Akatsuki no Yona no me pertenece, es de Mizuho Kusanagi.


~Days of Christmas

4. Cómodos

— ¿Puedo sentarme? —preguntó Yona, con una cobija purpura en una mano y una almohada rosada en la otra.

Hak le hizo espacio en el sillón. Era su tercer día de enfermedad y gracias a los cuidados de Yona –léase: amenazas– se sentía mucho mejor.

Comenzaron sentándose uno en cada esquina, defendiendo sus almohadas y cobijándose casi como esquimales debido al frío clima. De cualquier modo, eso no duró mucho. Conforme las películas los emocionaban o disgustaban, fueron moviéndose hasta encontrarse al centro del sofá, compartiendo su calor y uno que otro comentario.

Las películas, tristemente, eran las mismas que habían visto en años pasados. Unas eran incluso de su infancia. Podían recitar algunos diálogos de memoria, sin embargo, ninguno de ellos propuso hacer alguna otra cosa. Estaban demasiado cómodos para querer hacer nada más.

Tomaron algunos bocadillos de la cocina –altos en azúcar, para mantener el calor– y continuaron su tarde de flojera y malas películas.

De un momento a otro, la cabeza de Yona terminó recargada en el hombro de Hak, y conforme el sueño le ganaba, ella terminó recostada sobre su torso, profundamente dormida.

No lo molestó, con el paso de los años se había acostumbrado a terminar siendo la almohada de Yona si la situación lo ameritaba. Él mismo, para molestarla, solía usarla como reposabrazos de vez en cuando.

Así de buenos amigos eran, además Hak no creía que hubiera nada más cómodo que pasar una tarde entera con su Yona en el sillón.

«Excepto, quizá, pasarla en una cama.»

Hak se golpeó mentalmente ante el pensamiento y se dedicó más a enfocarse en la mala película frente a ellos y menos en la durmiente chica en su torso.

O en cosas peores.