Mis sueños siempre me habían llevado a él, su melena castaña era una imagen común en mí. Mi corazón dio un vuelco al verlo por primera vez, y mi memoria recuerda a la perfección todos sus rasgos dignos de un numenoreano, y sus caricias…sus caricias se sienten con cada soplo de viento fresco sobre mi rostro, mis manos, mi piel…te recuerdo de toda la vida y la sensación en mi entrepierna con cada distinta emoción que creas en mi, cada emoción que me embarga y que es causada por ti. Paso un año, y te vi, ahora real, ahora eras tú y estábamos frente a frente, y lo único que pude hacer fue sonreírte, y me devolviste tu bella sonrisa de guerrero a cambio. Te abrace fuertemente y aproveche para aspirar algo de tu fuerte esencia masculina, mis piernas casi no se sostenían de la emoción. Me dijiste todo, todo, aunque yo debía aparentar no saberlo. También te lo dije todo…bueno, no todo, te hable de mis inquietudes y de mis sueños y tu por respuesta sonreíste y ya, sin más preámbulos, me besaste lentamente, recorriendo con tu lengua mi pequeña boca.

Cuando terminamos, mi sonrisa ya era real y contagiosa