucho después que él claro. Ella no era una desgraciada como él que enterraba una relación de buenas a primeras. Se casó con uno de los mejores abogados jóvenes de la región, sabía de amigos suyos a los que les había llevado casos y lo recomendaban con creces.

Era un buen tipo, mucho mejor que él.

Supo que él hizo aquello que él tanto se negó siquiera a considerar, adoptaron a una niña, de un año por cierto. Todo eso le hacía creer en lo diferente que hubiera sido si tan sólo él no hubiera sido tan mierda como para haberla dejado así nada más.

Si bien de sus hijos no se arrepentía, sí que lo hacía de la manera en que llevó las cosas.

Cambió el amor incondicional, por un amor frívolo y ensayado.

Sabía que Kagome ahora ni siquiera lo llegaría a considerar, y extrañamente eso no le molestaba, porque sabía que ella era una excelente mujer. Sólo le quedaba desear, que ella con el tiempo si lo haya podido olvidar y haya llegado a querer a ese otro hombre, que se portó tan diferente. Porque él no lo dejó de hacer ni un momento, nunca la pudo apartar de su mente, hasta en su esposa escalofriantemente parecida a ella lo demostró.

Esperaba sinceramente que ella no sufriera la misma impotencia y soledad que lo abrasaron desde que se separaron.

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¡Hola!

No puedo creer que dejé tanto tiempo en pausa esta historia o bueno ronda de historias. Me disculpo por estos años de ausencia, y espero de verdad que éste capítulo les haya dejado un sabor melancólico en la boca.

La canción en la que está basada es en: Cuantos cuentos cuento de La oreja de Van Gogh, una de mis canciones preferidas.

Necesitaba ya escribir, he andado triste últimamente y ésta es la mejor manera que tengo para desahogarme. Ojalá les haya gustado esta entrega, y espero no tardarme mucho con la siguiente canción.

Les agradezco infinitamente a mis lectores por la paciencia que han tenido, y les afirmo que planeo retomar mis antiguos proyectos de Inuyasha ahora que he vuelto oficialmente.

Les deseo lo mejor para su día chavos.

Besos…