¡Holaaa! Sentimos haber tardado tanto... Pero aquí os dejamos un cap. de la historia bastante largo.

Esperamos que os guste y no os entretenemos más...

A LEER!

María y Viki.

CAPÍTULO 3-EL LADRÓN.

Hermione intentó recordar en qué momento aquel Weasley le pudo haber robado SU colgante. Sin tener ni idea, se tumbó de nuevo en la cama. El trayecto de la noche anterior, en el coche de Draco había sido aburrido, bastante silencioso, pero cualquier cosa antes que ir en el mismo espacio que Ronald. Tras haberle soltado el mismo discursito de siempre de que no podía juntarse con esa gente unas 2057627 veces Draco apoyó la mano en la rodilla de la chica. Hermione pensó que por que la pusiera ahí no pasaba nada, al fin y al cabo el rubio la había salvado de aquel idiota, y lamentablemente, guapísimo pelirrojo. Pero se arrepintió cuando unos minutos más tarde dicha mano empezó a subir hacia arriba. Despacio, sin querer alterar la atención de Draco en el tráfico puso su mano encima de la de él, sólo por si se le ocurría ir más allá. Esa semana había empezado a hablar más con el chico, poco a poco iban cogiendo confianza y se sentía más cómoda con él. Pero la mano del chico no subió, agarró la de ella y se la acarició suavemente para después mirarla a los ojos.

-Lo entiendo Hermione, todavía no quieres dar ese paso y yo lo respeto-le aseguró sonriendo de medio lado-Pero me siento obligado a decirte que me gustas desde hace mucho tiempo, pero quiero que tú también me correspondas. En realidad no me importa, tengo todo el tiempo del mundo para conquistarte-la miró fijamente.

-Gracias Draco, sabía que me respetarías. Y... Me siento muy halagada, te agradezco que me esperes. Quien sabe lo que puede pasar... Aunque de momento prefiero que sigamos siendo amigos- le devolvió la sonrisa, y a pesar de que el rubio la trataba como una verdadera señorita, no podía dejar de pensar en Ron. Ese pelirrojo la estaba volviendo loca. No, era ni rico como Draco, ni tenía un súper coche pero poco le importaba aquello a ella. No podía quitárselo de la

cabeza...

-Ahora cuando lleguemos a tu casa ¿Qué vas a hacer?- le dijo el rubio con dobles intenciones, intentando ignorar que Hermione le había rechazado.

-Voy a leer un rato y supongo que me pondré en el ordenador.

-Perfecto, podremos hablar por MSN ¿Te parece?-la pregunta la hizo mientras aparcaba el coche en frente de la residencia Granger.

-Me parece genial, además tengo que hablar con Ginny y seguro que está conectada- explicó ella saliendo del coche.

-Hermione- susurró Draco- antes de que te vayas… quería pedirte algo.

-Dime, lo que quieras- afirmó la chica.

-¿Puedo darte un beso, aunque sea en la mejilla?- murmuró Draco con un ligero colorcillo en la cara.

-Claro- asintió la castaña poniendo la mejilla derecha, poco a poco el chico se acercó y descansó sus labios en la suave cara de ella. Y, para sorpresa de la chica, no eran suaves, sino más bien fríos.

-Adiós Hermione, que descanses, ya hablamos- se despidió el chico y a toda prisa y pisando fuerte el acelerador desapareció en la fría noche dejando a una

Hermione cansada y sola, sobretodo sola.


Draco Malfoy aparcó su Ferrari en el parking subterráneo debajo de la mansión Malfoy. Salió jugando con las llaves y tatareando una canción alegre, algo bastante extraño en él. Debía hablar urgentemente con su padre, por ello subió las grandes escaleras que separaban la planta baja de la primera y se dirigió al despacho de su progenitor. Por el camino se encontró con Severus Snape, su mayordomo, le dirigió una mirada bastante fría, como de costumbre, y siguió su camino hasta llegar a la última puerta del pasillo, donde trabajaba su padre. Su madre siempre le decía que no lo molestara si estaba trabajando, pero lo que tenía que contarle sin duda le iba a gustar. Irrumpió en el despacho como si fuera suyo y se sentó en frente de su padre.

-Draco, te han dicho que no entres mientras trabajo - dijo Lucius Malfoy enfadado.

-Padre, tengo algo importante que decirte- aseguró el rubio más pequeño.

-Adelante-le dio permiso, algo impresionado.

-Todo va genial con el plan "Mosquita Muerta" la he recogido y acompañado a su casa.

-¿Todo lento y siempre mirándola a los ojos?

-Hasta beso en la mejilla- expuso el chico con un ligero estremecimiento de repugnancia.

-Bien Draco, te felicito por tu trabajo, dentro de nada ya será tuya y cuando sepas que no se va a escapar, Pum, su fortuna también te pertenecerá a ti- expresó

Lucius con una media sonrisa, nunca sonreía de verdad.

-Pero padre, alguien se podría meter en nuestros planes.

-¿Quién?- repuso con fastidio.

-Un Weasley, el hijo menor de los Weasley.

-¿Weasley?-dijo levantando el labio superior, haciendo una expresión que denotaba el asco que le producía aquella familia-Bien. Recuerda que nadie se entromete en los planes de un Malfoy. Encárgate de él.


Sueño. Sueño es lo que sintió un pelirrojo de ojos claros al levantarse al día siguiente. Sueño y un dolor intenso en sus puños, que ahora estaban rojos de sangre reseca. Descargarse de nuevo con el saco no había sido buena idea, seguro que su madre preguntaría de dónde eran esas heridas. Pero sin duda lo que más molestaba era que aquella tal Hermione no lo eligió a él, sino al ricachón estúpido de Malfoy. No es que le importara que Granger no lo hubiera elegido, porque no le importaba esa chica en absoluto, lo que de verdad le molestaba era que había preferido a alguien más rico y con un buen coche, alguien de clase alta, alguien de su misma clase. Lo que Granger hiciera era problema suyo y por él como si ahora mismo se atragantaba con una de sus muchas monedas. Ella no era importante… ¿O sí? ¿De verdad no le había importado en absoluto que ella no se quedara con él? Hermione sólo era la mejor amiga de su hermana, la insoportable amiga de su hermana. Ella no era distinta a las demás ricas que se creían las reinas del mundo, era como todas. Por eso decidió dejar de pensar en ella, pero todavía había algo que le intrigaba. La noche anterior cuando la castaña se marchó, algo brilló en el suelo. Recordó que salió del coche para asegurarse de que no era ninguna pieza de éste, pero lo que encontró lo dejó un poco traspuesto. Era un colgante, para ser más exactos una flor de lis. La misma que él tenía, la que siempre llevaba colgada del cuello. Lo cogió y lo observó de cerca, se sacó su colgante y los puso uno al lado del otro. El del pelirrojo, era una chapa militar, con la flor de lis y en la parte de atrás aquella curiosa 'M', que nunca supo a lo que se refería. El de la castaña, era una simple flor de lis. Lo guardó en el bolsillo y se puso el suyo, todavía curioso por aquella pequeña coincidencia. Y entonces, caminó de vuelta al coche y lo arrancó para conducir de vuelta a casa. Ya en la cama cambiado y vestido con el pijama no podía dormir, era algo que siempre le pasaba cuando algo le recordaba a su etapa en el ejército. Aquel colgante... Cogió sus zapatillas y caminó con sigilo hacia el granero. Se puso a golpear el saco, hasta que rendido se desplomó en la paja acumulada. Y otra vez esa imagen. Aquella maldita castaña subiendo al Ferrari de ese gilipollas... ¿Por qué no podía dejar de pensar en ella? Ya despierto, cansado y con unas grandes ojeras se dirigió hacia la cocina, era bastante tarde y por eso no había nadie en casa. Ni siquiera Molly, que salió a hacer unas compras. Se tumbó en el sofá y vio que una pelirroja venía hablando por el móvil diciendo algo de una fiesta de pijos.

-Sí, en casa de Angelina- la voz de la pelirroja interrumpió sus pensamientos- Vale, le digo a Neville que pase a por ti.

Ron dejó de escuchar la conversación que estaba manteniendo su hermana. Instantes más tarde...

-Oye... Ron...-dijo su hermana en un tono dulce. Algo no le cuadraba al pelirrojo en aquel comportamiento-¿Podrías acercarme ésta noche a una fiesta?-le preguntó sentándose a su lado.

Ron abrió un ojo.

-¿A esa fiesta de pijos de la que hablabas? Ni hablar.

-Vamos... Sólo será acercarme...-dijo Ginny con media sonrisa picarona.

-Mmm...

-¡Por favor!-su hermana empezó a hacer pucheros.

...

-Además, estás invitado. He hablado con Angelina, ya sabes, una compañera de Hogwarts y...

-Para, para. Un momento-la interrumpió-¿Invitado? A mí no se me ha perdido nada en esa fiesta. Te acercaré, pero nada más. Bueno, también te puedo recoger si quieres, pero no pienso quedarme.

-Bueno... Como quieras. Pero que sepas que si en algún momento quieres ir, puedes-la chica se levantó e hizo ademán de irse.

Una pregunta cruzó derrepente la mente de Ron. Y no pudo evitar preguntar.

-¡Ginny, espera!

La chica se giró.

-¿Irá esa tal...?-intentó disimular-¿Cómo se llamaba?

Ginny alzó una ceja.

-Tu amiga. Esa sabelotodo insufrible. ¿Cómo se llama?

Por un momento creyó haber engañado a su hermana, pero al instante supo que aquello era imposible. Ginny Weasley era la persona más astuta del mundo.

-Vamos, Ron. Sabes perfectamente cómo se llama, no hace falta que disimules conmigo-hizo una pausa y le sonrió a su hermano-Y sí, Hermione va a ir.

'Ron, eres gilipollas. ¿Cómo pudiste pensar que no se daría cuenta? Es Ginny' pensó más tarde.


Ginny, se dirigió hacia su cuarto con media sonrisa y marcó un número de teléfono.

-Harry, ¡Lo estoy consiguiendo!

-¿Sí?-le respondió interesado el moreno-¿Crees que irá a la fiesta?

-Bueno... No estoy del todo segura, pero creo que con un poco de esfuerzo al final irá. Y a Hermione ya la convencí el otro día.

-¿Pero le dijiste a Hermione que tendría que distraer a tu hermano?

Ella asintió.

-¿Y se lo creyó todo? ¿Lo de que queríamos estar juntos para...?-rió un poco ante aquella idea-¡Cuando no nos las apañemos para estar solos podremos llamarla!-dijo contento.

-¡Harry! No podemos abusar de ella de esa forma. Además, lo de la fiesta es distinto... Sólo le he pedido eso para que se acerque a mi hermano.

-¿Y de verdad crees que ella y Ron...?

-Sí-respondió rotundamente la pelirroja-Mira, no hay persona que conozca mejor en el mundo a mi hermano que yo. Y también conozco muy bien a Hermione, sé que funcionará. Tiene que funcionar-dijo mordiéndose el labio inferior algo nerviosa por lo que podría pasar.

-Bien. Confío en ti-Ginny sonrió y supo que si hubieran estado hablando cara a cara, ahora mismo ella se habría lanzado a besarle.

-Te quiero-le dijo sincerándose.

-Y yo-le respondió él-Sólo quiero que llegue la fiesta para volver a verte.

Hablaron un poco más, y al rato, la pareja colgó.


Ya era tarde. Había hablado con Ginny por el ordenador y ésta le había vuelto a suplicar que distrajera a su hermano para poder pasar un rato con Harry a solas. Y la verdad era que no había otra cosa que le apeteciera menos a la castaña. ¿Distraer al chico que le había robado su colgante? Já. Lo que quería de verdad era meterle una buena bofetada, en vez de distraerle. No sabía si lograría entrentenerle toda la fiesta, pero sí un buen rato, pues quería que le devolviera lo que le había robado.

Sin ninguna gana, se puso un vestido, que no resaltaba en absoluto su figura, pero a ella poco le importaba aquello, de hecho, ni se dio cuenta. En lo único en lo que pensaba Hermione era que en la fiesta estaría contando los segundos que le quedaban para volver a casa y olvidarse de una vez de ese pelirrojo. Eso sí, no sin antes pedirle su colgante.

Vio por la ventana de su comedor que un Ferrari la esperaba. Salió de su casa y subió al coche, junto a Draco. Sería una noche muy larga.


Conducía algo enfadado con su hermana. ¿Por qué le había hecho ponerse una camisa y afeitarse sólo para dejarla en la puerta de una casa?

-Vamos, Ron. No te enfades... Así estás muchísimo más guapo-intentó animarle su hermana.

-¡Pero si no voy a salir del coche!-dijo él.

-Ya... Pero...-hizo una pausa-Bueno, que así das mejor imagen.

Ron puso los ojos en blanco y resopló.

-¡Mira, ahí está Harry!-indicó Ginny, y, efectivamente, ahí estaba. Justo en frente de aquella casa.

El chico los saludaba animadamente.

-¿Qué haces aquí, Harry?-preguntó Ron curioso después de salir del coche y abrazar a su amigo.

-Me dijo Ginny que los dos estábamos invitados. ¿No lo sabías?

-Sí, pero no sabía que venías tú. Bueno, yo me voy ya... Paso de quedarme aqu...

-¿Qué? No, no. Ron, ya que estás aquí te quedas...-empezó a decir su hermana.

-Pero...

-Ni pero ni nada, ¡adentro!-dijo su amigo empujándole hacia la puerta.

Aquello no tenía para nada pinta de fiesta. ¿Así se lo pasaban bien los ricos? Música suave, todos en grupitos hablando, chicas por un lado, y chicos por otro... Ahora sí le había quedado claro que no tenían ni idea de divertirse. Bueno, por lo menos había alcohol.

Se sirvió una copa y se dijo a sí mismo que se la terminaría y se iría a casa.

Mientras se la tomaba, recordó que si veía a Hermione tenía que devolverle su colgante. Inundó su mano en el bolsillo de su pantalón y vio que seguía ahí.

-¡Mira quien está aquí!-le dijo un chaval alto a otro más bajito, de cabellos oscuros y con cara de buena persona.

-¡Si es es novio de Lunática!-le dijo, empujándole y acorralándolo contra la pared.

Ron observó que nadie se inmutó, pero todos miraban la escena.

-¿Qué quieres, Diggory?-preguntó muy serio, y guardando la compostura el chaval de pelo oscuro.

-Lárgate de aquí. No queremos payasos como tú en ésta fiesta... Ya nos reimos de ti bastante en clase, ¿también quieres que lo hagamos ahora?

Muchos rieron al escuchar aquello. Ginny pareció enfurecer, pero se mordió la lengua. Ron también estuvo a punto de decir algo, pero alguien le interrumpió.

-Si lo que no quieren es tener payasos en ésta fiesta, el que debería salir por esa puerta eres tú, Cedric-intervino Hermione, amenazante, diciéndolo en voz alta, para que todos la escucharan.

Ron sonrió.

-¿Me estás llamando payaso, Granger?-dijo acercándose a ella. Ésta ni se inmutó. Seguía tranquila.

Ron se puso a alerta. Como la tocara... ¿Pero qué estaba diciendo? ¿A él qué más le daba?

-Ahá. ¿Recuerdas cuando en sexto te measte en medio de clase porque te daba miedo pedirle a la profesora McGonagall ir al aseo? Ahí si nos hiciste reir a todos, y al fin y al cabo, eso es lo que hacen los payasos, ¿no?-dijo con media sonrisa, desafiante.

Cedric se puso de un momento a otro blanco. Todos reían a carcajadas, recordaban aquel momento como uno de los más divertidos de su etapa en Hogwarts. Al escuchar las risas, la fulminó con la mirada y susurró algo para sí mismo. Se dio la vuelta, y salió de la casa. Ron, de brazos cruzados sonreía ampliamente ante la intervención de la castaña. Ginny se dirigió hacia Neville, que le mostró una mirada de agradecimiento a Hermione. Ésta, subió las escaleras hacia el segundo piso, después sonreir a su amigo.

-Harry...-dijo Ron sin despegar la vista de la castaña-Ahora vuelvo, ¿vale?

Su amigo asintió.

Subió las escaleras detrás de Hermione, y aunque, no le apetecía hablar con ella después de que prefiriera que Draco Malfoy la acercara a casa, sabía que tenía que devolverle esa flor de lis en forma de colgante.

-¡Eh, espera!

Pero Hermione no le oyó. Ron siguió llendo detrás de ella, intentando alcanzarla. Finalmente, la castaña abrió una puerta y la cerró. Al instante, el pelirrojo la abrió, con la intención de devolverle su colgante e irse de aquella aburrida fiesta.

-¡Tú!-gritó la chica, enfurecida, dirigiéndose a Ron.

Éste, desconcertado, no dijo nada y dejó que siguiera hablando.

-¡DEVUÉLVEME MI COLGANTE AHORA MISMO!

...

-¡¿CÓMO TE ATREVISTE?

-¿Cómo me atreví a qué?-dijo, todavía sin tener ni idea de qué estaba hablando.

-¡CÓMO TE ATREVISTE A ROBARME!

Ron abrió mucho los ojos, impresionado. Se esperaba de todo menos eso. Aquellas palabras le atravesaron como un cuchillo frío y afilado. ¿Cómo podía haber pensado eso? A él nunca se le habría pasado por la cabeza robar a nadie, de hecho, si le conociera, sabría que era la persona más honrada del mundo. Cierto. Si le conociera. Se dio cuenta de que aquella chica de cabellos enmarañados no le conocía, ni merecía hacerlo.

Derrepente, la puerta se cerró.

Hermione la intentó abrir, pero no pudo. Ron miró la habitación y se dio cuenta de que estaban en un cuarto de baño.

-¡No puedo abrirla!

Él, sin decir nada, hizo fuerza para abrir la puerta, pero no pudo. Tomó impulso y chocó contra ella con el hombro izquierdo repetidas veces. Nada.

-¡Maldita sea!-dijo Ron tocándose el hombro. Le dolía. Pero haría lo que fuera por alejarse de Hermione en ese momento.

-Como no nos abra alguien tendremos que quedarnos aquí a pasar la noche.

-Ni hablar. No pienso malgastar una noche contigo-le mandó una mirada fría e impenetrable.

Los ojos almendrados de la castaña se abrieron mucho, sorprendidos al escuchar aquella frase.

-¡Ojalá salieras de una vez de mi vida!-le gritó, indignada.

-Ojalá nunca hubieras aparecido tú en la mía.

-¡DEVUÉLVEME MI COLGANTE!

-¿Me vas a obligar...? ¿Tú?-dijo con frialdad.

-¿Entonces lo admites?-preguntó furiosa-¡¿Tú tienes mi colgante, verdad?

El chico asintió.

-PERO... ¡¿CÓMO TE ATREV...-su mano, que iba directa a la mejilla del chico fue parada por el puño de éste, que le cogía la muñeca con fuerza.

-¡AH! Me haces daño...-dijo.

-Pues que sea la última vez que intentas ponerme un dedo encima-lo dijo de un modo, en el que parecía que la castaña fuera un insecto hacia el que Ron sentía

repugnancia.

Hermione, que observaba su pequeña muñeca, ahora libre del puño del chico, al escuchar esa frase no pudo evitar mirarle ofendida, directamente a los ojos.

El chico le aguantó la mirada, y se dio cuenta de que la había herido. Pero estaba seguro de que no tanto como ella a él al llamarle ladrón.

-Eres... Un grosero... Maleducado... ¡Creía que ibas a matar a ese chaval! Y luego... ¡Luego vas y me robas!-en los ojos de ésta, se asomaban lágrimas, a punto de caer, lágrimas de rabia e ira hacia el chico-¡NO SABES LO QUE SIGNIFICA ESE COLGANTE PARA MÍ!

-Me importa una mierda lo que signifique para ti. Ese colgante ya no es tuyo, lo he vendido.

Obviamente, aquello no era la verdad, ni siquiera supo por qué le mintió de esa manera. Lo que si supo, fue que se arrepintió al instante de mencionar aquellas palabras.

Se oyeron unos golpes detrás de la puerta, y luego, se abrió.

-¡Hermione!-dijo Draco-Algún gracioso te ha encerrad...-pausa-¿Qué haces tú aquí?-le dijo al Weasley fulminándolo con la mirada.

Ron no tenía ganas de hablar ni de dar explicaciones a nadie de lo ocurrido. Se dirigió hacia la puerta de la estancia, y golpeó al Malfoy hombro con hombro.

Tenía tantas ganas de salir de allí...

Vio a Ginny y a Harry, que le dijeron con amplias sonrisas:

-¿Qué tal, Ron?

-Me marcho.

Su amigo y su hermana se lanzaron una mirada, preocupados.

-Pero, ¿qué pasa? ¿No te ha gustado la fiesta?

-No. Nunca he estado en una fiesta peor que ésta-hizo una pausa y se dirigió a su hermana-¿Te vienes o prefieres que te lleve Harry?

-Yo la llevaré-indicó su amigo.

Una vez en el coche, apoyó su cabeza en el volante, cansado, y sin ganas de nada. ¿Por qué le afectaba tanto lo que esa pensaba o no pensaba de él? ¡Pero si encima no estaba buena!

Inundó su mano en el bolsillo de su pantalón y allí estaba. Aquel colgante. Lo volvió a poner en aquel lugar, y al soltarlo, un sentimiento de culpa le invadió. Sabía que había hecho mal mintiendo a Hermione, pero ella tampoco de debería de haber juzgado de esa forma. Herido, cansado y confuso, se dirigió a una casa que conocía bastante bien... Necesitaba aclarar sus dudas... Necesitaba desahogarse, y su su saco de boxeo, ya estaba muy usado.


-¡Draco, suéltame! ¡No quiero que me lleves a casa!-gritó, soltando toda la ira que le quedaba-Te he dicho que quiero ir sola, e iré sola. ¿O no sabes lo que

significa eso?

Qué pesado estaba siendo el rubio. '¿Y qué hacías con ese?, ¿Pero te gusta ese Weasley?, ¿No te da vergüenza hablar con gente así? Te llevaré a casa, no vaya a ser que te encuentre...' Y bla, bla, bla. Lo último que quería era escuchar aquelloen ese momento. Necesitaba estar sola.

Salió de aquella casa y caminó dos horas sin rumbo, sumisa en sus pensamientos. ¿Se podía odiar a alguien y a la vez sentir atracción hacia esa misma persona? Estaba tan confusa... ¿Por qué en algunos momentos ese Weasley era tan frío y cruel, y en otros momentos le hacía sentir como una reina?


Un rubio se sentó al lado de un castaño, en un lugar cercano a la casa de la fiesta.

-¿Qué quieres, Malfoy?

-Sé que te gustaría vengarte de ella, ¿es cierto o no?

Silencio.

-Yo estoy interesado en su fortuna. Nuestros padres llevan planeando nuestro matrimonio desde que somos niños, pero no hay manera de conquistarla.

Silencio de nuevo.

-Yo sé lo que podríamos hacer. Tú te vengarías de ella, y yo... Me ganaría su confianza y al fin me aceptaría-dijo encendiéndose un cigarro.

-Bien-dijo Cedric Diggory con la mirada sombría-Te escucho.


Bueno... No todo en la vida es de color rosa... Y si no, ¡que se lo digan a los protagonistas de éste fic!

Intentaremos subir lo más pronto posible el siguiente capítulo.

Y recordad... Después de la tormenta llega la calma :)

Por favor, dejadnos R E V I E W S! Nos ayudan a continuar con la historia :D

Muchos besos.