A/N: Hola ¿Cómo están? Se que demore en publicar pero he estado bastante enfrascada en los otros. Discúlpenme. Aviso que he re editado los capítulos anteriores, los he mejorado y cambiado algunos detalles. En realidad, hice pocos cambios, pero aún así les quería avisar. Gracias por el apoyo. Ya esta cerca de empezar lo interesante :)
Disfruten el capítulo.
Buenas noches,
Lucy.
CAPÍTULO 3: PEETA
POV KATNISS
Pasan las semanas y seguimos sin tener noticias, mi padre sigue teniendo contacto con los padres de Peeta, pero la búsqueda está fracasando estrepitosamente. A veces sueño con él. Ahora sé quién es. El chico tiene rostro y es él. El joven que bailo conmigo esa noche, aquel que de algún modo no logre sacar de mi cabeza desde entonces.
Dos días después de haberme enterado de su desaparición, fui al despacho de mi padre, para hablar con él, pero no estaba, era un tema urgente, y me quede esperándolo, encima de su escritorio vi una fotografía que llamo mi atención y la tomé. Era de joven tal vez unos dos años mayor, con cabello corto y ondulado, tan ondulado que algunos mechones caían hacia los costados de su frente, no me podía guiar por una foto en blanco y negro, pero al parecer podía tener cabello en tono claro, tal vez rubio, su mirada era muy expresiva y su sonrisa encantadora. Tarde unos minutos en reconocerlo. Había estado en la fiesta y había hablado con él, incluso me invitó a una pieza de baile. Se veía distinto, tal vez la foto era un poco vieja, pero resultaba imposible no recordar ese rostro y ese cuerpo. Cabello Rubio cenizo. Cabello rebelde, al parecer ni siquiera los productos para el cabello, tenían efecto sobre él. Ojos azules. Piel clara, casi blanca como la de esas muñecas que mi padre me compraba de pequeña. Rasgos definidos. Rostro angelical. Voz dulce. Alto, porque me llevaba más de una cabeza, sin embargo, los tacos altos que Cinna me enviaba regularmente, ayudaron a equilibrar esa diferencia un poco cuando estuvimos frente a frente. Cuerpo de porte atlético y bien cuidado. Amable, atento y cuidadoso. Muy educado y centrado. En el poco tiempo que hablamos, me gusto su visión de las cosas que sucedían a su alrededor. Era fascinante. Cuando llegó mi padre y me descubrió viendo la fotografía y yo le pregunte quien era, me dijo que era Peeta Mellark.
Peeta Mellark era justamente la persona que yo deseaba que estuviera interesada en casarse conmigo. Me aterraba la idea de que fuera cualquiera de los otros, porque o me doblaban en edad, o no eran atractivos, o humanamente parecían despreciables, o eran tan bruscos y torpes que sentía miedo de pasar más tiempo con ellos. Peeta fue el único que de alguna manera había dejado huella en mí, el único que de alguna manera me había transmitido paz.
En ese momento, me hubiera sentido feliz de descubrir esto, a no ser por el detalle de que lo más probable era que le hubiera ocurrido una tragedia.
Mi padre como prometió, está haciendo todo lo posible por encontrarlo. Pero, cada día que pasa lo veo más desanimado. Le tiene mucho aprecio a Peeta y se siente muy frustrado.
A mí también me afecta su desaparición ¿Cómo una persona puede desaparecer de la nada sin dejar rastro? La verdad es que a estas alturas ya tememos lo peor.
Estamos almorzando, Annie, yo y Prim, nuestra madre y nuestro padre. Todos sentados en la mesa como una familia normal. Alguien llama a la puerta nuestra ama de llaves va a abrir. Alguien aparece minutos después con nosotros, nos sorprendemos de ver a Finnick Odair, porque él no avisó que iba a venir. Lo saludamos, Annie esta radiante de felicidad en cuanto ve a Finnick, pero no hace ningún movimiento para acercarse a él. No hace falta que lo haga, porque los dos son capaces de decirse todo con solo una mirada. Finnick le sonríe abiertamente o la mira con cariño, casi fascinación. Finnick se sienta junto a mi madre frente a nosotras y los empleados traen mas comida para él.
-¿Qué le ha traído por aquí, Finnick? –Le pregunta mi padre.
-Asuntos oficiales. Perdóneme por caer de sorpresa, pero las cartas tardan días en llegar y la familia Mellark me pidió que viniera aquí en cuanto fuera posible.
-¿Qué tiene usted que ver con los Mellark? –Le pregunto sorprendida por su respuesta.
-Son parientes, Katniss. –Me responde Annie con una sonrisa. –Pensé que lo sabías.
-No lo sabía, Annie.
-Creo que nunca te lo dije. –Continúa Finnick sonriendo. –Mi madre, Effie es hermana de Alma.
-¿Eres primo de Peeta Mellark? ¿Sus padres son tus tíos?
-Hasta donde tengo entendido, si. –Dice a modo de broma. -¿Sorprendida, señorita Abernathy?
Yo no contesto. La comida sigue su curso, con las palabras de Finnick flotando en mi mente. Jamás creí que ambas familias tuvieran relación alguna y por supuesto que estaba sorprendida.
Mi padre y Finnick se van de la estancia antes que los demás con una disculpa; seguro para hablar de ese asunto oficial que deben discutir. Por otro lado, mi madre dice que irá a descansar un rato, y yo y mis hermanas decidimos ir al living, sin la intención de hacer nada en específico. Mientras hablamos, yo leo, Prim dibuja y Annie revisa una carpeta llena de partituras para piano, que ha ido acumulando con el paso del tiempo. Al poco tiempo, uno de nuestros empleados me trae una carta.
-El señor Abernathy me ha pedido que le de esto y luego vaya al despacho.
-Gracias. –Le digo al hombre.
-¿Quién te la envía, Kat? –Pregunta Prim, siente curiosidad como es natural.
-No lo sé, patito. La debió traer Finnick. Tal vez sea… -Saco la carta del sobre y leo la última palabra de la carta. –Alma.
-¿Desde cuándo te envía cartas? –Pregunta Annie.
-Esta sería la primera vez, siempre van dirigidas directamente a nuestro padre.
-Léela. –Me anima.
La curiosidad me gana y empiezo a leerla en voz alta.
"Señorita Abernathy:
Supongo que a usted le extrañara recibir una carta mía. Todo tiene una explicación. Como ya sabe, no hemos avanzado mucho en cuanto a la búsqueda de nuestro hijo. Aún así, agradecemos que ustedes estén colaborando.
El motivo por el que le escribo se debe a otro motivo, recientemente en su última visita, mi sobrino me trajo un cuadro. Uno que mi hijo quería entregarle a usted en persona. Nada me parece más justo, que entregárselo, como era el deseo de él.
También quería invitarla a que usted y su familia vinieran aquí un dia. Enviaré a Finnick Odair, mi sobrino, para que le entregue esta carta; y si quieren los traiga a nuestro hogar, pueden quedarse a cenar y a pasar la noche aquí. Estaremos encantados de recibirlos.
Esperamos tener prontamente noticias suyas, quedo muy agradecida por su atención y ayuda, al igual que la de su familia.
Saludo atentamente,
Alma Mellark."
-¿Peeta quería entregarte un cuadro? –Pregunta Annie sonriendo… -Eso es…
-Muy romántico. –Completa Prim. –Le debes importar mucho a él.
Prim y yo amamos el arte, pero solo que yo no nací con el talento de ella. Prim era simplemente fantástica, dibuja y hace unos cuadros que yo aún con dieciséis años soy incapaz de hacer.
Mis mejillas se enrojecen ante lo que insinúan, que a Peeta le gusto ¿o le gustaba?
Suspiro y mis ojos se llenan de lágrimas, sin motivo aparente. Ni siquiera sé si está vivo o muerto. Es difícil hablar de una persona cuando todo es tan confuso. Abrazo el libro contra mi pecho.
-Tal vez. –Contesto.
No sé cómo hablar de Peeta, no sé si hablar de él en presente o en pasado. Tal vez este muerto y no lo volvamos a ver nunca. En el fondo, deseo que esté vivo, y que por algún motivo que no entendemos, haya decidido huir y rehacer su vida, pero esté a salvo. Él es demasiado joven para que su vida acabe así.
-Lo siento, Katniss. –Me dice Prim. –No quisimos…
-No, está bien. Ni siquiera entiendo porque me pongo así, apenas lo conocí esa noche.
Pero yo sé el motivo aunque jamás lo reconoceré frente a ellas, porque van a considerar que estoy loca. Los sueños que tengo con él casi cada noche, son muy vivos e intensos, hasta parecen reales. Él y yo en una pradera llena de brillantes y amarillos dientes de león. Al principio estoy sola, pero luego aparece él, y nos ponemos a conversar, a veces me toma de la mano, a veces me abraza, a veces reímos hasta el cansancio. Todo está bien y paz mientras el sueño dura. Por algún motivo me siento cómoda con él. En algún momento del sueño le pregunto a Peeta, si es real o es un sueño, y él me responde que todo es posible, que hasta lo que parece irreal, o imposible se puede hacer real en algún momento. Cada sueño es distinto en contenido, pero el escenario sigue siendo el mismo, en cada uno de ellos hablamos de distintas cosas, como si cada uno de ellos fuera una continuación del anterior. A veces lo suelo comparar con un libro, nada más que sin final teniendo en cuenta la situación, cada sueño es un capítulo, acaba el capítulo y sé que al dia siguiente sabré la continuación, en el capítulo siguiente. Llevo tres semanas igual, cada noche sin falta sueño con él. Cuando despierto me siento vacía, como si algo me faltara. El no saber nada de él en la vida real, no ayuda a que mi ansiedad disminuya. Intento mantenerme ocupada, para no pensar en él, pero resulta imposible. Mis hermanas no entienden mis cambios de humor repentinos. Sé que están preocupadas por mí, por eso me hacen tanta compañía e intentan distraerme.
Recuerdo la invitación de su madre y sé que al menos yo iré. Necesito encontrar una explicación lógica a todo lo que siento y me sucede desde hace unas semanas atrás.
-¿Ustedes quieren ir? –Les pregunto. –A mi me gustaría.
-Yo sí, pasar un tiempo extra con Finnick, me encantaría. No lo he visto mucho en los últimos meses.
-Se envían carta casi todos los días. –Le suelto.
-No es lo mismo, leer una carta suya, que verlo. –Me dice tranquila.
-Tienes razón. –Le sonrío a ella. -¿Y tú, Prim?
-Me da igual. Pero si ustedes van, las acompaño.
-Gracias, patito. –Digo acariciando una de sus dos trenzas rubias. –Hay que preguntarles a mamá y papá. En realidad a mamá, él seguramente ya lo sabe.
Las tres nos encaminamos hacia el despacho y tocamos la puerta, cuando nuestro padre nos da permiso entramos. Nuestro padre y Haymitch nos miran con sorpresa, no esperaban que las tres viniéramos juntas.
-Supongo que ya lo saben. –Dice mi padre.
-¿Sobre la invitación para cenar? –Le pregunto.
-Sobre eso mismo. ¿Quieren ir?
-Las tres iremos. –Le contesto.
-Genial. Entonces prepárense y lleven ropa para pasar la noche y parte del día siguiente. Ahora mismo. Tenemos que darnos prisa. Yo iré a avisarle a Portia.
Obedecemos y subimos rápidamente a nuestras respectivas habitaciones. Cada una de nosotras tiene su propia habitación. La mansión es demasiado grande, incluso para una familia de seis integrantes y todos sus empleados, ya que varios de ellos, los de más confianza, duermen dentro también.
Entro a la mía y me preparo mentalmente para lo que nos espera en nuestro encuentro con la familia Mellark.
